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En la segunda mitad del siglo XVIII Benjamin Franklin, tan aficionado a la música como a la ciencia o la política, pulió y sofisticó un instrumento formado por copas de cristal que unió a una base de madera y que emitía un peculiar sonido al rozar el borde de las copas con las yemas de los dedos. Había creado la armónica de cristal. Rápidamente se extendió el uso de este nuevo instrumento por los salones europeo interpretado, principalmente, por mujeres.La melodía y las atmósferas que creaba, hacían volar la imaginación de muchos de los que la escuchaban. Para algunos era calmante y para otros, excitante, hasta tal punto que algunos intérpretes y aficionados empezaban a sentir afectado su sistema nervioso, llegándose incluso a prohibir el uso de la armónica de cristal en algunas localidades alemanas.

Durante uno de sus viajes a Nápoles, Donizetti había descubierto este nuevo artefacto musical, quedando fascinado por su sonido. Unos años después, cuando inició la composición de Lucia di Lammermoor, pensó que éste sería el único instrumento que podría reflejar la angustia de la protagonista en la escena de la locura. Se decía entonces que algunos espectadores, especialmente susceptibles o sensibles, podían llegar a volverse locos al escuchar su sonido.

A tenor de lo ocurrido estos días en el Teatro Real, bien podría decirse que la influencia de la armónica de cristal ha tenido sus efectos. Pero más bien ha sido el efecto de las voces, dos repartos de altísimo nivel, los que han desatado la locura o, al menos, un especial entusiasmo entre el público. 17 años después de la última Lucia que interpretó Edita Gruberova en este mismo Teatro.

En esta producción de la English National Opera hemos podido disfrutar de la partitura casi en su íntegridad. Se han incluida el aria de la torre y el hermoso final en solitario de Edgardo. Las óperas de esta época fueron mutiladas en muchas ocasiones a la hora de ser representadas. Según Daniel Oren, por culpa de la genialidad de Verdi, “que llegó con esos efectos fulminantes en sus partituras que hicieron que el resto de compositores fueran relegados”. Lucia fue una de las pocas obras de Donizetti que no dejaron nunca de estar en el repertorio.

La escenografía de David Alden está situada en la época victoriana, cuando fue escrita la obra. En una sociedad paternalista y fuertemente dominada por el hombre. Donde la figura femenina apenas tiene presencia. Lord Enrico Ashton tiene una desesperación económica tal, que es capaz de vender a su propia hermana entregándola en matrimonio y salvar así la herencia familiar.

Alden ha presentado una escenografía excesivamente oscura, muy fría y tenebrosa. Demasiado minimalista en ocasiones. Alden es un hombre de teatro y ha recurrido al efecto de situar un escenario dentro del escenario. En él se representan algunos de los momentos más importantes de la obra, como la escena de la locura, que ocurre en medio de una representación. Tan solo el juego de luces de Adam Silverman rescata al espectador de la gama de grises que dominan la obra, creando un ambiente opresivo, junto a las pequeñas dimensiones de la escenografía. El vestuario de Brigitte Reiffenstuel pone el punto romántico y elegante en una escenografía pesada y agobiante.

Dos han sido los repartos encargados de esta producción. En el primero, una sorprendente Lisette Oropesa ha dado vida y brillo a Lucia. Un rol nada fácil, no solo por la dificultad de una partitura de gran exigencia vocal, también por el peso que arrastra un papel representado por las más grandes divas de la ópera. Oropesa maneja de manera impecable los tiempos, el vibrato, los trinos, el legato, el piano… Si hay algo en lo que debe profundizar es la teatralidad, pues el rol de Lucia es de un dramatismo extremo.

El Edgardo de Javier Camarena tuvo un acertado plus de romanticismo. Brilló en los agudos, que es su punto fuerte, y en los bellísimos legatos. El último acto, en el que es el protagonista, ya muerta Lucia, fue de un lirismo conmovedor. Mantiene una permanente luna de miel con el público de Madrid y la ovación final fue más que merecida.

El segundo reparto estuvo a cargo de Venera Gimadieva como Lucia. Tiene una técnica impecable, un bello timbre y un centro poderoso. No así los sobreagudos, que resultaron forzados. Bastante bien en el aria de la locura. Fue de menos a más en una muy buena interpretación. Le sobró un poco de frildad que impidió conectar con su Edgardo.

El mejor de la noche fue Ismael Jordi, como Edagardo. Su voz ha evolucionado en volumen y musicalidad. Domina el belcanto, emocionó con la delicadeza de sus pianos y su romántico fraseo. Un poco estirado y estático en escena.

El Enrico de Simone Piazzola sonó un poco tirante y leñoso. Bien en la interpretación de hermano autoritario y egoísta.
El coro, en su línea de brillantez. También en la interpretación en la que siempre es un personaje imprescindible.

La dirección de Daniel Oren, gran conocedor de repertorio italiano, resultó un poco pesada en algunos momentos, a pesar de sus enérgicos movimientos en el atril. Se le podía escuchar tarareando mientras saltaba en los finales de acto. Muy bien en los concertantes como quedó demostrado en un magnífico sexteto. Dirige excepcionalmente a los cantantes, de los que está pendiente sin agobiarles.

Un excelente final de temporada que deja en el público un muy buen sabor de boca. Tras una temporada en que las triunfadoras han sido las óperas menos conocidas, esta Lucia ha sido, sin duda, la mejor dentro del repertorio clásico, muy por encima de la preciosista La boheme y la torpe Aida.

Texto: Paloma Sanz
Fotografías: Javier del Real
Vídeos: Teatro Real

LuciaLammermoor

Lucia di Lammermoor llegará a 42 provincias españolas en plazas, centros culturales y recreativos, teatros, ayuntamientos, auditorios e importantes museos en las diferentes comunidades [Ver lista completa].

En la presente edición se han incrementado las pantallas al aire libre, instaladas en cerca de 30 espacios muy distintos, desde parques y jardines hasta plazas de toros.

En la Plaza de Oriente, delante de la fachada del Teatro Real, se instalarán 3 pantallas y se colocarán 2400 sillas.

Como en ediciones anteriores, Lucia di Lammermoor se retransmitirá gratuitamente para todo el mundo en Facebook Live, Palco Digital y Opera Vision. El youtuber Jaime Altozano comentará la retransmisión en tiempo real en Twitter con el hashtag #LocuraConLucia.

El sábado 7 de julio, entre las 10.00 y las 14.30 horas, el público podrá acceder a los espacios más emblemáticos del Teatro Real durante su tradicional Jornada de puertas abiertas.

En la misma mañana del sábado, a partir de las 11.30 horas, tendrá lugar en la Plaza de Oriente un flashmob de danza inspirado en El lago de los cisnes, en colaboración con el British Council y el Royal Ballet de Londres.

Todos los que deseen participar en la coreografía pueden practicar con el tutorial Dance in the City o venir a la Plaza de Oriente el sábado y seguir libremente a los bailarines.

Asimismo, hasta el próximo viernes a las 18.30 horas prosiguen, en la Sala Gayarre del Teatro Real, proyecciones de óperas y ballets con entrada gratuita hasta completar aforo.

El 8 de julio, domingo, a las 11.30 horas, se clausurará la gran fiesta de la ópera con la proyección gratuita, en la sala principal del Teatro Real, de una producción de Madama Butterfly procedente del Nuevo Teatro Nacional de Tokio, reafirmando la apuesta del Teatro Real por la unión de culturas, tras sus recientes convenios con Japón, China y los Emiratos Árabes Unidos.

Durante toda la Semana de la Ópera se están desarrollando concursos y sorteos para impulsar la participación ciudadana a través de la web y redes sociales del Teatro Real.

La Semana de la Ópera, enmarcada en la celebración del Bicentenario del Teatro Real, cuenta con el patrocinio de Telefónica, Endesa, Mutua Madrileña, Redexis Gas y la colaboración de RTVE e Hispasat.

La ópera Lucia di Lammermoor cuenta con el patrocinio de Telefónica.

Mientras se desarrollan las actividades la Semana de la Ópera y Lucia di Lammermoor triunfa cada noche en el Teatro Real, pueblos y ciudades de 42 provincias españolas se preparan para la retransmisión de la ópera, el próximo sábado, 7 de julio, a las 21.30 horas, que podrá ser seguida en Facebook Live a través de la url www.locuraconlucia.com. El youtuber Jaime Altozano comentará la retransmisión en tiempo real en Twitter con el hashtag #LocuraConLucia y se sortearán entradas entre los usuarios que cuenten su experiencia durante la retransmisión.

En esta cuarta edición de la Semana de la Ópera se han incrementado las retransmisiones al aire libre, con cerca de 30 pantallas instaladas en espacios tan diversos como la pista polideportiva de Alcampell, en Huesca (700 personas) o la Plaza de toros de Villanueva de Córdoba, con capacidad para 2500 personas; el Parque de las Almadabillas en Almería (400 personas) o los Jardines de Can Trobat de Garriguella, en Gerona (100 personas).

Importantes espacios como las plazas mayores de Segovia y Valladolid, la Plaza San Bruno en Zaragoza, la Plaza de la Iglesia en Alicante, el Paseo del Espolón en Logroño, o el Paseo de la Concha en Murcia, se unen a pequeños patios de centros culturales y ayuntamientos, o plazuelas de pueblos como Parcent (Alicante), Huetor Vega (Granada), O Grove (Pontevedra), Usagre (Badajós), Gilena (Sevilla), Villatobas (Toledo) o Las Pedrosas (Zaragoza). Algunas ciudades, como Orihuela, tienen dos puntos de retransmisión al aire libre, como la Plaza Ramón Sijé, en el casco histórico, y la Explanada Orihuela, en la costa.

Además de las pantallas al aire libre, una vez más se han unido a la retransmisión, auditorios, teatros, salas de cines y casas de cultura, con aforos muy variados. Pueblos tan pequeños como Labajos (Segovia), o Gotarredura (Ávila), con menos de 150 habitantes censados, ofrecerán Lucia di Lammermoor junto con museos como el Prado, el Thyssen, el Arqueológico Nacional, el Guggenheim de Bilbao o el Centro Niemeyer de Avilés.

Pero la Semana de la ópera ofrecerá el próximo sábado otras atractivas propuestas que comenzarán a las 10.30 horas, con una nueva Jornada de puertas abiertas y proseguirán, a las 11.30 horas, con el flashmob Dance in the City, organizado en colaboración con el British Council y el Royal Ballet de Londres ─que ofrecerá 6 funciones de El lago de los cisnes en el Teatro Real entre los días 18 y 22 de julio.

La programación refleja también los lazos de colaboración del Teatro Real con instituciones y eventos culturales a través de una activa política de convenios nacionales e internacionales, como los recientemente firmados con China, los Emiratos Árabes Unidos y Japón, este último en el marco del 150 aniversario de la firma del Tratado de Amistad, Comercio y Navegación entre España y Japón.

En el ámbito de estos acuerdos se ofrecerán en el Teatro Real las proyecciones de tres producciones procedentes de Japón: los ballets El cascanueces y El lago de los cisnes en la Sala Gayarre, y el domingo a las 11.30 horas, clausurando la Semana de la ópera, Madama Butterfly, de Giacomo Puccini en la Sala Principal, con entrada gratuita (convenio con el Nuevo Teatro Nacional de Tokio).

Esta cuarta edición de la Semana de la ópera cuenta con el apoyo de Telefónica (mecenas principal del Bicentenario), Endesa (mecenas energético del Bicentenario) y con el patrocino principal de Mutua Madrileña. Redexis Gas es patrocinador de la retransmisión, con la colaboración de RTVE. Telefónica es, además, el patrocinador de la ópera Lucia di Lammermoor.

‘LUCIA DI LAMMERMOOR’

Basada en la truculenta novela histórica de Walter Scott, The bride of Lammermoor, que Salvatore Camarano transformó en libreto, la ópera es el paradigma del melodrama romántico: emociones exacerbadas, amores imposibles, conflictos ancestrales, espacios espectrales, duelos, traiciones, locura, muerte…

Lucia es una joven huérfana, desequilibrada y soñadora, enamorada de Edgardo, enemigo de la familia, odiado por su hermano, que la incita a casarse con un noble adinerado para salvarlos de la ruina. Para ello, con la complicidad del capellán y las malas artes de su guardián, hace creer a Lucia que su enamorado la ha traicionado. Empujada a firmar el acta matrimonial, la joven, rota por el dolor y presa de la locura, asesina a su esposo en la noche de nupcias, enajenada en una especie de ensoñación angelical que culmina con su muerte y el posterior suicidio de su amado.

Con esta historia truculenta y el oficio y fecundidad característicos de Gaetano Donizetti ─que escribió la ópera en poco más de un mes─, la partitura fluye, arrolladora, alternando el trepidante ritmo del drama con largas suspensiones de la acción teatral, en las que los protagonistas expresan sus sentimientos con gran aliento expresivo y una escritura vocal llena de artificios, muchas veces en beneficio de la caracterización psicológica de los personajes. Así, la extrema dificultad de la coloratura y los registros agudos y endemoniados del papel de Lucia dan a su carácter un aura irreal y onírico, que inmortalizaron cantantes como María Callas, Leyla Gencer, Joan Sutherland o Edita Gruberova.

Para dar consistencia dramatúrgica a esta trama hiperbólica, el director de escena David Alden sitúa la ópera en un decadente sanatorio victoriano diseñado por el escenógrafo Charles Edward, que se inspiró en la antigua residencia del médico británico John Langdon Down, descubridor del síndrome de Down. En una atmosfera siniestra y claustrofóbica los dos hermanos mantienen una relación enfermiza, en la que todo parece suceder en un ambiente espectral, con reminiscencias de la literatura fantástica de Allan Poe.

El director de orquesta israelí Daniel Oren, gran especialista en obras belcantistas, estará al frente de un fantástico reparto encabezado por la soprano Lisette Oropesa, el tenor Javier Camarena, el barítono Artur Rucinski y el bajo Roberto Tagliavini y del Coro y Orquesta Titulares del Teatro Real.

Toda España podrá suspirar con la desdicha de Lucia di Lammermoor, dejarse llevar por sus quimeras y disfrutar de una noche del mejor belcanto, compartiendo sus experiencias con el hashtag #LocuraConLucia.

Juan Diego FLorez

Con Les Pêcheurs de Perles, Georges Bizet deja constancia, a través de su música, de las nuevas corrientes artísticas que se desarrollaban en Europa a partir de la segunda mitad del siglo XIX. La literatura, la pintura y, por supuesto la música, ponen de manifiesto una nueva estética.
El drame lyrique, género característico del Segundo Imperio francés, se distancia de los conflictos políticos y sociales para adentrarse en acontecimientos individuales y costumbristas. Frente a las grandes y complejas escenografías y multitudinarios tableux, el drame lyrique se centra en la intimidad de sus protagonistas y sus pasiones amorosas.
Con los pescadores de perlas, Bizet se adentra en el exotismo reinante en ese momento. Exotismo que desarrollará hasta llegar a Carmen.

Pocas son las ocasiones en las que se puede escuchar en Madrid al tenor peruano Juan Diego Flórez. La última ocasión en 2010, participando en I Puritani. También en versión concierto. Y es que resulta aún más difícil verle como actor.
Flórez siempre levanta gran espectación en Madrid y quedó una vez más de manifiesto al agotarse el papel en taquillas nada más ponerse a la venta.
Y Flórez no defraudó a su público, pero tampoco se puede calificar su actuación de extraordinaria ni redonda. Su instrumento continúa intacto, casi perfecto, y su voz sigue siendo ligera, aérea, homogénea, liberada, penetrante, aunque no se apreciaron esa noche los brillos metálicos en sus notas más agudas.
Sin embargo, estuvo lleno de inseguridades toda la primera parte. No estaba cómodo y se notaba.
Nada que ver con sus interpretaciones belcantistas. Y tal vez sea ese el motivo de su inseguridad. El rol del pescador Nadir no le permitió demostrar la habitual firmeza de su línea vocal.
El segundo y tercer acto fueron mejor solventados que el primero. Gracias sobre todo a los dúos con Patrizia Ciofi, donde se elevó su voz y su confianza.
Arriesgó lo justo Juan Diego Flórez en una noche que se esperaba, como en otras ocasiones, inolvidable, pero esta vez pareció quedar inconclusa. Siempre se espera mucho más de una de las mejores voces del panorama lírico internacional.

La soprano ligera Patrizia Ciofi, que parece estar en un eterno buen momento, ejerció, en su rol de sacerdotisa Léïla, la perfecta réplica a su compañeros de reparto. Su voz grande, a veces delicada, mostró alguna que otra estridencia y empiezan a notarse las carencias de una voz que se acerca, inevitablemente, a un desgaste evidente. Pero nada de esto impidió que lograse momentos grandiosos. Se mostró segura con su rol en todo momento, quizá excesiva en algunos gestos, pero su interpretación fue de las más aplaudidas.

Marius Kwiecien comenzó con graves problemas y no fue hasta el inicio de la segunda parte, cuando se advirtió al público de sus problemas de garganta. Aún así, y como siempre por deferencia, cumplió con su papel hasta el final. Una lástima no haber podido escuchar en su esplendor a este barítono polaco al que ya conocemos por sus recientes interpretaciones en el Real en Le nozze di Figaro, Eugenio Oneguin y Król Roger.

El breve papel de Nourabad, defendido por el joven bajo italiano Roberto Tagliavini, hizo que pasara casi inadvertido, si no fuera por su imponente presencia escénica. Pero proporcionó alguna pista de por qué es uno de los bajos más solicitados últimamente en los principales teatros.

El Coro, que recibió una merecidísima ovación por parte del público, sonó afinado, potente y a tempo en una más de sus magníficas actuaciones esta temporada. Es ya un protagonista imprescindible y reconocible en cada representación.

La dirección musical del israelí Daniel Oren resultó bastante discreta. La orquesta sonó lenta y excesiva, casi como sus gestos. Falta de delicadeza y del lirismo que requiere la partitura.

 

Georges Bizel (1838-1875)
28 de marzo, Teatro Real de Madrid
Ópera en tres actos en versión concierto
Libreto: Michel Carré y Eugène Carmon
D. musical: Daniel Oren
D. coro: Andrés Máspero
Léila: Patrizia Ciofi
Nadir: Juan Diego Flórez
Zurga: Mariusz Kwiecie,
Nourabad: Roberto Tagliavini