“Dead man walking”, el rincón de pensar

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<“Dead man walking” es uno de los más claros ejemplos de que la ópera sirve, principalmente, para contar historias. Y cuenta además una historia que nos envía a todos al rincón de pensar. Es esta una obra para reflexionar sobre muchas cuestiones, el dolor, el perdón, la justicia y su ejercicio a manos del estado, la propia condición humana, el arrepentimiento y, sobre todo, el tema universal en la ópera y en todas las expresiones artística, el amor. Con el potencial dramático de todos los elementos que se manejan en esta obra, la intensidad está garantizada, y con ella, el éxito.El excepcional libreto de Terrence MacNally, basado en el texto de la hermana Helen Prejean, que inspiró también la oscarizada película “Pena de muerte”, de Tim Robbins, Sean Penn y Susan Sarandon, ha sido convertido en ópera de la mano del compositor Jake Heggie y estrenada en el año 2000 en la ópera de San Francisco. Tras su éxito americano llegó a Europa en 2006 para seguir cosechando éxitos de crítica y público. La música de Heggie tiene, como es lógico, influencias cinematográficas, del musical y de compositores como Gershwin. Desde el primer momento la historia capta la atención del público de manera muy cinematográfica.
Ni el ritmo ni la trama decaen en ningún momento y narran la historia de manera fluida y sin complejidades. Todo ello con una música convencional, sin alguno de los alardes estilísticos a los que nos tienen acostumbrados las composiciones contemporáneas, pero con un ritmo y una capacidad descriptiva que hacen que no falte ni sobre ningún elemento.La funcional puesta en escena de Leonard Foglia es muy eficaz. Se recrea en todos los pequeños detalles que pueden acompañar una situación tan terrible y, a la vez, tan llena de elementos sencillos y cotidianos. Crea distintas atmósfera a través del color, los vídeos de Elaine J. McCarthy y la magnífica iluminación de Brian Nason. Destacar también el trabajo con los actores de Michael Mcgarty y Jess Goldstein.La partitura permite también el lucimiento, sobre todo dramático, de los cantantes. El peso de la obra recae sobre los dos protagonistas, la Hermana Helen Prejean, interpretada por Joyce DiDonato, que participa en casi todas las escenas y lo hace de manera magistral. El nivel dramático que alcanza no cae en ningún momento. Ofrece un espectáculo de intensidad que justifica su posición en el panorama artístico internacional.
El otro protagonista es el tejano Michael Mayes que interpreta al condenado Joseph De Rocher. Su rudeza, también en lo vocal, es perfecto para el personaje y ayuda a identificar el carácter de la obra.
La Hermana Rose, que se encarga de poner a la protagonista ante las posibles contradicciones de su comportamiento, es interpretada por la canadiense Measha Brueggergosman.
Sin duda, una de las protagonistas de la obra es Maria Zifchak, interpretando a la Señora de Patrick De Rocher, madre del condenado a muerte. Su conmovedora interpretación de una madre que, en el momento de la despedida, solo ve en su hijo al niño que fe, es colosal.El resto del elenco está a una grandísima altura. Españoles todos y con una dicción inglesa impecable. Damián del Castillo, Roger Padullés, Celia Alcedo, María Hinojosa, Toni Marsol, Marta de Castro, Viçenc Esteve, Enric Martínez-Castignani, Marifé Nogales, Tomeu Bibiloni, Pablo García López o Álvaro Martin.
Impresionante como siempre el Coro Intermezzo y también el de la JORCAM.El director musical Mark Wigglesworth supo mantener la tensión y el sentido narrativo durante toda la obra, obteniendo lo mejor de la Orquesta.Un acierto del Teatro Real la programación de esta ópera, uno más. También tiene Mataboch el don de la oportunidad para programar óperas en el momento de actualidad más oportuno.
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