Les contes d’Hoffmann

Considerada como una de las principales obras maestras del romanticismo francés, Les contes d’Hoffmann de Jacques Offenbach llega al Gran Teatre del Liceu de la mano de la onírica producción de Laurent Pelly

El maestro Riccardo Frizza dirige un elenco inmejorable de voces que, junto a la Orquesta Sinfónica y el Coro del Gran Teatre del Liceu, se enfrentan a la última gran ópera de Offenbach

Un reparto de lujo encabeza los roles principales: los tenores John Osborn y Arturo Chacón-Cruz como Hoffmann, Ermonela Jaho en el papel de Antonia, Olga Pudova y Rocío Pérez interpretando a Olympia y Nino Surguladze y Ginger Costa-Jackson poniendo voz a Giulietta

La obra, inacabada por el fallecimiento del compositor en 1880, narra los infortunios del poeta Hoffmann, obsesionado con triunfar en el amor. Representada 25 veces en el Teatre, el público liceísta podrá reencontrarse ahora con una creación artística fantástica

El horario de las funciones será a las 18:30h para permitir a todo el público poder regresar a sus casas antes del toque de queda establecido por las restricciones de la pandemia. La función del domingo día 31 de enero se mantendrá a las 17h.

El Gran Teatre del Liceu comienza el año con uno de los éxitos más apreciados por el público, Les contes d’Hoffmann de Jaques Offenbach, una producción del prestigioso Laurent Pelly y con la dirección del reconocido director italiano Riccardo Frizza, en substitución de Jordan de Souza, que canceló su participación por motivos personales. La más famosa de las óperas cómicas francesas se podrá ver del 18 de enero al 1 de febrero, con un total de 10 funciones. Un equipo artístico de lujo en el que John Osborn y Arturo Chacón-Cruz se pondrán en la piel del poeta maldito Hoffmann que evoca su pasado amoroso con Olympia (Olga Pudova y Rocío Pérez), Antonia (Ermonela Jaho) y Giulietta (Nino Surguladze y Ginger Costa-Jackson). La mezzosoprano Marina Viotti interpretará el rol de musa/Nicklausse junto a Carol García (19 y 31 de enero), en substitución de Stéphanie d’Oustrac que ha cancelado su participación en la producción por motivos de salud. Un elenco inmejorable de voces que también cuenta con Alexander Vinogradov y Roberto Tagliavini, encarnando a los cuatro malvados. Un elenco inmejorable de voces que también cuenta con Alexander Vinogradov y Roberto Tagliavini, encarnando los cuatro malvados. En el papel de Stella, debido al aislamiento preventivo de la soprano Adriana González, se incorpora al reparto Elena Sancho Pereg, que cantará la noche de estreno y hará un total de 5 funciones (18, 19, 25, 28 y 31 de enero). Una vez superados los 10 días de aislamiento, González se reincorporará haciendo su primera función el 20 de enero y seguirá el 21, 26, 30 de enero y 1 de febrero.

En Les contes d’Hoffmann, Offenbach crea un mundo con sus propias reglas que nos conduce a un universo en el que los sueños y la realidad se entrelazan. Sin renunciar a su propio estilo –ameno, sensible y de dulce melodía–, el dramaturgo ensanchó con ambición los límites de la ópera cómica. La obra, inacabada por el fallecimiento del compositor en 1880, quedó sin detalles de cómo debía verse exactamente el conjunto sobre el escenario. Las cinco partes que creó–tres actos, prólogo y epílogo–, a pesar de que quedaron prácticamente cerradas, se someten a menudo a revisiones musicológicas. Es por eso, que cada producción es una verdadera sorpresa y novedad. La versión de Laurent Pelly, que se estrenó en el Liceu en 2013, se adapta a la propuesta de Offenbach y recoge las dos caras del Romanticismo: la oscura historia y la magia de su reverso. Pelly recurre a la idea del viaje onírico del protagonista, un recurso narrativo siempre eficaz para dibujar una zona nebulosa donde parece que se confunden fantasía y verdad.

La última obra dramática que compuso Offenbach será uno de los retos para la Orquesta Sinfónica y el Coro del Liceu, que para esta ocasión contará con Riccardo Frizza al frente. La partitura está llena de grandes momentos musicales como el que protagonizan Hoffmann y Olympia en el segundo acto y en el cual las voces del tenor y la soprano se compenetran en una dulzura lírica encantadora. Pero sin duda el clímax es la famosa barcarola del tercer acto. Giulietta y Nicklausse cantan una de las melodías más reconocidas de todos los tiempos, una música deliciosa a medio camino entre el tempo del vals y el efecto hipnótico de una canción de cuna.

El argumento de la pieza, que se inspira en los relatos fantásticos del escritor alemán E. T. A. Hoffmann, relata la historia del poeta Hoffmann, enamorado de Stella, que se embarca, empujado por la musa, en un viaje durante una noche extraordinaria para encontrar la mujer ideal, encarnada en las protagonistas de los actos respectivos: Olympia (un autómata), Antonia (una joven que enferma cuando canta) y Giulietta (una cortesana en Venecia). La musa, sin embargo, busca el fracaso amoroso de Hoffmann, puesto que está convencida que solo cuando él renuncie al amor se podrá dedicar a la poesía y esparcir su bien a toda la humanidad.

Les contes d’Hoffmann es una ópera en tres actos con música de Jaques Offenbach y libreto de Jules Barbier. Se estrenó por primera vez el 10 de febrero de 1881 en la Opéra Comique de París. En Barcelona llegó en castellano al Teatro Eldorado, con una primera representación el 22 de abril de 1905. En el Liceu, se estrenó unos años más tarde, el 5 de febrero de 1924, y desde entonces se ha podido ver en el Teatre 25 veces.

Liceo, un espacio seguro

El Gran Teatre del Liceu ha trabajado desde el inicio de la pandemia en poder habilitar una serie de medidas adaptadas para garantizar la seguridad sanitaria dentro del Teatre. Un protocolo que tiene la finalidad de dar cumplimiento a la normativa del departamento de Salud y las condiciones específicas del Procicat en materia de equipamientos culturales.

Con la intención de asegurar al máximo que el Liceo sea un espacio seguro recordamos que es obligatorio el uso de mascarilla y gel hidroalcohólico dentro del Teatro. Entre otras medidas se encuentran el control de temperatura en los accesos, la desinfección constante de los espacios, la renovación permanente del aire a través de dos nuevos ventiladores que se han instalado en agosto de 2020, la inhabilitación del guarda- ropa, y el uso del formato digital para los programas de mano.

Para que el público pueda retornar a sus casas antes del toque de queda, el horario de las funciones será a las 18:30h. La función del domingo día 31 de enero se mantendrá a las 17h.

Fotografía: A. Bofil

Festival de Peralada

Plácido Domingo y Ermonela Jaho han protagonizado esta ópera de Jules Massenet, en versión concierto.

Es la primera vez que se ha representado esta ópera en el Festival y ha contado con un elenco extraordinario: Plácido Domingo (Athanaël), Ermonela Jaho (Thaïs),

Jean Teitgen (Palémon), Elena Copons (Crobyle), Lida Vinyes (Myrtale), Maife Nogales (Albine), Cristina Díaz (Sirviente) y Sara Blanch (el Encantadora). Han estado acompanyados por el Coro y Orquesta Titulares del Teatro Real de Madrid, dirigidos por el maestro Patrick Fournillier.

Plácido Domingo debutó en el Festival de Peralada el año 1991 con Otello i ha vuelto en varias ocasiones, la última en 2011. La soprano, Ermonella Jaho, debutó el año pasado en Peralada, como protagonista de la ópera Madama Butterfly.

El legendario, Plácido Domingo, ha interpretado con gran fuerza y personalidad teatral su rol del monje Athanaël, vencido a los encantos de la cortesana Thaïs, rol interpretado por Ermonela Jaho que ha vuelto a enamorar al público de Peralada. Uno de los momentos brillantes y esperados por el público ha sido cuando ha llegado la célebre Meditation, el interludio para violín solo y orquesta que divide en dos la ópera y marca la conversión espiritual de la protagonista.

Thaïs, una de las óperas más bonitas de Jules Massenet, con libreto de Louis Gallet, se ha escuchado esta noche en versión concierto, en tres actos y siete escenas. Se estrenó en la ópera de París el 16 de marzo de 1894.

Esta noche también ha destacado la intervención del Coro Titular del Teatro Real de Madrid, desde 2010. Actualmente lo dirige el maestro Andrés Máspero. Ayer con Jonas Kaufmann y hoy en Thaïs, la música ha ido a cargo de la Orquesta Titular del Teatro Real, que han conseguido hacer sonar las notas impecablemente.

Una noche de gran calidad vocal e instrumental, una Thaïs de gran belleza que perdurará en la memoria del público. Los aplausos han sido sonoros y también los bravos haciendo salir a los artistas más de una vez al escenario, una vez terminado el espectáculo. Incluso las cigüeñas han aplaudido.

Mademe Butterfly en el Festival de Peralada

Al igual que el pasado año con Turandot, el Festival de Peralada ha optado por otro título pucciniano, Madama Butterfly, con un gran triunfo para su protagonista la soprano albanesa Ermonela Jaho, en la interesante propuesta escénica de Joan Antonio Rechi, situada en un devastado Nagasaki por la explosión de la bomba atómica. Programada para los días 7 y 9 de Agosto. La segunda representación tuvo que ser suspendida al final del Acto I, debido a una intensa y persistente lluvia.

A comienzos del Siglo XX, Giacomo Puccini (Lucca, 1858-Bruselas, 1924) era ya un compositor de gran prestigio a nivel internacional. Sus óperas Manon Lescaut (1893), La Bohème (1896) y Tosca (1900) habían conseguido grandes éxitos. Sin embargo, el estreno de su siguiente ópera Madama Butterfly, en el Teatro alla Scala de Milán, el 17 de febrero de 1904, fue un rotundo fracaso, a pesar de la presencia de magníficos cantantes: Rosina Storchio como Butterfly, junto al Pinkerton de Giovanni Zenatello y el Scharpless de Giuseppe De Luca. Posiblemente, ese gran fiasco fue debido al poco tiempo de ensayos (la composición no estuvo concluida hasta fines de diciembre de 1903), y a la excesiva longitud del Acto II, que duraba alrededor de noventa minutos. Puccini realizó una revisión de la obra eliminando algunos pasajes del Acto I, dividiendo el Acto II en dos partes separadas por un amplio interludio orquestal, incluyendo una nueva aria para Pinkerton “Addio Fiorito asil” y también acortando la parte final de la ópera. La nueva versión fue estrenada con gran éxito en el Teatro Grande de Brescia el 28 de mayo de 1904.

Una tercera versión traducida al francés, fue estrenada en París, el 28 de diciembre de 1906, con nuevos recortes que afectaban fundamentalmente a la parte final de la ópera, realizados por Albert Carré, director de la Opera Comique, con el consentimiento de Puccini. Para el estreno en el Metropolitan de Nueva York, el 11 de febrero de 1907, Puccini volvió a utilizar la versión de Brescia, con pequeñas variaciones y contando con un imponente reparto que incluía la Butterfly de Geraldine Farrar, Enrico Caruso como Pinkerton y el Scharpless de Antonio Scotti. Giulio Ricordi realizó una edición, en 1907, en base a la versión parisina, que puede considerarse como la definitiva, con unos veinte minutos menos de música con respecto a la primera versión scalígera. Geraldine Farrar se convirtió en una Butterfly referencial, habiéndola interpretado en todas las temporadas del Metropolitan entre 1907 y 1922, compartiendo repartos, primero con Caruso y posteriormente con otros grandes tenores como Giovanni Zenatello (el primer Pinkerton), John McCormack, Hipolito Lazaro, Giovanni Martinelli y Beniamino Gigli. Otras famosas Butterfly de la época fueron Elisabeth Rethberg, Claudia Muzio y Lucrecia Bori.

Los años cincuenta y sesenta del pasado siglo constituyeron una época dorada para esta ópera, por la presencia de grandes Butterfly como Eleanor Steber, Renata Tebaldi, Victoria de los Angeles, Clara Petrella, María Callas, Renata Scotto, Leontine Price, Antonietta Stella, Pilar Lorengar y Monserrat Caballé. Victoria de los Angeles interpretó Butterfly muchas veces en teatro, desde que la debutase en el Metropolitan de Nueva York, en 1951, habiendo legado dos excelentes grabaciones discográficas para EMI: en 1954 con Giuseppe Di Stefano y en 1959 junto a Jussi Björling, en ambos casos con la Orquesta de la Ópera de Roma, respectivamente dirigidas por Gianandrea Gavazzeni y Gabrielle Santini.

Renata Tebaldi también fue una magnífica Butterfly, que interpretó por primera vez en teatro, en el Liceu de Barcelona, en 1958, realizando ese mismo año una grabación para DECCA, junto al Pinkerton de Carlo Bergonzi, dirigidos por Tullio Serafin al frente de Orquesta de la Academia de Santa Cecilia. Renata Tebaldi interpretó Butterfly sobre todo en Metropolitan neoyorkino, manteniéndola en su repertorio hasta 1961. María Callas fue una ocasional Butterfly aportando su vocalidad y extraordinario talento dramático, debutando el papel en una grabación para EMI, en 1955, junto a Nicolaï Gedda y la gran dirección orquestal de Herbert von Karajan al frente de la Orquesta del Teatro alla Scala, y ese mismo año interpretando en la Ópera de Chicago sus tres únicas representaciones en teatro junto al Pinkerton de Giuseppe Di Stefano.

En los años sesenta, irrumpió con gran fuerza la Butterfly de Renata Scotto, que reunía belleza vocal junto a una gran creación escénica, y que interpretó por primera vez en el Teatro Colón de Buenos Aires, en 1964, manteniéndolo en su repertorio durante más de veinte años con unas últimas representaciones en el Metropolitan, en 1987. Su grabación para EMI de 1966, resulta verdaderamente referencial, con el excelente Pinkerton de Carlo Bergonzi (mucho mejor que en su grabación con Tebaldi), junto al magnífico Sharpless de Rolando Panerai, y la extraordinaria dirección de Sir John Barbirolli al frente de la Orquesta de la Ópera de Roma. En 1974, y en una grabación para DECCA, Herbert von Karajan volvió a retomar esta partitura, al frente de la Filarmónica de Viena, en una suntuosa versión con la gran Butterfly de Mirella Freni (no la cantó nunca en teatro), junto al deslumbrante Pinkerton de Luciano Pavarotti y la magnífica Suzuki de Christa Ludwig.

El pasado diciembre pudo verse en la inauguración de la temporada en el Teatro alla Scala, la primera versión de Butterfly, con dirección orquestal de Riccardo Chailly, y cuya disponibilidad en internet permite establecer las diferencias con la versión más reducida que habitualmente suele escucharse. En el reparto intervenía la soprano uruguaya María José Siri como Butterfly, junto a dos de los interpretes que hemos podido escuchar en Peralada: el Pinkerton del tenor norteamericano Bryan Hymel y nuestro Carlos Álvarez como Scharpless.

La Madama Butterfly representada en Peralada es una coproducción de este festival y la Deutsche Oper am Rhein, que fue estrenada hace unos meses en la ciudad alemana de Duisburg (Renania del Norte-Westfalia), con la dirección escénica del andorrano Joan Anton Rechi. La escenografía de Alfons Flores sitúa la acción en el consulado estadounidense de Nagasaki, en un suntuoso salón con altas columnas clásicas en cuya pared de fondo puede verse una gran bandera de EEUU. Una plataforma giratoria permite el desplazamiento, por momentos, de elementos escénicos como el elegante despacho del cónsul Scharpless, o de los numerosos personajes que aparecen en escena durante la ceremonia de la boda entre Butterfly y Pinkerton, e incluso, la aparición del lecho nupcial donde ambos interpretan el precioso dúo final del Acto I. Seguidamente, puede escucharse el ruido del motor de un avión y un estruendoso sonido que reproduce el estallido de la bomba atómica sobre Nagasaki, pudiéndose ver la destrucción del consulado cuyas columnas se van desplomando a base de magníficos efectos visuales preparados por el diseñador de iluminación Alberto Rodriguez.

También, puede verse a modo de observatorio, una tosca plataforma que jugará un papel importante en todo el final de la ópera. Sin duda, esta escenografía puede resultar interesante desde el punto de vista dramático para resaltar la tragedia física y moral en la que está sumida Batterfly, desde la partida-abandono de Pinkerton, después de la boda. Cabe señalar flagrantes incongruencias entre texto cantado y espacio escénico, cuando Butterfly manda a Suzuki a buscar flores en ese árido lugar, o cuando Pinkerton comenta que después de tres años el paisaje no ha cambiado. Resultan bien resueltos los movimientos escénicos de los numerosos personajes en el transcurso del Acto I, produciéndose momentos de gran belleza cuando la figura de Butterfly aparece totalmente rodeada de blancas sombrillas.

Resaltar el diseño de vestuario a cargo de Mercé Paloma, donde se mezcla el mundo occidental y oriental: los elegantes y adecuados trajes de Pinkerton y Scharpless o el tradicional kimono que porta Butterfly, en comparación con la vestimenta occidental de sus parientes y amigos, que en el caso de los figurantes masculinos se combina con esos típicos moños que lucen en sus peinados. Buena dirección escénica de Joan Antón Rechi, quien consigue extraer el máximo de teatralidad a las actuaciones de cada uno de los personajes y en especial de la protagonista.

Madama Butterfly presenta claras influencias wagnerianas, con la inclusión de cantidad de motivos recurrentes dentro de un brillantísimo entramado orquestal en el que las voces se insertan como un instrumento más. También contiene muchos pasajes de una evanescente y colorista música impresionista. Por tanto, se trata de una ópera que requiere una buena orquesta, cuyo director sepa plasmar los múltiples detalles de esta riquísima partitura. En este caso, la prestación de la Orquesta Sinfónica de Bilbao no pasó de discreta, con una dirección a cargo del maestro israelí Dan Ettinger poco refinada, con tendencia a un excesivo volumen sonoro y sin conseguir dar realce a los muchos momentos donde la partitura adquiere unas dimensiones de intenso lirismo, como la entrada en escena de Butterfly o el gran dúo conclusivo del Acto I. Aceptable el sonido de maderas, metales y percusión, junto a una irregular prestación de la cuerda. Resultó incomprensible la interrupción del sonido, cuando se estaba ejecutando el preludio del Acto III, que así quedó dividido en dos partes.

Ermonela Jaho ha hecho de Butterfly su papel más paradigmático desde que lo interpretase por primera vez en Filadelfia, en 2009. Ya pudo escucharse su magnífica interpretación en El Liceu, en 2013, y muy recientemente, los pasados meses de junio y julio en el Teatro Real de Madrid. Sin poseer la contundencia vocal, que el personaje requiere en el Acto II, y sobre todo en todo el final de la ópera, ofrece una muy matizada interpretación, sacándole el máximo partido expresivo a cada palabra y a cada frase cantada. Durante el Acto I, mostró esa claridad tímbrica que requiere la ingenua y frágil Butterfly, de solo quince años, realizando una gran interpretación de “Ancora un passo” en un crescendo concluido con la frase “son venuta al richiamo d’amor, d’amor” rematado con un imponente Re5.

Ofrece toda una lección interpretativa en el precioso dúo con Pinkerton al final del Acto I. Ya, en el Acto II, realizó una extraordinaria y matizada interpretación de la famosísima aria “Un bel di vedremo”, emitiendo bellos filados; y, mostró gran capacidad para el canto de conversación en su largo dúo con Sharpless, dotando de un tremendo contenido dramático a frases como “Due cose potrei far: tornar a divertir la gente col cantar…oppur, meglio, moriré”, cuando Scharpless le plantea la posibilidad de que Pinkerton no regrese. Su interpretación en todo el final de la ópera, resultó impresionante, con esa demoledora frase recitada “Con onor muore chi non può serbar vita con onore” para continuar con el aria “Tu, tu, Piccolo iddio”, a la que dotó de patéticos acentos, mostrando de nuevo su magnífico registro agudo. Situada en toda esa escena final sobre esa plataforma antes mencionada; en el momento del suicidio se le cayó al suelo la daga, teniendo los suficientes recursos para resolver la situación. Ermonela Jaho se implicó de tal manera en su personaje, que incluso saludó al público sollozando.

El tenor norteamericano Bryan Hymel, mostró una voz de gran poderío y atractivo tímbrico en la franja aguda, que pierde brillantez en los registros central y grave. Su presencia escénica muestra la faceta más arrogante y canallesca del seductor Pinkerton. Todo ello se pone de manifiesto en su dúo inicial con Sharpless, y cuando canta de manera desenfadada el aria “Amore o grillo, dir non saprei”. Sin embargo, su prestación decae en el gran dúo final del Acto I, con un canto escaso de matices en comparación con la exquisita interpretación de Ermonela Jaho. Ya, al final del dúo, ambos juntas las voces emitiendo un Do4, bien proyectado hacia delante por la soprano y que al tenor se le queda más atrás. Su mejor intervención se produjo en el aria “Addio Fiorito axil”.

Magnífico el Sharpless de Carlos Álvarez, elegante y lleno de nobleza, mostrando su bella vocalidad y gran interpretación escénica, que va matizando, primeramente, en su dúo inicial con Pinkerton al que acompaña en su malévolo juego. Ya, en el Acto II, en ese gran dúo con Butterfly, donde muestra su gran dominio del canto de conversación con un incisivo y contrastado fraseo. Brillantísima resulta su intervención en el precioso trío “Io so che alle sue pene” junto a Suzuki y Pinkerton, donde la voz del barítono malagueño se impone a las otras dos. En el dúo que sigue con Pinkerton “Non ve l’avevo detto?” vuelve a ofrecer su excelente línea de canto finalizando su intervención con la solemne y matizada frase “Andate, il triste vero da sola apprenderà” . En suma, una gran interpretación de Carlos Álvarez.

La mezzo Gemma Coma-Alabert perfiló una Suzuki de gran lirismo y fuerza expresiva, que se da cuenta desde el principio de la mala conciencia de Pinkerton. Muy bien en el Acto II, en sus puntuales intervenciones bien conjuntada con Ermonela Jaho, y que tiene su culminación en el conmovedor dúo de las flores. Viçens Esteve realizó una buena interpretación del interesado e histriónico casamentero Goro. Excelente el joven barítono Carles Pachón en su breve intervención como el príncipe Yamadori.

La actuación del Coro del Liceu, fue mejorando en el transcurso de la representación, resultando discreta en la entrada escénica de Butterfly, mejorando en el precioso “O Kami! O Kami!, y consiguiendo su mejor prestación en el famoso “Coro a boca cerrada”, que cierra el Acto II.

Texto: Diego Manuel García Pérez
Fotografías: Toti Ferrer

Madama Butterfly

Hacia 1850 y tras dos siglos y medio de aislamiento, Japón se ve en la obligación de abrirse al mundo. Para ello cuenta en esos momentos con dos importantes escaparates, la Exposición Universal de Londres (1862) y, sobre todo, la de París (1867). En esta última, llama la atención de importantes artistas que se ven influenciados por la impronta cultural japonesa y son, a su vez, quienes primero difunden estas nuevas tendencias.

Artistas como James McNeill Whistler, Édouard Manet o Clode Monet en París, y Mariano Fortuni o Raimundo de Madrazo en España, fueron algunos de los primeros en sentir la fascinación de la cultura japonesa.

También a Madrid llegaron estas influencias orientales. Las clases altas en seguida mostraron su interés, no solo por expresiones artísticas, también por objetos y elementos de decoración. Gabinetes y salones japoneses se pusieron de moda en palacios y mansiones de la nobleza de ese fin de siglo. La propia residencia de Cánovas del Castillo o de la Infanta Eulalia de Borbón disponían de salón japonés. Es el caso del restaurante Lhardy, de cuyo salón puede disfrutarse hoy en día.

Tanta influencia oriental tuvo entre sus consecuencias el estreno en el Teatro Real de Madrid, en 1907, de Madama Butterfly, la ópera que Puccini había compuesto fascinado por la chinoiserie y todas sus evocaciones. El estreno fue por todo lo alto, el papel de Cio-Cio-San fue interpretado por Rosina Estorquio, soprano legendaria en ese momento y que había estrenado el rol en 1904 en la Scala de Milán.

En esta ocasión el Real nos presenta la reposición de la Madama Butterfly que Mario Gas y Ezio Frigerio diseñaran para este mismo teatro en 2002.

Después de 15 años apenas se han hecho actualizaciones en la escenografía, algo que dice mucho en favor de este trabajo. Estableciendo una relación entre la ópera y el cine, dos géneros bien conocidos y queridos por el compositor, la escenografía nos traslada a un plató de rodaje del Hollywood de los años treinta, utilizando el recurso de un teatro dentro del teatro. La filmación se puede ver en tiempo real en una pantalla situada sobre el escenario, gracias a una muy buena edición que permite apreciar los primeros planos de los cantantes, lo que potencia la dramatización.

La historia parte de una tradición europea, de cuando, primero los holandeses y después otros europeos, comerciaban a través de la Compañía Holandesa de las Indias Orientales. Para ello, habitaban la isla de Dejima, en la que pasaban grandes temporadas. Al no poder llevar a sus esposas, realizaban una ceremonia nupcial y contraían supuesto matrimonio con jóvenes japonesas a las que después abandonaban. Todo ello facilitado por casamenteros, como lo hace Goro en Madma Butterfly.

Este es el drama de la joven Cio-Cio-San a la que dan vida en esta ocasión las sopranos Ermonela Jaho y Hui He. En palabras del director de escena Mario Gas, “un exceso de pasión lleva al emborronamiento, y una ausencia de pasión, lleva a la frialdad”. No ha faltado pasión en las interpretaciones de ambas sopranos, pero la capacidad dramática de Ermonela Jaho, de la que ya dejó buena muestra en su Violeta de La traviata, y esta misma temporada con su Desdemona en Otello, supera cualquier registro interpretativo. Mirellla Freni, que era una gran Butterfly, no la podía cantar en escena porque la emoción le hacía llorar y el llanto descolocaba su voz. Hermonela Yaho es capaz de llorar a la vez que canta. Es capaz de abandonar la técnica para emitir un llanto sin que se aprecie una pérdida de posición. La capacidad para el fraseo, su delicada línea de canto que otorga al personaje una fragilidad que sobrecoge, mantienen al público atrapado y estremecido. Todos saben lo que va a pasar, menos ella… Transmite las emociones como pocas. Aunque su voz no sea perfecta, aunque sus graves sean deficientes, aunque abuse un poco de los filados que, por otra parte, son maravillosos, pero, ¿qué es la ópera, sino emociones?

Como resulta muy difícil elegir una versión, hemos optado por poner las dos, Ermonela Jaho y Hui He interpretando “Un bel di vedremo”, al comienzo del segundo acto. Dos formas y técnicas diferentes de abordar el mismo personaje.

Hui He ha sido la Butterfly del segundo reparto. Lo de segundo en este caso no se referirse a una menor calidad. Sin duda su tesitura de lírico-spinto es la más apropiada para este rol. Tiene un hermoso y penetrante timbre y un registro central poderoso, graves sólidos y una proyección extraordinaria, junto a una línea de canto homogénea. Comenzó sin grandes arrebatos dramáticos pero fue entrando en el personaje a medida que avanzaba la obra.

No estuvo bien acompañada en la réplica por el Pinkerton del joven Vincenzo Costanzo. Tiene una voz fresca y se apunta un hermoso timbre, pero aún se encuentra lejos de una técnica adecuada para estos personajes. Su voz blanca y sin brillo necesita de tiempo, estudio y calma. Instrumento parece que tiene, esperemos que no le falte paciencia.

Mejor el Pinkerton de Jorge de León, con agudos plenos y brillantes. Aunque con cierta tosquedad, teniendo en cuenta la delicadeza de Butterfly de Jaho. El personaje de Suzuki interpretado por Enkelejda Snkosa y Gemma Coma-Alabert. Ambas son la perfecta compañía vocal de sus respectivas Cio-Cio-San.

Ángel Ódena compuso un Cónsul Sharpless con autoridad y nobleza distribuida acertadamente. Contribuyó a la magia de la representación. El Cónsul de Vladimir Stoyanov siempre es un barítono con garantías y cumplió con solvencia. Del mismo modo que el Goro de Francisco Vas. Con una muy buena actuación y un punto histrión que redondeó el personaje de casamentero.

El resto del reparo estuvo a gran altura, incluido el coro que demostró una bellísima delicadeza.

La dirección de Marco Armiliato exibe su gran conocimiento de la partitura y del compositor. Gran capacidad teatral y un cuidado exquisito de los cantantes, modulando en cada momento para facilitar su trabajo con una partitura que siempre plantea el problema del volumen de sonido.
Consiguió una variada paleta de colores dominando los cambios de emoción que contiene la partitura y cada uno de los personaje momentos. Como la entrada de Cio-Cio-San, tan delicada y transparente, como corresponde a una inocente mujer de 15 años. La orquestación del segundo acto es difícil para el cantante por su dramatismo y la exigencia de una técnica muy sólida para cantar por encima de la orquesta. Pero Armiliato consigue el equilibrio. Siempre pendiente de los cantantes y de una partitura que marca el itinerario con todo tipo de detalles. Una música de un potencial dramático desgarrador, de la que el maestro italiano extrae el máximo.

Un buen fin de temporada y una oportunidad para acercarse a la ópera a través de la retransmisión del día 30. Quien lo haga por primera vez, con esta Butterfly quedará prendado para siempre.

Texto: Paloma Sanz
Fotografías: Javier del Real
Vídeos: Teatro Real

Madama Butterfly
Giacomo Puccini (1858-1924)
Tragedia giapponese en tres actos
Libreto de Giuseppe Giacosa y Luigi Illica, basado en la obra de teatro Madame Butterfly, de David Belasco,
inspirada en el relato de John Luther Long
D. musical: Marco Armiliato
D. escena: Mario Gas
Escennografía: Ezio Frigerio
Figurinista: Franca Squarciapino
Iluminador: Vinivio Cheli
D. coro: Andrés Máspero
Reparto: Hermonela Jaho/Hui He, Jorge de León/Vincenzo Costanzo, Enkelejda Shkosa/Gemma Coma-Alabert, Ángel Ódena/Vladimir Stoyanov, Francisco Vas, Tomeu Bibiloni, Scott Wilde, Igor Tsenkman, Elier Muñoz,
José Julio González, Marifé Nogales, Rebeca Salcines, María Fidalgo, Miriam Montero.

MAdama Butterfly

El próximo 27 de junio, martes, el escenario del Teatro Real volverá a vivir toda la pasión y el drama de Madama Butterfly, de Giacomo Puccini. Esta ópera, una de las más demandadas por el público, recupera la original puesta en escena de Mario Gas, tan alabada por la crítica, quien cuenta con la colaboración de Ezio Frigerio, en la escenografía, y Franca Squarciapino, en el vestuario. La acción está ambientada en un plató de cine de Hollywood de los años cuarenta y el público asiste al doble efecto de la acción, el de la historia de los personajes y el de la película, que puede verse en las pantallas de la sala.

Las magníficas sopranos Ermonela Jaho y Hui He se alternarán en las funciones para ponerse en la piel de la joven Butterfly y compartir escenario con los tenores Jorge de León, Andrea Carè y Vincenzo Costanzo, en el papel de Pinkerton, y Ángel Ódena, Vladimir Stoyanov y Luis Cansino, como Sharpless. Junto al resto del reparto y el Coro y Orquesta Titulares del Teatro Real, la dirección musical estará a cargo de Marco Armiliato.

Madama Butterfly se estrenó en el Teatro Real en noviembre de 1907. Se cumplen ahora 110 años de aquella fecha y, desde entonces, ha sido una de las óperas más queridas y demandadas por el público. Esta ópera, una de las favoritas del autor, representa, como pocas, el choque entre dos culturas, la tradicional de un oriente que empieza a desaparecer, frente al creciente y moderno Occidente, contraponiendo la inocencia y la bondad al egoísmo avasallador, construyendo así un drama arrebatador. Pero se trata también de una extraordinaria reflexión musical de Puccini que aúna con delicadeza la música tradicional japonesa con su estilo inconfundible, para dar un paso adelantado a su tiempo.

El drama de Cio-Cio San, joven geisha adolescente que se enfrenta a su familia y su cultura por amor hacia el oficial B. F. Pinkerton, de la Marina estadounidense, quien entiende la relación como un mero entretenimiento durante su estancia en Japón, ha conmovido a generaciones de aficionados y tuvo un lugar preeminente en la vida de Puccini hasta el último de sus días. Su música inmortal encuentra el pilar perfecto en el libreto construido por Giuseppe Giacosa y Luigi Illica, basado en la obra teatral homónima de David Belasco, quien a su vez busca inspiración en el relato de John Luther Long, probablemente cercano a más de un hecho real.

En torno a este estreno, y como parte de la celebración de la Semana de la Ópera, tendrán lugar dos importantes acontecimientos, la inauguración de la exposición Madama Butterfly y la atracción por Japón, en el Museo Thyssen-Bornemisza, y la retransmisión de la ópera, de forma gratuita, desde el Teatro Real, a toda España y numerosos puntos fuera de nuestras fronteras.

Entre el 22 de junio y el 27 de agosto se podrá visitar, en el Museo Thyssen-Bornemisza, una exposición que pondrá de relieve la fascinación por Japón que recorrió Occidente en el último tercio del siglo XIX. A través de pinturas, carteles, estampas, porcelanas, fotografías, complementos de moda y libretos teatrales procedentes del Museo Nacional de Artes Decorativas, el Museo ABC, el Museo de las Artes Escénicas del Institut del Teatre y el Centro de Documentación y Archivo de la SGAE, entre otros museos y colecciones. El acceso a la muestra es gratuito.

El viernes 30 de junio se llevará a cabo la retransmisión de Madama Butterfly, que se ofrecerá en plazas, auditorios y centros culturales de toda España, de forma gratuita. Esta iniciativa, en la que ya participan más de 200 municipios de todas las comunidades autónomas, contará con tres grandes pantallas ubicadas en la Plaza de Oriente de Madrid y otras cuarenta similares distribuidas por plazas y jardines de toda la geografía española.

Aquellos que no puedan desplazarse a ninguno de los puntos de emisión tendrán la oportunidad de seguir la retransmisión a través del canal de Facebook del Teatro Real, conectándose de forma gratuita a Palco Digital, plataforma online del Teatro y por el canal The Opera Platform. Televisión Española emitirá la representación esa misma noche, a partir de las 22.00 horas, a través de La 2.

Como en otras ediciones, también participarán de la iniciativa los museos y centros de arte más importantes del país, que abrirán sus auditorios y habilitarán salas para la proyección. Entre ellos se encuentran: el Museo del Prado, el Museo Thysen-Bornemisza, el Museo Arqueológico Nacional, el Círculo de Bellas Artes, la Filmoteca Nacional, la Fundación Giner de los Ríos, el Colegio Oficial de Arquitectos de Madrid, la Residencia de Estudiantes, y la Fundación Canal de Isabel II en Madrid; el Centro Niemeyer de Avilés; el Museo Guggenheim Bilbao; Museo Carmen Thyssen Málaga y Colección del Museo Ruso San Petersburgo, de Málaga; Museo de las Ciencias de Castilla-La Mancha, en Cuenca, y el Museo Diocesano de Barbastro-Monzón, en Huesca, entre otros.

En Madrid, además de las tres pantallas que el Teatro Real colocará en la Plaza de Oriente, se podrá seguir la retransmisión en 21 distritos de la ciudad, con la colaboración de Veranos de la Villa, en plazas, cines de verano, auditorios y centros municipales de cultura.

En el plano internacional, Madama Butterfly llegará al Instituto Cervantes de Pekín (China) y a distintos puntos de Colombia y México, entre otros países. En Europa la conexión se hará a través de la web The Opera Platform.

La traviata

Durante estos días y hasta el 9 de mayo, el Teatro Real representa La traviata, de Giuseppe Verdi. Un respiro para todos los amantes del repertorio clásico y que necesitaban una producción de este estilo. Sobre todo después de la magnífica producción Del Público, de Mauricio Sotelo.

La traviata, la obra más conocida y más veces representada en todo el mundo. Pero es por que La traviata, tiene algo especial. Es historia de la ópera. Siempre es la obra clásica y siempre nos ofrece algo nuevo. Algo sorprendente.

En esta ocasión es el maestro Palumbo quien dirige la romántica producción de David McVicar que ya pudimos ver en el Liceu de Barcelona. Una escenografía sencilla pero magistralmente vestida para el drama.

Tres son los repartos para esta producción, pues 16 son las representaciones para las que apenas quedan localidades a la venta.
La sopranos encargadas del personaje de Violetta Valéry son la albanesa Ermonela Jaho, una de las Violettas más reconocidas actualmente; la moldava Irina Lungu, y la rusa Venera Gimadieva.

Esta obra, basada el “La Dame aux camélias” de Alexandre Dumas hijo, nos presenta a una Violetta de gran dramatismo, no en vano está enferma durante toda la obra hasta su muerte. Y es la dramaturgia misión principal en su interpretación. Personaje que es abordado desde ese punto de vista por Ermonela Jaho: “Una soprano puede tener una buena técnica pero si no hay sentimiento, no despierta nada en el público. La técnica tiene que servir para transmitir emoción”.

Alfredo Germont cuenta con las voces de Francesco Demuro, Antonio Gandía y Teodor Ilincai. Y como Giorgio Germont los barítonos Juan Jesús Rodríguez, Ángel Ódena y Leo Nucci.

Con motivo de la Semana Europea de la Ópera el Teatro Real, junto a otras instituciones culturales, han organizado distintas actividades.
La Semana de la Ópera del Teatro Real, en la que confluyen actividades lúdicas y educativas, nacionales e internacionales, en vivo o retransmitidas, pretende unir en torno a la ópera sinergias generadas en diferentes espacios artísticos y culturales de Madrid, a través de las nuevas tecnologías y la imprescindible colaboración de instituciones y patrocinadores.

Impulsada por la coincidencia, este año, de la Conferencia Internacional de Ópera Europa en Madrid y los Días Europeos de la Ópera, el Teatro Real ha ideado una programación especial para la primera semana de mayo con la que se pretende llevar el arte lírico a la calle, museos, universidades y a todos aquellos que quieran ver gratuitamente La Traviata, en directo, desde cualquier parte del mundo.

Las actividades de la Semana de la Ópera comenzarán el 30 de abril con la inauguración de la exposición “Vístete de ópera” en el Museo del Traje de Madrid, en la que se exhibirán más de 30 trajes utilizados en producciones propias del Teatro Real, la mayoría de ellos confeccionadas en sus talleres. Acompañarán a los figurines algunas pelucas y elementos escenográficos para evocar la atmosfera teatral para la que fueran creados.
Entre el 6 y el 8 de mayo el Teatro Real acogerá a representantes de 150 teatros y festivales líricos procedentes de más de 40 países para la Conferencia Internacional de Ópera Europa. Durante tres días directores artísticos y gestores de teatros líricos procedentes de todos los continentes debatirán diversos temas, entre los que destaca el papel de las nuevas tecnologías al servicio de la difusión de la ópera.

Mientras en el interior del teatro se suceden los debates y coloquios, en su fachada principal, en la Plaza de Oriente, una pantalla ofrecerá a lo largo de los días 7 y 8 de mayo un “maratón de ópera” con fragmentos de espectáculos, reportajes y videos promocionales, culminando con la retransmisión completa de La traviata.

Los más jóvenes podrán disfrutar de una fantástica producción del Teatro Real sin salir de sus centros de enseñanza, ya que el día 7 de mayo, a las 12.00 horas, varios colegios e institutos de Madrid se sumarán a esta Semana emitiendo en directo en sus centros El retablo de Maese Pedro, de Manuel de Falla, que se anticipa a la conmemoración del IV Centenario de la muerte de Miguel de Cervantes. En la sala principal estarán asistiendo al espectáculo de la Compañía Etcétera, además del público juvenil, los representantes de los teatros y festivales de ópera congregados en Madrid.
El centro de las acciones dirigidas al gran público será la retransmisión en directo, el 8 de mayo, de La traviata, de Verdi en diferentes espacios de Madrid y de otras ciudades de España y a todo el mundo, gratuitamente, a través de Palco Digital.

Además de de la retransmisión en la Plaza de Oriente (donde habrá sorpresas), la ópera podrá seguirse en directo algunas de las instituciones culturales y artísticas más señeras de España: Museo Nacional del Prado, Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, Museo Thyssen-Bornemisza, Matadero (Casa del Lector), Fundación Canal, Fundación Francisco Giner de los Ríos, Centro Cultural Conde Duque e Instituto Italiano de Cultura de Madrid.
Como colofón a la semana de la ópera se celebrará una jornada gratuita de puertas abiertas el sábado 9 de mayo desde las 10.00 hasta las 15.00 horas para que el público pueda visitar gratuitamente los espacios más emblemáticos del Teatro Real.