Sacrificium en Valladolid

Sacrificium

Salió al escenario tras una introducción de La Scintilla, la Sinfonía Meride e Selinunte, de Nicolò Porpora. Apareció como lo viene haciendo en los recitales de presentación de Sacrificium, travestida al modo de los castrati del siglo XVIII y entre las ovaciones del público. La Bartoli maneja la escenificación como nadie. Fue un recital amplio, dos horas y media largas durante las que desgranó lo mejor de su último repertorio y de sus calidades y agilidades vocales.
Fue alternando las arias dramáticas con las de coloratura. Las spiamatas fueron enriquecidas con unos filados bellísimos, de un gran dramatismo que hacía que todo el auditorio contuviese la respiración. Las de coloratura estaban ejecutadas con una endiablada técnica y habilidad. Sin abandonar ni una sola nota. Un despliegue de trinos, acciacaturas, mordentes, agilidades… consecuencia de un fiato poderosísimo, como no podía ser de otra manera. Su capacidad de interpretación y dramatización solo es comparable con una proyección de voz, pequeña, si, pero limpia y pulida, alada y carnosa, contundente, rotunda y aérea. Todo junto y a la vez.
La Scintilla, dirigida por la Concertino Ada Pesch, estuvo magnífica. Hicieron desde el primer momento todo aquello que requería la voz de Cecilia Bartoli, como debe ser, y lo hicieron con brillantez, naturalidad y fabricando un sonido delicado, pulcro y bellísimo.

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