Ekaterina Semenchuk en el estreno del XXVIII Ciclo de Lied en Madrid

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El lunes 4 de octubre a las 20 horas, el Centro Nacional de Difusión Musical (CNDM) en coproducción con el Teatro de La Zarzuela inaugura la vigésimo octava edición del Ciclo de Lied. Con diez conciertos programados de octubre de 2021 a julio de 2022, este año nos visitarán de nuevo las voces líricas más importantes de la actualidad, desde Ekaterina Semenchuck a Christian Gerhaher, pasando por Marlis Petersen, Eva-Maria Westbroek, Matthias Goerne, Katharina Konradi, André Schuen, Mark Padmore, Julia Kleiter, Anna Lucia Richter y Josep-Ramon Olive, un amplio conjunto que agrupa timbres, extensiones, caracteres y estilos de diversa índole y se reparten programas siempre cargados de interés, presentando al público madrileño lieder y canciones del más diverso signo.

La encargada de inaugurar el ciclo será la mezzosoprano bielorrusa Ekaterina Semenchuk en su segunda visita a esta serie musical. Semenchuk estará acompañada por Semjon Skigin al piano para ofrecer un programa monográfico de dos series de canciones rusas: Despedida de San Petersburgo de Mihail Glinka y Canciones y danzas de la muerte de Modest Mussorgski. Las entradas de todos los conciertos del ciclo de Lied programados para este otoño, con un precio general de 8 a 35 euros, están a la venta en las taquillas del Teatro de La Zarzuela, teatros del INAEM, www.entradasinaem.es y en el teléfono 91 193 93 21.
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Melancolía rusa
Según la musicóloga Cristina Aguilar: «Nunca la melancolía constituyó una seña de identidad nacional tan clara como en Rusia. Fiódor Dostoievski sostenía: «Los hombres realmente grandes deben experimentar, a mi entender, una gran tristeza». En música se cobijaba bajo el amplio paraguas de la protiazhnaya (протяжная), género popular en el que se inspiraron los compositores rusos en los siglos XVIII al XX. O eso querían hacernos creer, ya que su característico contorno melismático –que hoy se relaciona más con Kirguistán o Kazajistán– tuvo muy poco espacio. Pero lo que ansiaban los autores rusos era alimentar ese sentimiento que creían entrever en el canto popular: una tristeza ancestral se emparentaba con esa «gran alma rusa» de Dostoievski, Tolstói o Gógol, similar a la que destila de los edificios soviéticos».

El crítico Santiago Martín Bermúdez comenta: «Despedida de San Petersburgo no es tanto un ciclo como una serie de canciones en secuencia no del todo dramática. En sus Memorias, Glinka cuenta que le vino a la cabeza un bolero y que le pidió a Nestor Kukolnik que le proporcionara texto para esa idea, y así fue surgiendo el ciclo. El experto británico David Brown desdeña este ciclo por ser poco digno de Glinka. Y le reprocha falta de ‘rusiedad’, como pidiéndole a Glinka ‘Sea usted lo bastante ruso’. Mussorgski escribió más de cuarenta canciones como piezas sueltas. Sólo diecisiete están agrupadas en ciclos como Los Cantos y danzas de la muerte (1875-1877), que pone en música poemas del príncipe Golenshchev-Kutzov. Al parecer, el compositor fue quien sugirió al poeta que escribiera los textos, que iban a ser ocho, pero que quedaron en cuatro debido a su distanciamiento personal con el príncipe en determinado momento. Se trata de descripciones de la muerte, con un pavor no disimulado que, por instantes, puede resultar en fascinación. A lo largo de estas secuencias la muerte se presenta socarrona o bien disfrazada de benefactora; con el aspecto de un seductor o envanecida por su éxito. Nunca feroz, nunca violenta en sí misma, aunque en una ocasión la guerra le dé un triunfo apoteósico».

Las excelentes cualidades vocales de Ekaterina Semenchuk (Minsk, 1976) han reafirmado su reputación como una brillante cantante en el mundo de la ópera por su rango excepcional y técnica inigualable. Ha cantado en escenarios como el Metropolitan Opera de Nueva York, la Ópera de París, el Teatro Mariinsky, el Carnegie Hall, el Suntory Hall, la Ópera de Los Ángeles, La Scala, etc, junto a maestros como Valeriy Gergiev, James Conlon, Nicola Luisotti, Zubin Mehta y James Levine, entre otros. En el ámbito concertístico ha interpretado el Requiem de Verdi con James Gaffigan, Valeriy Gergiev, Gustavo Dudamel, James Levine, Das Klagende de Mahler en el Festival Ravinia, el Requiem de Dvórak con L’Orchestre de Paris y James Conlon, Giovanna d’Arco de Rossini y La Mort de Cleopatre de Berlioz con la Orquesta Sinfónica de Lucerna bajo la batuta de James Gaffigan. Ekaterina colabora habitualmente con grandes pianistas como Semion Skigin, Julius Drake, Dmitry Efimov, Julius Drake y Helmut Deutsch.
Su repertorio también incluye el Stabat Mater de Pergolesi y Rossini, la Missa Solemnis de Beethoven, las Sinfonías 2, 3 y 8 de Mahler, Pulcinella y Edipo Rex de Stravinski, Hour of Soul (Concierto para percusión, mezzosoprano y orquesta) de Gubaidulina, From Jewish Folk Poetry de Shostákovich, Kindertotenlieder de Mahler, Les nuits d’été de Berlioz y Scheherazade de Ravel, entre otras. Semenchuk es una artista de estudio consolidada con múltiples grabaciones entre las que destacan su Jocasta (Stravinsky: Oedipus Rex) bajo la dirección de Valery Gergiev con la Orquesta y el Coro de Mariinski para el sello Sony Classics y Amneris en Aida de Verdi con Sir Antonio Pappano y la Orchestra dell ’Accademia Nazionale di Santa Cecilia para Warner Classics, interpretación que es considerada «una de las mejores grabaciones para ese rol» (Gramophone Magazine).

Fotografía: Alexey Kostromin