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Turandor, lucen y sombras Giacomo Puccini (1858-1924) Drama lírico en tres actos Libreto de Giuseppe Adami y Renato Simoni, basado en la fábula homónima de Carlo Gozzi D. musical: Nicola Luisotti D. escena e iluminación: Robert Wilson Figurinista: Jacques Reynaud Maquillaje y peluquería: Manu Halligan Videocreador: Tomek Jeziorski Dramaturgo: José Enrique Macián D. coro: Andrés Máspero D. coro de niños: Ana González Reparto: Oksana Dyka, Raúl Giménez, Giorgi Kirof, Roberto Aronica, Miren Urbieta-Vega, Joan Martín Royo, Vicenç Esteve, Juan ANtonio Sanabria, Gerardo Bullón Coro y Orquesta titulares del Teatro Real Noviembre de 1924, Puccini se traslada al Bruselas, el Doctor Ledoux es el único que puede abordar con éxito el cáncer de garganta que le ha sido diagnosticado. Lleva con él parte de la partitura de Turandot, pretende acabar el dúo final y a su regreso terminar la que sería su última ópera. La muerte le sorprende el 29 de noviembre y sus planes y el final de Turandot quedan inacabados. Turandot es una ópera que no sigue las mismas coordenadas de las obras escritas hasta ese momento por Puccini. Contiene demasiadas incógnitas, a parte de su inacabado dúo final. Para responder algunas de estas cuestiones, debemos remontarnos unos 15 años atrás… En 1909, Doria Manfredi es una joven de 24 años que trabaja en casa de Puccini. Elvira, la mujer del maestro, acusa a Doria de haber intentado seducir a su marido y dice haberles descubierto juntos. Las habladurías y la vergüenza de la familia llevan a la joven Doria al suicidio. Tras 5 días de sufrimiento y dolores atroces que le había producido el veneno que había tomado, Doria Manfredi muere. El informe de defunción desvela que Doria había muerto virgen. Quedando evidenciado que las acusaciones lanzadas por Elvira eran falsas, llegando incluso a ser detenida durante las pesquisas policiales por incitación al suicidio. Pero Puccini paga una importante suma de dinero a la familia Manfredi y las acusaciones no van más allá. Durante los 15 años siguientes, Puccini padece este acontecimiento de manera tormentosa, como queda reflejado en numerosas de sus cartas en las que afirma no poder soportar la muerte de esta inocente. Cuando Puccini conoce el alcance de su enfermedad es cuando decide cambiar la suerte de Liu. Los últimos versos de Kalaf y Timur con motivo del suicidio de Liu, son la justificación del compositor, las disculpas que lanza al mundo en su nombre y en el de su mujer por ese suicidio del que se siente culpable. Esta fue una petición pública de perdón por un acontecimiento que marcó la vida de Puccini y que lamentó justo antes de su muerte. El 25 de abril de 1926 se estrena Turandot en el Teatro alla Scalla de Milán con el final escrito por Franco Alfano, siguiendo las indicaciones que Puccini había dejado escritas. 20 años después de su estreno, vuelve el cuento fantástico de Turandot al Teatro Real. Robert Wilson es el encargado de vestir, o no, este cuento y llenarlo, o no, de magia y elemento fantásticos. Robert Wilson dice que cuando se dispone a crear una escenografía se pregunta qué no debería hacer, para, precisamente, hacerlo. Considera que el corpus de la obra de un artista es siempre el mismo y éste debe reconocerse a lo largo de toda su trayectoria. Y la obra de Wilson es siempre perfectamente reconocible. En unas producciones con más acierto que en otras, pero siempre es Bob Wilson. Este Turandot tiene la voluntad de estar más o menos vacío, escenográficamente hablando, desnudo de elementos escénicos pero con su inconfundible y exquisita iluminación que sostiene, a veces casi exclusivamente, el drama escénico. Otro elemento importante en la escenografía de Wilson es la ausencia de movimiento. Los personajes ni se miran ni se tocan en ningún momento y apenas dan pequeños y mecánicos pasos. Lo que deja huérfana de pasión y romanticismo alguna de las escenas principales, como el suicidio de Liu, que pasa casi desapercibido. Pero todas estas ausencias producen también otras sensaciones. El estatismo de los personajes sobre la extraordinaria iluminación de Wilson, crean una verdadera atmósfera mágica, llena de sombras que parecen dibujadas y que te arrastran al interior del relato proyectando toda la atención sobre la música. Los figurines diseñados por Jacques Reynaud proporcionan, a falta de expresión en los personajes, la dramaturgia y teatralidad de la obra. El resultado de conjunto es de una extrema sofisticación, tanto de los personajes, como de la escenografía, permitiendo, como quiere Wilson, que haya grandes espacios, aparentemente vacíos, para que el espectador recree su propio cuento. Nicola Luisotti obtiene un magnífico rendimiento de la Orquesta y del Coro, que tiene un papel primordial en esta obra y lo ejerce con gran acierto. Luisotti extrae de la partitura toda su riqueza orquestal y consigue recrear el exotismo oriental imaginado por Puccini. Su dirección, siempre elegante, está llena de detalles y colorido, sobre todo en el tratamiento de las cuerdas. La música llena los espacios escénicos que aparecen viudos de dramatismo y pone el sentimiento reflejado por el compositor en la partitura. La princesa Turandot de la ucraniana Oksana Dyka resulta bastante gritona, con agudos tirantes y un color de voz un tanto amarillento. Gran volumen de voz, como requiere el personaje para no ser engullida por la orquesta. Consigue transmitir la actitud hierática y llena de crueldad de la protagonista, a pesar de no mover ni un pelo. El Calaf de Roberto Aronica fue digno, sin más. También resultó un poco gritón y falto de delicadeza y romanticismo. Había que elegir entre volumen o matiz y se decantó por el primero. No le favoreció ni el estatismo ni el vestuario de su personaje. Giorgi Kirof ofreció un Timur algo flojo y de voz apagada. Algo mejor estuvo el Emperador Altoum de Raúl Giménez, que estuvo creíble en su personaje y no hay que despreciar el mérito que tiene cantar a unos 10 metros de altura. La más aplaudida de la noche fue la soprano donostiarra Miren Urbieta-Vega como Liu. Llenó su personaje de pasión y sentimiento con una potente voz, buen fraseo y abundante fiato. Lástima que su vestuario tampoco le favoreció. Los ministros Ping Pang y Pong, dado su carácter bufo y casi grotesco, fueron los únicos personajes que se movían sobre el escenario casi compulsiva y exageradamente, si tenemos en cuenta que el resto no movían ni las cejas. Muy bien interpretados en lo vocal y, sobre todo, en lo teatral por Joan Martín Royo, Vicenc Esteve y Juan Antonio Sanabria. Texto: Paloma Sanz Fotografías: Javier del Real Vídeos: Teatro Real
Turandot

El Teatro Real ofrecerá, entre los días 30 de noviembre y 30 de diciembre, 18 funciones de una nueva producción de Turandot, de Giacomo Puccini, en coproducción con la Canadian Opera Company, el Teatro Nacional de Lituania y la Houston Grand Opera, que se estrenará en Madrid antes de recalar en los demás teatros.

Turandot, que se presentó en la primera temporada del reinaugurado Teatro Real ─con dirección musical de Wladimir Jurówski y escénica de Jeremy Sutcliffe; y con Jane Eaglen, Vladimir Galouzine y Verónica Villaroel en los papeles principales─, vuelve, 20 años después, con dirección de escena, escenografía e iluminación de Bob Wilson, cuyo personalísimo universo teatral concede a la ópera un aura espectral muy ajustada al universo sonoro de la partitura, que evoca un mundo ancestral de reminiscencias orientales, muy alejado de la aproximación realista de las óperas anteriores de Puccini: Manon Lescaut, La Bohème, Tosca, Madama Butterfly, La fanciulla del West, La rondine, Il trittico, etc.

El carismático lenguaje visual y dramatúrgico de Wilson, con siluetas a contraluz, máscaras y movimientos casi rituales, es el ideal para contar la leyenda de la sanguinaria princesa China, enmarcada en su espacio escenográfico ‘natural’, que entronca directamente con el milenario teatro de sombras oriental.

Los personajes se convierten así en arquetipos legendarios e hieráticos, y la sutil paleta lumínica de Wilson se recrea con los colores orquestales de Puccini y con poéticas sinestesias que van de los tonos glaciales de la despiadada protagonista a las tonalidades cálidas del recogimiento de Liù, cuya muerte, en la partitura, coincide con la del propio compositor, que deja la obra inacabada.

Giacomo Puccini falleció en Bruselas en 1924, cuando se sometía a un tratamiento del cáncer de garganta que padecía. Se encontraba entonces en una encrucijada para concluir el tercer acto de Turandot, con un sorprendente final feliz en el que el amor triunfa sobre la perfidia. Su discípulo, Franco Alfano, se encargó de concluir la partitura partiendo de los esbozos y notas dejados por su maestro y bajo la atenta supervisión de Arturo Toscanini, quien dirigió el estreno póstumo de la ópera en La Scala de Milán, en 1926, en una célebre representación en la que el director italiano cortó abruptamente la interpretación ─después del adagio que entona el coro tras la muerte de Liù─ y se dirigió al público diciendo: ‘Qui il Maestro finí’ (Aquí terminó el maestro). En las sucesivas funciones se ha utilizado el final de Alfano, que es el que desde entonces se emplea normalmente, pese a que Luciano Berio escribió otra versión estrenada en 2002 en Salzburgo.

En Turandot Giacomo Puccini da un enorme salto hacia delante en su escritura compositiva: se aleja del realismo y de su genial maniqueísmo de las emociones y explora un nuevo universo dramatúrgico apertrechado con su eximia arte de orquestar, su eclecticismo y su portentoso olfato teatral. La ópera entrelaza motivos epigramáticos con una impresionante eficacia dramatúrgica, otorgando al coro una relevancia dramática desconocida en sus óperas anteriores. Explora universos armónicos más audaces con pasajes bitonales y disonantes articulados con su proverbial melodismo, abriéndose un floreciente camino truncado por su repentina muerte.

Dos repartos se alternan en la interpretación de las 18 funciones de Turandot, que traen al Real, una vez más, a Nicola Luisotti, su director musical asociado, cuya relación con el Teatro comenzó hace 10 años con Il trovatore, y al que hemos visto en recientes temporadas con Rigoletto y Aida. Después de sus triunfos con Verdi, Luisotti se pondrá nuevamente al frente del Coro y Orquesta Titulares del Teatro Real ─y también de los Pequeños cantores de la ORCAM─ para dar vida a la genial partitura de Puccini.

Encabezan los elencos de Turandot dos sopranos que debutan en el Teatro Real: la sueca Irene Theorin y la ucraniana Oksana Dyka, ambas aclamadas intérpretes del rol titular de la ópera. Estarán secundadas por las sopranos españolas Yolanda Auyanet y Miren Urbieta-Vega, como Liù; los tenores Gregory Kunde, Roberto Aronica y Jae-Hyoeung Kim ─que se alternarán en papel de Calaf─, y por los bajos Andrea Mastroni y Giorgi Kirof, que interpretarán a Timur.

Turandot despide la riquísima tradición operística italiana que, como ave fénix, abriría nuevos rumbos en el devenir de la música dramatúrgica, que daba sus primeros pasos en el inmenso mundo del cine, hoy, tan cercano a la ópera.

AGENDA | ACTIVIDADES PARALELAS

22 de noviembre, a las 20.15 horas | Teatro Real, Sala Gayarre

Enfoques: encuentro con Nicola Luisotti, director musical asociado del Teatro Real y de Turandot, Bob Wilson, director de escena, escenógrafo y figurinista de la ópera, y Joan Matabosch, director artístico del Teatro Real.

2 de diciembre, a las 12.00 horas | Teatro Real, Sala principal

Domingos de cámara: concierto con obras de Wolfgang Amadeus Mozart, Francis Poulenc, Leos Janacek, Russell Peck, Luis Fonseca y Consuelo Díez.

Ver Programa

Solistas de la Orquesta Titular del Teatro Real

2 de diciembre, a las 12.00 y a las 17.00 horas | Teatro Real, Sala Gayarre

¡Todos a la Gayarre! El nombre secreto: el tenor no nos dejará dormir hasta adivinar los tres acertijos inspirados en la ópera Turandot.

Con el tenor Pancho Corujo y el pianista Miguel Huertas

9 de diciembre, a las 11.00 horas | Teatro Real, Sala principal

Ópera en cine: proyección de La bohème, de Giacomo Pucinni, producción del Teatro Real en coproducción con la Royal Opera House de Londres y la Lyric Opera de Chicago, con dirección musical de Paolo Carignani y puesta en escena de Richard Jones, con Anita Hartig y Stephen Costello en los papeles protagonistas.

1 y 15 de diciembre, a las 19.30 horas | Casa Árabe, Madrid

Turandot y otros nombres secretos: espectáculo de narración oral para adultos, a cargo de Héctor Urién, basado en algunos de los relatos más célebres de la tradición cuentística árabe y persa.

14 de diciembre, a las 20.00 horas | Museo Lázaro Galdiano

Visita literaria: velada literaria dedicada al amor, recorriendo diversas salas del museo.

Inscripciones en info@museolazarogaldiano.es (Máximo 25 personas)

14 de diciembre, a las 19.30 horas | Casa Árabe, Córdoba

Turandot y otros nombres secretos: espectáculo de narración oral para adultos, a cargo de Héctor Urién, basado en algunos de los relatos más célebres de la tradición cuentística árabe y persa.

BobWilson

Los Teatros del Canal de la Comunidad de Madrid presentan el estreno en España de Letter to a man, un montaje dirigido por Bob Wilson e interpretado por Mikhail Baryshnikov que estará en cuatro únicas funciones en la Sala Roja del 12 al 15 de mayo.

El icónico director Robert Wilson y el legendario artista Mikhail Baryshnikov han unido sus fuerzas artísticas para crear una nueva obra basada en los famosos diarios del bailarín y coreógrafo ruso Vaslav Nijinsky, que, en su mejor momento, fue reconocido como el bailarín más famoso en el mundo occidental, actuando con los renombrados Ballets Rusos de Sergei Diaghilev.

Letter to a Man es una obra de teatro realizada por Mikhail Baryshnikov, que entra en la mente fragmentada del gran artista de la danza Vaslav Nijinsky mientras cae en la locura. Como siempre en los movimientos de las obras de Wilson, texto, luces, escenografía y música son partes iguales de la misma creación, donde, como él dice, “todo el teatro es danza”.

La obra, a partir de los diario del bailarín, sitúa la acción en Budapest en 1945. Él y su esposa han encontrado refugio con su familia. Estas son las últimas semanas de la Segunda Guerra Mundial y las batallas entre soldados alemanes y rusos se da con rabia en las calles destruidas. La salud mental de Nijinsky se había descompuesto en Suiza al término de la Primera Guerra Mundial. Sus diarios son un documento extraordinario de su lucha para no caer en la locura y entender lo que le estaba ocurriendo. Cuando dejó de escribir su diario, él se encerró, como en una tumba. Allí permaneció durante más de dos décadas, vigiladaopor su esposa. Pero a medida que una nueva catástrofe en Europa llega a su fin, el gran artista parece estar llegando a la vida de nuevo.

El proyecto es la segunda colaboración de Wilson y Baryshnikov, cuya producción de Daniil Kharms The Old woman, con Baryshnikov y Willem Dafoe, ha tenido gran éxito de crítica en su gira nacional e internacional.

Ficha artística:

Dirección, escenografía, concepto de iluminación: Robert Wilson con Mikhail Baryshnikov. Basado en el Diario de Vaslav Nijinsky. Texto de Christian Dumais-Lvowski. Dramaturgia de Darryl Pinckney. Música de Hal Willner. Vestuario de Jacques Reynaud. Colaboración con los movimientos y texto hablado: Lucinda Childs. Diseño de iluminación de A.J. Weissbard. Asociada al diseño de escenografía: Annick Lavallée-Benny. Asociado a la Dirección: Nicola Panzer. Diseño de sonido de Nick Sagar / Ella Wahlström. Diseño de video de Tomek Jeziorski.

Un proyecto de Change Performing Arts project y Baryshnikov Productions. Comisionado por el Festival de Spoleto dei 2 Mondi, BAM, Cal Performances Universidad de California en Berkeley, Centro de artes escénicas de UCLA en colaboración con los Teatros del Canal de Madrid, Les Ballets de Monte-Carlo / Mónaco Dance Forum producción ejecutiva CRT Milano.

Más información en: http://www.teatroscanal.com/espectaculo/letter-to-a-man-robert-wilson/