Teatro de la Maestranza

El próximo 30 de abril tendrá lugar, en el Teatro de la Maestranza, de la Gala Lírica conmemorativa del XXV Aniversario del Teatro de la Maestranza y de la Orquesta Sinfónica de Sevilla y el XX Aniversario de la creación del Coro de la A. A. del Teatro de la Maestranza.

Con este motivo se ofrecerá una Gala Lírica bajo la dirección orquestal de John Axelrod, con dirección de coro de Íñigo Sampil y la participación de los solistas María José Montiel, Mariola Cantarero y Juan Pons.

MARÍA JOSÉ MONTIEL

Mezzosoprano

Premio Nacional de Música 2015 otorgado por el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte de España, revistas como Opera News (USA), Ópera Actual (España), Opéra Magazine (Francia), L?Opera (Italia) y Orpheus (Alemania) posicionan a María José Montiel como una de las grandes mezzosopranos de la actualidad alabada por la belleza de su timbre, su delicadeza interpretativa y poder comunicativo. En 2014 y 2015 ha interpretado Carmen en Israel e Italia dirigida por Zubin Mehta, un personaje que ha paseado por los escenarios más importantes de Suiza, Italia, Alemania, Francia, España, Japón, China y Estados Unidos. La gitana de Bizet transformó a la mezzo madrileña en toda una revelación internacional y sus colaboraciones con Riccardo Chailly en obras como el Réquiem de Verdi (Viena, Frankfurt, Milán, Budapest, Tokio o Leipzig) han consolidado ese imparable prestigio.

Recientemente ha debutado el rol de Ulrica en Un ballo in maschera de Verdi, en Israel y nuevamente junto a Mehta (julio de 2015) y el personaje de Dalila en Samson et Dalila de Saint-Säens, en México (septiembre 2015); ha cantado el Réquiem de Verdi con La VERDI en Milán como parte de los actos que cierran la Expo Milano 2015 y ha debutado en el Teatro San Carlo de Nápoles como protagonista de Carmen, siempre bajo la batuta del director indio. Entre sus próximos compromisos destacan el estreno absoluto de María Moliner de Antoni Parera, en el Teatro de la Zarzuela de Madrid y Shéhérazade de Ravel, con la Orquesta de Valencia.

Nace en Madrid donde cursa la carrera superior de canto en el Real Conservatorio de dicha ciudad, antes de trasladarse a Viena para perfeccionarse con O. Miljakovic. También cursa estudios de Derecho en la Universidad Autónoma de Madrid, en la que además obtiene el DEA en Historia y Ciencias de la Música.

MARIOLA CANTARERO

Soprano

Granadina de nacimiento, comienza sus estudios musicales en el Conservatorio de su ciudad natal, y posteriormente los amplia con el Catedrático de canto cordobés Carlos Hacar y ya en carrera se perfecciona con Ruthilde Böesch en Viena. Es premiada en diferentes concursos internacionales de canto como el “Francisco Viñas”, “Operalia´99”, “Pedro Lavirgen” y “A.S.L.I.C.O. 2000” y recibe distintos premios por su trayectoria como “Premio ópera Actual 2002”, “Revalación del círculo de amigos del Liceo 2003”, “Premio Imagen de la Ciudad de Granada 2003”, “Ojo Crítico de RNE 2005”, “La Mención de´Honor de la Diputación de Granada”,”La Medalla de Oro de la Ciudad de Granada”, así como “La Medalla de Oro de Andalucía 2011”.

Debuta en el teatro Carlo Felice de Genova con Le Comte Ory de Rossini, y desde entonces se convierte en soprano habitual de los principales teatros de Europa como el Teatro Real de Madrid, Liceo de Barcelona, Maestranza de Sevilla, la Ópera de Bilbao, Maggio Fiorentino, San Carlo di Napoli, L´Opera di Roma, Rossini Opera Festival, así como en la ópera de Hamburgo, ópera de Bucarest, Berlín, Zurich, Amsterdam, Strasburgo… y más allá de nuestro continente en la Ópera Nacional de Corea, Shanghai Oriental Art center de China, San Juan de Puerto Rico, Santiago de Chile, Ópera de Sao Paulo, Ópera de Detroit, New Jersey…

JUAN PONS

Barítono

Reconocido en todo el mundo como uno de los principales barítonos dramáticos de nuestro tiempo. Sus interpretaciones más reconocidas incluyen Rigoletto, Tosca, La traviata, La fanciulla del west, Gianni Schicchi, Pagliacci, Madama Butterfly, Cavalleria rusticana, etc.

A lo largo de su carrera, Juan Pons ha cantado regularmente con las compañías operísticas más prestigiosas del mundo, como por ejemplo: La Scala de Milán, el Metropolitan Opera House de Nueva York, la Ópera Estatal de Viena, el Covent Garden de Londres, el Teatro de la Bastilla de París, la Ópera Estatal de Baviera, Hamburgo y Zúrich, el Gran Teatre del Liceu, el Teatro de la Zarzuela, el Teatro Real, las óperas de Roma y Florencia, el Teatro La Fenice de Venecia, el Teatro Comunale de Bolonia, el Teatro Regio de Parma, la Arena de Verona o las Termas de Caracalla, entre muchos otros.

Programa:

I

Richard Wagner (1813-1883)

Tannhauser (coro de invitados)

George Bizet (1838-1875)

Carmen

Prelude

Habanera (Mª José Montiel y coro)

Aria de las cartas (Mª José Montiel)

Chanson Boheme

Franz Lehár (1870-1948)

La viuda alegre

Vilja Lied (Mariola Cantarero)

Giuseppe Verdi (1813-1901)

Il Trovatore

Coro de Gitanos

Giacomo Puccini (1858-1924)

Tosca

Te Deum (Juan Pons y coro)

II

Richard Wagner (1813-1883)

El ocaso de los dioses

III acto “selección”

Così

Llegaba el Così fan tutte al Liceu, del que dicen no es un teatro mozartiano. Como no sabemos muy bien qué es ser o no mozartiano, tratándose de un teatro, nos quedaremos con la duda. Quien no parece muy mozartiano es el director de escena de esta producción, Damiano Michieletto. Este joven veneciano empieza a ser conocido por sus discretas extravagancias escénicas. Unas más acertadas que otras. Y no es este Così fan tutte, que viene de La Fenice, una de sus más celebradas producciones.

La escenografía ideada por Michieletto banaliza la trama de Da Ponte. Basada nada menos que en obras de Bocaccio, Shakespeare y Cervantes. No se trata de una ópera buffa, sino de un dramma giocoso. O como bien definió René Leibowitz, una “tragedia en forma de juego”. Pero el director de escena ha creado esta vez un juego demasiado básico. No ha sabido ver la inteligente propuesta del compositor, tan dado al juego y al divertimento. Ha situado la trama en un decadente hotel de 5 estrellas del que ha calcado, esta vez con gran acierto, esa mortecina y desalentadora luz que invita siempre a salir de la habitación.

Tampoco acierta al situar sobre el escenario pequeñas tramas paralelas que lo único que hacen es distraer de la principal y de la acción de los cantantes.

Desde el foso, el inicio de la obra es prometedor. ¡Es Mozart! La obertura, siempre vigorosa, lo llena todo. Pero tras los primeros compases empieza a notarse la falta de espíritu. Ese espíritu que el compositor, maestro del juego de la infidelidad, reflejó de manera tan acertada. No existe una línea orquestal, una narración musical de la historia.
Pons no presta suficiente atención a los cantantes ni al coro. El resultado es el desamparo de los intérpretes y la desconexión entre el foso y el escenario. Sobre todo en las arias de grupo, tan importantes en esta obra. Entradas a destiempo y poca coordinación entre cantantes. Queda ausente el magistral juego de enredos e intercambios que propone Mozart en su partitura. En el segundo acto se pasa de la falta de espíritu al tedio. La mala resolución del final, que queda a medias entre la alegría y el desastre amoroso, no ayuna a dejar entre el público un buen sabor de boca.

A Juliane Banse le tocaba interpretar uno de los papeles más completos y complejos escritos por Mozart, Fiordiligi. Se requiere una soprano spinto d´agilità, con voz robusta para el abordaje de arias como Per pietà. Posee Juliane Banse un buen registro central, pero sufrió en las notas más graves. También tuvo sus dificultades en la complicada Come Scoglio. Aria con grandes demandas técnicas para la que no tuvo el aliento ni apoyos suficientes. Fue de menos a más, llegando al segundo acto con un sonido menos estridente y más ajustado.
Dorabella, contrapunto vocal de Fiordiligi, estuvo interpretada por Maite Beaumont. Una voz mucho más equilibrada y homogénea. De timbre agradable y buena línea de canto. Fue tapada en varias ocasiones por su hermana artística, pero le dio al personaje el carácter adecuado, más tímido y recatado.

Despina fue interpretada por Sabina Puértolas. Una soprano de tonalidades más agudas que las anteriores. Animó la escena con su descaro, exagerado a veces, pero le dio frescura a toda la obra. Voz amplia y expresiva. Recorría el escenario mientras sus compañeras permanecían estáticas.

La sorpresa agradable de la noche fue el joven tenor Joel Prieto, interpretando a Ferrando. Su tesitura de lírico pleno, cercano al spinto, es la más adecuada para este rol mozartiano. Cantó con notable gusto, sobre todo su aria principal, Un aura amorosa, que abordó con finura. Resolvió muy bien la cavatina Tradito, schernito, teatralmente más exigente y para la que se requieren unos buenos graves. Muy bien en el dúo con Fiordiligi en el segundo acto. Dada su juventud y la calidad de su instrumento, se adivina una brillante evolución.

Joan Martín-Royo compuso un Guglielmo sólido. Su tesitura baritonal se refuerza con unos buenos graves, que se corresponden con el personaje que describió Mozart. Su labor actoral fue meritoria y brilló en las arias. Como al resto de intérpretes, no les favoreció demasiado el vestuario ni la escenografía.

A Pietro Spagnoli le encargaron un Don Alfonso algo casposo y con poca chispa, cuando lo que requiere el personaje es una intención casi buffa. Vocalmente estuvo muy bien resuelto por Spagnoli. Un magnífico fraseo y una muy buena declamación en los recitativos. Se notan sus tablas.

Sonó estupendamente el coro del Liceu, de la mano de Conxita García, a pesar de la escasez de elementos.

Un Così fan tutte algo pobretón y desigual el que ha presentado el Liceu en esta ocasión. Mejorable en cualquier caso, pero siempre extraordinario tratándose de Mozart. No pensemos que el Liceu no es mozartiano. Démosle otra oportunidad.