Philippe Jaroussky

El Teatro Real había anunciado un recital en el que el protagonista absoluto iba a ser el contratenor francés Philippe Jaroussky. En dos sesiones, una a las 19:00 y otra a las 21:30 horas (hay que echarle imaginación para sortear las restricciones de aforo causadas por el covid-19). Pero lo que nos encontramos fue todo un concierto barroco, un tanto peculiar, pero todo un concierto. Eso si, el protagonismo de Jaroussky fue compartido por la alta calidad del resto de intérpretes y orquesta.

Doce obras de Vivaldi, entre arias y fragmentos de óperas, se repartieron entre los cuatro intérpretes. Tres para cada uno que, de manera un tanto mecánica, salían a escena uno tras otro. Supongo que como consecuencia del apremio de las dos sesiones, por lo que hay que valorar el esfuerdo de Teatro e intérpretes,

A pesar de estas situaciones poco habituales, producto del tiempo que vivimos, el resultado artístico y musical estuvo a un muy alto nivel. Comenzó con el aria de La fida ninfa “Non tempesta che gl´alberi sfronda”, interpretado por el tenor alemán, de origen chileno, Emiliano González Toro. El volumen y la coloratura no suelen ser compatibles y, en el caso de González Toro, el primero es sacrificado, claramente, en beneficio de la segunda, al menos en esta primera obra, porque en sus dos intervenciones posteriores sorprendió con una voz luminosa y bien timbrada, una línea de canto elegante y limpia que supo lucir sobre todo en la última de sus arias, la delicada “Tu vorresti col tuo pianto”, de Griseelda, donde demostró una exquisita expresividad.

La pirotecnia vocal estuvo reservada para la soprano húngara Emóke Baráth. Realizó gran despliegue de coloratura en sus dos primeras arias, “Armatae face et anguibus”, de Juditha Triumphans y “Alma oppressa da sorte crudele”, de La fida ninfa. Pero fue también en la dramática “Vede orgogliosa l´onda”, de Griselda, donde expuso una delicadeza vocal muy bien modulada.

La contralto Lucile Richardot tiene un hermoso y original timbre. Posee una buena amplitud vocal que demostró en los giros hacia el registro grave, desde unos potentes y afilados agudos. Se lució tanto en la coloratura como en los momentos más dramáticos y delicados. Toda una sorpresa desde su primera intervención con “Sovente il sole”, de Andromeda Liberata o la segunda “Frema pur”, de Ottone in villa.

El más conocido y esperado era, sin duda, Philippe Jaroussky. Como siempre, el contratenor francés ofreció en sus tres interpretaciones la expresividad matizada y la delicadeza que son su seña de identidad. Comenzó con la pieza más conocida “Vedró con mio diletto” de Il giustino, después “Gelido in ogni vena”, de Il farnace y terminó su breve intervención con “Se in ogni guardo”, de Orlando fintto pazzo.

Como regalo final, los cuatro intérpretes ofrecieron un bis en conjunto, “De’ll aura al susurrar” de La fida ninfa, una especie de adaptación que Vivaldi realizó de su Primavera.

Le Concert de la Loge, grupo no muy conocida en España, sorprendió gratamente de la mano de su director y violín Julien Chauvin, que dirigió con gran dinamismo y acento barroco a unos músicos de una calidad extraordinaria.

Fotografía: Javier del Real