Faust

El Teatro Real inaugura su 22ª temporada el próximo 19 de septiembre con Faust, de Charles Gounod (1818-1893), en una coproducción del Teatro Real con la Nationale Opera & Ballet de Ámsterdam, que estrenó la producción, con una entusiasta acogida, en mayo de 2014.

Estrenada en el Théâtre Lyrique de París, el 19 de marzo de 1859, con una gélida respuesta del público francés, Faust se ha impuesto poco a poco en el repertorio operístico, pese a las reticencias de los críticos, que han caído en la trampa de evaluar la partitura partiendo de la inconmensurable grandeza de la obra de Johann Wolfgang von Goethe (1749-1832).

Si bien es verdad que los libretistas Jules Barbier y Michel Carré redujeron la trama de la ópera al pacto diabólico y al enredo amoroso entre Fausto y Margarita alejándose de la complejidad filosófica del texto de Goethe, quizás sean precisamente la simplicidad y espontaneidad de la partitura el secreto de su éxito.

La obra, que se aleja de la grandilocuencia de la grand opéra francesa, ha seducido al público, que se deleita con la belleza de las melodías, la orquestación refinada, las formidables partes corales, el contraste entre los números, el sarcasmo de algunos diálogos y la delicadeza de las escenas de carácter más intimista.

Àlex Ollé, que aborda por cuarta vez el mito de Fausto a lo largo de su carrera en La Fura dels Baus ─después de F@ust 3.0 (1997), La damnation de Faust, de Hector Berlioz (1999) y la película Fausto 5.0 (2001)─ se aleja de la lectura más superficial de la partitura, ahondando en la cuestión que atraviesa toda la obra de Goethe: la búsqueda de la vida no vivida. Mefistófeles instiga a Fausto a satisfacer los deseos que ha ocultado, las pulsiones que ha sublimado y las perversiones que ha camuflado. Mefistófeles como alter ego de Fausto: el diablo que lleva escondido.

En el más puro estilo ‘furero’, Àlex Ollé y el escenógrafo Alfons Flores recurren a artificios dramatúrgicos de gran eficacia teatral, colocando a Fausto en un laboratorio, donde trabaja en un inmenso ordenador que simula el cerebro humano, con sus trampas y fantasías, del que van surgiendo arquetipos de la sociedad actual, muy reconocibles por el público.

Junto a Valentina Carrasco (colaboradora en la dirección de escena), Lluc Castells (figurinista) y Urs Shönebaum (iluminador), han creado una producción inventiva, sarcástica y espectacular, que cuenta con la complicidad de un doble reparto encabezado por los tenores Piotr Beczala e Ismael Jordi, en el rol titular; las sopranos Marina Rebeka y Irina Lungu en el papel de Marguerite; los barítonos Luca Pisaroni, Erwin Schrott y Adam Palca como Méphistophélès, Stéphane Degout y John Chest, como Valentin; y las sopranos Serena Malfi y Annalisa Stroppa en el papel travestido de Siébel.

La dirección musical será del maestro israelí Dan Ettinger, que debuta en Madrid al frente del Coro y Orquesta Titulares del Teatro Real y la preparación del coro, con gran protagonismo en la partitura de Gounod, está a cargo, como siempre, de su director Andrés Máspero.

Estrenada en el Teatro Real en 1865, seis años después de su fría première en Paris, Faust sedujo desde entonces al público de Madrid, siendo una de las óperas más representadas hasta el cierre del teatro en 1925. Desde su reapertura se han ofrecido 10 funciones, en febrero de 2003, con una producción de homenaje a Gotz Friedrich. Faust vuelve al Teatro Real 15 años después, con una dramaturgia que aportará una nueva lectura de la inagotable riqueza de este mito universal.

AGENDA | ACTIVIDADES PARALELAS

13 de septiembre a las 20.15 horas | Teatro Real, Sala Gayarre

Enfoques: encuentro con artistas que participan en Faust y Joan Matabosch, director artístico del Teatro Real

19 de septiembre a 7 de octubre| Museo Nacional del Romanticismo

Una obra, una ópera: Mefistófeles, de Joaquín Espalter (1872), cuadro que representa al Fausto de Goethe en el momento en que rapta a Marguerite

30 de septiembre, a las 11.00 horas | Teatro Real, Sala principal

Ópera en cine

Proyección de Los cuentos de Hoffmann, de Jacques Offenbach, con dirección musical de Sylvain Cambreling y dirección de escena de Christoph Marthaler.

2 de octubre a 22 de febrero | Instituto Complutense de Ciencias Musicales

La emoción de la ópera (exposición): un recorrido por la ópera del siglo XIX a través de partituras, imágenes y documentos inéditos. Incluye piezas de sastrería y utilería del Teatro Real.

Biblioteca histórica Marqués de Valdecilla

4 de octubre a las 20.00 horas | Mezzo TV | Radio clásica y UER Unión Europea de Radiodifusión

Retransmisión en directo e Faust en la cadena de televisión MEZZO, en Radio Clásica, de RNE, y en las emisoras que integran la UER, Unión Europea de Radiodifusión.

7 de octubre, a las 12.00 horas | Teatro Real, Sala principal

Los domingos de cámara

Solistas de la Orquesta Titular del Teatro Real

7 de octubre a las 12.00 y a las 17.00 horas | Teatro Real, Sala Gayarre

¡Todos a la Gayarre!: talleres musicales para toda la familia, con dirección y presentación de Fernando Palacios.

Primera sesión de la temporada: El diablo acecha

Bailarinas: Aurora Constanza, Elena Di Mare e Inés Ruiz Calderón.

Italiana en Argel

La Fura dels Baus y la ópera ‘La Italiana en Argel’, en coproducción con el ,, encabezan el cartel de la 79ª Quincena Musical

Grandes directores, solistas y orquestas internacionales

Maestros como Christian Zacharias, Yannick Nézet-Séguin, Ivan Fischer, Yukka-Pekka Saraste o Paolo Arrivabeni estarán presentes en esta 79ª edición del festival. Entre los pianistas destacan los nombres de Yefim Bronfman, Igor Levit, Alexandre Tharaud, además del barítono Christian Gerhaher y Jordi Savall con su viola de gamba. Las agrupaciones NDR Philharmonie de Hamburgo, Filarmónica de Róterdam, Orquesta del Festival de Budapest y la Orquesta Sinfónica de la WDR de Colonia son algunas de las grandes orquestas que este año visitarán el Auditorio del Kursaal.

Estreno mundial de Amoria, de las hermanas Labèque

El nuevo proyecto de las pianistas Katia y Marielle Labèque reúne obras de compositores vascos desde el Renacimiento hasta nuestros días y contará con la participación, entre otros, del contratenor Carlos Mena, Easo Eskolania y el grupo Hegiak.

Producciones y encargos

Además de la ópera escenificada La Italiana en Argel que ha producido el festival junto con el Teatro Colón de Buenos Aires y el Festival San Lorenzo del Escorial, la Quincena ha encargado una obra al compositor Mikel Urquiza y una adaptación de las Diez Melodías Vascas, de Guridi, al organista Juan de la Rubia.

El diálogo entre el mito y la tradición, y su reflejo en la música, funciona como hilo conductor de las 93 propuestas musicales incluidas en la 79ª Quincena Musical de San Sebastián. El festival ha presentado su cartel completo –con la Fura dels Baus, el proyecto Amoria, de las hermanas Labèque, y la coproducción La Italiana en Árgel a la cabeza- con el 41% del objetivo en taquilla ya conseguido, gracias a los Amigos de la Quincena, y a punto de abrir la venta de entradas al público general este jueves 31 de mayo.

El director del festival, Patrick Alfaya, será el encargado de anunciar en Madrid todos los detalles de esta edición el próximo martes 12 de junio, en un acto que tendrá lugar en el Istituto Italiano di Cultura di Madrid. Alfaya estará acompañado de la directora del centro, Laura Pugno; el director de escena Joan Anton Rechi y el Premio Nacional de Danza 2017 Jon Maya.

La 79 edición de la Quincena Musical de San Sebastián comenzará el 2 de agosto y finalizará el 1 de septiembre. Durante estos 31 días, ofrecerá su casi centenar de actividades, repartidas en 11 ciclos, tanto en Donostia como en otras localidades de Guipúzcoa, Álava, Navarra e Iparralde. La jornada inaugural prevista para esta nueva edición contará con un amplio abanico de conciertos y espectáculos, en los que se incluye música instrumental, vocal y danza, entre otras propuestas.

El Auditorio Kursaal seguirá siendo el epicentro del festival y allí tendrán lugar las dos citas de La Fura dels Baus (2 y 3 de agosto). La compañía regresa a San Sebastián después de ocho años con su espectáculo La Creación, basada en la obra homónima de Joseph Haydn en la que el compositor austriaco relata la creación del mundo inspirándose en textos como el Génesis o el Libro de los Salmos. El montaje de La Fura revisa la obra buscando conectar ese nacimiento del planeta (el macrocosmos) con el cuerpo humano y el ADN (el microcosmos). Estarán acompañados por el maestro José Ramón Encinar, la Orquesta Sinfónica de Bilbao, el Coro Haydn dels Baus, la soprano Alicia Amo, el tenor Gustavo Peña y el barítono Thomas Tatzl.

Una semana más tarde (11 y 13 de agosto) el Auditorio Kursaal albergará la tradicional cita del festival con la ópera escenificada. Coincidiendo con el 150 aniversario de la muerte de Gioachino Rossini, la 79 Quincena Musical ofrecerá uno de sus títulos más representativos, La Italiana en Argel. Este título cómico, que hace más de 25 años que no se programa en la ciudad, será interpretado por la Orquesta Sinfónica de Euskadi y Easo Abesbatza, dirigidos por Paolo Arrivabeni. El rol principal de Isabella será cantado por la mezzosoprano italiana Marianna Pizzolato. El reparto se completará con nombres como Luca Pisaroni, Francisco Brito, Joan Martín-Royo o la soprano donostiarra Arantza Ezenarro. Esta coproducción entre la Quincena Musical, el Teatro Colón de Buenos Aires y el Festival San Lorenzo de El Escorial se estrenó el pasado 4 mayo en la capital argentina con seis funciones.

El apartado sinfónico de la presente edición arrancará con un concierto de la Orquesta Sinfónica de Euskadi que actuará por vez primera bajo las órdenes de Christian Zacharias (18 de agosto). Cuando se cumplen seis años de su última visita, el artista alemán vuelve a la Quincena en su doble condición de pianista y director. El programa, de corte clásico, agrupa dos obras tan dispares como la Sinfonía nº 49 La Passione, de Joseph Haydn, y el rara vez escuchado Réquiem en do menor, compuesto por su hermano menor Michael Haydn. Para la ejecución de esta obra, la orquesta estará acompañada por Andra Mari Abesbatza y un elenco de solistas entre los que destacan las donostiarras Elena Sancho y Clara Mouriz. En medio, entre Haydn y Haydn, el Mozart más intenso representado por su Concierto para piano nº24, en el que se podrá disfrutar, una vez más, del hondo y siempre personal arte pianístico de Zacharias.

La siguiente formación que este año recalará en el ciclo sinfónico del Auditorio Kursaal es la NDR Philharmonie de Hamburgo, que desde 1986 no había vuelto a San Sebastián. El programa diseñado para la ocasión (22 de agosto) contempla la bucólica Sinfonía nº2, de Johannes Brahms, y una selección de los cantos populares alemanes adaptados por Gustav Mahler que se podrán escuchar en la voz del barítono Christian Gerhaher, uno de los mayores intérpretes de este repertorio. En el podio, la joven promesa de la música clásica Krzystof Urbanski, actual director titular de la Orquesta Sinfónica de Indianápolis, Estados Unidos, y el principal director invitado de la Orquesta NDR de la Filarmónica del Elba.

Otro joven batuta, Yannick Nézet-Séguin, que en apenas unos años se ha situado entre los directores de orquesta más valorados y reconocidos del siglo XXI, dirigirá a la Orquesta Filarmónica de Róterdam dentro de su gira de despedida como director titular de la formación holandesa (24 de agosto). Presentará un programa que arranca con los aires clasicistas de Wolfgang Amadeus Mozart, representado por su bien conocida Sinfonía nº 35, Haffne; se adentrará en el universo romántico de Franz Liszt y su Concierto para piano nº2; y concluirá con la siempre comprometida Sinfonía nº 4, de Piotr Ilich Tchaikovsky. Al teclado, como solista del concierto de Liszt, uno de los más relevantes maestros del piano de los últimos cincuenta años, Yefim Bronfman, poco habitual en los escenarios españoles, pese a su destacada carrera internacional.

Las dos siguientes citas sinfónicas programadas para el Auditorio Kursaal serán protagonizadas por la Orquesta del Festival de Budapest, que al igual que en sus anteriores visitas a la Quincena, actuará bajo las órdenes del maestro Ivan Fischer. En la primera de las dos citas (26 de agosto) la orquesta ofrecerá un original y muy interesante programa enraizado en la gran música de su país, Hungría. Mientras que en su segunda intervención (27 de agosto), la formación húngara contará con el apoyo del Orfeón Donostiarra para interpretar las Vísperas Solemnes del Confesor, de Mozart, además de obras de Gustav Mahler.

Otra formación que ofrecerá un doble programa es la Orquesta Sinfónica de la WDR de Colonia que será dirigida por su titular Jukka-Pekka Saraste. El programa del primer día (31 de agosto) abordará una de las obras capitales del siglo XX y una de las más innovadoras de toda la historia de la música: La consagración de la primavera, de Igor Stravinsky. En la primera parte del concierto se escuchará el romántico y temprano Concierto para piano nº1, de Brahms (compositor que debuta en la Quincena), que intrepretarán junto al pianista Igor Levit. El segundo día (1 de septiembre) la orquesta alemana ofrecerá el sobrecogedor Réquiem, de Hector Berlioz, dramáticamente subtitulado por el propio compositor francés como “Gran misa de muertos”. Se trata de una de las composiciones más monumentales e impactantes de la historia de la música y en su interpretación en el festival se sumarán las voces del tenor solista Andrew Staples y el Orfeón Donostiarra.

La oferta del Auditorio Kursaal se completará con el estreno del nuevo proyecto de Katia y Marielle Labèque, donde el dúo de pianistas de Baiona rinde homenaje a la música vasca (29 de agosto) en sintonía con el hilo conductor de esta edición: el mito y la tradición. El repertorio seleccionado para tal efecto recoge obras de compositores vascos que van desde Juan de Antxieta (1462-1523) hasta Alberto Iglesias. Para llevar a cabo esas versiones, Katia y Marielle Labèque contarán con la participación del grupo Hegiak, el percusionista Ander Zulaika y los virtuosos de la txalaparta Harkaitz Martínez de San Vicente y Mikel Ugarte, entre otros.

En el Teatro Victoria Eugenia, otro de los escenarios de la Quincena, se ofrecerán tres propuestas dispares entre sí. El primer concierto (6 de agosto) estará protagonizado por el pianista parisino Alexandre Tharaud, considerado como uno de los intérpretes más originales del momento. Mientras que la segunda propuesta vendrá de la mano de dos pesos pesados como el violagambista Jordi Savall y el gaitero y flautista Carlos Nuñez (20 de agosto), que presentan su proyecto Diálogos célticos. La tercera y última cita del Teatro Victoria Eugenia será ofrecido por la Compañía de Danza Hervé Koubi (28 de agosto). El coreógrafo francés de raíces argelinas y su compañía nos presentarán el espectáculo Les Nuits Barbares, donde rinden homenaje a los pueblos bárbaros olvidados a través de réquiems de Mozart y Fauré, música tradicional africana, cultura hip-hop y capoerística.

Como también es habitual en esta cita cultural, la 79ª edición de la Quincena Musical de San Sebastián desarrollará sus ciclos paralelos: Música Antigua, Jueves de Música en San Telmo, Órgano, Jóvenes Intérpretes, Quincena Andante y Quincena Infantil. Pueden adquirirse entradas a través de la página web (www.quincenamusical.eus) a partir del 31 de mayo, así como en las taquillas del Kursaal y el Teatro Victoria Eugenia.

Valquiria

EL BICENTENARIO DE VERDI Y WAGNER, MUY PRESENTE EN LA INAUGURACIÓN DE LA TEMPORADA DEL VALENCIANO PALAU DE LES ARTS.

Aunque inmersos en una profunda crisis económica que ha supuesto un drástico recorte presupuestario, como nos indicó a los medios de prensa Helga Smith, máxima dirigente del valenciano Palau de Les Arts: la programación prevista para esta temporada 2013-2014, resulta atractiva y con unas producciones de indudable calidad, habiéndose optado por la presencia de cantantes jóvenes, ya con un bagaje importante a sus espaldas y buenas perspectivas de futuro.

Estamos en el año del bicentenario de Verdi y Wagner, cuyas carreras en conjunto, ocupan gran parte del Siglo XIX. Las dos primeras óperas de Richard Wagner: Die feen (Las Hadas) compuesta en 1833, y cuyo estreno no se produjo hasta 1888, cinco años después de su muerte; y, Das Liebesverbot (La prohibición de amar) estrenada en 1836, y que no ha llegado a España hasta el pasado verano, en el Festival del Castillo de Peralada, y de la que ofrecí una amplia reseña en nuestra revista. Verdi se estrenó en 1839 con Oberto conte di San Bonifacio.
Por tanto, y considerando en conjunto las obras de Wagner y Verdi, ese largo período del Siglo XIX, abarca los sesenta años que median entre Die feen (1933) y la última ópera verdiana Falstaff (1893).

Tuve ocasión de asistir a Die Walküre el pasado 9 de noviembre y a La Traviata al día siguiente. Verdaderamente, todo un lujo que pocos teatros a nivel mundial son capaces de ofrecer.

En DIE WALKÜRE se podía contemplar la coproducción Palau de les Arts-Maggio Musicale Fiorentino de “La Fura dels Baus”, que se vio por primera vez en el Palau de les Arts en 2007, y posteriormente en 2009, con la importante presencia, en la función a la que asistí, de Plácido Domingo y Eva María Westbroek, respectivamente como Siegmund y Sieglinde. Por tanto, ese impacto inicial que me causó está producción ya ha quedado más diluido, aunque siempre resultan sumamente interesante esas impactantes y originales proyecciones sobre los paneles de fondo del escenario. Tienen un menor atractivo, los artilugios en forma de grúas donde aparecen encaramados: Wotan, Brünnhilde, Fricka y Las valquirias.

Magnífica la Orquesta de la Comunitat Valenciana, mostrándose cohesionada, con perfecta definición de planos sonoros, destacando, dentro del alto nivel mostrado por todas las secciones orquestales, unos metales contundentes y afinados. La interpretación de la famosa cabalgata de las valquirias resultó de gran brillantez y espectacularidad. Zubin Metha dirigió con maestría a esta orquesta que conoce tan bien, y a la que somete a exhaustivos ensayos para obtener muy altos rendimientos. De cualquier forma, el gran maestro hindú, nos mostró su gran conocimiento de esta monumental partitura; y, un público totalmente entregado, que abarrotaba el teatro, le mostró su entusiasmo dedicándole largas ovaciones.

El elenco vocal estuvo a una notable altura, con la presencia de Heidi Melton como Sieglinde. La soprano estadounidense comenzó con un volumen de voz no demasiado grande, pero que fue ensanchando notablemente en el transcurso de la representación –sobre todo cuando dejó la posición cuadrúpeda (como si fuera un animal), por la erecta- hasta ofrecernos una magnífica prestación vocal y dramática, destacando en esos largos y bellísimos dúos con un Siegmund, bien cantado e interpretado por Nikolai Schukoff.
También, una excelente y rotunda prestación de la soprano dramática Jennifer Wilson como Brünnhilde, es esos largos y filosóficos parlamentos con su atribulado padre el dios Wotan, a quien confirió una convincente prestación vocal y teatral Thomas Johannes Mayer. Magnífico y muy contundente trabajo vocal de Stephen Miling como Hunding, mostrándonos, en todo su esplendor la mala uva de este personaje.

Elisabeth Kulman aportó su bella presencia escénica, realizando una notable interpretación de Fricka, sobre todo en ese extenso dúo con su marido Wotan, a quien materialmente, machaca con sus reproches. En fin, una muy notable Die Walküre, con buenas voces, original escenografía –sobre todo, para aquellos espectadores que no la conocieran- y, una resolución musical de gran altura realizada por la Orquesta de la Comunitat Valenciana, magníficamente dirigida por Zubin Mehta.

Y, en cuanto a LA TRAVIATA, se nos ofreció la minimalista y famosa producción del Festival de Salzburgo de 2005. Famosa, fundamentalmente, porque supuso el lanzamiento a nivel internacional de la soprano rusa Anna Netrevko, entonces flanqueada por el tenor mejicano Rolando Villazón, también en aquellos momentos, figura emergente en el panorama lírico, junto al ya consagrado barítono norteamericano Thomas Hampson.

Con la omnipresencia de ese gran reloj circular –utilizado también como ocasional mesa de juego- cuya marcha se acelera o ralentiza en función de los acontecimientos que rodean a la protagonista, y en relación con la presencia de ese personaje anciano y adusto, que marca el devenir de Violetta, y que ya, en el último acto, se meterá en el rol del médico que certifica su muerte.

La escenografía de Wolfgang Gussmann, a pesar de su simplicidad resulta acertada y operativa con esos sofás itinerantes de color rojo sensual, como el vestido de la protagonista, quien se debate entre su nociva y alocada vida de cortesana, y ese sincero amor que siente por Alfredo Germont, materializado en ese decorado de fondo a base de flores, que asemeja la estancia de Violetta y Alfredo en una casa de campo a las afueras de París, ambos viviendo un intenso y pleno idilio, truncado por la presencia del ese calculador y mezquino –al final muestra humana sensibilidad- personaje llamado Giorgio Germont.

De nuevo, Zubin Mehta, en una verdadera pirueta evoluciona del germanismo musical propuesto el día anterior con Die Walküre, a la música meridional compuesta por Verdi para La Traviata. Los resultados son de nuevo sobresalientes, y el gran maestro hindú muestra su sapiencia y adecuación estilística para extraer brillantes sonoridades de la Orquesta de la Comunitat Valenciana, desde esa –un tanto tétrica obertura, que se reitera al comienzo del último acto- hasta las escenas coloristas y desenfadas del Acto II. Muy brillante, la actuación del Coro de la Generalitat Valenciana dirigida por su titular Francesc Perales. También, destacar la buena actuación del ballet de la Generalitat, dirigido por Inmaculada Gil-Lázaro.

En cuanto a las voces solistas destacar la presencia de la joven soprano búlgara Sonya Yoncheva, ganadora en 2010 del concurso Operalia, de Plácido Domingo. Nos encontramos con una cantante lírica de importante volumen y voz de atractivo timbre. En el Acto I, supera notablemente las exigencias de corte belcantista, aunque al final del mismo, en el “sempre libera”, omite ese optativo Mi5. Su prestación gana bastantes enteros a partir del Acto II, hasta el patético final de la ópera, tanto desde el punto de vista vocal, como dramático. Destacar su actuación en ese largo dúo con Giorgio Germont, bien interpretado vocal y teatralmente por el barítono Simone Piazzola, quien tiene sus mejores momentos en la famosa aria “Di Provenza il mar” y la subsiguiente cabaletta “Non udrai rimproveri”.

El tenor italiano Ivan Magri, a quien pudimos escuchar la pasada temporada, en este mismo teatro, el Duque de Mantua de Rigoletto y el Jacopo Foscari del verdiano I due Foscari, comienza su actuación un tanto destemplado, para mejorar sensiblemente mientras avanza la representación. Su línea de canto es aceptable, pero tiene serias dificultades para afrontar su gran escena del arranque del Acto II, “Lunga da lei..” cuya interpretación requiere estilo y gran dominio técnico, que nos obliga a recordar las creaciones de esta página de unos Alfredo Kraus o Carlo Bergonzi. Magri posee un excelente registro agudo que le permitió rematar la cabaletta “O mio rimorso..” con un contundente Do4. En suma, una buena representación de La Traviata, donde de nuevo brillaron a gran altura la orquesta y su director Zubin Mehta.

DIE WALKÜRE
Richard Wagner
D. musical: Zubin Mehta
D. escena: Carlus Padrissa (La Fura dels Baus)
Allex Aguilera (reposición)
Videocreación: Franc Aleu
Escenografía: Roland Olbeter
Vestuario: Chu Uroz
Iluminación: Peter van Praet
Copoducción de Palau de les Arts Reina Sofía y Maggio Musicale Fiorentino
Orquestra de la Comunitat Valenciana
Reparto: Nikolai Schukoff, Stephen Milling, Thomas Johannes Mayer, Heidi Melton, Jennifer Wilson, Elisabeth Kulman, Eugenia Bethencourt, Bernadette Flaitz, Julia Borchert, Pilar Vázquez, Julia Rutigliano, Patrizia Scivoletto, Nadine Weissmann, Gemma Coma-Alabert

LA TRAVIATA
Giuseppe Verdi
D. musical: Zubin Mehta
D. escena: Willy Decker
Meisje Barbara Hummel (reposición)
Escenografía: Wolfgang Gussmann
Vestuario: Wolfgang Gussmann y Susana Mendoza
Iluminación: Hans Toelstede
Coreografía: Athol John Farmer
Coproducción de De Nederlandse Opera, Amsterdam, basada en la producción original del Salzburger Festspiele
Inmaculada Gil-Lázaro, directora Ballet de la Generalitat
Francesc Perales, director Cor de la Generalitat Valenciana
Orquestra de la Comunitat Valenciana
Reparto: Jessica Nuccio y Sonya Yoncheva, María Kosenkova, Cristina Alunno, Ivan Magrì, Simone Piazzola, Mario Cerdá, Javier Franco, Maurizio Lo Piccolo, Luigi Roni, Valentino Buzza, David Astorga, Germán Olvera, Mattia Olivieri

Mahagonny

Ascenso y caída de la ciudad de Mahagonny: “Cada uno se hace su cama en este mundo”

Teatro Real, 19.50h. Es el inicio de temporada y los palcos están relucientes. La gran araña central ilumina los nuevos y sedosos vestidos que acompañan a las perfumadas damas que, a su vez, acompañan a sobrios y elegantes caballeros. Todo es expectación y glamour, todo es exquisitez y lujo. Por favor, desconecten sus teléfonos móviles.
Sube el telón y un gran estercolero aparece ante nosotros, y todo junto y a la vez comparte el mismo espacio. Uno es consecuencia del otro y esto es lo que Kurt Weill nos quiere mostrar. Esa es la grandeza de Mahagonny.
Dos años dedicó Weill a trabajar sobre esta obra. Años de entre guerras. Los años 20 y 30 fueron lo suficientemente estimulantes como para hacer de ellos los de mayor creatividad musical y operística de toda la historia. Se aglutinaron en aquel momento ritmos, géneros, compositores, intérpretes, escritores… El clasicismo convivía con una explosión de música y literatura representada por Kurt Weill, Alban Berg, Korngold, Schomberg… Autores de obras que bien podían haber sido escritas ayer mismo. Tal es el caso de Mahagonny. Una obra que apuntaba entonces de manera acertada el futuro, y que la casualidad ha querido que esta producción aterrice en Madrid, precisamente en este momento. La lucidez de la música de Kurt Weill y el libreto de Bertolt Brecht, han provocado las mentes, siempre hirviendo, de Alex Ollé y Carlus Padrissa. Nos han situado delante de nuestros propios detritus. De la decadencia de una sociedad fantasma, zombie, donde se representan, de una particular manera, los siete pecados capitales.
Un escenario cargado de basura y de una gran plasticidad, llena de volúmenes que no dejan de crecer a lo largo de la obra. Como solo un basurero crece.
Los componentes de La Fura dels Baus han planteado en esta ocasión un escenario sobrio, sencillo, sin las grandes producciones metalúrgicas y tecnológicas a las que nos han acostumbrado últimamente. Solo montañas de basura que se cubren, a veces y como en cualquier ciudad, de aparentemente aterciopelados campos de golf que, pretenden tapar aquello que más pronto que tarde acabará deglutiéndolos.
Sobre el escenario todo se hace de manera compulsiva y alienada. Todo se consume de forma colectiva e instintiva, desde comer, sobre un gran comedero industrial como pollos en una granja. O el sexo, practicado multitudinariamente y de manera mecánica. Una escena “porno” muy bien resuelta, incluso, elegantemente resuelta sobre colchones que se mueven al gracioso ritmo de la música.
Todo ello iluminado genialmente por Urs Schönebaum, que contribuyó al ambiente delirante de la ciudad.
La música fue una agradable sorpresa. Mucho más compleja de lo que se podía esperar. Intercalaba canciones con un cierto aire de musical que, lejos de desmerecer a la obra, proporciona una gran vitalidad. Una música llena de energía, por momentos trepidantes, fruto de la joven batuta (aunque dirige sin ella) del director granadino Pablo Heras-Casado. No se arredró y dirigió con firmeza y brío hasta el réquiem final a una Orquesta del Teatro Real que estuvo brillante. A destacar, sobre todo, la sección de metales.
El reparto formó un conjunto muy equilibrado. Algo que pocas veces ocurre y que hizo subir la media de calidad de la representación.
No hubo voces que resaltaran de manera sobresaliente. Jenny, interpretada por la soprano canadiense Measha Brueggergosman, puso voz a una interpretación magistral. Es una Jenny espectacular aunque algo escasa de potencia. Fue de menos a más, una lástima si tenemos en cuenta que la pieza más conocida es al principio, “Alabama Song” en la que faltó una voz más plena y potente. No fue así en el momento de seducir a Jim, fue de una sensualidad canora fantástica.
El peso de la obra en el segundo y tercer acto, recae sobre la voz de Jim Maclntyre, interpretado por Michael König, un tenor ligero, pero provisto de una voz con matices metálicos y brillo. Papel casi wagneriano por lo exigente y resuelto muy dignamente.
El resto del reparto muy equilibrado, los roles estaban perfectamente definidos, incluso el físico era el adecuado. El tono de los recitativos impregnó a los delincuentes venidos a gobernantes de potestad y vigor ante los peculiares habitantes de la nueva ciudad. La mezzosoprano norteamericana Jane Henschel, con una voz sólida y segura como su personaje. El tenor Donald Kaasch con un buen registro medio y voz ágil, además de dotar a su personaje de gran comicidad. Destacar también al bajo-barítono jamaicano Willard White y el tenor John Easterlin. Este último demostró su paso por Broadway con una interpretación casi buffa de su personaje.
Otra de las novedades fue el coro. A falta de algunos ajustes en los ataques, el empaste, y algún divo que anda suelto, lo que hemos escuchado resulta muy prometedor después de un año de travesía por el desierto. Potencia y calidad y unos pianos apreciables. Un coro que, no solo canta, también interpreta y monta/desmonta escenarios. Unas voces de gran calidad que bajo la dirección de Andrés Máspero prometen grandes momentos.

Kurt Weill (1900-1950)
Libreto: Bertolt Brecht
D. musical: Pablo Heras-Casado
D. escena: Alex Ollé, Carlus Padrissa.
Reparto: Jane Henschel, Donald Kaasch, Willard White,
Measha Brueggergosman, Michael König, John Easterln, Otto Katzameier,
Steven Humes
Orquesta y Coro del Teatro Real de Madrid
2 Octubre 2010