Una Doña Francisquita llena de contradicciones
Doña Francisquita
Amadeo Vives (1871-1932)
Comedia lírica en tres actos
Libreto de Federico Romero y Guillermo Fernández-Shaw, inspirado en
La discreta enamorada de Lope de Vega. En una adaptación de Lluis Pascual.
Teatro de la Zarzuela Madrid 14 de mayo de 2019
D. musical: Oliver Díaz
D. escena: Lluis Pascual
Escenografía y vestuario: Alejandro Andújar
Iluminación: Pascal Mérat
Coreografía: Nuria Castejón
Diseño audiovisual: Celeste Carrasco
Orquesta de la Comunidad de Madrid Titular del Teatro
Coro Titular del Teatro de la Zarzuela, Director: Antonio Fauró
Rondalla Lírica de MAdrid “MAnuel Gil”, Director: Enrique García Requena
Reparto: Sabina Puértolas, Ismael Jordi, Ana Ibarra, Viçent Esteve, María José Suarez,
Santos Ariño, Antonio Torres, Graciela Moncloa, Mathew Loren Crawford,
Francisco José Prado, ALicia Martínez, Francisco Javier Alonso
Con la colaboración especial de Lucero Tena y Gonzalo de Castro
Esta nueva producción de Doña Francisquita del Teatro de la Zarzuela me ha sorprendido y desconcertado. No he entendido nada, no hay diálogos, apenas escenografía, un narrador me distrae e interrumpe constantemente justo en los momentos más arrebatadores de la obra y, sin embargo, pocas veces salgo tan estimulada de una representación. No, no entiendo nada.También sirve para darse cuenta de lo turbador que puede llegar a ser la ausencia de diálogos y escenografía en una obra como esta. Como dice Lluis Pascual, una Bohéme puede ser cantada en versión concierto por los mejores cantantes, y no decir nada, o ser representada por los peores, y decirlo todo. A Doña Francisquita le ocurre algo parecido.Los tres actos en los que se divide la obra son completamente distintos, escénicamente hablando. El primero es aburrido y confuso, el segundo entretenido y lleno de romanticismo y el tercero, sublime.Lluis Pascual, hombre de teatro como ninguno, es el responsable de la puesta en escena y la adaptación del texto de esta nueva versión de Doña Francisquita. No es tarea fácil abordar, para modificar, una obra de referencia conocida desde su más tierna infancia. Y el resultado es realmente sorprendente. Queda a la elección del espectador en qué lado de la balanza pone su sorpresa.

Para justificar la adaptación del texto, Pascual alude al que, a su modo de ver, es el problema de la zarzuela: el libreto, y una manera de escribir e interpretar, que llega hasta los años 30 y que se llama “costumbrismo”. Un estilo teatral que ya nadie hace y, del que parece, se han perdido las claves para su interpretación, tanto desde el escenario, como desde el patio de butacas.
El primer acto es el más desconcertante. Se trata de un estudio de grabación de los años 30 en el que aparecen los cantantes y el coro como si de una versión de concierto se tratara. Falta la escenografía, que en este acto es fundamental para la comprensión de la obra. Tal vez sea esa la razón por la que los protagonistas parecen no hallarse sobre el escenario. Se pierde frescura en la interpretación, que queda en un segundo plano. Algunos de los momentos más líricos de este primer acto pierden toda su brillantez, como “la canción del ruiseñor”, interpretada por Sabina Puértolas, que queda bastante desdibujada.

Llegamos al segundo acto, situado en un plató de televisión en los años 60, de la mano del nuevo personaje que nos intenta guiar desde el principio, el narrador. El actor Gonzalo de Castro se encarga de dar vida a un nuevo rol, definido para tratar de introducir y explicar el argumento de la obra, a falta de diálogos. De Castro tiene un papel muy destacado, es brillante en lo suyo, pero su personaje no deja de cortar el ritmo. Aparece incluso para interrumpir los momentos en los que se había logrado la atmósfera más romántica y lírica. Creo que él mismo fue consciente de ello en algunos momentos.

El tercer acto nos lleva a una sala de ensayo actual y vacía. Con una inmensa pantalla al fondo sobre la que se proyectan imágenes de una Doña Francisquita rodada en 1934 por Hans Behrent, un director alemán que llegó a Barcelona, junto a otros cineastas, huyendo del nazismo. El nieto de uno de ellos, descubrió en el desván de su casa en Canadá, un baúl que contenía ocho películas grabadas por su abuelo. Siete de ellas estaban tan deterioradas que no se pudieron recuperar y solo se salvó una de ellas. Se trataba de Doña Francisquita. Las imágenes son de una gran belleza y evocadoras de aquel Madrid castizo y siempre dispuesto a la fiesta. Este tercer acto es el más emotivo, sobre todo, cuando apareció en escena Lucero Tena para tocar con “su pequeño instrumento”, las castañuelas, el fandango que después interpretó el cuerpo de baile. Tal vez este haya sido uno de los momentos más inolvidables de toda la temporada.

Todas las funciones están dedicadas a Alfredo Kraus en el 20 aniversario de su muerte. Con su recordado Fernando, Kraus reinauguró este Teatro en 1956 con esta misma obra.

La dirección musical, a cargo del titular del Teatro, Oliver Díaz, hizo grandes esfuerzos para encajar la música con lo que se estaba desarrollando sobre el escenario. Lo consiguió en gran medida, con una dirección enérgica, a veces algo excesiva en el volumen de sonido, pero siempre sabiendo acompañar a los cantantes en esta obra de grandes peculiaridades y difícil escritura orquestal, que hace que cada uno de sus números sean diferentes y con su propio estilo. Como dice Díaz, “Doña Francisquita es una sucesión de grandes éxitos”.

Una de las razones que hacen que esta Francisquita sea especial, a pesar de la desconexión de escena y música, es el cuadro de cantantes que intervienen en ella. Ismael Jordi aborda el dificilísimo y extenso rol de Fernando con la delicadeza y determinación que exige el personaje. Su voz ha ganado en densidad y amplitud. Ofreció uno de los momentos más románticamente líricos al interpretar su romanza “Por el humo…”, para la que se pidió el bis sin éxito. Su fraseo está bordado con elegancia y la línea de canto es exquisita.

Sabina Puértolas creó una Francisquita sofisticada y sin caer en ñoñerías. Su personaje fue de más a menos, tal vez contagiada por la falta de referencias escénicas. Su voz está llena de frescura y su línea de canto tersa y brillante. Su canción del ruiseñor quedó difuminada en ese perturbador primer acto.
La Aurora de Ana Ibarra fue el personaje de mayor personalidad sobre el escenario. Rotunda en la interpretación de esta Beltrana cuyos graves podían haber sido más intensos. Junto al Cardona de Vincenç Esteve, protagonizó el dúo del tercer acto. Ella, sobradamente castiza y brava, mientras Esteve rapeaba más que declamaba.

María José Suárez tiene un oficio y unas cualidades interpretativas que hacen que cualquier pequeño personaje se convierta en grande cuando ella lo viste. Eso hizo con su Doña Francisca. Es toda una garantía en cualquier producción lírica.

Otra garantía que aporta casticismo y personalidad a esta Francisquita, es la participación de Santos Ariño como Don Matías, y de Antonio Torres como Lorenzo Pérez. Saben estar y decir como se está y se dice una zarzuela.

Las coreografías elaboradas por Nuria Castejón, realizan una función casi balsámica para un público deseoso de conectar con la obra. Las imágenes que en directo se proyectan del cuerpo de baile sobre la gran pantalla, son de una plasticidad y estética notables.

Todos estos artistas, respaldados por el Coro Titular del Teatro de la Zarzuela, centran la obra y la llenan de referencias. Con ellos y la música del maestro Vives, se bastan y sobran para para dar vida a esta zarzuela. No hay que temer por nuestra lírica, es demasiado grande. Y el Teatro de la Zarzuela, su fortaleza.

Texto: Paloma Sanz
Fotografías: Javier del Real

Maruxa

Volvía Maruxa a su casa, el Teatro de la Zarzuela, casi 47 años después. Fue en este Teatro donde se estrenó en 1914 cuando su compositor, Amadeo Vives, era director artístico de la Zarzuela. Y volvía por todo lo alto. Al entrar nos esperaba el sonido de una gaita que va creando el ambiente propicio para escuchar la que, según su director musical, José Miguel Pérez-Sierra, “es una gran ópera española de su tiempo, y aún más, es una gran ópera europea de su tiempo. Vives, siguiendo la estela de Puccini, utiliza el folclore como ambientación, pero con una orquestación completamente centroeuropea, entre las tradiciones alemana y francesa”.

Cuando Daniel Bianco, director del Teatro de la Zarzuela, encargó a Paco Azorín, que se hiciera cargo de la escenografía de Maruxa, este le pidió poder hacer lo que quisiera. Y, desde luego, ha hecho lo que ha querido.

Con la excusa, cierta, de que el libreto de Luis Pascual Frutos es más que lamentable, de pasajes tan naif que no superan al más infantil de los cuentos, Azorín se ha permitido construir una nueva historia. Ha querido hacer un homenaje a Galicia y ha adornado esta Maruxa con versos de Rosalía de Castro y la danza elegante y viva de María Cabeza de Vaca, que encarna el personaje de Galicia como diosa. Ha sabido crear una atmósfera de misterio y meigas creando un bosque de cortinas vaporosas llenas de movimiento y bruma sobre un suelo de pizarra. Todo ello potenciado con una acertada iluminación de Pedro Yagüe.

Pero llegó la segunda parte y con ella ese “hacer lo que yo quiera”. Sobre una batería de imágenes de la catástrofe del Urquiola ocurrida en los años setenta, apareció el coro, eso sí, en una actuación memorable, vestidos con los monos de los voluntarios que limpiaron el chapapote derramado por el Prestige. Una extraña mezcla de acontecimientos vinculados intencionalmente y metidos con calzador que generó cierta perplejidad en parte del público. El resultado final era extraño por lo forzado del nuevo argumento. Solo sirvió para restar protagonismo a una obra y, sobre todo, a una música que merece toda la atención.

La dirección de José Miguel Pérez-Sierra es muy sólida. Perfecto conocedor de la partitura y del carácter de la obra, mantuvo la tensión de principio a fin y sacó lo mejor de un foso que suena cada vez con más rotundidad y solvencia.

El quinteto vocal estuvo bastante equilibrado. Esta obra es de una extraordinaria exigencia vocal, tanto en la técnica, como en el volumen suficiente para rivalizar con garantías con una potente orquesta. Sobresalió por sus cualidades vocales y su presencia escénica, el barítono Simón Orfila, en el papel de Rufo.

A gran altura brillaron también la pareja de protagonistas Maite Alberola (algo pasada de volumen vocal), como Maruxa y Rodrigo Esteves, en un notable Pablo.

Carlos Fidalgo interpretó a un convincente Antonio y Svetla Krasteva sustituyó en el personaje de Rosa a una indispuesta Ekaterina Metlova.

Curiosa Maruxa que no hay que perderse si se quiere opinar de primera mano. Una versión, la de Paco Azorín, para amantes de la música de Amadeo Vives pero, sobre todo, para amantes del teatro.

Maruxa

Que el ser humano, esa especie a la que pertenecemos y que en tantas ocasiones se diría que está por encima del bien y del mal, acelera en primera persona el envejecimiento y deterioro del planeta en el que habita, no es ningún secreto. Ni siquiera noticia, a pesar de que los medios de todo el mundo recogen a diario acciones mezquinas que participan de este homicidio voluntario y colectivo. Este es el punto tan actual como desolador del que parte Paco Azorín con su impactante lectura de ‘Maruxa’, égloga lírica en dos actos de Amadeo Vives, en una nueva producción del Teatro de la Zarzuela que se estrenará el próximo 25 de enero, y de la que el público podrá participar de 14 funciones hasta el 11 de febrero.

Galicia, nuestra Galicia, la de Rosalía de Castro tan presente en el imaginario (Lugar más hermoso no hubo en la tierra / Galicia soñada, Galicia encantada), es el amargo pretexto que le ayuda al director de escena y escenógrafo a concebir este doloroso canto; este grito al mundo desde el abismo de un brumoso acantilado. “Maruxa es un canto a Galicia, Maruxa es Galicia”. Una “tragedia”, como el mismo creador la define: “Maruxa es un canto doloroso a Galicia, una suerte de Stabat Mater”. Como diría la propia Rosalía: “Las grandes dichas de la tierra tienen siempre por término grandes catástrofes.”

Nos encontramos, pues, entre el mundo pasado de las églogas y el presente de las tragedias medioambientales. Las acciones de los más poderosos afectan a la gente del pueblo, que por lo general intenta vivir en armonía con la Naturaleza. En esta ocasión, el testimonio baila las notas de Vives agarrado a la cintura de una historia que camina en la cuerda floja entre el amor y el deseo.

Celebración: ‘Maruxa’, 46 años después
Por otra parte, y una vez más, el Teatro de la Zarzuela está de celebración. En este caso, gracias a que ‘Maruxa’ regresa a este secular escenario, en el que se estrenó en 1914, tras 46 años de ausencia. Aquellas dos funciones de entonces también tuvieron un marcado carácter festivo ya que fueron programadas, en junio de 1971, con motivo del centenario del nacimiento de Amadeo Vives. Este casi medio siglo sin subir a las tablas del teatro de la madrileña calle de Jovellanos hace que aún sea mayor la expectación en torno al título, cuyo libreto original está firmado por el dramaturgo Luis Pascual Frutos.

Pero no es únicamente la razón del impacto del nuevo montaje o del tiempo de ausencia sobre el escenario de La Zarzuela lo que ha levantado tal interés. También lo ha hecho, y en gran medida, el conjunto de la propuesta. Y no es para menos, ya que a la dirección de escena y escenografía de Paco Azorín, uno de los grandes nombres de la creación teatral de hoy, se une la maestría del internacional José Miguel Pérez-Sierra, batuta de referencia que estará al frente de la Orquesta de la Comunidad de Madrid (Titular del Teatro) y delCoro Titular del Teatro de la Zarzuela, un doble reparto para el que la partitura parece estar hecha a medida y un equipo artístico que sitúa con toda naturalidad nuestro género lírico en el siglo XXI.

‘Maruxa’, según el maestro Perez-Sierra, “está repleta de música luminosa, pero a la vez elegante, y combina lo más moderno de la escritura lírica de la época, lo que permite que estos –en apariencia– sencillos personajes recorran los mismos caminos que han atravesado otros héroes contemporáneos en distintos escenarios del continente”. La obra, además, está llena de matices orquestales que resultan sencillos para el público, pero especialmente difíciles para los intérpretes.

Precisamente este, el de la dificultad de los cantantes al abordar la partitura, ha sido, de acuerdo con la opinión del director de orquesta, uno de los escollos con los que ha tenido que enfrentarse ‘Maruxa’: “Si no se ha hecho más a lo largo del último siglo, es porque se trata de una obra extremadamente difícil de cantary había muy pocos artistas capaces de hacerlo”. Pero este no es el caso que nos ocupa, ni mucho menos, ya que asegura que en las representaciones del Teatro de la Zarzuela “tenemos unos elencos maravillosos que sin duda el público va a disfrutar muchísimo.”

Los repartos de altura a los que se refiere Pérez-Sierra estarán integrados por las sopranos Maite Alberola y Susana Cordón en el papel de Maruxa (la joven enamorada de Pablo), los barítonos Rodrigo Esteves y Borja Quiza en el de Pablo (el joven enamorado de Maruxa), el bajo Simón Orfila como Rufo (capataz que debe velar por la relación entre Rosa y Antonio), las sopranos Ekaterina Metlova y Svetla Krasteva haciendo las veces de Rosa (prima de Antonio, con quien deberá casarse para perpetuar la sustanciosa hacienda familiar, pero apasionadamente atraída por el ingenuo Pablo), los tenores Carlos Fidalgo y Jorge Rodríguez-Norton
encarnando a Antonio (primo de Rosa, con quien debe casarse, y atraído por Maruxa) y el barítono Carles Pachón, reciente ganador del Concurso Internacional Alfredo Kraus, como la voz de un Zagal. Junto a ellos alternarán la escena 12 actores y la bailarina María Cabeza de Vaca, que será la diosa Galicia. Asimismo, sonará en off la voz de la actriz María Pujalte.

Es necesario destacar también el vestuario singularmente heterogéneo concebido para la ocasión por Anna Güell, la iluminación y las proyecciones de Pedro Yagüe y Pedro Chamizo respectivamente, con un protagonismo decisivo en el desarrollo de la obra, y el movimiento escénico generado por Carlos Martos.

Cuando en 1914 Amadeo Vives asume la dirección artística del nuevo Teatro de la Zarzuela, que había sido reconstruido tras el incendio de 1909, se proyecta el estreno de la nueva obra del compositor catalán, ‘Maruxa’, un trabajo excepcional en su producción musical, una égloga sin partes habladas. Su triunfo fue clamoroso, y, a partir de ahí, recorrió todos los escenarios de España, llegando incluso a Nueva York en 1919 (como también ocurrió con El Gato Montés al año siguiente).

‘Maruxa’ es un ejemplo de nacionalismo folclorista, ya que toda la música parece recurrir a temas populares con gran facilidad melódica, combinando el Verismo imperante en la época con el gusto por la ópera y la opereta que se plasma en el concepto del espectáculo y en el tratamiento vocal de los personajes. La acción es continua y los diferentes temas se suceden con una admirable habilidad constructiva. Es, en definitiva, una partitura escrita con maestría en la que lo popular destaca de forma especial. Desde su estreno, ‘Maruxa’ ha formado parte destacada de la historia del teatro lírico nacional en general, y del Teatro de la Zarzuela en
particular.

EN TORNO A ‘MARUXA’
Como ya es habitual en todas las propuestas escénicas del Teatro de la Zarzuela, en torno a ‘Maruxa’ se han programado diversas actividades:

El viernes 19 de enero, y con motivo del estreno, se celebrará en el ambigú del Teatro una conferencia que pronunciará la filóloga Concha Baeza, y que estará dedicada a esta obra de Vives (Ambigú del Teatro de la Zarzuela, 19h30).

El lunes 23 de enero, Paco Azorín y José Miguel Pérez-.Sierra conversarán con alumnos franceses de artes escénicas y miembros de la Joven Compañía Nacional de Teatro Clásico, como preámbulo del ensayo pre-general al que asistirán una vez terminada la charla (Teatro de la Zarzuela, 16h30 y 18h00, en colaboración con la Compañía Nacional de Teatro Clásico).

El lunes 29 de enero a las 19h30, el Maestro Pérez-Sierra será protagonista, en el Ambigú del Teatro de la Zarzuela, de un encuentro dirigido a alumnos de Dirección de orquesta y a estudiantes de diversas disciplinas musicales.

El lunes 5 de febrero a las 19h30, Paco Azorín mantendrá un encuentro con estudiantes de las distintas ramas de las artes escénicas, diseño o cinematografía en la sala principal del Teatro. Lo presentará Daniel Bianco, director del Teatro de la Zarzuela.
A todos los encuentros estarán invitados los usuarios de la Tarjeta Joven del Teatro, que ya son cerca de 700.

La gatita blanca

Con especial interés espera el público desde hace meses el montaje conjunto de ‘Enseñanza libre’, compuesta por Gerónimo Giménez y estrenada en el Teatro Eslava de Madrid en 1901, y ‘La gatita blanca’, creada por Giménez y Amadeo Vives, y presentada en el Teatro Cómico de la capital en 1905. El Teatro de la Zarzuela albergará ambas joyas del género chico durante 17 funciones, del 6 al 28 de mayo, en un espectáculo concebido como una propuesta única e indivisible. Son muchos los alicientes, y entre ellos destaca, sin lugar a dudas, el vuelco escénico y estético que esta versión libre de Enrique Viana, quien también firma la dirección de escena, le da al propio espacio del Teatro.

Las seiscientas butacas del patio han sido desmontadas y en su lugar se ha instalado el escenario: una gran circunferencia con suelo de espejo, que, entre otros muchos efectos sorprendentes, incluso llega a convertir a la majestuosa lámpara en una protagonista más de la obra. ¿Y dónde ha ido entonces a parar el público? Pues además de los palcos de los diferentes pisos, el respetable ocupa nada menos que el escenario verdadero del Teatro. Para ello, en ese sagrado lugar donde han actuado García Lorca o María Callas, se han instalado unas gradas que albergarán a más de 200 personas.

El maestro Manuel Coves será el encargado de la dirección musical de este, en palabras del propio Viana, “despropósito cómico lirico en un acto”. Estará al frente del Coro Titular del Teatro de la Zarzuela y de la Orquesta de la Comunidad de Madrid (Titular del Teatro), que ocupará un foso nada convencional situado en la zona de la sala donde precisamente está la puerta principal de acceso de público.

El reparto es coral y está integrado por grandes talentos de la canción, de la actuación y de ambas a un tiempo como son la mezzosoprano Cristina Faus, la cantante Roko, la actriz Gurutze Beitia, la mezzosoprano María José Suárez, el tenor y actor Ángel Ruiz, el barítono Axier Sánchez, el actor José Luis Martínez y los actores y cantantes Iñaki Maruri y Mitxel Santamarina. Un cuerpo de 20 bailarines completa el elenco.

Una “locura” escénica

Para esta “locura” escénica, la producción cuenta además con escenografía de Daniel Bianco -en el que es su primer trabajo artístico que firma para el coliseo desde que se hizo cargo de su dirección-, vestuario de Pepe Corzo, iluminación de Albert Faura y coreografía de Nuria Castejón.

Enrique Viana explica el porqué de su versión, en la que, naturalmente, se mantienen al completo todos y cada uno de los números musicales, pero cuya historia (“una sola, y no un programa doble”) es radicalmente diferente: “Ambas (las originales) están salpicadas de chistes incomprensibles para el público de hoy y algunos pueden ofender particularmente al femenino”.

Por esta razón, el autor consideró que “tanto la trama como el texto había que cambiarlos de raíz”, y para ello destinó ’Enseñanza libre’ al servicio de ‘La Gatita blanca’ y reescribió la primera completamente dejando de la segunda la trama y los personajes con algunas escenas del original que juzgó “simpáticas e inofensivas”. “De resultas de estas consideraciones quedó esta pieza larga que respeta cada nota de Giménez y cada letra de sus cantables”, explica Viana. Cantables escritos por los libretistas Guillermo Perrín, Miguel de Palacios, José Jackson Veyán y Jacinto Capella.

Todo está listo para este “despropósito cómico lirico en un acto” rebautizado: “‘Enseñanza libre y La gatita blanca’, o ‘Venga usté a pasar la tarde’”, con el que el Teatro de la Zarzuela se reinventa.

La villana

Treinta y tres años han pasado desde la última representación de La villana en el Teatro de la Zarzuela. Y una no se explica muy bien que haya transcurrido tanto tiempo tratándose de una obra de tanta enjundia dentro del género chico. Y menos aún se entiende si tenemos en cuenta que la música es del maestro Amadeo Vives, y que está basada en la obra Peribáñez y el comendador de Ocaña, de Lope de Vega.

Es pues una obra que cuenta con todos los elementos para acometer un plan más ambicioso que una zarzuela. Pero el maestro Vives se quedó a medio camino de ese sueño operístico español. Y no por falta de calidad en la partitura, calidad tiene, y mucha.

Es ta villana, de bellísima factura, encierra algunos momentos de delicado lirismo que el maestro Miguel Ángel Gómez Martínez consigue extraer de una Orquesta a la que le viene algo grande la obra. Aun así, la orquesta sonó homogénea y más trabajada que en otras ocasiones.

La dificultad y exigencias de esta obra para los principales papeles se notan desde el primer momento. Son necesarias voces importantes para hacer frente a una partitura bien elaborada y de gran exigencia vocal y dramatúrgica. Ha contado el Teatro en esta ocasión con dos repartos. Sin desmerecer al primero, quizá haya sido el segundo cash quien más ha acertado en la lectura general de la obra. La soprano Maite Alberola, con voz redonda y voluminosa, supo llenar el personaje de Casilda del carácter castellano de esta mujer prudente. Ofreció algunos momentos de gran belleza interpretando la romanza “La capa de paño pardo”, o su bellísimo dúo con Peribáñez.

El barítono César San Martín interpretó a un estático, pero lleno de nobleza, Peribáñez. Participó con elegancia y sentimiento en los más bellos dúos junto a Casilda.

El Don Fadrique de Andeka Gorrotxategi fue una gran sorpresa. Este joven tenor vizcaíno posee un instrumento vigoroso, de timbre atractivo y gusto en la interpretación.

El resto de comprimarios compuesto por Rubén Amoretti, Manuel Mas, Javier Tomé, Ricardo Muñiz, Carlos Lorenzo, Rodrigo García, Román Fernández-Cañadas, Daniel Huerta y Francisco José Pardo, mantuvieron un nivel alto que redondearon un reparto de altura.

El coro del Teatro, bien timbrado y empastado, tuvo una actuación relevante, convirtiéndose en un personaje principal.

Hay que destacar también al cuerpo de baile que completó la escenografía sencilla pero hermosa de Natalia Menéndez. Con el evocador campo de espigas como protagonista durante toda la obra. Muy acertada la iluminación de Juan Gómez Cornejo, creando distinta atmósferas con los mismos elementos escénicos. Y una buena dirección de actores que hicieron que más de setenta personas se desenvolvieran por el escenario de manera coordinada y airosa.

Hay que agradecer la valentía y el esfuerzo del Teatro de la Zarzuela ofreciendo una obra de tan alto nivel en esta ambiciosa temporada. Se esperan grandes tardes de buena música.

La villana

El Teatro de la Zarzuela vivirá una noche especialmente emotiva el próximo viernes 27 de enero gracias a la recuperación de la zarzuela ‘La villana’ de Amadeo Vives, que volverá a sonar después de más de 30 años de su última representación en este escenario. Un dato curioso, si se tiene en cuenta que se trata de uno de los títulos más emblemáticos del Teatro de la Zarzuela a lo largo del siglo XX. Se da también el caso de que esta obra, con libreto de Federico Romero y Guillermo Fernández-Shaw –basado en el drama ‘Peribáñez y el comendador de Ocaña’ de Lope de Vega, cumplirá en octubre 90 años de su estreno absoluto. Ahora, casi un siglo después de aquella lejana noche de extraordinario éxito, se ofrecen trece funciones desde el 27 de enero al 12 de febrero.

El montaje es una nueva producción del coliseo de la calle Jovellanos, y en esta labor de justa reparación histórica cuenta con dos grandes nombres del teatro y de la música. Así, la puesta en escena está firmada por Natalia Menéndez, y el Maestro Miguel Ángel Gómez Martínez asumirá la dirección musical al frente de la Orquesta de la Comunidad de Madrid (Titular del Teatro), del Coro Titular del Teatro de la Zarzuela y de un elenco repleto de grandes nombres de nuestra lírica.

El reparto está encabezado en el papel de Casilda por la soprano Nicola Beller Carbone, cantante habitual en los mejores teatros de ópera del mundo, y por el tenor Jorge de León, una de nuestras voces más privilegiadas, en el papel de Don Fadrique, el comendador. El cantante canario llega a La Zarzuela directo de la Wiener Staatsoper, donde ha interpretado el Macduff de Macbeth, teatro al que volverá para protagonizar ‘Tosca’ en abril, y ese mismo mes volará a Nueva York para meterse en el papel del Radamés de ‘Aida’ en el Metropolitan.

El tercer protagonista en liza será el reconocido barítono Ángel Ódena, que ahora suma a su extensa carrera internacional este villano Peribáñez, que es manipulado por el comendador Don Fadrique para obtener los favores de su recién desposada Casilda.

La soprano Maite Alberola y el tenor Andeka Gorrotxategi, asumen asimismo el rol de Casilda y Don Fadrique, mientras que el barítono César San Martín se meterá también en la piel de Peribáñez. El reparto lo completan la soprano Milagros Martín, que será Juana Antonia, la mezzosoprano Sandra Ferrández, que hará las veces de Blasa, el bajo Rubén Amoretti que tiene el doble cometido de personificar al judío David y al rey, el barítono Manuel Mas, que cantará a Roque, y los tenores Javier Tomé y Ricardo Muñiz, que interpretarán a Olmedo y a Miguel Ángel. El actor Carlos Lorenzo encarnará al lazarillo de Olmedo.

Todos ellos desarrollarán el drama que por culpa del abuso del comendador se les viene encima a los recién casados Casilda y Peribáñez, y lo cantarán entre trigales y cielos de Castilla.

De este mágico efecto se ha encargado el escenógrafo Nicolás Boni con la estrecha complicidad de María Araujo, responsable del vestuario, y de Juan Gómez-Cornejo (AAI), fiel creador, como castellano que es, de la luz exacta que requieren esos parajes tantas veces evocados por literatos y poetas.

En la producción también intervienen 11 bailarines cuya coreografía ha ideado Mónica Runde.

‘La villana’ es un claro homenaje a Lope de Vega, y así lo reconoce Natalia Menéndez, quien la define como una “tragicomedia que trata del abuso de poder. Un desafío permitido contra la injusticia, donde el vicio, la violencia y la tiranía son castigados, y la virtud, la honradez y la dignidad obtienen su recompensa”. En cuanto a la música que envuelve el drama, la directora de escena afirma que Amadeo Vives “conjuga el fondo tradicional y popular con la melodía elaborada, transita en ellos sin miedo, con contundencia, propio del pensamiento artístico que prevalecía a principios del siglo XX”, y a esto añade que quizás lo más notable y latente, es “la alegría que prevalece en su composición musical. Apuesta por el amor”.

LaZarzuela

El Teatro de la Zarzuela ofrecerá el próximo miércoles, día 23 de diciembre, a las 20 h. su tradicional Concierto de Navidad, en esta ocasión con un formato muy particular que esperamos sea de gran interés para el público.

En este concierto vamos a tener la oportunidad de adentrarnos en dos zarzuelas tan deliciosas como rara vez interpretadas: Los flamencos y La buena ventura ambas con música de Amadeo Vives y ambientadas en Madrid. La primera está basada un sainete de Arniches y la segunda se desarrolla en el Madrid cortesano de principios del siglo XVII que retrata Cervantes en La Gitanilla, obra en la que está inspirada.

Dos actrices nos narrarán, en versión semiescenificada los argumentos en los que se encuadran sus deliciosos números musicales.

Este concierto quiere ser también un homenaje al talento de Carlos y Guillermo Fernández-Shaw, coautores de los respectivos libros, con motivo del 50 aniversario del fallecimiento de este último.

La Dirección Musical correrá a cargo de Cristóbal Soler y la dramaturgia escénica de Javier de Dios.