Guillermo García Calvo

El Teatro de la Zarzuela cuenta entre sus actividades y logros la recuperación del patrimonio musical nacional. Y este año ha cumplido con esa labor a través de “Las Calatravas”, comedia lírica en tres actos y última composición del maestro Pablo Luna que, además de prolífico compositor, tenía una gran visión empresarial. Siempre supo recoger con acierto los gustos del público y las tendencias teatrales del momento. El libreto, que hacía las delicias de la burguesía de la época, fue encargado por Luna a los prestigiosos Federico Romero y José Tellaeche, todo un acierto en un momento en el que la censura trabajaba a toda máquina.

El estreno en el Teatro Alcázar de Madrid el 12 de septiembre de 1941 supuso un éxito total. Dicen las crónicas que se repitieron todos los números de la obra, los 15, algo insólito. A pesar del momento dulce por el que atravesaba la zarzuela, estaba próxima a iniciar su declive, al entrar en competencia con el cine. Por otro lado, Pablo Luna se quejaba de las exigencias de un público que pedía un estreno cada semana. Lo que obligaba a componer sin descanso. Puede que esto fuera una de las razones por las que Las Calatravas, entre otras, no volvieran a representarse.

Para esta versión escenificada se ha recurrido a la ya tradicional adaptación del texto, en esta ocasión a cargo de Paco Gámez, que ha realizado un trabajo extraordinario para narrar al público perfectamente la trama utilizando muy pocas intervenciones. Para ello se ha servido de uno de los personajes de la obra, Doña Aldonza, la tía pobre de las dos protagonista y único personaje que no canta.

Doña Aldonza ha sido interpretado por una magistral Emma Suárez. Nos ha presentado a todos los personajes y escenas con humor y la naturalidad e ingenio de las grandes damas de la interpretación.

A través de Doña Aldonza se ha querido también poner en valor a todas esas actrices cómicas y secundarias que siempre quedaban en un segundo plano respecto a las divas y protagonistas.

La música del maestro Luna es de extraordinaria calidad. Utiliza en Las Calatravas músicas de distintos géneros y las hace corresponder con los personajes. Las músicas europeas, que tanto admiraba, acompañan a la generación de personajes más jóvenes, como Cristina o Carlos Alberto. Y los fandangos acompañan al banquero José Mariani.

Las voces están a la altura de la partitura, más cerca del verismo que de la zarzuela. Miren Urbieta, con su potente voz de soprano lírica, interpretó a Cristina Calatrava sin grandes rasgos teatrales, pero con una gran sonoridad y bello timbre.

El tenor Andeka Gorrochategui dio vida al libertino Carlos Alberto. Acompañó perfectamente a Cristina Calatrava en potencia tímbrica y parecía menos esforzado en la emisión que en otras ocasiones, cosa que se agradece.

Lola Casariego interpretó a la viuda Calatrava, con su habitual elegancia, pero tapada en numerosas ocasiones por la orquesta y el resto de las voces. Javier Franco, como José Mariani, lidió con el papel más complejo y lo hizo con solvencia y elegancia. Solo le faltó volumen.

El resto el reparto estuvo a gran altura. La Isabel de la cordobesa Lucía Tavira, el Pepe Aleluya de Emmanuel Faraldo y el Rodrigo del tenor Houari R. López Aldama.

El maestro García Calvo ha realizado una muy buena labor al frente de la orquesta. Se nota su rigor y amor por el género, del que es buen conocedor. Sonoridad y exquisitez en la dirección de una partitura importante. El coro, aunque lejos y con mascarilla, sonó con el brío de siempre.