Peter Grimes

Entre el 19 de abril y el 10 de mayo, el Teatro Real ofrecerá 9 funciones de Peter Grimes, de Benjamin Britten, nueva producción del Teatro Real en coproducción con la Royal Opera House de Londres, la Opéra national de Paris y el Teatro dell’Opera di Roma.

En esta ópera magistral, los habitantes de un pequeño pueblo costero, cuya dura vida transcurre bajo el influjo implacable del mar, se enfrentan, sentencian, calumnian y humillan a un pescador hosco y violento que anhela torpemente integrarse en esa sociedad que lo desprecia. La pregunta que late a lo largo de todo el drama -¿es Peter Grimes el asesino de un niño?- desencadena muchas otras, de gran hondura, a las que Britten no contesta, aunque su música trata siempre con una conmovedora compasión a los seres marginados y solitarios.

Cuando en 1941, durante la Segunda Guerra Mundial, Benjamin Britten (1913-1976) y su inseparable pareja, el tenor Peter Pears, se encontraban en California, descubren la obra del poeta inglés George Crabbe (1754-1832) que, como Britten, había nacido en un pueblo de la costa de Suffolk, escenario de todas sus historias. Fue tal la identificación y empatía de Britten con ese mundo tan cercano y añorado, que decide volver a Inglaterra impulsado por un revelador sentimiento de pertenencia y arraigo que lo llevan a fijar su residencia, para siempre, en esas tierras a orillas del mar del Norte. Allí mismo vive también el desdichado Peter Grimes, personaje del poema The Borough, de Crabbe, que Britten decide transformar en una ópera, esbozada, con la ayuda de Pears, durante la travesía en barco que los dos hicieron de vuelta a su patria.

En Inglaterra, donde la homosexualidad estaba penalizada, les esperaba una vida difícil en la que tendrían que esconder su amor de la sociedad bien pensante. Este hecho subyace en la ópera y en casi toda la producción operística de Britten, protagonizada por seres insondables, oscuros, a los que se contraponen generalmente víctimas inocentes.

Para mostrar en toda su crudeza el drama de Peter Grimes, estigmatizado en una sociedad que crea sus propios monstruos, Deborah Warner, con la complicidad del escenógrafo Michael Levine, ha situado el drama en una población muy pobre de la costa de Suffolk. Ahí permanecen la misma línea del horizonte, la furia del mar y la playa de guijarros que inspiraron la poesía de Crabbe y la ópera de Britten. Pero la miseria y el desamparo de sus gentes en la actualidad son fundamentales en la puesta en escena, en la que sobresale el meticuloso trabajo de Warner, que explora siempre la hondura psicológica de los personajes.

Para ello cuenta con un reparto en el que destacan el debut, en sus respectivos papeles, del tenor Allan Clayton (Peter Grimes) y de la soprano Maria Bengtsson (Ellen Orford), y la vuelta al Teatro Real del barítono Christopher Purves (Capitán Balstrode), protagonista del estreno mundial de The Perfect American, de Philip Glass, en 2013 y de Written on Skin, George Benjamin, en 2016.

También vuelven al Real dos intérpretes que actuaron en Billy Budd en 2017: Jacques Imbrailo, protagonista de la ópera en 2017 y que ahora interpreta el papel de Ned Keene, y Clive Bayley como Swallow. Les acompañan Catherine Wyn-Rogers (Auntie), John Graham Hall (Bob Boles), Rosie Aldridge (Mrs. Sedley), James Gilchrist (Rev. Horace Adams), Barnaby Rea (Hobson), Rocío Pérez (sobrina primera) y Natalia Labourdette (sobrina segunda).

El Coro Titular del Teatro Real, preparado, como siempre, por su director Andrés Máspero, tiene en esta ópera un importante cometido tanto musical como dramatúrgico. Actuará junto a la Orquesta Titular del Teatro Real, bajo la dirección de su director musical Ivor Bolton.

Benjamin Britten ha ocupado un lugar privilegiado en la programación del Teatro Real desde su reapertura. En 1997, dos meses después de la reinauguración, Peter Grimes obtuvo un gran éxito, en una producción con dirección escénica de Willy Decker procedente del Teatro de La Monnaie de Bruselas, con su coro y orquesta titulares dirigidos por Antonio Pappano. Le han seguido el Sueño de una noche de verano (2005/2006), La violación de Lucrecia (2007/2008), Otra vuelta de tuerca (2010/2011), Muerte en Venecia (2014/2015), Billy Budd (2016/2017), Gloriana (2017/2018) y las obras infantiles El pequeño deshollinador (2004/2005, 2005/2006 y 2007/2008) y El diluvio de Noé (2007/2008).

Todas estas obras dan fe del inmenso talento musical y dramatúrgico de Benjamin Britten como compositor operístico, que ha expresado a través de sus personajes los dramas, sueños, traumas, pasiones e inquietudes más hondas e inconfesables del individuo, con una profunda compasión por las miserias de la condición humana.

Fotografía © Javier del Real | Teatro Real

Gloriana

El Teatro Real ha sido nominado a los International Opera Awards 2019 en la categoría de Mejor Nueva Producción por Gloriana, de Benjamin Britten, cuya dirección de escena estuvo a cargo de David McVicar, quien contó con la colaboración del escenógrafo Robert Jones y el diseño de vestuario de Brigitte Reiffenstuel.

En la pasada edición, el Teatro Real fue ganador del premio en esta misma categoría con Billy Budd, también del compositor británico, con dirección de escena de Deborah Warner, y obtuvo otras tres nominaciones a Mejor Coro, Mejor Recuperación de una Obra (Bomarzo, de Alberto Ginastera) y Mejor Compañía de Ópera.

El Teatro Real tendrá que competir por hacerse con el prestigioso galardón con la Royal Opera House (Desde la casa de los muertos, de L. Janáček, con dirección de escena de Krzysztof Warlikowski), la Dutch National Opera (Jenůfa, de L. Janáček, dirigida por Katie Mitchell) el Théâtre des Champs-Elysées (La traviata, de G. Verdi, con dirección de Deborah Warner), la Staatsoper Berlin (Tristan und Isolde, de R. Wagner, por Dmitri Tcherniakov) y Glyndebourne (Vanessa, de S. Barber, dirigida por Keith Warner).

Gloriana, se estrenó en el Teatro Real el 12 de abril de 2018 en coproducción con la English National Opera y la Vlaamse Opera (Ópera Flamenca) de Amberes, con dirección musical de Ivor Bolton, y escénica de David McVicar. La producción contó con la participación de un extraordinario doble reparto encabezado por Anna Caterina Antonacci y Alexandra Deshorties, en el papel de la reina Elisabeth I, y Leonardo Capalbo y David Butt Philip, como Robert Devereux. Junto a ellos estuvieron el Coro y Orquesta Titulares del Teatro Real y los Pequeños Cantores de la JORCAM.

McVicar sitúa a la Reina en el centro de un mundo palaciego corrompido e hipócrita, que ella controla con mano de hierro, en la misma medida en que es atentamente vigilada por súbditos y cortesanos, en una Europa inmersa en luchas religiosas y territoriales. Isabel I se mueve en la escenografía depurada y conceptual de Robert Jones, que enfatiza el trabajo actoral de los intérpretes, y el rico vestuario isabelino concebido por Brigitte Reiffenstuel, inspirado en pinturas de la National Gallery de Londres, que asume un carácter casi escenográfico.

Hace tan sólo unos días el Teatro Real conseguía dos grandes premios en la primera edición de los Premios Ópera XXI con Goriana, en la categoría de nueva producción operística, y Die Soldaten, por la dirección de escena realizada por Calixto Bieito.

Fotografía: Javier del Real

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Hija de Enrique VIII y Ana Bolena, Isabel Tudor fue desposeída, junto a su hermana María, de sus derechos dinásticos y apartada de la vida en la corte. Fue Catalina Parr, última esposa de su padre quien, además de ocuparse de su formación humanística, consiguió que Enrique VIII firmara antes de morir el Acta de Sucesión por la que las dos hermanas recobraban sus derechos al trono por detrás de su hermano Eduardo. Tras la muerte de Eduardo VI, con apenas 15 años, y de María I sin descendencia, Isabel I fue coronada reina de Inglaterra el 15 enero de 1559.Estos ingleses tienen costumbres muy peculiares, celebran todo tipo de acontecimientos, incluso los de estado, con actos culturales. Esta fue la propuesta de Britten a la Casa Real Británica, componer una gran ópera sobre Isabel I para celebrar la coronación de Isabel II. Pero hacer una encargo a Britten tenía sus riesgos. Los personajes de sus obras no eran precisamente amables y el resultado final no pudo ser más inadecuado para el momento y para el tipo de público.
El ocho de junio de 1953 todo estaba dispuesto en la Royal Opera House de Londres ante un auditorio formado por políticos, aristócratas y diplomáticos. Gloriana se estrenó entre la frialdad y las malas críticas hacia un compositor que, por aquel entonces, y gracias al éxito de obras anteriores, había despertado las envidias de gran parte del mundo artístico británico, además de la homofobia en una sociedad donde la homosexualidad no estaba permitida. Una Inglaterra que vivía la exaltación nacional tras la victoria en la Segunda Guerra Mundial y que veía en la coronación de su nueva reina poco menos que el inicio de una nueva y grandiosa era isabelina, no entendió las claves que Britten había utilizado para la composición de esta obra. Esperaban una música superficial, pomposa y laudatoria del personaje y lo que Britten compuso fue una obra oscura y compleja, un reflejo psicológico de una historia de amor entre una mujer añosa, ella tenía 67 años, y un joven de 32 y la soledad del que ostenta el poder absoluto.La partitura, que fue compuesta con gran celeridad para su estreno, se ocupaba de todos los detalles, incluso ajustarse a la pronunciación del inglés de la época. Está llena de momentos de gran inspiración, como la magnífica, aunque breve, obertura o las subtramas orquestales que muestra la oscuridad que esconde ese momento.
Gloriana no es una obra cordial. El libreto de William Plomer está basado en la obra Elisabeth & Essex. A Tragic History, de Lytton Strachey, que no ofrece un retrato banal sino bastante complejo de la reina. Isabel I es presentada por Britten de manera muy elogiosa, es inteligente, astuta, y refinada, gran cazadora y amante de las artes, que proliferaron durante su reinado, ambiciosa, de carácter fuerte y mente brillante y que ejerce un dominio absoluto del mundo masculino que la rodea. Pero también es un personaje frustrado, celosa, envidiosa e iracunda.

La escenografía de David McVicar presenta un escenario alegórico y lleno de simbolismos alusivos a la trama. Todo los elementos escénicos, el vestuario de Brigitte Reiggenstuel, inspirado en los trajes de época hasta el último detalle y de una riqueza extraordinaria, la iluminación de Adam Silverma y la escenografía de Robert Jones, actúan como potenciadores de una partitura que puede estar al nivel de Peter Grimes o Billy Budd. Una combinación perfecta de tradición y vanguardia, también en lo musical.

Ivor Bolton dice que él no es director de compositores sino de obras que le entusiasman. Creo que se puede decir que Britten le entusiasma pues, tras el flamante Billy Budd de la temporada pasada, la lectura que hace de esta obra le convierte en todo un especialista en Britten. La partitura está llena de músicas y danzas evocadoras de la época isabelina. Recuerdan a Purcell o a Dowlan, lo que hace de Bolton, gran conocedor de estas músicas renacentistas y con capacidad para desmenuzar la importante orquestación de la obra, la batuta más apropiada para dirigir a la Orquesta Titular del Teatro. Consigue extraer de los profesores momentos brillantes y de gran expresividad, tanto en los pasajes más íntimos como en los de mayor intensidad dramática. Dirige con gran precisión y es el final, en ese largo parlato de la reina en el que se despide sin cantar, uno de los momentos de mayor intensidad y emoción.

Para interpretar un personaje de Britten hay que tener casi más facultades dramáticas que vocales. Anna Caterina Antonacci realiza un gran esfuerzo para dar vida a un personaje histórico de semejante carácter. Su voz ya no tiene el volumen y el brillo de antes, pero sus recursos escénicos son casi infinitos, expone de manera magistral los distintos momentos emocionales y vitales de una protagonista llena de aristas y dobleces, por lo que esta Isabel I queda sobrada y perfectamente retratada con su actuación.

Leonardo Capalbo interpretó a un Robert Devereux o Conde de Essex bastante correcto. Su voz es agradable y su personaje resultó lo bastante convincente.
El resto de comprimarios estuvieron a muy buen nivel. Resaltar las intervenciones de Sophie Bevan, como Penelope, Duncan Rock, en un animado Lord Mountjoy y una espléndida Elena Copons.

Impecable la actuación del Coro, imponentes en los pasajes de máxima exaltación y, sobre todo, en momentos complicados como la escena de la mascarada. Magnifica también la participación de lo Pequeños Cantores de la JORCAM.

Un éxito más del Teatro Real que tiene es estas obras menos conocidas, su mayor fortaleza y las clásicas de repertorio, las que menos están entusiasmando al público.

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Las cinco representaciones de Peter Grimes que han tenido lugar en el Palau de les Arts, se han saldado con un importante triunfo, debido a la excelente conjunción de escenografía, dirección escénica, un magnífico rendimiento orquestal, magníficas prestaciones de las voces solistas, bien complementadas por unas notables intervenciones del resto de interpretes que componen el extenso reparto de esta ópera. Y, sobre todo, una muy brillante actuación –como siempre- del Coro de la Generalitad Valenciana, verdadero protagonista de la obra. Destacar, el interés del Palau de les Arts, por alternar títulos del repertorio más tradicional, con otros como este Peter Grimes, que se complementa con otras dos óperas de Britten: El sueño de una noche de verano y Otra vuelta de tuerca, representadas en pasadas temporadas. Sin duda, en el transcurso de estas representaciones de Peter Grimes, el interés del público por asistir a ellas ha ido en aumento, sobre todo por la excelente acogida que tuvo la primera de las funciones.

Edward Benjamin Britten, Baron de Britten (Lowestoft, Condado de Suffolk, Inglaterra, 22 de noviembre de 1913 – Aldeburgt, Condado de Suffolk, 4 de diciembre de 1976) fue uno de los músicos más importantes y singulares del Siglo XX, con una importante producción sinfónica, concertística y sobre todo de óperas con trece títulos, que le sitúan como un gran compositor del género, durante el pasado siglo, junto a Richard Strauss, Leos Janacek y Giacomo Puccini. Peter Grimes surgió como encargo de Sergei Koussevitzky, director de la Orquesta Sinfónica de Boston, durante la estancia de Britten en EEUU, entre 1939 y 1942. Con un libreto de Montagu Slater a partir del poema The Borougt (El Pueblo) de George Crabbe, donde también intervinieron de manera importante, el propio Britten junto al tenor Peter Pears (colaborador y compañero sentimental de Britten) para quien estaba destinado el papel de Peter Grimes. El estreno tuvo lugar en el londinense Teatro Sadler’s Wells el 7 de junio de 1945, solo un mes después de concluida la Segunda Guerra Mundial. A la euforia del triunfo conseguido por Britten y Pears, se añadió el orgullo que representaba el nacimiento de una nueva ópera inglesa, la primera desde la muerte Henry Purcell en 1695 o desde la última obra teatral de Häendel en 1741. Peter Grimes es un pescador solitario, soñador y a la vez primitivo y brutal, totalmente marginado por el entorno social donde habita, y al que solo tratan y respetan la maestra del pueblo Ellen Orford, enamorada de él y el capitán Balstrode, viejo marino ya jubilado. Grimes a perdido de manera sucesiva y accidental a tres de sus grumetes, lo que le conduce a la locura y a un trágico final. Britten trató un tema recurrente en la mayoría de sus óperas: el drama de personajes marginales enfrentados a una sociedad hostil, hipócrita y cruel que acaba exterminándolos. Musicalmente es una obra prodigiosa, plena de imaginación, ingenio y eclepticismo, en el que se dan la mano influencias diversas: Verdi, en la fusión de orquesta, voz y situación dramática; Debussy, Mahler y Richard Strauss, en la pintura armónica y el colorido orquestal; Stravinsky, en la imponente fuerza rítmica; Puccini, sobre todo de su Fanciulla del West. También, cabe señalar ciertas influencias de la Lady Macbeth de Dimitri Shostakovich, quien fue gran amigo de Britten, dedicándole su Sinfonía nº 14. En su estructura formal, se muestran las claras divisiones entre recitativos, arias, dúos y números de conjunto, con una unidad dramática admirable y un protagonismo orquestal que agita la tensión dramática y une las siete escenas de la ópera con seis interludios sinfónicos de poderoso efecto.
Después de sus primeras funciones londinenses, y en solo tres años, Peter Grimes se estrenó en Estocolmo, Amberes, Zurich, París, Milán, Nueva York y Los Ángeles. Su muy tardío estreno en España tuvo lugar en el Teatro de La Zarzuela de Madrid en 1991 y posteriormente fue representada en el Teatro Real de Madrid, en 1997. Después de su fuerte impulso inicial, la ópera fue representada escasamente en los años cincuenta del pasado siglo. A partir de 1963, volverá al escenario de su estreno en el londinense Teatro Sadler’s Wells, dirigida por Colin Davis, quien se convertirá desde entonces y durante más de cuarenta años, en el gran avalista de Peter Grimes. Existen diferentes grabaciones tanto en CD como DVD, que permiten una aproximación a esta ópera. En 1958, se realizó la primera grabación de estudio para el sello DECCA, con la Sinfónica de Londres dirigida por el propio Benjamin Britten y un excelente Peter Pears como Peter Grimes. En 1969, la BBC realizó una filmación, magníficamente ambientada, con dirección de Brian Large, en la actualidad comercializada en DVD por DECCA, de nuevo con Britten al frente de la Sinfónica de Londres, el Coro Ambrosiano y un Peter Pears, que une a su gran actuación vocal una extraordinaria creación escénica, junto a la Ellen Orford, magníficamente interpretada por la soprano Heather Harper, quien durante bastantes años será el autentico referente de este personaje. El tenor canadiense John Vickers interpretó por primera vez Peter Grimes, en enero de 1967, en el Metropolitan de Nueva York, con dirección musical de Colin Davis, convirtiéndose desde entonces, en un papel esencial de su repertorio, llegando a interpretarlo durante el resto de su carrera, en más de cien funciones, en los grandes teatros de todo el mundo. La creación de Vickers resulta excelente en el plano vocal, exhibiendo un contrastado e incisivo fraseo y dotando a su actuación de gran expresividad, resaltando la faceta salvaje y enloquecida del personaje. Vickers realizó una grabación de estudio para el sello PHILIPS, en 1978, junto a Heather Harper, con dirección de Colin Davis al frente de la Orquesta del Covent Garden. Existe una toma en video comercializada en DVD por WARNER MUSIC, de 1981, realizada en el Covent Garden, de la famosa producción con dirección escénica de Elijah Moshinsky y musical de Colin Davis, donde Vickers realiza una creación antológica de Peter Grimes, de nuevo en compañía de Heather Harper. Peter Pears o John Vickers, son los más grandes Peter Grimes de la historia, sus creaciones son muy diferentes pero complementarias para dar una imagen completa de ese complejo personaje.

En estas funciones valencianas se ha utilizado la histórica producción de 1994, para el Théâtre de Monnaie de Bruselas, dirigida por Willy Decker, que ya pudo verse en el Teatro Real de Madrid en 1997. En esta reposición han sido François de Carpentries y Rebekka Stanzel, los responsables de la dirección escénica, con excelentes resultados. La sencilla escenografía consta de un suelo en pendiente donde se mueven unos grandes paneles que van acotando los diferentes espacios: la Iglesia, la cabaña de Grimes; y, la lúdica taberna, con tonalidades rojas que le dan un inquietante aspecto, realzado por la magnífico diseño de iluminación de Trui Malten, sobre todo cuando se abre la puerta y una gran sombra distorsionada de Grimes se proyecta sobre la pared, con un tono claramente expresionista. Y, sobre todo, ese fondo marino, más intuido que visualizado, que domina toda la obra. En esta escenografía juegan un papel muy importante los numerosos figurantes (protagonistas y miembros del coro) que se mueven sobre el escenario en compactos grupos, dando auténtico realce al desarrollo de la acción dramática. Resaltar escénicamente toda la parte final de Acto II, donde, se van mezclando espacios visibles con otros en off: la comitiva que se forma a la puerta con todos los notables del pueblo, conducida por el arriero Hobson tocando el tambor, en dirección a la cabaña de Grimes, y que desaparece de escena, donde solo quedan, en un primer plano, cuatro mujeres: La tabernera Auntie, sus dos sobrinas y Hellen Orford; y, al fondo del escenario pueden verse ascender a derecha e izquierda las oscuras siluetas, a modo de aves de rapiña de otras mujeres, que finalmente conforman un oscuro y acechante grupo, que actúa como contrapeso al de las cuatro mujeres situadas en primer plano perfectamente visibles. La acción dramática continua en el arranque del Acto III, en otro espacio visible: la cabaña donde se encuentran Peter Grimes y su grumete, quienes comienzan a escuchar el sonido de tambor que anuncia la llegada de la comitiva antes citada, lo que produce gran alteración a Grimes, quien obliga al grumete a bajar hacia el mar por un acantilado, donde acaba despeñándose; Grimes va a auxiliarlo (otra escena en off.) quedando la cabaña vacía, en la que irrumpe la comitiva, ya de nuevo visualizada. Destacar también, el impresionante final de la primera parte del Acto III, muy bien resuelta escénicamente, mostrando a una vociferante y enloquecida multitud, en compacto grupo, que pretende linchar a Grimes. En suma, una magnífica escenografía de John Macfarlane, también responsable del diseño de vestuario (a base de colores negros y rojos) adecuado al tiempo –hacia 1830- en que se desarrolla la acción.

La Orquesta de la Comunitat Valenciana brilló a gran altura, dirigida por el norteamericano Christopher Franklin, a quien se le puede reprochar no cuidar debidamente las dinámicas, con propensión a ofrecer, por momentos, una línea sonora un tanto plana, utilizando en demasía los sonidos en forte. Ello se puso de manifiesto, sobre todo en los grandes “tutti orquestales”, donde se percibía cierta dificultad en la diferenciación de planos sonoros, con preponderancia de los metales sobre el resto de las secciones. Ello no es óbice para destacar el magnífico rendimiento de todas las secciones orquestales, con una magnífica cuerda, y el gran lucimiento de diferentes instrumentos, sobre todo en esos preciosos “Interludios marinos”: en el primero de ellos “Dawn (El Alba)” a modo de preludio del Acto I, de naturaleza descriptiva, donde brilla de sobremanera el sonido de las flautas y de los violines en registro agudo (muy presente durante el desarrollo de toda la escena primera del Acto I) que sugiere el vuelo y los gritos de las gaviotas o la conjunción de clarinetes, violas y arpa para mostrar el fluir de las olas. En el cuarto interludio el famoso “Passacaglia”, situado entre las dos escenas del Acto II, con las destacadas intervenciones de los metales en conjunción con la cuerda, y de las trompas junto al arpa o ese brillantísimo final donde confluyen el sonido de viola y celesta que va desvaneciéndose hasta desaparecer. Muy brillante la ejecución del quinto interludio “Moonligh (Claro de luna)” con el que comienza el Acto III, con ese imponente sonido de la cuerda a modo de marcha fúnebre donde se insertan, por momentos, flautín y flauta y se van incorporando los metales en un gran crescendo, para concluir con el sonido conjunto de xilófono y arpa. Destacar también, en la conclusión del Acto II, el sonido conjuntado de fagots y celesta. Impresionante sonido orquestal en conjunción con el coro, en el concertante con el que concluye la primera escena del Acto III.

Gregory Kunde interpretaba por segunda vez Peter Grimes, la primera fue en la Ópera de Roma en 2013, y su prestación resultó muy notable en el plano vocal y sobre todo en el dramático, penetrando en la psicología de este complejo personaje. Muy bien en su soliloquio del Acto II “Now the Great Bear (Ahora la Osa Mayor)” donde, mirando a las estrellas, medita sobre su desgraciado destino. Interpreta de manera notable en el Acto II el aria “In dreams l’ve built (En mis sueños había construido)” donde alterna momentos de gran lirismo, con esas típicas inflexiones muy puccinianas, con otros donde el canto adquiere agresividad y violencia. Y, está muy brillante, con una muy matizada y teatral interpretación, de su soliloquio final “Steady! There you are……What harbour scheters peace (¡Calma! ¡Estás aquí!……¿En que puerto es posible encontrar la paz?)” Donde ya, completamente enloquecido piensa, de nuevo, en ese triste destino del que no puede escapar, y acaba sollozando y lleno de desesperación. Kunde está magnífico en los dúos Ellen Orford: el que interpretan a cappella, en el Prólogo, lleno de esperanza, donde ambos hacen planes de futuro, con una delicada línea de canto; y, sobre todo, el del Acto II, donde contrastan la serenidad y cordura de Ellen con el comportamiento violento e irracional de Peter. Notable su interpretación en el gran dúo del Acto I, con el capitán Balstrode (bien interpretado por el barítono Robert Bork) donde Grimes manifiesta todos su sueños y esperanzas y las grandes contradicciones de su personalidad, en contraste con la visión realista y atinada de Balstrode, quien con sus consejos a Grimes, muestra el gran aprecio que siente por él. La soprano norteamericana Leah Partrigge muestra ciertas carencias en los registros grave y central, pero está en posesión de unos excelentes agudos y de la gran teatralidad que confiere a su interpretación. Está magnífica en su enfrentamiento con la multitud, en el Acto I, y realiza una magnífica y matizada interpretación con una exquisita línea de canto, en su aria del Acto III “Embroidery in chilhood (cuando era pequeña)”, seguida del dúo con Balstrode. Destacar también su gran interpretación en el precioso cuarteto –una aguda reflexión del papel de las mujeres en su relación con los hombres- con la tabernera Auntie (discretamente interpretada por la mezzo Dalia Schaechter) y sus dos sobrinas bien interpretadas por las sopranos Giorgia Rotolo y Marianna Mappa, ambas pertenecientes al Centro de perfeccionamiento Plácido Domingo. Rosalind Plowright realizó una importante carrera como soprano en los años setenta y ochenta del pasado siglo, aunando una buena vocalidad y una magnífica presencia escénica. Aquí como mezzo y sensiblemente envejecida, realiza una notable interpretación de la chismosa y malévola Mrs. Sedley. Bien el resto del extenso reparto.

Mención especial merece el Coro de la Generalitad Valenciana, brillando a un altísimo nivel durante sus numerosas intervenciones a lo largo de toda lo ópera. Cabe destacar su interpretación en el transcurso de la primera escena del Acto I, y que, en una perfecta estructura simétrica, también cierra la ópera, cuando Ellen Orford y el Capitán Balstrade, después de la tragedia, vuelven a integrarse en la dinámica de la comunidad. En fin, un excelente Peter Grimes.

Peter Grimes de Benjamin Britten.

El Palau de les Arts Reina Sofía estrena el jueves, 1 de febrero, ‘Peter Grimes’, de Benjamin Britten, una de las obras maestras del siglo XX, además de la mejor ópera inglesa desde ‘Dido and Aeneas’ de Henry Purcell (1689). Christopher Franklin, en el foso, y Willy Decker, como director de escena de esta producción del Teatro de La Monnaie (Bruselas), abordan la primera ópera de Les Arts en 2018. Un acontecimiento que supone, además, el debut escénico de Gregory Kunde en el rol del atormentado marinero, estigmatizado, perseguido y abocado al suicidio por un supuesto maltrato a sus aprendices.

Especialistas en el repertorio inglés lo acompañan sobre el escenario: Leah Partridge (Ellen Orford), Robert Bork (Balstrode), Dalia Schaechter (Auntie), Andrew Greenan (Swallow), Charles Rice (Ned Keene), Ted Schmitz (Reverend Adams), Richard Cox (Bob Boles) y Lukas Jakobski (Hobson), junto con la legendaria diva Rosalind Plowright en el papel de Mrs. Sedley.

Benjamin Britten aborda en ‘Peter Grimes’ dos temas recurrentes en su legado: el enfrentamiento de un individuo con la sociedad y también la pérdida de la inocencia. A través de la figura del protagonista, el compositor inglés explora los efectos psicológicos de la exclusión en quienes contravienen los códigos convencionales.

Así lo apunta el director musical, Christopher Franklin, que destaca la “contemporaneidad” de la obra. “No es una ópera sobre mitos, ni sobre dragones, princesas, cortes o reyes… sino que trata un tema que, hoy en día, sigue siendo muy actual, el modo en que la sociedad, como un todo, reacciona contra un individuo”.

Musicalmente, Benjamin Britten hace gala de un gran instinto dramático al aglutinar en el pentagrama los diferentes ambientes por los que transita ‘Peter Grimes’, desde los delirios a los arrebatos del pescador, las canciones populares en la posada de Auntie, la tormenta o los cantos dominicales en la iglesia, otorgándole al mar un inusitado protagonismo como personaje encarnado por la orquesta, testigo continuo y presente del drama humano.

Franklin, que dirige su segunda obra del compositor inglés en València después de ‘The Turn of the Screw’ en 2017, añade que se trata de una “ópera casi wagneriana, en el sentido de que se usa el coro como el coro en el teatro griego: es el reflejo de la sociedad”.

Tras su celebrada ‘Traviata del reloj’, que cautivó en el Festival de Salzburgo y que el centro de artes programó dentro del bicentenario del nacimiento de Verdi, Willy Decker presenta ‘Peter Grimes’. Un montaje del consagrado director, con escenografía y vestuario de John Macfarlane, iluminación de Trui Malten y coreografía de Athol Farmer, que ha recibido el elogio unánime de crítica y de público desde su estreno en 1994.

Decker enfatiza el papel del mar en su propuesta, un mar que “determina en su violencia el comportamiento de los hombres”. Su violencia se refleja en la violencia de los hombres y de sus actos: la tierra firme y el mar, el hombre y la naturaleza, se encuentran atrapados en las garras el uno del otro… En todos los sentimientos, principalmente en la angustia y en los deseos, siempre está presente”.

Para su puesta en escena, el ‘regista’ alemán recurre a imágenes de “su inmensidad y violencia y representa los efectos que produce el mar en el alma de los hombres”.

“Un papel con el que sueña todo tenor”

Desde que cantara su primer ‘Otello’ en España bajo la dirección de Zubin Mehta en el Festival del Mediterrani de 2013, Gregory Kunde es uno de los artistas de referencia en la programación de Les Arts, con destacados debuts en València, como Don Álvaro en ‘La forza del destino’ o el rol protagonista en ‘Samson et Dalila’.

El tenor estadounidense ya cantó en 2013 la versión en concierto de esta ópera bajo la dirección de Antonio Pappano. Una actuación que le valió la comparación con el mismísimo Sir Peter Pears, el tenor y amante de Benjamin Britten para el que el genio inglés compuso este papel, y quien estrenó la obra el 7 de junio de 1945 en el Teatro Sadler’s Wells de Londres.

Ante su primera representación de ‘Peter Grimes’, Kunde equipara el personaje con otro determinante en su carrera actual. “Para mí es como el ‘Otello’ de Verdi: un papel con el que sueña todo tenor”.

“Es el mejor trabajo de Britten –prosigue–. Le conocemos muchos otros títulos: ‘Death in Venice’, ‘Billy Budd’… pero, en mi opinión, esta es la obra maestra de sus óperas. Y si hablamos del siglo XX, diría que es una de las cinco mejores de ese siglo. Ya nadie la considera ópera moderna, porque se ha convertido en pieza de repertorio, lo que es fantástico”.

Leah Patridge encarna a Ellen Orlford, la maestra del pueblo y la más ferviente defensora de Grimes. Se trata de su segunda visita a Les Arts tras cantar el papel de Helena en ‘A Midsummer Night’s Dream’ en 2016 con Roberto Abbado.

La soprano estadounidense considera que cantar la obra de Britten supone “experimentar un cambio de vida”. “Una vez que con tus habilidades musicales logras apreciar y trabajar a Benjamin Britten, sientes como si accedieras a otro mundo de expresión”, explica.

“Cada vez que escucho esta obra me sorprende cómo pudo pensar en escribirla… El modo en que capta el mar, la mañana, cómo plasma la escena en la posada de Auntie… En su música, todo es muy visual. Hay momentos verdaderamente espeluznantes y otros provocadores. Nunca me canso de escuchar esta música, ni de cantarla”.

Rosalind Plowright interpreta a la Señora Sedley, “la mala de la historia”, en palabras de la propia diva, que aborda con este papel lo que ella denomina su “tercera carrera” tras 35 exitosos años sobre los escenarios.

Brillante soprano ‘spinto’, reconvertida posteriormente en ‘mezzosoprano’ y actualmente especializada en papeles de carácter, califica a la Señora Sedley como “alguien desagradable, muy desagradable”.

“Ella lo exagera todo mucho más, y quiere realmente que Peter Grimes se hunda”, apostilla.

Les Arts estrenará el 1 de febrero ‘Peter Grimes’, el segundo título de Britten que se presenta en la Sala Principal, después de ‘A Midsummer Night’s Dream’. Las restantes funciones tendrán lugar los días 4, 7, 10 y 13 de ese mismo mes.

The Turn of the Screw

El Palau de les Arts Reina Sofía se adentra en el mundo fantasmagórico de ‘The Turn of the Screw, de Benjamin Britten, que se ha estrenado el 2 de junio, en el Teatre Martín i Soler. Davide Livermore, Intendente de Les Arts y responsable de la puesta en escena, y Christopher Franklin, director musical, presentan la tercera y última nueva producción de la Temporada 2016-2017 de Les Arts, que interpretan los artistas del Centre Plácido Domingo.

The Turn of the Screw’, según ha explica Davide Livermore, es “una obra maestra sin discusión”, que no sólo es interesante “por su valor en la formación de los intérpretes del Centre”, sino también “por su atractivo para acercar nuevos públicos a la ópera”.

“Britten es una figura fundamental para mostrar a la gente que la ópera habla de actualidad: la violencia de género, los abusos sexuales a menores o el debate sobre la pena de muerte”, apunta Livermore.

Basada en la celebérrima novela de terror de Henry James, ‘The Turn of the Screw’ es la inquietante historia de una niñera, una ama de llaves y dos niños huérfanos acosados por fantasmas en un mundo donde la ambigüedad circula por todos lados.

“The Turn of the Screw – según Livermore- habla de una situación que vemos constantemente en la actualidad: el fin de la inocencia. Hoy en día, en los medios de comunicación social, en la calle, nos encontramos con niños que imitan roles de adultos perdiendo así su infancia. En Britten podemos ver el daño que se puede infligir a un niño al que se roba la inocencia”.

Benjamin Britten compuso una partitura desasosegante y teatral, con un tema y quince variaciones de éste, para una orquesta de cámara de 13 músicos. El libreto fue escrito por Myfanwy Piper. Comisionada por la Bienal de Venecia, el estreno de ‘The Turn of the Screw’ tuvo lugar en el Teatro La Fenice el 14 de septiembre de 1954.

Christopher Franklin regresa a Les Arts tras su reconocido debut la pasada temporada con ‘Café Kafka’, de Francisco Coll, y ‘Juana de Arco en la hoguera’, de Honegger. Según explica el director estadounidense, “Benjamin Britten es un compositor muy característico, tan sólo hace falta escuchar dos compases para reconocer una obra suya”.

‘The Turn of the Screw’ supone -en palabras del maestro- “todo un reto”. “Tenemos jóvenes cantantes, con unas voces muy bonitas, que cantan por primera vez Britten. La meta es el inglés y aprender a cantar en inglés con ritmos difíciles, melodías complicadas y entradas que aprender. El desafío no es sólo musical porque es una obra de fuerte dramaturgia”.

En este sentido, Davide Livermore ha remarcado el gran valor de los cantantes del Centre Plácido Domingo para cantar y también interpretar una obra que aborda “un tema tan delicado y peligroso como el abuso sexual en niños”, que evidencia “el enorme talento y profesionalidad” de los artistas de la octava promoción de este proyecto.

Los cantantes del Centre Rita Marques y Karen Gardeazabal (Institutriz), Giorgia Rotolo y Olga Zharikova (Flora), Anna Bychkova y Nozomi Kato (Mrs. Grose), Andrés Sulbarán y Gustavo Adolfo Palomo (Peter Quint), Marianna Mappa (Miss Jessel) junto con los niños del coro de Trinity School Jeremie de Rijk y William Hardy (Miles) configuran el reparto.

Les Arts presenta un montaje que ha sido realizado íntegramente por el Equipo Técnico del centro operístico, con escenografía de Manuel Zuriaga, vestuario de Mariana Fracasso, iluminación de Nadia García y Antonio Castro, videocreación de Miguel Bosch y coreografía de Fátima Sanlés.

La ópera de Britten se representará en el Teatre Martín i Soler los días 2, 4 y 10 de junio, con una función didáctica el día 6. Las localidades tienen el precio único de 25 euros.

Billy Budd

Didficil de entender que una de las obras más importantes del siglo XX no se hubiera representado hasta hoy en Madrid. Billy Budd, la obra más colorista de Benjamin Britten, llegaba al Teatro Real de la mano de una de las más prestigiosas directoras de escena, Deborah Warner, que ha presentado una radiografía perfecta de las intenciones de un Britten que trata con sutileza uno de sus temas más recurrentes, esa dualidad que para él existe entre el bien y el mal.

Se ha ofrecido la segunda versión revisada formada por dos actos más prólogo y epílogo. Esta versión siempre fue la preferida del compositor. Después de ver esta producción, sin duda también es nuestra preferida.

Después del Holandés errante, donde la proa de un barco protagonizaba la escena, llegamos a un Billy Budd en el que el planteamiento es mucho más evocador. El Indomable, un barco de guerra del siglo XVIII, llena el escenario de cabos, maromas y agua. Donde la sensación de movimiento es permanente y a veces real, como ocurre en el último acto. Y es que para Deborah Warner el teatro y el mar están conectados, “Cuando los barcos dejaron de ser de vela y desaparecieron las maromas, aparecieron en los teatros”.

Britten es, sin duda, un gran compositor, pero sobre todo es uno de los más grandes genios dramáticos en términos operísticos. Su sensibilidad a la hora de captar la profundidad del ser humano y construir personajes es extraordinaria, y Deborah Warner es su mejor intérprete. Ha escudriñado cada una de las capas con las que Britten ha cubierto sus personajes para presentarlos al público tal como los ideó el compositor y sin emitir juicios sobre ellos. El resultado no es una compleja producción, inalcanzable a los ojos del espectador de la que tanto gustan algunos directores de escena, sino una genialidad alejada de la superficialidad y cargada de los elementos justos e imprescindibles.

Con plataformas móviles que delimitan los espacios mediante complejos mecanismos escénicos aparentemente sencillos. Con personajes que se describen a sí mismos a través de diálogos íntimos y con un cuadro de cantantes cuyo nivel interpretativo está por encima del de su timbre, algo que en esta ocasión, es casi la clave del éxito.

La obra comienza cuando el público aún no ha terminado de tomar asiento. Aparece en el prólogo y en el epílogo el primero de los tres personajes principales, un anciano Capitán Edward Fairfax Vere que, a modo de flashback, narra la historia. Este papel fue escrito por Britten para su pareja, Peter Pears. Y tal vez no fuera el papel más indicado para él, pues requiere una voz de tenor más amplia y lírica que la que poseía Pears. Aquí está interpretado por el británico Toby Spence, que construye un personaje angustiado e inconsistente martirizado por haber acusado injustamente a un inocente. Bien en sus arias más desgarradoras y profundas.

El segundo protagonista es el joven y cándido Billy Budd. Un marinero lleno de atractivos que encandila a sus compañeros y superiores. El personaje requiere de un barítono con cierta agilidad. Tal vez no sea el caso de Jacques Imbrailo, que da vida al protagonista. Pero su capacidad dramática, incluso atlética (fue capaz de subir a pulso la cuerda mientras cantaba), sirvieron para ofrecer alguno de los momentos de mayor lirismo de la noche. Su última aria antes de morir es como una canción de cuna, evocadora y sencilla, de hondo calado que sobrecogió al público.

El tercer protagonista es el malvado John Claggart. Un personaje lleno de enrevesadas aristas interpretado brillantemente por Brindley Sherratt. Este bajo británico defendió con soltura un hombre torturado y fascinado por Billy Budd al que consigue destruir a base de mentiras. Tiene escenas memorables, en las que transmite a la perfección el dramatismo de un individuo tenebroso y lleno de contradicciones.

El escenógrafo Michael Levine ha realizado un trabajo extraordinario, potenciado por la iluminación de Jean Kalman y la fantástica dirección de actores, con más de cien personajes sobre el escenario, todos hombres. Un barco, el Indomable, en el que se ha conseguido una atmósfera asfixiante y cargada de testosterona y agresividad en el que no se han echado de menos las voces femeninas. Tal vez por la enorme carga emocional que posee la obra y la ternura que comparten alguno de sus personajes, o por la tremenda riqueza orquestal que posee la partitura, con gran variedad de colores en números y voces solistas.

La actuación del coro merece una mención especial, una más. Su profesionalidad y la calidad de sus voces es conocida e indiscutible, pero siguen teniendo la capacidad de sorprender y deleitar. Se mueven a decenas por el escenario con ritmo y soltura, con una capacidad dramática Imprescindible para crear la atmósfera conseguida en ese barco-carcel, para generar movimiento, para creerme la obra y para que la energía que produce la potencia de sus voces acelere las pulsaciones del patio de butacas.

Apareció por fin en el Teatro su director musical Ivor Bolton, y lo hizo para ofrecer una brillante versión de una obra que conoce bien, aunque solo sea por idioma. Se trata de una partitura con una escritura muy ajustada, de gran densidad, con muchos detalles de conjunto en una amplia orquesta en la que se otorga un gran protagonismo a los solistas.

Bolton establece una perfecta comunicación entre el foso y el escenario y el resultado es brillante. Pasa de momentos orquestales de gran intimidad a otros protagonizados por la intensidad y potencia orquestal, como el momento en el que se preparan para la batalla. También es la orquesta la encargada de narrar alguno de los momentos más importantes de la obra. Cuando el capitán Vere comunica a Billy Budd su sentencia, el relato está confiado a la orquesta que lo ejecuta a través de 34 acordes que se repiten y en los que los modos mayores y menores tienen un efecto narrativo asombroso y revelador.

La obra termina casi como empezó, conectando el epílogo con el prólogo a través del recuerdo que de la historia tiene el capitán Vere. El final se diluye y parece querer volver a empezar en un da capo permanente. Es una sensación real, la de querer volver a ver este Billy Budd insuperable que es, sin duda, lo mejor que he visto en este teatro en mucho tiempo.
Texto: Paloma Sanz
Fotografías: Javier del Real
Vídeos: Teatro Real

BILLY BUDD
Benjamin Britten (1913-1976)
Ópera en dos actos con libreto de Edward Morgan Foster y
Eric Crozier, basado en la obra homónima de Herman Melville
Nueva producción del Teatro Real, en coproducción con la
Opéra national de Paris, Ópera Nacional de
Finlandia (Helsinki) y el Teatro dell´Opera di Roma
D. musical: Ivor Bolton; D. escena: Deborah Warner
Escenógrafo: Michael Levine; Figurinista: Chloé Obolensky
Iluminador: Jean Kalman; Coreógrafo: Kim Brandstrup
Vídeo: Álvaro Luna; D. coro: Andrés Máspero
D. pequeños cantores: Ana González
Coro y Orquesta titulares del Teatro Real
Pequeños Cantores de la Comunidad de Madrid
Reparto: Jacques Imbrailo, Toby Spence, Brindley Sherratt,
Thomas Oliemans, David Soar, Torben Jüngens,
Christopher Gillett, Duncan Rock, Clive Bayley,
Sam Furness, Francisco Vas, Manel Esteve, Gerardo Bullón,
Tomeu Bibiloni, Borja Quiza, Jordi Casanova, Isaac Galán.
Teatro Real de Madrid 9 de febrero de 2017

Roberto Abbado

El director de orquesta milanés, cierra la temporada operística 2015-2016 del Palau con el estreno de “El sueño de una noche de verano” (A Midsummer Night’s Dream), la primera incursión de la formación titular de les Arts en la obra de Benjamin Britten. Roberto Abbado asume la dirección musical de esta ópera basada en la obra homónima de Shakespeare, que levanta el telón el próximo 10 de junio con una producción propia del coliseo valenciano, una apuesta con la que el Palau de les Arts Reina Sofia se suma a las celebraciones de los 400 años de la muerte de William Shakespeare.

Además de su amplia trayectoria en la dirección del repertorio sinfónico en Estados Unidos y en formaciones europeas de referencia como la Concertgebouw de Ámsterdam, Gewandhaus de Leipzig o Staatskapelle de Dresde, el maestro Roberto Abbado ha dirigido numerosos estrenos en los teatros de ópera más prestigiosos de la escena internacional: el Teatro alla Scala de Milán (La Gioconda, Lucia di Lammermoor, La donna del lago), la Staatsoper de Viena (I vespri siciliani), la Ópera Estatal de Baviera (El amor de las tres naranjas, Aida y La Traviata), el Metropolitan de Nueva York (Fedora), la Deutsche Oper de Berlín (Don Giovanni), la Ópera Nacional de París (La donna del lago), Rossini Opera Festival de Pesaro (Ermione, Zelmira, y Mosè in Egitto), el Maggio Musicale Fiorentino (Le comte Ory, Attila, I Lombardi, Il barbiere di Siviglia, Anna Bolena, Phaedra), entre otros. Tras el éxito de público y crítica en su primera ópera como titular del podium valenciano, el pasado mes de enero, con Samson et Dalila de Camille Saint-Saëns y una dilatada experiencia en el repertorio contemporáneo y la música de los grandes compositores del siglo XX como Luciano Berio, Salvatore Sciarrino, Henri Dutilleux, Olivier Messiaen, Helmut Lachenmann, John Adams o Hans Werner Henze, entre otros muchos, retoma la batuta del coliseo valenciano para el estreno, por primera vez en el Palau de les Arts, de la ópera en tres actos basada en la obra de Shakespeare con música de Benjamin Britten (1913-1976) y libreto del compositor británico y Peter Pears, estrenada el 11 de junio de 1960 en el Festival de Aldeburgh, con dirección del propio compositor.

Roberto Abbado ha sido galardonado en dos ocasiones con el prestigioso y codiciado “Premio Abbiati” de la crítica italiana.

Fotografía: Priamo Tolu-Teatro lirico Cagliari

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Heras-Casado

El jueves y el sábado de esta semana, el Teatro Real ofrecerá el conmovedor War Requiem, de Benjamin Britten, bajo la dirección de Pablo Heras-Casado.

Las dos funciones de la obra de Britten están integradas en la programación en torno su ópera Muerte en Venecia, que traerá también al Teatro Real, este mes, el Ballet de Hamburgo, con una coreografía inspirada en la novela homónima de Thomas Mann.

Más de 140 intérpretes participan en la obra: 132 cantantes de los tres coros -Coro Titular del Teatro Real, Coro de la Comunidad de Madrid y Pequeños cantores de la JORCAM-, 106 músicos de la Orquesta Titular del Teatro Real, el organista Miguel Ángel Tallante y los solistas Susan Gritton (soprano), John Mark Ainsley (tenor) y Jacques Imbrailo (barítono).

Pablo Heras-Casado, primer director musical invitado del Teatro Real, será el encargado de dirigir esta obra excepcional y lacerante: un arrebatado clamor a favor de la paz en el mundo después del estupor de la guerra.

TRES GUERRAS EN UNA

Benjamin Britten fue un gran amante de las formas clásicas pero, tras pasar por sus manos, raramente dejaba de introducir en ellas elementos novedosos que las hacían aparecer ante ojos y oídos sutil o radicalmente remozadas. Pocos géneros han gozado de más raigambre en la música occidental que el de la misa de difuntos, pero el War Requiem, que bebe innegablemente de esa tradición secular, la transporta a una nueva dimensión, instilando en la obra un importante elemento espaciotemporal que resulta difícil, cuando no imposible, encontrar en otras misas de réquiem.

Britten fue un pertinaz lector de poesía, que impregna gran parte de su catálogo, y tuvimos una buena muestra de ello en esta misma sala el pasado 18 de diciembre, cuando Ian Bostridge interpretó sus cinco Canticles –que recorren la totalidad de su trayectoria creativa– y su Nocturne.

Uno de los poetas que inspiraron a Britten en esta última obra, su compatriota Wilfred Owen, fue el elegido tres años después para proporcionar el contrapunto profano, actual e intimista del texto latino ancestral de la misa de difuntos. Owen había muerto pocos días antes del final de la Primera Guerra Mundial y la obra se estrenó en la solemne consagración de la catedral de Coventry, destruida por los bombardeos alemanes en la Segunda.

El War Requiem vio la luz muy pocos meses antes de la crisis de los misiles en Cuba, en plena Guerra Fría, por tanto, una tercera contienda ligada a la obra: menos sangrienta, pero igualmente absurda. Britten quería contar en el estreno en Coventry con cantantes que representaran simbólicamente a los tres países que más habían padecido la barbarie bélica que había puesto fin al horror nazi, pero las autoridades soviéticas no permitieron que Galina Vishnévskaia viajara a Inglaterra para cantar al lado de un alemán, Dietrich Fischer-Dieskau, por lo que hubo de ser sustituida in extremis por la británica Heather Harper. La terna solista la completaba, por supuesto, el tenor Peter Pears, la fiel pareja del compositor.

Pacifista convencido, Britten concibió el War Requiem no sólo como un hondo alegato antibélico, sino como una profunda reflexión sobre los horrores que acompañan a cualquier guerra: una misa para que descansen los muertos y mediten los vivos. La cima emocional de la obra se reserva para el Libera me final, en cuyo centro Britten sitúa uno de los poemas más estremecedores de Owen, «Strange Meeting», el extraño encuentro que se produce bajo tierra, en «un túnel hondo y gris», entre un soldado inglés y un combatiente alemán al que él mismo ha matado el día anterior. Ambos encuentran la liberación y reconciliación final cuando se disponen a dormir, juntos y en paz, el largo sueño de la muerte mientras el coro de niños entona un etéreo y consolador In Paradisum.

Las guerras continúan, implacables, a nuestro alrededor, pero el War Requiem –una obra no sólo para escuchar, sino también para ver– sigue proclamando, claro y fuerte, su mensaje.
Luis Gago

Venecia

Entre los días 4 y 23 de diciembre el Teatro Real ofrecerá siete funciones de una nueva producción de Muerte en Venecia, de Benjamin Britten (1913-1976), con dirección musical de Alejo Pérez y una inquietante y evocadora puesta en escena de Willy Decker, coproducida con el Gran Teatre del Liceu de Barcelona, donde se estrenó con gran éxito en mayo de 2008.

En esta ocasión la ópera estará protagonizada por el tenor John Daszak, que encarnará al atormentado escritor Gustav von Aschenbach, y el barítono Leigh Melrose, encargado de dar vida a siete distintos personajes. Ambos cantantes debutarán en el Real, al lado de un gran número de solistas, de la mano de Alejo Pérez -que en Madrid ha dirigido Ainadamar, Don Giovanni y La conquista de México-, y de Willy Decker, responsable de la inolvidable producción de Peter Grimes, de Britten, en la primera temporada del renovado Teatro Real, de la tetralogía de Wagner presentada entre 2002 y 2004, de una estremecedora versión de La ciudad muerta, de Korngold, en 2010 y de Werther, de Massenet, en 2011.

Muerte en Venecia es la última ópera de Britten y su confesional y liberadora despedida. En ella el escritor Gustav von Aschenbach, alter ego del compositor, camina inexorablemente hacia la muerte, cautivo de su amor por el joven Tadzio, encarnación de la belleza, el erotismo y la eternidad.

Estructurada en 17 escenas, la ópera presenta un complejo y sutil entramado de motivos musicales con una orquestación refinada y sugerente. Los monólogos reflexivos del escritor protagonista, casi sutiles recitativos de escritura libre, se articulan con la música evocadora del gamelán javanés, asociada con la sensualidad del bello efebo Tadzio, personaje “mudo” que se expresa solamente con su lenguaje corporal.

Willy Decker, que ha dirigido ocho óperas de Britten con celebradas versiones escénicas que potencian la complejidad de los personajes y su drama interior, se aleja, en Muerte en Venecia, de las lecturas más realistas de la obra para adentrarse en la mente febril y desasosegada del protagonista, con sus ensoñaciones, desvaríos y éxtasis, ayudado por la atmósfera nebulosa, decadente y poética de Venecia. El reflejo del mar, que engulle la ciudad enferma de peste, con sus fachadas sinuosas estampadas en las ondulaciones del mar, difumina los límites entre la realidad y el espejismo, el sueño y la vigilia, el erotismo y el amor, la belleza y la sensualidad, la muerte y la eternidad…

La ópera, basada en la novela homónima de Thomas Mann, vertebra una ambiciosa programación en diferentes ámbitos artísticos y culturales—artes plásticas, cine, danza, música, conferencias, etc.—, en la que participan la BIBLIOTECA NACIONAL DE ESPAÑA (Exposición Mariano Fortuny-Madrazo: otra muerte en Venecia), la FUNDACIÓN JUAN MARCH (ciclo de tres conciertos titulado El universo musical de Thomas Mann y dos conferencias sobre Thomas Mann, su vida, su obra, su tiempo) y la FILMOTECA ESPAÑOLA (proyección de la película Muerte en Venecia, de Luchino Visconti).

En el TEATRO REAL la programación en torno a la ópera de Britten se concentrará en diciembre, pero se prolongará hasta marzo. Ha comenzado el 25 de noviembre con un debate con Willy Decker, Alejo Pérez, Joan Matabosch y Luis Gago dentro del ciclo ENFOQUES; el 13 de diciembre tendrá lugar la proyección de la ópera The Indian Queen, de Henry Purcell, en la singular versión creada por Peter Sellars, con dirección musical de Teodor Currentsis, en el marco del programa ÓPERA EN CINE; el 14 de diciembre solistas de la Orquesta Titular del Teatro Real ofrecerán un concierto de música inglesa integrado en LOS DOMINGOS DE CÁMARA; finalmente, el 18 de diciembre, coincidiendo todavía con las funciones de la ópera, el refinado tenor Ian Bostridge y el pianista Julius Drake interpretarán obras de Benjamin Britten, con la participación del contratenor Anthony Roth Costanzo y el barítono Duncan Rock.

La programación dedicada al compositor británico proseguirá los días 12 y 14 de marzo con la interpretación de su inquietante War Requiem, que dirigirá Pablo Heras-Casado -principal director invitado del Teatro Real-, al frente del Coro y Orquesta Titulares del Teatro Real, de los Pequeños cantores de la JORCAM, y con la soprano Susan Gritton, el tenor John Mark Ainsley y el barítono Jacques Imbrailo como solistas. Cerrará esta propuesta artística amplia e interdisciplinar el f, que ofrecerá 6 funciones de Muerte en Venecia en la inspirada y doliente coreografía de John Neumeier y el espectáculo infantil Paseo en góndola, concebido y presentado por Fernando Palacios para el ciclo ¡TODOS A LA GAYARRE!
Adjuntamos los dosieres de prensa de la ópera, de la FUNDACIÓN JUAN MARCH (ciclo de conciertos y conferencias) y de la BIBLIOTECA NACIONAL (Exposición Mariano Fortuny-Madrazo: otra muerte en Venecia).

MUERTE EN VENECIA | ACTIVIDADES PARALELAS

Biblioteca Nacional de España
25 de noviembre al 2 de febrero
Museo de la Biblioteca Nacional de España
Exposición Mariano Fortuny / Madrazo: otra muerte en Venecia, por González-Ruano,
con ilustraciones del propio artista

Fundación Juan March
Entrada libre
26 de noviembre, 3 y 10 de diciembre de 2014
Ciclo de conciertos “El universo musical de Thomas Mann”

2 y 4 de diciembre de 2014. 19.30 h.
Ciclo de conferencias “Thomas Mann, su vida, su obra, su tiempo”,
Impartido por Rosa Sala Rose

Filmoteca Española
9, 13 de diciembre de 2014
Cine Doré
Proyección de Morte a Venezia, de Luchino Visconti

TEATRO REAL

Proyección
13 de diciembre de 2014, 12.00 h.
Sala principal
The Indian Queen, de Henry Purcell

Los domingos de cámara
14 de diciembre de 2014, 12.00 h.
Sala principal
Programa dedicado a Benjamin Britten.
Solistas de la Orquesta Titular del Teatro Real

Las voces del Real
18 de diciembre de 2014, 20.00 h.
Sala principal
Ian Bostridge
Programa: Canticles, de Benjamin Britten

Concierto
12, 14 de marzo de 2015, 20.00 h.
Sala principal
War Requiem, de Benjamin Britten
Pablo Heras-Casado, director musical.
Coro y Orquesta Titulares del Teatro Real

Danza
17, 18, 19, 20, 21 (dos funciones) de marzo de 2015, 20.00 y 17.00 h.
Sala principal
Muerte en Venecia, de John Neumeier.
Ballet de Hamburgo

¡Todos a la Gayarre!
21 de marzo de 2015, 17.00 h. 
22 de marzo de 2015, 12.00 y 17.00 h.
Paseo en góndola, concebido y presentado por Fernando Palacios