Javier Camarena y el éxtasis en La Zarzuela

Javier Camarena

Quien no estuvo la tarde del 19 de noviembre en el Teatro de la Zarzuela, es posible que se haya perdido uno de los acontecimientos líricos de la temporada. Era la primera vez que el tenor mexicano abordaba un recital compuesto íntegramente por zarzuela. Un género considerado “menor” históricamente y que el propio Javier Camarena se encargaba de desmentir: “no entiendo esa tendencia para hacer de la zarzuela un género menor, no la tiene, no lo encuentro, no lo percibo así y no lo voy a proyectar así. Para mi es tan importante cantar Flor roja como cantar Una furtiva lágrima”.

Recibido en escena con una ovación de agradecimiento, empezó nervioso, como él mismo reconoció, “he salido de mi área de confort y quiero hacerlo lo mejor posible”. Y ya lo creo que lo hizo. Quedó demostrado en cada una de las ocho romanzas que interpretó, que éste es un género para avezados. Precisa de un instrumento de calidad, como lo es sin duda el de Camarena, dominio de las dinámicas, gusto en la interpretación y una apropiada lectura de la fuerza y tradición que contiene este género. Su voz de tenor lírico-ligero ofreció unas versiones llenas de originalidad. Solventando las dificultades que sin duda tienen estas aparentemente asequibles arias, dándolo todo en la interpretación. Transitando por distintos registros sin perder metal, brillando en los agudos, con un fraseo cargado de intención y una tersa línea de canto.

Empezó con bravura interpretando “De este apacible rincón de Madrid”, de Luisa Fernanda y “Por el humo se sabe”, de Doña Francisquita, para continuar con una de sus obras preferidas en este repertorio, “Flor roja”, de Los gavilanes. Antes de interpretarla advirtió al público que tenía “algo rasposito en la garganta”. Se notó en algún momento, dada la dificultad, por la sutileza en la interpretación, que atesora esta romanza. Esperemos que llueva pronto, o muchos cantantes dejarán de venir a Madrid.

La segunda parte la inició con un “Adiós Granada” lleno de sentimiento y emoción que dedicó a “Paquita”, esposa del tenor Pedro Lavirgen, fallecida recientemente, ya que fue la versión de Lavirgen en la que se inspiró para preparar la romanza de los Emigrantes.

Terminó con “Paxarín, tú que vuelas” y “No puede ser”, que remató con un sobreagudo que llevó al público al delirio. Al frente de la Orquesta de la Comunidad de Madrid el joven Iván López-Reinoso. Dirigió con soltura y ritmo el Preludio de La revoltosa y El tambor de granaderos, el Interludio de La boda de Luis Alonso y el Intermedio de La leyenda del beso. Brillante fue también la propina del maestro mexicano Arturo Márquez, Danzón nº 2.

El recital terminó con otras dos propinas, un “Granada”, de Agustín Lara en la que derrochó cualidades y sobreagudos y la repetición del “El Trust de los Tenorios”.

Extraordinaria velada que terminó con una larguísima ovación de un público entusiasmado que se resistía a abandonar la sala. Esperemos ver pronto a Javier Camarena interpretando en este mismo Teatro una ópera o zarzuela del repertorio español.

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