El Requiem de Verdi más fiel

Requiem Verdi

Lo mejor de la noche fue la soprano, con una voz potentísima, gran amplitud de registro . Todo ello acompañado de una gran capacidad de dramatización, donde emplea unos cambios de registro espectaculares. Todo ello hizo posible un Libera me emocionante y conmovedor
En los duetos de Agnus Dei se puso de manifiesto las cualidades superiores de Lianna. No obstante, Violeta Urmana solventó su papel con dignidad, gracias a su gran oficio.
Ildebrando D’Arcangelo se mostró cómodo y seguro de si mismo desde el principio, al contrario que Jorge de León, que no fue capaz de relajarse y lucirse como su precioso timbre le puede permitir.
Mucho oficio fue lo que mostraron los intérpretes con este Requiem de Verdi en el Teatro Real. Siguiendo la partitura original del Maestro de Busseto, sin modificaciones ni versiones posteriores, el director musical Teodor Currentzis, dirigió una emocionante versión de esta obra grandiosa y producto de la madurez de un Verdi al que le quedaban por componer alguna de sus mejores obras.
Del coro no hay nada nuevo que decir, salvo repetir los halagos a una calidad de la que están haciendo gala en las últimas semanas.
Lo mismo se puede decir de la Orquesta Titular del Teatro Real, esta vez de la mano de una conocida y extraordinaria batuta, llamada a ser de las más importantes de los próximos años.
A la altura del coro y orquesta, no dudaron en estar los cuatro solistas de la noche. A Violeta Urmana, bien conocida por este público, no hay obra que a estas alturas se le resista. Las carencias de su voz, que ya se hacen evidentes, son suplidas con una profesionalidad y un saber hacer sobre el escenario que muy pocas tienen. Siempre es un placer escucharla.
El tenor Jorge de León, que tras su exitosa sustitución en Andrea Chenier hace un par de temporadas era muy esperado, decepcionó en su actuación. Poco natural y demasiado estático, tuvo alguna dificultad. Debería relajarse y liberar el instrumento que ya ha demostrado poseer.
El bajo Ildebrando D’Arcangelo tuvo una actuación impecable. Es toda una garantía sobre el escenario y posee una hermosa y contundente voz.

Pero la sorpresa se centró en la soprano armenia Lianna Haroutounian. De voz extensa, redonda, amplia y convincente. Supo controlar su instrumento y mantener el equilibrio con las demás voces, pero nunca quedó tapada por la orquesta. Una voz muy interesante que promete una carrera brillante.
Esta soprano armenia es una de las más prometedoras cantantes verdianas de su generación. Su repertorio abarca desde el clasicismo a la música contemporánea, así como la música sacra y la canción de cámara. Estudió en el centro de formación de la Opéra national de París y asistió a clases magistrales de Christa Ludwig, Yvonne Minton y Renata Scotto. Recientemente ha conseguido grandes éxitos con Les vêpres siciliennes en Bilbao y Don Carlo en el Covent Garden, y ha cantado La traviata, Otello, Un ballo in maschera, Il trovatore y Faust en París, Marsella, Tours y Massy. Destacan también sus actuaciones en los Requiem de Mozart y Verdi, y los Stabat Mater de Dvořák y Poulenc, y son frecuentes sus recitales en Francia, Italia, España y Armenia. Ha ganado el Premio Verdi en el VI Concurso de Canto Jaume Aragall, el primer y el segundo premio en el Foro Lírico Arlesiano y el primer premio y el Premio Renata Tebaldi en la Competición Internacional Riviera Adriática.

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