Warning: ftp_fget() expects parameter 1 to be resource, null given in /homepages/0/d272755006/htdocs/wp-admin/includes/class-wp-filesystem-ftpext.php on line 146

Warning: Invalid argument supplied for foreach() in /homepages/0/d272755006/htdocs/wp-content/themes/responsive/core/includes/customizer/controls/typography/webfonts.php on line 80
José Bros Archives - Brío Clásica
José Bros

El 26 de abril a las 20.00 horas, concierto con el tenor José Bros y la soprano Ruth Iniesta.

Entradas

La zarzuela vuelve al Teatro Real de la mano del tenor José Bros, que ha actuado en las dos únicas obras de este género que se presentaron en su escenario desde la reapertura, en 1997: El dúo de La africana, de Manuel Fernández Caballero (2004) y Luisa Fernanda, de Federico Moreno Tórroba (2007). Además de estos títulos, Bros ha interpretado en el Real los papeles protagonistas de otras dos óperas españolas presentadas en versión de concierto y grabadas en disco: La conquista di Granata, en 2003, e Ildegonda, en 2006, ambas de Emilio Arrieta.

Aunque las 77 funciones que ha protagonizado en el Real hayan sido mayoritariamente obras del repertorio belcantista ─L’elisir d’amore, Lucia di Lammermoor, La Favorite, Roberto Devreux, La sonnambula, Werther, etc.─, o verdiano ─La traviata, Rigolleto─, José Bros celebrará sus 25 años de carrera y su vínculo con el coliseo madrileño con un concierto dedicado a la zarzuela. Actuará junto con Ruth Iniesta, a quien ya hemos visto en el Teatro Real en Muerte en Venecia, de Benjamin Britten, en 2014, y El emperador de la Atlántida, de Victor Ullmann, en 2016, y que ahora participa en Falstaff, cuyo estreno tendrá lugar mañana, ópera en la que interpreta el papel de Nannetta.

Los dos cantantes, junto con la Orquesta Titular del Teatro Real, bajo la dirección de José María Moreno, interpretarán preludios, arias y dúos de algunos de los títulos más populares de zarzuela: Luisa Fernanda y Monte Carmelo, de Federico Moreno Torroba; La Revoltosa y El tambor de granaderos, de Ruperto Chapí; Doña Francisquita, de Amadeo Vives; La tabernera del puerto, de Pablo Sorozábal; Jugar con fuego, de Francisco Asenjo Barbieri; Luces y sombras, de Federico Chueca; El huésped del sevillano, de Jacinto Guerrero; etc. (ver programa adjunto).

El director mallorquín José María Moreno, con gran experiencia en la interpretación del repertorio lírico español, debutará en el Teatro Real.

Fotografía: Javier del Real

La tempestad

El Teatro de la Zarzuela continua con su labor de rescate de ese patrimonio musical español tan poco valorado. En esta ocasión, y tras Maruxa, llega “La tempestad”. Obra del maestro Ruperto Chapí que fue estrenada en la Zarzuela el 11 de marzo de 1882. Durante veinte años se programó con regularidad antes de desaparecer, hasta el día de hoy. Una de las principales razones de esta ausencia sobre los escenarios puede estar en la necesidad que tiene esta obra, debido a sus exigencias vocales, de seis grandes intérpretes. Y aquí está el primer esfuerzo y acierto del Daniel Bianco, director del Teatro de la Zarzuela. Ha reunido para esta tempestad nada menos que a Carlos Álvarez, José Bros, Mariola Cantarero, Ketevan Kemoklidze, Carlos Cosías y Alejandro López.

El siguiente desafío ha venido de la necesidad de ofrecer La tempestad en versión concierto pues, como el propio Bianco afirma “no siempre disponemos del presupuesto o el tiempo suficiente para programar lo que queremos”. Pero, ¿cómo se hace una zarzuela en versión concierto? Los diálogos en escena que caracterizan este género, en el que no solo se canta, carecen de sentido en una versión de concierto. Y este punto también ha sido bien resuelto por Bianco. Se encargó al reconocido dramaturgo Alberto Conejero una versión del texto de Miguel Ramos Carrión. El resultado no ha podido ser más eficaz. Conejero ha trasladado el peso explicativo de los diálogos a un narrador, al mejor posible. Juan Echanove cuenta la historia desde el interior de uno de los personajes, Mateo. Y lo hace creando una atmósfera dramatúrgica en la que la escenografía aparece ante el espectador sin necesidad de más elementos que su voz y su forma de narrar, “No es recitar, no es interpretar, no se de que manera pero tengo que cantarlo”. Y su voz suena a música al lado del resto del reparto.

Para completar los aciertos de esta tempestad se ha contado con el mayor experto chapiniano en la actualidad, el director Guillermo García Calvo. Una partitura como esta, que tiene ya las influencias musicales de la época y que se detectan claramente en alguno de sus pasajes, requiere de un exacto conocimiento y lectura. El inicio de la obra presenta efectos instrumentales inspirados en Wagner, concretamente en el Holandés errante, con sus trémolos de cuerda y sus relámpagos. El saxofón, una novedad en ese momento, es claramente de influencia francesa. Como las arias de inspiración verdiana del barítono o del sexteto final. Todo ello sin que deje de reconocerse una partitura musical muy española. Este, junto con la capacidad teatral de Chapí, son los valores que García Calvo ha sabido leer en esta partitura y ha conseguido de la Orquesta un sonido homogéneo, lleno de detalles y de fluidez entre orquesta, narrador y cantantes.

Carlos Álvarez interpreta al malvado Simón en esta misteriosa zarzuela. Sus generosos y profundos graves crearon el Simón que evoluciona hacia el tormento que el autor describe. El barítono se encuentra en un momento vocal extraordinario. Su timbre verdiano es como un guante de seda en esta obra. El público vibró con su interpretación.

El tenor José Bros, como Beltrán, demostró la calidad de su instrumento desde su primera aria, “Salve costa de Bretaña”. La extraordinaria agilidad de su voz, aunque dice estar más cerca ya del tenor lírico que del lírico ligero, sigue intacta. Sedujo con su timbre pulido y un fraseo y línea de canto excepcional.

Teníamos ganas de volver a escuchar en la Zarzuela a Mariola Cantarero. Su personaje de Ángela, hijastra del malvado Simón, estuvo cargado de intención y delicadeza. Su timbre cálido y la elasticidad de su voz para filar y crecer hicieron las delicias del público.

La mezzosoprano Ketevan Kemoklidze es la primera georgiana que canta en el Teatro de la Zarzuela. Cada vez es más habitual que cantantes extranjeros se interesen por nuestro repertorio. Interpreta el personaje de Roberto y lo llena de nobleza y fuerza interpretativa.

El tenor Carlos Cosías es Mateo. Un joven vivaz que Cosías interpreta con decisión, gracia y buen gusto, y una dicción envidiable.

El bajo mexicano Alejandro López da vida al juez que, con toda solemnidad, se encarga de desvelar los misterios de la obra.

Otro personaje principal de esta tempestad es el coro. Chapí maneja muy bien en todas sus partituras la parte coral. En esta obra describe todo el ambiente dramático y adquiere un papel protagonista interactuando con los cantantes, sobre todo acompañando los concertantes que fueron ovacionados por un público a esas alturas entregado. Siempre empastado y mostrando en el coro de mujeres el optimismo que reina después de la tempestad.

La tempestad

El Teatro de la Zarzuela cumple una labor fundamental en la preservación, estudio y recuperación de nuestro patrimonio lírico. Y es por esta razón básica e imprescindible, entre otras de idéntica valía, que la programación de ‘La tempestad’ (melodrama fantástico en tres actos) se convierte en uno de los acontecimientos felices de la presente temporada. La obra de Ruperto Chapí, con libreto de Miguel Ramos Carrión, fue un clásico entre los clásicos, cumbre indiscutible de la creación del músico de Villena, que permaneció en cartel durante décadas, y que encumbró al compositor a la categoría de líder musical de su época. Y después, la repetida historia de siempre: sorprendentemente cayó en el olvido. Nació en el Teatro de la Zarzuela el 11 de marzo de 1882, y ‘murió’ en este mismo escenario un mes de noviembre de 1927, hace ahora algo más de 90 años. Por esta razón, el viernes 16 de febrero (20h00), y el domingo 18 (18h00) serán dos días claves para nuestra lírica, ya que la obra volverá a subir al escenario en que se estrenó hace 136 años, esta vez en versión de concierto y con adaptación libre del laureado dramaturgo Alberto Conejero.

Dirigida por el maestro Guillermo García Calvo, sin ninguna duda uno de los directores españoles más sobresalientes y requeridos en la actualidad, una de las razones que seguro abocaron a esta obra al olvido, además de la necesidad de una gran orquesta, es la dificultad extrema que supone para los cantantes abordar una partitura repleta de desafíos para sus cuerdas vocales. Para ello, para llegar a buen puerto (y nunca mejor dicho), es indispensable contar con un sexteto especialmente cualificado, y el Teatro de la Zarzuela ha reunido a un reparto de primer nivel internacional para la ocasión.

Así, la mezzosoprano georgiana de Tiflis, Ketevan Kemoklidze interpretará el papel de Roberto el pescador, enamorado de Ángela, huérfana tras la confusa muerte de su padre cuando aún era una niña, cuyo crimen no resuelto, como se verá, golpea la cabeza del misterioso asesino en una espiral de remordimiento. La huérfana amada, interpretada por la soprano Mariola Cantarero, corresponde a las mil maravillas el cariño llano y sincero de Roberto. El barítono Carlos Álvarez da vida a Simón, ese viejo avaro que tras aquel asesinato, cuyo mayor sospechoso fue un joven que se embarcó el mismo día con destino a las Indias, se erige como tutor de Ángela creando todo tipo de recelos, y que entra en rivalidad con Beltrán, encarnado por el tenor José Bros, un hombre que, precisamente, llega de las Indias como traído por los fantasmas, y que, en contra de aquel, ampara la relación y el desposo de los dos jóvenes. El juez que recuerda el crimen e impone la ley estará cantado por el bajo mexicano Alejandro López, y el de Mateo el pescador, pieza clave para la resolución de la trama, por el tenor Carlos Cosías.

Otro de los alicientes de esta Tempestad es la participación del actor Juan Echanove, que en la recreación de Conejero también se mete bajo la piel de Mateo, que precisamente es quien, pasados los años, va rememorando todos los acontecimientos que se le clavaron en la memoria como una estaca espinada. La Orquesta de la Comunidad de Madrid, Titular del Teatro, y el Coro Titular del Teatro de la Zarzuela, completan el cuadro artístico de esta histórica y doble recuperación.

La importancia de ‘La tempestad’
‘La tempestad’ supuso en su día una auténtica revolución conceptual en cuanto a lo que entonces se suponía que debía ser una zarzuela. Como en su día recordaba el musicólogo Luis Iberni: “Chapí adaptaba la zarzuela a las nuevas realidades musicales europeas que él conocía bien”. Hasta entonces, “nunca se había visto una zarzuela con tales exigencias canoras dado que demandaba un potente quinteto de voces como cualquier título de ópera”. El profesor Emilio Casares señala al respecto que ’La tempestad’ “pasó a ser un clásico y se mantuvo en cartelera durante decenios. En efecto, se oyó por décadas en toda la hispanidad, interpretada por las mejores voces de nuestra lírica”.

Casares afirma, complementando aquella fundada reflexión de Iberni, que Chapí, en 1882, “estaba preparado para dar a España una obra de tanta transcendencia, con la que muestra lo aprendido en Europa, y, sobre todo, propone un camino alternativo a la ópera y a la zarzuela tradicional en el propio escenario del Teatro de la Zarzuela: una ópera vestida con forma de zarzuela, por tener extensos “hablados”.

En cuanto a la valía de ‘La tempestad’ el musicólogo es categórico: “Hoy, después de tanto camino recorrido por la musicología, tenemos pocas dudas de que ‘La tempestad’ es uno de los más grandes monumentos de nuestra historia lírica. Por ello resulta tan difícil entender el olvido que se ha cernido sobre ella”. Y ahora, después de 90 años de silencio, el público tiene la oportunidad de volver a disfrutarla en el mismo escenario que la vio nacer y ‘desaparecer’.

DiDonato

Un mes de marzo muy activo en el Teatro Real. Tras Così fan tutte de Mozart y Haneke, un Roberto Devereux de Donizetti, para volver a escuchar a Edita Gruberova, una Noche del Real para el lucimiento de Joyce DiDonato y, sin solución de continuidad, Les pêcheurs de perles de Bizet, con un deseado Juan Diego Flórez junto a Patrizia Ciofi. Todo esto para dar entrada, ya en abril, a un Don Giovanni mozartiano en el que debuta, por segunda vez, Ainhoa Arteta.
Semanas de vértigo en las que la cantidad viene acompañada por la calidad.

Tras el estreno de la ópera de Glass, y el “Così fan tutte” mozartiano bajo la dirección escénica de Haneke, el Teatro Real se toma un respiro programando para el mes de marzo y abril algunas de las obras más atractivas de la temporada. En esta ocasión el atractivo reside, únicamente, en la música y los intérpretes, algo muy de agradecer.

ROBERTO DEVEREUX
Tres representaciones en versión concierto de “Roberto Devereux” de Donizetti, han sido la oportunidad de escuchar a la incombustible soprano eslovaca Edita Gruberova, tras 10 años de ausencia en este teatro. Conserva, a sus 66 años, una voz poderosa que no dejaba pisarse por la orquesta, y unos pianissimi magníficos, aunque es evidente el declive de su voz, pero tiene la capacidad de vestir sus personajes del drama, la ternura y la personalidad que solo la experiencia otorga y que tanto escasea sobre los escenarios hoy en día.
En la réplica tuvo a José Bros.
Incluso para una versión concierto resulta poco expresivo, pero toda la noche se mostró seguro, sobre todo en los dúos. Su voz sonó potente y voluminosa, incluso emotiva en algunos momentos.
Vladimir Stoyanov fue muy aplaudido por el público. Su actuación fue muy correcta, consiguió estar a la altura del resto de las voces. Su voz es de una gran belleza.
Sonia Ganassi fue la más aplaudida. Con gran dramatización y una voz potente y convincente, dio vida a una grandísima Sara.
La Orquesta, bajo la dirección de Andriy Yurkevych, sonó casi atronadora, briosa y ágil, en equilibrio con los cantantes. Bien dirigido también el coro, delicado y emocionante, sobre todo en los volúmenes de sonido que consiguió alcanzar. Magnífica noche de ópera.

Gaetano Donizetti
Tragedia lírica en tres actos
D. musical: Andriy Yurkevych
D. coro: Andrés Máspero
Gruberova, Stoyanov, Ganassi,
Bros, Atxalandabaso, Orfila,
San Antonio, Stánchev

JOYCE DIDONATO
“Estuve aquí como un muchacho y me encanta volver como una reina”. Con estas palabras, en italiano, se presentó la mezzosoprano estadounidense el pasado 8 de marzo en el Teatro Real de Madrid. Hacía así referencia a su anterior actuación en el coliseo madrileño en 2010, interpretando al joven Octavian, en el Caballero de la Rosa.

“Reinas” es el propósito de este recital y ellas son las protagonistas. Y como una auténtica reina se ha mostrado sobre el escenario DiDonato. Vestida con un espectacular vestido rojo de varias piezas que iba intercalando, arropada por Il Complesso Barroco, bajo la dirección del violín de Dmitry Sinkovsky, Joyce DiDonato ha desplegado todas sus virtudes canoras e interpretativas, transmitiendo la intensidad de las obras con una energía formidable. El público ha disfrutado con ella y ella con el público en un intercambio de emociones que ha terminado con cuatro bises.
Dominadora de la coloratura y del exigente cambio de registros de algunas de las arias que ha interpretado, sin duda son las arias dramáticas en las que mejor se desenvuelve y con las que ha alcanzado un nivel interpretativo excepcional. Una noche llena de emociones gracias a una mujer encantadora sobre el escenario que se ha metido al público en el bolsillo.