Perez-Sierra

La ABAO cierra su 64 temporada con el estreno, este sábado, de El barbero de Sevilla de Rossini, dirigido por José Miguel Pérez-Sierra.

El director madrileño, considerado uno de los especialistas rossinianos, fue el director más joven en subirse al podio de la Rossini Opera Festival de Pésaro (Italia) en 2006 dirigiendo Il vaggio a Reims. A lo largo de su carrera ha dirigido muchas de las obras del autor italiano, pero en esta ocasión será la primera vez que lo haga con El barbero de Sevilla. Una obra que se estrenó hace 200 años en Roma, y que es una de las más representadas del autor.

El público bilbaíno, podrá volver a disfrutar de la batuta del Mtro. José Miguel Pérez-Sierra, que no ha dejado la capital vizcaína tras dirigir a la Bilbao Orkestra Sinfonikoa en La Sonnambula (Bellini) y a la Orquesta Sinfónica de Euskadi en el Festival Musika-Música para, en esta ocasión, dirigir a la Orquesta Sinfónica de Navarra.

El elenco lo completan: Marco Caria (Figaro), Annalisa Stroppa (Rossina), Michele Angelini (Il Conte D’Almaviva), Carlos Chausson (Bartolo), Nicola Ulivieri (Basilio), Susana Cordón (Berta), Alberto Arrabal (Fiorello), Mitxel Santamarina (Ambrogio), y el Coro de Ópera de Bilbao, dirigido por Boris Dujin.

Emilio Sagi firma la puesta en escena de esta obra producida en el Teatro Real de Madrid, que se podrá ver en Bilbao los días 14, 15, 17, 20 y 23 de Mayo. El 15 de Mayo será la función de “Opera Berri”, la iniciativa de la ABAO para acercar la ópera a nuevos públicos.

Los próximos compromisos llevarán al Mtro. José Miguel Pérez-Sierra a dos conciertos sinfónicos con la Orquesta Sinfónica de Galicia, a dirigir Il Trittico (Puccini) en la Opèra-Théâtre Metz Métropole, Lucrezia Borgia (Donizetti) en ABAO y un Ciclo Sinfónico con la Orquesta y Coro Nacional de España.

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El Teatro es el lugar que acoge todas las grandes pasiones, y parece que aquí nada puede ocurrir de manera sosegada”. Con estas palabras trataba de explicar el
Director General del Real, Gregorio Marañón en declaraciones recientes, la opereta que se representa en este teatro en las últimas semanas a cuenta del cambio en la dirección artística.
En esta ocasión, las pasiones no se han trasladado al escenario. La temporada no ha comenzado con un estreno, como viene siendo tradicional. Lo ha hecho con la reposición del “Barbero de Sevilla” de Sagi que ya se estrenó aquí en 2005 con gran éxito. En aquella ocasión la obra de Rossini estaba encabezada por Juan Diego Flórez y María Bayo. Si bien no es fácil superar este reparto, no se entiende muy bien que en esta ocasión se haya recurrido a dos repartos mayoritariamente noveles y con numerosas carencias, vocales e interpretativas. El Teatro Real debe aspirar a mucho más en un estreno de temporada si quiere de verdad ocupar un lugar entre los grandes.
Emilio Sagi ha presentado en esta ocasión una escenografía más pulida y con extraordinarios detalles, creando cuadros independientes que formaban un conjunto homogéneo. Con una iluminación delicada y algunos efectos que, por su sencillez, resultaron vistosos y originales. Tal es el caso de la escena de “la calunnia”, interpretada por el bajo Dimitry Ulyanov. No ocurrió lo mismo con la tormenta, donde la imaginación estuvo ausente. Un escenario donde los elementos se desplazaban alegre y ordenadamente. Incluidos los figurantes y bailarines, un tanto excesivos en sus guiños a Sevilla, parecían estar perfectamente alineados. Sagi planteó la escenografía con una importante carga de locura y frescura, pero los intérpretes, y sobre todo la dirección musical, impusieron una racionalidad muy alejada de la inspiración e ingenio que Rossini demostró a la hora de su composición.

El joven director checo, Tomas Hanus, se estrenaba en el Real con una obra que conoce bien, su debut como director fue precisamente con el Barbero de Sevilla. A pesar de este aparente conocimiento de la obra, quedó claro desde el principio que el espíritu rossiniano no habita en él. Una dirección rutinaria, sin vitalidad, rígida y pobre, esperando siempre una remontada que nunca llegó. Una obertura en la que la prometedora delicadeza inicial de los violines, dio paso a unos vulgares metales y un conjunto musicalmente alejado de la brillantez a la que nos estaba acostumbrando.

El primer acto resultó interminable. La falta de chispa y de personalidad se notó en los momentos que debían ser de mayor esplendor. Grandes dificultades con los concertantes. La stretta del final del primer acto quedó deslucida y los crecendi fueron inexistentes.
De este primer reparto destacar la interpretación de la mezzosoprano italiana Serena Malfi. Sin duda es esta tesitura de voz la que mejor construye el personaje de Rosina, y la joven Malfi, con una voz segura y de sobrado volumen, resolvió con dignidad su partitura. Demostró soltura en el baile baile al final de la obra y cierta gracia. Lástima la falta de química con Almaviva de la que ella no es la única responsable. Un helador Dmitry Korchak, que para eso es ruso, y la triste influencia de la dirección musical, reforzaron la escasa empatía entre ambos.
Dmitry Korchak, el Conde Almaviva, fue de menos a algo. Sin volumen, sin gracia, falseando los pianos y desafinando al inicio. Estuvo toda la noche reservándose para su aria final. El público, que todo lo perdona cuando está deseoso de disfrutar, le aplaudió en los saludos.
Antes de dar comienzo a la función, se anunció el resfriado del Figaro de Mario Cassi. A pesar de ello, no pareció tener dificultades en los tonos medios y altos. Pero las agilidades, numerosas en este personaje, no podían ser ejecutadas sin una ostensible falta de volumen. A veces apenas se le escuchaba. Se le agradece no ser un Figaro histriónico, aunque resultara algo tosco y poco interesante.
Bruno Simone como Bartolo, fue el único, junto a Susana Cordón, en provocar alguna sonrisa entre el público. Pero Bartolo es un personaje que tiene que tener mucha más picardía. Ocurre lo mismo con Don Basilio, interpretado esta vez por Dmitry ULyanov, que debe vivir ya en el Teatro. Su profunda y oscura voz de bajo se agradece porque esta tesitura escasea, pero la falta de teatralidad en la interpretación en un personaje buffo, lo mata.
La única que repite en esta producción, con respecto al estreno de 2005, es la joven y más entusiastamente aplaudida Susana Cordón. Su Berta resultó ser el personaje más simpático y divertido de la noche. EL mejor momento de la obra fue su aria que interpretó junto al criado Ambrogio, magistralmente interpretado por Eduardo Carranza.

Pero la temporada no ha hecho más que empezar y, como decía un espectador al final de la representación, “no perdamos la fe”. El año se presenta, cuanto menos, entretenido.

Il barbiere di Siviglia
Gioachino Rossini (1792-1792)
Melodramma buffo en dos actos
Libreto de Cesare Sterbini, basado en la obra homónima
de Pierre-Augustin Caron de Beaumarchais
D. musical: Tomas Hanus
D. de escena: Emilio Sagi
Iluminador: Eduardo Bravo
Coreografía: Nuria Castejón
D. coro: Andrés Máspero
Reparto: Dmitry Korchak, Bruno de Simone, Serena Malfi,
Mario Cassi, Dmitry Ulyanov, Susana Cordón, Isaac Galán,
José Carlo Marino, Eduardo Carranza

Barbero de Sevilla

Este valenciano Barbero de Sevilla, con una muy original y moderna escenografía de Paolo Fantin: un popular y rotatorio edificio de vecindad, donde los ojos de los espectadores pueden escudriñar, como en el caso del escayolado James Stewart (Jeff. B. Jeffries), que se dedicaba a mirar, desde su ventana indiscreta, las actividades y evoluciones de todos sus vecinos en la genial Read Window de Alfred Hitchcock.

La gracia desbordante de El Barbero de Sevilla, nació de la perfecta conjunción de un magnífico libreto de Cesari Sterbini, basado en la comedia Le barbier de Sevilla ou La précaution inutile de Pierre-Augustin Caron de Beaumarchais, y la genial partitura musical rossiniana, que se va superando en ingenio e inventiva, con cada uno de sus números, en progresión verdaderamente asombrosa. Desde el “Piano pianissimo” hasta la stretta con que finaliza el Acto I. Y, desde el dúo “Pace e giogia” hasta el deslumbrante sexteto final, toda la ópera es un verdadero crescendo de riqueza melódica, perfectamente ajustado a la acción desenfadada que plantea.
Además de contar con una serie de números, verdaderamente “hitos”, de todo el repertorio como el “Ecco, ridente in cielo” o el aria-cabaletta “Cessa di più resistere…Ah, più lieto”, cargadas de dificilísimas agilidades, magníficamente resueltas –recordemos- por tenores como Alfredo Kraus, Cesare Valetti, Nicolaï Gedda, Fritz Wunderlich o el argentino Raul Giménez (gran estilista del belcantismo); y, en la actualidad, por Juan Diego Florez –recordemos su magnífico Conde de Almaviva, en el Teatro Real de Madrid, también editado en DVD- o, ese “Largo al factotum” de Fígaro, y “La calumnia” de Don Basilio. Por no señalar esa “Una voce poco fa”, donde tantas cantantes han fracasado, en el intento de darle un contenido verdaderamente expresivo a la frase ma se mi toccano.
El Barbero es otra prueba irrefutable del dominio orquestal de Rossini. “La obertura” o el acompañamiento de ”La calumnia”, pueden atestiguarlo.

Algo también, altamente reseñable es el retrato de los diferentes personajes mediante la música: el carácter pleno de gran nobleza de la canción del conde, los diversos aspectos de la personalidad de Rosina expuestos en su “una voce poco fa” o, la mala idea de Bartolo en “A un doctor”, y la graciosa imitación del lenguaje rococó en su arietta del Acto II, reminiscente de su juventud. Todos estos aspectos contribuyen a que esta ópera rossiniana se haya comparado sin ningún tipo de complejo a obras maestras de Mozart como El rapto en el Serrallo o Las bodas de Figaro. Señalar finalmente, que el Acto I es superior al segundo, y ello no constituye un defecto, ya que la suma rapidez del desenlace de esta ópera, sirve de equilibrio a la prolongada presentación que constituye todo el Acto I.
En esta ópera rossiniana, podemos encontrar claras reminiscencias de la famosa trilogía de Mozart-Da Ponte: Las bodas de Figaro, Don Giovanni y el Così fan tutte.
Después de esta larga introducción –pienso que didáctica- para meter al lector en materia, volvemos a centrarnos en este Barbero que ha podido verse durante el pasado mes de marzo en Valencia.

Esta producción proveniente del Grand Théâtre de Geneve, cuenta –como ya se ha señalado- con una excelente y moderna escenografía, consistente en la fiel reconstrucción de un popular edificio de varios pisos, donde incluso, podemos ver aparcado el Ford –¡está bien! hacer propaganda de la fábrica valenciana- del Conde Almaviva, perdidamente enamorado de la pizpireta y graciosa Rosina, quien vive en este edificio protegida, más bien subyugada, por el vejestorio y celoso Don Bartolo.
Este decorado puede rotar por completo, para permitir ver las interioridades de los diferentes pisos, y que los espectadores puedan escudriñar y focalizar diferentes acciones cantadas, que se simultanean con otras meramente teatrales; y, todo ello, complementado por un acertado diseño de iluminación que nos marca las transiciones temporales de la acción que se plantea. Por tanto, una notable, muy notable escenografía.

La excelente música creada por Gioachino Rossini es interpretada de manera sobresaliente por la magnífica orquesta de La Comunidad Valenciana, bien dirigida por su titular Omer Meir Wellber, luciendo de sobremanera en la “obertura” (verdadero prodigio de música colorista y concisa), y si la prestación es importante durante toda la ópera, llega a cotas de gran altura en el largo final –muy al estilo mozartiano- del Acto I. El propio Omer Wellber, se ocupa del clave, acompañado en los recitativos.
Ya en el plano vocal cabe destacar las voces más graves: el notable Figaro de Mario Cassi, quien exhibe una voz amplia y rotunda, mostrando sobre el escenario ese dinamismo que requiere este rol, cuya personalidad se muestra a las claras, en su famosa aria “largo al factotum”. Magnífico el Basilio del joven bajo bulgaro Orlin Anastassov, voz de gran empaque que luce de sobremanera en la famosa aria de “La calunnia è un venticello”, y en todas sus demás intervenciones dentro de una gran prestación vocal y escénica.
Orlin Anastassov solo cantó en las funciones de los días 12, y el día de mi asistencia 15 de marzo. De cualquier forma me consta las magníficas prestaciones del gran bajo georgiano Paata Burchuladze, en el resto de las representaciones. Gracioso y muy teatral el Bartolo de Marco Camastra siempre siguiendo el rebufo de la Rosina, y resolviendo con pericia su aria del Acto I “A un doctor della mia sorte”. Mención especial merece la Berta de la mezzo valenciana Marina Rodriguez-Cusì, de brillante trayectoria en los últimos veinte años.
Rodriguez-Cusì, da una verdadera lección teatral, ya que sin cantar, solo actuando, llega a focalizar totalmente, con sus movimientos escénicos la atención de los espectadores, y ya luciendo su atractiva vocalidad en el transcurso del Acto II, en su pequeño dúo con Bartolo “Ah, disgraziato me!” seguida de su aria “Il vecchiotto cerca moglie”.
En cuanto a la Rosina de la valenciana de Sagunto Silvia Vázquez, está bastante bien en plano teatral, y con una vocalidad tirando a notable, sobre todo en la resolución de las agilidades belcantistas que luce en su famosa aria “Una voce poco fa”.
El tenor uruguayo Edgardo Rocha (discípulo de otro brillante Almaviva: el tenor norteamericano Rockwell Blake), posee una buena técnica vocal, asociada a una voz poco homogénea, total ausencia de graves, y con un registro central no de tenor ligero sino ultraligero; que, solamente hacia arriba adquiere cierto cuerpo y anchura para moverse bien en el agudo. Estas características le restan lucimiento en sus importantes intervenciones de ambos actos. El Figaro de Mario Cassi, le comunica cierto fulgor en el dúo de ambos en su dúo del Acto I “All’idea di quel metallo”. Magnífico el gran número de conjunto que cierra el Acto I, con ese excelente Coro de la Generalitat Valenciana. En fin, un muy notable Barbero, sobre todo por su planteamiento escenográfico y las voces más graves.

Il BARBIERE DI SIVIGLIA
Gioachino Rossini
Palau de les Arts de Valencia
D. musical: Omer Meir Wellber
D. escena: Damiano Micheletto
Mario Cassi, Silvia Vázquez,
Edgardo Rocha, Marco Camastra,
Orlín Anastassov, Marina Rodríguez-Cusí,
Mattia Oliveri