Barbero de Sevilla

Este valenciano Barbero de Sevilla, con una muy original y moderna escenografía de Paolo Fantin: un popular y rotatorio edificio de vecindad, donde los ojos de los espectadores pueden escudriñar, como en el caso del escayolado James Stewart (Jeff. B. Jeffries), que se dedicaba a mirar, desde su ventana indiscreta, las actividades y evoluciones de todos sus vecinos en la genial Read Window de Alfred Hitchcock.

La gracia desbordante de El Barbero de Sevilla, nació de la perfecta conjunción de un magnífico libreto de Cesari Sterbini, basado en la comedia Le barbier de Sevilla ou La précaution inutile de Pierre-Augustin Caron de Beaumarchais, y la genial partitura musical rossiniana, que se va superando en ingenio e inventiva, con cada uno de sus números, en progresión verdaderamente asombrosa. Desde el “Piano pianissimo” hasta la stretta con que finaliza el Acto I. Y, desde el dúo “Pace e giogia” hasta el deslumbrante sexteto final, toda la ópera es un verdadero crescendo de riqueza melódica, perfectamente ajustado a la acción desenfadada que plantea.
Además de contar con una serie de números, verdaderamente “hitos”, de todo el repertorio como el “Ecco, ridente in cielo” o el aria-cabaletta “Cessa di più resistere…Ah, più lieto”, cargadas de dificilísimas agilidades, magníficamente resueltas –recordemos- por tenores como Alfredo Kraus, Cesare Valetti, Nicolaï Gedda, Fritz Wunderlich o el argentino Raul Giménez (gran estilista del belcantismo); y, en la actualidad, por Juan Diego Florez –recordemos su magnífico Conde de Almaviva, en el Teatro Real de Madrid, también editado en DVD- o, ese “Largo al factotum” de Fígaro, y “La calumnia” de Don Basilio. Por no señalar esa “Una voce poco fa”, donde tantas cantantes han fracasado, en el intento de darle un contenido verdaderamente expresivo a la frase ma se mi toccano.
El Barbero es otra prueba irrefutable del dominio orquestal de Rossini. “La obertura” o el acompañamiento de ”La calumnia”, pueden atestiguarlo.

Algo también, altamente reseñable es el retrato de los diferentes personajes mediante la música: el carácter pleno de gran nobleza de la canción del conde, los diversos aspectos de la personalidad de Rosina expuestos en su “una voce poco fa” o, la mala idea de Bartolo en “A un doctor”, y la graciosa imitación del lenguaje rococó en su arietta del Acto II, reminiscente de su juventud. Todos estos aspectos contribuyen a que esta ópera rossiniana se haya comparado sin ningún tipo de complejo a obras maestras de Mozart como El rapto en el Serrallo o Las bodas de Figaro. Señalar finalmente, que el Acto I es superior al segundo, y ello no constituye un defecto, ya que la suma rapidez del desenlace de esta ópera, sirve de equilibrio a la prolongada presentación que constituye todo el Acto I.
En esta ópera rossiniana, podemos encontrar claras reminiscencias de la famosa trilogía de Mozart-Da Ponte: Las bodas de Figaro, Don Giovanni y el Così fan tutte.
Después de esta larga introducción –pienso que didáctica- para meter al lector en materia, volvemos a centrarnos en este Barbero que ha podido verse durante el pasado mes de marzo en Valencia.

Esta producción proveniente del Grand Théâtre de Geneve, cuenta –como ya se ha señalado- con una excelente y moderna escenografía, consistente en la fiel reconstrucción de un popular edificio de varios pisos, donde incluso, podemos ver aparcado el Ford –¡está bien! hacer propaganda de la fábrica valenciana- del Conde Almaviva, perdidamente enamorado de la pizpireta y graciosa Rosina, quien vive en este edificio protegida, más bien subyugada, por el vejestorio y celoso Don Bartolo.
Este decorado puede rotar por completo, para permitir ver las interioridades de los diferentes pisos, y que los espectadores puedan escudriñar y focalizar diferentes acciones cantadas, que se simultanean con otras meramente teatrales; y, todo ello, complementado por un acertado diseño de iluminación que nos marca las transiciones temporales de la acción que se plantea. Por tanto, una notable, muy notable escenografía.

La excelente música creada por Gioachino Rossini es interpretada de manera sobresaliente por la magnífica orquesta de La Comunidad Valenciana, bien dirigida por su titular Omer Meir Wellber, luciendo de sobremanera en la “obertura” (verdadero prodigio de música colorista y concisa), y si la prestación es importante durante toda la ópera, llega a cotas de gran altura en el largo final –muy al estilo mozartiano- del Acto I. El propio Omer Wellber, se ocupa del clave, acompañado en los recitativos.
Ya en el plano vocal cabe destacar las voces más graves: el notable Figaro de Mario Cassi, quien exhibe una voz amplia y rotunda, mostrando sobre el escenario ese dinamismo que requiere este rol, cuya personalidad se muestra a las claras, en su famosa aria “largo al factotum”. Magnífico el Basilio del joven bajo bulgaro Orlin Anastassov, voz de gran empaque que luce de sobremanera en la famosa aria de “La calunnia è un venticello”, y en todas sus demás intervenciones dentro de una gran prestación vocal y escénica.
Orlin Anastassov solo cantó en las funciones de los días 12, y el día de mi asistencia 15 de marzo. De cualquier forma me consta las magníficas prestaciones del gran bajo georgiano Paata Burchuladze, en el resto de las representaciones. Gracioso y muy teatral el Bartolo de Marco Camastra siempre siguiendo el rebufo de la Rosina, y resolviendo con pericia su aria del Acto I “A un doctor della mia sorte”. Mención especial merece la Berta de la mezzo valenciana Marina Rodriguez-Cusì, de brillante trayectoria en los últimos veinte años.
Rodriguez-Cusì, da una verdadera lección teatral, ya que sin cantar, solo actuando, llega a focalizar totalmente, con sus movimientos escénicos la atención de los espectadores, y ya luciendo su atractiva vocalidad en el transcurso del Acto II, en su pequeño dúo con Bartolo “Ah, disgraziato me!” seguida de su aria “Il vecchiotto cerca moglie”.
En cuanto a la Rosina de la valenciana de Sagunto Silvia Vázquez, está bastante bien en plano teatral, y con una vocalidad tirando a notable, sobre todo en la resolución de las agilidades belcantistas que luce en su famosa aria “Una voce poco fa”.
El tenor uruguayo Edgardo Rocha (discípulo de otro brillante Almaviva: el tenor norteamericano Rockwell Blake), posee una buena técnica vocal, asociada a una voz poco homogénea, total ausencia de graves, y con un registro central no de tenor ligero sino ultraligero; que, solamente hacia arriba adquiere cierto cuerpo y anchura para moverse bien en el agudo. Estas características le restan lucimiento en sus importantes intervenciones de ambos actos. El Figaro de Mario Cassi, le comunica cierto fulgor en el dúo de ambos en su dúo del Acto I “All’idea di quel metallo”. Magnífico el gran número de conjunto que cierra el Acto I, con ese excelente Coro de la Generalitat Valenciana. En fin, un muy notable Barbero, sobre todo por su planteamiento escenográfico y las voces más graves.

Il BARBIERE DI SIVIGLIA
Gioachino Rossini
Palau de les Arts de Valencia
D. musical: Omer Meir Wellber
D. escena: Damiano Micheletto
Mario Cassi, Silvia Vázquez,
Edgardo Rocha, Marco Camastra,
Orlín Anastassov, Marina Rodríguez-Cusí,
Mattia Oliveri

Rigoletto

El pasado sábado 10 de octubre se inauguró la Temporada 2012-2013, del valenciano Palau de Les Arts, con una muy notable representación del verdiano Rigoletto. Nada más llegar al podio directorial, Omer Meir Wellber leyó detenidamente el documento reivindicativo de los trabajadores del Palau de Les Arts, repartido a los asistentes a la entrada del recinto. El director israelí recibió por este gesto un fuerte aplauso del público.

El pasado sábado 10 de octubre se inauguró la Temporada 2012-2013, del valenciano Palau de Les Arts, con una muy notable representación del verdiano Rigoletto. Nada más llegar al podio directorial, Omer Meir Wellber leyó detenidamente el documento reivindicativo de los trabajadores del Palau de Les Arts, repartido a los asistentes a la entrada del recinto. El director israelí recibió por este gesto un fuerte aplauso del público.
Después de los sombríos primeros acordes, que avanzan la tragedia planteada en esta popular partitura, se alzó el telón para mostrarnos el esplendido decorado del Palacio Ducal de Mantua, realizados por Ezio Frigerio, a mediados de los años ochenta del pasado siglo, y que fue utilizado en muy brillantes representaciones scalígeras, desde que Riccardo Muti, en 1987, se hiciese cargo de la dirección artística y musical del Teatro Milanés.
Funciones con grandes intérpretes como Renato Bruson, Leo Nucci, Andrea Rost o Ramón Vargas, que participaron en esta producción realizada por Frigerio, con vestuario diseñado por su esposa, la oscarizada Franca Squarciapino. Y, con la brillante dirección musical, en el más puro estilo verdiano, del gran director napolitano. Esta producción fue retomada por el Teatro Wilelki (Ópera Nacional de Polonia).

Volviendo a esta función valenciana: después de unos escasos veinte minutos de representación, y al concluir el primer cuadro del Acto I, se produjo un prolongado descanso, para mostrarnos durante el resto de dicho acto un decorado oscuro y sombrío, en contraste con el inicial, muy en consonancia con el encuentro entre Rigoletto y el siniestro sicario Sparafucile, en los aledaños de la casa donde el bufón, guarda celosa y muy secretamente a su amada hija Gilda.
Ya, en el Acto II, vuelve a aparecer el brillante decorado de corte clásico –como debe ser- que reproduce una estancia del Palacio Ducal, con unas grandes vidrieras al fondo, que le dan aún mayor esplendor.
En el Acto III, se nos vuelve a presentar un lúgubre y siniestro decorado, que representa la casa de Sparafucile, donde se consuma esta tragedia, construida por el propio Verdi y su habitual libretista de aquellos años Francesco María Piave, basada en el melodrama romántico Le roi s’amuse de Victor Hugo.
Inicialmente, cuando esta producción se puso en circulación, la dirección escénica corría a cargo del prestigioso Gilbert Defló. En esta representación valenciana, la regista era Beata Redo-Dobber, quien consigue unas buenas prestaciones teatrales de los intérpretes, y que por su trabajo escénico, fue recompensada con los aplausos del público, cuando apareció a saludar al final de la representación.
Decir, a estas alturas, que la Orquesta de la Comunitat Valenciana, es una de las mejores de foso en toda Europa, no es ninguna novedad. Aquí, bien dirigida por un Omer Wellber, metido de lleno en la partitura, con el apoyo de visibles movimientos y gestos; y, extrayendo el máximo rendimiento orquestal. Las diferentes secciones muestran un matizado equilibrio sonoro, para plasmar los momentos alegres y jocosos, en contraposición con los mucho más sombríos, dramáticos e incluso tétricos, de esta partitura verdiana, donde el gran maestro de Busetto, intenta de nuevo, como en su Macbeth, una interacción entre música y desarrollo dramático.
Dentro de una sobresaliente actuación de la orquesta en todo el desarrollo de la obra, cabe resaltar su prestación durante el primer encuentro entre Rigoletto y Sparafucile; y, sobre todo, en el transcurso de todo el Acto III.
Destacar, como Rigoletto ,el gran trabajo vocal y escénico del barítono onubense, Juan Jesús Rodríguez, quien pasa de una frívola y mordaz actuación al comienzo de la ópera, a un sombrío encuentro inicial con Sparafucile.
Tambien, en sus emotivos dúos con Gilda o en esa impresionante “vendetta”, donde canta con auténtico estilo verdiano, exhibiendo un
magnífico registro agudo. Sobresaliente, su actuación durante todo el Acto III, plena de dramatismo y buena vocalidad. Sin duda, Juan Jesús Rodríguez fue el gran triunfador de la noche, siendo recompensado durante y al final de la representación, con grandes aplausos.
El tenor italiano Ivan Magri, como Duque de Mantua, tuvo, en conjunto una notable actuación. Estuvo bien en el dúo con Gilda que cierra el Acto I, donde en la ”stretta” que remata el dúo, elevó la voz a un do4.

Uno de los momentos clave para el tenor, en esta ópera, es el arranque del Acto II, con el recitativo-aria “Ella mi fu rapita…… Parmi veder le lagrime…”, que requieren una gran técnica vocal y un canto lleno de estilo, para enlazar largas frases y regular el sonido: baste recordar las lecciones magistrales que de esta página, realizaron un Alfredo Kraus o Carlo Bergonzi e, incluso cantantes como Pavarotti, Jussi Björling, Josep Carreras y Richard Tucker. En esta función valenciana, ese recitativo-aria, se le atragantó a Ivan Magri, llegándosele, por momentos, a descolocar la voz.
En compensación, si cantó bastante bien la subsiguiente cabaletta “Possente amor mi chiama..” rematándola, valientemente, con el pertinente re bemol, que pocos tenores se han atrevido a dar, desde que la cabaletta –habitualmente omitida- fuera puesta de nuevo en circulación a comienzos de los años cincuenta del pasado siglo, y que puede constatarse en una grabación del Metropolitan neoyorkino, de 1951, recientemente editada por el sello MYTO, con Leonard Warren, Hilde Gueden y Richard Tucker, quien como en el caso de otros cantantes omite el re bemol, y en un salto de octava baja la nota al grave.

Después de este apunte, y volviendo a la prestación vocal Ivan Magri, señalar que su actuación fue bastante buena en el Acto III, con una “Donna e movile..” junto al cuarteto “Bella figlia de l’amore..”, bien cantados.
La soprano norteamericana Erin Morley como Gilda, fue de menos a más, discreta en los dúos con Rigoletto y El Duque en el Acto I, cantó con buena coloratura la pirotécnica aria “Caro nome..”, aunque omitiendo el mi sobreagudo final.
Ya en el transcurso del Acto II, la voz resultó más ancha y contundente en sus dúos con Rigoletto. Y, en el Acto III, sobre todo en el cuarteto, su actuación fue bastante buena, tanto en el plano vocal como dramático.

El gran bajo georgiano Paata Burchuladze realiza un sobresaliente trabajo como Sparafucile. Bien la Maddalena de Adriana de Paola, así como del Monterone de Amartuvshin Enkhbat, y el resto de comprimarios.
Muy buena la prestación del Coro de la Generalitat valenciana dirigido por Francesc Perales. También resaltar la actuación del Ballet de Generalitat, ejecutando la coreografía de Zofia Rudnicka. En fin, un Rigoletto de bastantes quilates.

RIGOLETTO
Giuseppe Verdi
Ópera en tres actos
Libreto de Francesco Maria Piave, basado en Le roi s’amuse de Victor Hugo
10 noviembre, Palau de les Arts
D. musical: Omer Meir Wellber
D. escena: Gilbert Deflo
Escenografía: Ezio Frigerio
Vestuario: Franca Squarciapino
D. coro: Francesc Perales
Reparto: Rodríguez, Morley, Magrí,
Burchuladze, Di Paola, Enkhbat, Pinchuk