El Público

escenografía de El publico en el Teatro Real

“Obra irrepresentable, hecha para ser silbada”. Con estas palabras describía García Lorca su obra El público. Lo que manifiesta la extraordinaria complejidad que esconde el texto.

Cuando Gerard Mortier se hizo cargo de la dirección artística del Teatro Real, se empeñó en investigar y pensar sobre cuál sería el sustrato literario que representase a la España moderna. Fue entonces cuando encargó a Mauricio Sotelo la composición de una ópera inspirada en la obra de Lorca. Pero no le encargó una ópera española, sino universal, como el propio Federico.

Y las dificultades y complejidades que contiene esta obra misteriosa se inician en el propio libreto, que no es un libreto como tal, sino un borrador manuscrito que el autor entregó a su amigo Martínez Vidal en Madrid, con el encargo de destruirlo si al él le ocurriese algo. El manuscrito no fue destruido y es ese borrador todo lo que existe. Se podría decir que es una obra inacabada, puesto que Lorca, exquisito como era en el diseño formal de sus obras, habría definido en él una idea mucho más clara de haber tenido tiempo.
Esto nos lleva a las profundidades del genio más auténtico, sin límites ni ataduras. El más complejo, inescrutable e imposible. Plantea sus más profundos conflictos sexuales, teatrales y vitales de manera explícita y surrealista.

Tanto el compositor Mauricio Sotelo, como el libretista Andrés Ibáñez, han tenido una complicada labor para interpretar y elaborar un trabajo “coherente” con esos mimbres. Caminando siempre al filo de la navaja procurando no caer de ninguno de los dos lados. Por uno la obra original, surrealista, cargada de locura y diálogos absurdos, despojada de cualquier lógica. Y por otro, tratar de hacerla inteligible, armarla y dotarla de sentido.

El libreto es una sucesión de personajes y líneas poéticas muy dispares. En él se plantea como metáfora las diferencias y preferencias entre el teatro al aire libre, más convencional, tradicional y poco arriesgado, y el teatro bajo la arena, que busca lo oculto, lo más alejado del convencionalismo, casi lo prohibido.

Para trasmitir todas estas emociones, Mauricio Sotelo ha creado una partitura desmesurada y dispar. La obra tiene momentos soberbios y otros tediosos. Se ha prescindido de técnicas musicales vanguardistas pero se han conseguido líneas melódicas espectrales como fenómeno acústico de la mano del percusionista Agustín Diassera.
El buen hacer de los maestros de la Klangforum Wien estuvo por momentos acompañado de una superposición de sonidos electrónicos que introducían de manera sutil un refinado sonido a través de 33 altavoces repartidos por toda la sala. Trataban de recordar las vasijas resonantes que se utilizaban en los teatros romanos para hacer llegar a los espectadores los afectos con mayor intensidad.
El resultado final es una obra muy desigual. El recogimiento de algunos momentos y arias desembocan en auténticas orgías sonoras tras un desarrollado arco de tensión protagonista durante toda la obra.
Lo mejor de la partitura es, sin duda, como se han intercalado dos mundos sonoros tan dispares como la música contemporánea y el flamenco más tradicional, entretejidos dentro de la textura armónica y dramática de la obra formando parte de la misma.
No fusionada como un elemento folklórico, sino como la más profunda de las raíces flamencas es todo su esplendor. Esta aparente dificultad para los cantaores Arcángel y Jesús Méndez, ha sido resuelta de manera magistral. Los calderones que contiene la partitura han permitido la libertad de sus “quejíos”.

La guitarra de Cañizares ha contribuido a crear el universo sonoro soñado por Lorca. Haciendo fácil algo tan difícil como adaptarse a los ritmos y al carácter de la obra. “El resultado es un diálogo, y siempre que hay diálogo hay entendimiento”. Fascinante.
Como fascinante es el baile que ejecuta Rubén Olmo interpretando el caballo. La perfecta coreografía de Darrel Grand Moultrie es brillantemente ejecutada, simbolizando el deseo a través de su personaje, que es finalmente sometido por la Julieta a la que corteja.

La dirección de Pablo Heras-Casado es magnífica. Es esta obra una de esas rarezas en las que es imprescindible contar con determinadas claves para interpretar su contenido. Haber recorrido desde pequeño el Albaizín, o conocer los secretos de una seguirilla, le otorgan la autoridad para ordenar todos los elementos con los que cuenta esta partitura.

La labor de los cantantes, dada la complejidad del texto y de la partitura, es más que meritoria, por el extraordinario esfuerzo que realizan. Resaltar la joven voz de Isabella Gaudí, y su aria de coloratura.

Muy bien el coro, con un papel muy relevante en el último cuadro en el que algunos de sus miembros participan desde proscenio también actoralemnte.

La escenografía de Robert Castro también tuvo altibajos. Desangelada y fría en algunos momentos, barroca en otros y siempre surrealista, como la propia obra. El momento escénico más impactante por su trasfondo, es en el que el escenario se transforma en un gran espejo donde se refleja el público. Perfecta metáfora del texto de Lorca. Un espejo que enfrenta al público consigo mismo. Ese público que nunca participa en la producción artística. Un público que también en esta ocasión emigró, en parte, durante el descanso.

Ese público contrariado al ser expuesto ante sus propias contradicciones, miedos y prejuicios y a las máscaras que los ocultan. Los mismos miedos, contradicciones y prejuicios que persiguieron a Lorca. El teatro bajo la arena. El más desgarrador y sincero de los teatros. La vida…

Fotografías: Javier del Real
Vídeos: Teatro Real

El Público
Mauricio Sotelo (1961)
Ópera bajo la arena, en cinco cuadros y un prólogo
Libreto de Andrés Ibáñez sobre la obra de Federico García Lorca
Encargo y nueva producción del Teatro Real, dedicado a la memoria de Gerard Mortier
D. musical: Pablo Heras-Casado
D. escena: Robert Castro
Escenógrafo: Alexander Polzin
Figurinista: Wojciech Dziedzic
Ilustrador: Urs Schönebaum
Coreógrafo: Darrell Grand Moultrie
Reparto: José Antonio López, Thomas Tatzl, Arcángel, Jesús Méndez, Rubén Olmo, Josep Miquel Ramón, Antonio Lozano, Dun-Brit Barkmin, Erin Caves, Isabella Gaudí, José San Antonio
Percusionista: Agustín Diassera
Guitarra solista: Juan Manuel Cañizares
Klangforum Wien
Coro Titular del Teatro Real

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