UNA ESPLÉNDIDA ELEKTRA, CON LA QUE SE RECUPERAN EN EL VALENCIANO PALAU DE LES ARTS LAS MEJORES SENSACIONES DE ANTAÑO. Por Diego Manuel García Pérez.Las representaciones de Elektra de Richard Strauss, que tuvieron lugar el pasado mes de enero en el Palau de Les Arts de Valencia, han resultado un auténtico triunfo, sobre todo por la magnífica prestación de la Orquesta de la Comunitat Valenciana, esta vez ampliada a más de cien instrumentistas y muy bien dirigida por Marc Albrecht, gran conocedor del repertorio straussiano. Entre las voces destacó la soprano norteamericana Sara Jakubiak, magnífica Chrysotemis y el barítono australiano Derek Welton como Orestes. El canadiense Robert Carsen, realizó una excelente dirección escénica, moviendo de manera altamente expresiva a cantidad figurantes en un especio escénico prácticamente vacío. El aforo estaba casi al completo, lo cual resultaba reconfortante, sobre todo con un título como Elektra bastante alejado del repertorio más habitual. Un público entusiasta dedicó grandes ovaciones al final de las representaciones. Después de varios años de cambios e incertidumbres, El Palau de Les Arts ha recuperados sus mejores sensaciones de antaño.Después del gran éxito conseguido por Richard Straus con Salome, se inició su colaboración con el gran dramaturgo y poeta austriaco Hugo von Hofmannsthal, en la que música y texto se complementaban de manera perfecta, produciendo en veinte años seis óperas: Elektra de 1909, Der Rosenkavalier (El caballero de la rosa) de 1911, Ariadne auf Naxos (primera versión de 1912 y segunda y definitiva de 1916) y Die frau ohne schatten (La mujer sin sombra) de 1919, que pueden considerarse verdaderas obras maestras, y las otras dos: Die Ägyptische Helena (La Helena egipcia) de 1928 y Arabella, estrenada en 1933, de extrema calidad. La muerte de Hofmannsthal, en 1929, cuando ya había casi concluido el libreto de Arabella, fue un duro golpe para Strauss. En 1903, Hofmannsthal estrenó con gran éxito su obra teatral Elektra (adaptación de la obra de Sófocles), en el Kleines Theater de Max Reinhardt de Berlín. Strauss asistió a una representación en otoño de 1905, muy poco antes del estreno de Salome, y consideró que su estructura dramática resultaba muy idónea para una ópera. En la primavera de 1906, compositor y escritor se reunieron para discutir las condiciones para convertir la obra teatral en ópera. La composición se alargó durante más de dos años, comenzando en el verano de 1906 y concluyendo en el otoño de 1908. Elektra se estrenó en el Teatro Real de Dresde, el 25 de enero de 1909, y ese mismo año tuvieron lugar exitosas representaciones en Munich, Frankfurt, Berlín, Hamburgo, Düsseldorf, Viena, Graz, Milán y al año siguiente, se estreno en Londres y Nueva York. Puede considerarse la más revolucionaria de las óperas de Strauss, que precisa de una gigantesca orquesta con más de cien instrumentistas, ejecutando una música fuertemente expresionista, donde el compositor mezcla la tonalidad con la politonalidad y el atonalísmo más atrevido, junto a momentos de gran intensidad lírica. Compuesta en un solo acto, requiere tres grandes cantantes de magnífica vocalidad y gran capacidad expresiva: una soprano dramática para la obsesionada y vengativa Elektra, una lírico-spinta para su hermana Chrysothemis y una mezzo dramática o contralto para el papel de su madre Klytämnestra, junto con un barítono en el papel de Orestes, en posesión de una poderosa vocalidad. Más episódico el papel Aegisth, interpretado por un tenor de voz ligera y extravagantes movimientos escénicos. Cabe destacar los monólogos de Elektra, sus dúos con Chrysothemis (alucinante el que se produce al final de la ópera), el que interpreta con Orestes, donde se mezclan lirismo y una gran intensidad dramática; y, sobre todo, el impresionante dúo con su madre Klytämnestra, donde las voces deben ofrecer un considerable volumen en conjunción con el imponente sonido orquestal.El excelente recorrido inicial de Elektra, durante los años 1909 y 1910, en los grandes teatros de todo el mundo, quedó ensombrecido por el tremendo éxito de las dos siguientes dos óperas de Strauss: Der Rosenkavalier (El caballero de la rosa) y Ariadna auf Naxos, que junto a Salome, se convirtieron en el trío de óperas straussianas más representadas. Será preciso la aparición de la soprano húngara Rose Pauly, cuya interpretación del papel de Elektra al final de los años veinte y la década de los treinta, volverá a relanzar esta ópera en los escenarios europeos y americanos. En el Festival de Salzburgo, con una fuerte tradición straussiana no llegó a representarse hasta 1934, con Rose Pauly y la Chrysothemis de la gran Viorica Ursuleac (la soprano favorita de Richard Strauss), con su marido Clemens Krauss al frente de la Filarmónica de Viena. Rose Pauly grabó esta ópera completa en 1937, con dirección de Artur Rodzinky al frente de la New York Philarmonic- Symphony Orchestra; varios fragmentos de esta grabación pueden escucharse en YouTube y permiten comprobar la gran calidad de la Elektra interpretada por la soprano húngara. Es partir de la década de los cincuenta, cuando Elektra recibe su impulso definitivo, sobre todo por el interés de directores como Dimitri Mitropoulos, Karl Böhm y Fritz Reiner. También, muestran gran interés por esta ópera las sopranos suecas Inge Borg y Astrid Varnay, de grandes medios vocales y expresivos, quienes dominaran el papel de Elektra a partir de 1950, hasta mediados de los años sesenta, interpretándolo en muchas ocasiones, con bastantes grabaciones, siendo muy recomendable por su extrema calidad y buen sonido la toma en directo realizada en el Festival de Salzburgo de 1957 (disponible completa en YouTube) dirigida por Dimitri Mitropoulos al frente de la Filarmónica de Viena, con la imponente Inge Borg (Elektra), junto a la bellísima voz de Lisa Della Casa (Chrysothemis) y a la extraordinaria mezzo norteamericana Jean Madeira (una Klytämnestra referencial). De las interpretaciones de Elektra realizadas por Astrid Varnay, han quedado varias magníficas grabaciones, entre ellas son muy recomendables dos tomas en directo (disponibles completas en YouTube): la primera realizada en el Metropolitan neoyorkimo, en 1952, con dirección orquestal de Fritz Reiner y la segunda en el Festival de Salzburgo de 1964, dirigida por Herbert von Karajan. Tomando el testigo de Varnay y Borg, otra extraordinaria soprano sueca Birgit Nilsson, empezó a cantar Elektra a partir de 1965 hasta 1980. Sus compañeras más habituales en múltiples funciones serán Leonie Rysanek (Chrisothemis de referencia, que ya había interpretado este papel con Varnay y Borg), y la mezzo Regina Resnik (Klytämnestra). Es preciso escuchar (está disponible completa en YouTube), la toma en directo realizada en la Ópera de Viena, en 1967, con estas tres cantantes dirigidas por Karl Böhm, al frente de la Filarmónica de Viena. La soprano húngara Eva Marton y la alemana Hildegard Berens, durante los años noventa, también realizaron notables interpretaciones de Elektra, aunque no comparables con las realizadas por Nilsson, Varnay y Borg. En tiempos recientes, a partir de 2010, la soprano sueca Irene Theorin y la alemana Evelyn Herlitzius, están interpretando excelentes Elektras, a ellas se ha unido a partir de 2015, otra gran soprano sueca Nina Stemme (parece que las sopranos suecas tienen gran afinidad con el personaje de Elektra). Puede considerarse una moderna referencia de esta ópera, la toma en video (disponible completa en YouTube), de excelente imagen y sonido, plagada de imponentes primeros planos, realizada en el Festival de Salzburgo de 2010, con un gran reparto: Irene Theorin (Elektra), Eva María Westbroek (Chrysothemis), Waltraut Mayer (Klytämnestra) y un magnífico René Pape (Orestes), con dirección escénica de Likolaus Lehnhoff y musical de Daniele Gatti, al frente de la Filarmónica de Viena.

La producción presentada en Valencia, proviene de la Ópera National de París, basada en una coproducción del Maggio Musicale Fiorentino y la Tokio Opera Nomori, con dirección escénica de Robert Carsen y una escenografía de Michael Levine de carácter totalmente minimalista, con un espacio escénico de absoluta la desnudez constituido por un amplio recinto cerrado por tres grandes paredes que se curvan en su base de apoyo sobre el escenario, con un suelo terroso de oscura arena donde se abre un hueco rectangular multiuso, ya que se trata de la tumba de Agamenón y la entrada en el palacio donde habitan los reyes Klytämnestra y Aegisth, asesinos de Agamenon. En realidad, el atractivo de esta producción reside en la capacidad de Robert Carsen para mover con gran sentido dramático a cantidad de figurantes alrededor de los protagonistas. Resulta impactante la entrada en escena de Klytämnestra totalmente vestida de blanco sobre una cama también blanca, que es portada a modo de trono por las numerosas bailarinas-figurantes. El blanco queda resaltado mediante una idónea iluminación focal, dentro de la oscuridad escénica y las vestimentas negras del resto de personajes. Destacar de esta puesta en escena el momento en que Elektra, en su monólogo inicial, invoca la figura de su padre Agamenón y las figurantes lo extraen de su tumba portándolo y entregándoselo a Elektra. Los movimientos coreográficos de las bailarinas y esa iluminación focal diseñada por el propio Robert Carsen y Peter van Praet, también confieren auténtico atractivo a esta escenografía. También cabe destacar el diseño de vestuario realizado por Vazul Matusz, de color negro para las protagonistas y figurantes, en comparación con las vestimentas blancas que portan Klytämnestra y Aegisth.

Elektra es una ópera donde la amplísima orquesta de más de cien músicos adquiere absoluto protagonismo y las voces solistas se insertan como un instrumento más. La Orquesta de la Comunitat Valenciana, sensiblemente ampliada a ciento tres ejecutantes, volvió a demostrar su extrema calidad, con la magnífica dirección de Marc Albrecht, plena de transparencia, con perfecta diferenciación de los planos sonoros y ofreciendo toda una gama de matices en la densa y extraordinaria orquestación que Strauss concibió para esta ópera. Albrecht manejó muy bien las dinámicas. Todas las secciones orquestales rayaron a gran altura, con una cuerda suntuosa, capaz de alternar sonidos de fortísima contundencia y maravillosos pianísimos. Strauss presenta la novedad de tres grupos de primeros, segundos y terceros violines, cada uno de ellos con ocho instrumentistas, junto a otros tres de primeras, segundas y terceras violas, cada uno con seis instrumentistas, y la cuerda grave con seis primeros violonchelos y seis segundos, junto a ocho contrabajos. Ya, solo la cuerda, con nada menos que sesenta y dos ejecutantes supera con creces las dimensiones de una orquesta clásica. También los metales brillaron a gran altura, con imponentes sonoridades de las trompas, trombones y trompetas, capaces también de emitir delicados pianísimos. La respuesta orquestal siempre estuvo en consonancia con la complejidad de esta riquísima partitura donde se mezclan pasajes tonales con otros inmersos en la más pura atonalidad, en contraste con numerosos momentos de fino melodismo casi camerístico. En el mismo arranque de la ópera puede escucharse el tema de Agamenon, brillantemente emitido en fortísimo por trompa y trompeta al unísono con toda la cuerda, al que siguen el sonido tenue en pianísimo de trombones y contrabajos. Este tema se convierte en recurrente con distintas variaciones a lo largo de la ópera: aparición de Orestes en su gran escena con Elektra, quien vuelve a cantarlo en un tono despiadado e irónico cuando Klytemnestra y Aegisth son asesinados por Orestes, y que reaparece en el alucinante dúo de Elektra y Chrisotemys, casi al final de la ópera, con toda la salvaje intensidad del comienzo, repetido tres veces asemejando rayos de tormenta que abaten a Elektra, después de su danza frenética para festejar la muerte de Klytämnestra y Aegisth. El otro tema recurrente de esta ópera es el llamado “acorde de Elektra”, donde Strauss utiliza la politonalidad, que ya puede escucharse por primera vez, de manera episódica en la escena inicial de las doncellas y que reaparece de modo suntuoso, ejecutado reiteradamente por cuerda y maderas en la entrada escénica de Elektra. Destacar el tema de intenso lirismo de Chrysotemis y sus expansiones melódicas en el primero de sus dúos con Elektras, donde tienen brillantes intervenciones los metales y en especial las cinco trompas. Sin duda, el momento culminante de esta ópera y donde la Orquesta de la Comunitat Valenciana brilló a mayor altura, lo constituye toda la gran escena de Klytämnestra y Elektra, con un interludio orquestal introductorio de carácter fuertemente atonal, donde intervienen todas las secciones orquestales en un imponente crescendo, que en su transcurso permite el lucimiento de la percusión así como de los metales, en especial de trompetas y tubas. En el diálogo de madre e hija se van alternando disonancia y melodía, destacando la presencia puntual de un trombón con sordina y del sonido combinado de las arpas y contrafagot, junto a las numerosas intervenciones de la celesta (instrumento muy apreciado por Strauss). Otro gran momento es el interludio que precede a la irrupción escénica de Orestes, dominado por el sonido de los metales, con incursiones de violonchelo y fagot. La orquesta también brilló en el largo dúo de Elektra y Orestes, donde reaparece el “acorde de Elektra” ejecutado de manera suave y cadenciosa, también se insertan pequeños interludios orquestales de fino melodismo, bruscamente interrumpidos por las poderosas y disonantes irrupciones de trompas y trompetas. Destacar finalmente, la labor concertadora de Marc Albrecht muy pendiente de las voces, algunas de ellas con problemas para atravesar la inmensa orquesta, por estar colocadas en el fondo del escenario.

Irene Theorin ha interpretado con bastante frecuencia el personaje de Elektra en los últimos diez años, destacando de manera brillante en la ya mencionada producción del Festival de Salzburgo de 2010. Pero, diez años no pasan en balde; y, en estas funciones valencianas tuvo un comienzo discreto, en su gran monólogo inicial “Allein! Weh, ganz allien”, con escaso volumen, una emisión un tanto irregular y falta de proyección de la voz; también pudo deberse a imperativos escénicos al tener cantar tendida en el suelo proyectando la voz hacia arriba. Mejoró sensiblemente en su gran escena con Klytämnestra, bien interpretada por la veterana mezzo alemana Doris Soffel, ya con setenta y un años, que mostró gran dominio del canto parlato, y una magnífica capacidad escénica para matizar cada frase, cada palabra cantada. Lógicamente dada su edad, mostraba deterioro vocal con problemas en el registro grave y agudo. Ambas cantantes se insertaron bien en el imponente sonido orquestal. Theorin también realizó una buena interpretación en su escena con el Orestes del barítono australiano Derek Welton, de poderosa vocalidad y excelente línea de canto. Sin embargo, en sus dúos con Chrisothemis, fue claramente superada por la soprano norteamericana de origen polaco Sara Jakubiak: una Chrisothemis de bello timbre, considerable volumen, dominio de todos los registros, capacidad para las regular el sonido y proyectar la voz hacia delante, traspasando la barrera orquestal. Tenía interés de escuchar en directo a Sara Jakubiak, después de conocer sus interpretaciones editadas en DVD, de Agathe en Der Freischütz (El cazador furtivo) de Carl Maria von Weber, con dirección de Christian Thielemann; y, sobre todo, de su extraordinaria creación de Heliane en Das wunder der Heliane (El milagro de Heliane), de Erich Wolfgang Korngold, dirigida por Marc Albretht. El personaje de Aegist fue interpretado por el veterano tenor checo Stefan Margita, cuya voz blanquecina y ademanes histriónicos resultaban idóneos en su dúo con Elektra. Destacar las interpretaciones en la escena inicial de la ópera de las cinco doncellas interpretadas por Eva Kroon, Evgeniya Khomutova Emilie Pictet Larisa Stefan y Aida Gimeno, también interpretando a la confidente de Klitämnestra.

Excelente prestación del Coro de la Generalitat Valenciana, sonando fuera del escenario al final de la ópera. Destacar también al grupo de veinte bailarinas que ejecutan la coreografía de Philippe Giraudeau, tanto en sus desplazamientos en línea con los brazos abiertos hacia arriba. También bailando en circulo o actuando de manera mimetizada con Elektra o alrededor de ella ocultando un hacha en sus espaldas. Y, en la escena de Elektra y Orestes, cuando este comenta que hasta los perros del palacio le han reconocido, y las bailarinas se acercan a él, moviéndose como perros a cuatro patas. En fin, una magnífica Elektra.