BillyBudd

Los premios Lawrence Olivier, creados y tutelados por la Society of London Theatre, reconocen anualmente la excelencia de las artes escénicas en Londres, en una ceremonia con gran repercusión social que en los últimos años ha tenido lugar en la Royal Opera House (2012-2016) y, desde 2017, en el Royal Albert Hall.

Debido al confinamiento causado por el Covid, la ceremonia de entrega de los premios de este año, que hubiera tenido lugar el pasado mes de abril, fue retrasada hasta ayer, 25 de octubre, transformada en un programa televisivo presentado por Jason Manford y transmitido por ITV y Magic Radio.

En sus distintas categorías, que reconocen los varios ámbitos de las artes escénicas, incluyendo el teatro, ópera, musicales, danza, etc., Billy Budd ha ganado el Premio Olivier a la mejor nueva producción operística por su presentación el pasado año en la Royal Opera House, coproductora del montaje junto al Teatro Real, que la estrenó en 2017, y la Ópera de Roma, que la presentó en 2018.

La producción de Billy Budd fue galardonada con el International Opera Award 2018 a la Mejor Nueva Producción y su grabación audiovisual obtuvo también varios reconocimientos, destacando los premios de las revistas Diapason (Diapason d’or) y BBC Music Magazine.

Billy Budd se estrenó en Madrid el 31 de enero de 2017 con una nueva producción del Teatro Real con dirección musical de Ivor Bolton, dirección de escena de Deborah Warner, escenografía de Michael Levine, figurines de Chloe Obolensky e iluminación de Jean Kalman.

Esta ópera coral, con un elenco exclusivamente masculino ─5 tenores, 8 barítonos, 1 bajo-barítono y 3 bajos─ ha tenido como protagonistas al barítono Jacques Imbrailo, el tenor Toby Spence y el bajo Brindley Sherratt.

Las fantásticas partes corales fueron interpretadas por 60 voces masculinas del Coro Titular del Teatro Real y por niños de los Pequeños Cantores de la Comunidad de Madrid, que actuaron junto a la Orquesta Titular del Teatro Real.

Fotografía: Javier del Real

Billy Budd

Esta es la primera vez que un teatro español obtiene uno de los prestigiosos galardones.

El Teatro Real ha sido galardonado con el International Opera Award 2018 a la Mejor Nueva Producción por su representación de la ópera Billy Budd, de Benjamin Britten, creada por la directora de escena Deborah Warner en la pasada temporada. El premio, que recae por primera vez en un teatro español, ha sido recogido por el director artístico de la institución, Joan Matabosch, en una ceremonia que ha tenido lugar en el emblemático London Coliseum de la capital británica.

El Teatro Real era uno de los favoritos en la presente edición, a la que concurría como finalista con cuatro importantes nominaciones: Mejor Nueva Producción (Billy Budd, de Benjamin Britten), Mejor Coro, Mejor Recuperación de una Obra (Bomarzo, de Alberto Ginastera) y Mejor Compañía de Ópera.

Los prestigiosos International Opera Awards 2018 se entregan cada primavera en Londres y suponen un reconocimiento al talento y la creatividad en el mundo de la lírica, al esfuerzo y al trabajo realizado durante el año anterior.

Billy Budd, una de las mejores óperas de Benjamin Britten, se presentó por primera vez en Madrid el 31 de enero de 2017 en el Teatro Real con una nueva producción concebida por Deborah Warner, recibida con entusiasmo por el público y grandes elogios de la crítica, tanto por su mérito escénico como por la excelente interpretación musical de los solistas y el Coro y Orquesta Titulares del Teatro Real bajo la dirección de su director titular, Ivor Bolton.

La directora de escena contó con la colaboración, en este espectáculo, del reputado escenógrafo canadiense Michael Levine, la premiada figurinista griega Chloe Obolensky y el magnífico iluminador Jean Kalman.

Respetando los espacios más velados e inescrutables del cuento de Melville que sirve de base a la ópera, tratados con pudor y rigor por Benjamin Britten y los libretistas de la ópera, Deborah Warner concibe la puesta en escena sin juzgar a los personajes y rehuyendo la separación más simplista entre buenos y malos.

La fragata de guerra de Billy Budd es una terrible metáfora de tantos espacios donde la opresión y tiranía siembran los instintos más viles e irreprimibles, capaces de aflorar en cualquier momento. Este sentimiento de inestabilidad y tensión latente preside la concepción de la escenografía de Michael Levine, una inmensa jaula de cuerdas marinas, donde las escenas se suceden en balanceantes plataformas suspendidas, que sugieren el permanente peligro que se esconde en el seno del universo claustrofóbico de la armada británica, cuando los vientos revolucionarios de Francia alentaban a los marinos oprimidos al motín. En las fisuras de ese terrible microcosmos emergen sentimientos y pulsiones desconocidos.

LA CRITICA HA DICHO

EL PAÍS: El Real estrena un memorable y desasosegante ‘Billy Budd’. No hay un segundo que no sea irresistiblemente teatral. Todas las piezas del montaje funcionan con una insólita precisión.

Luis Gago

EL MUNDO: llega al Teatro Real en una versión de acabada profesionalidad y vistoso efectismo, recibida con entusiasmo por un público, que tal vez ha percibido más que las sutilezas de la fábula moral, la contundencia y el chafarrinón del melodrama.

Álvaro del Amo

ABC: una realización musical sobresaliente y una propuesta escénica capaz de convertirse en referencial.

Alberto González Lapuente

LA RAZÓN: Un enorme escenario aparentemente vacío, pero lleno de complejidad técnica, simula a la perfección el barco del libreto y la cárcel en la que parecen encerradas belleza, bondad y justicia en un ambiente claustrofóbico y violento.

Gonzalo Alonso

OPERA (Reino Unido): Billy Budd llega por primera vez al teatro Real en una sensacional nueva producción realizada como sólo una directora Shakespeariana experimentada como Deborah Warner podría lograr.

Victoria Stapells

OPERA MAGAZINE (Francia): El escenario de esta cautivadora nueva producción de Billy Budd está abierto al espectador tan pronto como entra en la sala [..} Admiramos su habilidad ( Deborah Warner) para crear cuadros vivientes de infinita belleza y poesía.

Richard Martet

OPERNWELT (Alemania): En general, es una actuación estupenda, oscuro y densa en cada momento. El efecto global funciona de forma compacta, con un brillante coro masculino de sesenta miembros y con una dirección de Ivor Bolton perfectamente planeada, que realiza con éxito la partitura de Britten.

Gerhard R. Koch

OPERA NEWS (USA): La magistral producción de Warner nos recordó que la sociedad hipócrita y opresiva a la que Britten se enfrentó hace medio siglo sigue con nosotros, y Billy Budd sigue estando vigente.

Roberto Herrscher

Festival de Ópera de Savonlinna

Fundado en 1912, aunque interrumpido en varias ocasiones por los conflictos bélicos de la Primera Guerra Mundial y la Guerra Civil finlandesa, el Festival de Ópera de Savonlinna comienza en 1967 una nueva era que le ha convertido en una de las citas musicales más prestigiosas del norte de Europa. En la presente edición, que conmemora los cien años de la independencia y nacimiento de la República de Finlandia, ha querido contar con la presencia de dos teatros que, por su actividad y proyección, son referencia musical en estos momentos: el Teatro Real de Madrid y el Teatro Bolshoi de Moscú.

Para este escenario incomparable, cuyas funciones tienen lugar en el impresionante Castillo de Olavinlinna, el Teatro Real ha preparado una adaptación del montaje de I puritani, realizado por Emilio Sagi y estrenado en el escenario madrileño la temporada pasada que, además de una gran acogida por la crítica, disfrutó de una cálida acogida por el público dentro y fuera de su sala, ya que fue retransmitido a pantallas de toda España, en abierto por Palco Digital y a través del canal de Facebook del Teatro Real en la que fue la primera emisión de este tipo realizada en el mundo.

Las funciones tendrán lugar los días 31 de julio y 1, 3 y 4 de agosto. La dirección musical volverá a estar en manos del maestro Evelino Pidò, esta vez al frente de un doble reparto que contará en los papeles principales con los tenores Celso Albelo y Francesco Demuro (Lord Arturo Talbo), las sopranos Jessica Pratt y María José Moreno (Lady Elvira Valton), los barítonos Vladimir Stoyanov y Massimo Cavalletti (Sir Riccardo Forth) los bajos Jongmin Park y Fernando Radó (Sir Giorgio), la mezzosoprano Lidia Vinyes-Curtis (Enriqueta). Junto a ellos, el Coro y la Orquesta Titulares del Teatro Real.

El día 2 de agosto, la Orquesta Titular del Teatro Real, en colaboración con el Coro del Festival de Ópera de Savonlinna, interpretará la suite sinfónica Kullervo, del compositor finlandés Jean Sibelius, como homenaje al país anfitrión. La obra es un conjunto de poemas sinfónicos basados en el poema épico Kalevala que narra los avatares de Kullervo, personaje de la tradición folclórica del país. Al frente de ambas formaciones estará el legendario compositor y director de orquesta finlandés Leif Segerstram, especializado en la obra de Sibelius, del cual tiene grabada la integral de sus sinfonías y cuyas interpretaciones son un referente para las generaciones posteriores.

Con estas funciones, el Teatro Real pondrá fin a una temporada que ha registrado las mejores cifras de sus últimos veinte años. Inmerso en las celebraciones del 200 aniversario de su fundación y a punto de conmemorar los 20 años de su reapertura, el próximo 11 de octubre, el Real se despide con una ocupación de sala superior al 92% y un balance artístico de altísima calidad, reconocido por el público y la prensa especializada.

Por citar algunos de los grandes momentos vividos en los últimos meses, por primera vez se ha podido escuchar en Madrid Billy Budd, de Benjamin Britten, espectacular por la dirección escénica de Deborah Warner, como por la batuta de Ivor Bolton. Hemos vivido los estrenos de España de Rodelinda, de Georg Friedrich Händel, con dirección de escena de Claus Guth y otra magnífica dirección musical del maestro Bolton, y de Bomarzo, de Alberto Ginastera, que, cincuenta años después de su creación, pudo verse por fin en España con la concepción escénica de Pierre Audi y musical de David Afkham.

No podemos olvidar el estreno mundial de La ciudad de las mentiras, de Elena Mendoza, encargo del Teatro Real, y la celebración del 90 aniversario de la Martha Graham Dance Company, presente también por primera vez en el escenario de la Plaza de Oriente, con una recopilación de coreografías históricas creadas por la mítica bailarina.

Billy Budd

Didficil de entender que una de las obras más importantes del siglo XX no se hubiera representado hasta hoy en Madrid. Billy Budd, la obra más colorista de Benjamin Britten, llegaba al Teatro Real de la mano de una de las más prestigiosas directoras de escena, Deborah Warner, que ha presentado una radiografía perfecta de las intenciones de un Britten que trata con sutileza uno de sus temas más recurrentes, esa dualidad que para él existe entre el bien y el mal.

Se ha ofrecido la segunda versión revisada formada por dos actos más prólogo y epílogo. Esta versión siempre fue la preferida del compositor. Después de ver esta producción, sin duda también es nuestra preferida.

Después del Holandés errante, donde la proa de un barco protagonizaba la escena, llegamos a un Billy Budd en el que el planteamiento es mucho más evocador. El Indomable, un barco de guerra del siglo XVIII, llena el escenario de cabos, maromas y agua. Donde la sensación de movimiento es permanente y a veces real, como ocurre en el último acto. Y es que para Deborah Warner el teatro y el mar están conectados, “Cuando los barcos dejaron de ser de vela y desaparecieron las maromas, aparecieron en los teatros”.

Britten es, sin duda, un gran compositor, pero sobre todo es uno de los más grandes genios dramáticos en términos operísticos. Su sensibilidad a la hora de captar la profundidad del ser humano y construir personajes es extraordinaria, y Deborah Warner es su mejor intérprete. Ha escudriñado cada una de las capas con las que Britten ha cubierto sus personajes para presentarlos al público tal como los ideó el compositor y sin emitir juicios sobre ellos. El resultado no es una compleja producción, inalcanzable a los ojos del espectador de la que tanto gustan algunos directores de escena, sino una genialidad alejada de la superficialidad y cargada de los elementos justos e imprescindibles.

Con plataformas móviles que delimitan los espacios mediante complejos mecanismos escénicos aparentemente sencillos. Con personajes que se describen a sí mismos a través de diálogos íntimos y con un cuadro de cantantes cuyo nivel interpretativo está por encima del de su timbre, algo que en esta ocasión, es casi la clave del éxito.

La obra comienza cuando el público aún no ha terminado de tomar asiento. Aparece en el prólogo y en el epílogo el primero de los tres personajes principales, un anciano Capitán Edward Fairfax Vere que, a modo de flashback, narra la historia. Este papel fue escrito por Britten para su pareja, Peter Pears. Y tal vez no fuera el papel más indicado para él, pues requiere una voz de tenor más amplia y lírica que la que poseía Pears. Aquí está interpretado por el británico Toby Spence, que construye un personaje angustiado e inconsistente martirizado por haber acusado injustamente a un inocente. Bien en sus arias más desgarradoras y profundas.

El segundo protagonista es el joven y cándido Billy Budd. Un marinero lleno de atractivos que encandila a sus compañeros y superiores. El personaje requiere de un barítono con cierta agilidad. Tal vez no sea el caso de Jacques Imbrailo, que da vida al protagonista. Pero su capacidad dramática, incluso atlética (fue capaz de subir a pulso la cuerda mientras cantaba), sirvieron para ofrecer alguno de los momentos de mayor lirismo de la noche. Su última aria antes de morir es como una canción de cuna, evocadora y sencilla, de hondo calado que sobrecogió al público.

El tercer protagonista es el malvado John Claggart. Un personaje lleno de enrevesadas aristas interpretado brillantemente por Brindley Sherratt. Este bajo británico defendió con soltura un hombre torturado y fascinado por Billy Budd al que consigue destruir a base de mentiras. Tiene escenas memorables, en las que transmite a la perfección el dramatismo de un individuo tenebroso y lleno de contradicciones.

El escenógrafo Michael Levine ha realizado un trabajo extraordinario, potenciado por la iluminación de Jean Kalman y la fantástica dirección de actores, con más de cien personajes sobre el escenario, todos hombres. Un barco, el Indomable, en el que se ha conseguido una atmósfera asfixiante y cargada de testosterona y agresividad en el que no se han echado de menos las voces femeninas. Tal vez por la enorme carga emocional que posee la obra y la ternura que comparten alguno de sus personajes, o por la tremenda riqueza orquestal que posee la partitura, con gran variedad de colores en números y voces solistas.

La actuación del coro merece una mención especial, una más. Su profesionalidad y la calidad de sus voces es conocida e indiscutible, pero siguen teniendo la capacidad de sorprender y deleitar. Se mueven a decenas por el escenario con ritmo y soltura, con una capacidad dramática Imprescindible para crear la atmósfera conseguida en ese barco-carcel, para generar movimiento, para creerme la obra y para que la energía que produce la potencia de sus voces acelere las pulsaciones del patio de butacas.

Apareció por fin en el Teatro su director musical Ivor Bolton, y lo hizo para ofrecer una brillante versión de una obra que conoce bien, aunque solo sea por idioma. Se trata de una partitura con una escritura muy ajustada, de gran densidad, con muchos detalles de conjunto en una amplia orquesta en la que se otorga un gran protagonismo a los solistas.

Bolton establece una perfecta comunicación entre el foso y el escenario y el resultado es brillante. Pasa de momentos orquestales de gran intimidad a otros protagonizados por la intensidad y potencia orquestal, como el momento en el que se preparan para la batalla. También es la orquesta la encargada de narrar alguno de los momentos más importantes de la obra. Cuando el capitán Vere comunica a Billy Budd su sentencia, el relato está confiado a la orquesta que lo ejecuta a través de 34 acordes que se repiten y en los que los modos mayores y menores tienen un efecto narrativo asombroso y revelador.

La obra termina casi como empezó, conectando el epílogo con el prólogo a través del recuerdo que de la historia tiene el capitán Vere. El final se diluye y parece querer volver a empezar en un da capo permanente. Es una sensación real, la de querer volver a ver este Billy Budd insuperable que es, sin duda, lo mejor que he visto en este teatro en mucho tiempo.
Texto: Paloma Sanz
Fotografías: Javier del Real
Vídeos: Teatro Real

BILLY BUDD
Benjamin Britten (1913-1976)
Ópera en dos actos con libreto de Edward Morgan Foster y
Eric Crozier, basado en la obra homónima de Herman Melville
Nueva producción del Teatro Real, en coproducción con la
Opéra national de Paris, Ópera Nacional de
Finlandia (Helsinki) y el Teatro dell´Opera di Roma
D. musical: Ivor Bolton; D. escena: Deborah Warner
Escenógrafo: Michael Levine; Figurinista: Chloé Obolensky
Iluminador: Jean Kalman; Coreógrafo: Kim Brandstrup
Vídeo: Álvaro Luna; D. coro: Andrés Máspero
D. pequeños cantores: Ana González
Coro y Orquesta titulares del Teatro Real
Pequeños Cantores de la Comunidad de Madrid
Reparto: Jacques Imbrailo, Toby Spence, Brindley Sherratt,
Thomas Oliemans, David Soar, Torben Jüngens,
Christopher Gillett, Duncan Rock, Clive Bayley,
Sam Furness, Francisco Vas, Manel Esteve, Gerardo Bullón,
Tomeu Bibiloni, Borja Quiza, Jordi Casanova, Isaac Galán.
Teatro Real de Madrid 9 de febrero de 2017

Billy Budd

Uno de los propósitos de la programación del Bicentenario del Teatro Real es ofrecer al público títulos imprescindibles del repertorio operístico que todavía no figuran en el acervo musical del Teatro Real, sobre todo clásicos del siglo XX. En este caso se encuentra Billy Budd, una de las mejores óperas de Benjamin Britten (1913-1976) que nunca se presentó en Madrid y que pasará a formar parte de la ya nutrida lista de óperas del compositor británico que se han ofrecido en el Real desde su reapertura: Peter Grimes (1997), El sueño de una noche de verano (2006), La violación de Lucrecia (2007), Una vuelta de tuerca (2010) y Muerte en Venecia (2014); y las óperas infantiles El pequeño deshollinador (2005, 2006 y 2008) y El diluvio de Noé (2007).

LA NUEVA PRODUCCIÓN DEL TEATRO REAL

Entre los días 31 de enero y 28 de febrero, se ofrecerán 10 funciones de Billy Budd, obra maestra de Benjamin Britten que se estrenará en Madrid con una nueva producción del Teatro Real, en coproducción con la Ópera Nacional de París, la Ópera Nacional de Finlandia y la Ópera de Roma. La dirección musical será de Ivor Bolton ─reconocido experto en la música del compositor inglés─, y la puesta en escena de Deborah Warner, gran dama de la escena teatral británica.

https://youtu.be/PrVQuE7Hb88

La ópera, con un elenco exclusivamente masculino ─5 tenores, 8 barítonos, 1 bajo-barítono y 3 bajos─ estará encabezada por el barítono Jacques Imbrailo, el tenor Toby Spence y el bajo Brindley Sherratt, a los que secundarán los restantes solistas, mayoritariamente anglosajones.

Las magníficas partes corales serán interpretadas por las voces masculinas del Coro Titular del Teatro Real ─con el rigor que caracteriza el trabajo de su director, Andrés Máspero─, y por niños de los Pequeños Cantores de la Comunidad de Madrid preparados por su directora Ana González.

La Orquesta Titular del Teatro Real interpretará Billy Budd por primera vez, después de sus aplaudidas lecturas de otras óperas de Britten ─como Otra vuelta de tuerca, El sueño de una noche de verano, La violación de Lucrecia o Muerte en Venecia─, en esta ocasión bajo la batuta del director musical del Teatro Real, Ivor Bolton.

Deborah Warner, muy admirada en España por sus montajes teatrales ─Happy Days de Samuel Beckett, The Waste Land de T. S. Eliot, Julio César de William Shakespeare, etc.─, es todavía desconocida en nuestro país el ámbito de la dirección operística, pese a su amplia carrera en mundo lírico internacional. Debutó en 1993 con Wozzeck, de Alban Berg, y desde entonces dirige ópera con regularidad en los más importantes teatros del mundo, de La Scala de Milán al Metropolitan de Nueva York, con producciones muy aplaudidas, incluyendo tres óperas de Benjamin Britten: Una vuelta de tuerca (Royal Opera House), La violación de Lucrecia (Ópera de Baviera) y Muerte en Venecia (English National Opera, La Monnaie y La Scala).

La directora británica afrontará su cuarto título de Britten con la colaboración del reputado escenógrafo canadiense Michael Levine ─conocido del público del Real por sus decorados para Diálogo de carmelitas (con Robert Carsen) y Rigoletto (con Monique Wagemakers)─, quien ha creado un espacio escénico de gran simbolismo y enorme complejidad técnica, transformando el tumultuoso barco de Billy Budd en una inmensa cárcel flotante. Completan el equipo artístico la prestigiosa y muy premiada figurinista griega Chloé Obolensky, que debuta en el Teatro Real, y el veterano iluminador Jean Kalman, ambos colaboradores habituales de grandes directores teatrales, de Peter Brook a Deborah Warner.

Respetando precisamente los espacios más velados e inescrutables del cuento de Melville que sirve de base a la ópera, tratados con pudor y rigor por Benjamin Britten y los libretistas de la ópera, Deborah Warner concibe la puesta en escena sin juzgar a los personajes y rehuyendo la separación más simplista entre buenos y malos.

La fragata de guerra de Billy Budd es una terrible metáfora de tantos espacios donde la opresión y tiranía siembran los instintos más viles e irreprimibles, capaces de aflorar en cualquier momento. Este sentimiento de inestabilidad y tensión latente preside la concepción de la escenografía de Michael Levine, una inmensa jaula de cuerdas marinas, donde las escenas se suceden en balanceantes plataformas suspendidas, que sugieren el permanente peligro que se esconde en el seno del universo claustrofóbico de la armada británica, cuando los vientos revolucionarios de Francia alentaban a los marinos oprimidos al motín. En las fisuras de ese terrible microcosmos emergen sentimientos y pulsiones desconocidos.

BILLY BUDD, LA ÓPERA

Cuando Benjamin Britten (1913-1976) se dispuso a componer una nueva ópera encargada por la Royal Opera House para su Festival of Britain de 1951, encontró en el inquietante relato póstumo e inconcluso Billy Budd, Sailor, de Herman Melville (1819-1891) ─el célebre autor de Moby Dick─, los temas que le fascinaban: el mar ─presente en toda su biografía─ y el mundo de los marinos, los dilemas éticos y morales, el inefable poder de la belleza juvenil, la arrebatadora y reprimida atracción homosexual; y también las dicotomías recurrentes a lo largo de toda su obra: la confrontación entre el bien y el mal, la justicia y la ley, la transgresión y el orden, la culpa y la expiación.

Para la realización del libreto ─uno de los más perfectos de toda la literatura operística─, Britten contó con la vena literaria del escritor Edward Morgan Forster (1879-1970) –cuyas novelas Una habitación con vistas, Howard’s End, Pasaje a la India, o Maurice lograron famosas versiones cinematográficas–, y la sabiduría y sensibilidad dramatúrgicas del director teatral Eric Crozier (1914-1994), ambos amigos y fieles colaboradores del compositor.

El enigmático cuento de Melville ─cuya riqueza originó distintas versiones editoriales, un sinfín de interpretaciones hermenéuticas y hasta la famosa adaptación cinematográfica de Peter Ustinov, de 1962, titulada en España La fragata infernal─, transcurre en un navío de guerra británico, el Indomable, en 1797, durante el conflicto bélico con la Francia revolucionaria. En él embarca Billy Budd, un atractivo y cándido marinero, cuya frescura y belleza son un revulsivo para la tripulación oprimida, desestabilizando igualmente a los mandos superiores ─el respetado capitán Vere y el pérfido maestro de armas John Claggart─, desconcertados con los sentimientos contradictorios que les provoca la irrupción del bondadoso efebo en su sórdido mundo. La compleja trama entre estos tres personajes, y sus relaciones con el resto de la tripulación desencadena el fatal destino de Billy Budd, víctima de una perversa maquinación, en un microcosmos infectado por la injusticia, la humillación, la revuelta y el odio.

Britten da voz a los integrantes de este buque infernal con una admirable escritura vocal y una magistral orquestación. Utiliza la gran orquesta como si fuera una agrupación de música de cámara, buscando el color sonoro más apropiado para cada momento dramatúrgico, en detrimento de la utilización de la masa orquestal, que incluye arpa, clarinetes bajos, contrafagot, saxofón, un nutrido grupo de metales y muchos y variados instrumentos de percusión (seis intérpretes).

Una vez más el compositor recurre a los interludios orquestales, como en su ópera Peter Grimes, que adquieren especial transcendencia cuando la música llega donde no alcanzan las palabras.

La primera versión de Billy Budd, de cuatro actos, se estrenó en el Covent Garden el 1 de diciembre de 1951, con dirección musical del compositor. Pese al éxito del estreno, la ópera tuvo un corto recorrido hasta la presentación, en 1964, también en el Covent Garden, de una nueva versión revisada, en dos actos, dirigida por Georg Solti y registrada en disco en 1967, bajo la batuta de Benjamin Britten. Será ésta la versión de la partitura que el Teatro Real desvelará, finalmente, al público de Madrid.

ACTIVIDADES PARALELAS

10 de febrero, a las 20.00 horas | Fundación Albéniz, Auditorio Sony

Recital de Felicity Palmer

Felicity Palmer, mezzosoprano

Simon Lepper, piano

Programa:

Parte I

Benjamin Britten / Henry Purcell: Mad Bess

Johannes Brahms: Wie Melodien / Alte Liebe / Von Ewiger

Piotr Illich Chaikovski: Nyet tolko tot kto znal / Ne sprashivay / Noc / Atchevo?

Parte II

Joseph Horovitz: Lady Macbeth: a Scena

Benjamin Britten: French Folksongs (Quand j’etais chez mon père, La belle est au jardín d’amour, etc.)

Michael Head: Foxgloves

Marshall Palmer: Music when soft voices die

Alan Murray: I’ll walk beside you

Carrie Jacobs-Bond: When you come to the end of a perfect day

May Brahe: Two little words

12 de febrero, a las 12.00 horas | Teatro Real, sala principal

Domingos de Cámara

Solistas de la Orquesta Titular del Teatro Real

Programa

Parte I

Johann Sebastian Bach: El arte de la fuga, BWV 1080

Benjamin Britten: Cuarteto fantasía en fa menor, op. 2

Johann Sebastian Bach: El arte de la fuga, BWV 1080

Parte II

Benjamin Britten: Simple Symphony, op. 4

Benjamin Britten: Serenata para tenor, trompa y cuerdas, op. 31