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Alex Esposito, cuatro villanos en uno en Les Arts

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El bajo-baritono italiano Alex Esposito es tan apreciado por sus cualidades vocales como por sus brillantes interpretaciones. Ahora llega por primera vez al Palau Les Arts para interpretar a los cuatro
villanos de Les Contes d’Hoffmann.
Reclamado por las principales casas de ópera del mundo, estamos deseando comprobar en
España lo bueno que es haciendo de malo.

Brío Clásica: Llega ahora a Valencia para presentar en Les Arts Les Contes d’Hoffmann, interpretando Lindorf, Coppelius, Le Docteur y Le Capitaine. Se le ve muy cómodo haciendo estos roles de “diablillo”, ¿le atraen este tipo de personajes?

Alex Esposito: Sí, interpretaré los cuatro roles del diablo en Les Contes d’Hoffmann… Siempre me han fascinado los personajes malvados… cuando iba a ver cine de terror de pequeño, me atraía siempre la capacidad que tenía el malvado, el asesino, el demonio… de ejercitar ese terror en las personas … sentía una gran fascinación por esos directores y esos actores que, mediante su técnica e interpretación, tenían la capacidad de crear ese gran miedo y terror… Así que siempre me he sentido atraído por esos roles de malvado porque, sobre todo, pienso que son más interesantes, ya que no existiría una trama si no hubiera un personaje malvado, y el mal es un poco el motor desencadenante de la trama, del drama… También creo que la parte diabólica de nosotros mismos es la más interesante, porque es la más transgresiva, la más picante… es, en definitiva, nuestro lado oscuro, que al final es el que más nos gusta… Y creo que la mayor parte del público se siente atraída por estos personajes, desde un punto de vista psicológico…

B.C: Su repertorio es amplio, desde Mozart a Verdi, pasando por Rossini, Donizetti, Gounod, Offenbach o Berlioz, entre otros muchos. ¿Cuál es ese personaje que sueña con interpretar, si es que aún no ha llegado?

A.E: Sí, siempre me ha gustado experimentar… Mozart, Rossini, Stravinsky, Verdi… en realidad, Verdi lo he comenzado a hacer hace poco… trato siempre de escoger los roles con conocimiento de causa, y antes de arriesgar algo prefiero decir que no… Hay un rol que me gustaría debutar en el futuro, y que en realidad tenía ya programado pero el COVID lo canceló… se trata del malvado por excelencia, el Mefistofele de Boito… Además, también me gustaría experimentar otras formas de espectáculo… no digo que me gustaría hacer cine, porque no sé si tengo la capacidad, pero he tenido en varias ocasiones la posibilidad de hacer cosas con cámaras en ese sentido, incluso en esta producción de Les Contes d’Hoffmann aquí en Valencia y también en otra producción en la que también se usaban cámaras durante la representación en vivo, y me gustó mucho hacer cosas con este objeto misterioso que tiene un solo ojo, como si fuera un Polifemo, que te observa y que a través de un mecanismo te lanza a millones de personas…

B.C: Es usted un reconocido intérprete rossiniano y mozartiano, incluso verdiano, ¿qué cree que aporta cada uno de ellos? y, desde el punto de vista técnico ¿cree que se puede establecer un orden a la hora de interpretarlos o depende más de las características vocales?

A.E: Sí, efectivamente he interpetado mucho Rossini y Mozart antes de llegar a Donizetti y Verdi… No creo que haya un camino prestablecido ya que cada uno de nosotros desarrolla su propio camino y establece sus propias bases para llegar a unos objetivos… pero sí puedo afirmar que Mozart y Rossini han sido para mí la base del teatro, porque con los recitativos es prácticamente prosa… Se habla muchísimo, hay un tira y afloja, la acción sucede en los recitativos, porque en las arias y en los dúos asistimos solo a la fase contemplativa, pero el teatro propiamente dicho está en el recitativo … Con Mozart y Rossini se aprende a estar encima de un escenario, porque no tienes que seguir a una orquesta, y por tanto puedes tomarte tu tiempo para decir las cosas, para hacer el fraseo en el recitativo… en definitiva, dispones de mucha autonomía y mucho espacio para la inventiva y la interpretación… … Creo que Mozart es una auténtico Maestro del teatro, de la interpretación…

B.C: Rossini es un autor muy presente a o largo de toda su carrera, ¿qué Rossini le gusta más, el serio o el buffo?

A.E: Pues mi relación con Rossini es extraña porque cuando miro una partitura y veo escrito el nombre de Gioacchino Rossini, me pongo malo (risas), porque Rossini nunca escribe cosas fáciles (risas), pero al final siempre te da una gran satisfacción… Con Rossini no se puede improvisar nada, porque el canto rossiniano es como el juego del dominó que cuando tienes todas las fichas alineadas, si tiras una, se caen todas… Se trata, en definitiva, de un juego de equilibrismo y funambulismo, que requiere una gran concentración y un gran control del propio órgano vocal… Rossini es un gran Maestro del canto… ¿y si prefiero el Rossini serio o el buffo? La verdad es que del Rossini buffo he cantado bastante poco, así que prefiero el Rossini serio por todo lo que ha escrito para mi vocalità, pero cuando asisto o escucho una ópera como espectador, me gusta ver a mis colegas buffi, porque también me gusta mucho ese otro tipo de escritura.

B.C: Sus inicios en la ópera están envueltos en un halo de cierto romanticismo lírico, un joven espectador en el Teatro alla Scala, soñando con ser protagonista sobre el escenario. ¿Esto de ser cantante, es cómo se lo había imaginado? ¿Hay algo que ha descubierto en esta carrera que entonces no llegó a imaginar?

A.E: Sí, así es… me enamoré de la ópera lírica cuando fui a ver Nabucco en La Scala con once años y estaba convencido de que este iba a ser mi mundo, y estoy muy contento de que haya sido así … Cuando se alza el telón, uno ve todas las cosas bonitas, ve el resultado… pero por dentro es un mundo muy duro, que requiere mucho sacrificio y es justo que el espectador vea solo la parte bonita, porque cuando va al teatro, tiene que disfrutar, relajarse, y obviamente no sabe todo el esfuerzo que hay detrás… en realidad, hay un mes y medio de trabajo conjunto, además de meses de preparación previa para un rol… Y todo eso para montar un espectáculo que se consume en tres horas, y que se hace en directo todas las noches, es decir, no es una película, así que si uno ve diez representaciones de la misma producción, nunca verá diez representaciones iguales…

B.C: Con la perspectiva de los años y de una carrera consolidada, ¿qué diría a esos jóvenes que, como usted, asisten a una representación y sueñan con estar en escena? ¿Qué deberían hacer y qué no?

A.E: Pues me haría ilusión saber que también ellos han experimentado esa misma sensación que yo, y les diría que tienen que ser conscientes de que la vida del cantante lírico, es algo que realmente tienen que querer, cueste lo que cueste, y que por tanto no se trata de un trabajo sino de una vocación… El consejo que podría dar es que no estudien solamente canto porque el canto cuenta un 50% sobre el 100% del resultado… también hay que saber estar encima de un escenario, conocer las técnicas del teatro, interpretar… porque las obras líricas no se hacen como se hacían hace veinte o treinta años… Se necesita estar informado, ir al teatro, al cine, conocer a los grandes actores… porque lo que se ve en el escenario es el resultado de todo un background cultural que se adquiere con los años…

B.C: 2020 tuvo momentos muy intensos, también en lo profesional, ¿cómo recuerda el Requiem de Donizetti que interpretó en Bergamo?

A.E: Sí, el Requiem de Donizetti en el cementerio de Bergamo fue quizás una las cosas que más me han emocionado en mi carrera… no es algo que pueda considerar como un compromiso profesional, porque fue más bien un recuerdo del desastre que sucedió… Podría decir que para mí la vida de teatro se cerró el 22 de febrero de 2020, cuando el Teatro alla Scala bajó el telón delante de mis ojos, y luego se abrió cuando hice ese concierto delante del cementerio de Bergamo después de todo lo que había sucedido… Los días que hicimos los ensayos fueron días de gran emoción porque estábamos precisamente en aquel lugar y estuvimos en contacto con trabajadores del cementerio de Bergamo, que nos contaron cosas realmente increíbles… además, yo soy de Bergamo, así que me tocaba especialmente…

B.C: ¿Cómo está siendo el regreso a los escenarios después de unos acontecimientos como los que hemos vivido?

A.E: La vuelta a los escenarios fue muy bonita y emocionante porque es como cuando vuelves a la escuela, después de una gripe, por ejemplo, y te reencuentras de nuevo con todos tus amigos, regresas a tu ambiente… Parecía como si me gustara aún más mi profesión, porque como ocurre con todas las cosas que posees, no le das realmente importancia hasta que ves que puedes perderlas… Fue como si fuera todo nuevo, porque en aquel momento los protocolos sanitarios eran todavía más estrictos y no se sabía muy bien cómo tratar todo esto… ahora estamos vacunados y es todo mucho menos pesante…

B.C: ¿Cuáles son los grandes intérpretes en los que se ha fijado a lo largo de su carrera?

A.E: La verdad es que no tengo un intérprete de referencia en particular… podría decir Cesare Siepi y Samuel Ramey, pero todos tienen algo y a todos les falta algo… No existe la voz perfecta, el intérprete perfecto… los defectos se convierten en características… Siempre me ha gustado escuchar a todos … me hace gracia cuando escucho esas ridículas frases en plan “ya no hay intérpretes como los de antes”, que responden más a nostalgia de tiempos pasados que a un verdadero análisis de las cosas… Creo que en todos hay algo bueno, y algo menos bueno pero, en general, es muy bonito conocer, escuchar, sin tomar como modelo, pero escuchándolo para conocer la profesión y hacerse una idea de lo que se hizo.

B.C: Se dice que las voces graves y de calidad, como la suya, están escaseando cada vez más. ¿Está de acuerdo con esta opinión?, si es así, ¿porqué cree que está pasando?

A.E: No creo que haya escasez de voces graves… no escasea la materia por sí misma sino más bien la perspectiva de esta materia… Me refiero a que la voz grave es una voz que madura con los años, y cuanto más envejece, se hace más interesante… De todas formas, creo que no es tanto una cuestión de voz sino de un artista a 360 grados… debutar Don Giovanni no es difícil desde el punto de vista vocal, pero sí es difícil desde el punto de vista interpretativo… es un rol muy peligroso… tropiezas en cada parte, por eso yo nunca he querido hacerlo… lo hice una vez de joven en un teatro de provincia en Italia pero me juré a mí mismo que hasta que no encuentre a un director que me proponga una lectura satisfactoria, no lo volveré a hacer… porque en los roles no solo está el aspecto vocal, sino que hay que tener en cuenta todos los aspectos, como decía anteriormente… y para hacer ciertos roles se necesita una madurez vocal e intelectual…

B.C: ¿Qué es lo primero que tiene en cuenta a la hora de elegir un nuevo rol?

A.E: Lo primero es ver si el rol que se me propone está hecho para mí, y por tanto miro la música, la tesitura, y todas las características que se necesitan para saber si es así… Hago un estudio general del personaje, para saber de dónde viene, quién lo ha interpretado, acudo a distintos pianistas y amigos de quienes me fío que me ayudan en la preparación, e intento que el debut sea en un contexto idóneo, lo que no solo quiere decir que sea en un teatro de prestigio, sino que también haya un gran director de escena y un gran director de orquesta con una preparación… también es importante que disponga del tiempo necesario para los ensayos… No estudio el rol solo en un mes… como tenemos la suerte de conocer nuestro planning con años de antelación, estudio el rol en pequeñas dosis… a veces, es necesario dejarlo reposar para retomarlo después…

B.C: Y cuando le presentan una nueva producción, ¿qué opinión le merecen algunas escenografías actuales?

A.E: He trabajado con grandes directores de escena, de los más clásicos a los más rompedores, pero no es que ame las puestas en escena modernas y odie las clásicas, o viceversa… Me gustan las escenografías inteligentes, y detesto las escenografías convencionales y decorativas… Me gusta la idea… Me refiero a que una escenografía puede llevar vestuario de época pero puede tener una concepción y una frescura que, a veces, son mejores que las de una escenografía moderna… No me gusta el arte que consuela, porque creo que cuando uno sale del teatro contento, y va a la pizzería y se pone a hablar de otra cosa, significa que hemos fracasado… creo que el teatro tiene que continuar… las tres horas del teatro son solo la mecha que hace explotar la bomba atómica, pero el espectador tiene que seguir pensando en ese teatro durante la cena y los días siguientes… nosotros tenemos el deber de estimular algo dentro en el espectador y dejarle algo, tanto para bien como para mal, que guste o que no guste…

B.C: Ahora vamos a poder verle en Valencia pero, ¿cuáles son sus próximos compromisos?

B.C: Sí, estoy en Valencia y por fin debuto en España después de tanto tiempo… Pues estaré en Munich con Il turco in Italia y Le nozze di Figaro… haré Don Giovanni en La Scala, Faust en La Fenice…