Compañía Nacional de Danza

CND

Entre el estreno de “Rassemblement”, en 1990, y el de “Jardín infinito”, 2010, hay veinte años de diferencia. Viendo las dos obras, una se da cuenta de cómo pasa el tiempo, también para Nacho Duato.

La primera obra está llena de fuerza y vigor, envuelta en sonidos de naturaleza y la cálida y profunda voz de Toto Bissainthe. Unos movimientos delicadamente enérgicos sobre el escenario, representan y homenajean a Haití, un pueblo que sufre y que, a través de la música de Bissainthe y la coreografía de Duato, camina y evoluciona hacia una cada vez mayor dignidad. La segunda obra, “Jardín infinito”, es la última inspiración de Nacho Duato. Su homenaje a Chejov resulta muy conceptual, tal vez demasiado.

Nos presenta a un Duato más oscurecido, más reflexivo e intimista ante un escenario y una escenografía austeros. La obra comienza con luz y una disposición simétríca prometedoras, pero, a medida que la obra avanza va perdiendo pulso, músculo, se vuelve densa, dando la sensación de que sobrara algo… tiempo, quiza. Resulta un poco largo y el intento final de recuperar el pulso inicial no es suficiente.Lo mejor, como siempre que se habla de la Compañía Nacional de Danza, son sus bailarines. Brillantes, siempre fluidos en sus movimientos. Tanto individualmente como en los hermosos momentos en los que se agrupaban. En cualquier caso, una auténtica delicia.

Publicado en Críticas