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Il Pirata en el Teatro Real 192 años después
Estrenar una ópera en uno de los grandes templos operísticos 192 años después de haber sido escrita, tiene que tener una justificación. En el caso de Il Pirata hay una muy importante, la dificultad para interpretar sus roles principales hace que esta obra sea casi imposible. Estas exigencias vocales son las provocaron su ausencia durante décadas del repertorio y los grandes escenarios. Como bien dice el maestro Benini, “todo depende de que se cuente con buenos cantantes. Un buen tenor, una buena soprano y un buen barítono”.En definitiva, y a pesar del éxito con el que se estrenó, primero en La Scala de Milán, en 1827 y posteriormente en Nápoles, Bolonia, Trieste, Viena, Dresde, Lisboa, Barcelona, Cádiz (en 1834), Nueva York, México y Madrid (en 1830 en el Teatro de la Cruz), Il Pirata correría la misma suerte que tantas óperas románticas del momento que se ausentaron de los escenarios desde la segunda mitad del siglo XIX, hasta los años cincuenta del siglo XX. Es en este momento cuando aparece en 1958 con la figura de María Callas, que actualiza el personaje principal de Imogene, situando al Il Pirata nuevamente en el repertorio. Posteriormente sería Montserrat Caballé quien, asumiendo la dificultad del rol, lo incorporó a su repertorio llevándolo a los principales teatros del mundo.Un poco de historia
Il Pirata catapultó a un joven Bellini siempre atento a las corrientes e influencias que llegaban, sobre todo, de Alemania. Su búsqueda de un nuevo lenguaje musical y su gusto por la innovación, hacen que Il Pirata se sitúe a caballo entre la tragedia más clásica, de la época de la Ilustración, y el romanticismo y la música más sinfónica, que llegaba de la mano de Schubert y Beethoven.Esta transición del clasicismo al romanticismo se nota también en su libreto, escrito por Felice Romani, basada en la obra de Justin Séverin Taylor, Bertram, ou Le pirate. Romani sentía gran admiración por los poetas italianos del siglo XVIII, pero se sitúa ya en el romanticismo que en ese momento ya envolvía Europa.Pero, ¿por qué Il Pirata se representa tan pocas veces?
Javier Camarena y Celso Albelo, dos de los tenores que interpretan a Gualterio en esta nueva producción de Teatro Real, dicen: “prefiero cantar un Puritani a la mañana y otro a la tarde, antes que cantar Il Pirata”.Hay que tener en cuenta que estas óperas estaban escritas para determinados cantantes, con una vocalidad específica y en determinadas condiciones de interpretación, teatros pequeños y orquestas muy ajustadas en componentes y volumen de sonido. En aquella época los cantantes estaban acostumbrados a cantar en falsetone. La tesitura natural del tenor de la época les llevaba a cantar en falsete todo aquello que se encontrara por encima del La natural o el Si bemol. Hoy en día no se contempla el falsete como modo de emisión. Los teatros son más grandes y, no digamos las orquestas.Bellini escribió una partitura para tenor de grandes exigencias vocales y dramáticas. Quería un tenor que dominara los registros agudos y graves al mismo tiempo que el fiato y el legato. Quería además que fuera un virtuoso de la declamación y del fraseo. Todo ello acompañado, al igual que en el rol de Imogene, de la agilita heredada de Rossini y conseguir así la mayor expresividad en una obra con tanto exceso de sentimentalismo.Para llevar a cabo todas estas exigencias plasmadas en la partitura, Bellini recurrió al que por entonces era el tenor más aclamado, Giovanni Battista Rubini, al que exigió dos tipos de canto, el virtuoso y agudo del tenore contraltino y el baritenore, con graves más potentes, aunque igualmente virtuosos. Nace con Gualterio el mito del tenor.Escenografía fría, que no fea
El belcanto romántico es considerado por muchos directores de escena uno de los géneros más difíciles de llevar a un escenario. Piensan que las óperas románticas belcantistas no tienen una dramaturgia clara dentro del argumento de la obra. Emilio Sagi no es uno de estos directores. El hecho de que el argumento no esté totalmente cerrado le ofrece muchas posibilidades escénicas. El resultado es elegante y de una gran fuerza visual, con muchos elementos marca de la casa, como las sillas o la luna. La escenografía de Daniel Bianco es fría, para resaltar las enormes pasiones escénicas vividas por los personajes y con grandre espejos para potenciar los elementos y conseguir un efecto multiplicador. El escenario se convierte en una gran caja totalmente cerrada, casi asfixiante, pero que facilita enormemente el trabajo de los cantantes. Se mantienen siempre en boca de escenario, lo que permite una mejor proyección sin forzar demasido el instrumento.

Los distintos escenarios no están definidos ni dan pistas del lugar donde se desarrollan los acontecimientos. El negro y los reflejos dominan una escena deliberadamente gótica, como lo es el género de la obra en la que se basa esta ópera. Los impecables figurines de Pepa Ojanguren, la iluminación de Albert Faura y las proyecciones de Yann-Loic Lambert ayudan a sumergirse en esa atmósfera llena de intensidad dramática de novela gótica.

Tres han sido los repartos que han subido al escenario del Real. Si ya es difícil encontrar uno bueno, imagínense tres. Sin duda el gran atractivo lo representaban la participación de Javier Camarena y Sonya Yoncheva en el primer reparto, y no defraudaron a un público entregado y agradecido al final de cada representación.
También recibió su premio al esfuerzo Celso Albelo que, aunque en un escaloncito por debajo de Camarena, ofreció una notable interpretación de Gualterio.

En otro escalón por debajo se puede situar al joven tenor ruso Dmitry Korchak, que se esforzó y cumplió con su rol. Junto al Korchak, el Ernesto de Simone Piazzila (que ya debe tener casa en Madrid). Su importante presencia escénica no estuvo en esta ocasión acompañada de todas las cualidades de su voz, sonó rotundo, pero sin brillo.

Yolanda Auyanet fue la más aplaudida de la noche. Lo cierto es que se echó la obra a la espalda y casi la sacó adelante ella solita. Aunque ha perdido cierta tersura de su voz, tal vez debido al cambio de repertorio que está llevando a cabo, mantiene su generoso volumen y un fiato suficiente, algo muy a tener en cuenta en un rol tan exigente.

Otra cosa fue la participación de la barcelonesa María Miró que, a pesar de ceder todo el protagonismo al rol de Imogene, lució su magnífica voz de soprano dramática, desenvolviéndose con soltura sobre el escenario.

Si hay un director conocedor de este repertorio, ese es sin duda Maurizio Benini. Su eficacia al frente de la orquesta Titular del Teatro Real ya quedó suficientemente demostrada en “Il trovatore” de hace unos meses en este mismo teatro. Impregna su dirección de italianismo, imprescindible en este tipo de obras. Pulso firme y fluido que acompañó a los intérpretes y al coro, excepcional una vez más, desde los primeros compases.

Mención aparte merece la participación de un desconocido Marin Yonchev, en el papel de Itulbo. No se entiende muy bien que hace ahí, hasta que te enteras que es hermano de Sonya Yoncheva, ¡no me digas más!

Un buen estreno de Il Pirata en el Teatro Real, aunque haya habido que esperar 192 años. Nunca es tarde, sobre todo en esta ocasión.

Il Pirata
Vincenzo Bellini (1801-1835)
Libreto de Felice Romani, basado en la obra Bertram, ou Le pirate (1822) de Justin Séverin Taylor, traducida al francés por Charles Maturin
Estreno en el Teatro Real en coproducción con el Teatro alla Scala de Milán
D. musical: Maurizio Benini
D. escena: Emilio Sagi
Escenógrafo: Daniel Bianco
Figurinista: Pepa Ojanguren
Iluminación: Albert Faura
Vídeo: Yann-Loïc Lambert
D. coro: Andrés Máspero
Reparto: Dmitry Korchak, Yolanda Auyandet, Simone Piazzola, María Miró, Felipe Bpu, Marin Yonchev
Coro y Orquesta Titulares del Teatro Real

Texto: Paloma Sana
Fotografía: Javier del Real
Vídeos: Teatro Real

El Teatro Real presentará, entre el 30 de noviembre y 20 de diciembre, 14 funciones de Il pirata, de Bellini, en una nueva coproducción del Teatro Real y el Teatro alla Scala de Milán.

Fue precisamente en este templo de la lírica milanés donde tuvo lugar el estreno de la partitura en 1827. Vincenzo Bellini (1801-1835), entonces con 26 años, tenía ya dos óperas en su haber, estrenadas ambas en Nápoles, pero el éxito de Il pirata le abrió las puertas a una prolija y genial carrera como compositor operístico, segada por su prematura muerte en París, con apenas 34 años.

Con Il pirata, Bellini inicia una fecunda comunión artística con Felice Romani (1788-1865), poeta y dramaturgo de gran notoriedad que firmaría el libreto de siete de sus diez óperas, incluyendo la célebre Norma.

Romani parte del drama gótico Bertram, or The Castle of Saint Aldobrand del escritor irlandés Charles Maturin (1782-1824) y crea un libreto de oscura, tempestuosa y fatalista savia romántica, con un trío amoroso en el que suspiran por el amor de Imogene su antiguo amante Gualtiero ─un noble arruinado, impetuoso y apasionado transformado en pirata─; y su esposo y padre de su hijo, al que desposó para salvar la vida de su progenitor, y al que debe obediencia y fidelidad.

El trágico final, con el asesinato del marido, la expiación del amante y la catártica locura de la desventurada heroína, dejan antever el germen del gran melodrama romántico, que también esboza Bellini en su música, de profundo aliento melódico, fuertes contrastes expresivos y un afán por engarzar y articular los recitativos, arias, caballetas, dúos y coros, en pro de la fluidez dramatúrgica de la trama.

Esta misma preocupación traspasa toda la música, que intenta sublimar sentimientos y pasiones hiperbólicos a través de una escritura vocal endiablada, sobre todo para los dos protagonistas: Gualtiero, que posee ya las contradicciones de un héroe byroniano, debe aunar vocalmente un canto elegíaco, la valentía áulica y el virtuosismo intrépido; e Imogene, abnegada esposa y madre, debe sofocar su amor corrosivo hasta la explosión de la locura y la ensoñación, alternando largas y excelsas melodías con saltos interválicos que expresan permanentemente su lucha interior y contrastes anímicos.

Quizás la extrema dificultad de ambos papeles haya contribuido al letargo de esta ópera durante casi un siglo, hasta que en 1958 Maria Callas interpretara a Imogene en La Scala, al lado de Franco Corelli y Ettore Bastianini, que no estaban, sin embargo, a su altura. Algunos años después Montesarrat Caballé ha cogido el testigo, concediendo a la trágica y desquiciada heroína de Callas un canto cristalino y casi sobrenatural, poético y estilizado, con sus inconfundibles y larguísimos fiati.

En la esta nueva coproducción de Il pirata, Emilio Sagi rehúye cualquier aproximación realista al libreto, creando un marco pictórico y simbólico adaptado a la dramaturgia de cada escena, para que fluya musicalmente el devenir trágico de los personajes, desprovistos de todos los artificios.

La ópera se ofrecerá por primera vez en el Teatro Real con tres distintos tríos protagonistas: los tenores Javier Camarena, Celso Albelo y Dmitry Korchak en el rol titular de Gualtiero; las sopranos Sonya Yoncheva, Yolanda Auyanet y Maria Pia Piscitelli como Imogene; y los barítonos George Petean, Simone Piazzola y Vladimir Stoyanov como Ernesto. Estarán secundados por el tenor Marin Yonchev (Itulbo), el bajo Felipe Bou (Goffredo) y la soprano María Miró (Adele).

Maurizio Benini, gran experto en el repertorio lírico italiano, que en el Real ha dirigido Tosca (2004), L’elisir d’amore (2006) e Il trovatore (2019), volverá a colocarse al frente del Coro y Orquesta Titulares del Teatro Real debutando una partitura que poco a poco recupera el lugar que le corresponde, más allá del virtuosismo y belleza de sus melodías.

Fotografía: Javier del Real

Desde su debut en el Teatro Real en 2014, Javier Camarena ha conquistado al público de Madrid interpretando tres óperas de Gaetano Donizetti de muy distinto perfil dramatúrgico y vocal ─La fille du régiment, La favorite y Lucia di Lammermoor─, y una de Vincenzo BelliniI puritani, los dos más grandes compositores belcantistas, que permiten al tenor mexicano exhibir las inmensas posibilidades de su arte: una voz de gran amplitud, belleza y plasticidad, un fraseo lleno de expresividad, un impresionante virtuosismo y agilidad vocales y una musicalidad innata y natural.

Vuelve ahora Camarena, una vez más, con sus dos compositores fetiche y dos papeles muy distintos: el ingenuo y enamorado Nemorino en la dinámica producción de L’elisir d’amore, de Donizetti, concebida por Damiano Michieletto; y el pasional, fogoso, irreverente y vengativo Gualtiero en el tenebroso drama Il pirata, de Bellini, que estará en escena en el Real entre los días 30 de noviembre y 20 de diciembre.

Entre estos universos dramatúrgicos antagónicos, Javier Camarena ofrecerá un programa de melodismo e intensidad mediterráneos en la Gran Gala 2019 del Teatro Real, el próximo 13 de noviembre, junto al pianista Ángel Rodríguez, dedicado a arias y canciones italianas y en la que no faltará, en la segunda parte, un guiño a la zarzuela española.

GRAN GALA 2019 DEL TEATRO REAL

PROGRAMA

Giacomo Carissimi (1605–1674)

Vittoria, mio core

Tommaso Giordani (C.1730–1806)

Caro mio ben

Giovanni Battista Bononcini (1670–1747)

Per la gloria d’adorarvi…

Vincenzo Bellini (1801–1835)

Malinconia, ninfa gentile

Gaetano Donizetti (1797-1848)

L’ora del ritrovo

Gioachino Rossini (1792–1868)

La danza

Ricciardo e Zoraide: ‘S’ella m’è ognor fedele… qual sarà mai la gioia’

Gaetano Donizetti (1797-1848)

L’elisir d’amore: ‘Una furtiva lagrima’

Vincenzo Bellini (1801–1835)

Il pirata: ‘Nel furor delle tempeste… per te di vane lagrime’

Gerónimo Giménez (1854-1923)

Las bodas de Luis Alonso: Intermezzo

Jacinto Guerrero (1895-1951)

El huésped del sevillano: ‘Mujer de los ojos negros’

BIOGRAFÍAS
Javier Camarena

Nacido en Xalapa, este tenor mexicano estudió con la mezzosoprano Cecilia Perfecto en la Universidad Veracruzana y se graduó con Hugo Barreiro y Maria Eugenia Sutti en la Universidad de Guanajuato. Premiado en los concursos Carlo Morelli 2004 y Francisco Viñas 2005, ingresó en el International Opera Studio de Zúrich antes de iniciar una carrera que le ha llevado a los principales escenarios del mundo y en la que ha trabajado con directores de orquesta como Claudio Abbado, Marco Armiliato, Maurizio Benini, Bruno Campanella, Daniele Gatti, Fabio Luisi, Zubin Mehta, Evelino Pido y Franz Welser-Möst. Recientemente ha cantado Ernesto de Don Pasquale en el Palais Garnier de París, Nadir de Les pêcheurs de perles en el Palacio Euskalduna de Bilbao, Edgardo de Lucia di Lammermoor en la Bayerische Staatsoper de Múnich, Tonio de La fille du régiment en la Royal Opera House de Londres y Arturo de I puritani en la Opéra Bastille de París. En el Teatro Real ha cantado en La fille du régiment (2014), I puritani (2016), La favorite (2017) y Lucia di Lammermoor (2018).

Ángel Rodríguez

De origen cubano y radicado en México, este pianista y compositor estudió piano con Gonzalo Gutiérrez, dirección de orquesta con Gonzalo Romeu y repertorio vocal con Enrique Jaso y Kamal Khan. A lo largo de sus más de tres décadas de carrera ha sido pianista de Ramón Vargas, Rolando Villazón, Javier Camarena, Nadine Sierra, Joseph Calleja, Pretty Yende, Verónica Villarroel, Ailyn Pérez, Alfredo Daza, Kate Lindsey, Arturo Chacón y José Bros, con quienes ha actuado en espacios como el Palacio de Bellas Artes de México, el Teatro Real de Madrid, las Termas de Caracalla en Roma, la Konzerthaus de Berlín, el Kennedy Center de Washington, el Harris Theater de Chicago, la Opernhaus de Zúrich y los Rosenblatt Recitals de Londres. Como pianista de la Ópera de Cuba y de la Ópera de Bellas Artes, ha trabajado con Plácido Domingo, Luciano Pavarotti y Anna Netrebko. Actualmente imparte clases magistrales y talleres en México, y preside el Colegio de Arte Vocal, institución especializada en el arte del canto de la cual es fundador.

GALA BENÉFICA

Toda donación procedente de la Gran Gala 2019 del Teatro Real irá destinada al Programa Social ─del que forma parte El Real Junior y que introduce a los más jóvenes a la ópera─, y también al Aula Social, que atiende a más de cien menores procedentes de la Fundación ANAR, Fundación de Síndrome de Down Madrid, Federación Autismo Madrid, Federación Española de Padres de Niños con Cáncer, Fundación Víctimas del Terrorismo (niños), Acción Social por la Música y Ayuda en Acción, asociaciones, todas ellas, sin ánimo de lucro.

EMBAJADORES DE LA GALA

José Bogas, Demetrio Carceller, Alfonso Cortina, Jesús Encinar, Juan Pedro Moreno, Juan Antonio Pérez Simón, Isabel Preysler, Helena Revoredo, Pilar Solís-Beaumont.