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Emilio Sagi Archives - Brío Clásica
La del manojo de rosas

Se adivinaba desde los primeros compases que esta volvería a ser una noche gloriosa en el Teatro de la Zarzuela. Y así fue. Ya en las dos funciones precedentes un duende había visitado el coliseo de la plaza de Jovellanos. Y en esta tercera, el público, extasiado por el prodigio que acababa de suceder en el escenario, premió al barítono Carlos Álvarez con largos aplausos y vítores. La razón: su imponente interpretación de ‘Madrileña bonita’ en la zarzuela ‘La del manojo de rosas’ de Pablo Sorozábal. Y el intérprete, que celebra estos días sus 30 años de carrera como solista, iniciada precisamente con esta histórica producción de Emilio Sagi, cedió finalmente a las peticiones de bis para abordar otra magistral versión de la popular romanza. Y a partir de ese momento, el delirio.

Miles de espectadores pudieron seguir el mágico instante en directo a través del canal de YouTube y la cuenta de Facebook del Teatro, donde ha quedado disponible para todo aquel que quiera volver a emocionarse.

Acompañaban al cantante en el reparto Ruth Iniesta, Vicenç Esteve, Ángel Ruiz, Milagros Martín, David Pérez Bayona, Sylvia Parejo, Enrique Baquerizo y César Sánchez entre otros cantantes y actores entre los que se encuentran siete integrantes del Coro Titular del Teatro de la Zarzuela.

Esta producción, la más emblemática, viajada y aplaudida del Teatro de la Zarzuela cuenta en su equipo artístico con el escenógrafo Gerardo Trotti, la añorada diseñadora de vestuario Pepa Ojanguren, el iluminador Eduardo Bravo y la coreografía, de cuya reposición se encarga Nuria Castejón, es del también desaparecido y admirado Goyo Montero.

El Maestro Guillermo García Calvo, director musical de la casa, ocupa el podio del foso en estas funciones al frente de la Orquesta Titular del Teatro de la Zarzuela -Orquesta de la Comuni­dad de Madrid-.

‘La del manojo de rosas’ estará en cartel hasta el domingo 22 de noviembre. ¡Y cuántas noches especiales por delante!

Entre bambalinas

Ante la prolongada situación de confinamiento, el Teatro de la Zarzuela ha potenciado su oferta y la actividad en sus redes sociales para mantener un contacto continuo con aficionados y artistas, y para contribuir a la difusión de cultura en estos tiempos en que se hace aún más necesaria. Bajo el nombre ‘Entre bambalinas en el Teatro de la Zarzuela’, a partir de mañana martes, 5 de mayo (19h00), el coliseo de la plazuela de Jovellanos iniciará una serie de encuentros entre su director, Daniel Bianco, y diferentes profesionales de la música y el teatro. El primer invitado a las bambalinas del histórico Teatro: el director de escena Emilio Sagi.

En esta primera semana también conversarán con Bianco la coreógrafa Nuria Castejón (miércoles 6), el barítono Luis Cansino (jueves 7) -reciente creador del Sindicato de Artistas Líricos ALE para la defensa del sector- y el director de orquesta Guillermo García Calvo (viernes 8), director musical del Teatro desde el pasado 1 de enero.

Entre los atractivos de la propuesta en redes del Teatro de la Zarzuela está la posibilidad de disfrutar en sus canales de YouTube y Facebook, en abierto y en alta definición, de las producciones estrenadas en el teatro desde junio de 2018. A esto se suman las decenas de títulos del Teatro incluidos en la Teatroteca del Centro de Documentación de las Artes Escénicas y de la Música (CDAEM).

Ambas instituciones pertenecen al Instituto Nacional de las Artes Escénicas y de la Música, INAEM, del Ministerio de Cultura, que bajo el hashtag #LaCulturaEnTuCasa promueve estos días la difusión de numerosas y muy diversas propuestas para su disfrute en los hogares.

Instagram @teatrodelazarzuela

YouTube https://www.youtube.com/playlist?list=PLGLWpLsLZlD3yQMXSUlr1j-8vWrBzctc-

Facebook https://m.facebook.com/TeatroZarzuela/?locale2=es_ES

Teatroteca http://teatroteca.teatro.es/opac/#indice

El Teatro Real presentará, entre el 30 de noviembre y 20 de diciembre, 14 funciones de Il pirata, de Bellini, en una nueva coproducción del Teatro Real y el Teatro alla Scala de Milán.

Fue precisamente en este templo de la lírica milanés donde tuvo lugar el estreno de la partitura en 1827. Vincenzo Bellini (1801-1835), entonces con 26 años, tenía ya dos óperas en su haber, estrenadas ambas en Nápoles, pero el éxito de Il pirata le abrió las puertas a una prolija y genial carrera como compositor operístico, segada por su prematura muerte en París, con apenas 34 años.

Con Il pirata, Bellini inicia una fecunda comunión artística con Felice Romani (1788-1865), poeta y dramaturgo de gran notoriedad que firmaría el libreto de siete de sus diez óperas, incluyendo la célebre Norma.

Romani parte del drama gótico Bertram, or The Castle of Saint Aldobrand del escritor irlandés Charles Maturin (1782-1824) y crea un libreto de oscura, tempestuosa y fatalista savia romántica, con un trío amoroso en el que suspiran por el amor de Imogene su antiguo amante Gualtiero ─un noble arruinado, impetuoso y apasionado transformado en pirata─; y su esposo y padre de su hijo, al que desposó para salvar la vida de su progenitor, y al que debe obediencia y fidelidad.

El trágico final, con el asesinato del marido, la expiación del amante y la catártica locura de la desventurada heroína, dejan antever el germen del gran melodrama romántico, que también esboza Bellini en su música, de profundo aliento melódico, fuertes contrastes expresivos y un afán por engarzar y articular los recitativos, arias, caballetas, dúos y coros, en pro de la fluidez dramatúrgica de la trama.

Esta misma preocupación traspasa toda la música, que intenta sublimar sentimientos y pasiones hiperbólicos a través de una escritura vocal endiablada, sobre todo para los dos protagonistas: Gualtiero, que posee ya las contradicciones de un héroe byroniano, debe aunar vocalmente un canto elegíaco, la valentía áulica y el virtuosismo intrépido; e Imogene, abnegada esposa y madre, debe sofocar su amor corrosivo hasta la explosión de la locura y la ensoñación, alternando largas y excelsas melodías con saltos interválicos que expresan permanentemente su lucha interior y contrastes anímicos.

Quizás la extrema dificultad de ambos papeles haya contribuido al letargo de esta ópera durante casi un siglo, hasta que en 1958 Maria Callas interpretara a Imogene en La Scala, al lado de Franco Corelli y Ettore Bastianini, que no estaban, sin embargo, a su altura. Algunos años después Montesarrat Caballé ha cogido el testigo, concediendo a la trágica y desquiciada heroína de Callas un canto cristalino y casi sobrenatural, poético y estilizado, con sus inconfundibles y larguísimos fiati.

En la esta nueva coproducción de Il pirata, Emilio Sagi rehúye cualquier aproximación realista al libreto, creando un marco pictórico y simbólico adaptado a la dramaturgia de cada escena, para que fluya musicalmente el devenir trágico de los personajes, desprovistos de todos los artificios.

La ópera se ofrecerá por primera vez en el Teatro Real con tres distintos tríos protagonistas: los tenores Javier Camarena, Celso Albelo y Dmitry Korchak en el rol titular de Gualtiero; las sopranos Sonya Yoncheva, Yolanda Auyanet y Maria Pia Piscitelli como Imogene; y los barítonos George Petean, Simone Piazzola y Vladimir Stoyanov como Ernesto. Estarán secundados por el tenor Marin Yonchev (Itulbo), el bajo Felipe Bou (Goffredo) y la soprano María Miró (Adele).

Maurizio Benini, gran experto en el repertorio lírico italiano, que en el Real ha dirigido Tosca (2004), L’elisir d’amore (2006) e Il trovatore (2019), volverá a colocarse al frente del Coro y Orquesta Titulares del Teatro Real debutando una partitura que poco a poco recupera el lugar que le corresponde, más allá del virtuosismo y belleza de sus melodías.

Fotografía: Javier del Real

Katiuska

Después de una temporada, la 17/18 complicada, el Teatro de la Zarzuela inauguraba la 18/19 con una expectación y glamour más propia de la Escala de Milán, pero en castizo.

Nadie quiso perderse el acontecimiento que empezaba con un cartel de relumbrón. Katiuska, de Pablo Sorozábal. Tras 37 años de ausencia en el teatro de la calle Jovellanos, llegaba con un reparto a la altura de cualquier teatro de ópera de primera fila: Ainhoa Arteta, que actúa solo dos días, Carlos Álvarez, cuya ausencia estas temporadas del Teatro Real nos está permitiendo verle a menudo en su faceta más zarzuelera, y Jorge de León.

Katiuska se estrenó en Barcelona en 1931 y pocas son las ocasiones en las que se volvió a representar. Esta vez se recupera el “canto de la tierra”, que desapareció en la grabación del 58 con Pilar Lorengar y Alfredo Kraus. El maestro Sorozabal, antes de morir, revisó la obra y mostró su deseo de que este fragmento volviese a interpretarse.

Y es en esta ocasión, y de la mano del maestro Guillermo García Calvo, cuando se representa casi en su totalidad, puesto que han sido eliminados para esta versión algunos de sus diálogos. El resultado es una obra breve, pero ágil y con ritmo.

Dice García Calvo que encuentra en las obras de Sorozábal una cercanía, poesía, franqueza y cariño que no aparecen en ningún otro repertorio. Algo que nos tendría que hacer sentir muy orgullosos. Se ambienta en la Revolución Rusa de 1917 y está llena de números cómicos, casi surrealistas, perfectamente alternados con músicas románticas de gran lirismo que describen el triángulo amoroso entre los tres protagonistas. Perfectamente instrumentada, cuenta con gran variedad de colores e instrumentos que describen lugares y situaciones, como las mandolinas que aportan el color ruso.

La escenografía de Daniel Bianco y dirigida por Emilio Sagi, evoca un montaje cinematográfico inspirado en los años 30 en los que se estrenó Katiuska y en las divas de la época, más princesas que actrices, cuando el cine presentaba a sus protagonistas con vidas ideales que ayudaban a salir de la rutina a un público entregado a sus ídolos. Se trataba de un gran marco lleno de escombros, los del régimen zarista. Una escenografía vistosa pero un poco austera para o que Sagi acostumbra. No faltó, claro está, uno de sus elementos fetiche, la luna.

Ainhoa Arteta, con una impresionante presencia escénica, interpreta una princesa Katiuska elegante y glamurosa. Destacó por sus pianos.

Carlos Álvarez está en un momento vocal extraordinario. Empezó algo destemplado pero fue el gran triunfador de la noche con ese timbre baritonal tan atractivo que dotó de gran personalidad a su personaje de Pedro Stakof.

Jorge de León lució su poderosa voz en un papel difícil, aunque breve, como príncipe Sergio.

Los comprimarios estuvieron a gran altura dando una clase magistral de interpretación y saber estar en un escenario, y sin perder un ápice de calidad cuando les tocaba cantar o bailar. Antonio Torres como Bruno Brunovich, Milagros Martín como Olga, la joven novia de Boni, el asistente del coronel interpretado por Emilio Sánchez. Enrique Baquerizo dio vida a un hilarante Amadeo Pich, el viajante catalán vendedor de medias. Y Amelia Font como Tatiana, tía de Boni y dueña de la posada. Espléndido también el Coro del Teatro,

En definitiva, una noche de música y teatro para disfrutar que nadie se debe perder.

Il mondo della luna

El Palau de les Arts estrena el jueves 8 de marzo ‘Il mondo della luna’, de Joseph Haydn, en el Teatre Martín i Soler, sede del Centre Plácido Domingo.

Jonathan Brandani, director musical, y Emilio Sagi, director de escena, han presentado hoy en conferencia de prensa esta hilarante ópera bufa sobre los engaños a un inocente burgués apasionado por la astronomía.

La obra se representa en montaje del Teatro Arriaga de Bilbao en coproducción con la Ópera de Montecarlo, que ganó en 2013 el Premio Campoamor a la mejor nueva producción. Daniel Bianco (escenografía), Pepa Ojanguren (vestuario), Albert Faura (iluminación) y Nuria Castejón (coreografía) conforman el equipo creativo de ‘Il mondo della luna’.

Brandani y Sagi trabajan desde principios de febrero con los artistas del Centre Plácido Domingo que integran el elenco: Vicent Romero y Moisés Marín (Ecclitico); Olga Syniakova (Ernesto), César Méndez y Jorge Eleazar Álvarez (Buonafede); Annya Pinto (Clarice), Giorgia Rotolo y Elena Schirru (Flaminia), y Andrés Sulbarán (Cecco).

El reparto se completa con la mezzosoprano Nozomi Kato, antigua alumna del Centre, en el papel de Lisetta, junto con la participación de tenores y bajos del Cor de la Generalitat Valenciana.

Jonathan Brandani, maestro italo-norteamericano que desarrolla una emergente carrera en Europa y Estados Unidos, hace su debut con la Orquestra de la Comunitat Valenciana. El joven director, que destaca por sus incursiones en el repertorio antiguo con su formación en L’Eloquenza, considera que Haydn propone una música “muy significativa, de gran riqueza y profundidad”.

“La partitura presenta páginas complejas y de gran dificultad, junto con el reto de los recitativos, que suponen una valiosa experiencia para los jóvenes artistas, que pueden profundizar en el clasicismo vienés y en la comedia de la ópera bufa italiana”, ha matizado.

Asimismo, Brandani ha subrayado la capacidad de Haydn para crear “musicalmente un mundo imaginario a través de la música en la Luna. Un lugar lleno de serenidad, paz, expresividad y emotividad, y casi utópico”.

Se trata, además, de la segunda ocasión en que Emilio Sagi trabaja con los jóvenes cantantes del Centre Plácido Domingo. En el año 2012, el ‘regista’ de Oviedo presentó en València la primera zarzuela de este proyecto: ‘El dúo de La Africana’, de Fernández Caballero.

El director ovetense señala que la elección del título supone “un gran acierto para los artistas del Centre, por sus exigencias y los muchos papeles del reparto, ya que los jóvenes cantantes han de hacer gala de habilidades escénicas y musicales”.

“Es una ópera deliciosa, de música estupenda. Es una comedia en la que unos jóvenes pretenden hacer entrar en razón a un señor mayor, determinista, machista y chapado a la antigua, para que dé libertad a sus hijas para hacer lo que quieran en sus vidas”, explica Sagi.

Basado en una obra de Carlo Goldoni, comediógrafo italiano que tanto escribió sobre los cambios sociales de finales del siglo XVIII, el libreto cuenta un divertido complot para lograr que el acaudalado protagonista (Buonafede) consienta los matrimonios de sus hijas (Clarice y Flaminia).

Ante las pretensiones del progenitor, que quiere desposar a las jóvenes con ricos aristócratas, los interesados pretendientes (Ecclitico y Ernesto) se aprovechan de su interés por los astros para urdir el engaño y hacerle creer que viajará a la Luna.

En este montaje, que traslada el enredo al siglo XX, Sagi convierte ‘El mundo de la luna’ en el mundo del espectáculo, lleno de bailarines, magia y sorpresas, y un sinfín de cosas extrañas para un sencillo burgués como Buonafede.

Las entradas para ‘Il mondo della luna’ tienen un precio único de 35 euros. Además del estreno el día 8 de marzo, el Teatre Martín i Soler acogerá más funciones los días 10 y 14 de marzo. El aforo de la representación del día 12 está reservado al público del Programa didáctico, dentro del Plan de acción social de Les Arts.

Dedicatoria

El Palau de les Arts dedicará las representaciones de ‘Il mondo della luna’ a la memoria del director de orquesta español Jesús López Cobos. El reconocido maestro, que falleció el pasado viernes 2 de marzo, fue el encargado de dirigir esta misma obra en su estreno, en mayo de 2013, en el Teatro Arriaga de Bilbao.

El centro de artes recuerda su visita a València, en noviembre de 2010 en el Auditori, cuando dirigió la Orquestra de la Comunitat Valenciana en un brillante programa de música española, con Plácido Domingo y Virginia Tola como solistas, que posteriormente se presentó en el Festival Castell de Peralada

El Cantor de México

Llegaba al Teatro de la Zarzuela la opereta El Cantor de México. Compuesta en 1951 por el francés, pero de origen hispano americano, Francis Lopez, y escrita para ser interpretada por el famoso Luis Mariano, que llegó a interpretarla en más de 850 ocasiones.

Su director de escena, Emilio Sagi, adaptó y actualizó el libreto inicial, algo desfasado, para su estreno en 2006 en el Théàtre du Châtelet. La producción que ha llegado a Madrid bajo la dirección escénica de Daniel Bianco es, como denominó su compositor, una opereta gran espectacle. Una brillante y espectacular escenografía, donde los cambios de escena se producen permanentemente y con gran dinamismo, recreando el ambiente de los clubes de la época y de los espectáculos de Carmen Miranda.

Muy importante es el trabajo del director musical Óliver Díaz al frente de la Orquesta Titular del Teatro de la Zarzuela. Una obra como ésta, cercana a la revista y llena de melodías de repertorios completamente distintos a los que acostumbra, como jazz, mambos o boleros, no resulta fácil de dirigir por la variedad de material musical. El resultado es de una calidad indudable.

Al frente del reparto encontramos al tenor José Luis Sola, evocando a Luis Mariano, pero con dificultades. Escaso volumen de voz y ausencia de sonido, salvo en los agudos, donde el brillo y el color tienen mucha presencia.

El personaje de Cricri corre a cargo de la soprano Sonia de Munck. Consigue un buen nivel interpretativo, pero no logra que su voz se escuche. Mucho menos cuando es acompañada por otros cantantes o crece el volumen de la orquesta.

El experimentado Luis Álvarez interpreta brillantemente al empresario Ricardo Cartoni, acompañado de una espectacular Ana Goya, que da vida a la hilarante Señorita Cécile. Al frente del reparto teatral está Rosi de Palma, como Eva Marshall, una diva kitsch que se alza con el protagonismo de la obra gracias a su personalidad y su potente presencia escénica.

El Teatro de la Zarzuela comienza la temporada con una obra diferente, un espectáculo que es puro divertimento. Quiere lanzar con ello un mensaje, la Zarzuela quiere llegar a todos los públicos y abrirse a la sociedad.

El Cantor de México

El Teatro de la Zarzuela abrirá el viernes 6 de octubre (20:00h) la temporada 2017/2018, y lo hará con el estreno en Madrid de la opereta ‘El cantor de México’ del compositor francés de origen hispanoamericano y ascendentes vascos Francis Lopez. La obra se presenta en una nueva producción del Teatro en coproducción con la Ópera de Lausanne. La escena ―ingeniosa, divertida y por momentos ciertamente espectacular― que sitúa la trama en el rodaje de una película de cine, está firmada por Emilio Sagi, responsable también de la versión libre a partir del libreto de Félix Gandera y Raymond Vincy, y la dirección musical correrá a cargo de Óliver Díaz, responsable musical de la institución, que estará al frente de un sugerente reparto encabezado por Rossy de Palma, así como del Coro Titular del Teatro y de la Orquesta de la Comunidad de Madrid. El público podrá disfrutar de 18 funciones hasta el 29 de octubre. La función del jueves 26 de octubre se retransmite en directo en Radio Clásica de Radio Nacional de España a partir de las 20h00

La nueva temporada de La Zarzuela echa a andar de esta especial manera, “con el firme compromiso de tender la mano a todos los públicos. Las 161 funciones que compondrán el nuevo curso estarán dirigidas tanto al espectador habitual del Teatro, como a aquellas personas que se acercan a él con curiosidad e inquietud de conocer, e incluso a quienes aún no saben lo que sucede entre los centenarios muros del coliseo”, así lo afirma su director, Daniel Bianco.

Dos serán los repartos que den vida a ‘El cantor de México’, esa historia que cuenta las venturas y desventuras de un joven ingenuo que en París descubre el amor y el éxito en tecnicolor. Junto a Rossy de Palma, que dará vida a la gran vedete Eva y a la Coronela Tornada, formarán el extenso elenco los tenores José Luis Sola y Emmanuel Faraldo, en el papel del joven Vincent, el barítono Luis Álvarez, en el del empresario Cartoni, responsable de la producción cinematográfica, las sopranos Sonia de Munck y Sylvia Parejo, que encarnarán a la bella Cricri, ayudante de este y enamorada en secreto de Vincent, o los barítonos Manel Esteve y Toni Marsol, que harán las veces de Bilou, el mejor amigo de Vincent y a su vez enamorado de Cricri no tan en secreto. También aportarán su talento los actores Ana Goya, como la señorita Cecile, ayudante de Monsieur Boucher, director de la película, que será el actor César Sánchez, y Maribel Salas, Nagore Navarro, Eduardo Carranza y Natán Segado, que interpretarán al resto de actores y actrices del filme que se rueda dentro de la escena, y en la que también harán su papel 17 figurantes y 12 bailarines.

La propuesta que presenta el Teatro de la Zarzuela muestra una escenografía fantástica, al más puro estilo kitsch, ideada por Daniel Bianco, donde se recrea un mundo tropical, sofisticado, en tecnicolor, propio de ese cine que persigue el gran espectáculo. Para lograr el efecto visual apropiado a este planteamiento es importante asimismo el vestuario diseñado por Renata Schussheim, la iluminación de Eduardo Bravo y la coreografía de Nuria Castejón.

También su música, tal vez más cercana al musical que a la opereta, es multicolor; llena de influencias norteamericanas e hispanoamericanas; aquellas que llegaban al París de los años veinte del siglo pasado, y de las que esta ciudad se apropiaba como si fueran suyas. Charlestón, swing, mambo o bolero, los numerosos estilos que irán sonando a lo largo del espectáculo pondrán a prueba a la orquesta, que será, en una sola velada, una formación sinfónica una banda de jazz, un grupo de mariachis o una agrupación de bolero.

La obra y el éxito

‘El cantor de México’ fue compuesta por Francis Lopez, músico francés de origen hispanoamericano (padre peruano y madre argentina) y de abuelos vascos, para el popular cantante de voz prodigiosa y gloriosa sonrisa, Luis Mariano. Se estrenó en el Teatro Châtelet de París en 1951 con un éxito descomunal. Cinco años después, la versión cinematográfica, también con Luis Mariano como cabeza de cartel, recogió asimismo el aplauso unánime del público de entonces.

En 2006, este mismo equipo artístico que ahora la presenta en el Teatro de la Zarzuela en una nueva versión en castellano de Emilio Sagi, recuperó la obra para ponerla en escena en el mismo Teatro parisino que la vio nacer 55 años antes. Otro éxito arrollador: el público en pie cada noche durante dos meses, y futura reposición con idéntico resultado.

Daniella Barcellona y Jessica Pratt en Tancredi

El valenciano Palau de Les Arts, ha cerrado brillantemente la temporada con cinco representaciones del rossiniano Tancredi, que han reunido un magnífico elenco vocal encabezado por Daniela Barcellona como Tancredi y Jessica Pratt en el papel de Amenaide, junto a la excelente prestación de la Orquesta de la Comunitat Valenciana dirigida por Roberto Abbado. También, cabe señalar la interesante propuesta escénica de Emilio Sagi. Curiosamente, y siendo las representaciones de mayor calidad que han podido verse durante toda la temporada, la asistencia del público no ha sido masiva, pudiendo contemplarse bastantes huecos en el aforo del teatro valenciano. Eso sí, el público asistente aplaudió con gran fuerza las magníficas prestaciones de cantantes y orquesta.

Gioachino Antonio Rossini (Pesaro, 1792 – París, 1868) muy pronto se sintió atraído por la ópera. En 1810, con solo dieciocho años, estrenó en el Teatro Samuele de Venecia su primer trabajo importante La cambiale di matrimonio, al que seguirá al año siguiente L’ equivoco stravagante. Obtendrá su primer gran éxito con La pietra del Paragone estrenada en el Teatro alla Scala de Milán, en 1812, convirtiéndose en un compositor tremendamente prolífico, ya que antes de finalizar ese año, había estrenado dos nuevas óperas: La Scala di seta y L’ocasione fa il ladro. Sorprende la capacidad de Rossini para componer paralelamente, en un escaso período de tiempo, una comedia como Il Signor Bruschino, y Tancredi (su primera ópera seria) ambas estrenadas en Venecia respectivamente el 27 de enero y 6 de febrero de 1813. El éxito de las obras cómicas de Rossini, puede ocultar su gran importancia como compositor de óperas serias. Grandes títulos como L’italiana in Algeri (1813), Il turco in Italia (1814), Il Barbieri di Seviglia (1816) o La Cenerentola (1817), sumieron en un flagrante olvido las óperas serias que compuso en su período napolitano, entre 1815 y 1823. En títulos dramáticos como Otello (1816) y La donna del lago (1819), renunció al heroísmo neoclásico, para dejarse ganar por el clima romántico, que estaba comenzando a nacer. Rossini concluyó esa brillante etapa, en 1823, con el estreno de Semiramide, última de sus treinta y cuatro óperas italianas, partiendo ese mismo año hacia Francia, donde seguirá componiendo comedias como Il viaggio a Reims (1825) y Le Comte Ory (1828), títulos dramáticos como Le siege de Corinthe (1826), Moïse et Pharaon (1827); y, sobre todo, su monumental Guillaume Tell (1829), que sienta las bases del melodrama romántico, y con el que concluyó su ciclo operístico cuando solo tenía treinta y siete años.

Tancredi fue compuesta por Rossini en diciembre de 1812 y enero de 1813, con libreto de Gaetano Rossi a partir de la obra teatral Tancrède de Voltaire. El estreno tuvo lugar el 6 de febrero de 1813 en el Teatro la Fenice de Venecia, y la ópera concluía con un final feliz. El 20 de marzo de ese mismo año, Rossini estrenó en Ferrara una versión revisada que incluía diferentes cambios, siendo el más significativo un nuevo final de carácter trágico, cuyo texto fue escrito por el poeta Luigi Lechi. Este final no gustó al público, y Rossini elaboró una nueva versión, estrenada en Milán, en diciembre de 1813, que sintetizaba las ofrecidas en Venecia y Ferrara, con la inclusión del final feliz. Durante veinte años, hasta 1833, la ópera fue representada con cierta asiduidad, cayendo posteriormente en el más absoluto de los olvidos. La partitura y texto del final trágico llegó a desaparecer, siendo descubierto por el musicólogo Philip Gossett, quien elaboró una edición crítica, en 1976, a partir de la versión estrenada en diciembre de 1813, pero concluida con el final trágico de Ferrara. La recuperación definitiva de esta ópera se produjo cuando esa edición crítica se estrenó en La Ópera de Houston (Texas), en 1977, con la participación como Tancredi de la gran mezzo norteamericana Marilyn Horne, quien se convertirá en la gran avalista de esta ópera, que interpretó durante más de una década en diferentes teatros de todo el mundo, habiéndonos legado hasta ocho grabaciones en directo, entre ellas la toma en video realizada en el Teatro del Liceu de Barcelona, en 1989. La mezzo Daniela Barcellona interpretó Tancredi por primera vez en el Festival de Pesaro de 1999, convirtiéndose desde entonces en un Tancredi referencial. Ello se pone de manifiesto en diferentes tomas en audio y video, sobre todo el DVD comercializado por TDK, de unas funciones que tuvieron lugar en el Teatro Comunale de Florencia, en octubre de 2005, junto a uno de los grandes interpretes de Argirio: el tenor argentino Raúl Giménez. En España, Daniela Barcelona ha interpretado Tancredi en bastantes ocasiones: La Coruña (2003), Oviedo (2004), Teatro Real de Madrid (2007), Teatro de La Maestranza de Sevilla (2009), y ahora en las recientes funciones que han tenido lugar en el Palau de Les Arts, donde se ha representado la versión crítica de Philip Gossett con el final trágico de Ferrara.

El Tancredi representado en Valencia es una coproducción de la Ópera de Lausanne y el Teatro Municipal de Santiago de Chile, con dirección escénica de Emilio Sagi, trasladando la acción del Siglo XI, en la época de Las Cruzadas, al siglo XIX, en el período italiano del Risorgimento. La acción comienza en el gran salón de un palacio, con columnas de mármol y grandes ventanales con bellas vidrieras policromadas, donde muchos comensales se reúnen alrededor de una gran mesa, ataviados con vistosos y recargados uniformes diseñados por Pepa Ojanguren, habitual colaboradora de Emilio Sagi. Ese mismo escenario se va transformando, mediante rápidos desplazamientos de sus paredes y una cambiante iluminación, en diferentes espacios escénicos: el reducido e intimista donde se desarrolla el dúo de Tancredi y Amenaide del Acto I, ya en el Acto II, se convierte en el elegante despacho de Argirio o en la cárcel donde recluyen a Amenaide.

En algún momento, a la búsqueda de un esteticista impacto visual, el planteamiento escénico resulta fallido, como en la secuencia de la batalla, en el Acto II, acotada en un espacio cuyo fondo es un panel donde están ensamblados muchos pequeños espejos, la oscuridad escénica solo es alterada por los focos de las linternas que portan figurantes y que se reflejan en los espejos, molestando seriamente a los espectadores. Resulta atractiva la escena final de la ópera donde puede verse un gran monumento funerario que en cuya base se produce la muerte de Tancredi en brazos de Amenaide. Señalar la falta de idoneidad del traje militar que porta Tancredi, encorsetando sus movimientos escénicos. Si exceptuamos la escena de las linternas deslumbradoras, resulta bastante apropiado el diseño de iluminación realizado por Eduardo Bravo, creando adecuados ambientes escénicos siempre en consonancia con el desarrollo de la acción.

Excelente dirección de Roberto Abbado, quien consigue una alta prestación de la Orquesta de la Comunitat Valenciana. El maestro Abbado conoce muy bien esta partitura, habiéndola dirigido en bastantes ocasiones, pudiéndose escuchar una magnífica grabación de estudio realizada por RCA, en 1995, donde dirigía a la Müncher Rundfunk Orchestra, con Vesselina Kasarova como Tancredi, la Amenaide de Eva Mei y el excelente Argirio de Ramon Vargas, exhibiendo una voz de gran belleza. Esta versión discográfica contiene los dos finales y el aria alternativa de Amenaide “Ah, se pur morir degg’io” que Rossini compuso para la versión de Ferrara.

Roberto Abbado se presentó con el brazo derecho inmovilizado por una lesión, lo que aún hizo más meritoria su labor directorial, que ya se puso de manifiesto desde la misma obertura (idéntica a la de otra ópera anterior de Rossini: La pietra del paragone) en cuya primera sección de corte claramente mozartiano, brillaron metales y maderas; y, una segunda sección, dominada por un reiterado crescendo orquestal, típicamente rossiniano, que se va alternando con la interpretación de una graciosa melodía donde destacan las intervenciones del violonchelo en conjunción con la flauta, fagot y toda la cuerda. Magnífico el sonido del preludio orquestal que introduce la gran escena de Tancredi del Acto I, con el continuo sonido de la cuerda grave acompañando a violines y maderas, junto a las lucidas intervenciones del oboe solista. Destacar el acompañamiento en el gran dúo de Amenaide y Tancredi en el Acto I, que finaliza con una brillante coda. También, la actuación orquestal en el final del Acto I: sexteto y concertante conclusivo. Ya, en el Acto II, resultó excelente la prestación del clarinete solista en el transcurso del aria de Isaura, seguida de la brillante ejecución de la música, de fuerte aliento sinfónico, que precede y acompaña el recitativo de Amenaide “Di mia vita infelice”. Muy bella la introducción y acompañamiento orquestal del aria de Roggiero en el Acto II. Resaltar el etéreo y tenue sonido camerístico de la cuerda, que acompaña la escena de la muerte de Tancredi. En los numerosos recitativos que contiene esta ópera, cabe destacar la excelente prestación del bajo continuo compuesto por pianoforte (José Ramón Martín), violonchelo (Rafal Jezierski) y contrabajo (David Molina). Buena labor concertante de Roberto Abbado siempre pendiente de las voces.

La gran mezzo triestina Daniela Barcellona ha hecho de Tancredi su papel más paradigmático, aportando su precisa vocalidad belcantista, gran interpretación dramática y una presencia escénica totalmente identificada con el personaje. Ya, resulta brillante su entrada escénica con la interpretación del recitativo “Oh patria, dolce e ingrata Patria”, que inicia con una mezza di voce, y donde exhibe una depurada línea de canto llena de expresividad, con excelentes regulaciones del sonido. El recitativo enlaza con el arioso “Tu che accendi questo core” para concluir con el famosísimo “Di tanti palpiti”, interpretado en el más puro estilo belcantista, ejecutando con maestría las pertinentes variaciones en la repetición iniciada con la frase “Sarà felice”, donde muestra su dominio de las agilidades, junto a unos agudos muy bien emitidos. Ya, en el Acto II, realiza una gran interpretación de la cavatina “Ah, che scordar non son” con la reiterada frase “L’adoro ancor” cada vez expresada con diferentes matices. Realiza una gran interpretación vocal y dramática del aria-rondó “Perché turbar la calma”, con una primera sección lenta, llena de tristes acentos, que deriva a otra mucho más rápida, iniciada con la agresiva frase “Traditrice! Io t’abbandono”, donde muestra su gran dominio de las agilidades con puntuales y precisas subidas al agudo. Se suceden esos cambios de ritmo lento-rápido, en un continuo crescendo, para concluir el aria con la heroica y reiterada frase “Al campo, al campo a trionfar” insertando poderosos agudos magníficamente emitidos. En un registro totalmente diferente, ya a punto de morir, dota de patéticos acentos el recitativo-aria “Oh Dio, lasciarte io deggio….Amenaide, serbami tua fe” conclusivo de la ópera.

Gran interpretación como Amenaide de la soprano Jessica Pratt, en posesión de una voz de atractivo timbre, bien proyectada, con dominio del canto legato, excelentes regulaciones de sonido y un absoluto dominio de la coloratura: trinos, escalas, notas picadas, junto a agudos y sobreagudos muy bien emitidos. También, cabe destacar su magnífica actuación escénica. Todo ello, ya se pone de manifiesto en su cavatina inicial “Come dolce all’alma mia” . En el Acto II, dota de gran lirismo su recitativo-aria “Di mia vita infelice…..No, che il morir non è”, con melancólicos acentos y excelente capacidad para las medias voces y las regulaciones de sonido, emitiendo bellas notas en pianissimi. Sus momentos más brillantes se producen en el recitativo-aria “Gran Dio!…..Giusto Dio che umile adoro” donde en recitativo y primera parte del aria, muestra una depurada línea de canto llena de expresividad, emitiendo preciosos filados, apianando la voz incluso en las notas agudas. Ya, en la segunda parte del aria, donde la música retoma el crescendo de la obertura, puede constatarse la capacidad de la cantante para la coloratura, emitiendo notas picadas con verdadera precisión, subiendo con facilidad al agudo y sobreagudo y finalizando el aria con un impresionante Mi5.

De calidad extrema resultan los dos dúos interpretados de Pratt y Barcellona, especialmente la sección central del segundo “Ah, come mai quell’anima”, con acompañamiento de la cuerda en pizzicato.

El personaje de Argirio es interpretado por el tenor chino Yijie Shi, magnífico cantante rossiniano, a pesar de su poco atractivo timbre. Durante sus numerosas intervenciones mostró un elegante fraseo y excelente ejecución de las agilidades. Especialmente brillante resultó su interpretación del recitativo-aria “Oddio crudel! Qual nome….Ah! segnar invano io tento”, ofreciendo en el recitativo, un canto lleno de expresividad; y, en el aria, momentos meditativos apianando la voz, junto a otros de auténtico canto de bravura con brillantes subidas al agudo y sobreagudo. Muy bien en su dúo con Tancredi del Acto II.

El bajo Pietro Spagnoli, tiene una voz en exceso lírica para el papel de Orbazzano y su interpretación no pasó de discreta, a pesar de tener verdaderas oportunidades de lucimiento, ya que en esta versión de Tancredi se inserta el aria “Alle voci della gloria” (inmediatamente antes del dúo de Tancredi y Argirio del Acto II) que habitualmente es omitida. En el papel de Isaura, la mezzo Martina Belli mostró una voz grande aunque un tanto gutural, con buen dominio de las agilidades, en la interpretación de su aria “Tu che i miseri conforti” del Acto II. La joven soprano Rita Marqués perteneciente al Centro de perfeccionamiento Plácido Domingo, se lució en su aria “Torni alfin ridente”. Excelentes los números de conjunto que cierran el Acto I, sobre todo el concertante final. Magnífica actuación del Coro de la Generalitat Valenciana (en este caso solo voces masculinas) en sus numerosas intervenciones, destacando su interpretación en el Acto II del Coro di Saraceni: “Regna il terror nella citta”.

Estas funciones de Tancredi estuvieron dedicadas a la memoria del director de orquesta y musicólogo Alberto Zedda, fallecido el pasado mes de marzo, cuya labor ha sido esencial en la recuperación de toda la obra rossiniana.

 

Lucrezia Borjia

Fabio Biondi y Emilio Sagi firman ‘Lucrezia Borgia’, de Gaetano Donizetti, la primera nueva producción de la Temporada 2016-2017 del Palau de les Arts Reina Sofía, que se estrenará el domingo 26 de marzo, a las 18.00 h.

El maestro palermitano y el director de escena ovetense han presentado hoy en conferencia de prensa este título basado en el retrato que hizo Victor Hugo de la enigmática hija del papa valenciano Alejandro VI.

Durante su intervención han estado acompañados por los principales protagonistas del montaje: la soprano Mariella Devia, la mezzosoprano Silvia Tro Santafé, el tenor William Davenport y el bajo-barítono Marko Mimica.

‘Lucrezia Borgia’ supone también un hito en la historia de Les Arts, puesto que será la primera ópera que se emita en ‘streaming’ el próximo 1 de abril, a través de ‘The Opera Platform’. La transmisión es posible gracias al acuerdo suscrito con la Agència Valenciana del Turisme y se enmarca dentro de la promoción de la Ruta de los Borja. De esta forma, durante el intermedio entre los actos I y II, se ofrecerá contenido audiovisual sobre la huella de la poderosa estirpe en la Comunitat Valenciana, además de las habituales entrevistas con el elenco de la producción y conexiones desde el teatro.

Fabio Biondi se adentra en la ópera belcantista en Les Arts después de sus recientes éxitos con la OCV en los repertorios barroco y clasicista. Con el reto de presentar el belcanto de Donizetti desde un prisma diferente, con un lenguaje historicista, el director musical de Les Arts completará su labor filológica alrededor de este periodo de la lírica italiana con ‘Italia más allá de la ópera’, un nuevo capítulo del ciclo de música de cámara que acogerá el Espai Los Toros el 30 de marzo.

Para Emilio Sagi, se trata del sexto montaje -el tercero de producción propia- que se presenta en el enclave cultural valenciano tras sus celebradas propuestas para ópera española y zarzuela: ‘La Bruja’ y ‘El rey que rabió’, ambas de Ruperto Chapí; ‘Luisa Fernanda’, de Moreno Torroba; ‘El dúo de ‘La Africana’, de Fernández Caballero, y ‘Katiuska’, de Pablo Sorozábal.

La puesta en escena con escenografía de Llorenç Corbella, vestuario de Pepa Ojanguren e iluminación de Eduardo Bravo, supone la primera visita del oventense durante esta temporada, que se cerrará también con una producción suya: ‘Tancredi’, de Rossini.

El libreto de Felice Romani, con quien Donizetti firmó éxitos como ‘L’elisir d’amore’ o ‘Anna Bolena’, toma como referencia el drama homónimo de Victor Hugo, más vinculado con la leyenda y mito alrededor de Lucrecia Borja que con su verdadera historia. La ópera se desarrolla en Ferrara, donde Lucrezia Borgia, desposada con el duque Alfonso d’Este, transita entre las contradicciones que arroja su figura pública frente a los sentimientos hacia su hijo secreto Gennaro.

Musicalmente, ‘Lucrezia Borgia’ es una de las partituras más endiabladas de Gaetano Donizetti, especialmente para su protagonista, un papel que en la historia de la lírica ha quedado reservado a voces legendarias, entre las que destacan Montserrat Caballé o Joan Sutherland.

La soprano Mariella Devia, considerada como la última gran dama del bel canto, encarna en Les Arts a la controvertida protagonista. Célebre por sus interpretaciones de Bellini y Donizetti, la diva italiana debutó en el centro de artes en el ‘Homenaje a Puccini’ que dirigió Plácido Domingo en 2008, y regresó en 2015 para ‘Norma’, uno de los papeles por los que obtuvo el ‘International Opera Award’ en 2016.

La mezzosoprano valenciana Silvia Tro Santafé canta el papel de Maffio Orsini. Intérprete de referencia en el repertorio haendeliano y rossiniano, ha actuado en los principales teatros y festivales líricos europeos, con directores como William Christie, René Jacobs, Lorin Maazel, Neville Marriner, Yehudi Menudin y Alberto Zedda. Tras su presentación en Valencia con ‘Orlando’, de Händel, en el año 2007, regresó en 2014 para ‘L’italiana in Algeri’.

El tenor estadounidense William Davenport, que inauguró la Pretemporada con ‘L’elisir d’amore’, también de Donizetti, presenta su segundo papel en Les Arts: Gennaro, el hijo secreto de Lucrezia Borgia. Con una ascendente carrera en América del Norte, el cantante de Maryland destaca por sus incursiones en el repertorio italiano.

Cierra el cuarteto protagonista el bajo-barítono croata Marko Mimica como Alfonso d’Este. El intérprete de Zagreb, calificado por la crítica como una de las voces del futuro, desarrolla una emergente carrera con actuaciones en Berlín, Palermo, Pésaro, Roma y, próximamente, París.

El elenco de ‘Lucrezia Borgia’ se completa con los cantantes del Centre Plácido Domingo Fabián Lara (Liverotto), Andrés Sulbarán (Vitellozzo), Alejandro López (Gazella), Moisés Marín (Rustighello), Andrea Pellegrini (Gubetta) y Michael Borth (Astolfo). Participan también Simone Alberti (Petrucci), José Enrique Requena (Ujier) y Lluís Martínez (Una voz) junto con el Cor de la Generalitat Valenciana, que dirige Francesc Perales.

Además del estreno el día 26 de marzo, Les Arts ha programado otras representaciones los días 29 de marzo y 1, 5 y 8 de abril.
The Opera Platform

Desde 2014, ‘The Opera Platform’ (TOP) ofrece una temporada europea de ópera en directo mediante acceso gratuito a través de su portal (http://www.theoperaplatform.eu/en), con el objetivo de atraer y cultivar nuevos públicos.

El proyecto está cofinanciado por el programa ‘Creative Europe’ de la Comisión Europea, en asociación con 15 teatros de 12 países europeos y cuenta con una audiencia potencial de dos millones de espectadores.

Les Arts ha sido invitado a participar en la presente temporada con la emisión de ‘Lucrezia Borgia’ de Donizetti, para la que cuenta con la colaboración de la Agència Valenciana del Turisme en una iniciativa que aúna la divulgación de la lírica a toda la sociedad junto con la promoción de la Comunitat Valenciana como destino cultural.

Después de su emisión, ‘Lucrezia Borgia’ estará todavía disponible seis meses más en la plataforma para quienes deseen verla durante ese periodo. El único requisito para disfrutar del espectáculo es disponer de conexión óptima a Internet.

Lectura dramatizada

Les Arts ofrece, con motivo de estas representaciones, una lectura dramatizada de ‘Lucrèce Borgia’, obra teatral en tres actos y prosa que Victor Hugo estrenó en París el 2 de febrero de 1833.

En el texto -un paradigmático ejercicio del imperante Romanticismo que latía con enorme vitalidad en los años 30 del siglo XIX-, el dramaturgo francés ofrece un retrato en negativo de la ilustre hija del Papa Borgia. Un retrato que va más allá de los suaves contornos de la mujer hermosa; un retrato que afila el perfil trágico de la asesina que fue también mujer utilizada y humillada.

Pepe Galotto, de La Farsería, dirige en el Aula Magistral este montaje que está orientado hacia el público del Programa Educativo los días 4, 6 y 7 de abril junto con una representación el domingo 9, a las 18.00 h, abierta para el público general.

Las Bodas de Figaro

El Teatro Real ha comenzado su temporada teniendo que dar explicaciones a las numerosas modificaciones que está teniendo la anunciada nueva temporada. Vaya por delante el hecho de que el Teatro ha vivido en los últimos meses una situación complicada. El fallecimiento de su anterior director artístico, Gerard Mortier, y el nombramiento como sustituto del actual, Joan Mataboch, no son una anécdota. Como tampoco lo es preparar una temporada con apenas seis meses en un mundo en el que se trabaja con márgenes mucho más amplios.
Los diferentes cambios en la programación se deben a distintos motivos. El estreno mundial de La ciudad de las mentiras, de Elena Mendoza, basada en textos de Julio Cortazar, se aplaza hasta el 2017 sin que hayan quedado claros los motivos. Se cae del cartel Fidelio, en esta ocasión el responsable es Alex Ollé, de la Fura dels Baus. Gollescas se ofrecerá en versión concierto, y no con la puesta en escena de José Luis Gómez y el pintor Eduardo Arrollo. En Hänsel und Gretel se sustituye la dirección escénica. Inicialmente iban a ser Joan Font, de Els Comediants, y Agatha Ruiz de la Prada los encargados, pero finalmente será Laurent Pelly.
También se cae del cartel la soprano Natalie Dessay en La fille du régiment. Aquí el Teatro no tiene nada que ver, ha sido la propia cantante quien anunció su retirada de los escenarios operísticos para dedicarse al recital. A cambio la sustituye Aleksandra Kurzak, que viene de tener un apoteósico triunfo en Viena con este mismo papel.
Esperemos que no se produzcan nuevas bajas en una temporada que puede denominarse de transición, dados los acontecimientos y dificultades que la han marcado.

Comienza la temporada con una reposición (y van tres en cinco años) de la producción que de Las bodas de Figaro realizó Emilio Sagi.
Esta obra, inspirada en un texto del polémico Pierre-Augustin Caron de Beaumarchais, que gracias a su maestría en el manejo de la sátira, estaba considerado como el azote de la nobleza. La misma que caería durante la Revolución Francesa y a la que tenía soliviantada con sus obras y escritos políticos.
La trilogía de Figaro escrita por Beaumarchais trata de representar el momento socio-político que vivía Europa. La caída de la aristocracia, representada en la figura del Conde y la Condesa de Almaviva, y el ascenso de las clases populares, con el criado Figaro como protagonista. Estos textos sirvieron de inspiración tanto para la composición de El barbero de Sevilla a Rossini, que se interesó más por la primera parte de la trilogía, como Las bodas de Figaro a Mozart, que se inspiró en la segunda parte.

Mozart decidió encargar a su nuevo libretista, Lorenzo Da Ponte, la adaptación del texto para su ópera. No fueron pocos los cambios que Da Ponte introdujo en la obra, sobre todo para conseguir rebajar el elevado tono crítico y transformarlo en una obra bufa. La ópera se estrenó en Viena en 1786, apenas tres años antes de iniciarse la Revolución Francesa. Compositor y libretista colaboraron más tarde en Cosí fan tutte y Don Giovanni.

La escenografía de Sagi es clásica y convencional. En algunos momento resulta desangelada, pero la responsabilidad de llenar un escenario aunque en éste escaseen los elementos, no es tanto del director de escena, sino de los propios artistas.

Al clasicismo y romanticismo que sí tiene la escenografía, contribuyen en gran medida el hermoso vestuario de Renata Schussheim, y la adecuada iluminación de Eduardo Bravo. Emilio Sage sabe dotar a sus obras de brillo y vistosidad. En esta ocasión, la incorporación de un cuerpo de baile y sus castañuelas, dan a la obra un toque castizo que dio vida a la obra.

Si bien Ivor Bolton es un excelente director, en estas bodas de Figaro no se puede decir que haya acertado con el tempo y mucho menos con el carácter de la obra. Su dirección careció de chispa y brío desde la apagada obertura. No tenía espíritu, lo que es imperdonable en una ópera bufa como es esta. Decir en su favor que estuvo pendiente en todo momento de los cantantes.

Con Andreas Wolf hemos asistido a la representación del Figaro más insípido y tieso que se ha visto. Un personaje tan chispeante como Figaro no puede ser solventado con tanta rigidez. Su voz es agradable, hermosa a veces, pero un personaje con tanta importancia teatral requiere, no solo un esfuerzo en la interpretación, también cualidades para ello.
Sylvia Schwartz fue una Susana a la altura de Figaro, no se si por convencimiento o por influencia de éste, pero hicieron buena pareja en la falta de expresividad en la interpretación. La solidez de su voz no acierta en esta ocasión con el personaje.
Luca Pisaroni, como Conde de Almaviva, fue de lo mejor de la noche junto a la Condesa, Sofia Soloviy. Ambos hicieron gala de buen oficio sobre el escenario, pero sobre todo, dotaron a sus personajes de empaque y distinción. Soloviy fue aplaudida en algunas de sus arias, sobre todo en “Dove sono”, por su calidad musical y extraordinarios legatos.
Elena Schneiderman tampoco se lució con su Cherubino. Lejos también, como el resto del reparto, de la comicidad que caracteriza a esta obra y la chispa traviesa de su personaje que casi pasa desapercibido.
El resto del reparto se perdió en medio del aburrimiento de la representación. Los intentos de José Manuel Zapata por recrear un Don Basilio jocoso y gracioso, no fueron suficientes.
Unos intérpretes sin soltura, rígidos, sin dar pie al más mínimo detalle teatral, ofrecen como único resultado el aburrimiento para un público que llega al Teatro predispuesto al disfrute.

LE NOZZE DI FIGARO
Wolfgang A. Mozart (1756-1791)
Ópera buffa en cuatro actos
Libreto de Lorenzo da Ponte, basado en la comedia La folle journée, ou Le mariage de Figaro (1784) de Pierre-Augustin Caron de Beaumarchais.
D. musical: Ivor Bolton
D. escena: Emilio Sagi
Escenógrafo: Daniel Bianco
Figurinista: Renata Schussheim
Iluminador: Eduardo Bravo
Coreografía: Nuria Castejón
D. coro: Andrés Máspero

Reparto: Luca Pisaroni, Dofia Soloviy, Sylvia Schwartz, Andreas Wolf,
Elena Tsallagova, Helene Schneiderman, Christophoros Stamboglis,
José Manuel Zapata, Gerardo López, Khatouna Gadelia, Miguel Sola,
Pilar Moránguez, Celine Kot.
Coro y Orquesta titulares del Teatro Real

Rigoletto

Interpretar más de 500 veces a un mismo personaje sin caer en lo rutinario, es más que un mérito, es arte, oficio y pasión. Y Leo Nucci, sobrado de facultades, a estas alturas de su vida está lleno de recursos en escena, y también fuera de ella. Sabe muy bien como gestionar las emociones de un público, el de Bilbao, que le esperaba con entusiasmo después de sus últimas cancelaciones en I Due Foscari y Nabucco.

Su interpretación de Rigoletto fue de menos a más. El calentamiento de su voz y del público llegó con el dúo Ah!, solo per me l´infamia, que fue el preámbulo a un magnífico Cortiggiani vil raza y una impecable y dramática vendetta que fue bisada. A pesar de alguna carencia en el fiato, que le llevó a acortar alguna frase, la capacidad vocal de Leo Nucci es prodigiosa en un hombre de 71 años. Demostró gran conocimiento de la partitura y del concepto de drama verdiano. Su voz conserva su color y características casi intactas a pesar de los años. Y Rigoletto es sin duda su personaje. No interpreta a Rigoletto, se transforma en él.

Y si Leo Nucci se había llevado todo el protagonismo inicial, la noche reservaba una gran sorpresa, la soprano rumana Elena Mosuc en el personaje de Gilda. Era su debut en Bilbao y eso siempre genera una cierta expectación, más bien esperanza, esa que nunca se pierde. Y tuvimos la ocasión de asistir a un acontecimiento cada vez más escaso, sobre todo tratándose de una obra tan clásica. Una de esas obras que cada uno tiene referenciadas en la cabeza con sus cantantes, director, escenario… y que difícilmente hacen hueco a ninguna otra versión.
Apareció Elena Mosuc, con esa discreción y delicadeza escénica con la que Verdi describió al personaje de Gilda. Llegó entonces Caro nome, y empezaron a temblar los recuerdos para dejar paso a este momento. Elena Mosuc posee unos recursos canoros que dificilmente se despliegan ya sobre un escenario. Bien por falta de ellos, por miedo o por vergüenza. La facilidad para el legatto. Apianar una nota con lánguido abandono y terminarla con un sutil crecendo. Todo ello con una finezza y un gusto exquisito. Se permitió algún sobreagudo y agilidades como regalo a un público que en ese momento estaba absolutamente entregado. El oficio y experiencia tanto de Leo Nucci como de Elena Mosuc, se observó también en el perfecto empaste de las dos voces protagonista.

La interpretación de Ismael Jordi, como Duca di Mantova, bajó algún escalón el nivel interpretativo respecto a los otros dos protagonistas. Empezó algo destemplado y mejoró en el segundo y tercer acto. Su voz ha mejorado en los últimos años pero no termina de convencer. Su color cambia con facilidad y es muy evidente el cambio de pasaje que desestabiliza algunos agudos. Pero su canto es refinado y elegante. No tiene mala presencia en escena, pero quizá el porte es escaso para el personaje de Duca. Sobre todo cuando apareció en el escenario María José Montiel con una Magdalena temperamental, exuberante y, sobre todo, castiza. Muy bien en el cuarteto, equilibró y redondeó el magnífico cuadro de cantantes. No estuvieron a su altura sus compañeros de correrías, ni Felipe Bou, como Sparafucile, ni Javier Galán interpretando a Marullo.
Ainhoa Zubillaga, como Giovanna, tampoco convenció. No posee una bonita voz. La sensación es de pesadez, de un angustioso dolor en la emisión. La nitidez en el fraseo es inexistente.

La dirección musical ha sido con diferencia lo más flojo durante toda la representación. Sorprendió la cancelación del director Daniel Oren, que ha sido sustituido por Miguel Ángel Gómez Martínez. La dirección de éste último ha pecado de una lentitud excesiva. Unos tiempos dilatados en exceso, que no favorecían el dramatismo pero sí el hastío en algunos momentos.

Hay escenografías que envejecen muy mal. Tal es el caso de la que nos ocupa, de Emilio Sagi, que se estrenó en este mismo teatro hace siete años. Su reposición ha estado a cargo de Ricardo Sánchez-Cuerda y el resultado es oscuro y pobre. No se reconocen en él elementos clásicos o conocidos. Los cambios y transiciones se realizan a la vista del público mediante plataformas móviles. Obligaba a los cantantes a moverse entre los elementos como en un laberinto. La dirección de actores falla en algunos momentos en los que Rigoletto queda fuera de escena siendo el protagonista. Quiere ser una escenografía sencilla, pero se queda en simple.
La iluminación, a cargo de Eduardo Bravo, quiere ayudar a crear una atmósfera tenebrosa, pero resulta tacaño y la luz, escasa.

La Bilbao Orkestra Sinfonikoa tuvo una actuación discreta, más por carencias de la dirección musical que de recursos de los maestros que la forman.
El coro brilló y contribuyó al éxito de la representación. Bien en las entradas y contundente en los cuadros de conjunto.

Habrá quienes opinen que el éxito del estreno de este Rigoletto es exagerado, que en la sala se encontraba mucho tiffosi nucciniano. La realidad es que la ópera y quienes participan en ella solo tienen una obligación, encender pasiones. Misión cumplida.

El Teatro es el lugar que acoge todas las grandes pasiones, y parece que aquí nada puede ocurrir de manera sosegada”. Con estas palabras trataba de explicar el
Director General del Real, Gregorio Marañón en declaraciones recientes, la opereta que se representa en este teatro en las últimas semanas a cuenta del cambio en la dirección artística.
En esta ocasión, las pasiones no se han trasladado al escenario. La temporada no ha comenzado con un estreno, como viene siendo tradicional. Lo ha hecho con la reposición del “Barbero de Sevilla” de Sagi que ya se estrenó aquí en 2005 con gran éxito. En aquella ocasión la obra de Rossini estaba encabezada por Juan Diego Flórez y María Bayo. Si bien no es fácil superar este reparto, no se entiende muy bien que en esta ocasión se haya recurrido a dos repartos mayoritariamente noveles y con numerosas carencias, vocales e interpretativas. El Teatro Real debe aspirar a mucho más en un estreno de temporada si quiere de verdad ocupar un lugar entre los grandes.
Emilio Sagi ha presentado en esta ocasión una escenografía más pulida y con extraordinarios detalles, creando cuadros independientes que formaban un conjunto homogéneo. Con una iluminación delicada y algunos efectos que, por su sencillez, resultaron vistosos y originales. Tal es el caso de la escena de “la calunnia”, interpretada por el bajo Dimitry Ulyanov. No ocurrió lo mismo con la tormenta, donde la imaginación estuvo ausente. Un escenario donde los elementos se desplazaban alegre y ordenadamente. Incluidos los figurantes y bailarines, un tanto excesivos en sus guiños a Sevilla, parecían estar perfectamente alineados. Sagi planteó la escenografía con una importante carga de locura y frescura, pero los intérpretes, y sobre todo la dirección musical, impusieron una racionalidad muy alejada de la inspiración e ingenio que Rossini demostró a la hora de su composición.

El joven director checo, Tomas Hanus, se estrenaba en el Real con una obra que conoce bien, su debut como director fue precisamente con el Barbero de Sevilla. A pesar de este aparente conocimiento de la obra, quedó claro desde el principio que el espíritu rossiniano no habita en él. Una dirección rutinaria, sin vitalidad, rígida y pobre, esperando siempre una remontada que nunca llegó. Una obertura en la que la prometedora delicadeza inicial de los violines, dio paso a unos vulgares metales y un conjunto musicalmente alejado de la brillantez a la que nos estaba acostumbrando.

El primer acto resultó interminable. La falta de chispa y de personalidad se notó en los momentos que debían ser de mayor esplendor. Grandes dificultades con los concertantes. La stretta del final del primer acto quedó deslucida y los crecendi fueron inexistentes.
De este primer reparto destacar la interpretación de la mezzosoprano italiana Serena Malfi. Sin duda es esta tesitura de voz la que mejor construye el personaje de Rosina, y la joven Malfi, con una voz segura y de sobrado volumen, resolvió con dignidad su partitura. Demostró soltura en el baile baile al final de la obra y cierta gracia. Lástima la falta de química con Almaviva de la que ella no es la única responsable. Un helador Dmitry Korchak, que para eso es ruso, y la triste influencia de la dirección musical, reforzaron la escasa empatía entre ambos.
Dmitry Korchak, el Conde Almaviva, fue de menos a algo. Sin volumen, sin gracia, falseando los pianos y desafinando al inicio. Estuvo toda la noche reservándose para su aria final. El público, que todo lo perdona cuando está deseoso de disfrutar, le aplaudió en los saludos.
Antes de dar comienzo a la función, se anunció el resfriado del Figaro de Mario Cassi. A pesar de ello, no pareció tener dificultades en los tonos medios y altos. Pero las agilidades, numerosas en este personaje, no podían ser ejecutadas sin una ostensible falta de volumen. A veces apenas se le escuchaba. Se le agradece no ser un Figaro histriónico, aunque resultara algo tosco y poco interesante.
Bruno Simone como Bartolo, fue el único, junto a Susana Cordón, en provocar alguna sonrisa entre el público. Pero Bartolo es un personaje que tiene que tener mucha más picardía. Ocurre lo mismo con Don Basilio, interpretado esta vez por Dmitry ULyanov, que debe vivir ya en el Teatro. Su profunda y oscura voz de bajo se agradece porque esta tesitura escasea, pero la falta de teatralidad en la interpretación en un personaje buffo, lo mata.
La única que repite en esta producción, con respecto al estreno de 2005, es la joven y más entusiastamente aplaudida Susana Cordón. Su Berta resultó ser el personaje más simpático y divertido de la noche. EL mejor momento de la obra fue su aria que interpretó junto al criado Ambrogio, magistralmente interpretado por Eduardo Carranza.

Pero la temporada no ha hecho más que empezar y, como decía un espectador al final de la representación, “no perdamos la fe”. El año se presenta, cuanto menos, entretenido.

Il barbiere di Siviglia
Gioachino Rossini (1792-1792)
Melodramma buffo en dos actos
Libreto de Cesare Sterbini, basado en la obra homónima
de Pierre-Augustin Caron de Beaumarchais
D. musical: Tomas Hanus
D. de escena: Emilio Sagi
Iluminador: Eduardo Bravo
Coreografía: Nuria Castejón
D. coro: Andrés Máspero
Reparto: Dmitry Korchak, Bruno de Simone, Serena Malfi,
Mario Cassi, Dmitry Ulyanov, Susana Cordón, Isaac Galán,
José Carlo Marino, Eduardo Carranza