Fabio Parenzan

La famosa mezzosoprano italiana Daniela Barcellona regresa al escenario del Real para su debut como la maga Ulrica de la ópera de Verdi “Un ballo in maschera”, ópera que el próximo 18 de septiembre inaugura la nueva temporada lírica del coliseo madrileño. La cantante nacida en Trieste y aclamada como una de las grandes figuras de la lírica internacional en los teatros de ópera más importantes del mundo, vuelve al Teatro Real, con la que será su primera actuación operística tras su reciente éxito como solista de la Novena de Beethoven en el concierto de reapertura del mítico Teatro San Carlo, celebrado en la Piazza del Plebiscito.

Considerada como la mezzosoprano rossiniana de referencia de las últimas décadas, y una de las voces más importantes del circuito operístico internacional, tanto por su calidad vocal como por sus dotes escénicas, que la convirtieron en la primera cantante italiana galardonada con el prestigioso premio “Olivier Award”; Daniela Barcellona, que ha cantado bajo la batuta de maestros como Claudio Abbado, Colin Davis, Lorin Maazel, James Levin, Georges Prêtre, Kent Nagano, Valery Gergiev, Daniel Barenboim o Riccardo Muti, ha decidido seguir la evolución natural de su voz y en los últimos años ha incorporado nuevos roles a su repertorio. A su amplio catálogo de personajes ha añadido otros nuevos, como Baba la Turca en The rake’s progress de Stravinsky, su aplaudida Didon de Les Troyens de Berlioz, Santuzza (Cavalleria rusticana), Laura Adorno (La Gioconda) y los verdianos, Princesa de Éboli (Don Carlo), Ámneris (Aida) – tras su memorable interpretación en la Arena di Verona, la crítica italiana la saludó como “Grandissima Daniela Barcellona! Abbiamo finalmente trovato l’Amneris areniana che aspettavamo da anni!”- o la Mrs Quickly de Falstaff, rol que ha cantado en Chicago con Riccardo Muti, en la Opéra National de París, La Scala de Milán, Dutch National Opera de Holanda, la Staatsoper de Berlín con Daniel Barenboim y Zubin Mehta, o la primavera pasada en el Teatro Real de Madrid, en la nueva producción de Laurent Pelly.

Sus compromisos más inmediatos incluyen, de nuevo, Falstaff en Bruselas, su debut como Azucena (Il trovatore) en la Opéra National de París, y el Requiem de Verdi junto a la Staatskapelle Berlin y Zubin Mehta en la Staatsoper Unter den Linden y la Philharmonie de Berlín.

Fotografía: Fabio Parenzan

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Casi retirado del mundo de la composición, Giuseppe Verdi disfrutaba de la compañía de su esposa Giuseppina Strepponi en su laugar de reposo, Sant´Agata. Hasta allí se acercaban algunos amigos, entre otros, los Boito. Arrigo Boito y Verdi no habían tenido muy buena relación hasta ese momento, fue a raíz del éxito de Otello, otro acertado libreto de Boito, cuando iniciaron una amistad que se consolidó durante los últimos años del compositor, ambos compartían el amor por la música y la literatura.Boito hizo llegar a Verdi un boceto teatral de “Falstaff”, libreto basado en la obra de Shakespeare “Las alegres comadres de Windsor” y en “Enrique IV”. Quería animar al maestro a escribir una comedia, un género que Verdi no había vuelto a explorar desde hacía casi cincuenta años, tras el fracaso de “Un giorno di regno”, su primera incursión en la comedia que fue retirada al día siguiente de su estreno. Conocedora de la espinita que su esposo tenía clavada desde entonces, Giuseppina intentó, junto a Boito, animar al maestro en la aventura de componer una ópera buffa. Y así lo anunció durante una cena con el editor Ricordi, el maestro estaba escribiendo una nueva obra a sus 77 años. Al día siguiente, “Il Corriere della Sera” se hacía eco de la noticia, generando gran expectación entre sus seguidores.Verdi se enfrentaba así, junto a su amigo y libretista, sin prisas, sin presiones, con el sosiego de quien ya no tiene nada que demostrar, a la construcción de un personaje con el que llegó a empatizar lo largo de la composición. “El panzón”, como llamaban Verdi y Giuseppina a Falstaff, quedó terminado a mediados de 1892 y fue estrenada en el Teatro alla Scalla de Milan el 9 de febrero de 1893.Verdi acudía a todos los ensayos y no dejaba de dar indicaciones a músicos y cantantes, algo que sorprendía a todos, pues estaba próximo a cumplir los 80 años. El estreno fue todo un éxito y Verdi tuvo que salir a saludar en numerosas ocasiones. Pero Falstaff también había creado cierto desconcierto entre algunos seguidores del compositor. Su música no tenía nada que ver con las obras elaboradas hasta ese momento. Incluso se alejaba de Otello, que ya había supuesto una gran evolución musical. Después de Don Carlo, Verdi había hecho un gran esfuerzo para ser aceptado y responder a las críticas que le hacían sus detractores y ahora con Falstaff iba un paso más allá. Pero, a estas alturas, el maestro de Busseto era un personaje consagrado, no solo en el mundo de la ópera y en Italia, era admirado internacionalmente. Por lo que los reconocimientos a esta su última obra, fueron mayores que los desconciertos.

La principal novedad en la partitura de Falstaff reside en su estilo vocal y orquestal, y su nueva forma de recitar. Verdi abandonó por completo en esta obra el sistema de arias, no aparecen aquí las pasiones y dramas tan característicos de sus obras, representadas por esas arias de bravura. Tampoco aparecen las cabaletas, duetos y concertantes en una estructura llena de rigideces. El compositor elabora un sistema mucho más dinámico, donde la palabra tiene gran importancia a través de una escritura llena de riqueza y fuerza creativa. Se puede decir que da una vuelta de tuerca creando una ópera italiana brillante y llena de teatralidad, con una escritura orquestal compleja, con ensembles y conjuntos. Un personaje principal, dos más secundarios y un conjunto de comprimarios que van saliendo a escena con milimétrica exactitud. Se crea así una comedia donde el ritmo es fundamental y donde todos los personajes tienen un lugar insustituible en el engranaje de la obra.

El director de escena Laurent Pelly, ha sabido hacer una lectura muy adecuada del nivel teatral de esta ópera buffa. Ha diseñado dos espacios bien diferenciados, una tasca en la que Falstaff vive y prepara las intrigas junto a sus compinches Bardolfo y Pistola, y otro espacio, elegantemente favorecedor del enredo, donde vive y se desenvuelve la parte burguesa del reparto. El gran acierto de la escenografía de Laurent Pelly y Barbara de Limburg es su teatralidad, que faciliya las entradas y salidas de escena como si de un entremés se tratara, con una extraordinaria dirección de actores. La excesiva oscuridad de la escenografía estuvo a cargo de Joël Adam.

La dirección musical del joven Daniele Rustioni resultó muy eficaz y escrupulosa en su interpretación. Tal vez, a la vuelta de unos años, Rustioni se atreva a poner más intención y personalidad en esta obra. El entusiasmo que mostraba sobre el podio no se veía reflejado por la orquesta. Todo muy correcto, pero con poca chispa.

Falstaff es una obra coral. Sus numerosos personajes deben ser tan buenos cantantes como actores, y el elenco final, después de algunas bajas, es de un nivel extraordinario.

Roberto de Candia sustituía a Nicola Alaimo en el papel de Sir John Falstaff. De Candia defiende su personaje con bastante autoridad, un timbre homogéneo y una gran capacidad teatral. Su experiencia en el escenario y la intención que le da a su personaje, llenaron el escenario vacío en el que se encontraba en alguno de sus pasajes. Su Falstaff tiene el punto justo de comicidad, sin caer en lo caricaturesco. Es un Falstaff con su poquito de petulancia y fanfarronería, que se cree apuesto y gentil. Un Don Giovanni venido a menos que vive de sus recuerdos y con el que se acaba empatizando.

El Ford de Simone Piazzola tuvo una mayor carga histriónica. Su personaje no es vocalmente sencillo, pero Piazzola resolvió con fluidez los pasajes más complicados de su jocoso Ford.

Las alegres comadres de Windsor no lo tuvieron fácil en la parte escénica. Pelly las puso a todas a subir y bajar escaleras mientras cantaban. Una dificultad a añadir a su interpretación. Rebecca Evans fue una Mrs. Alice Ford llena de comicidad y gracia. Su emisión es limpia y directa y fue la más destacada vocalmente del grupo de comadres.

Daniela Barcellona, como Mistress Quickly, fue la más elegante y sofisticada, también en la línea de canto. Echamos un poco de menos esos maravillosos graves que posee. Hizo muy buena pareja con Roberto de Candia en los duetos que comparten.

Más desapercibida pasó en escena Maite Beaumont con su Mrs. Meg Page. No ocurrió lo mismo con Ruth Iniesta y su Nannetta, con una voz limpia, fresca y voluminosa que acompañaron al apocado Fenton de Joel Prieto, al que le cuesta recuperar el buen nivel que mostró en La flauta mágica de hace una par de temporadas en este mismo teatro.

El Dr. Caius de Chritophe Mortagne resultó algo esperpéntico, con una emisión algo forzada en su comicidad.

Mikeldi Atxalandabaso siempre es una garantía en lo vocal y, sobre todo, en la interpretación. Es un auténtico camaleón en el escenario. Su Bardolfo, un poco macarra de barrio, fue de lo más divertido de la noche. El mismo oficio demostró Valeriano Lanchas, compañero de correrías de Bardolfo y Falstaff. Con unos graves que resonaban con potencia y una muy buena interpretación.

Falstaff termina de manera magistralmente original, con una fuga interpretada por todos los protagonistas, incluido el coro (una vez más, magnífico), mientras un gran espejo refleja el patio de butacas a la vez que se escucha “Todo en el mundo es burla”. En este caso, no nos importa ser burlados.

Entrevista Daniala Barcellona

 

Daniela Barcellona

La famosa mezzosoprano Daniela Barcellona regresa a la temporada ABAO-OLBE de Bilbao para interpretar su aplaudido rol de Arsace en Semiramide, la última ópera seria de Rossini. Daniela Barcellona, cantante puntera en la lista de estrellas rossinianas que ha recibido los elogios de la crítica internacional por sus múltiples interpretaciones del comandante del ejército asirio, fue galardonada en 2018 por su interpretación de Arsace en la Royal Opera House con el prestigioso premio “Olivier Award”. Recientemente, ha grabado Semiramide en su cuarta colaboración con el célebre sello británico “Opera Rara”, grabación que ha sido galardonada por los International Classical Music Awards 2019 (ICMA) como mejor disco de ópera del año. Además, está nominada con este disco a los BBC Music Magazine Awards 2019, el Preis der deutschen Schallplattenkritik 2019, y los Opera Awards 2019, en los que también cuenta con una nominación a “mejor cantante femenina”.

Daniela Barcellona llega al Palacio Euskalduna de Bilbao tras su reciente gira en Tokio con el maestro Riccardo Muti y la Chicago Symphony Orchestra, interpretando el “Requiem” de Verdi, y antes de su actuación en abril en el Teatro Real de Madrid como Mistress Quickly en Falstaff de Verdi. Los próximos días 16, 19, 22, y 25 de febrero, la cantante de Trieste participará en la reposición de la producción de Semiramide con la mítica regia de Luca Ronconi, bajo la dirección musical de Alessandro Vitiello. El cast contará también con las voces de Silvia Dalla Benetta y Simón Orfila, entre otros cantantes.

Daniela Barcellona ha colaborado con importantes directores de orquesta como Claudio Abbado, Riccardo Muti, James Levine, Riccardo Chailly, Gianluigi Gelmetti, Sir Colin Davis, M. Rostropovich, Myun-Whun Chung, Georges Prêtre, Carlo Rizzi, Alberto Zedda, Gianandrea Noseda, Roberto Abbado, Fabio Biondi, Antonio Pappano, Michele Mariotti, Kent Nagano, Bruno Campanella, Valery Gergiev, Lorin Maazel y Daniel Barenboim, entre otros, y con renombrados directores de escena como David McVicar, Robert Carsen, Luca Ronconi, Pierluigi Pizzi, Hugo de Ana, Mario Martone, David Alden, Damiano Michieletto, y Yannis Kokkos.

Sus compromisos más inmediatos incluyen Falstaff de Verdi en el Teatro Real de Madrid, en una nueva producción de Laurent Pelly, Cavalleria Rusticana en el Teatro Regio de Turín, y un recital de belcanto en el Arts Centre Melbourne.

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Riccardo Frizza

Después de su paso por La Scala de Milán (Il pirata), la Ópera de San Francisco (Roberto Devereux) y La Fenice de Venecia (Semiramide), el director italiano Riccardo Frizza debuta el 22 de noviembre como flamante director musical del Festival Donizetti de Bérgamo (Italia), ciudad natal del célebre compositor belcantista. Lo hará al mando del concierto inaugural del Festival con la Orchestra Sinfonica Nazionale della RAI y contando con algunas de las estrellas más importantes del estilo, como la soprano Jessica Pratt (nombrada este año artista residente del Festival), la mezzosoprano Daniela Barcellona y los tenores Levy Sekgapane y Xabier Anduaga. La cita es en el Teatro Sociale de Bérgamo y en el programa figuran obras de Rossini (conmemorando el 150 aniversario de su fallecimiento) y Donizetti.

Dos días más tarde, Riccardo Frizza estrenará en tiempos modernos la hoy desconocida ópera del compositor bergamasco Il castello di Kenilworth (funciones los días 24 y 30 de noviembre y 2 de diciembre), todo un
acontecimiento lírico a nivel global al tratarse de una obra muy estimada por el propio Donizetti y que brinda parte importante del protagonismo a la reina Isabel I de Inglaterra, figura recurrente en el mundo de la lírica.
Participarán en la exhumación, entre otros intérpretes, Jessica Pratt, Carmela Remigio, Xabier Anduaga, Stefan Pop y Lorenzo Barbieri, en una nueva producción del Festival Donizetti que lleva la firma de la actriz y directora zaragozana María Pilar Pérez Aspa.

Después de sus compromisos en la capital donizettiana mundial, en diciembre el maestro Frizza regresará al podio del Gran Teatre del Liceu de Barcelona para dirigir L’Italiana in Algeri de Rossini (funciones los días 13, 14, 15,
17, 18, 19, 21, 22 y 23 de diciembre), donde se pondrá al mando de un doble reparto de figuras consagradas en el arte rossiniano.

Daniela Barcellona

En plena celebración del Bicentenario del Teatro Real y cuando se cumplen veinte años de su reapertura, la gran mezzosoprano Daniela Barcellona regresa al coliseo madrileño para interpretar Amneris en la ópera Aida, de Giuseppe Verdi.

Daniela Barcellona, considerada por las máximas autoridades en Rossini como la mejor mezzosoprano rossiniana de los últimos veinte años, que marcó un punto de inflexión en la historia interpretativa del rol de Tancredi, ha decidido extender su repertorio actual más allá del belcanto: “Estoy siguiendo el desarrollo natural de las demandas vocales y físicas que caracterizan este momento de mi vida”.

La famosa mezzo italiana, que emocionó al público valenciano por su poderío vocal y escénico en su debut del rol de Amneris, y con su memorable interpretación en la Arena di Verona, hizo exclamar a la crítica “Grandissima Daniela Barcellona! Abbiamo finalmente trovato l’Amneris areniana che aspettavamo da anni!”, regresa al Teatro Real, para interpretar, una vez más, a la princesa egipcia, tras su extraordinario éxito en el pasado Festival de Salzburgo junto a la Filarmónica de Viena y bajo la batuta del maestro Riccardo Muti, quien la llamó horas antes de su actuación como Amneris en el célebre escenario del Großes Festspielhaus, donde, tras un largo viaje en coche, brilló con luz propia.

Los próximos días 9, 15 y 20 de marzo, tendremos ocasión de disfrutar de la actuación de Daniela Barcellona en el Teatro Real de Madrid, bajo la dirección musical de Nicola Luisotti, compartiendo escenario con la soprano Lianna Haroutounian (Aida), el tenor Fabio Sartori (Radamés) y Ángel Ódena (Amonasro). Casi 300 artistas (entre solistas, coro, bailarines, actores y orquesta), en la revisada producción original de 1998, que firma el argentino Hugo de Ana.

Entre sus compromisos más inmediatos, cabe destacar el estreno de Falstaff, en la Staatsoper Unter den Linden, con dirección escénica de Mario Martone y dirección musical de Daniel Barenboim, Semiramide en la Bayerische Staatsoper, La Gioconda en la Deutsche Oper Berlin, la Petite messe solennelle en el Rossini Opera Festival y la Messa da Requiem de Verdi, con la Chicago Symphony Orchestra y Riccardo Muti. Además, este mes de marzo, saldrá al mercado su nuevo proyecto discográfico en el que interpreta el rol de Arsace, en una grabación íntegra de Semiramide de Rossini (Opera Rara), junto a Sir Mark Elder y la Orchestra of the Age of Enlightenment.

Daniela Barcellona

Daniella Barcellona y Jessica Pratt en Tancredi

El valenciano Palau de Les Arts, ha cerrado brillantemente la temporada con cinco representaciones del rossiniano Tancredi, que han reunido un magnífico elenco vocal encabezado por Daniela Barcellona como Tancredi y Jessica Pratt en el papel de Amenaide, junto a la excelente prestación de la Orquesta de la Comunitat Valenciana dirigida por Roberto Abbado. También, cabe señalar la interesante propuesta escénica de Emilio Sagi. Curiosamente, y siendo las representaciones de mayor calidad que han podido verse durante toda la temporada, la asistencia del público no ha sido masiva, pudiendo contemplarse bastantes huecos en el aforo del teatro valenciano. Eso sí, el público asistente aplaudió con gran fuerza las magníficas prestaciones de cantantes y orquesta.

Gioachino Antonio Rossini (Pesaro, 1792 – París, 1868) muy pronto se sintió atraído por la ópera. En 1810, con solo dieciocho años, estrenó en el Teatro Samuele de Venecia su primer trabajo importante La cambiale di matrimonio, al que seguirá al año siguiente L’ equivoco stravagante. Obtendrá su primer gran éxito con La pietra del Paragone estrenada en el Teatro alla Scala de Milán, en 1812, convirtiéndose en un compositor tremendamente prolífico, ya que antes de finalizar ese año, había estrenado dos nuevas óperas: La Scala di seta y L’ocasione fa il ladro. Sorprende la capacidad de Rossini para componer paralelamente, en un escaso período de tiempo, una comedia como Il Signor Bruschino, y Tancredi (su primera ópera seria) ambas estrenadas en Venecia respectivamente el 27 de enero y 6 de febrero de 1813. El éxito de las obras cómicas de Rossini, puede ocultar su gran importancia como compositor de óperas serias. Grandes títulos como L’italiana in Algeri (1813), Il turco in Italia (1814), Il Barbieri di Seviglia (1816) o La Cenerentola (1817), sumieron en un flagrante olvido las óperas serias que compuso en su período napolitano, entre 1815 y 1823. En títulos dramáticos como Otello (1816) y La donna del lago (1819), renunció al heroísmo neoclásico, para dejarse ganar por el clima romántico, que estaba comenzando a nacer. Rossini concluyó esa brillante etapa, en 1823, con el estreno de Semiramide, última de sus treinta y cuatro óperas italianas, partiendo ese mismo año hacia Francia, donde seguirá componiendo comedias como Il viaggio a Reims (1825) y Le Comte Ory (1828), títulos dramáticos como Le siege de Corinthe (1826), Moïse et Pharaon (1827); y, sobre todo, su monumental Guillaume Tell (1829), que sienta las bases del melodrama romántico, y con el que concluyó su ciclo operístico cuando solo tenía treinta y siete años.

Tancredi fue compuesta por Rossini en diciembre de 1812 y enero de 1813, con libreto de Gaetano Rossi a partir de la obra teatral Tancrède de Voltaire. El estreno tuvo lugar el 6 de febrero de 1813 en el Teatro la Fenice de Venecia, y la ópera concluía con un final feliz. El 20 de marzo de ese mismo año, Rossini estrenó en Ferrara una versión revisada que incluía diferentes cambios, siendo el más significativo un nuevo final de carácter trágico, cuyo texto fue escrito por el poeta Luigi Lechi. Este final no gustó al público, y Rossini elaboró una nueva versión, estrenada en Milán, en diciembre de 1813, que sintetizaba las ofrecidas en Venecia y Ferrara, con la inclusión del final feliz. Durante veinte años, hasta 1833, la ópera fue representada con cierta asiduidad, cayendo posteriormente en el más absoluto de los olvidos. La partitura y texto del final trágico llegó a desaparecer, siendo descubierto por el musicólogo Philip Gossett, quien elaboró una edición crítica, en 1976, a partir de la versión estrenada en diciembre de 1813, pero concluida con el final trágico de Ferrara. La recuperación definitiva de esta ópera se produjo cuando esa edición crítica se estrenó en La Ópera de Houston (Texas), en 1977, con la participación como Tancredi de la gran mezzo norteamericana Marilyn Horne, quien se convertirá en la gran avalista de esta ópera, que interpretó durante más de una década en diferentes teatros de todo el mundo, habiéndonos legado hasta ocho grabaciones en directo, entre ellas la toma en video realizada en el Teatro del Liceu de Barcelona, en 1989. La mezzo Daniela Barcellona interpretó Tancredi por primera vez en el Festival de Pesaro de 1999, convirtiéndose desde entonces en un Tancredi referencial. Ello se pone de manifiesto en diferentes tomas en audio y video, sobre todo el DVD comercializado por TDK, de unas funciones que tuvieron lugar en el Teatro Comunale de Florencia, en octubre de 2005, junto a uno de los grandes interpretes de Argirio: el tenor argentino Raúl Giménez. En España, Daniela Barcelona ha interpretado Tancredi en bastantes ocasiones: La Coruña (2003), Oviedo (2004), Teatro Real de Madrid (2007), Teatro de La Maestranza de Sevilla (2009), y ahora en las recientes funciones que han tenido lugar en el Palau de Les Arts, donde se ha representado la versión crítica de Philip Gossett con el final trágico de Ferrara.

El Tancredi representado en Valencia es una coproducción de la Ópera de Lausanne y el Teatro Municipal de Santiago de Chile, con dirección escénica de Emilio Sagi, trasladando la acción del Siglo XI, en la época de Las Cruzadas, al siglo XIX, en el período italiano del Risorgimento. La acción comienza en el gran salón de un palacio, con columnas de mármol y grandes ventanales con bellas vidrieras policromadas, donde muchos comensales se reúnen alrededor de una gran mesa, ataviados con vistosos y recargados uniformes diseñados por Pepa Ojanguren, habitual colaboradora de Emilio Sagi. Ese mismo escenario se va transformando, mediante rápidos desplazamientos de sus paredes y una cambiante iluminación, en diferentes espacios escénicos: el reducido e intimista donde se desarrolla el dúo de Tancredi y Amenaide del Acto I, ya en el Acto II, se convierte en el elegante despacho de Argirio o en la cárcel donde recluyen a Amenaide.

En algún momento, a la búsqueda de un esteticista impacto visual, el planteamiento escénico resulta fallido, como en la secuencia de la batalla, en el Acto II, acotada en un espacio cuyo fondo es un panel donde están ensamblados muchos pequeños espejos, la oscuridad escénica solo es alterada por los focos de las linternas que portan figurantes y que se reflejan en los espejos, molestando seriamente a los espectadores. Resulta atractiva la escena final de la ópera donde puede verse un gran monumento funerario que en cuya base se produce la muerte de Tancredi en brazos de Amenaide. Señalar la falta de idoneidad del traje militar que porta Tancredi, encorsetando sus movimientos escénicos. Si exceptuamos la escena de las linternas deslumbradoras, resulta bastante apropiado el diseño de iluminación realizado por Eduardo Bravo, creando adecuados ambientes escénicos siempre en consonancia con el desarrollo de la acción.

Excelente dirección de Roberto Abbado, quien consigue una alta prestación de la Orquesta de la Comunitat Valenciana. El maestro Abbado conoce muy bien esta partitura, habiéndola dirigido en bastantes ocasiones, pudiéndose escuchar una magnífica grabación de estudio realizada por RCA, en 1995, donde dirigía a la Müncher Rundfunk Orchestra, con Vesselina Kasarova como Tancredi, la Amenaide de Eva Mei y el excelente Argirio de Ramon Vargas, exhibiendo una voz de gran belleza. Esta versión discográfica contiene los dos finales y el aria alternativa de Amenaide “Ah, se pur morir degg’io” que Rossini compuso para la versión de Ferrara.

Roberto Abbado se presentó con el brazo derecho inmovilizado por una lesión, lo que aún hizo más meritoria su labor directorial, que ya se puso de manifiesto desde la misma obertura (idéntica a la de otra ópera anterior de Rossini: La pietra del paragone) en cuya primera sección de corte claramente mozartiano, brillaron metales y maderas; y, una segunda sección, dominada por un reiterado crescendo orquestal, típicamente rossiniano, que se va alternando con la interpretación de una graciosa melodía donde destacan las intervenciones del violonchelo en conjunción con la flauta, fagot y toda la cuerda. Magnífico el sonido del preludio orquestal que introduce la gran escena de Tancredi del Acto I, con el continuo sonido de la cuerda grave acompañando a violines y maderas, junto a las lucidas intervenciones del oboe solista. Destacar el acompañamiento en el gran dúo de Amenaide y Tancredi en el Acto I, que finaliza con una brillante coda. También, la actuación orquestal en el final del Acto I: sexteto y concertante conclusivo. Ya, en el Acto II, resultó excelente la prestación del clarinete solista en el transcurso del aria de Isaura, seguida de la brillante ejecución de la música, de fuerte aliento sinfónico, que precede y acompaña el recitativo de Amenaide “Di mia vita infelice”. Muy bella la introducción y acompañamiento orquestal del aria de Roggiero en el Acto II. Resaltar el etéreo y tenue sonido camerístico de la cuerda, que acompaña la escena de la muerte de Tancredi. En los numerosos recitativos que contiene esta ópera, cabe destacar la excelente prestación del bajo continuo compuesto por pianoforte (José Ramón Martín), violonchelo (Rafal Jezierski) y contrabajo (David Molina). Buena labor concertante de Roberto Abbado siempre pendiente de las voces.

La gran mezzo triestina Daniela Barcellona ha hecho de Tancredi su papel más paradigmático, aportando su precisa vocalidad belcantista, gran interpretación dramática y una presencia escénica totalmente identificada con el personaje. Ya, resulta brillante su entrada escénica con la interpretación del recitativo “Oh patria, dolce e ingrata Patria”, que inicia con una mezza di voce, y donde exhibe una depurada línea de canto llena de expresividad, con excelentes regulaciones del sonido. El recitativo enlaza con el arioso “Tu che accendi questo core” para concluir con el famosísimo “Di tanti palpiti”, interpretado en el más puro estilo belcantista, ejecutando con maestría las pertinentes variaciones en la repetición iniciada con la frase “Sarà felice”, donde muestra su dominio de las agilidades, junto a unos agudos muy bien emitidos. Ya, en el Acto II, realiza una gran interpretación de la cavatina “Ah, che scordar non son” con la reiterada frase “L’adoro ancor” cada vez expresada con diferentes matices. Realiza una gran interpretación vocal y dramática del aria-rondó “Perché turbar la calma”, con una primera sección lenta, llena de tristes acentos, que deriva a otra mucho más rápida, iniciada con la agresiva frase “Traditrice! Io t’abbandono”, donde muestra su gran dominio de las agilidades con puntuales y precisas subidas al agudo. Se suceden esos cambios de ritmo lento-rápido, en un continuo crescendo, para concluir el aria con la heroica y reiterada frase “Al campo, al campo a trionfar” insertando poderosos agudos magníficamente emitidos. En un registro totalmente diferente, ya a punto de morir, dota de patéticos acentos el recitativo-aria “Oh Dio, lasciarte io deggio….Amenaide, serbami tua fe” conclusivo de la ópera.

Gran interpretación como Amenaide de la soprano Jessica Pratt, en posesión de una voz de atractivo timbre, bien proyectada, con dominio del canto legato, excelentes regulaciones de sonido y un absoluto dominio de la coloratura: trinos, escalas, notas picadas, junto a agudos y sobreagudos muy bien emitidos. También, cabe destacar su magnífica actuación escénica. Todo ello, ya se pone de manifiesto en su cavatina inicial “Come dolce all’alma mia” . En el Acto II, dota de gran lirismo su recitativo-aria “Di mia vita infelice…..No, che il morir non è”, con melancólicos acentos y excelente capacidad para las medias voces y las regulaciones de sonido, emitiendo bellas notas en pianissimi. Sus momentos más brillantes se producen en el recitativo-aria “Gran Dio!…..Giusto Dio che umile adoro” donde en recitativo y primera parte del aria, muestra una depurada línea de canto llena de expresividad, emitiendo preciosos filados, apianando la voz incluso en las notas agudas. Ya, en la segunda parte del aria, donde la música retoma el crescendo de la obertura, puede constatarse la capacidad de la cantante para la coloratura, emitiendo notas picadas con verdadera precisión, subiendo con facilidad al agudo y sobreagudo y finalizando el aria con un impresionante Mi5.

De calidad extrema resultan los dos dúos interpretados de Pratt y Barcellona, especialmente la sección central del segundo “Ah, come mai quell’anima”, con acompañamiento de la cuerda en pizzicato.

El personaje de Argirio es interpretado por el tenor chino Yijie Shi, magnífico cantante rossiniano, a pesar de su poco atractivo timbre. Durante sus numerosas intervenciones mostró un elegante fraseo y excelente ejecución de las agilidades. Especialmente brillante resultó su interpretación del recitativo-aria “Oddio crudel! Qual nome….Ah! segnar invano io tento”, ofreciendo en el recitativo, un canto lleno de expresividad; y, en el aria, momentos meditativos apianando la voz, junto a otros de auténtico canto de bravura con brillantes subidas al agudo y sobreagudo. Muy bien en su dúo con Tancredi del Acto II.

El bajo Pietro Spagnoli, tiene una voz en exceso lírica para el papel de Orbazzano y su interpretación no pasó de discreta, a pesar de tener verdaderas oportunidades de lucimiento, ya que en esta versión de Tancredi se inserta el aria “Alle voci della gloria” (inmediatamente antes del dúo de Tancredi y Argirio del Acto II) que habitualmente es omitida. En el papel de Isaura, la mezzo Martina Belli mostró una voz grande aunque un tanto gutural, con buen dominio de las agilidades, en la interpretación de su aria “Tu che i miseri conforti” del Acto II. La joven soprano Rita Marqués perteneciente al Centro de perfeccionamiento Plácido Domingo, se lució en su aria “Torni alfin ridente”. Excelentes los números de conjunto que cierran el Acto I, sobre todo el concertante final. Magnífica actuación del Coro de la Generalitat Valenciana (en este caso solo voces masculinas) en sus numerosas intervenciones, destacando su interpretación en el Acto II del Coro di Saraceni: “Regna il terror nella citta”.

Estas funciones de Tancredi estuvieron dedicadas a la memoria del director de orquesta y musicólogo Alberto Zedda, fallecido el pasado mes de marzo, cuya labor ha sido esencial en la recuperación de toda la obra rossiniana.

 

Tancredi

El Palau de les Arts Reina Sofía cierra la temporada lírica con su primera incursión en la ópera seria de Gioachino Rossini, ‘Tancredi’, que se estrenará el próximo viernes, 23 de junio en la Sala Principal.

El intendente de Les Arts, Davide Livermore, ha presentado este título hoy en conferencia de prensa junto con Roberto Abbado, director musical; Emilio Sagi, director de escena; la mezzosoprano Daniela Barcellona (Tancredi); la soprano Jessica Pratt (Amenaide); el tenor Yijie Shi (Argirio); y el barítono Pietro Spagnoli (Orbazzano).

El también director artístico del teatro de ópera ha recordado que se dedicarán las representaciones de ‘Tancredi’ a la memoria de Alberto Zedda, máxima autoridad en la obra del compositor de Pésaro, que ejerció, además, de primer director artístico del Centre Plácido Domingo:

“Qué mejor homenaje podemos rendirle, que ofrecer un Rossini con los mejores mimbres artísticos que se pueden encontrar en el panorama operístico actual, a la altura de su Rossini Opera Festival de Pésaro o de los mejores teatros del mundo”, ha explicado Livermore.

Roberto Abbado, por segundo año consecutivo, cierra la oferta de Les Arts con este título, que compagina con el concierto que dirigirá en el Palau de la Música con la soprano Anna Caterina Antonacci y la Orquestra de la Comunitat Valenciana el día 30 de junio.

Según destaca el maestro milanés: “Rossini ha sido el compositor de ópera más grande de su tiempo, con gran influencia no sólo en la ópera italiana sino también en la francesa. Lo más fascinante es el desarrollo innovador, no hay otro italiano que haya empujado la ópera hacia adelante como él, era como si tuviese un telescopio para mirar el futuro”.

“Siempre utiliza -continúa el director- un idioma muy típico y reconocible, por eso la dificultad como intérpretes es que debemos saber distinguir para hacer que ese mismo idioma funcione de forma distinta en una ópera seria o en una ópera bufa”.

Sobre los diferentes finales, Roberto Abbado matiza que de los tres que existen: Venecia, Ferrara y una versión milanesa con otros personajes, el final trágico (Ferrara, marzo 1813) que se verá en Les Arts, corresponde “según mi visión al ideal de ‘Tancredi’ que Rossini había pensado, además de ser muy innovador porque en él la música se va desintegrando para terminar en silencio”.

Se trata de la séptima puesta en escena que Emilio Sagi presenta en el enclave cultural valenciano tras sus celebradas propuestas para ópera española y zarzuela: ‘La Bruja’ y ‘El rey que rabió’, ambas de Ruperto Chapí; ‘Luisa Fernanda’, de Moreno Torroba; ‘El dúo de ‘La Africana’, de Fernández Caballero, ‘Katiuska’, de Pablo Sorozábal y ‘Lucrezia Borgia’, de Donizetti.

El montaje, coproducido por la Opéra de Lausanne y el Teatro Municipal de Santiago de Chile, cuenta con escenografía de Daniel Bianco, vestuario de Pepa Ojanguren e iluminación de Eduardo Bravo.

El reputado director de escena ovetense emplea una estética “inspirada en los principios del siglo XX, pero con un corte atemporal” para “ganar en credibilidad y dar una imagen menos acartonada del libreto”. “La música de Rossini -apunta- es universal y moderna también, por eso funciona hacer un montaje alejado de la narración original palabra por palabra, que no es otra cosa que una historia de caballeros y héroes”.

Daniela Barcellona, voz rossiniana de referencia, regresa a Les Arts con uno de sus papeles fetiche, Tancredi, que le ha acompañado toda su carrera desde su debut en Pésaro en 1999. Se trata de su tercera actuación en el centro operístico, tras cantar en la Gala Puccini bajo la batuta de Plácido Domingo en 2008, encarnar a Didon en ‘Les Troyens’, con Valery Gergiev, en 2009, y presentar por primera vez el rol de Amneris en ‘Aida’ en 2010.

“Para mí, Tancredi es un rol muy significativo, porque ha sido el papel que ha hecho toda mi carrera. Cuando lo debuté sabía que suponía una gran responsabilidad, ya que antes de mí lo había cantado Lucia Valentini Terrani. Como personaje, lo sigo amando muchísimo, es poético y muy positivo, tanto que pese a que piensa que Amenaide no lo ama, se bate por ella”, subraya la mezzosoprano italiana.

Jessica Pratt interpreta a Amenaide, su primer papel en Valencia. La soprano, nacida en Inglaterra pero criada en Australia, es una de las voces con mayor presencia en la escena internacional. Desde su debut en 2007 como ‘Lucia di Lammermoor’, su nombre es imprescindible en las grandes producciones de bel canto en Europa y Estados Unidos, que le ha llevado a conseguir numerosos galardones en todo el mundo.

“Tancredi’ -añade Jessica Pratt- fue la primera ópera de Rossini que vi en Italia y también la que me hizo enamorarme del bel canto. Amenaide es un papel muy interesante tanto escénica como musicalmente. La música es increíblemente hermosa, aunque también supone un reto porque tiene mucho que cantar: dos duetos, tres escenas y el final primero… Físicamente es muy exigente, pero yo adoro los desafíos”.

En el apartado masculino, Les Arts cuenta con otras dos figuras de contrastado prestigio que también hacen su primera incursión en el centro operístico valenciano: Yijie Shi (Argirio) y Pietro Spagnoli (Orbazzano).

El tenor chino Yijie Shi está en primera línea de la escena operística después de ser la revelación en el Rossini Opera Festival de 2008 con el papel de Cavalier Belfiore en ‘Il viaggio a Reims’, al que siguió un sonado éxito por el papel protagonista en ‘Le comte Ory’ en 2009.

Pese a su juventud, Yijie Shi cuenta ya con el reconocimiento de los teatros de ópera más prestigiosos como el Metropolitan de Nueva York, la Ópera de San Francisco, el Théâtre des Champs Élysées de París, la Accademia Nazionale di Santa Cecilia en Roma, el Maggio Musicale Fiorentino, el Rossini Opera Festival de Pésaro, la Deutsche Oper de Berlín o La Fenice de Venecia, y ha trabajado con directores como Roberto Abbado, Zubin Mehta, Kent Nagano y Alberto Zedda.

Nacido en Roma, el barítono Pietro Spanogli es uno de los intérpretes de referencia en el repertorio de Donizetti, Mozart y Rossini gracias a papeles como Figaro y Conte Almaviva en ‘Le nozze di Figaro’; el rol protagonista en ‘Don Giovanni’; Guglielmo y Don Alfonso en ‘Così fan tutte’; Dandini y Don Magnifico en ‘La Cenerentola’: Belcore y Dulcamara en ‘L’elisir d’amore’; Sulpice en ‘La fille du regiment’ o Malatesta en ‘Don Pasquale’.

Cierran el elenco de ‘Tancredi’, la emergente mezzosoprano Martina Belli (Isaura) y la soprano del Centre Plácido Domingo Rita Marques (Roggiero).

‘Tancredi’ es un ‘melodrama heroico’ en dos actos con libreto en italiano de Gaetano Rossi, que fue representado por primera vez en el teatro La Fenice de Venecia el 6 de febrero 1813. El texto está basado en la tragedia ‘Tancréde’, que escribió Voltaire en 1759.

Además del día 23, Les Arts ha programado otras representaciones de la ópera de Rossini los días 25, 27 y 29 de junio además de una última función el 1 de julio.

Daniela Barcellona

Aclamada en los más célebres teatros operísticos como la gran intérprete de Rossini, Daniela Barcellona es, desde hace años, una de las cantantes más codiciadas de la escena internacional. Sus dotes interpretativas y su virtuosismo vocal han sido ovacionados en todo el mundo y su presencia es habitual en los más famosos festivales y escenarios líricos: Salzburgo, BBC Proms, Metropolitan Opera House de Nueva York, Bayerische Staatsoper de Munich, Deutsche Oper de Berlín, Semperoper Dresden, Royal Opera House, Opéra national de París, Staatsoper de Viena… Desde el próximo 23 de junio, y hasta el 1 de julio, interpretará en el Palau de les Arts de Valencia su famoso rol protagónico en Tancredi de Gioachino Rossini.

Considerada por crítica y público como la mejor Tancredi de la actualidad, Daniela Barcellona debutó en el rol de Tancredi en 1999, en el Rossini Opera Festival de Pésaro, convirtiéndose, de inmediato, en la estrella favorita del más famoso festival rossiniano.

En el extraordinario currículum de la multipremiada mezzo italiana, figuran los directores más prestigiosos de la escena internacional: Claudio Abbado, Alberto Zedda, Sir Colin Davis, James Levine, Riccardo Muti, Georges Prêtre, Roberto Abbado, Riccardo Chailly, Bruno Campanella, Kent Nagano, Daniel Barenboim o Valery Gergiev, entre otros.

Daniela Barcellona regresa al escenario de les Arts, con el maestro Roberto Abbado como director musical y la producción firmada por Emilio Sagi para la Ópera de Lausanne y el Teatro Municipal de Santiago de Chile. La soprano Jessica Pratt (Amenaide), el tenor Yijie Shi (Argirio) y el barítono Pietro Spagnoli (Orbazzano) completan el reparto de esta ópera seria de Rossini, que clausura la temporada del coliseo valenciano.