Magdalena Kožená

El Teatro Real hacía este viernes un nuevo intento de fusión entre barroco y flamenco. Bajo el título de Amor: entre el cielo y el infierno, se presentaban obras, entre otros, de José Marín, Juan Serqueira de Lima, Jean Battiste Lully, Juan Hidalgo o Sebastián Durón. Hay que decir que el resultado de este intento de fusión ha sido nulo. Gerard Mortier decía que el flamenco debía estar sobre el escenario del Teatro Real, como correspondía a un arte elevado como éste. Pero creo que Mortier no se refería exactamente a esto. Empeñarse en fusionar barroco y flamenco requiere, a mi modesto entender, más elaboración y fluidez para que el resultado no parezca forzado.

El gran reclamo para este recital ha sido la mezzosoprano checa Magdalena Kožená, y quizá por ello ha sido también la mayor decepción. El repertorio era totalmente ajeno a ella. Al igual que el idioma, un pésimo fraseo del que apenas se entendía nada de lo que decía, supuestamente en castellano. Estática sobre el escenario y con una línea de canto plana, como de bajo continuo, deslucieron un repertorio barroco español que sobre el papel resultaba atractivo. Todo ello adornado de un torpe, aunque meritorio, intento de lo que quería parecer baile flamenco.

Sí cabe destacar la actuación del grupo barroco Private Musicke, formado por Manuel Villas Rodríguez, arpa española, Jesús Fernández Baena, Tiorba, Richard Myron, viola de gamba, Pierre Pitzl, guitarra barroca española y dirección y el percusionista David Mayoral, que aportó fantasía a la interpretación de conjunto.

El siguiente reclamo de la velada era el coreógrafo y bailaor Antonio El Pipa. Acompañado a la guitarra por Juan José Alva y Daniel Ramírez, y al cante por Toñi Nogaredo, Sandra y Estefanía Zarzana. Impecables en el acompañamiento de un Antonio El Pipa al que le costó calentar al gélido público del Teatro Real, poco acostumbrado a estos espectáculos. Elegante en el gesto, El Pipa tuvo además la misión de arropar en el baile a la Kožená cuando ésta intentó acompañarle.

Una noche interesante en algunos momentos y deslucida en lo que se suponía el principal atractivo de un espectáculo que ha visitado los principales teatros europeos. Pero no perdemos la esperanza de ver este repertorio de canción cortesana española realizado con mayor acierto.

Magdalena Kožená

El próximo viernes, 13 de octubre, dará comienzo el ciclo Voces del Real con un singular concierto que, bajo el título Amor: entre el cielo y el infierno, profundizará en la raíces del flamenco y en el barroco español. Un apasionante proyecto musical liderado por la mezzosoprano Magdalena Kožená, quien estará acompañada por el ensemble Private Musicke, dirigido por Pierre Pitzl, y el bailaor y coreógrafo Antonio El Pipa y su compañía de flamenco.

La idea de este programa nace de la inquietud musical de la intérprete checa, quien se acercó a los estudios y desarrollo del flamenco mientras preparaba el papel de Carmen. Su curiosidad y pasión la llevaron a descubrir como la historia de este género, tan profundamente español, convive con el florecimiento de los grandes compositores del barroco en la península ibérica, creando un universo único en el Siglo de Oro.

Si el flamenco, todavía hoy en día, es centro de debate sobre sus orígenes y bebe de fuentes muy diversas – gitanos, mozárabes, norteafricanos, nuevas colonias de América de Sur – el barroco español reacciona ante el racionalismo heredado de otras naciones europeas y desarrolla una personalidad única cuyas cotas de esplendor no volverán a producirse en la historia de la música en España. Ambos conviven y se influencian. Basándose en esta idea, nace Amor: entre el cielo y el infierno, donde la serenidad celestial del barroco español se contrapone al intenso fuego flamenco.

Kožená ha contado con la colaboración de la premiada formación Private Musicke, cuyo repertorio abarca desde el renacimiento al último barroco. Dirigidos por Pierre Pitzl, los músicos austriacos son buenos conocedores de la música española, que han interpretado en los grandes escenarios y han incluido en algunas de sus grabaciones.

El bailarín y coreógrafo Antonio El Pipa, definido por la crítica como heredero del baile gitano más puro, y su Compañía de Flamenco aportarán el fuego y temperamento más racial. Les acompañan en el cante Sandra Zarzana, Estefanía Zarzana y Toñi Nogaredo con las guitarras de Daniel Ramírez y Juan José Alba.