Lady Macbeth

Caos en lugar de música” de un compositor “formalista”, sentenciaba en 1936 el diario Pravda sobre la exitosa Lady Macbeth de Mtsensk, estrenada en el Pequeño Teatro Académico de Leningrado el 22 de enero de 1934. Tras esa sentencia del periódico oficial del Régimen, y después de saber que a Stalin no le había gustado nada su obra, Shostakóvich, recibió el anatema de “enemigo del pueblo” por la burocracia cultural estalinista llegando a temer por su vida. Pensó que le aguardaba el mismo destino que dos de sus amigos, Tuchachevsky y Meyerhold, (genios del teatro) que fueron deportados y ejecutados.

Finalmente fue absuelto, pero sus obras ya habían sido fulminadas de todos los teatros de ópera y salas de concierto. Hasta la muerte de Stalin en 1953, sus obras sufrieron siempre las duras críticas de los medios del régimen.

Lady Macbeth es la obra de un joven de 26 años que decide poner música a un argumento arriesgado y poco habitual. A saber, unos personajes mezquinos y sin escrúpulos en un oscuro lugar de la Rusia más profunda, donde todo es hastío y sexualidad reprimida. El resultado es una obra que reivindica la libertad sexual mientras las instancias oficiales trataban el sexo como algo exclusivamente orientado a la fecundidad. El estado soviético hacía todo lo posible para poner los impulsos sexuales al servicio del crecimiento de la nación. La ópera de Shostakóvich es una reacción contra esa ideología y constituye un acto de liberación sexual. También es una e denuncia contra la situación humillante de la mujer en Rusia. No es de extrañar entonces el disgusto de Stalin.

Poco tiene que ver esta producción de Lady Macbeth con la de Rostropóvich de hace diez años en este mismo escenario. Un Rostropóvich al que la oficialidad soviética no dejó acceder a la partitura original hasta 1979. Es a partir de ese momento, cuando Lady Macbeth de Mtsensk nace para el resto del mundo.

¡Grandiosa! Así puede resumirse la Lady Macbeth que se representa estos días en el Real. Pensé que nada podría igualar a la que dirigía majestuosamente desde el escenario el Maestro Rostropovich.

Está siendo criticada por algunas de sus escenas de alto voltaje erótico, pero esa es la esencia de la obra, la crudeza, casi violenta, de la realidad que quiere mostrar. Y una realidad que a veces no gusta, un final nada feliz.
La música de Shostakovich, deliberadamente burlona en los momentos más dramáticos, mantiene constante la tensión de la obra. Abundan los momentos que evocan a otras grandes obras sobre las que ha influido de manera determinante. De ahí su grandeza y maestría.

La dirección de Hartmut Haenchen fue muy aplaudida, sin entrar en comparaciones con la de Rostropovich. Dirigió muy bien la Orquesta Titular del Teatro extrayendo de ella lo mejor con una partitura compleja y exigente. Los interludios fueron magníficos, algunos a telón bajado, pero faltó continuidad en algunos momentos. Un acierto de la producción fue situar los metales sobre unas pasarelas a ambos lados del escenario. Aumentó la energía y el volumen de sonido. Ésto contribuyó a resaltar el dramatismo de la obra, que ya es mucho.

La gran triunfadora de la noche fue sin duda Eva-Maria Westbroek. Pareciera que el papel de Katerina hubiera sido escrito para ella. Llenó el escenario con una interpretación dramática a la altura de su voz. Se mueve bien en escena, qué capacidad de expresión, cómo transmite su papel. Una voz extensa, redonda, esmaltada y contundente. Con un nivel vocal y dramático altísimo que mantuvo durante toda la obra. ¡Brava!.

El resto de intérpretes estuvo a un nivel aceptable. Vladimir Vaneev como Borís tuvo sus dificultades. A menudo su voz fue devorada por la majestuosa orquesta.
Michael König me decepcionó un poco. Cumplió con su personaje pero su voz carece de agilidad y de armónicos. Destacar la escena del coito que fue, musical e interpretativamente junto a los efectos luminosos, extraordinaria.

Uno de los protagonistas y triunfadores de la noche fue el coro. Destacar especialmente a Lani Poulson, que accedió a unas exigencias de producción nada fáciles. El coro sonó magnífico, espectacular a veces, sobre todo en las escena de la boda y en la escena final, en la larga marcha hacia Siberia. El volumen de sonido y la potencia resultaron emocionantes en algunos momentos. Máspero está realizando un buen trabajo.

La escenografía fue muy acertada y fiel al espíritu de la obra. Supo recrear una atmósfera asfixiante que albergaba otras muchas atmósferas, la de cada personaje, y todas ellas igualmente opresiva. Por cierto, siguen sin gustarme los animales en escena.

En definitiva, todo un espectáculo. Lejos de las óperas tradicionales, estamos disfrutando de obras de un alto nivel que estremecen, remueven por dentro y que no siempre resultan cómodas. Por esta razón me temo que no vienen buenos tiempos para este tipo de programaciones ni para Mortier. Los cuchillos se están afilando y si nadie lo remedia, próximamente podremos disfrutar obras convencionales y producciones casposas que no merecerán más reflexión que un análisis de los cantantes. Ahora, que nos estamos acostumbrando a lo bueno…

LADY MACBETH DE MTSENSK
Dmitri Shostakóvich (1906-1975)
Ópera en cuatro actos y nueve cuadros
Libreto de Alexander Preys y Dmitri Shostakóvich
basado en el relato de Nikolái Leskov
Madrid 9 de diciembre, Teatro Real
Dirección musical: Hartmut Haenchen
Dirección escénica: Martin Kusej
Eva-Maria Westbroek, Vladimir Vaneev
Orquesta Titular del Teatro Real
Nueva producción en el Teatro Real
procedente de la Nederlandse Opera de Amsterdam