María del Pilar

El Teatro de la Zarzuela continúa rescatando títulos del género lírico español que por distintos motivos habían quedado olvidados. Algunas de esas obras, como María del Pilar, del maestro Gerónimo Giménez, no se explica que hayan vivido tanto tiempo en el ostracismo. Se estrenó en el Teatro Circo Price de Madrid en 1902 y, desde entonces, nunca más se supo. Parece que una de las razones de estas ausencias puede estar en unos libretos que han quedado muy desfasados. El de María del Pilar, de Francisco Flores y Gabriel Briones, presenta una España rural casposa y con muchas dificultades para su representación teatral. Pero el Teatro de la Zarzuela ha encontrado una buena solución a este problema, como ya hizo con “La tempestad”.

En la versión de concierto de la que se han programado dos representaciones, se ha sustituido el texto hablado por una narración actualizada con acierto por María Velasco. La narración estuvo a cargo de un Mario Gas templado, cuyo buen hacer quedó demostrado una vez más.

La partitura de Jiménez sorprende por su calidad. Se notan en ella las influencias de sus admirados Wagner o Verdi con momentos de verdadero verismo. La orquesta, reforzada para la ocasión, sonó como nunca desde la obertura, siendo los pasajes más intensos las dos romanzas a cargo del tenor y el bajo o el dúo de las de las dos sopranos en el acto segundo.

La dirección de Óliver Díaz, que sustituía al maestro Jesús López Cobos, a quien se dedicó la representación, estuvo llena de intensidad y colorido. Dirigió con pulso firme y adecuado todos los pasajes de la obra, dotando a cada uno de su propia personalidad y matices, como se comprobó en la jota o en el muy verdiano dúo de bajo y barítono del segundo acto.

El apartado de las voces estuvo muy equilibrado. La soprano Carmen Solís ofreció un canto homogéneo con un hermoso timbre y una voz con cuerpo, sobre todo en la zona media. Su papel, a pesar de dar nombre a la obra, no es el protagonista ni tiene arias en solitario, pero brilló cuando le correspondía, también en la dramatización.

La soprano polaca Iwona Sobotka interpretó el papel de Esperanza. Puede presumir de una buena dicción en español con su voz oscura, que le proporciona una buenas notas graves. No ocurre lo mismo con los agudos.

Marina Rodríguez-Cusí interpretó a la Señá Nieves, junto a su pareja cómica Jorge Rodríguez-Norton como Almendrita. Ambos a gran altura. Ella siempre es una garantía de profesionalidad y buen hacer.

Andeka Gorrotxategi, como Rafael, abordó su exigente tesitura con entrega y su siempre hermoso timbre. Tuvo algún problema que solucionó a medida que avanzaba la obra. No se entendió bien que cantara todo el tiempo cruzado de brazos, como si estuviera sujetando o buscando algún apoyo, en cualquier caso, no es la mejor postura sobre un escenario.

El barítono Damián del Castillo interpretó a Marcelino con un canto sereno y suficiente. El bajo David Sánchez, como Tío Licurgo, siempre solvente con su profunda y homogénea tesitura.

Sin duda el mejor de la noche y el más reconocido por el público fue el bajo burgalés Rubén Amoretti. Su personaje de Valentín estuvo dotado de una entidad muy superior a la del personaje. Su romanza “Cual rayo me aniquila”, fue interpretada con elegancia y oficio, matizando cada frase y llenándola de intensidad dramática.

Es más que probable que el coro haya tenido una brillante actuación, como es habitual, pero siempre que lo sitúan al fondo del escenario apenas se le puede escuchar. Una lástima.

María del Pilar ha sido una extraordinaria sorpresa que hay que agradecer al Teatro de la Zarzuela y, sobre todo, a su director, Daniel Bianco, que está realizando una labor que nunca le agradeceremos lo suficiente.

MAría del Pilar

El Teatro de la Zarzuela cumple una labor esencial en la preservación, estudio, recuperación y divulgación de nuestro patrimonio lírico. Es por esta razón elemental e indispensable, entre otras de idéntica importancia, que la programación de ‘María del Pilar’, zarzuela en tres actos de Gerónimo Giménez, es uno de los hitos más saludables y propicios de la temporada. Con libreto de Francisco Flores García y Gabriel Briones, la partitura, en palabras de la experta musicóloga María Encina Cortizo, tiene “trazas de obra maestra que incomprensiblemente ha desaparecido de nuestro canon lírico como tantas otras, hoy injustamente olvidadas”. Se estrenó en el Teatro Circo Price de la madrileña plaza del Rey (donde hoy se ubica el Ministerio de Cultura y Deporte) el 17 de diciembre de 1902, y tras las 26 funciones programadas para esa ocasión, solo volvió a programarse de forma esporádica en dicho coliseo y muy puntualmente en provincias. Por esta razón, el viernes 30 de noviembre (20h00), y el domingo 2 de diciembre (18h00) serán dos días especialmente valiosos para nuestra lírica. La obra, de la que no hay registrada grabación alguna, volverá a escucharse más de un siglo después de su última audición. Será en versión de concierto y con adaptación libre de la reconocida dramaturga María Velasco. Nueva música, por tanto, para nuestros oídos del siglo XXI.

Ambos conciertos estarán dedicados a la memoria del añorado maestro Jesús López Cobos, que se hubiera encargado de dirigirlos si la muerte no le hubiera sorprendido el pasado mes de marzo en su residencia de Berlín. Su lugar en el podio será asumido por Óliver Díaz, director musical del Teatro de la Zarzuela, y uno de los maestros españoles más destacados y solicitados de la actualidad. El maestro deberá enfrentarse a la inspiración melódica, la exigente escritura vocal y al solvente discurso orquestal que conforman la imponente composición de ‘María del Pilar’, características todas ellas propias de un músico (Gerónimo Giménez) que pasó parte de su vida a la batuta. Si a estas condiciones sumamos la necesidad de una gran orquesta y de un gran coro, estaremos, lo más seguro, ante las razones principales de la evaporación de esta zarzuela de los fondos de nuestro repertorio lírico. Asimismo, para paliar todas estas dificultades, esa orquesta y ese coro deben obligatoriamente “arropar” voces de primera fila.

Y eso es lo que el Teatro de la Zarzuela ha reunido para esta nueva, histórica puesta de largo de ‘María del Pilar’.
La soprano Carmen Solís interpretará el papel de María del Pilar, enamorada fiel de Rafael, un Don Juan que abandonó el pueblo después de dejar malheridos algunos corazones. El papel de Esperanza, otra de las “víctimas” de Rafael, que al desaparecer este contrajo matrimonio con su hermano Valentín, el terrateniente, lo asumirá la soprano polaca Iwona Sobotka. La mezzosoprano Marina Rodríguez-Cusí hará las veces de la Señá Nieves, cocinera que se deja cortejar por el Tío Licurgo, padre de María del Pilar y ayudante de Valentín. Rafael, el rompecorazones que después de todo regresa al pueblo, hermano de Valentín y antiguo novio de María del Pilar y Esperanza, esta ahora desposada con su hermano, será encarnado por el tenor Andeka Gorrotxategi. El bajo Rubén Amoretti dará vida a Valentín, despechado hasta el límite de la tragedia con su hermano al enterarse de la antigua relación entre este y Esperanza, ahora su esposa. El barítono Damián del Castillo será Marcelino, que pretende sin éxito a María del Pilar, quien sorprendentemente sigue fiel a su amor por Rafael. El bajo David Sánchez cantará el rol del Tío Licurgo y el tenor Jorge Rodríguez-Norton el de Almendrita, trabajador enamorado en secreto de María del Pilar, y testigo de esta intriga.

Como la historia recreada por María Velasco es el testimonio de este último personaje, Almendrita también relata los acontecimientos a través de la voz Mario Gas, otro de los alicientes indiscutibles de esta feliz propuesta.
La Orquesta de la Comunidad de Madrid, Titular del Teatro, y el Coro Titular del Teatro de la Zarzuela, completan el cuadro artístico de esta histórica recuperación.

‘María del Pilar’. Trazas de obra maestra
La zarzuela ‘María del Pilar’ fue muy bien recibida por el público, como recoge por unanimidad la prensa de entonces, teniendo que repetirse varios números la misma noche de su estreno.
La obra se mantiene diariamente en cartel desde el 17 de diciembre hasta el 10 de enero, alcanzando veintiséis
representaciones. A partir de esa fecha, se interpreta sólo en días puntuales —15, 18 y 24 de enero, 8 de febrero y 4 de marzo—, y en provincias, por ejemplo, el 13 de abril, la misma compañía la estrena en el Teatro Calderón de Valladolid. La partitura de ‘María del Pilar’ manifiesta no sólo la solvencia de un compositor que, como los colegas de su generación —Tomás Bretón, Ruperto Chapí o Emilio Serrano y Ruiz— ha podido ampliar su formación en el Conservatorio de París (1874-1877) y en Roma (1877-78); sino también la de un músico que conoce bien el contexto lírico nacional como maestro concertador y compositor; y un director de música sinfónica. No en vano, esta cualidad diferencial es la que destaca Cecilio de Roda en su crítica publicada en La Época el día después del estreno: «Lo que más descuella en la partitura del maestro Giménez es el modo como están tratadas las voces y la orquesta. Se ve siempre la experimentada mano del que durante tantos años ha dirigido las campañas de la Sociedad de Conciertos, y la profunda técnica del que está completamente familiarizado con las obras maestras de los grandes genios de la música».

Encina Cortizo subraya en pocas palabras dónde está el secreto de la grandeza de esta obra maltratada, y la importancia de su obligada recuperación: “La inspiración melódica, la exigente escritura vocal y el solvente discurso orquestal, propios de un músico que ha pasado parte de su vida a la batuta, definen una partitura con trazas de obra maestra que incomprensiblemente ha desaparecido de nuestro canon lírico como tantas otras, hoy injustamente olvidadas. Sirva esta recuperación histórica del Teatro de la Zarzuela como justa reparación.”