Sergio Alapont

El director de orquesta español Sergio Alapont vuelve este mes de julio al Teatro Real de Madrid –alternándose en el podio con el maestro Nicola Luisotti– para ponerse al mando de Nabucco, de Verdi, en el que será su debut dirigiendo ópera en ese escenario. “Estoy encantado y muy emocionado de dirigir por primera vez en el Real una obra maestra de uno de los compositores de los que he dirigido más representaciones de sus diferentes títulos y al que he proferido admiración y devoción por su grandeza”, comenta el músico nacido en Benicàssim (Castellón). “Además a Verdi le debo el premio de la revista italiana GBOpera como mejor director de 2016 por Aida”. Alapont regresa al coliseo madrileño tras debutar en ese escenario dirigiendo una gala lírica en 2018, “y al año siguiente regresé con el Stabat Mater de Pergolesi, siempre al frente de la Sinfónica de Madrid, una orquesta con una rica versatilidad sonora y de una calidad extraordinaria. Estoy muy contento de volver ahora con esta ópera tan llena de significado para la literatura operística. Verdi la escribió gracias a la insistencia del gerente de La Scala ya que el compositor había decidido dejarlo todo al estar devastado emocionalmente por la pérdida de sus dos hijos y de su mujer, Margherita. Además acababa de sufrir dos fracasos en sus óperas anteriores. Con Nabucco anuncia los grandes trabajos y roles que completarán su catálogo en años venideros. La obra representa el inicio del drama verdiano y de esa humanidad tan característica que otorga a los personajes que solo Verdi sabía plasmar en la partitura y que han quedado en el imaginario del público. La música de Nabucco y la espectacular narración que consigue el compositor es soberbia y dirigirla es uno de los mayores placeres para un director”, añade.

Sergio Alapont se pondrá al mando de las funciones programadas los días 13, 16 y 20 de julio en una producción firmada escénicamente por Andreas Homoki y teniendo en el reparto a Luis Cansino (Nabucco), Oksana Dyka (Abigaille), Eduardo Aladrén (Ismaele), Alexander Vinogradov (Zaccaria), Aya Wakizono (Fenena), Felipe Bou (Gran Sacerdote), Fabián Lara (Abdallo) y Maribel Ortega (Anna).

En los últimos años, la carrera del director castellonense se ha consolidado en el panorama internacional, habiendo sido nombrado en 2022 director titular de la Orquestra Clássica do Centro en Coimbra, Portugal, con la que tiene una intensa actividad cada temporada.

Entre sus compromisos más recientes destaca un concierto sinfónico en el National Concert Hall de Dublín con la RTÉ Concert Orchestra (Orquesta de la Radio Televisión Irlandesa, en febrero de 2022), además de la presentación del CD de La Bohème para el sello británico Signum Classics grabada en 2021 en la Irish National Opera y con la que ha conseguido excelentes críticas.

Tras estas funciones de Nabucco y de su actividad junto a la Orquestra Clássica do Centro, durante el verano Sergio Alapont dirigirá un concierto con obras de Beethoven en el Festival das Artes en Coimbra (24 de julio), otro de música española con la popular cantaora Estrella Morente y la Orquestra Clássica de Espinho en el Auditório de Espinho (Portugal, 30 de julio) y abrirá el Festival de Pollença (Mallorca) con la Simfònica de les Illes Balears y el pianista Kris Bezuidenhout con un programa con obras de Beethoven, Schumann y Dvořák (6 de agosto). Más tarde inaugurará la temporada 2022 / 2023 del Teatro Comunale de Sassari con un concierto sinfónico y con la ópera Don Giovanni de Mozart –en el que será su sexto retorno al teatro italiano, en el que debutó en 2010– y actuará por primera vez en Canadá a cargo de un concierto junto a la Orchestre Symphonique de Longueuil en la Maison Symphonique de Montréal.

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Turandor, lucen y sombras Giacomo Puccini (1858-1924) Drama lírico en tres actos Libreto de Giuseppe Adami y Renato Simoni, basado en la fábula homónima de Carlo Gozzi D. musical: Nicola Luisotti D. escena e iluminación: Robert Wilson Figurinista: Jacques Reynaud Maquillaje y peluquería: Manu Halligan Videocreador: Tomek Jeziorski Dramaturgo: José Enrique Macián D. coro: Andrés Máspero D. coro de niños: Ana González Reparto: Oksana Dyka, Raúl Giménez, Giorgi Kirof, Roberto Aronica, Miren Urbieta-Vega, Joan Martín Royo, Vicenç Esteve, Juan ANtonio Sanabria, Gerardo Bullón Coro y Orquesta titulares del Teatro Real Noviembre de 1924, Puccini se traslada al Bruselas, el Doctor Ledoux es el único que puede abordar con éxito el cáncer de garganta que le ha sido diagnosticado. Lleva con él parte de la partitura de Turandot, pretende acabar el dúo final y a su regreso terminar la que sería su última ópera. La muerte le sorprende el 29 de noviembre y sus planes y el final de Turandot quedan inacabados. Turandot es una ópera que no sigue las mismas coordenadas de las obras escritas hasta ese momento por Puccini. Contiene demasiadas incógnitas, a parte de su inacabado dúo final. Para responder algunas de estas cuestiones, debemos remontarnos unos 15 años atrás… En 1909, Doria Manfredi es una joven de 24 años que trabaja en casa de Puccini. Elvira, la mujer del maestro, acusa a Doria de haber intentado seducir a su marido y dice haberles descubierto juntos. Las habladurías y la vergüenza de la familia llevan a la joven Doria al suicidio. Tras 5 días de sufrimiento y dolores atroces que le había producido el veneno que había tomado, Doria Manfredi muere. El informe de defunción desvela que Doria había muerto virgen. Quedando evidenciado que las acusaciones lanzadas por Elvira eran falsas, llegando incluso a ser detenida durante las pesquisas policiales por incitación al suicidio. Pero Puccini paga una importante suma de dinero a la familia Manfredi y las acusaciones no van más allá. Durante los 15 años siguientes, Puccini padece este acontecimiento de manera tormentosa, como queda reflejado en numerosas de sus cartas en las que afirma no poder soportar la muerte de esta inocente. Cuando Puccini conoce el alcance de su enfermedad es cuando decide cambiar la suerte de Liu. Los últimos versos de Kalaf y Timur con motivo del suicidio de Liu, son la justificación del compositor, las disculpas que lanza al mundo en su nombre y en el de su mujer por ese suicidio del que se siente culpable. Esta fue una petición pública de perdón por un acontecimiento que marcó la vida de Puccini y que lamentó justo antes de su muerte. El 25 de abril de 1926 se estrena Turandot en el Teatro alla Scalla de Milán con el final escrito por Franco Alfano, siguiendo las indicaciones que Puccini había dejado escritas. 20 años después de su estreno, vuelve el cuento fantástico de Turandot al Teatro Real. Robert Wilson es el encargado de vestir, o no, este cuento y llenarlo, o no, de magia y elemento fantásticos. Robert Wilson dice que cuando se dispone a crear una escenografía se pregunta qué no debería hacer, para, precisamente, hacerlo. Considera que el corpus de la obra de un artista es siempre el mismo y éste debe reconocerse a lo largo de toda su trayectoria. Y la obra de Wilson es siempre perfectamente reconocible. En unas producciones con más acierto que en otras, pero siempre es Bob Wilson. Este Turandot tiene la voluntad de estar más o menos vacío, escenográficamente hablando, desnudo de elementos escénicos pero con su inconfundible y exquisita iluminación que sostiene, a veces casi exclusivamente, el drama escénico. Otro elemento importante en la escenografía de Wilson es la ausencia de movimiento. Los personajes ni se miran ni se tocan en ningún momento y apenas dan pequeños y mecánicos pasos. Lo que deja huérfana de pasión y romanticismo alguna de las escenas principales, como el suicidio de Liu, que pasa casi desapercibido. Pero todas estas ausencias producen también otras sensaciones. El estatismo de los personajes sobre la extraordinaria iluminación de Wilson, crean una verdadera atmósfera mágica, llena de sombras que parecen dibujadas y que te arrastran al interior del relato proyectando toda la atención sobre la música. Los figurines diseñados por Jacques Reynaud proporcionan, a falta de expresión en los personajes, la dramaturgia y teatralidad de la obra. El resultado de conjunto es de una extrema sofisticación, tanto de los personajes, como de la escenografía, permitiendo, como quiere Wilson, que haya grandes espacios, aparentemente vacíos, para que el espectador recree su propio cuento. Nicola Luisotti obtiene un magnífico rendimiento de la Orquesta y del Coro, que tiene un papel primordial en esta obra y lo ejerce con gran acierto. Luisotti extrae de la partitura toda su riqueza orquestal y consigue recrear el exotismo oriental imaginado por Puccini. Su dirección, siempre elegante, está llena de detalles y colorido, sobre todo en el tratamiento de las cuerdas. La música llena los espacios escénicos que aparecen viudos de dramatismo y pone el sentimiento reflejado por el compositor en la partitura. La princesa Turandot de la ucraniana Oksana Dyka resulta bastante gritona, con agudos tirantes y un color de voz un tanto amarillento. Gran volumen de voz, como requiere el personaje para no ser engullida por la orquesta. Consigue transmitir la actitud hierática y llena de crueldad de la protagonista, a pesar de no mover ni un pelo. El Calaf de Roberto Aronica fue digno, sin más. También resultó un poco gritón y falto de delicadeza y romanticismo. Había que elegir entre volumen o matiz y se decantó por el primero. No le favoreció ni el estatismo ni el vestuario de su personaje. Giorgi Kirof ofreció un Timur algo flojo y de voz apagada. Algo mejor estuvo el Emperador Altoum de Raúl Giménez, que estuvo creíble en su personaje y no hay que despreciar el mérito que tiene cantar a unos 10 metros de altura. La más aplaudida de la noche fue la soprano donostiarra Miren Urbieta-Vega como Liu. Llenó su personaje de pasión y sentimiento con una potente voz, buen fraseo y abundante fiato. Lástima que su vestuario tampoco le favoreció. Los ministros Ping Pang y Pong, dado su carácter bufo y casi grotesco, fueron los únicos personajes que se movían sobre el escenario casi compulsiva y exageradamente, si tenemos en cuenta que el resto no movían ni las cejas. Muy bien interpretados en lo vocal y, sobre todo, en lo teatral por Joan Martín Royo, Vicenc Esteve y Juan Antonio Sanabria. Texto: Paloma Sanz Fotografías: Javier del Real Vídeos: Teatro Real

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