Tras la buena acogida de los recitales de Lisette Oropesa y Anita Rachvelishvili en febrero y de Pedro Halffter en marzo, llega una nueva entrega del ciclo ABAO on Stage con el extraordinario dúo formado por el barítono Carlos Álvarez y la soprano Rocío Ignacio, el sábado 17 de abril a las 19:00h en la Sociedad Filarmónica Bilbao, patrocinado por la Fundación BBVA.

Fiel a su compromiso de seguir ofreciendo cultura y espectáculos en directo en cualquier circunstancia, ABAO Bilbao Opera continúa con el programa del ciclo ABAO on Stage que incluye ocho selectos recitales con algunas de las figuras líricas más aclamadas actualmente.

La fusión vocal de DOS GRANDES ARTISTAS

  • Barítono y soprano en perfecta armonía por destacados territorios líricos y artísticos.
  • Dúos y arias de grandes óperas.
  • Al piano el maestro bilbaíno Rubén Fernández Aguirre.

El carismático Carlos Álvarez una de las voces más bellas de barítono lírico verdiano de las últimas décadas, y uno de los cantantes españoles más internacionales, y la versátil Rocío Ignacio una de las sopranos más destacadas de su generación, darán muestra de su desenvoltura escénica y gran personalidad con un programa atractivo y minuciosamente escogido con escenas de grandes óperas.

Con oficio, técnica y generosidad artística, Carlos Álvarez ofrecerá una selección de piezas llenas de matices, carácter y fuerza, en la que su excepcional voz destaca la belleza del repertorio interpretado en solitario: “Qui donc commande…” de Hery VIII de Saint-Säens, “Zazà piccola zíngara…” de Zazà de Leoncavallo y “Eri tu” de Un ballo in maschera de Verdi.

Las grandes virtudes de Rocío Ignacio, el volumen de su voz, sus agilidades, y el buen gusto de su proyección escénica, quedará patente en sus interpretaciones: “Depuis le jour” de Louise de Charpentier, “Signore ascolta” de Turandot de Puccini y en “Come in quest’ora bruna” de Simon Boccanegra, defendiendo a la heroína verdiana.

Con sus actuaciones a dúo, ambos intérpretes regalarán al público una de esas veladas inolvidables llenas de presencia en el escenario, madurez vocal y distinguida plasticidad artística con: “Monseigneur! – Ophélie” de Hamlet (Thomas), “Silvio a quest´ora” de Pagliacci (Leoncavallo) y “Udiste? Come albeggi” de Il Trovatore (Verdi). Todo un alarde de elegancia, sabiduría dramática, fusión vocal y lírica conmovedora.

Al piano, el maestro vasco Rubén Fernández Aguirre que interpretará en solitario la pieza “Preludio” de la ópera L’Arlesiana de Francesco Cilea.

Carlos álvarez, UN INTÉRPRETE ADMIRADO Y RESPETADO EN EL CIRCUITO INTERNACIONAL

En la cumbre de una trayectoria artística modélica, pasará a la historia como uno de los grandes barítonos verdianos que sabe darlo todo en el escenario. Poseedor de una voz regia, admirado y respetado en el circuito internacional, destaca con una impresionante carrera.

Desde que hizo su debut en 1990 ha cantado en los principales teatros de ópera del mundo junto a los artistas más renombrados y los mejores directores musicales. Destacan sus actuaciones en el Festival de Salzburgo donde interpretó Don Carlo dirigido por Lorin Maazel, Otello en el Covent Garden bajo la dirección de Sir Colin Davis, I Pagliacci en Amsterdam dirigido por Riccardo Chailly, Don Giovanni en La Scala con Riccardo Muti, Don Carlo en L’Opera Bastille de París, Rigoletto en la Arena de Verona, en Viena La Forza del Destino dirigida por Zubin Mehta, Otello en Salzburgo bajo la dirección de Riccardo Muti, y sus grandes éxitos en el Metropolitan de Nueva York con Un Ballo in Maschera , Luisa Miller y Rigoletto, entre otros.

Entre sus numerosos premios, mencionar el Premio a la Labor Cultural (2001), Premio Grammy (2001 y 2005), Classical Award de Cannes, Medalla de Oro de Bellas Artes (2003), Medalla de Oro al Mérito Artístico (2003), Premio Nacional de Música (2003), Kammersänger por la Opera de Viena (2007), Medalla de Oro del Gran Teatre del Liceu (2013), Premio Ópera Actual (2015), y más recientemente ha recibido el Premio al Mejor Intérprete de Ópera por los Premios Campoamor de Oviedo y el de la Crítica Catalana.

Ha visitado ABAO Bilbao Opera en dos ocasiones, en 2000 con Il barbiere di Siviglia en el rol de Figaro y la segunda en la impresionante Carmen de Calixto Bieito en 2014, con Escamillo.

ROCÍO IGNACIO, UNA voz reveladora

Desde 2011 la sevillana soprano Rocío Ignacio poseedora de una gran generosidad vocal y un indiscutible componente actoral, desarrolla su carrera fundamentalmente en teatros españoles e italianos y fue la primera soprano española en cantar en la Ópera de Dubai.

Su largo repertorio comprende, entre otros títulos, Rigoletto, Die Zauberflöte, Marina, Carmen, L’elisir d’amore, Il barbiere di Siviglia, La bohème, Il viaggio a Reims, Don Giovanni, Turandot y Falstaff.

En las últimas temporadas su carrera ha tomado impulso con títulos como Katiuska en Madrid, Otello en Málaga, Jerusalem en ABAO y Die Zauberflöte en Jerez. Recientemente ha interpretado también, Simon Boccanegra en el Teatro Cervantes de Málaga y Luisa Fernanda en el Teatro de La Zarzuela

En el escenario de ABAO Bilbao Opera ha actuado en dos ocasiones, la primera como Adina en L’elisir d’amor en 2012 y la pasada temporada como protagonista en el estreno de Jérusalem de Giuseppe Verdi.

Entradas A PRECIOS ASEQUIBLES.

Las localidades para el recital pueden adquirirse con tarifas asequibles para todos los públicos: 15€ los jóvenes Gazteam; 20€ los socios de ABAO hasta 35 años, y 40€ el resto de socios de ABAO; y 30€ el precio de venta al público joven hasta 35 años y 60€ el público adulto.

Se pueden adquirir en las oficinas de ABAO, a través de www.abao.org y en el teléfono: 944 355 100

ABAO Bilbao Opera

Tras el gran éxito de crítica y público recogido por la soprano Lisette Oropesa, que el pasado 6 de febrero puso en pie el auditorio del Euskalduna Bilbao en el primer recital del ciclo ABAO on Stage, ABAO Bilbao Opera presenta ahora los protagonistas de los próximos tres nuevos recitales: el debut en ABAO de la magnética mezzosoprano Anita Rachvelishvili, el indiscutible maestro y compositor Pedro Halffter, y el extraordinario dúo formado por el barítono Carlos Álvarez y la soprano Rocío Ignacio. Todos los recitales están patrocinados por la Fundación BBVA, patrocinador principal de la temporada.

La voluntad y el compromiso de ABAO Bilbao Opera sigue siendo ofrecer espectáculos en vivo y en directo y emocionar al público, tal y como lo ha hecho históricamente.

Respetando todos los protocolos sanitarios y de seguridad, y las medidas adoptadas para frenar el Covid 19, ABAO quiere demostrar su buena salud artística, haciendo gala de su reputación como institución operística de grandes voces, con seis selectos recitales con algunas de las figuras más aclamadas del momento, y representaciones en el Euskalduna Bilbao y en la Sociedad Filarmónica de Bilbao. El programa ABAO on Stage se desarrolla entre los meses de febrero a mayo.

Anita Rachvelishvili, la mejor mezzosoprano verdiana de la actualidad

  • La mezzo más destacada en roles que demandan voz poderosa y timbre seductor.
  • Una ocasión única para disfrutar del magnetismo y la potencia vocal de la artista, en un exclusivo programa para voz y piano.
  • Al piano el reconocido maestro Vincenzo Scalera.

El recital del sábado 27 de febrero a las 19:00h en el Euskalduna Bilbao lo interpretará la poderosa mezzosoprano Anita Rachvelishvili.

La cantante, que debuta en ABAO, está considerada como la reina indiscutible de las mezzos dramáticas. Apadrinada por Daniel Barenboim y bendecida por Riccardo Muti como “la mejor mezzosoprano verdiana de la actualidad”, Anita Rachvelishvili es una intérprete requerida por los mejores teatros del mundo cuya actuación deja sin aliento a quienes tienen la fortuna de verla en vivo y en directo.

Intérprete de raza, galardonada con el Opera Awards 2020 como “Best Singer”, la georgiana posee una impresionante potencia vocal que acapara la actualidad por su fuerte instinto dramático y temperamento arrollador.

La crítica internacional dice de ella que “seduce al público con su voz exuberante y timbrada, amplio registro, intensa expresividad y magnética presencia escénica”.

El programa está marcado por piezas y arias que son significativas para la artista, donde explora la parte más dramática del repertorio de mezzosoprano y estará acompañada al piano por el conocido maestro italiano Vincenzo Scalera.

Comenzará el recital con grandes nombres del repertorio ruso con “Un corazón solitario”, “Noche” y “Reconciliación”, de Chaikovski, tres canciones dedicadas al amor y sus sufrimientos, a las que seguirán tres piezas de delicada melancolía: “Aquí se está bien”, “¡Oh! No te aflijas” y “No cantes más” de Serguéi Rajmáninov. Las piezas eslavas darán paso a “Siete canciones populares españolas” de Manuel de Falla, un alarde lleno de pasión, fuerza y expresividad.

La segunda parte comenzará con el italiano Francesco Tosti con “Non t’amo più” y “Tristezza”, que demuestra la versatilidad de la artista, y continuará con las famosas arias de Il Trovatore, “Stride la vampa” y Don Carlo, “Nel giardin del bello saracin ostello” de Verdi, una pieza de carácter lírico que exige agilidades donde la artista destaca por la explosión brillante de sus medios vocales. Concluye el programa con el aria “Mon coeur s’ouvre à ta voix” de Samson et Dalila, donde Rachvelishvili transmite toda la fuerza, el intimismo y la intensidad de seducción de la ópera de Saint-Saëns.

Pedro Halffter, la ebullición creativa del maestro y compositor

  • Experto en el esplendor del repertorio alemán.
  • Sus actuaciones destacan por su sensibilidad emocionante y compleja.
  • Una sorprendente y personal interpretación a piano de la magnífica producción wagneriana.

El director de orquesta y compositor Pedro Halffter, considerado el director español de referencia en el repertorio wagneriano, y que la temporada pasada dirigió un magnífico Der fliegende Holländer en ABAO, actuará en la Sociedad Filarmónica el 13 de marzo a las 19:00h.

Halffter, celebrado y aplaudido en el mundo de las artes donde destaca por su enorme y compleja sensibilidad, y aclamado como uno de los directores más importantes del repertorio sinfónico de su generación, nos invita a un viaje emocionante por las páginas más famosas del repertorio wagneriano, con un programa para piano que incluye piezas de Parsifal, Der fliegende Holländer, Götterdämmerung, Rienzi y Tristan und Isolde.

El maestro hará una breve introducción comentada a cada pieza, aportando un importante valor añadido al excepcional programa, y transmitiendo de forma completa el impulso creativo y la originalidad de la obra de Richard Wagner.

La fusión vocal de Carlos Álvarez y Rocío Ignacio

  • Barítono y soprano en perfecta simbiosis que revela los territorios artísticos en el que destacan ambos artistas.
  • Un programa extenso con dúos y arias de conocidas óperas.
  • Al piano el maestro bilbaíno Rubén Fernández Aguirre.

El recital del dúo formado por el carismático Carlos Álvarez una de las voces más bellas de barítono lírico verdiano de las últimas décadas, y la versátil Rocío Ignacio una de las sopranos más destacadas de su generación, intérpretes muy queridos por el público bilbaíno, se celebrará el 17 de abril a las 19:00h en la Sociedad Filarmónica.

Álvarez e Ignacio, poseedores de una dilatada y contrastada carrera profesional, darán muestra de su desenvoltura escénica y gran personalidad a través de un programa extenso, con dúos y arias de óperas tan conocidas como: Henry VIII, Louise, Hamlet, Turandot, Zazà. Paggliacci, Un ballo in maschera, Simon Boccanegra e Il Trovatore.

Acompañados al piano por el maestro vasco Rubén Fernández Aguirre, darán muestra de su dominio, elegancia, sabiduría dramática, fusión vocal y lírica conmovedora.

Fundación BBVA: impulso al conocimiento científico y cultura

La Fundación BBVA, cuyo rasgo diferencial es el impulso al conocimiento tanto científico como cultural, articula su programa de Música como un recorrido completo por las distintas formas en que la sociedad puede beneficiarse y disfrutar de esta manifestación artística. Así, promueve la creación de obra nueva con encargos de composición y hace posible su preservación y difusión por medio de grabaciones en colaboración con sellos e intérpretes de primera línea.

Fomenta la música en directo a través de ciclos de conciertos que, de forma gratuita, ponen al alcance del público ensembles y solistas de referencia en el repertorio contemporáneo. Organiza ciclos de conferencias y edita publicaciones para comprender mejor el trabajo de ciertos autores o sumergirse en el estudio de determinados períodos compositivos y lleva a la práctica proyectos de investigación y creación altamente innovadores con las Becas Leonardo en Música y Ópera.

Organiza simposios especializados sobre gestión de orquestas, colabora con formaciones musicales y teatros de todo el país y reconoce la excelencia a través del Premio Fronteras del Conocimiento en Música y Ópera y el Premio de Composición AEOS-Fundación BBVA, en colaboración con la Asociación Española de Orquestas Sinfónicas.

Entradas a la venta

Las localidades para el recital pueden adquirirse con tarifas asequibles para todos los públicos: 15€ para los jóvenes Gazteam ABAO, 20€ y 40€ para los socios de ABAO joven y adulto respectivamente, y 30€-60€ precio de venta al público joven hasta 30 años y adulto.

Se pueden adquirir en las oficinas de ABAO, a través de www.abao.org y en el teléfono: 944 355 100

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La del manojo de rosas
Pablo Sorozabal
Libreto de Francisco Ramos de Castro y Anselmo Cuadrado Carreño
Estrenado en el Teatro Fuencarral de Madrid, el 13 de noviembre de 1934
Producción del Teatro de la Zarzuela
D. musical: Guillermo García Calvo
D. escena: Emilo Sagi
Escenografía: Gerardo Trotti
Vestuario: Pepa Ojanguren
Iluminación: Eduardo Bravo
Coreografía: Goyo Montero
Reposición coreográfica: Nuria Castejón
Orquesta de la Comunidad de Madrid Titular del Teatro de la Zarzuela
Coro Titular del Teatro de la Zarzuela
Director Antonio Fauró
Reparto: Ruth Iniesta, Carlos Álvarez, Vicenç Esteve, David Pérez Bayona, Sylvia Parejo, Ángel Ruiz, Milagros Martín, Enrique Baquerizo, César Sánchez, Eduardo Carranza, Joseba Pinela, Daniel Huerta, Alberto Ríos, Francisco José Pardo, Rodrigo Álvarez, Alberto Camón, Román Fernández-Cañadas, Francisco José Rivero.
Bailarines-figurantes: Begoña Álvarez, Cristina Arias, Ariel Carmona, Lara Chaves, Emmanuel Chita, Sarah Croft, María Ángeles Fernández, Alberto Ferrero, Antonio Gómiz, Rafael Lobeto, María López, Helena Martín, Xavi Montesinos, Daniel Morillo, Luis Romero, Esther Ruiz, Lara Sagastizabal, Natán Segado, Rosa Zaragoza.Estrenada en el Teatro Fuencarral hace 86 años, La de manojo de rosas refleja el Madrid moderno de los años treinta, con los modos y modas más característicos y novedosos de la época. La presencia e importancia del papel de la mujer, representadas por los personajes de Asunción y Clarita, y una hilarante crítica social que no ha perdido actualidad desde entonces. Esta producción de Emilio Sagi, que se estrenó en este teatro hace ya tres décadas, es además, la más viajada y representada en España. Ha llegado incluso, y con gran éxito, a los escenarios de París y Roma. Pero siempre ha tenido un especial vínculo con el Teatro de la Zarzuela.El director del Teatro, Daniel Bianco, opina que esta producción de Sagi marcó un antes y un después en las escenografías del género. Ciertamente está llena de actualidad, es elegante y funcional y representa ese Madrid castizo y atemporal que refleja cualquier momento y lugar de la ciudad. Una calle cualquiera y real de Madrid, como encargó Sagi a su escenógrafo Gerardo Trotti, representa y acoge a todos sus personajes, perfectamente reflejados y descritos por un ingenioso y brillante Pablo Sorozabal, gran conocedor de la realidad social y de como representarla a través del carácter de sus personajes.

Sobre el escenario todo fluye con gran naturalidad y acierto. Es una obra entretenida y dinámica. Se intercalan los números como en un musical. Bailes, diálogos, dúos y romanzas se suceden con una frescura que hacen que las dos horas sin descanso se hagan cortas.

El director musical Guillermo García Calvo hace milagros con los 23 maestros que pueden estar en el foso. Una lástima no poder disfrutar de toda la orquestación, pero el rigor de García Calvo al frente de la Orquesta sabe generar las atmósferas que contiene la obra, que no son pocas, y llenar de lirismo los momentos más intensos vividos por los protagonistas.

El barítono Carlos Álvarez, que debutó con esta producción en 1990 con este mismo personaje de Joaquín, fue el auténtico dominador de la escena durante toda la noche. Se notaba que para él estaba siendo un momento especial, profundo y evocador, que logró transmitir al público. La nobleza de su canto, su perfecta dicción y fraseo, su hermoso timbre y su dominio del drama le hicieron protagonista de los momentos más brillantes. Su interpretación de la romanza “Madrileña bonita”, llevó al público a pedir insistentemente un bis que se negó, pero que habría sido de justicia. Obtuvo los mayores aplausos de la noche, de manera merecida.

La soprano aragonesa Ruth Iniesta debutaba el rol de Ascensión, después de haber sido Clarita en este mismo teatro. La evolución de su voz es indudable. Ha ganado en volumen y musicalidad y, aunque le falta un poco de naturalidad en la interpretación, su Ascensión estuvo a la altura de las circunstancias.

La Clarita de Sylvia Parejo estuvo llena de frescura y desparpajo. Se nota su paso por el teatro musical por sus buenas dotes interpretativas. Hizo buena pareja con David Pérez Bayona, un correcto Capó, algo menos suelto sobre escena. Ambos vienen del Proyecto Zarza, que tan buenos resultados está dando.

El personaje más entrañable y que, aunque a veces lo parezca, no está sobreactuado, sino ajustado, es el Espasa de Ángel Ruíz. Su extraordinaria dicción, necesaria para entender su retaila de palabros absurdos, y sus tablas en escena, hacen que este personaje sea uno de los más originales queridos.

El resto de comprimarios estuvo a gran altura. Los experimentados y bien conocedores de la obra Enrique Baquerizo, como Don Daniel y Milagros Martín, como Doña Mariana, poseen una profesionalidad y buen hacer que son una garantía para este teatro y para el género. Muy bien también el Ricardo de Vicenç Esteve, el otro pretendiente de Ascensión, que prefirió dedicarse a la aviación.

Una noche especial en el Teatro de la Zarzuela, otra más. Con unos cantantes y un público con los sentimientos a flor de piel, por el momento tan especial que estamos viviendo y por que es Madrid la única ciudad europea donde se pueden tener este tipo de emociones. Afortunados somos.
Texto: Paloma Sanz
Fotografías: Javier del Real

La del manojo de rosas

Se adivinaba desde los primeros compases que esta volvería a ser una noche gloriosa en el Teatro de la Zarzuela. Y así fue. Ya en las dos funciones precedentes un duende había visitado el coliseo de la plaza de Jovellanos. Y en esta tercera, el público, extasiado por el prodigio que acababa de suceder en el escenario, premió al barítono Carlos Álvarez con largos aplausos y vítores. La razón: su imponente interpretación de ‘Madrileña bonita’ en la zarzuela ‘La del manojo de rosas’ de Pablo Sorozábal. Y el intérprete, que celebra estos días sus 30 años de carrera como solista, iniciada precisamente con esta histórica producción de Emilio Sagi, cedió finalmente a las peticiones de bis para abordar otra magistral versión de la popular romanza. Y a partir de ese momento, el delirio.

Miles de espectadores pudieron seguir el mágico instante en directo a través del canal de YouTube y la cuenta de Facebook del Teatro, donde ha quedado disponible para todo aquel que quiera volver a emocionarse.

Acompañaban al cantante en el reparto Ruth Iniesta, Vicenç Esteve, Ángel Ruiz, Milagros Martín, David Pérez Bayona, Sylvia Parejo, Enrique Baquerizo y César Sánchez entre otros cantantes y actores entre los que se encuentran siete integrantes del Coro Titular del Teatro de la Zarzuela.

Esta producción, la más emblemática, viajada y aplaudida del Teatro de la Zarzuela cuenta en su equipo artístico con el escenógrafo Gerardo Trotti, la añorada diseñadora de vestuario Pepa Ojanguren, el iluminador Eduardo Bravo y la coreografía, de cuya reposición se encarga Nuria Castejón, es del también desaparecido y admirado Goyo Montero.

El Maestro Guillermo García Calvo, director musical de la casa, ocupa el podio del foso en estas funciones al frente de la Orquesta Titular del Teatro de la Zarzuela -Orquesta de la Comuni­dad de Madrid-.

‘La del manojo de rosas’ estará en cartel hasta el domingo 22 de noviembre. ¡Y cuántas noches especiales por delante!

La del manojo de rosas

El Teatro de la Zarzuela emitirá en directo y en abierto a través de “streaming” la función de ‘La del manojo de rosas’ del jueves 12 de noviembre. La transmisión podrá seguirse a partir de las 20h00 (hora peninsular española) en el canal de YouTube, la cuenta de Facebook y la página web del Teatro.

Esta reposición de la conocida zarzuela de Pablo Sorozábal, obra maestra del género, no solo es la producción más emblemática y aplaudida del coliseo de la madrileña plazuela de Jovellanos, sino que además estos días conmemora los 30 años del montaje de Emilio Sagi, quien a su vez cumple 40 como director de escena.

En el podio del foso estará Guillermo García Calvo, director musical del Teatro, que tendrá a su cargo a la Orquesta de la Comunidad de Madrid -Titular de la casa-, a cantantes del Coro Titular del Teatro de la Zarzuela y a un reparto de campanillas encabezado por la soprano Ruth Iniesta en el papel de Asunción, el barítono Carlos Álvarez, que también celebra su debut como solista hace tres décadas en el estreno de esta misma producción en el papel de Joaquín que ahora vuelve a asumir, el tenor Vicenç Esteve como Ricardo, o los jóvenes intérpretes Sylvia Parejo y David Pérez Bayona en los roles de Clarita y Capó respectivamente.

Teatro de la Zarzuela:

YOUTUBE

https://www.youtube.com/c/TZARZUELA

FACEBOOK

https://m.facebook.com/TeatroZarzuela/?locale2=es_ES

WEB

http://teatrodelazarzuela.mcu.es/es/

Emilio Sagi

‘La del manojo de rosas’, la producción más emblemática y popular del Teatro de la Zarzuela, cumple 30 años. En su estreno fue muy bien recibida por el público y la crítica, y así ha seguido siendo durante las tres décadas transcurridas desde entonces. No es fácil adivinar la suerte que en el futuro le espera a un montaje teatral. Se puede intuir si funcionará. Si gozará de la aprobación del público. Pero no saber a ciencia cierta si con el paso de los años (de muchos años) seguirá levantando telones y pasiones. Esto último es precisamente lo que le ocurre a la producción que el director de escena Emilio Sagi presentó en septiembre de 1990. La composición de Pablo Sorozábal con libreto de Francisco Ramos de Castro y Anselmo Cuadrado Carreño es en sí misma irresistible, y la propuesta escénica de Sagi llegó para marcar la diferencia: un antes y un después en los planteamientos teatrales del género. Un regalo para el público que sigue conservando la frescura y la alegría.

El Teatro de la Zarzuela revivirá estos éxitos con doce funciones entre el 10 y el 22 de noviembre, que servirán para celebrar los 30 años de su montaje más aplaudido, de la producción que más ha viajado. Varias generaciones de cantantes, artistas, técnicos y público han participado o disfrutado del que es ahora el título más conocido de Pablo Sorozábal y el que él mismo ha vinculado de forma especial con el recinto de la calle Jovellanos.

El acontecimiento de esta nueva reposición servirá también para evocar los 40 años de carrera que el director de escena cumple también este año.

Y como no hay dos sin tres, con estas presentaciones viviremos otra extraordinaria conmemoración: la de los 30 años de carrera como solista del barítono Carlos Álvarez, uno de nuestros grandes intérpretes líricos de las últimas décadas, que comenzó precisamente con el estreno de esta producción. Y para celebrarlo, qué mejor que volver a meterse en la piel del personaje con el que comenzó todo: Joaquín, ese falso mecánico.

Los ingredientes son muchos para que esta nueva presentación de ‘La del manojo de rosas’ sea una fiesta de las que difícilmente se olvidan. Pero aún hay más: el Maestro Guillermo García Calvo, director musical de la casa, ocupará el podio del foso al frente de la Orquesta Titular del Teatro de la Zarzuela -Orquesta de la Comuni­dad de Madrid-, del Coro Titular del Teatro de La Zarzuela y de dos repartos extraordinarios.

La más emotiva y emocionante

Emilio Sagi no es ajeno a la emoción. La siente profundamente y sabe que estos días tienen algo nuevo, distinto: “Para mí cada reposición ha sido como la primera vez. Es tremendamente emocionante ver cómo los personajes van adquiriendo vida. Y ahora —a pesar de los malos tiempos que nos toca vivir— verlos renacer me hace pensar, me lleva a sentir que en esta ocasión no se trata de una reposición más, sino de la más emotiva y emocionante de las reposiciones al cumplirse 30 años de aquella primera vez…”

No en vano, ‘La del manojo de rosas’ tiene, por muchas razones, un significado muy especial para él. Fue su primer trabajo de zarzuela en España —ya había montado ‘La Revoltosa’ y ‘La verbena de La Paloma’, pero curiosamente había sido en La Habana y Buenos Aires—. Aunque fue un encargo del entonces sobreintendente de este teatro, José Antonio Campos, con este montaje se acercaba más, si cabe, a la figura de su tío Luis Sagi Vela, para quien Sorozábal, Ramos de Castro y Cuadrado Carreño, crearon expresamente el personaje de Joaquín.

Y como todo en estas jornadas son emociones a flor de piel, Guillermo García Calvo no le anda a la zaga a Sagi. Para el director de orquesta ‘La del manojo de rosas’ es una obra “llena de poesía. De melodías y armonías sencillas capaces de expresar las más variopintas emociones”. El maestro sostiene que Sorozábal “tiene el raro talento de que cualquier nota que escribe le suena ‘carismática’. La inspiración musical, la chispa del libreto y lo perfectamente retratados que están los personajes… Todo eso se transmite al público desde el primer compás –añade– y hace que la obra sea entrañable y cercana. Después de venir a verla vamos a estar más enamorados de la vida”.

Repartos de fuste

Los dos repartos que intervienen en esta sexta presentación del montaje en el Teatro de la Zarzuela (donde se ha podido disfrutar en 1990, 1991, 1999, 2004, 2013 y ahora en 2020) están cargados de artistas de fuste.

En la piel de Ascensión, florista soñadora y moderna, orgullosa de su origen obrero que no quiere oír hablar de amores más que con un hombre de su clase, se meterán en esta ocasión las sopranos Ruth Iniesta (que en la reposición de 2013 en La Zarzuela asumió el papel de Clarita) y Raquel Lojendio. El personaje de Joaquín, ese joven señorito que simula ser mecánico y que pretende a aquella, será interpretado por Carlos Álvarez (que como se ha visto regresa así al rol que le vio nacer como primer cantante y que le regaló sus primeros éxitos) y por el también barítono Gabriel Bermúdez. Vicenç Esteve encarnará a Ricardo, aviador que también bebe los vientos por la chica de ‘El manojo de rosas’, y que por ello está en constante disputa con Joaquín. En contraste con este conflicto amoroso a tres bandas, surge otro entre Clarita –una coqueta y «superculta» manicura–, Capó –aprendiz de mecánico– y Espasa –camarero del bar de la plaza–. Aunque novia del primero, ella se deja querer por el segundo para así poner a prueba el cariño de Capó. David Pérez Bayona y Joselu López y Sylvia Parejo y Nuria Pérez, darán vida a Capó y a Clarita; se da el caso de que los cuatro intérpretes son asiduos participantes en esa valiosa iniciativa del Teatro que es Proyecto Zarza, y alguno de ellos ya ha hecho sus radiantes pinitos en grandes producciones de pasadas temporadas. Por su parte, del pomposo y divertido Espasa se encargará el polifacético cantante y actor Ángel Ruiz.

Y llegados a este punto, hay que hacer un merecido inciso, ya que la madre de Joaquín, Doña Mariana, estará interpretada por Milagros Martín, una de las artistas que en las últimas tres décadas más ha pisado las tablas del Teatro de la Zarzuela. En la primera reposición del montaje de Sagi, en 1991, ella era Asunción (papel que representó durante años) y Carlos Álvarez su pretendiente. Ahora, en la presentación de 2020, son madre e hijo.

Completan el reparto Enrique Baquerizo y César Sánchez como Don Daniel y Don Pedro, padres de Ascensión y Joaquín respectivamente; los actores Eduardo Carranza y Joseba Pinela, los integrantes del Coro Titular del Teatro, Daniel Huerta, Alberto Ríos, Francisco José Pardo, Rodrigo Álvarez, Alberto Camón, Román Fernández-Cañadas y Francisco José Rivero; además de 19 bailarines-figurantes.

En cuanto al equipo artístico, lo rematan el escenógrafo Gerardo Trotti, la añorada diseñadora de vestuario Pepa Ojanguren, el iluminador Eduardo Bravo y la coreografía, de cuya reposición se encarga Nuria Castejón, es del también desaparecido y admirado Goyo Montero.

Larga vida viajera

A nadie se le escapa que con ‘La del manojo de rosas’ Emilio Sagi, realizó uno de los mejores trabajos de su larga y muy productiva carrera. En todos estos años ha llevado la producción a otros doce escenarios del país —Valencia, Málaga, Oviedo, Bilbao, Santander, Barcelona, Sevilla, Jerez de la Frontera, San Sebastián, Valladolid, Santiago de Compostela, Pamplona—, así como a otras dos capitales europeas —Roma y París—, y siempre ha cosechado éxitos de público y crítica por igual. Porque, como los autores explicaron en su estreno en 1934, “el sainete debe ser como un reflejo sentimental y gracioso de la vida popular”, aclarando que cambia lo externo: atuendo, diálogo, lugar de acción, “aunque los sentimientos del pueblo no varían”.

‘La del Manojo de Rosas’, que ya cuenta con más de 85 años (se estrenó en el Teatro Fuencarral de Madrid el 13 de noviembre de 1934), es el título que mejor refleja el Madrid moderno de aquellos años. Después de todo, esa fue la intención de Sorozábal, «hacer una música, sencilla, espontánea, garbosa, que tuviera salero y sentimiento, con sabor popular». Es el momento en el que las mujeres tuvieron la libertad de aprender y de decidir, así lo muestran en escena Ascensión y Clarita, dos chicas sacadas de uno de esos ateneos femeninos del momento, ya sea el Lyceum Club o La Cívica, porque hablan de sus sueños y deseos sin sentimentalismos, y dicen con claridad lo que saben y lo que piensan.

La Zarzuela es, en definitiva, como todas las artes, algo vivo que evoluciona con los autores que viven en la Sociedad; eso se refleja en la adaptación de sus obras a cada época y lugar. En ese sentido, ‘La del Manojo de Rosas’ sirve de modelo de una época, la República, en la que se fusionan géneros musicales e ideologías en un Madrid cambiante y moderno. Y esta producción de hace “solo 30 años” ya se ha convertido en el mejor legado del escenario del Teatro de la Zarzuela al Madrid de entonces y de ahora.

Y todo con las más extremas medidas de seguridad.

Carlos Álvarez

Si por algo destaca el barítono Carlos Álvarez, además de por su hechizante cercanía, es por tener una de las grandes carreras internacionales de la lírica de los últimos tiempos. Por poner ejemplos, se recuerdan como memorables sus actuaciones en Don Carlo con Lorin Maazel en el Festival de Salzburgo; ‘Otellocon Sir Colin Davis en el Barbican Center de Londres, ‘I Pagliacci’ con Riccardo Chailly en el Concertgebouw de Ámsterdam o en ‘Don Giovanni’ con Riccardo Muti en La Scala de Milán. Sus interminables compromisos por todo el mundo –Milán, Salzburgo, Viena, Turín, Génova, Verona, Tokio, Nueva York o Londres– pasan el lunes 17 de diciembre (20h00) por uno de sus teatros predilectos, el Teatro de la Zarzuela que le vio nacer como artista, y donde abrió la presente temporada como protagonista de la celebrada producción de ‘Katiuska’.

El barítono malagueño estará acompañado al piano por Rubén Fernández Aguirre, maestro entre maestros de los pianistas de repertorio, y músico de cabecera en los recitales de buena parte de los grandes cantantes españoles. Y si no fueran pocos los alicientes, el concierto contará con la participación especial de la soprano Leonor Bonilla, conocida por el público de La Zarzuela por su intervención en ‘La Gran Duquesa de Gerolstein’ o por su brillante participación en la ópera ‘Marina’ que cerró temporada en 16/17, y pese a su juventud, deslumbrando ya en los grandes coliseos nacionales e internacionales.

El programa del recital, tercera propuesta de la presente temporada de Conciertos del Teatro de la Zarzuela tras The Paco de Lucía Project y Concha Buika, está cimentado en dos ejes que sirven como pilares de una realidad: el amor del cantante por la música española en cualquiera de sus manifestaciones. La primera parte Álvarez la dedica a canciones de Joaquín Rodrigo (‘Cuatro madrigales amatorios’) y de Miquel Ortega, unánimemente ensalzado por crítica y público por su sorprendente ópera ‘La casa de Bernarda Alba’ estrenada el pasado mes en este mismo teatro. De Ortega, precisamente, se incluye un estreno absoluto compuesto expresamente para este concierto: el dúo ‘Despertar con los vencejos’ sobre versos de Andrés Martorell, asimismo escritos para la ocasión.

La segunda parte la componen íntegramente romanzas de zarzuela. Obras de Moreno Torroba, Alonso, Nieto, Giménez, Luna o Guridi, servirán de muestra para volver a poner de manifiesto la contundente luminosidad de nuestro patrimonio.

Katiuska

Después de una temporada, la 17/18 complicada, el Teatro de la Zarzuela inauguraba la 18/19 con una expectación y glamour más propia de la Escala de Milán, pero en castizo.

Nadie quiso perderse el acontecimiento que empezaba con un cartel de relumbrón. Katiuska, de Pablo Sorozábal. Tras 37 años de ausencia en el teatro de la calle Jovellanos, llegaba con un reparto a la altura de cualquier teatro de ópera de primera fila: Ainhoa Arteta, que actúa solo dos días, Carlos Álvarez, cuya ausencia estas temporadas del Teatro Real nos está permitiendo verle a menudo en su faceta más zarzuelera, y Jorge de León.

Katiuska se estrenó en Barcelona en 1931 y pocas son las ocasiones en las que se volvió a representar. Esta vez se recupera el “canto de la tierra”, que desapareció en la grabación del 58 con Pilar Lorengar y Alfredo Kraus. El maestro Sorozabal, antes de morir, revisó la obra y mostró su deseo de que este fragmento volviese a interpretarse.

Y es en esta ocasión, y de la mano del maestro Guillermo García Calvo, cuando se representa casi en su totalidad, puesto que han sido eliminados para esta versión algunos de sus diálogos. El resultado es una obra breve, pero ágil y con ritmo.

Dice García Calvo que encuentra en las obras de Sorozábal una cercanía, poesía, franqueza y cariño que no aparecen en ningún otro repertorio. Algo que nos tendría que hacer sentir muy orgullosos. Se ambienta en la Revolución Rusa de 1917 y está llena de números cómicos, casi surrealistas, perfectamente alternados con músicas románticas de gran lirismo que describen el triángulo amoroso entre los tres protagonistas. Perfectamente instrumentada, cuenta con gran variedad de colores e instrumentos que describen lugares y situaciones, como las mandolinas que aportan el color ruso.

La escenografía de Daniel Bianco y dirigida por Emilio Sagi, evoca un montaje cinematográfico inspirado en los años 30 en los que se estrenó Katiuska y en las divas de la época, más princesas que actrices, cuando el cine presentaba a sus protagonistas con vidas ideales que ayudaban a salir de la rutina a un público entregado a sus ídolos. Se trataba de un gran marco lleno de escombros, los del régimen zarista. Una escenografía vistosa pero un poco austera para o que Sagi acostumbra. No faltó, claro está, uno de sus elementos fetiche, la luna.

Ainhoa Arteta, con una impresionante presencia escénica, interpreta una princesa Katiuska elegante y glamurosa. Destacó por sus pianos.

Carlos Álvarez está en un momento vocal extraordinario. Empezó algo destemplado pero fue el gran triunfador de la noche con ese timbre baritonal tan atractivo que dotó de gran personalidad a su personaje de Pedro Stakof.

Jorge de León lució su poderosa voz en un papel difícil, aunque breve, como príncipe Sergio.

Los comprimarios estuvieron a gran altura dando una clase magistral de interpretación y saber estar en un escenario, y sin perder un ápice de calidad cuando les tocaba cantar o bailar. Antonio Torres como Bruno Brunovich, Milagros Martín como Olga, la joven novia de Boni, el asistente del coronel interpretado por Emilio Sánchez. Enrique Baquerizo dio vida a un hilarante Amadeo Pich, el viajante catalán vendedor de medias. Y Amelia Font como Tatiana, tía de Boni y dueña de la posada. Espléndido también el Coro del Teatro,

En definitiva, una noche de música y teatro para disfrutar que nadie se debe perder.

La tempestad

El Teatro de la Zarzuela continua con su labor de rescate de ese patrimonio musical español tan poco valorado. En esta ocasión, y tras Maruxa, llega “La tempestad”. Obra del maestro Ruperto Chapí que fue estrenada en la Zarzuela el 11 de marzo de 1882. Durante veinte años se programó con regularidad antes de desaparecer, hasta el día de hoy. Una de las principales razones de esta ausencia sobre los escenarios puede estar en la necesidad que tiene esta obra, debido a sus exigencias vocales, de seis grandes intérpretes. Y aquí está el primer esfuerzo y acierto del Daniel Bianco, director del Teatro de la Zarzuela. Ha reunido para esta tempestad nada menos que a Carlos Álvarez, José Bros, Mariola Cantarero, Ketevan Kemoklidze, Carlos Cosías y Alejandro López.

El siguiente desafío ha venido de la necesidad de ofrecer La tempestad en versión concierto pues, como el propio Bianco afirma “no siempre disponemos del presupuesto o el tiempo suficiente para programar lo que queremos”. Pero, ¿cómo se hace una zarzuela en versión concierto? Los diálogos en escena que caracterizan este género, en el que no solo se canta, carecen de sentido en una versión de concierto. Y este punto también ha sido bien resuelto por Bianco. Se encargó al reconocido dramaturgo Alberto Conejero una versión del texto de Miguel Ramos Carrión. El resultado no ha podido ser más eficaz. Conejero ha trasladado el peso explicativo de los diálogos a un narrador, al mejor posible. Juan Echanove cuenta la historia desde el interior de uno de los personajes, Mateo. Y lo hace creando una atmósfera dramatúrgica en la que la escenografía aparece ante el espectador sin necesidad de más elementos que su voz y su forma de narrar, “No es recitar, no es interpretar, no se de que manera pero tengo que cantarlo”. Y su voz suena a música al lado del resto del reparto.

Para completar los aciertos de esta tempestad se ha contado con el mayor experto chapiniano en la actualidad, el director Guillermo García Calvo. Una partitura como esta, que tiene ya las influencias musicales de la época y que se detectan claramente en alguno de sus pasajes, requiere de un exacto conocimiento y lectura. El inicio de la obra presenta efectos instrumentales inspirados en Wagner, concretamente en el Holandés errante, con sus trémolos de cuerda y sus relámpagos. El saxofón, una novedad en ese momento, es claramente de influencia francesa. Como las arias de inspiración verdiana del barítono o del sexteto final. Todo ello sin que deje de reconocerse una partitura musical muy española. Este, junto con la capacidad teatral de Chapí, son los valores que García Calvo ha sabido leer en esta partitura y ha conseguido de la Orquesta un sonido homogéneo, lleno de detalles y de fluidez entre orquesta, narrador y cantantes.

Carlos Álvarez interpreta al malvado Simón en esta misteriosa zarzuela. Sus generosos y profundos graves crearon el Simón que evoluciona hacia el tormento que el autor describe. El barítono se encuentra en un momento vocal extraordinario. Su timbre verdiano es como un guante de seda en esta obra. El público vibró con su interpretación.

El tenor José Bros, como Beltrán, demostró la calidad de su instrumento desde su primera aria, “Salve costa de Bretaña”. La extraordinaria agilidad de su voz, aunque dice estar más cerca ya del tenor lírico que del lírico ligero, sigue intacta. Sedujo con su timbre pulido y un fraseo y línea de canto excepcional.

Teníamos ganas de volver a escuchar en la Zarzuela a Mariola Cantarero. Su personaje de Ángela, hijastra del malvado Simón, estuvo cargado de intención y delicadeza. Su timbre cálido y la elasticidad de su voz para filar y crecer hicieron las delicias del público.

La mezzosoprano Ketevan Kemoklidze es la primera georgiana que canta en el Teatro de la Zarzuela. Cada vez es más habitual que cantantes extranjeros se interesen por nuestro repertorio. Interpreta el personaje de Roberto y lo llena de nobleza y fuerza interpretativa.

El tenor Carlos Cosías es Mateo. Un joven vivaz que Cosías interpreta con decisión, gracia y buen gusto, y una dicción envidiable.

El bajo mexicano Alejandro López da vida al juez que, con toda solemnidad, se encarga de desvelar los misterios de la obra.

Otro personaje principal de esta tempestad es el coro. Chapí maneja muy bien en todas sus partituras la parte coral. En esta obra describe todo el ambiente dramático y adquiere un papel protagonista interactuando con los cantantes, sobre todo acompañando los concertantes que fueron ovacionados por un público a esas alturas entregado. Siempre empastado y mostrando en el coro de mujeres el optimismo que reina después de la tempestad.

La tempestad

El Teatro de la Zarzuela cumple una labor fundamental en la preservación, estudio y recuperación de nuestro patrimonio lírico. Y es por esta razón básica e imprescindible, entre otras de idéntica valía, que la programación de ‘La tempestad’ (melodrama fantástico en tres actos) se convierte en uno de los acontecimientos felices de la presente temporada. La obra de Ruperto Chapí, con libreto de Miguel Ramos Carrión, fue un clásico entre los clásicos, cumbre indiscutible de la creación del músico de Villena, que permaneció en cartel durante décadas, y que encumbró al compositor a la categoría de líder musical de su época. Y después, la repetida historia de siempre: sorprendentemente cayó en el olvido. Nació en el Teatro de la Zarzuela el 11 de marzo de 1882, y ‘murió’ en este mismo escenario un mes de noviembre de 1927, hace ahora algo más de 90 años. Por esta razón, el viernes 16 de febrero (20h00), y el domingo 18 (18h00) serán dos días claves para nuestra lírica, ya que la obra volverá a subir al escenario en que se estrenó hace 136 años, esta vez en versión de concierto y con adaptación libre del laureado dramaturgo Alberto Conejero.

Dirigida por el maestro Guillermo García Calvo, sin ninguna duda uno de los directores españoles más sobresalientes y requeridos en la actualidad, una de las razones que seguro abocaron a esta obra al olvido, además de la necesidad de una gran orquesta, es la dificultad extrema que supone para los cantantes abordar una partitura repleta de desafíos para sus cuerdas vocales. Para ello, para llegar a buen puerto (y nunca mejor dicho), es indispensable contar con un sexteto especialmente cualificado, y el Teatro de la Zarzuela ha reunido a un reparto de primer nivel internacional para la ocasión.

Así, la mezzosoprano georgiana de Tiflis, Ketevan Kemoklidze interpretará el papel de Roberto el pescador, enamorado de Ángela, huérfana tras la confusa muerte de su padre cuando aún era una niña, cuyo crimen no resuelto, como se verá, golpea la cabeza del misterioso asesino en una espiral de remordimiento. La huérfana amada, interpretada por la soprano Mariola Cantarero, corresponde a las mil maravillas el cariño llano y sincero de Roberto. El barítono Carlos Álvarez da vida a Simón, ese viejo avaro que tras aquel asesinato, cuyo mayor sospechoso fue un joven que se embarcó el mismo día con destino a las Indias, se erige como tutor de Ángela creando todo tipo de recelos, y que entra en rivalidad con Beltrán, encarnado por el tenor José Bros, un hombre que, precisamente, llega de las Indias como traído por los fantasmas, y que, en contra de aquel, ampara la relación y el desposo de los dos jóvenes. El juez que recuerda el crimen e impone la ley estará cantado por el bajo mexicano Alejandro López, y el de Mateo el pescador, pieza clave para la resolución de la trama, por el tenor Carlos Cosías.

Otro de los alicientes de esta Tempestad es la participación del actor Juan Echanove, que en la recreación de Conejero también se mete bajo la piel de Mateo, que precisamente es quien, pasados los años, va rememorando todos los acontecimientos que se le clavaron en la memoria como una estaca espinada. La Orquesta de la Comunidad de Madrid, Titular del Teatro, y el Coro Titular del Teatro de la Zarzuela, completan el cuadro artístico de esta histórica y doble recuperación.

La importancia de ‘La tempestad’
‘La tempestad’ supuso en su día una auténtica revolución conceptual en cuanto a lo que entonces se suponía que debía ser una zarzuela. Como en su día recordaba el musicólogo Luis Iberni: “Chapí adaptaba la zarzuela a las nuevas realidades musicales europeas que él conocía bien”. Hasta entonces, “nunca se había visto una zarzuela con tales exigencias canoras dado que demandaba un potente quinteto de voces como cualquier título de ópera”. El profesor Emilio Casares señala al respecto que ’La tempestad’ “pasó a ser un clásico y se mantuvo en cartelera durante decenios. En efecto, se oyó por décadas en toda la hispanidad, interpretada por las mejores voces de nuestra lírica”.

Casares afirma, complementando aquella fundada reflexión de Iberni, que Chapí, en 1882, “estaba preparado para dar a España una obra de tanta transcendencia, con la que muestra lo aprendido en Europa, y, sobre todo, propone un camino alternativo a la ópera y a la zarzuela tradicional en el propio escenario del Teatro de la Zarzuela: una ópera vestida con forma de zarzuela, por tener extensos “hablados”.

En cuanto a la valía de ‘La tempestad’ el musicólogo es categórico: “Hoy, después de tanto camino recorrido por la musicología, tenemos pocas dudas de que ‘La tempestad’ es uno de los más grandes monumentos de nuestra historia lírica. Por ello resulta tan difícil entender el olvido que se ha cernido sobre ella”. Y ahora, después de 90 años de silencio, el público tiene la oportunidad de volver a disfrutarla en el mismo escenario que la vio nacer y ‘desaparecer’.

Mademe Butterfly en el Festival de Peralada

Al igual que el pasado año con Turandot, el Festival de Peralada ha optado por otro título pucciniano, Madama Butterfly, con un gran triunfo para su protagonista la soprano albanesa Ermonela Jaho, en la interesante propuesta escénica de Joan Antonio Rechi, situada en un devastado Nagasaki por la explosión de la bomba atómica. Programada para los días 7 y 9 de Agosto. La segunda representación tuvo que ser suspendida al final del Acto I, debido a una intensa y persistente lluvia.

A comienzos del Siglo XX, Giacomo Puccini (Lucca, 1858-Bruselas, 1924) era ya un compositor de gran prestigio a nivel internacional. Sus óperas Manon Lescaut (1893), La Bohème (1896) y Tosca (1900) habían conseguido grandes éxitos. Sin embargo, el estreno de su siguiente ópera Madama Butterfly, en el Teatro alla Scala de Milán, el 17 de febrero de 1904, fue un rotundo fracaso, a pesar de la presencia de magníficos cantantes: Rosina Storchio como Butterfly, junto al Pinkerton de Giovanni Zenatello y el Scharpless de Giuseppe De Luca. Posiblemente, ese gran fiasco fue debido al poco tiempo de ensayos (la composición no estuvo concluida hasta fines de diciembre de 1903), y a la excesiva longitud del Acto II, que duraba alrededor de noventa minutos. Puccini realizó una revisión de la obra eliminando algunos pasajes del Acto I, dividiendo el Acto II en dos partes separadas por un amplio interludio orquestal, incluyendo una nueva aria para Pinkerton “Addio Fiorito asil” y también acortando la parte final de la ópera. La nueva versión fue estrenada con gran éxito en el Teatro Grande de Brescia el 28 de mayo de 1904.

Una tercera versión traducida al francés, fue estrenada en París, el 28 de diciembre de 1906, con nuevos recortes que afectaban fundamentalmente a la parte final de la ópera, realizados por Albert Carré, director de la Opera Comique, con el consentimiento de Puccini. Para el estreno en el Metropolitan de Nueva York, el 11 de febrero de 1907, Puccini volvió a utilizar la versión de Brescia, con pequeñas variaciones y contando con un imponente reparto que incluía la Butterfly de Geraldine Farrar, Enrico Caruso como Pinkerton y el Scharpless de Antonio Scotti. Giulio Ricordi realizó una edición, en 1907, en base a la versión parisina, que puede considerarse como la definitiva, con unos veinte minutos menos de música con respecto a la primera versión scalígera. Geraldine Farrar se convirtió en una Butterfly referencial, habiéndola interpretado en todas las temporadas del Metropolitan entre 1907 y 1922, compartiendo repartos, primero con Caruso y posteriormente con otros grandes tenores como Giovanni Zenatello (el primer Pinkerton), John McCormack, Hipolito Lazaro, Giovanni Martinelli y Beniamino Gigli. Otras famosas Butterfly de la época fueron Elisabeth Rethberg, Claudia Muzio y Lucrecia Bori.

Los años cincuenta y sesenta del pasado siglo constituyeron una época dorada para esta ópera, por la presencia de grandes Butterfly como Eleanor Steber, Renata Tebaldi, Victoria de los Angeles, Clara Petrella, María Callas, Renata Scotto, Leontine Price, Antonietta Stella, Pilar Lorengar y Monserrat Caballé. Victoria de los Angeles interpretó Butterfly muchas veces en teatro, desde que la debutase en el Metropolitan de Nueva York, en 1951, habiendo legado dos excelentes grabaciones discográficas para EMI: en 1954 con Giuseppe Di Stefano y en 1959 junto a Jussi Björling, en ambos casos con la Orquesta de la Ópera de Roma, respectivamente dirigidas por Gianandrea Gavazzeni y Gabrielle Santini.

Renata Tebaldi también fue una magnífica Butterfly, que interpretó por primera vez en teatro, en el Liceu de Barcelona, en 1958, realizando ese mismo año una grabación para DECCA, junto al Pinkerton de Carlo Bergonzi, dirigidos por Tullio Serafin al frente de Orquesta de la Academia de Santa Cecilia. Renata Tebaldi interpretó Butterfly sobre todo en Metropolitan neoyorkino, manteniéndola en su repertorio hasta 1961. María Callas fue una ocasional Butterfly aportando su vocalidad y extraordinario talento dramático, debutando el papel en una grabación para EMI, en 1955, junto a Nicolaï Gedda y la gran dirección orquestal de Herbert von Karajan al frente de la Orquesta del Teatro alla Scala, y ese mismo año interpretando en la Ópera de Chicago sus tres únicas representaciones en teatro junto al Pinkerton de Giuseppe Di Stefano.

En los años sesenta, irrumpió con gran fuerza la Butterfly de Renata Scotto, que reunía belleza vocal junto a una gran creación escénica, y que interpretó por primera vez en el Teatro Colón de Buenos Aires, en 1964, manteniéndolo en su repertorio durante más de veinte años con unas últimas representaciones en el Metropolitan, en 1987. Su grabación para EMI de 1966, resulta verdaderamente referencial, con el excelente Pinkerton de Carlo Bergonzi (mucho mejor que en su grabación con Tebaldi), junto al magnífico Sharpless de Rolando Panerai, y la extraordinaria dirección de Sir John Barbirolli al frente de la Orquesta de la Ópera de Roma. En 1974, y en una grabación para DECCA, Herbert von Karajan volvió a retomar esta partitura, al frente de la Filarmónica de Viena, en una suntuosa versión con la gran Butterfly de Mirella Freni (no la cantó nunca en teatro), junto al deslumbrante Pinkerton de Luciano Pavarotti y la magnífica Suzuki de Christa Ludwig.

El pasado diciembre pudo verse en la inauguración de la temporada en el Teatro alla Scala, la primera versión de Butterfly, con dirección orquestal de Riccardo Chailly, y cuya disponibilidad en internet permite establecer las diferencias con la versión más reducida que habitualmente suele escucharse. En el reparto intervenía la soprano uruguaya María José Siri como Butterfly, junto a dos de los interpretes que hemos podido escuchar en Peralada: el Pinkerton del tenor norteamericano Bryan Hymel y nuestro Carlos Álvarez como Scharpless.

La Madama Butterfly representada en Peralada es una coproducción de este festival y la Deutsche Oper am Rhein, que fue estrenada hace unos meses en la ciudad alemana de Duisburg (Renania del Norte-Westfalia), con la dirección escénica del andorrano Joan Anton Rechi. La escenografía de Alfons Flores sitúa la acción en el consulado estadounidense de Nagasaki, en un suntuoso salón con altas columnas clásicas en cuya pared de fondo puede verse una gran bandera de EEUU. Una plataforma giratoria permite el desplazamiento, por momentos, de elementos escénicos como el elegante despacho del cónsul Scharpless, o de los numerosos personajes que aparecen en escena durante la ceremonia de la boda entre Butterfly y Pinkerton, e incluso, la aparición del lecho nupcial donde ambos interpretan el precioso dúo final del Acto I. Seguidamente, puede escucharse el ruido del motor de un avión y un estruendoso sonido que reproduce el estallido de la bomba atómica sobre Nagasaki, pudiéndose ver la destrucción del consulado cuyas columnas se van desplomando a base de magníficos efectos visuales preparados por el diseñador de iluminación Alberto Rodriguez.

También, puede verse a modo de observatorio, una tosca plataforma que jugará un papel importante en todo el final de la ópera. Sin duda, esta escenografía puede resultar interesante desde el punto de vista dramático para resaltar la tragedia física y moral en la que está sumida Batterfly, desde la partida-abandono de Pinkerton, después de la boda. Cabe señalar flagrantes incongruencias entre texto cantado y espacio escénico, cuando Butterfly manda a Suzuki a buscar flores en ese árido lugar, o cuando Pinkerton comenta que después de tres años el paisaje no ha cambiado. Resultan bien resueltos los movimientos escénicos de los numerosos personajes en el transcurso del Acto I, produciéndose momentos de gran belleza cuando la figura de Butterfly aparece totalmente rodeada de blancas sombrillas.

Resaltar el diseño de vestuario a cargo de Mercé Paloma, donde se mezcla el mundo occidental y oriental: los elegantes y adecuados trajes de Pinkerton y Scharpless o el tradicional kimono que porta Butterfly, en comparación con la vestimenta occidental de sus parientes y amigos, que en el caso de los figurantes masculinos se combina con esos típicos moños que lucen en sus peinados. Buena dirección escénica de Joan Antón Rechi, quien consigue extraer el máximo de teatralidad a las actuaciones de cada uno de los personajes y en especial de la protagonista.

Madama Butterfly presenta claras influencias wagnerianas, con la inclusión de cantidad de motivos recurrentes dentro de un brillantísimo entramado orquestal en el que las voces se insertan como un instrumento más. También contiene muchos pasajes de una evanescente y colorista música impresionista. Por tanto, se trata de una ópera que requiere una buena orquesta, cuyo director sepa plasmar los múltiples detalles de esta riquísima partitura. En este caso, la prestación de la Orquesta Sinfónica de Bilbao no pasó de discreta, con una dirección a cargo del maestro israelí Dan Ettinger poco refinada, con tendencia a un excesivo volumen sonoro y sin conseguir dar realce a los muchos momentos donde la partitura adquiere unas dimensiones de intenso lirismo, como la entrada en escena de Butterfly o el gran dúo conclusivo del Acto I. Aceptable el sonido de maderas, metales y percusión, junto a una irregular prestación de la cuerda. Resultó incomprensible la interrupción del sonido, cuando se estaba ejecutando el preludio del Acto III, que así quedó dividido en dos partes.

Ermonela Jaho ha hecho de Butterfly su papel más paradigmático desde que lo interpretase por primera vez en Filadelfia, en 2009. Ya pudo escucharse su magnífica interpretación en El Liceu, en 2013, y muy recientemente, los pasados meses de junio y julio en el Teatro Real de Madrid. Sin poseer la contundencia vocal, que el personaje requiere en el Acto II, y sobre todo en todo el final de la ópera, ofrece una muy matizada interpretación, sacándole el máximo partido expresivo a cada palabra y a cada frase cantada. Durante el Acto I, mostró esa claridad tímbrica que requiere la ingenua y frágil Butterfly, de solo quince años, realizando una gran interpretación de “Ancora un passo” en un crescendo concluido con la frase “son venuta al richiamo d’amor, d’amor” rematado con un imponente Re5.

Ofrece toda una lección interpretativa en el precioso dúo con Pinkerton al final del Acto I. Ya, en el Acto II, realizó una extraordinaria y matizada interpretación de la famosísima aria “Un bel di vedremo”, emitiendo bellos filados; y, mostró gran capacidad para el canto de conversación en su largo dúo con Sharpless, dotando de un tremendo contenido dramático a frases como “Due cose potrei far: tornar a divertir la gente col cantar…oppur, meglio, moriré”, cuando Scharpless le plantea la posibilidad de que Pinkerton no regrese. Su interpretación en todo el final de la ópera, resultó impresionante, con esa demoledora frase recitada “Con onor muore chi non può serbar vita con onore” para continuar con el aria “Tu, tu, Piccolo iddio”, a la que dotó de patéticos acentos, mostrando de nuevo su magnífico registro agudo. Situada en toda esa escena final sobre esa plataforma antes mencionada; en el momento del suicidio se le cayó al suelo la daga, teniendo los suficientes recursos para resolver la situación. Ermonela Jaho se implicó de tal manera en su personaje, que incluso saludó al público sollozando.

El tenor norteamericano Bryan Hymel, mostró una voz de gran poderío y atractivo tímbrico en la franja aguda, que pierde brillantez en los registros central y grave. Su presencia escénica muestra la faceta más arrogante y canallesca del seductor Pinkerton. Todo ello se pone de manifiesto en su dúo inicial con Sharpless, y cuando canta de manera desenfadada el aria “Amore o grillo, dir non saprei”. Sin embargo, su prestación decae en el gran dúo final del Acto I, con un canto escaso de matices en comparación con la exquisita interpretación de Ermonela Jaho. Ya, al final del dúo, ambos juntas las voces emitiendo un Do4, bien proyectado hacia delante por la soprano y que al tenor se le queda más atrás. Su mejor intervención se produjo en el aria “Addio Fiorito axil”.

Magnífico el Sharpless de Carlos Álvarez, elegante y lleno de nobleza, mostrando su bella vocalidad y gran interpretación escénica, que va matizando, primeramente, en su dúo inicial con Pinkerton al que acompaña en su malévolo juego. Ya, en el Acto II, en ese gran dúo con Butterfly, donde muestra su gran dominio del canto de conversación con un incisivo y contrastado fraseo. Brillantísima resulta su intervención en el precioso trío “Io so che alle sue pene” junto a Suzuki y Pinkerton, donde la voz del barítono malagueño se impone a las otras dos. En el dúo que sigue con Pinkerton “Non ve l’avevo detto?” vuelve a ofrecer su excelente línea de canto finalizando su intervención con la solemne y matizada frase “Andate, il triste vero da sola apprenderà” . En suma, una gran interpretación de Carlos Álvarez.

La mezzo Gemma Coma-Alabert perfiló una Suzuki de gran lirismo y fuerza expresiva, que se da cuenta desde el principio de la mala conciencia de Pinkerton. Muy bien en el Acto II, en sus puntuales intervenciones bien conjuntada con Ermonela Jaho, y que tiene su culminación en el conmovedor dúo de las flores. Viçens Esteve realizó una buena interpretación del interesado e histriónico casamentero Goro. Excelente el joven barítono Carles Pachón en su breve intervención como el príncipe Yamadori.

La actuación del Coro del Liceu, fue mejorando en el transcurso de la representación, resultando discreta en la entrada escénica de Butterfly, mejorando en el precioso “O Kami! O Kami!, y consiguiendo su mejor prestación en el famoso “Coro a boca cerrada”, que cierra el Acto II.

Texto: Diego Manuel García Pérez
Fotografías: Toti Ferrer

Castell de Peralada

Ha sido un espectáculo muy emotivo con cinco grandes voces de la lírica internacional compartiendo el escenario del Auditori del Parc del Castell: Sondra Radvanovsky, Eva-Maria Westbroek, Marcelo Álvarez, Carlos Álvarez y Ambrogio Maestri. Los cinco son amigos y compañeros de profesión y menos Ambrogio Maestri, que ha debutado en Peralada, el resto son amigos del festival en el que han actuado en varias ediciones. Han mostrado una gran compenetración en sus actuaciones a dúo y sobre todo en el último bis La traviata, de Verdi, en la que han intervenido los cinco. Durante la Gala lírica se han escuchado piezas como la apertura Sois Immobile, de Rossini, Signore, v’assista il cielo!, de Verdi, Vissi d’arte, de Puccini o una pieza de autor que nunca se ha interpretado al festival: Ah! Tout est bien fini … Ô Souverian … de Massenet.

Los bises, que han tenido una duración de 30 minutos han sido: Falstaff / “El onore” “de Verdi, interpretada por Ambrogio Maestri. Carlos Álvarez ha cantado “La del soto del Parral / Romanza de Germán (Los cantos alegre… Ya mis horas felices”) de Soutullo y Vert. En su turno, Marcelo Álvarez, ha cantado La taberna del puerto / Romanza de Leandro (No puede ser) de Sorozábal. I could have danced all night de My Fair Lady fue el bis de Sondra Radvanovsky y Eva Maria Westbroek ha cantado “Ebben, ne andro lontana” de La Wally, de Catalani.

Con la Traviatta, de Verdi y los cinco artistas ante el público, el escenario se ha iluminado de fiesta y ha bajado el confeti por todo el auditorio mientras se escuchaban bravos y repiques de pies desde las gradas dando una gran aprobación a la Gala.

Acompañados por una gran amiga del festival: la orquesta Sinfónica de Barcelona y Nacional de Cataluña (OBC), dirigida por Daniele Rustioni, la gala ha estado conducida por Ángel Llàcer. El director escénico ha sido, Albert Estany.

 

Otello

Memorable la representación de Otello que tuvo lugar el día 1 de agosto, en la presente edición del Festival Castell Peralada. Una incierta metereología, propiciaba mirar de continuo el cielo ante la presencia de nubarrones -de hecho, la noche anterior había descargado una fuerte tormenta- que podían presagiar lluvias con la consiguiente suspensión de la representación. Afortunadamente, pudo contemplarse este Otello verdaderamente magnífico a nivel musical y escenográfico. En esta nueva coproducción, encargo de los Festivales de Peralada y Macerata, el murciano Paco Azorín, como director escénico, hace girar toda la acción alrededor del perverso y manipulador Yago, magistralmente interpretado por Carlos Alvarez, cuyo absoluto dominio escénico ya se pone de manifiesto en los prolegómenos de la representación, moviéndose como un auténtico “maestro de ceremonias”, atento a todos los detalles, incluso, instando al responsable de la luminoctécnia a cambiar el gran rótulo del espectáculo “Otello de Giuseppe Verdi”, por “Yago de William Schakespeare”.

Azorín muestra su predilección por el dramaturgo inglés, al insertar, de manera muy acertada en el contexto de la acción, sus bellísimos sonetos 43 y 138, cuyos textos proyectados sobre la cortina del escenario introducen los Actos II y IV. La escenografía diseñada por Paco Azorin, resulta de absoluta sencillez consistente en dos grandes bloques macizos, que van tomando diferentes posiciones y, por momentos, encajan una empinada escalera central. Los bloques tienen rampas que permiten a los personajes situarse en diferentes planos dramáticos. Los efectos escénicos se complementan con diversas proyecciones diseñadas por Pablo Chamizo: un mar embravecido por la tormenta en el arranque de la ópera, y en cuyo final ese bello mar se muestra en total calma, como fondo de los inertes y entrelazados cuerpos de Otello y Desdemona ya unidos por toda la eternidad.

También, ese sauce que ambienta la canción de Desdemona, que va perdiendo sus hojas, convirtiéndose en un siniestro bosque, conforme la escena va derivando hacia su trágico final, o ese infernal fondo rojizo en el desarrollo del intenso y dramático dúo de Otello y Yago, al final del Acto II. Y, cuando Yago va introduciendo en Otello el demonio de los celos, puede verse proyectada en sombras las siluetas de Desdemona y Cassio conversando, imagen que manipulada por Yago hace creer a Otello en la relación amorosa de ambos. El atractivo diseño de iluminación a cargo de Albert Faura, completa esta acertada puesta en escena. El vestuario diseñado por Ana Garay resulta intemporal y de color negro en las vestimentas de todos los personajes, en contraposición con el blanco inmaculado que siempre luce la ingenua e inocente Desdemona.

En el caso de Yago, y para plasmar su doble juego a lo largo de la obra, podemos verle con una chupa de cuero, típica de un motero macarra, que cambia por su uniforme oficialista cuando está en presencia de Otello.

Notable prestación de la Orquesta del Liceu, con una detallada dirección de Riccardo Frizza, diferenciando planos sonoros, buscando establecer tensiones y conjugando los momentos de mayor impacto sonoro al comienzo de la ópera, con otros de intenso lirismo, como la música que introduce y acompaña el dúo de Otello y Desdemona al final del Acto I, o el bellísimo tema musical sobre las palabras de Desdemona “Dammi la dolce, lieta parola del perdono”, que va reapareciendo en el transcurso del cuarteto Otello-Desdemona y Yago-Emilia (ambas parejas situadas en diferentes planos dramáticos) del Acto II. Resultó bien ejecutada la introducción orquestal de fuerte aliento sinfónico del Acto III. Buena prestación de las diferentes secciones orquestales, aunque con unos metales, por momentos, un tanto desajustados.

Gregory Kunde se ha convertido en los últimos años en un Otello de referencia, siguiendo la estela de otros grandes interpretes de este personaje: Francesco Merli, Ramón Vinay, Mario del Monaco, el recientemente desaparecido John Vickers y Plácido Domingo. Por su cuidado fraseo y total respeto a todas las notas escritas por Verdi, el Otello interpretado por Kunde tiene semejanzas con el de Vickers, aunque sin poseer el registro grave que exhibía el gran tenor canadiense.

Por otra parte, resulta verdaderamente insólito que Gregory Kunde sea capaz de cantar con diferencia de pocos días el Otello rossiniano en el Teatro alla Scala, cuya última representación tuvo lugar 24 de julio, y el Otello verdiano en Peralada, el 1 de agosto. Ya resulta imponente su heroico “Esultate” al comienzo de la ópera, en contraposición con el lirismo que ofrece en su interpretación del intenso dúo con Desdemona “Già nella notte densa”con el que finaliza el Acto I. Ya, en el Acto II, su gran interpretación de “Tu? Indietro! Fuggi….Ora e per sempre addio”, junto al dramático dúo con Yago “Oh! Mostruosa colpa…… Sì, pel ciel marmoreo giuro” lleno de heroicos acentos. Su extraordinaria y matizada interpretación de “Dio! Mi potevi scagliar”, en el Acto III, donde luce un impecable fraseo, su capacidad para el canto legato, las medias voces y unos fáciles y rotundos agudos. Dosifica su caudal sonoro para llegar en óptimas condiciones al final de la ópera y cantar con patéticos y estremecedores acentos “Niun mi tema”. Junto a su excelente vocalidad, Gregory Kunde ofrece una gran actuación teatral.

Carlos Alvarez compone un excepcional Yago, conjugando su magnífica vocalidad con una extraordinaria actuación teatral. Se trata de un personaje que el gran barítono malagueño domina a la perfección, y que tuve la fortuna de escucharle cuando lo cantó por primera vez, con gran éxito, en el ya lejano otoño de 2002, en el Teatro de la Maestranza de Sevilla, con dirección musical de Jesus Lopez Cobos.

En esta representación de Peralada, Carlos Alvarez domina la escena desde los mismos prolegómenos de la representación, urdiendo su maléfica trama, que concluye al final del Acto III, poniendo su pie encima de un desvanecido Otello, con la despectiva frase “Ecco il leone”. Ya, durante el desarrollo del Acto I, eminentemente coral, Alvarez brilla teatralmente en sus duettos con Roderigo y Casio. En el Acto II, interpreta de manera espléndida el recitativo-aria “Vanne! La tua meta……Credo en un Dio crudel” donde muestra todo su nihilismo y maldad, con un fraseo lleno de intencionalidad y énfasis, sobre todo al final del aria “E poi? La morte è il nulla. È vecchia fola il ciel”. Destacar de sobremanera su sibilina interpretación de “Era la notte, Cassio dormia” intercalado en su largo dúo con Otello, concluido magistralmente cuando Alvarez y Kunde juntan sus voces “Si, pel ciel marmoero giuro”. En el Acto III su manipulador dúo con Cassio “Vieni, l’aula è deserta”, con la presencia en diferente plano dramático de un enloquecido Otello. Las incursiones de Eva-María Westbroek en variopintos repertorios: wagneriano, verista, pucciniano, verdiano, de Janacek, o Lady Macbeth de Shostakovich, empiezan a pasarle factura; y, sus poderosos medios vocales se ven afectados por un ostensible vibrato junto a cierta perdida de homogeneidad en la emisión. Ello se pone de manifiesto en su interpretación de Desdemona, sobre todo en los momentos de más delicado lirismo, como el gran dúo con Otello del Acto I, o en sus intervenciones durante el Acto II: dúo con Otello “D’un uom che geme” seguido del cuarteto “Se inconscia contro te, sposo, ho peccato”.

La soprano holandesa consigue sus mejor prestación en el Acto III, en los momentos de mayor empuje dramático: dúo con Otello “Dio ti giocondi, o sposo…..Esterrefatta fisso” y, sobre todo, en “A terra! Si, nel livido fango” marcado con patéticos acentos ante el desprecio y humillación a que es sometida por Otello. Ya en el Acto IV, controla mejor la emisión realizando una buena interpretación en “Piangea cantando nell’erma landa” (Canción del sauce), seguida del “Ave Maria”, piena di grazia”. Parece ser, que Eva-Maria Westbroek, no se encontraba en plenitud vocal y ello ya se puso de manifiesto en el ensayo general de Otello. Recuerdo su esplendida Sieglinde (una de sus grandes creaciones) de La Walkiria, en 2009, junto al Siegmund de Plácido Domingo, en el valenciano Palau de les Arts, que supuso su debut en España. Y, sobre todo, su extraordinaria creación de Lady Macbeth de Shostakovich en el Teatro Real de Madrid, en 2011, donde tuve ocasión de entrevistarla, en una muy agradable y distendida conversación realizada en español, donde mostraba su gran admiración por Renata Tebaldi. Escuchando una grabación en video de La forza del destino, en 2008, desde el Teatro de la Moneda de Bruselas, se puede constatar su magnífica creación de Leonora siguiendo el modelo de Tebaldi, y con bastante adecuación al llamado “canto verdiano”. Sin embargo, los siete años transcurridos no han pasado en balde.

Señalar también, en este Otello, la notable actuación como Cassio del tenor Francisco Vas, así como de Mireia Pinto en el papel de Emilia y Vicenç Esteve como Roderigo. Buena actuación del Coro del Liceu, bien dirigido por Conxita Garcia, con su gran protagonismo en el Acto I, o el magnífico concertante del Acto III. Finalmente, señalar la buena actuación -simplemente como actores- de los seis esbirros de Yago.

Texto: Diego Manuel García Pérez-Espejo
Fotografías: Miquel González / Shooting

Otello

Mucha era la expectación que había generado el estreno del Otello de Zubin Mehta y Davide Livermore en el Palau de Les Arts. Y oportuno y merecido el éxito que ha cosechado.
Mientras otros miran hacia dentro, sin encontrar nada, Les Arts pone fin a su magnífica temporada con una demostración de fuerza. Ni las amenazas de la crisis, ni las dificultades para conseguir recursos han sido un obstáculo para que Valencia haya ofrecido una importante temporada de ópera, que culmina con la brillantez de esta obra de producción propia.
Otello, la perfecta tragedia tramada por Giuseppe Verdi y Arrigo Boito, es una obra heroica e intensa con la que Verdi logra continuidad musical y dramática a través de sus intensos monólogos y dúos, más declamados que cantados, y con una orquestación que acentúa el dramatismo y la sutileza a lo largo de toda la obra.
La ópera da comienzo y transcurre con un gran despliegue de efectos visuales. El director de escena y de iluminación, Davide Livermore, sorprendió con su planteamiento escénico formado por una plataforma en espiral, con un núcleo móvil.
Sobre el mismo escenario se suceden todas las escenas, cada una definida por unas efectistas proyecciones, desde un mar embravecido a las íntimas estancias donde se desarrolla la tragedia y muerte de Desdémona. Aunque fueron precisamente las imágenes que ilustraron el crimen las menos afortunadas por quedar fuera de contexto.
Una escenografía cargada de simbolismo. Los celos, el resentimiento, la traición… representados por un gran agujero negro que los actores recorrían acercándose o alejándose del núcleo.
Y como maestro de ceremonias, un Zubin Mehta que, a pesar de llevar la obra en un tempo tal vez demasiado lento, desplegó gran variedad de matices en una pulcrísima dirección, más brillante en los momentos explosivos que en los delicados.
La Orquesta de la Comunidad Valenciana, merecidamente ovacionada, respondió con flexibilidad y soltura a las órdenes de la batuta, consiguiendo momentos de gran belleza, sobre todo por parte de las cuerdas, y alcanzando los efectos sonoros tan determinantes en Otello.
El tenor estadounidense Gregory Kunde, que llegó al Palau sustituyendo a Aleksandrs Antonenko, fue otra agradable sorpresa de la noche. Aunque para la voz de Otello me gusta un timbre más oscuro y menos rossiniano, el de Kunde fue un Otello sobresaliente. Sin pretender buscar sonoridades graves, que definen mejor al personaje, pero que él no posee, lo mejor fue la variedad de armónicos, sobre todo en las notas altas que atacó sin miedo. Lástima que al apianar su voz pierda consistencia. Pero dotó a su personaje de un emocionante dramatismo, sobre todo en el último acto y en la escena, cargada de simbolismo, en la que Yago repite como una sombra todos sus movimientos.
María Agresta, como Desdemona, fue de menos a más. Posee un hermoso timbre y una hábil capacidad de regulación de su voz. Construyó una Desdemona delicada, inocente y de gran sentimiento, aunque debe trabajar más la dramatización.
Otro de los atractivos de la noche era poder escuchar de nuevo, esta vez como el maquiavélico y traidor Yago, al barítono Carlos Álvarez. Su regreso a los escenarios está siendo cuidadosamente pausado.
Su voz no es la de antes. El volumen ha disminuido y evidenció dificultades en los ascensos. Pero su fraseo, su nobleza sobre el escenario, su canto elegante y un primer y segundo actos en los que su instrumento sonó firme y lleno de musicalidad, dejan la puerta abierta a una evolución vocal innegable. Visiblemente emocionado recibió una gran ovación.
Marcelo Puente, como Cassio, y sobre todo Cristina Faus como Emilia, resolvieron con mucha dignidad sus papeles.
Muy bien el Coro de la Comunidad Valenciana. Potente y bien desenvuelto por el escenario. Más discreta fue la actuación del coro infantil, Escolania de la Mare de Déu dels Desemparats, manifiestamente mejorable.
Escelente la dirección de actores. Verdi tiene la dificultad de sus grandes cuadros escénicos, con multitudes sobre el escenario que no siempre son fáciles de gestionar. En esta ocasión Davide Livermore realiza una excelente dirección actoral. El equilibrio sobre el escenario es permanente, también cuando éste se llena de coro, soldados, cantantes, niños… No es fácil mover tanta gente en una superficie tan irregular, pero Livermore lo consigue.
El vestuario, del propio Livermore, redondea el empaque de los personajes, sobre todo de Otello y Yago. Aunque confieso que no entendí bien el peinado del coro de mujeres.
En definitiva, un Otello que, con toda su carga dramática, está lleno de frescura, de luz y de talento sobre y tras es escenario.

OTELLO
Giuseppe Verdi (1813-1901)
1 de junio de 2013
Ópera en cuatro actos
Libreto de Arrigo Boito. Basado en el drama homónimo de W. Shakespeare
D. musical: Zubin Mehta
D. escena iluminación: Davide Livermore
Videocreación: D-WOK
Nueva producción del Palau de Les Arts Reina Sofía.
Gregory Kunde, Carlos Álvarez, María Agresta, Marcelo Puente, Cristina Faus, Mario Cerdá