El próximo 25 de octubre el Teatro Real inaugura la segunda temporada de Flamenco Real, consolidando así la presencia del flamenco en su Salón de Baile, con una programación más amplia y diversificada.

Esta segunda edición es un homenaje a la gran bailaora, coreógrafa, actriz y maestra Cristina Hoyos, musa de la danza española en los últimos 50 años. Su influencia se podrá percibir en varios de los jóvenes bailaores que participarán en la programación del ciclo.

Otro gran nombre del baile español, Sara Baras, acompañará el ciclo en esta segunda temporada, así como Antonio Canales estuvo presente en la pasada edición, clausurándola con una actuación el pasado mes de julio.

De los 18 espectáculos de la temporada anterior se ha pasado a 30 en la presente, con actuaciones los viernes al anochecer, en lugar de los miércoles, que pasarán a figurar entre las propuestas de fin de semana en Madrid.

Esta segunda edición de Flamenco Real, con dirección artística y producción de SO-LA-NA, estará compuesta por 30 espectáculos de cante y baile protagonizados por reconocidos artistas, que representan distintas familias, escuelas y corrientes de un arte muy arraigado a la tradición, pero permeable a la personalidad de sus distintos intérpretes. Como ejemplo de esta diversidad podríamos citar a Eduardo Guerrero, Lucía Álvarez ‘La Piñona’, Marco Flores, Amador Rojas o Antonio Canales.

El Salón de Baile volverá a acoger los espectáculos de Flamenco Real a lo largo de toda su temporada, enriqueciendo ese espacio mítico con el patrimonio artístico español, en el marco de la política de apertura del Teatro Real a estilos y lenguajes diversos, fomentando el diálogo entre diferentes formas de expresión.

El público podrá acceder al Salón de Baile del Teatro Real a partir de las 20.30 horas, horario en que se abrirá la puerta de la Calle Felipe V.

Entre las 20.30 y las 21.00 horas los asistentes serán recibidos con la degustación de un vino español de la bodega Juan Gil, colaborador de Flamenco Real desde su lanzamiento. La actuación tendrá lugar a las 21.00 horas y al término de la misma, los espectadores que deseen podrán disfrutar de la compañía de los artistas y acercase así, de manera personalizada, al mundo del flamenco. Las empresas patrocinadoras de Flamenco Real en su segunda edición son: Grupo Ership, Herbert Smith Freehills, Juan Gil, Leader Land y Grupo Index, junto a otras grandes empresas que se incorporarán como patrocinadores a lo largo de la temporada.

Fotografía: Javier del Real

El Gato Montés 1

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Llegaba de nuevo la ópera española “El Gato Montés” a los escenarios del Teatro de la Zarzuela para celebrar los cien años de su composición. Y lo hacía bajo la dirección de escena de José Carlos Plaza y la musical de Ramón Tebar, para dar vida a la partitura de Manuel Penella.

Sin duda lo más valioso de la obra de Penella es una música llena de matices y con una carga dramática que potencia la fuerza de los personajes. Todos ellos muy españoles: toreros, bandoleros, gitanas, hechiceras… Todo un conjunto de personalidades que describen, junto con la música, el folklore español más identificable. No resulta fácil de interpretar esta obra, de gran exigencia vocal para los cantantes. Y tampoco es fácil para los directores de escena.

En esta ocasión, la producción de José Carlos Plaza ha estado enriquecida con las coreografías de Cristina Hoyos, que no solo ha creado los pasos de los bailarines, también ha llenado de vida los movimientos de los cantantes. Lo que ha dotado a toda la representación de la elegancia y tradición flamenca andaluza que la obra de Penella rezuma.

La escenografía de José Carlos Plaza, que fue premiada en los desaparecidos Premios Campoamor, tal vez resulte demasiado austera. A excepción de elementos exagerados y suntuosos, como un enorme espejo barroco, que más bien parece una gran escultura funeraria, con toro y torero incluido. O el enorme rostro de una Dolorosa que ocupa por momentos la parte superior del escenario. El resto de la oscura escenografía la componen la acertada, aunque escasa, iluminación de Francisco Leal y, de manera sobresaliente, el vestuario de Pedro Moreno. Todo ello para mostrar el lado más oscuro y profundo de la España que la obra representa. Es interesante observar las similitudes que El Gato Montés tiene con la ópera Carmen, de Bizet. Concretamente la Carmen de Calixto Bieito que hemos visto recientemente en el Teatro Real y éste Gato montés coinciden en algo más que la oscuridad de sus escenas.

El papel de Soleá está representado en este primer reparto por la soprano alemana Nicola Beller Carbone. Se nota el esfuerzo por ofrecer una Soleá flamenca, con la ayuda de Cristina Hoyos, pero su personaje falla por una dicción deficiente. Casi imposible entender lo que decía, a pesar de haberse criado en España. Pero su interpretación fue muy meritoria.

El Gato Montés del barítono Juan Jesús Rodríguez tenía todos los atributos del bandolero andaluz. Un hombre valiente y capaz de matar y echarse al monte por la mujer que ama. Todo ello adornado con un interesante punto de nobleza que daba al personaje un atractivo especial. Su voz redonda, potente y cálida terminaron de vestir al personaje.

Rafael Ruiz, “El Macareno”, estuvo interpretado por un gran conocedor de éste papel, Andeka Gorrotxategi. El tenor vasco, que adorna casi todo su registro con un hermoso metal, abordó con soltura y solidez las zonas agudas y centrales de un Macareno un tanto estático sobre el escenario.

El cuadro de comprimarios estuvo a una gran altura. Desatacar un excepcional Miguel Sola, en el papel del padre Antón, tanto en lo vocal como, sobre todo, en la parte interpretativa. Impecable también, en el papel de Frasquita, Itxaro Mentxaka y Gerardo Bullón, como Hormigón. Siempre son una garantía en cualquier producción que afronten.

Resaltar la actuación del coro. No solo por su oficio, también supo ofrecer momentos de gran lirismo y belleza que fueron muy aplaudido por el público.

Al frente de la Orquesta de la Comunidad de Madrid un Manuel Tebar que supo ofrecer la mejor versión de una limitada orquesta. Consiguió recrear la atmósfera deseada por el compositor y ofreció una brillante versión de sus fragmentos más conocidos, como el pasodoble del segundo acto.

Una ópera española muy querida por un público que llena el Teatro de la Zarzuela en esta nueva e ilusionante etapa.