Billy Budd, de Britten, por fín en Madrid

Billy Budd

Uno de los propósitos de la programación del Bicentenario del Teatro Real es ofrecer al público títulos imprescindibles del repertorio operístico que todavía no figuran en el acervo musical del Teatro Real, sobre todo clásicos del siglo XX. En este caso se encuentra Billy Budd, una de las mejores óperas de Benjamin Britten (1913-1976) que nunca se presentó en Madrid y que pasará a formar parte de la ya nutrida lista de óperas del compositor británico que se han ofrecido en el Real desde su reapertura: Peter Grimes (1997), El sueño de una noche de verano (2006), La violación de Lucrecia (2007), Una vuelta de tuerca (2010) y Muerte en Venecia (2014); y las óperas infantiles El pequeño deshollinador (2005, 2006 y 2008) y El diluvio de Noé (2007).

LA NUEVA PRODUCCIÓN DEL TEATRO REAL

Entre los días 31 de enero y 28 de febrero, se ofrecerán 10 funciones de Billy Budd, obra maestra de Benjamin Britten que se estrenará en Madrid con una nueva producción del Teatro Real, en coproducción con la Ópera Nacional de París, la Ópera Nacional de Finlandia y la Ópera de Roma. La dirección musical será de Ivor Bolton ─reconocido experto en la música del compositor inglés─, y la puesta en escena de Deborah Warner, gran dama de la escena teatral británica.

La ópera, con un elenco exclusivamente masculino ─5 tenores, 8 barítonos, 1 bajo-barítono y 3 bajos─ estará encabezada por el barítono Jacques Imbrailo, el tenor Toby Spence y el bajo Brindley Sherratt, a los que secundarán los restantes solistas, mayoritariamente anglosajones.

Las magníficas partes corales serán interpretadas por las voces masculinas del Coro Titular del Teatro Real ─con el rigor que caracteriza el trabajo de su director, Andrés Máspero─, y por niños de los Pequeños Cantores de la Comunidad de Madrid preparados por su directora Ana González.

La Orquesta Titular del Teatro Real interpretará Billy Budd por primera vez, después de sus aplaudidas lecturas de otras óperas de Britten ─como Otra vuelta de tuerca, El sueño de una noche de verano, La violación de Lucrecia o Muerte en Venecia─, en esta ocasión bajo la batuta del director musical del Teatro Real, Ivor Bolton.

Deborah Warner, muy admirada en España por sus montajes teatrales ─Happy Days de Samuel Beckett, The Waste Land de T. S. Eliot, Julio César de William Shakespeare, etc.─, es todavía desconocida en nuestro país el ámbito de la dirección operística, pese a su amplia carrera en mundo lírico internacional. Debutó en 1993 con Wozzeck, de Alban Berg, y desde entonces dirige ópera con regularidad en los más importantes teatros del mundo, de La Scala de Milán al Metropolitan de Nueva York, con producciones muy aplaudidas, incluyendo tres óperas de Benjamin Britten: Una vuelta de tuerca (Royal Opera House), La violación de Lucrecia (Ópera de Baviera) y Muerte en Venecia (English National Opera, La Monnaie y La Scala).

La directora británica afrontará su cuarto título de Britten con la colaboración del reputado escenógrafo canadiense Michael Levine ─conocido del público del Real por sus decorados para Diálogo de carmelitas (con Robert Carsen) y Rigoletto (con Monique Wagemakers)─, quien ha creado un espacio escénico de gran simbolismo y enorme complejidad técnica, transformando el tumultuoso barco de Billy Budd en una inmensa cárcel flotante. Completan el equipo artístico la prestigiosa y muy premiada figurinista griega Chloé Obolensky, que debuta en el Teatro Real, y el veterano iluminador Jean Kalman, ambos colaboradores habituales de grandes directores teatrales, de Peter Brook a Deborah Warner.

Respetando precisamente los espacios más velados e inescrutables del cuento de Melville que sirve de base a la ópera, tratados con pudor y rigor por Benjamin Britten y los libretistas de la ópera, Deborah Warner concibe la puesta en escena sin juzgar a los personajes y rehuyendo la separación más simplista entre buenos y malos.

La fragata de guerra de Billy Budd es una terrible metáfora de tantos espacios donde la opresión y tiranía siembran los instintos más viles e irreprimibles, capaces de aflorar en cualquier momento. Este sentimiento de inestabilidad y tensión latente preside la concepción de la escenografía de Michael Levine, una inmensa jaula de cuerdas marinas, donde las escenas se suceden en balanceantes plataformas suspendidas, que sugieren el permanente peligro que se esconde en el seno del universo claustrofóbico de la armada británica, cuando los vientos revolucionarios de Francia alentaban a los marinos oprimidos al motín. En las fisuras de ese terrible microcosmos emergen sentimientos y pulsiones desconocidos.

BILLY BUDD, LA ÓPERA

Cuando Benjamin Britten (1913-1976) se dispuso a componer una nueva ópera encargada por la Royal Opera House para su Festival of Britain de 1951, encontró en el inquietante relato póstumo e inconcluso Billy Budd, Sailor, de Herman Melville (1819-1891) ─el célebre autor de Moby Dick─, los temas que le fascinaban: el mar ─presente en toda su biografía─ y el mundo de los marinos, los dilemas éticos y morales, el inefable poder de la belleza juvenil, la arrebatadora y reprimida atracción homosexual; y también las dicotomías recurrentes a lo largo de toda su obra: la confrontación entre el bien y el mal, la justicia y la ley, la transgresión y el orden, la culpa y la expiación.

Para la realización del libreto ─uno de los más perfectos de toda la literatura operística─, Britten contó con la vena literaria del escritor Edward Morgan Forster (1879-1970) –cuyas novelas Una habitación con vistas, Howard’s End, Pasaje a la India, o Maurice lograron famosas versiones cinematográficas–, y la sabiduría y sensibilidad dramatúrgicas del director teatral Eric Crozier (1914-1994), ambos amigos y fieles colaboradores del compositor.

El enigmático cuento de Melville ─cuya riqueza originó distintas versiones editoriales, un sinfín de interpretaciones hermenéuticas y hasta la famosa adaptación cinematográfica de Peter Ustinov, de 1962, titulada en España La fragata infernal─, transcurre en un navío de guerra británico, el Indomable, en 1797, durante el conflicto bélico con la Francia revolucionaria. En él embarca Billy Budd, un atractivo y cándido marinero, cuya frescura y belleza son un revulsivo para la tripulación oprimida, desestabilizando igualmente a los mandos superiores ─el respetado capitán Vere y el pérfido maestro de armas John Claggart─, desconcertados con los sentimientos contradictorios que les provoca la irrupción del bondadoso efebo en su sórdido mundo. La compleja trama entre estos tres personajes, y sus relaciones con el resto de la tripulación desencadena el fatal destino de Billy Budd, víctima de una perversa maquinación, en un microcosmos infectado por la injusticia, la humillación, la revuelta y el odio.

Britten da voz a los integrantes de este buque infernal con una admirable escritura vocal y una magistral orquestación. Utiliza la gran orquesta como si fuera una agrupación de música de cámara, buscando el color sonoro más apropiado para cada momento dramatúrgico, en detrimento de la utilización de la masa orquestal, que incluye arpa, clarinetes bajos, contrafagot, saxofón, un nutrido grupo de metales y muchos y variados instrumentos de percusión (seis intérpretes).

Una vez más el compositor recurre a los interludios orquestales, como en su ópera Peter Grimes, que adquieren especial transcendencia cuando la música llega donde no alcanzan las palabras.

La primera versión de Billy Budd, de cuatro actos, se estrenó en el Covent Garden el 1 de diciembre de 1951, con dirección musical del compositor. Pese al éxito del estreno, la ópera tuvo un corto recorrido hasta la presentación, en 1964, también en el Covent Garden, de una nueva versión revisada, en dos actos, dirigida por Georg Solti y registrada en disco en 1967, bajo la batuta de Benjamin Britten. Será ésta la versión de la partitura que el Teatro Real desvelará, finalmente, al público de Madrid.

ACTIVIDADES PARALELAS

10 de febrero, a las 20.00 horas | Fundación Albéniz, Auditorio Sony

Recital de Felicity Palmer

Felicity Palmer, mezzosoprano

Simon Lepper, piano

Programa:

Parte I

Benjamin Britten / Henry Purcell: Mad Bess

Johannes Brahms: Wie Melodien / Alte Liebe / Von Ewiger

Piotr Illich Chaikovski: Nyet tolko tot kto znal / Ne sprashivay / Noc / Atchevo?

Parte II

Joseph Horovitz: Lady Macbeth: a Scena

Benjamin Britten: French Folksongs (Quand j’etais chez mon père, La belle est au jardín d’amour, etc.)

Michael Head: Foxgloves

Marshall Palmer: Music when soft voices die

Alan Murray: I’ll walk beside you

Carrie Jacobs-Bond: When you come to the end of a perfect day

May Brahe: Two little words

12 de febrero, a las 12.00 horas | Teatro Real, sala principal

Domingos de Cámara

Solistas de la Orquesta Titular del Teatro Real

Programa

Parte I

Johann Sebastian Bach: El arte de la fuga, BWV 1080

Benjamin Britten: Cuarteto fantasía en fa menor, op. 2

Johann Sebastian Bach: El arte de la fuga, BWV 1080

Parte II

Benjamin Britten: Simple Symphony, op. 4

Benjamin Britten: Serenata para tenor, trompa y cuerdas, op. 31

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