Tosca

Ahhhh….! Tosca! Dice Scarpia lleno de deseo hacia ella. Un deseo similar tenía el público más clásico del Real hacia Tosca. O hacia cualquier ópera de gran repertorio que pudieran llevarse a los sentidos tras una temporada vanguardista y culminada, además, por un intenso y brillante San Francisco de Asís.
Tosca está siendo como un bálsamo tranquilizador, relajante, para recolocar al aficionado clásico después de haber hecho girar su silla y detenerse de golpe.

Y la mejor manera ha sido rescatar la Tosca clásica y romántica que Nuria Espert estrenó en este mismo Teatro en enero de 2004.

Una gran ópera como Tosca no es fácil de representar hoy en día. En parte por conocida y en parte por las expectativas que despierta. Todos tenemos nuestra idea sobre la obra, sobre cada personaje y a quien lo asociamos.
Otra de las dificultades para su representación se sitúa en el nivel artístico. No es fácil para un director musical, estimular a unos protagonistas que han representado en innumerables ocasiones estos personajes. Tener la capacidad de ofrecer un poquito más en esa dramatización de Tosca, o en esa maldad de Scarpia, no es nada fácil. Con estas grandes óperas hay que intentar huir, en principio, de la rutina, y después tratar de llevar a buen puerto una partitura tan grande como ésta. Tampoco es fácil reunir en un mes de julio un elenco como se presenta en esta ocasión. Dirección musical de Palumbo, de escena Nuria Espert, escenógrafo, Ezio Frigerio, Violeta Urmana como Tosca, Marco Berti como Cavaradossi o Lado Antoneli como Scarpia.

La dirección de Palumbo fue correcta. Supo sacar de la orquesta algún momento importante y con matices pero, una partitura tan importante pide más, mucho más. Los fortissimos no fueron tales aunque la delicadeza si estuvo presente.
La escenografía (ya conocida) de Frigerio sigue sin convencerme siete años después. Oscura y algo deslabazada, como hecha de modo apresurado, y como digo, en siete años podían haberla retocado un poco. No lo mejora la dirección de Nuria Espert con un planteamiento poco refinado. Bien la dirección de actores sobre el escenario, ahí si se nota la mano de Espert.

Acertada también la gran multitud que compone el séquito eclesiástico en el final del primer acto. Apabullante, casi amenazador (propio de Espert cundo al clero se refiere), con una presencia coral que refuerza la intensidad del momento.

Marco Berti, como Cavaradossi, hizo gala de una potencia de voz impresionante. Aunque soltó algún pepinazo, sus agudos son buenos, escasos de sutileza pero buenos. En el primer acto se apreciaron ligeros tonos metálicos. Muy mal en el pasaje de registro, poco equilibrado, algo calado y escaso de tonos medios y bajos que restó emoción en sus arias más comprometidas.

Lado Antoneli, como Scarpia, estuvo correcto. Tal vez le faltaba algún grado más de maldad. La habría conseguido con una voz más oscura y potente, pero canta con gusto y expresividad. Su final del primer acto estuvo a la altura del conjunto, y esta, la altura, fue mucha.

Violeta Urmana nos ofreció una Tosca importante, pero sin llegar a ser grande. Le faltó coquetería en los momentos más fríbolos del primer acto pero a partir del segundo, llenó la escena de dramatismo canoro con una emisión limpia, redonda y sobria. Un registro central que cuando lo requería resultó oscuro y tenebroso, resultando sobrecojedora la muerte de Scarpia y sus sentencias hacia este. Es una señora de la escena aunque sus interpretaciones escénicas sean pobres. Su “Vissi D´arte” no fue redondo y le faltó sutileza, pero si fue muy aplaudido por un público hambriento de lirismo.

TOSCA
Giaconmo Puccini (1858-1924)
Teatro Real, Madrid, 15-7-11
Melodrama en tres actos
D. musical: Renato Palombo
D. escena: Nuria Espert
Escenógrafo: Ezio Frigerio
Reparto: Urmana, Berti, Ataneli,
Bou, Lanchas, Bosi, Szemerédy.