Aquiles Machado

ABAO-OLBE (Asociación Bilbaína de Amigos de la Ópera) inaugura su 66 Temporada con I Masnadieri de Verdi. Este título conforma la duodécima edición del proyecto TUTTO VERDI de la Asociación que encara ya su recta final. Los próximos días 21, 24, 27 y 30 de octubre, con el patrocinio de IBERDROLA, sube a escena esta ópera estrenada en Londres, una de las más belcantistas del maestro italiano, que posee todas las características de movimiento romántico: pasión, idealismo, rebeldía…

En este drama, que se desarrolla en Alemania a principios del siglo XVIII, Verdi supo centrar las convenciones y condiciones de la Italia del ochocientos aunándolas con los gustos particulares del Londres victoriano. Para dar vida a los protagonistas de este título lleno de nuevos recursos musicales, donde se alternan los momentos dramáticos con los liricos y las frases de coloratura, ABAO-OLBE ha reunido a un elenco encabezado por Aquiles Machado, un tenor conocido por el público bilbaíno ya que nos ha visitado en siete ocasiones, y que está conquistando la escena europea con compromisos en Viena, Zurich, Moscú, Bologna, Bélgica… A su lado realiza su presentación en ABAO la joven soprano italiana Marta Torbidoni en el papel de ‘Amalia’, rol que interpretó recientemente en esta misma producción en el Teatro Giuseppe Verdi de Busseto. El barítono búlgaro Vladimir Stoyanov como ‘Francesco’ y el bajo Mika Kares como ‘Massimiliano’ completan el cuarteto protagonista. Junto a ellos el tenor Juan Antonio Sanabria como ‘Arminio’, el bajo Petros Magoulas como ‘Moser’ y el tenor Alberto Nuñez como ‘Rolla’ cierran el cartel.

La parte musical está a cargo del maestro Miguel Ángel Gómez Martínez, director titular de la Orquesta Sinfónica de RTVE y gran conocedor de este repertorio, quien se pone al frente de la Bilboko Orkestra Sinfonikoa para dirigir un título que según sus propias palabras “ofrece una especial frescura y espontaneidad”. La parte coral es una vez más tarea del Coro de Ópera de Bilbao, con Boris Dujin al frente.

En el escenario una producción del Teatro Regio di Parma que se estrena por primera vez a nivel nacional, ideada por el debutante en ABAO, Leo Muscato. Se trata de un espectáculo con sentido histórico y contemporáneo donde los ladrones, en eterna búsqueda de la felicidad, son modernos pero revolucionarios. Entre el fuego y el hierro, Muscato apuesta por la madera con un anillo atormentado en una atmósfera brumosa y arbolada llena de tensión dramática, simbolismos y efectos de luz. Un hermoso vestuario de Silvia Aymonino desvela la parte gótica e intemporal de este drama.

Conferencia sobre “I Masnadieri”

Con el fin de analizar, con carácter previo al estreno, los aspectos más relevantes de esta ópera de Verdi, ABAO-OLBE ha organizado una conferencia, de entrada libre hasta completar aforo, para el viernes 20 de octubre en el Auditorio del Museo de Bellas Artes (entrada por la puerta Chillida) a las 19.15 horas. En esta ocasión será Andrea Merli, crítico musical, ensayista y conferenciante. Colaborador habitual de la revista L’Opera y corresponsal en Milán de la revista Ópera Actual. Su interés por la música y la ópera le ha llevado a publicar numerosos trabajos en teatros y medios especializados. Desde hace más de una década tiene un programa sobre ópera en la RAI Radio.

Nancy Fabiola Herrera en Carmen

El Teatro de Ópera de Maó presenta estos días dos funciones de Carmen, de Bizet. El 29 y el 31 de mayo. Al frente de un extraordinario reparto formado por Aquiles Machado, Isabel Rey, Simón Orfila y Stefano Palatchi, se encuentra Nancy Fabiola Herrera. Una de las Cármenes más reconocidas internacionalmente.

Este reparto no es la primera vez que coincide en este teatro. Hace seis años fueron protagonistas de un Rigoletoto. Carmen es, además, una oportunidad para el reencuentro.

Justo antes del estreno tuvimos la oportunidad de hablar con la protagonista y estas son sus impresiones sobre la obra que protagoniza.

Brío Clásica: ¿Qué tiene el personaje de Carmen que fascina tanto al público?

Nancy Fabiola Herrera: Es una historia que tiene todos los ingredientes para gustar. Tiene pasión, humor… Habla de algo tan actual como las relaciones humanas. Habla de una persona fuerte, de esas que van en contra de las normas establecidas. Es un personaje al que le gusta desafiar ciertas reglas y ver como los demás a su alrededor reaccionan ante eso.
Pero sobre todo, la historia personal entre ella y José atrae mucho. Y por supuesto el hecho de que la música sea maravillosa, todos esos ingredientes y una buena historia. No queda otra opción, gusta.

B. C.: Viene de interpretar este mismo personaje en una serie de actuaciones en Rusia. ¿Cómo ven esta obra públicos diferentes?

N. F. H.: Es una obra universal y al público le gusta. Tanto en Pekin como en Rusia, a ellos el personaje les resulta muy exótico. Para nosotros es normal, estamos acostumbrados a la etnia gitana, a la vida en el sur. Pero fuera de España tiene un sabor exótico. Se percibe de otra forma. Pero la música es tan universal que gusta a todo el público donde se represente.
Otra cosa distinta es la propuesta escénica. Hay escenografías que se alejan un poco de la historia en cuanto al lugar. Como esta, que es en el sur de España. Las producciones que me tocaron en Rusia, la última fue en Sochi y la anterior en el Bolshoi en Moscú, eran dos producciones que se alejaban bastante de lo que es el concepto y la historia en si. Le daban una visión diferente. Para mis gusto, no siempre acertadas. A veces quieren proponer algo diferente, pero no siempre funciona a favor de la historia. Depende siempre de la visión que se le quiera dar.

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Nancy Fabiola Herrera, como Carmen, en el Teatro de Ópera de Maó

B. C.: En esos mmomentos de cierto desconcierto ante la propuesta, ¿qué se hace?

N. F. H.: Hay casos en los que no es fácil adaptar al personaje. Uno siempre intenta que no se pierda la esencia cuando no se acerca en nada a la idea principal, tanto del libretista como del compositor. Pero siempre se intenta mantener el concepto. Siempre intento con el director, según la propuesta que me haga, poder negociar algunas cosas. Que yo también pueda creerme el personaje y hacerlo creíble. Por ejemplo, en el teatro del Bolshoi, la propuesta era sobre trata de blancas y tráfico de mujeres, y Carmen era misógina. Era una propuesta muy densa y un poco loca también. Son conceptos.

B. C.: ¿Y cómo es la Carmen que trae a Maó?

N. F. H.: Es una producción que a mi me gusta mucho. La estrené hace varios años en Jerez de la Frontera y la he representado en varias ocasiones. Es una propuesta muy linda estéticamente, muy agradable, con un vestuario precioso. Y se aleja de los tópicos del sur sin perder la esencia, como los cuadros de Julio Romero de Torres. Nos presenta una Andalucía fuera de las exageraciones. Más bien una Andalucía íntima, con una estética muy cuidada y centrada en el drama de los personajes. Es una producción que funciona muy bien.

B. C.: Su conocimiento del personaje es muy amplio. Para preparar el rol, ¿le han servido como referencias otras Carmenes?

N. F. H.: Siempre tienes alguna referencia, bien a nivel vocal o a nivel escénico. En lo vocal me he fijado en Regina Resnik o Conchita Supervia. Me ha gustado escuchar cantantes antiguas para ver cual era la manera de cantar al personaje en esa época, porque van cambiando los gustos y las maneras.
Como referencia para mi también fue muy importante en su momento ver a Teresa Berganza y su propuesta de este personaje. A Dennis Gray, que tiene un sello muy personal. Es muy interesante ver las distintas propuestas para crear yo también mi propia visión del personaje.

B. C.: A parte de Carmen, ¿en qué otro rol se siente cómoda?

N. F. H.: Hay otros muchos roles que me encantan. Procuro elegir roles que pueda defender bien y que tenga una historia que me guste. Dalila es otro de los personajes que adoro. Tuve la fortuna de ponerlo en escena a principios de año en Oviedo, y me encanta. Me gusta también el Romeo de Capuleti e Montecchi, de Bellini, es uno de mis personajes favoritos. La Adalgisa de Norma. La Isabel de L´italiana in Algeri, muy simpática, porque también me gustan los personajes cómicos. En papeles dramáticos me gustan mujeres introvertidas como Charlotte de Verther. Soy una persona en este sentido muy curiosa, tanto a nivel musical como interpretativo y me gusta hacer personajes muy dispares. Favoritos tengo varios, pero los que me llegan mucho al corazón, Dalila y Romeo.

B. C.: Hemos pasado unos años muy duros para la cultura en general y la ópera en particular. ¿es cierto que empieza a notarse cierto alivio?

N. F. H.: En estos pasados años, en España se pararon unas cosas y se continuaron otras. Se ha hecho un esfuerzo grande en algunos teatros para continuar contra viento y marea y algunas temporadas se han mantenido. Otras no ha sido posible. Villamarta de Jerez o en Málaga, que tenían temporadas estables, las tuvieron que interrumpir. Pero si es cierto que, poco a poco, empieza a moverse algo. Siempre con las crisis y los recortes la parte que más sufre es la cultura, por desgracia. Pero es una responsabilidad de todos y de los gobiernos el no dejar que sea la parte débil. Todos tenemos que hacer propuestas usando la creatividad para que no se disparen los presupuestos, más allá de que existan subvenciones o no. En España quizá se echa de menos una ley de mecenazgo que en otros países funciona muy bien. Esto sería bueno para no depender solo de las ayudas oficiales.

La Boheme

n el arranque de la temporada 2012-2013, el valenciano Palau de Les Arts, sigue apostando por títulos muy conocidos y populares del repertorio. Después del brillante Rigoletto, que inauguró la temporada, se ha escenificado una magnífica producción de La Bohème, con un entusiasmado público que abarrotó la sala y aplaudió reiteradamente tanto al finalizar el Acto II, como al final de la representación.

En primer lugar, destacar la atractiva y muy original escenografía del turinés Davide Libermore, también responsable de la dirección escénica y la iluminación. Nos propone una escenografía de la buhardilla de los bohemios, en los simétricos Actos I y IV, donde el caballete pictórico de Marcello, ya desde el mismo inicio de la ópera, toma vida para recoger una filmación de las aguas del Mar Rojo, coincidiendo con las primeras frases de Marcello “Questo mar rosso…”, que se proyecta en una de la paredes laterales de la estancia. A continuación se proyecta un decorado estático-dinámico, donde puede verse fluir el humo que emanan las chimeneas de los edificios parisinos, con iluminación diurna y nocturna, para mostrarnos el transcurso del tiempo.
Estos aditamentos, confieren un toque complementario y urbano, al habitáculo parisino donde trabajan el poeta Rodolfo y el pintor Marcello, acompañados por sus amigos. Cambiantes pinturas, de carácter impresionista, que van apareciendo en el marco pictórico de Marcello, y que, también al unísono, se van proyectando.
Libermore se ha inspirado en la película Dreams (Sueños) de Akira Kurosowa, para insertar las proyecciones de Paolo Gep Cucco, en su retrato del París de finales del Siglo XIX.
El bullicio y la alegría, queda perfectamente plasmado en el multitudinario Acto II, en la terraza de café Momus, con la presencia al fondo del más genuino símbolo parisino: La Torre Eiffel. Este segundo acto, hablando en términos fílmicos, se convierte en un verdadero plano-secuencia, donde los ojos de los espectadores convertidos en cámara, pueden moverse libremente para focalizar las diferentes acciones que se plantean. En contraposición, aparece ese austero y gélido decorado del Acto III, muy en consonancia con la música y acción teatral que se nos muestra.

La meta ambicionada por Puccini, al componer La Bohème, era lograr un continuum musical y
dramático, en el que las arias, duettos y demás números tradicionales, se insertasen perfectamente en la textura orquestal, que
estructura una música variopinta y siempre de calidad extrema. El gran Riccardo Chailly, con la Orquesta de la Comunidad Valenciana, logró introducirnos en la riquísima paleta orquestal de esta partitura.
Chailly consiguió los mejores resultados musicales –como no- en ese extraordinario Acto III, mostrando la riqueza de los temas, enlazados por una exquisita orquestación, que se convierte en uno de los momentos más perfectos de todo el repertorio.
También en ese Acto IV, donde la música transita de la comedia al más puro drama. En suma, gran trabajo directorial, al frente de la magnífica orquesta valenciana, del gran maestro milanés, quien ya en 1998, para el sello DECCA, con la Orquesta del Teatro alla Scala, nos legó la mejor versión discográfica moderna de esta ópera, con unos excelentes Angela Gheorghiu y Roberto Alagna. Amén, de las históricas y antológicas versiones discográficas de Herbert von Karajan, al frente de la Filarmónica de Berlín, también para DECCA, con Luciano Pavarotti y Mirella Freni, de 1973, y la dirigida por Sir Thomas Beecham, para EMI, al frente de la Orquesta de la RCA, con Jussi Björling y Victoria de los Ángeles, de 1956.
En esta representación, brilló a bastante altura un casi desconocido –por su transformación física- Aquiles Machado, quien me confesó después de la función, haber perdido cincuenta kilos, ¡que se dice muy pronto! El tenor venezolano conserva su bonito timbre y una depurada línea de canto, en un papel como Rodolfo que ha interpretado mucho en teatro en los últimos quince años. Su voz ha ganado en anchura y redondez, a costa de perder su insolente agudo de antaño. Tuve ocasión de escucharle en Santander un Fausto en 2000, donde la voz se expandía brillantemente hacia arriba. Su “Che gelida manina” estuvo muy bien cantada, aunque el agudo resultó algo tirante, rozando el pertinente do4, nota fácil para él hace unos años. De cualquier forma su prestación vocal fue muy notable durante toda la ópera, sobre todo en el Acto III, empastando bien con la soprano israelí Gal James, también una esforzada Mimi, que fue a más –incluso con más volumen vocal- conforme avanzaba la representación, para cantar muy bien el Acto III, sobre todo ese extraordinario cuarteto, que, en realidad, son dos dúos: el de Rodolfo y Mimi, y en otro plano dramático el de Marcello y Musetta. En el Acto IV, la actuación de Gal James, muy metida en la piel de la moribunda Mimi, cala hondo y llega a emocionar.
El barítono Massimo Cavalletti, está en posesión de un considerable volumen vocal, que le permite traspasar sin ningún problema la orquesta, incluso cuando esta emite en forte. No es un intérprete excesivamente refinado, pero complementa su canto con una buena actuación escénica. Sin duda, sus mejores momentos los ofrece en el Acto III, en sus dúos con Mimi, Rodolfo y una Musetta, magníficamente interpretada por la joven soprano valenciana de apenas veintiocho años Carmen Romeu, alumna de la insigne profesora Ana Luisa Chova. Romeu tiene una impactante aparición en el Acto II, dotando a su personaje de verdadero desenfado y fino erotismo. Canta muy bien su famoso vals. Muy bien su prestación en el Acto III peleándose con Marcello. Ya en el Acto IV, su actuación adquiere tintes auténticamente dramáticos. Una cantante, sin duda, con bastante futuro.

Del resto del amplio reparto, cabe destacar el trabajo del bajo Gianluca Buratto, en el rol de Colline, quien canta con buen estilo dramático su famosa aria del Acto IV “Vecchia zimarra”.
También, es preciso señalar la buena actuación del joven barítono Mattia Olivieri como Schaunard. Este cantante está en posesión de una bonita voz y, en la actualidad, está integrado en el Centro de Perfeccionamiento Plácido Domingo, adscrito al Palau de Les Ars.

Como siempre, gran actuación del Coro de la Generalitat Valenciana, dirigido por Francesc Perales, reforzado en ese multitudinario Acto II, por la Escola Coral Veus Juntes de Quart de Poblet, dirigida por Jordi Blanch, y por la Escolanía de la Mare de Déu dels Desemparats dirigida por Luís Garrido. Sus actuaciones se producen solamente en el Acto II, saliendo todos a saludar en su conclusión, y siendo recompensados por largos y sonoros aplausos de un público entusiasmado.
En fin, una magnífica Bohème, ópera esencial de todo el repertorio, y siempre de actualidad desde su estreno en el Teatro Regio de Turin el 1 de febrero de 1896, con dirección musical de un jovencísimo Arturo Toscanini.