La Villana en el Teatro de la Zarzuela

La villana

Treinta y tres años han pasado desde la última representación de La villana en el Teatro de la Zarzuela. Y una no se explica muy bien que haya transcurrido tanto tiempo tratándose de una obra de tanta enjundia dentro del género chico. Y menos aún se entiende si tenemos en cuenta que la música es del maestro Amadeo Vives, y que está basada en la obra Peribáñez y el comendador de Ocaña, de Lope de Vega.

Es pues una obra que cuenta con todos los elementos para acometer un plan más ambicioso que una zarzuela. Pero el maestro Vives se quedó a medio camino de ese sueño operístico español. Y no por falta de calidad en la partitura, calidad tiene, y mucha.

Es ta villana, de bellísima factura, encierra algunos momentos de delicado lirismo que el maestro Miguel Ángel Gómez Martínez consigue extraer de una Orquesta a la que le viene algo grande la obra. Aun así, la orquesta sonó homogénea y más trabajada que en otras ocasiones.

La dificultad y exigencias de esta obra para los principales papeles se notan desde el primer momento. Son necesarias voces importantes para hacer frente a una partitura bien elaborada y de gran exigencia vocal y dramatúrgica. Ha contado el Teatro en esta ocasión con dos repartos. Sin desmerecer al primero, quizá haya sido el segundo cash quien más ha acertado en la lectura general de la obra. La soprano Maite Alberola, con voz redonda y voluminosa, supo llenar el personaje de Casilda del carácter castellano de esta mujer prudente. Ofreció algunos momentos de gran belleza interpretando la romanza “La capa de paño pardo”, o su bellísimo dúo con Peribáñez.

El barítono César San Martín interpretó a un estático, pero lleno de nobleza, Peribáñez. Participó con elegancia y sentimiento en los más bellos dúos junto a Casilda.

El Don Fadrique de Andeka Gorrotxategi fue una gran sorpresa. Este joven tenor vizcaíno posee un instrumento vigoroso, de timbre atractivo y gusto en la interpretación.

El resto de comprimarios compuesto por Rubén Amoretti, Manuel Mas, Javier Tomé, Ricardo Muñiz, Carlos Lorenzo, Rodrigo García, Román Fernández-Cañadas, Daniel Huerta y Francisco José Pardo, mantuvieron un nivel alto que redondearon un reparto de altura.

El coro del Teatro, bien timbrado y empastado, tuvo una actuación relevante, convirtiéndose en un personaje principal.

Hay que destacar también al cuerpo de baile que completó la escenografía sencilla pero hermosa de Natalia Menéndez. Con el evocador campo de espigas como protagonista durante toda la obra. Muy acertada la iluminación de Juan Gómez Cornejo, creando distinta atmósferas con los mismos elementos escénicos. Y una buena dirección de actores que hicieron que más de setenta personas se desenvolvieran por el escenario de manera coordinada y airosa.

Hay que agradecer la valentía y el esfuerzo del Teatro de la Zarzuela ofreciendo una obra de tan alto nivel en esta ambiciosa temporada. Se esperan grandes tardes de buena música.

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