La Página en Blanco

La página en blanco

La Página en Blanco. “Apostar por la evolución, no por la revolución” (B. Bartok)

La página en blanco es la primera ópera que una compositora estrena en el Teatro Real. Fue encargada a Pilar Jurado dentro de la política que el Teatro ha establecido para dar paso y promocionar nuevos compositores. La primera duda que surge es si no sería mejor seleccionar una obra ya terminada. Es posible que en algún cajón se encuentre una joya escondida.

La primera ópera de Pilar Jurado, de la que también es libretista y voz protagonista, pudiera ser una de esas joyas pero contiene demasiadas carencias.
El inicio es muy esperanzador. Es una música fresca, sin estridencias, a veces delicada. Una sucesión de silencios marca el inicio de una caída argumental en la que el aburrimiento se adueña de la sala. Solo al final del primer acto vuelve la tensión. Un aspecto positivo es que no se hace larga en su hora y cincuenta minutos de duración.

La obra es musicalmente interesante, bien pudiera ser una de esas óperas contemporáneas con más recorrido que el simple estreno y alguna representación más. Pilar Jurado ha realizado un magnífico trabajo de composición y dando voz a Aisha Djarou, protagonista femenina de esta obra. Pero tratar además de escribir el libreto, tal vez haya sido un tanto pretencioso por su parte y ha resultado fallido. Es un libreto literariamente pobre, con un argumento mediocre y casi infantil. Resulta evidente y aburrido y desmerece a una ópera cuya música es esperanzadora tratándose de una partitura contemporánea. No entiendo bien la resistencia de algunos músicos a interesarse y utilizar para sus composiciones, argumentos de calidad literaria indiscutible ya existentes.

La obra quiere mostrarnos el funcionamiento del cerebro de un compositor durante el proceso de creación de su obra. La multitud de alucinaciones y contradicciones que se apoderan de él en esos momentos. Todo a través de un thriller de emociones donde la enfatización de la música minimaliza el libreto.

Uno de los mayores aciertos de esta producción del Teatro Real es la escenografía. Alexander Polzin ha construido una gran caja a modo de tríptico con predela. Es resultado es de una gran originalidad. En el cuadro central se representa la vida real-virtual del compositor protagonista. En los cuadros laterales aparecen imágenes alegóricas sobre la obra que Ricardo, el protagonista, está escribiendo. Son imágenes animadas del “Infierno” del “Jardín de las Delicias” del Bosco. En la predela se muestra la sórdida realidad, donde se desarrolla la trama de engaños y manipulaciones del resto de personajes.

El momento musical y estéticamente más hermoso es el que se produce en el cuadro central, en la casa de Ricardo, cuando éste acaba de concluir su obra. El músico, rendido por el cansancio y profundamente enamorado, cae en los brazos de Aisha sobre una hermosa nube que sostiene a ambos.
El cuadro de voces es muy equilibrado. Todos resuelven su participación con dignidad. No es una partitura de gran exigencia pero si permite el lucimiento de las voces. A destacar el personaje del robot Kobayashi, interpretado por el contratenor Andrew Watts. Su participación es breve pero exigente, en su corta intervención, su voz recorre tres octavas.
Como hemos apuntado ya, la Página en blanco de Pilar Jurado resulta esperanzadora dentro del melancólico panorama nacional de música contemporánea. Confiemos en la evolución de su música y sus composiciones y en una mejor elección de los libretos.

Pilar Jurado (1968)
Ópera en dos actos en lengua española
Libreto de la compositora
D. musical: Titus Engel
D. escena: David Hermann
Escenografía: Alexander Polzin
Iluminación: Urs Schönebaum
Dirección de video: Claudia Rohrmoser
D. Coro: Andrés Máspero
Otto Katzameier, Nikolai Schukoff, Pilar Jurado,
Natascha Petrnsky, Hernán Iturrarlde,
Andrew Watts, José Luis Solaa
Estreno mundial
Obra encargo del Teatro Real

Publicado en Críticas