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Siegfried, el heroicoSiegfried
Richard Wagner (1813-1883)
Segunda jornada en tres actos del festival escénico Der Ring des Nibelungen
Estrenada en el Festtspielhaus de Bayreuth en 1876
D. musical: Pablo Heras-Casado
D. escena: Robert Carsen
Escenógrafo y figurinista: Patrick Kinmonth
Iluminador: Manfred Voss
Orquesta Titular del Teatro Real
Reparto: Andreas Schager, Andreas Conrad, Tomasz Konieczny, Martin Winkler. Jongmin Park, Okka von der Damerau, Ricarda Merbeth, Leonor BonillaEn momentos extraordinarios, hacer el trabajo de cada día puede convertirse también en algo extraordinario. Eso está ocurriendo en el Teatro Real, que continua con su programación y estos días representa la tercera entrega del Anillo wagneriano, nada menos que ‘Siegfried’.Y lo hace sin que le falte de nada. ¿Qué la orquesta no cabe en el foso, por aquello de la distancia de seguridad?, pues se reparte por los palcos de platea. Arpas a un lado, metales a otro. ¿Qué la obra dura casi cinco horas y a las 22:00 hay que estar en casa?, pues se empieza a las 16:30. ¿Qué es mucho tiempo en una sala cerrada para tanto público?, pues se mejora el sistema de renovación de aire y en lugar de renovarlo 4 veces a la hora, se renueva 8. ¿Qué coincide con las representaciones de Norma?, ¡pues como en otras ocasiones!, ¿dónde está el problema?. Está claro que el problema lo tienen otros.Llegamos con Siegfried a la segunda jornada del festival escénico Der Ring des Nibelungen. Aunque en realidad es la tercera de la tetralogía, ya que Wagner compuso esta obra descomunal empezando por el final, demostrando su control sobre la unidad dramática mucho antes de iniciar su composición.Todo empezó hace dos temporadas con Das Rheingold, donde Wagner contextualiza la historia. Continuó la temporada pasada con Die Walküre, que nos muestra los orígenes del protagonista. Ahora llega Siegfried, que expresa su máximo esplendor. Y la próxima temporada veremos Götterdämmerung, que narra el ocaso y derrota del personaje.En este aparente caos en el orden compositivo, Wagner realizó varias interrupciones y diversas modificaciones, tanto en el libreto como en la partitura, durante la composición de Siegfried. En mayo de 1857, abandona la composición de esta obra en pleno segundo acto para centrarse en Tristan und Isolde y Die Meistersinger von Nürnberg. No sería hasta doce años después, en 1869, cuando reanudó su composición que dio por terminada del todo en 1871.

Fascinado por la mitología y amante de la naturaleza, Wagner crea un universo oscuro presidido por la destrucción. Y los dioses, que son muchas veces metáfora del ser humano, personifican esta destrucción.

Dentro de este universo de devastación, Wagner ve en Siegfried el modelo de hombre nuevo, que está libre de moral y convenciones sociales, que no se sujeta a las leyes que rigen el mundo y que es capaz de enfrentarse sin miedo a los dioses. Pero este comportamiento casi heroico es también muy inocente, pues Siegfried no es consciente de que sus hazañas benefician a aquellos contra los que lucha, el universo desolador en el que reina Wotan.

Como esta es la crónica del ensayo general, no hablaremos de las voces. Pero si quiero advertir de su excelente nivel, sobre todo el Siegfried del tenor austríaco Andreas Schager, que opina que ”para hacer Siegfried no hay que tener miedo a nada”, y Schager demuestra no tenerlo.

El resto de voces están a una gran altura. Mucha calidad en este reparto con Ricarda Merbeth, como Brünnhilde. El Mime del italiano Andreas Conrad. Tomasz Konieczny, como el caminante. El nibelungo Alberich interpretado por Martin Winkler. El coreano Jongmin Park como Fafner. Erda, la diosa de la tierra, magnífica en la voz y la interpretación de Okka von der Damerau y la sevillasa Leonor Bonilla, que se encargó de poner voz al pájaro del bosque.

Como en el resto de la tetralogía, Siegfried requiere de una orquesta de dimensiones máximas y desconocidas hasta ese momento. Es aquí donde el Teatro Real obra el primer milagro, y haciendo de la necesidad virtud, manteniene las seis arpas que exige el compositor situadas en uno de los palcos de platea, los más próximos al foso. En el palco opuesto, se sitúan el grupo de metales más graves. De esta forma, el grueso de la orquesta apenas ha quedado reducida. Tan solo se ha prescindido de algunos elementos de cuerda, un par de violines, un par de chelos… El resultado sonoro es envolvente, pero evidencia algunas dificultades a la hora de empastar o de mantener ciertos equilibrios sonoros.

Para abordar la escenogafía, Robert Carsen y Patrick Kinmonth, utilizan como metáfora la destrucción de la naturaleza, dando continuidad a la línea iniciada hace dos temporadas. El resultado escénico es, básicamente, feo y desolador.

Carsen descontextualiza completamente la música de Wagner y lo cede todo a un espectáculo, que no es tal. La naturaleza aparece devastada, el pájaro está muerto, los árboles han sido talados y solo la inocencia de los dos protagonistas despiertan un poco de luz y esperanza.

Se limita a ejercer la crítica sobre el cambio climático de manera simple y llena de lugares comunes, con escenografías cada vez más austeras y minimalistas. La belleza permanece ausente de sus producciones actuales. Como nos acordamos de aquella Katia Kavanovà (2008) o Dialogues de carmélites (2006).

Otro éxito que se apunta el Teatro Real ante la incredulidad y el asombro del resto de teatros del mundo. Como dice su director, Joan Mataboch (que como Siegfried, no tiene miedo a nada), el secreto está es anticiparse a los acontecimientos para dar solución a los posibles problemas. Lo que está claro es que si se quiere respirar aire limpio hay que ir a Teatro Real.

Texto: Paloma Sanaz
Fotografías: Javier del Real
Vídeos: Teatro Real

Siegfried en el Real

Se ofrecerán 8 funciones de la ópera, entre el 13 de febrero y el 14 de marzo, que se alternarán con la nueva producción de Norma, de Vincenzo Bellini.
En la producción de la tetralogía wagneriana concebida por Robert Carsen y Patrick Kinmonth, el joven Siegfried, llamado a ser un prohombre, va descubriendo un mundo decadente, contaminado e inhóspito, resultado de la sobreexplotación irresponsable de la naturaleza.
El primer director musical invitado del Teatro Real, Pablo Heras-Casado, estará nuevamente al frente de un elenco de grandes voces wagnerianas y de la Orquesta Titular del Teatro Real.
Protagonizan la ópera Andreas Schager (Siegfried), Andreas Conrad (Mime), Tomasz Konieczny (El viandante/Wotan), Martin Winkler (Alberich), Jongmin Park (Fafner), Okka von der Damerau (Erda), Ricarda Merbeth (Brünnhilde) y Leonor Bonilla (Voz del pájaro del bosque).
Para interpretar la partitura de Siegfried guardando la distancia de seguridad sanitaria, los músicos de la Orquesta Titular del Teatro Real ocuparán, además del foso, 8 palcos a ambos lados del escenario.
Debido a la larga duración de la ópera (cerca de 5 horas) y al toque de queda vigente actualmente en la Comunidad de Madrid (22.00 horas), todas las funciones comenzarán a las 16.30 horas.
En torno a Siegfried se han organizado actividades paralelas en el Teatro Real ­–Enfoques, La universidad a escena y ¡Todos a la Gayarre!–, en el Museo del Romanticismo y en la Universidad Nebrija.
El Teatro Real proseguirá la grabación audiovisual de La tetralogía para su distribución internacional y emisión en My Opera Player.
Radio Clásica, de Radio Nacional de España, retransmitirá en diferido la ópera, tal como ha hecho con los dos títulos anteriores de la saga.
El Teatro Real agradece a la Junta de Amigos el patrocinio de Siegfried.

Entre el 13 de febrero y el 14 de marzo el Teatro Real ofrecerá 8 funciones de Siegfried, de Richard Wagner (1813-1883), tercera de las cuatro óperas que conforman el ciclo El anillo del Nibelungo, que se está presentando en cuatro temporadas sucesivas, con dirección musical de Pablo Heras-Casado y la icónica puesta en escena de Robert Carsen y Patrick Kinmonth concebida para la Ópera de Colonia, donde la producción se ha repuesto en varias ocasiones, siempre con un gran respaldo del público y de la crítica.

En La valquiria, Wotan, el dios que articula las cuatro óperas de La tetralogía, acaba fracasando estrepitosamente en su intento férreo de dominar el mundo. La liberación de ese gran cometido le produce una suerte de relajación que encaja con la categoría de scherzo muchas veces atribuida a la ópera Siegfried. El dios, disfrazado de Viandante cuando le conviene, indaga, reflexiona y maquina sobre el rumbo de la ‘humanidad’, velando ahora por el destino mesiánico de su nieto Siegfried.

En los dos primeros actos de la ópera, Wagner se recrea recapitulando, de forma filosófica, especulativa, dialéctica, y muchas veces irónica, todo lo acaecido en El oro del Rin y La valquiria, mientras el joven Siegfried, llamado a ser el ‘Hombre Moderno’, va descubriendo el mundo como un niño salvaje, sin miedo, sin pasado y libre de ataduras atávicas, morales y afectivas.

Entre la partitura de estos dos actos casi íntegros –una genial y endiablada prosodia musical llena de evocaciones, predicciones y advertencias entrelazadas en un sinfín de leitmotiv– y la escritura del final del segundo acto y todo el tercero, hubo un interregno de doce años con importantes cambios en la biografía de Wagner y la creación de otras obras magnas: Tristán e Isolda y Los maestros cantores de Nuremberg.

Cuando retoma la composición de Siegfried, su lenguaje musical había experimentado una gran evolución y también su visión del devenir de la saga, enriquecida por ávidas lecturas filosóficas –de Bakunin a Schopenhauer–, vivencias políticas –en una Europa en plena revolución industrial y luchas nacionalistas– y también cambios radicales en su turbulenta vida amorosa.

En el tercer acto, paroxismo de El anillo, la música alcanza un alto voltaje orquestal y armónico, cuando el temerario, indómito e infantil Siegfried descubre el miedo y tiembla finalmente con el éxtasis del amor al contemplar a Brünhilde, liberándola de su castigo con un beso redentor. Con este final feliz y luminoso culmina el ascenso del héroe antes de su fatal desenlace en El ocaso de los dioses.

En su concepción de El anillo del nibelungo, Robert Carsen, junto con el escenógrafo y figurinista Patrick Kinmonth y el iluminador Manfred Voss, trasladan el visionario universo mitológico wagneriano a un mundo también metafórico, pero más cercano a nuestra realidad, confrontando al espectador con el poder destructivo del capitalismo voraz, cuando la ambición desmesurada de poder y de riqueza conduce inevitablemente a la destrucción de la humanidad, de las relaciones interpersonales y de los lazos familiares.

Siegfried, huérfano, ingenuo, ignorante y dotado de poderes que pueden cambiar el rumbo del universo, deambula, juega y se divierte peligrosamente en un mundo contaminado y agreste, ajeno a todas las manipulaciones y maquinaciones que le harán partícipe de la destrucción de la humanidad.

Ocho cantantes con destacadas voces wagnerianas protagonizarán la ópera: los tenores Andreas Schager (Siegfried) y Andreas Conrad (Mime), los bajo-barítonos Tomasz Konieczny (El viandante / Wotan) y Martin Winkler (Alberich), las sopranos Ricarda Merbeth (Brünnhilde) y Leonor Bonilla (Voz del pájaro del bosque), la mezzosoprano Okka von der Damerau (Erda) y el bajo Jongmin Park (Fafner).

Tomasz Konieczny volverá a encarnar a Wotan (aquí disfrazado de Viandante), después de su interpretación del papel en La valquiria, y Ricarda Merbeth repetirá como Brünnhilde, volviendo a terminar la ópera como encarnación del Amor.

Para mantener la distancia de seguridad sanitaria entre sus integrantes, la Orquesta Titular del Teatro Real interpretará la colosal partitura de Siegfried, bajo la dirección de Pablo Heras-Casado, con el esfuerzo adicional de cuidar el equilibrio sonoro y la concertación con los músicos ubicados en el foso (con extensiones laterales) y en 8 palcos a ambos lados del escenario: en el izquierdo estarán la percusión y seis arpas –que tocan juntas solamente en el tercer acto de la ópera–, y en el derecho, la tuba, trompetas y trombones, que en Siegfried tienen una presencia mucho más discreta que en las restantes óperas de El anillo.

La gran gesta wagneriana culminará en la próxima temporada con El ocaso de los dioses, en la que seguiremos los pasos del héroe de la tetralogía, desde su glorificación hasta el cataclismo final, en la visión inquietante, pero también esperanzadora de Carsen y Kinmonth: un alegato en defensa de la naturaleza como un bien común que todos debemos preservar porque “solo la consciencia de los problemas de la humanidad y de nosotros mismos, permite su solución.”

Fotografía © Javier del Real | Teatro Real

Pablo-Heras-Casado

El principal director invitado del Teatro Real y embajador de Ayuda en Acción, Pablo Heras-Casado, se pondrá por sexto año consecutivo al frente de la Orquesta Sinfónica de Madrid para dirigir el concierto Acordes con Solidaridad, una iniciativa liderada por el propio director y Ayuda en Acción. La cita tendrá lugar el lunes 19 de octubre a las 20.00 horas en el Teatro Real de Madrid. En esta ocasión, se interpretará la Obertura Coriolano y la Sinfonía n. 7 de Beethoven, coincidiendo con el 250 aniversario del nacimiento del compositor alemán que se celebra este año. Allá por 2001, Pablo Heras-Casado hacía sonar por primera vez al genio de Bonn con su Séptima Sinfonía y, al cierre de este año y repitiendo repertorio, serán casi cien las interpretaciones de Beethoven que el director haya dirigido a lo largo de su carrera en algunos momentos tan importantes como su debut con The Cleveland Orchestra o con Los Angeles Philharmonic.

La actualidad de este autor no solo reside en la resignificación de su mensaje, sino en una música que nunca deja de sorprender. En palabras del propio director “es la ocasión para devolver a Beethoven la fuerza, el impacto y la novedad que no han de perder con el paso del tiempo”. En marzo de este año, la prestigiosa revista “The Gramophone”, aludiendo a su interpretación con la Freiburger Barockorchester aplaudía el acierto de “dejar a Beethoven ser Beethoven. Los desplazamientos rítmicos, los sforzandos explosivos, los contrastes dinámicos que desarman y suplican sinceridad, yuxtapuestos con una insistencia brutalmente empática, crean una sensación de asombro y deslumbramiento que la audiencia vienesa (…) debió experimentar al escuchar a Beethoven por primera vez; el cuidado y la consciente consideración de cada detalle, dejan en el oyente una impresión de completo abandono y rendición al espíritu de la música”.

Heras-Casado, la Freiburger Barockorchester y el pianista Kristian Bezuidenhout se han unido una vez más con el sello discográfico harmonia mundi en la grabación de una serie especial dedicada a Beethoven. Han dejado registro de la integral de los Conciertos para piano del compositor de Bonn y algunas de sus Oberturas, ya en el mercado -excepto el último de los discos de esta integral (los Conciertos 1&3) cuyo lanzamiento está previsto para agosto del próximo año, así como del Triple Concerto (junto a la violinista Isabel Faust, el cellista Jean-Guihen Queyras y el pianista Alexander Melnikov) el cual se espera para enero de 2021. Como broche a la mencionada colaboración con la Freiburger Barockorchester y el pianista Kristian Bezuidenhout, se ha grabado un disco muy especial con la Fantasía Coral y la Novena Sinfonía, con la que precisamente Heras-Casado cerrará el año Beethoven con la NHK Symphony Orchestra Tokyo en su tradicional proyecto de fin de año. Un cierre lleno de luz y esperanza que se suma a un amplio repertorio del gran compositor interpretado, aún todavía, en este año de celebración sobre el escenario, donde destacan el Concierto para violín en Re mayor, la 2ª, 3ª, 5ª, 7ª y 9ª Sinfonías, el Triple Concerto y el Piano Concerto 4 en sus versiones completa y de cámara. Sobre el escenario algunos de los mejores conjuntos del panorama como Die Deutsche Kammerphilharmonie Bremen, European Union Youth Orchestra, Orquesta de la Escuela de Música Reina Sofía, Montreal Symphony Orchestra, Philarmonia Orchestra, Karajan-Akademie der Berliner Philharmoniker, la mencionada NHK o la Orquesta Sinfónica de Madrid, encargada de llevar al atril el programa del próximo día 19.

En esta sexta edición de la iniciativa Acordes con Solidaridad, la recaudación irá íntegramente destinada a la respuesta que Ayuda en Acción está dando a la emergencia provocada por la COVID-19 en España. A través del programa Aquí también, la ONG está luchando para reducir la brecha digital y educativa que se ha evidenciado y acentuado tras la pandemia, apoyando a cerca de 11.000 niños, niñas y adolescentes que se encuentran en riesgo de exclusión social en España a que puedan acceder a una educación en igualdad de oportunidades. “Se trata de una iniciativa solidaria fruto de una gran alianza en la que intervienen nuestro extraordinario embajador Pablo Heras-Casado y la Orquesta Sinfónica de Madrid, que participan en el concierto de forma completamente altruista; el Teatro Real, apoyándonos con la difusión de este gran evento; y la Fundación Repsol, que además colabora con nuestro programa Aquí también en España. Un año más, agradecemos a todos ellos su apoyo incondicional y lo extendemos al gran público del Teatro Real que, con su entrada (presencial o vía streaming) y con sus aportaciones a la fila 0, nos permiten continuar con nuestro trabajo que ahora es más necesario que nunca”, afirma Marta Marañón, directora de Relaciones Institucionales de Ayuda en Acción.

Como novedad, recalcar que el concierto se podrá disfrutar en directo por streaming desde cualquier parte del mundo. Las entradas para la retransmisión online, que ya están a la venta, se pueden adquirir en la web de la plataforma My Opera Player por 9,99 euros. Para aquellas personas interesadas en acudir a la cita de forma presencial, pueden adquirir sus entradas (desde 10€) a través de la web del Teatro Real en el teléfono 902 24 48 48 y en las taquillas del teatro. También se ha habilitado una fila 0 para donativos en el nº de cuenta ES55 0049 0001 58 2911863843. El evento se celebrará al 50% de su capacidad, con separación entre butacas y siguiendo todos los protocolos de seguridad.

Fotografía: Javier del Real

Die Walküre
Die Walküre
Richard Wagner (1813 – 1883)
Primera jornada en tres actos del festival escénico
Der Ring des Nibelungen
Libreto de Richard Wagner
Teatro Real de Madrid 14 febrero de 2020
D. musical: Pablo Heras-Casado
Concepción: Robert Carsen, Patrick Klinmonth
D. escena: Robert Carsen
Escenógrafo y figurinista: Patrick Klinmonth
iluminador: Manfred Voss
Reparto: Christopher Ventris, Ain Agner, James Rutherford, Elisabet Strid, Ingela Brimberg, Daniela Sindram, Julie Davies, Samantha Crawford, Sandra Fernández, Bernadett Fodor, Daniela Köhler, Heike Grötzinger, Marifé Nogales y Rosie Aldridge
W agner empezó a trabajar en Die Walküre mientras daba los últimos retoques a la orquestación de Das Rheingol. Desde Zúrich, donde se había refugiado huyendo de la policía alemana por sus actividades revolucionarias, vivía tranquilo, dedicado a sus composiciones y a una de sus nuevas aficiones, las largas caminatas por los Alpes Suizos.Es precisamente este contacto con la naturaleza uno de los elementos inspiradores de la obra del compositor alemán. Y es la mitología escandinava y la complejidad de las relaciones entre dioses y humanos, el hilo conductor de su universo musical.

Roger Scruton dice en su libro El anillo de la verdad: “El combate entre Hunding y Siegmund nos devuelve con la máxima intensidad la antigua idea de que, cuando nosotros, los mortales, combatimos por aquello que realmente nos importa, los inmortales combaten junto a nosotros, persiguiendo sus propios objetivos”.

“Die Walküre”, La Valquiria, es la primera jornada de la tetralogía de “El anillo del Nibelungo” que se empezó a representar la temporada pasada con “Das Rheingol”, El oro del Rin, y que tendrá su continuidad las dos próximas temporadas con Sigfrido y El ocaso de los dioses. Una obra de dimensiones mastodónticas en la que Wagner invirtió 25 años de trabajo para crear 15 horas de música siempre contemporánea.

La Valquiria es quizá la obra más importante de esta tetralogía, teniendo en cuenta su estructura y su discurso musical, completamente distinto al de El oro del Rin y demostrando una clara evolución musical y dramática. Tardó 18 meses en terminar su composición. Puede parecer mucho tiempo, pero al escuchar esta obra puede tomarse la medida de su verdadera y descomunal dimensión artística. Un trabajo arquitectónico, lleno de complejidades para construir una orquestación de gran solidez que la aleja de cualquier fugacidad.

Había ideado una orquesta de unas dimensiones desconocidas hasta ese momento. Introduce instrumentos, como las tubas wagnerianas, y otros que apenas se utilizaban hasta entonces. Cambia la forma tradicional de trabajar con la orquesta, en lugar de hacerlo por familias de instrumentos, la transforma en una gran orquesta de cámara, donde cualquier instrumento puede combinarse con el siguiente, aunque no pertenezca a la misma familia. Crea así el sonido contemporáneo.

La Valquiria también aporta novedades en los aspectos dramáticos. Los personajes poseen una mayor profundidad psicológica y Wagner asocia a cada uno de ellos un motivo orquestal que le define, el leitmotiv, otra revolución. Es La Valquiria, la que posee la partitura más elaborada e interpretada de la tetralogía, donde los protagonistas muestran su parte más humana, aun siendo dioses, y se distancian de la mitología. Heras-Casado dice que “Lo que hace Wagner es transformar en música un momento emocionalmente complejo de un individuo, y para ello debe construir todo un edificio sonoro”.

Y la manera más perfecta con la que Wagner expresa estas profundidades psicológicas, con una orquesta de semejantes dimensiones, no es el volumen y la densidad de sonido, sino la delicadeza y la sofisticación de los momentos más íntimos de la obra. Los dúos entre Sieglinde y Siegmund o entre Wotan y Brünnhilde o, sobre todo, el final de la ópera, son de una sutileza extrema que parece interminable y que solo se puede conseguir con esa gran orquesta, con esas seis arpas, ni una menos.

Pablo Heras-Casado, junto a Robert Carsen, son los encargados de llevar a cabo toda la tetralogía. Puede apreciarse la evolución que la orquesta, de la mano de su director, ha tenido desde El oro del Rin de la pasada temporada. Ha decidido Heras-Casado centrarse en la parte más humana y psicológica de la descripción musical. Tras una tormenta inicial un tanto destemplada, fue trabajando con meticulosidad y extrayendo de la orquesta un sonido de gran calidad.

Los mejores momentos llegaron con las escenas de mayor intimidad y delicadeza. La meticulosidad del director granadino alcanzó su máxima expresión en los interludios y en la escena en que las Valquirias rescatan a los guerreros muertos para llevarles al Valhalla, auinque los vientos se tomaron alguna libertad. A partir de aquí todo fue ganando en intensidad, musicalidad y dramatismo, que culminaron con el seductor fuego mágico final. Después de casi cinco horas de ópera, te quedas con ganas de más. Si este es el primer Anillo del Pablo Heras-Casado, quiero volver a escucharle cuando ya lleve unos cuantos.

La escenografía de Robert Carsen comienza con la nieve, retomando así el final del Oro del Rin. Es elegante, pero desoladora. Tan solo la nieve adorna un primer acto que parece ser la guarida de unos traficantes de armas. Tal vez a Wagner le hubiera gustado este decorado inhóspito. Desde luego no distrae del elemento principal, que es la música.

El segundo acto está localizado en lo que se supone es el castillo de Wotan. Un amplio y lujoso salón custodiado por militares. Aparece un Wotan distinto al del Oro del Rin, donde parecía un militar de poco rango o venido a menos. En esta ocasión, tiene mayor rango y autoridad.

El tercer acto es el más logrado, continua siendo desolador pero con una atmósfera diferente y un evocador fuego final. Su potente inicio, la cabalgata de las Valquirias, y los soldados camino del Valhalla, conforman una hermosa escena llena de fuerza.

En esta fría escenografía, que resuelve bien algunas cuestiones y otras no tanto, hay que resaltar la iluminación de Manfred Voss, que genera ambientes de manera magistral sin apenas elementos escénicos.

En cuanto a las voces, me gustaron más ellas que ellos.

El Wotan de James Rutherford mostró su lado más humano, primero derrotado ante la autoridad de Fricka y después, ante sus hijas, las Valquirias. Lástima que su hermoso timbre no fuera suficiente para compensar la escasez de volumen de su voz.

Christopher Ventris cumplió como heroico Siegmund. Tuvo sus dificultades con los agudos pero el tenor británico tiene gran experiencia con los roles wagnerianos, sobre todo de Parsifal.

La Brünnhilde de Ingela Brimberg tiene un agudo penetrante y bien timbrado y un volumen más que notable. Puede presumir también de graves densos y compactos. Brilló en el apartado interpretativo, poniendo el acento en las debilidades humanas más que en las cualidades sobrenaturales que se le suponen a su personaje.

Sieglinde estuvo interpretada por Elisabet Strid, buena conocedora del rol para el que se precisa una lírico spinto. Strid, con un centro poderoso y unos agudos limpios y bien delineados, es una muy buena Sieglinde. Voz voluminosa que supo poner también al servicio de los dúos más liricos junto a su esposo y hermano . Demostró gran capacidad interpretativa.

Las Valquirias estuvieron interpretadas por Julie Davis (Gerhilde), Samantha Crawford (Ortlinde), Sandra Fernández (Waltraute), Bernadett Fodor (Schwertleite), Daniela Köhjer (Helmwgide), Heike Grötzinger (Siegrune), Marifé Nogales (Gimgerde) y Rosie Aldridge (Rossweise). Cumplieron muy bien con su papel, sin parar un momento sobre el escenario. Protagonizaron alguno de los mejores números, la Cabalgata de las Valquirias y la resurrección de los guerreros. Y todo, a pesar de haber sido uniformadas con una batita de andar por casa.

Muy bien la Fricka de Daniela Sindram, con sus matices interpretativos. Espléndida en su monólogo del segundo acto.

El bajo estonio Ain Anger perfiló un magnífico Hunding en lo vocal y de gran presencia escénica.

Parece que el esfuerzo que supone una producción como esta en temporadas sucesivas está cumpliendo objetivos. Lo mejor de todo es la expectación que genera. Ya estoy deseando ver el siguiente capítulo la temporada que viene.

Texto: Paloma Sanz
Fotografías: Javier del Real
Vídeos: Teatro Real

Die Soldaten en el Teatro Real

Die Soldaten en el Teatrom Real

Die Soldaten en el Teatro Real

Die Soldaten en el Teatro Real

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Muchas son las expresiones artísticas que han tratado de reflejar una de las características principales del siglo XX en su aspecto más negativo, el horror, la aberración y la maldad que el ser humano es capaz de generar casi de manera infinita. Y muchos han sido los artistas, influenciados trágicamente por haber vivido en primera persona la crueldad de la Segunda Guerra Mundial. Uno de ellos ha sido el compositor alemán Bernd Alois Zimmermann que es, sin duda, uno de los que mejor ha reflejado la violencia vivida.

Zimmermann recibió influencias directas de la vanguardia musical que recorría Europa. Entre ellos Schönberg, Bartok, Webern, Stravinski o Kagel. Die Soldaten tiene como gran fuente inspiradora el Wozzeck de Alban Berg. Ambas parten de un mismo origen literario, la obra homónima de Jakob Michael Reinhold Lenz, poeta y escritor del siglo XVIII y uno de los máximos exponentes del movimiento Sturm und Drang. Lenz se suicidó con apenas 23 años tras una vida atormentada y llena de desequilibrios. Zimmermann también acabó suicidándose, apenas cinco años después del estreno de Die Soldaten.

Las similitudes con Wozzeck son evidentes, no solo en el origen, también en la estructura musical y, como base, el dodecafonismo. Die Soldaten está salpicado de lirismo y momentos jazzísticos. A esta mezcla de estilos Zimmermann los denominó “método pluralista”, que no es otra cosa que un colage formado por distintos conceptos y estructuras musicales.

Al entrar en la sala nos espera la proyección de un gigantesco retrato infantil. Es la inocencia de su protagonista, Marie, antes de ser presa de la tragedia y de la degradación moral del resto de personajes. La niña volverá a aparecer al final de la obra, muerta tras un final desgarrador que nos muestra la aniquilación de la inocencia en un mundo sórdido y destructivo.

Tras el telón aparece una enorme arquitectura industrial dispuesta en varios planos en los que se alojan los 120 maestros de la Orquesta. Todos uniformados y militarizados para la ocasión. 18 conjuntos de percusión y 25 timbales se sitúan dentro de este atronador mecano orquestal, que ocupa casi la totalidad de la caja escénica de manera espectacular, dejando un reducido espacio para los cantantes en el lugar que normalmente ocupa el foso. Esta disposición tan alejada de algunos instrumentos ha llevado a su amplificación con resultado desigual, pues no se termina de escuchar, por ejemplo, el arpa.

Por otro lado, la proximidad de los cantantes al público crea un efecto de primer plano que potencia el resultado vocal y, sobre todo, la teatralidad. El hecho de que los cantantes estén fuera del plano visual del director obliga a tener un director repetidor solo para dar entrada a las voces. Una tarea complicada que Vladimir Junyent realiza con solvencia y precisión.

No es nada fácil crear una obra que produce estupor, inquietud, desgarro y desasosiego y, a la vez, la sensación de haber asistido a una obra colosal. A la descripción única e irresistible del abismo humano a través de una partitura y un libreto que ha pasado, de ser una obra imposible, a ser una de las referencias de la música del siglo XX. Todo ello gracias al esfuerzo conjunto y hercúleo de todos los que en ella participan.

La escenografía de Bieito no necesita en esta producción de los excesos que tanto gustan y caracterizan a este polémico director, estén justificados o no. En esta ocasión, la desmesura de la obra supera a la del escenógrafo, que ya es decir. Pero cualquier exageración mayor habría colapsado la escenografía por sobrecarga.

Ha situado la orquesta en el escenario para darle el protagonismo que tiene, todo. Una música que tritura literalmente a los personajes arrastrándoles hasta la extenuación, utilizando los instrumentos casi como munición en medio de esta violencia musical y escenográfica.

Pablo Heras-Casado consigue un rendimiento de la orquesta extraordinario. La disposición de los músicos hace su trabajo muy complejo. Zimmermann incluyó en esta obra todas las dificultades inimaginables llevándola al límite. El propio Heras-Casado lo advirtió: “Die Soldaten es el reto más extremo al que cualquier músico se pueda enfrentar”. Escuchar esta partitura no es fácil, pero conseguir materializar su lectura con una orquesta inmensa, que afrontaba la obra por primera vez y en la disposición escénica que se ha planteado, es casi milagroso.

En cuanto a la partitura vocal, Die Soldaten es de una exigencia extraordinaria por sus tesituras extremas. Susanne Elmark interpreta a Marie. Un personaje complejo y diabólico en su dificultad vocal e interpretativa. Empieza siendo cándida y un poco traviesa para transformarse, a medida que avanzan las tragedias, en una mujer destruida tras ser brutalmente violada y convertida en prostituta de la soldadesca. Elmark refleja a la perfección los abismos emocionales y psicológicos de Marie. Vocalmente imposible, la soprano danesa lo da todo en escena.

El Stolzius de Leigh Melrose es la réplica perfecta para Marie. Pudimos verle hace muy poco en Gloriana de Britten y en ambas demuestra su gran capacidad vocal y dramática.

Uwe Sticker da vida a un Desportes de gran complejidad en la parte vocal, llena de sobreagudos, que Sticker acomete con seguridad. Tuvo un papel principal en esta partitura imposible.

Julia Riley como Charlotte, Iris Vermillion como Madre de Stolzius y Noëmi Nadelmann como Condesa de la Roche, demostraron sus buenas dotes interpretativas, en esta obra que requiere mejores actores que cantantes.

La sorpresa de la noche fue la gran Hanna Schwarz. Esta veterana intérprete que, a sus 76 años, llenó el escenario con sus profundos graves en una interpretación inolvidable. Su caracterización de la madre anciana de Wesener, conectada a su suero para demostrar la debilidad del personaje, llena de inquietud toda la trama.

Estelar, una vez más, el coro Intermezzo, coro titular del Teatro Real, bajo la dirección de Andrés Máspero.

El lenguaje musical de esta obra no es para todos los públicos, se requieren oídos audaces y aventureros, pero estas cualidades también se pueden entrenar. Es por eso que Die Soldaten es una obra necesaria, casi obligatoria, y no se entiende bien que siga habiendo numeroso público que aprovecha los descansos para emprender la huida cuando se representan algunas de estas óperas contemporáneas. La paciencia tiene sus compensaciones, y este estreno en el Teatro Real, se ha hecho esperar, pero ha merecido mucho la pena.

Die Soldaten

Die Soldaten (1965), considerada en su día ‘irrepresentable’ por su complejidad, exigencia y monumentalidad, es un referente en la historia de la ópera del siglo XX y un grandísimo desafío para un teatro.

El Teatro Real ofrecerá 7 funciones de la ópera entre los días 16 de mayo y 3 de junio, en una nueva producción creada originalmente por la Opernhaus de Zúrich (septiembre de 2013) y la Komische Oper de Berlín (junio y julio de 2014).

La dirección de escena de Calixto Bieito no esconde ni disimula la dureza y violencia de la ópera, confrontando al espectador con el sinsentido, la abyección, el horror y el desconsuelo que exaltan los tiempos de guerra.

Pablo Heras-Casado será el encargado de la dirección musical de la dificilísima partitura, escrita para 16 cantantes, 10 actores, bailarines, coro, una orquesta con más de 100 músicos ─que incluye banda de jazz y 13 percusionistas─, además de utilizar sillas y mesas como percusión, banda magnética, sonidos de guerra, proyecciones, etc.

La Orquesta Titular del Teatro Real ─con sus músicos caracterizados como soldados y empuñando sus instrumentos como armas─ tocará en el centro del escenario, con los intérpretes actuando sobre el foso, rozando el público.

En el elenco coral de Die Soldaten destaca el cuarteto protagonista con la soprano Susanne Elmark (Marie), el barítono Leigh Melrose (Stolzius), el bajo Pavel Daniluk (Wesener) y los tenores Uwe Stickert y Martin Koch, que se turnan en la interpretación de Desportes.

Las 7 funciones de Die Soldaten se alternarán con 5 representaciones de Street Scene, dos óperas que indagan, desde épocas, espacios y lenguajes muy distintos, la brutalidad de la violencia de género.

Para profundizar en la inabarcable riqueza musical y metafísica de Die Soldaten, habrá un coloquio ─Enfoques─ el 9 de mayo, una conferencia sobre la ópera, el 11 de mayo, y la breve presentación de la producción, previa a cada función, de la mano de José Luis Téllez, disponible también online.

Las funciones de Die Soldaten cuentan con el patrocinio de la Fundación BBVA.

El estreno en España, el próximo 16 de mayo, de Die Soldaten, de Bernd Alois Zimmermann (1918-1970), coincidiendo con el centenario del compositor es, sin duda, uno de los grandes hitos de la programación del Bicentenario del Teatro Real.

Estrenada en Colonia en 1965, después de una larga y atormentada gestación ─y de varios ajustes para hacer viable la interpretación de la partitura─, Die Soldaten se convirtió desde entonces en un referente en la historia de la ópera, aunque los medios ingentes que se necesitan para ponerla en escena conviertan cada nueva producción en un acontecimiento artístico.

Bernd Alois Zimmermann, que nació en Bliesheim, Colonia, en 1918 en el seno de una familia burguesa profundamente católica, fue obligado a alistarse en el ejército con 21 años para participar en la segunda guerra mundial, de la que salió con los pulmones llenos de plomo y la mente trastornada.

Su breve e intensa carrera, truncada por el suicidio a los 52 años, se desarrolló en los tiempos convulsos de posguerra, cuando Europa, dilacerada, intentaba curar las heridas con muros y cortinas de hierro.

Partiendo de la obra Die Soldaten, del escritor visionario Jakob Lenz (1751-1792), adalid del movimiento romántico Sturm und Drang (Tempestad e ímpeto), Zimmermann utiliza el camino de perdición de Marie, que los soldados convierten en una prostituta indigente, como metáfora de la degeneración moral y ética de la humanidad hasta traspasar el umbral de lo soportable y de lo expresable: un viaje terrorífico a los rincones más oscuros del ser humano, donde habita un monstruo que se excita con la perversidad y se regocija con el dolor.

Die Soldaten bebe de las corrientes musicales rupturistas de la segunda mitad del siglo pasado, polarizadas en Darmstadt, pero también de la tradición musical occidental, del jazz, del pop, de la radio, del cine y de las posibilidades técnicas que ofrecían la grabación directa y el tratamiento del sonido.

De todo eso da cuenta Die Soldaten, un colosal ‘collage’ vertical y horizontal, de múltiples capas interpretativas, que parte de una estructura de 12 notas (serialismo) vertebrada por formas musicales reconocibles ─chacona, tocata, ricercare, nocturno─ asociadas a cada una de las 15 escenas y alimentada por un universo sonoro ilimitado, que incorpora desde un coral de Bach y ritmos de jazz al estrépito de bombas y estridentes gritos de agonía.

Esta ópera radical e inabarcable, que trasciende los clásicos límites teatrales de tiempo ─las escenas sobreponen pasado, presente y futuro─; de lugar ─con acciones (¡hasta once!) simultaneas en diferentes espacios─; y de acción ─con la unidad narrativa en permanente disgregación y recomposición─; llega al Teatro Real en la descarnada producción concebida por Calixto Bieito y estrenada con un enorme impacto en la Ópera de Zúrich en 2013.

Partiendo de las directrices de Zimmermann, que insta a situar la orquesta e intérpretes en un escenario central rodeado por el público, Bieito coloca la orquesta en el centro de la escena, en una instalación diseñada por la escenógrafa Rebecca Ringst que simula un cuartel donde los músicos ‘armados’ con sus instrumentos son partícipes de la barbarie.

El público es convocado a contemplar escenas de caserna y agresiones que se articulan y mezclan con diálogos familiares entrecortados y vacuas conversaciones castrenses pulverizadas por gritos y cañonazos, en un mosaico concienzudamente construido con ráfagas de vidas entrelazadas en una espiral que conduce inexorablemente al abismo y el estupor. Dos horas de dura realidad trasladadas al escenario: el arte para no morir de la verdad.

Die Soldaten se estrenará finalmente en España, 53 años después de su creación, sin perder un ápice de su fuerza catártica y con una inquietante actualidad.

AGENDA DE ACTIVIDADES PARALELAS

3, 8 y 10 de mayo, de las 19.00 a las 21.00 horas | Teatro Real, Sala Gayarre

Curso monográfico sobre Die Soldaten impartido por Gabriel Menéndez Torrellas

9 de mayo a las 20.15 horas | Teatro Real, Sala Gayarre

Enfoques: encuentro con artistas que participan en Die Soldaten y Joan Matabosch, director artístico del Teatro Real
11 de mayo a las 12.00 horas | Teatro Real, Sala Gayarre

ConferenciaDie Soldaten’: la corchea de una tragedia, por Arnoldo Liberman
27 de mayo a las 12.00 horas | Teatro Real, Sala principal

Los domingos de Cámara, por los solistas de la Orquesta Titular del Teatro Real
Parte I

Erwin Schulhoff: Dúo para violín y violoncello
André Jolivet: Concierto para flauta y orquesta de cuerdas

Parte II
Benjamin Britten: Lacrimae
Luciano Berio: Folksonges para voz y 7 instrumentos

Javier Perianes

Dos de los músicos españoles actuales más internacionales, el pianista Javier Perianes y el director de orquesta Pablo Heras-Casado, se han unido a la Filarmónica de Múnich en un disco dedicado a las dos últimas obras compuestas por Béla Bartók: el Concierto para orquesta y el Concierto para piano núm. 3. En una gira conjunta que arranca el próximo 12 de febrero – y que les llevará por varias ciudades españolas (Barcelona, Madrid, Fuerteventura, Las Palmas de Gran Canaria y Santa Cruz de Tenerife)- presentarán este último trabajo editado por el sello harmonia mundi, que saldrá a la venta el próximo 26 de enero.

El álbum incluye dos obras consideradas el testamento musical del maestro húngaro (1881-1945), firmadas antes de morir en su exilio estadounidense. Bartók, aquejado de leucemia y desilusionado por el tibio recibimiento musical que recibió en suelo norteamericano, invirtió sus últimas energías en estas dos obras maestras que le propiciaron finalmente un añorado prestigio en su país de acogida. Perianes, Heras-Casado y la Filarmónica de Múnich suman su talento en un disco que da cuenta de la inagotable fuerza del genio aun en las circunstancias más adversas.

El Concierto para orquesta fue un encargo del director Serge Koussevitzky a petición de dos amigos de Bartók, el también director Fritz Reiner y el violinista Zoltán Szekely. Ambos pretendían que esta petición aliviase las penurias económicas del maestro tras la llegada a Estados Unidos, en 1940. Huía de la guerra y pretendía asegurar el futuro de Ditta Pásztory, su mujer y también pianista, que tampoco había visto despegar su carrera interpretativa en el continente americano.

Esta obra fue compuesta entre agosto y octubre de 1943. Recoge los recursos estilísticos predilectos del maestro, así como pinceladas de música folclórica, tanto de Europa central como de procedencia árabe. No en vano, Bartók dedicó buena parte de su carrera a reivindicar y estudiar la cultura musical popular. El Concierto para orquesta fue estrenado con gran éxito en diciembre de 1944 bajo la dirección de Koussevitzky.

Por otro lado, el Concierto para piano núm. 3 es la única pieza para este instrumento que Bartók no compuso para ser interpretada por él mismo. Cuando murió en septiembre de 1945 todavía le quedaban 17 compases para terminar la obra. Concluyó la tarea su pupilo y amigo Tibor Serly, siguiendo las instrucciones del maestro. Esta composición fue estrenada en febrero de 1946, en Filadelfia, e interpretada por dos artistas húngaros, el pianista György Sándor y el director Eugene Ormandy.

JAVIER PERIANES

Premio Nacional de Música 2012 concedido por el Ministerio de Cultura de España, Javier Perianes ha sido descrito como “un pianista de impecable y refinado gusto, dotado de una extraordinaria calidez sonora” (The Telegraph). Su carrera internacional abarca cinco continentes con conciertos que le han llevado a algunas de las salas más prestigiosas del mundo como el Carnegie Hall de Nueva York, Barbican, Royal Festival Hall y Wigmore Hall de Londres, Philharmonie y Théâtre des Champs-Élysées de París, Philharmonie Berlín, Musikverein de Viena, Concertgebouw de Ámsterdam, Philharmonic Hall de San Petersburgo, Great Hall del Conservatorio de Moscú, Suntory Hall de Tokio y el Teatro Colón de Buenos Aires. Ha actuado en festivales como Lucerna, BBC Proms, Vail, Blossom, Ravinia, La Roque d’Anthéron, Bregenz, Grafenegg, San Sebastián y Granada.

Perianes ha trabajado con maestros como Daniel Barenboim, Charles Dutoit, Gustavo Dudamel, Zubin Mehta, Lorin Maazel, Rafael Frühbeck de Burgos, Daniel Harding, Yuri Temirkanov, Jesús López Cobos, Sakari Oramo, Juanjo Mena, David Afkham, Pablo Heras-Casado, Josep Pons, Andrés Orozco-Estrada, Robin Ticciati, Thomas Dausgaard, Vladimir Jurowski, Yu Long y Vasily Petrenko.

La temporada 2017-18 incluye debuts junto a las orquestas de Cincinnati, Indianapolis, Basel, RTÉ National, Oslo Philharmonic, Lille y Moscow State Symphony, entre otras, así como su regreso junto a Los Angeles Philharmonic, City of Birmingham, Hamburger Symphoniker, Norwegian Radio, Danish National, BBC Symphony y Finnish Radio, y giras de conciertos con la Filarmónica de Múnich y la Orquesta Nacional de España.

De sus recientes temporadas destacan actuaciones junto a la Philharmonia Orchestra, Filarmónica de Múnich, Filarmónica de Viena, Cleveland Orchestra, sinfónicas de Chicago, Boston y Atlanta, filarmónicas de Los Ángeles, Nueva York y Londres, Yomiuri Nippon Symphony, Orchestre de Paris, Orchestre Symphonique de Montréal, Rundfunk-Sinfonieorchester Berlin, Finnish Radio y Swedish Radio, así como giras con orquesta en Australia, Nueva Zelanda y Singapur. Recitales recientes y próximos incluyen actuaciones en Londres, Estambul, París, Madrid, Barcelona, México, Auckland y Hong Kong, así como una gira por Norteamérica y Sudamérica con presentaciones en Washington, Nueva York, Vancouver, San Francisco, Santiago de Chile, Quito, Lima, Bogotá y Buenos Aires.

Javier Perianes es artista exclusivo del sello harmonia mundi. Su extensa discografía abarca desde Beethoven, Schubert, Debussy, Chopin y Mendelssohn hasta Turina, Granados, Mompou, Falla y Blasco de Nebra. Su álbum con la grabación en vivo del Concierto de Grieg y una selección de las Piezas Líricas fue unánimemente alabado por la crítica y descrito como “una nueva referencia” por la revista Classica; también mereció las distinciones “Editor’s Choice” de Gramophone y “Maestro” de la revista Pianiste. Su grabación de Noches en los Jardines de España junto a una selección de piezas para piano de Falla fue nominada al Grammy Latino 2012. El último álbum de Perianes está dedicado a las sonatas D.960 y D.664 de Schubert.

PABLO HERAS-CASADO

Descrito por The New York Times como “lo que cualquier mente pensante consideraría un joven director de primera”, su personalidad se ve mejor reflejada en la calidad de las relaciones que ha desarrollado con orquestras como la San Francisco Symphony, Los Angeles Philharmonic, Philharmonia, London Symphony, Staatsoper Berlin, Symphonieorchester des Bayerischen Rundfunks, Sinfónica del Teatro Mariinsky de San Petersburgo, Freiburg Barockorchester y como director titular de la Orchestra of St Luke’s y principal director invitado del Teatro Real. Esta personalidad también se muestra en sus compromisos como embajador de la ONG Ayuda en Acción para promocionar su labor para erradicar la pobreza e injusticia en el mundo.

Graba con el sello harmonia mundi y con Archiv Produktion de Deutsche Grammophon. Ha recibido numerosos premios por sus proyectos discográficos: tres ECHO Klassik Awards, Premio de la crítica discográfica alemana (Preis der Deutschen Schallplattenkritik), dos Diapason d’Or y un Latin Grammy. Las grabaciones más recientes con harmonia mundi incluyen las sinfonías 3 y 4 de Mendelssohn; y los conciertos para violín, piano y violonchelo de Robert Schumann con Isabelle Faust, Alexander Melnikov y Jean-Guihen Queyras.

Para Deutsche Grammophon, ha grabado discos dedicados a Farinelli, así como obras de Jacob, Hieronymus y Michael Praetorius, y un DVD de la ópera L’elisir d’amore de Donizetti. Participó en un disco de Sony con arias para barítono con Plácido Domingo y un DVD de La Traviata desde el Festspielhaus de Baden Baden. También dirigió la reciente grabación para Decca de los Conciertos para violonchelo de Shostakóvich, con Alisa Weilerstein y la SO des Bayerischen Rundfunks.

Director del Año de la revista Musical America en 2014, ha sido condecorado con la Medalla de Honor de la Fundación Rodríguez Acosta y el Premio Embajador de la Junta de Andalucía. En febrero 2012, el Ayuntamiento Granada, su ciudad natal, le concedió la Medalla de Oro al Mérito, y además es Embajador Honorífico de la ciudad, así como Hijo Predilecto de la Provincia de Granada. Desde este año es director del Festival Internacional de Música y Danza de su ciudad natal.

Más información:

https://www.javierperianes.com

http://pabloherascasado.com/es/

http://www.harmoniamundi.com/%E2%80%8E#!/albums/2311

Teatro Real-Festival de Granada

El Teatro Real y el Festival de Música y Danza de Granada han firmado en la mañana de hoy un convenio marco de colaboración por el que ambas instituciones se comprometen a realizar proyectos y actividades que fomenten la difusión de la música y las artes, tanto en el ámbito cultural como en el educativo.

El acuerdo, suscrito por Ignacio García-Belenguer, director general del Teatro Real, y Pablo Heras-Casado, director del Festival, tendrá una vigencia inicial de cuatro años, y supone un importante paso en el desarrollo cultural de nuestro país.

Entre las iniciativas que se van a poner en marcha destaca la creación de un ciclo de Ópera en Cine, la participación del Coro y Orquesta Titulares del Teatro Real en la programación del Festival, la retransmisión de espectáculos del Teatro Real, y la realización de producciones, exposiciones y actividades conjuntas que contribuyan a impulsar el conocimiento de las artes líricas, musicales y coreográficas.

Ambas instituciones prestarán especial atención a los espectáculos y programas destinados al público más joven, infantil y juvenil. Así, el Festival granadino acogerá en sus instalaciones óperas, actividades y espectáculos que formen parte del programa El Real Junior, además de las retransmisiones previstas para cada temporada por el Real.

Esta unión pretende también ampliar el ámbito de colaboración creando nuevas fórmulas para establecer relaciones de cooperación con otras entidades del ámbito cultural y, en particular, con las agrupaciones de ópera, conservatorios y escuelas de canto y danza, nacionales e internacionales. Se busca así estimular e incentivar la creación, la investigación, el estudio y la formación como medios principales de perfeccionamiento profesional

Esta colaboración se firma en una temporada emblemática para el Teatro Real que, en medio de las celebraciones de los 20 años de su reapertura y los 200 años de su fundación, quiere poner la vista en el futuro y seguir creciendo para mantenerse como la institución cultural de referencia de nuestro país.

El Holandés errante

“El infierno en la tierra”, así se conoce a la ciudad de Chittagong, en Bangladés. Lugar en el que se encuentra el mayor desguace de barcos del mundo y donde el trabajo se realiza de manera muy precaria. Donde la vida humana apenas tiene valor pero, al mismo tiempo, es una sociedad tremendamente espiritual, que cree en la reencarnación y en las leyendas más tradicionales entrando permanentemente en contradicción con el materialismo más despiadado. Y este es el lugar en el que Alex Ollé (La Fura dels Baus) y Alfons Flores han situado la escena de este Holandés errante. Una localización actual capaz de albergar un libreto como este. Un lugar en el que un hombre sea capaz de vender a su propia hija al mejor postor.

Este Wagner, considerado su primera obra de madurez, evidencia un nuevo lenguaje creativo que tendrá un completo desarrollo en sus obras posteriores. Con claras reminiscencias italianas aún, comienza a utilizar elementos fundamentales en Wagner, como los live motive y la creación de discursos musicales continuos. Una música en la que se aprecian claramente, y a partir de la inclusión de estas técnicas, tres momento bien diferenciados, una parte irreal o fantástica, representada por los fantasmas; una parte real en la que se desarrollan las escenas cotidianas de los principales personajes de la obra, y una parte más espiritual, en la que se muestra la relación entre Senta y el Holandés. Tres dimensiones imprescindibles que se retroalimentan y que quedan perfectamente retratadas a través de la acertada escenografía y la extraordinaria dirección de actores.

La apuesta escénica de Alex Ollé y Alfons Flores es espectacular. A diferencia de otras escenografías de Ollé, ésta es perfectamente descriptiva y comprensible a los ojos de cualquier espectador. Utilizando los elementos de la tramoya tradicional del teatro y las proyecciones han conseguido unos efectos escénicos extraordinarios que alcanzan su máxima expresión ya en la obertura, donde la desafiante proa de un barco navega en la tormenta gracias a los efectos en un movimiento himnótico que acompaña este el inicio de la obra. Tras el desembarco en la simulada playa de Chittagong comienza la magnífica teatralización de un actualizado Holandés al que la ausencia de romanticismo no ha alterado su carga dramática.

Era el primer Wagner al que se enfrentaba el maestro Heras-Casado. La sensación causada desde el foso es esperanzadora. Pero el ímpetu de algunos momentos imprimió un tempi demasiado apresurado a veces. Se notó sobre todo en una obertura algo estruendosa y efectista. Mejoró a lo largo de la obra, pero el resultado final fue de cierta superficialidad.

El bajo ruso Dimitry Ivashchenko fue un más que correcto Daland, aunque en alguna ocasión quedó tapado por la orquesta.

Benjamin Bruns tenía la compleja tarea de ser Erik en el segundo reparto y timonel en el primero. A su personaje de Erik le falta el lirismo que requiere y sufrió en algunas notas altas.

Ricarda Merbeth fue de lo mejor de la noche. Su Senta estuvo llena de dramatismo. Su voz lírica y tiene las características que se pueden esperar de una voz wagneriana, amplia y voluminosa. Con buen fraseo y una línea de canto definida pero de delicadeza mejorable.

El Holandés de Samuel Youn estuvo a muy buen nivel. Elegante y buena dramatización. Fue mejorando hasta llegar al culminar en el tercer acto.

El coro brilló y fue otro gran protagonista. Además de cantar baila. Grave error haber ofrecido el coro de fantasmas a través de una ruinosa grabación. El resultado no se entendió.

Una producción espectacular y excesiva que, tratándose de Wagner, no sirve para ocultar las carencias del romanticismo que la obra presenta y que no permiten la evocación inmediata. La sensación al salir de este Holandés errante es la de que, a pesar de contar con tantos elemento imprescindibles, algo falta.
Texto: Paloma Sanz
Fotografías: Javier del Real
Vídeos: Teatro Real

El Holandés errante
Richard Wagner (1813-1883)
Der fliegende Holländer
Romantische Oper en tres actos
Libreto del compositor, basado en la obra de Heinrich Heine Aus
den Memoiren des Herren von Schnabelewopski
Estrenada en el Königlich Sächsisches Hoftheater de Dresde el 2-1-1843
Estrenada en el Teatro Real el 27 de octubre de 1896
D. musical: Pablo Heras-Casado
D. escena: Álex Ollé (La Fura dels Baus)
Escenógrafo: Alfons Flores
Figurinista: Josep Abril
Iluminador: Urs Schönebaum
Vídeo: Franc Aleu
D. coro: Andrés Máspero
Reparto: Dimitry Ivashchenko, Ricarda Merbeth, Benjamin Bruns,
Pilar Vázquez, Roger Padullés, Samuel Youn
Coro y Orquesta Titulares del Teatro Real

Heras-Casado

El director granadino Pablo Heras-Casado (Granada, 1977) debutará el 30 de enero 2016 con la Filarmónica de Viena dentro de la programación de la Semana de Mozart en Salzburgo (Mozartwoche). Se presentará con un repertorio dedicado a Mendelssohn – Bartholdy como el primer español que lo hace frente a la orquesta en la historia, después de que Plácido Domingo la dirigiera en un Concierto para Europa en los jardines de Schönbrunn hace diez años. Heras-Casado es un invitado habitual de la fiesta que se celebra en la cuna del genio austriaco, donde previamente (hoy día 26) dirigirá también la Camerata Salzburg.

Antes de su debut con la Filarmónica, el músico andaluz actuó junto a la Sinfónica de Viena en el Concierto de Año Nuevo con la Novena de Beethoven, donde se presentó los días 30 y 31 de diciembre y el primero de enero en la capital austriaca. Al tiempo, acaba de aparecer en el sello harmonia mundi su último disco con la Tercera y Cuarta Sinfonías de Mendelssohn.

Considerado el director de orquesta del año 2014, según Musical America, Pablo Heras-Casado, disfruta de una inusual y variada carrera que abarca desde la gran música sinfónica hasta el repertorio operístico, alternando interpretaciones bien fundadas históricamente y partituras de vanguardia. Fue nombrado Director Principal de la Orquesta de St. Luke’s de Nueva York en la temporada de 2012/13, así como Principal Director Invitado del Teatro Real de Madrid en 2014.
Heras-Casado es un invitado habitual de las orquestas sinfónicas de Chicago y San Francisco, la Filarmónica de Los Ángeles,la Orquesta Estatal de Berlín, la Orquesta Filarmónica de Múnich, la Orquesta Sinfónica de la Radio de Baviera, la Orquesta Mariinsky y la Ópera Metropolitana.

En 2015/16 regresó a la Orquesta Philharmonia, la Sinfónica de Londres, la de la Academia Nacional de Santa Cecilia y la Filarmónica de Rotterdam. Hizo su debut con la Orquesta de Filadelfia, la Filarmónica de Israel y la Sinfónica de Viena; continuó colaborando con el Ensemble Intercontemporain parisino, la Orquesta Barroca de Friburgo y el Balthasar Neumann Chor & Ensemble. Aparece regularmente en el Mozarteum de Salzburgo, donde es invitado cada año para la Mozartwoche.
Sus proyectos de ópera para esta temporada incluyen Rigoletto en la Ópera Metropolitana de Nueva York (Octubre/Noviembre 2015) además de I due Foscari en el Teatro Real en Julio 2016.

En temporadas anteriores ha dirigido la Orquesta del Gewandhaus de Leipzig, la Concertgebouw de Amsterdam, la Tonhalle-Orchester de Zúrich, la Filarmónica de Nueva York, la Sinfónica de Boston, la Orquesta de Cleveland y la Mahler Chamber. También ha estado presente en la Festspielhaus Baden-Baden, el Festival de Salzburgo y el de Aix-en-Provence, además de regresar regularmente al de Lucerna.

Heras-Casado graba con harmonia mundi, así como con Deutsche Grammophon’s Archiv Produktion, sello del cual es Embajador Archiv. Ha recibido numerosos premios por sus discos, incluyendo tres premios ECHO Klassic, un Preis der deutschen Schallplattenkritik, dos Diapason d’Or y un Grammy Latino.

Sus recientes lanzamientos con harmonia mundi incluyen Conciertos de Piano y Violín de Schumann, con Isabelle Faust y Alexander Melnikov. Según The New York Times se trata de una de las mejores grabaciones del año mientras que la Revista Forbes la colocó en su top 10. Además publicó las Sinfonías de Schubert Nos. 3 y 4 con la Orquesta Barroca de Friburgo y la Sinfonía No. 2 de Mendelssohn con la Orquesta Sinfónica de la Radio de Baviera. Ha grabado un disco para Archiv con los trabajos de Jacob, Hieronymus y Michael Praetorius, y un álbum para conmemorar al legendario cantante castrato y maestro Farinelli. También ha aparecido en el lanzamiento de las arias de barítono de Verdi para Sony con Plácido Domingo y en un DVD de la Deutsche Grammophon del Elixir de Amor de Donizetti de la Festspielhaus Baden-Baden.

Pablo Heras-Casado posee la Medalla de Honor de la Fundación Rodríguez Acosta. En febrero de 2012 recibió la Medalla de Oro al Mérito del Ayuntamiento de Granada, su ciudad natal, de la cual es también un Embajador Honorario y este noviembre fue nombrado el hijo predilecto por la Diputación de Granada. En junio de 2014 se unió a la organización benéfica española Ayuda en Acción para apoyar la causa de la erradicación de la pobreza y la injusticia del mundo.

http://pabloherascasado.com

http://www.harrisonparrott.com/artist/profile/pablo-heras-casado

http://www.mozarteum.at/en/program-tickets.html?block=1970#1970

Pablo Heras-Casado

El director granadino Pablo Heras-Casado (1977) debutará el 30 de enero 2016 con la Filarmónica de Viena en la programación de la Semana de Mozart en Salzburgo (Mozartwoche). El director español ha sido la primera elección de la orquesta tras el anuncio de retirada de Nikolaus Harnoncourt, que ha elegido personalmente al músico español como su sustituto. Se presentará con un repertorio dedicado a Mendelssohn – Bartholdy frente a la orquesta como el primer español que lo hace en la historia de la misma después de que Plácido Domingo la dirigiera en un baile pero no en un concierto propiamente. Heras-Casado es un invitado habitual en esta fiesta mozartina en la cuna del genio austriaco donde en la edición próxima dirigira también la Camerata Salzburg el día 26. Antes de su debut con la Filarmónica, el músico granadino dirigirá al final de este mes la Novena de Beethoven en el Concierto de Nuevo año con la Sinfónica de Viena los días 30-31 y 1 de enero en Viena.

El director de orquesta del año 2014, según Musical America, Pablo Heras-Casado, disfruta de una inusualmente variada carrera que abarca desde la gran música sinfónica hasta el repertorio operístico, alternando interpretaciones bien fundadas históricamente y partituras de vanguardia. Fue nombrado Director Principal de la Orquesta de St. Luke’s de Nueva York desde la temporada de 2012/13, así como también Principal Director Invitado del Teatro Real de Madrid en 2014.

Heras-Casado es un invitado habitual de las orquestas sinfónicas de Chicago y San Francisco, la Filarmónica de Los Ángeles,la Orquesta Estatal de Berlín, la Orquesta Filarmónica de Múnich, la Orquesta Sinfónica de la Radio de Baviera, la Orquesta Mariinsky y la Ópera Metropolitana.

En 2015/16 regresó a la Orquesta Philharmonia, la Orquesta Sinfónica de Londres, la Orquesta de la Academia Nacional de Santa Cecilia y la Orquesta Filarmónica de Rotterdam. Hizo su debut con la Orquesta de Filadelfia, la Orquesta Filarmónica de Israel y la Orquesta Sinfónica de Viena; continuó colaborando con la Ensemble Intercontemporain parisino, la Orquesta Barroca de Friburgo y el Balthasar Neumann Chor & Ensemble. Aparece regularmente en el Mozarteum de Salzburgo, donde es invitado cada año para la Mozartwoche.
Sus proyectos de ópera para esta temporada incluyen Rigoletto en la Ópera Metropolitana de Nueva York (Octubre/Noviembre 2015) además de ‘I due Foscari’ en el Teatro Real en Julio 2016.

En temporadas anteriores ha dirigido la Orquesta del Gewandhaus de Leipzig, la Concertgebouw de Amsterdam, la Tonhalle-Orchester de Zurich, la Filarmónica de Nueva York, la Orquesta Sinfónica de Boston, la Orquesta de Cleveland y la Mahler Chamber. También ha estado presente en la Festspielhaus Baden-Baden, el Festival de Salzburgo y el Festival d’Aix-en-Provence, además de regresar regularmente al Festival de Lucerna.
Heras-Casado graba con harmonia mundi, así como con Deutsche Grammophon’s Archiv Produktion, del cual es ‘Embajador Archiv’. Ha recibido numerosos premios por sus discos, incluyendo tres premios ECHO Klassic, un Preis der deutschen Schallplattenkritik, dos Diapason d’Or y un Grammy Latino.

Sus recientes lanzamientos con harmonia mundi incluyen Conciertos de Piano y Violín de Schumann con Isabelle Faust y Alexander Melnikov. Según The New York Times se trata de una de las mejores grabaciones del año mientras que la Revista Forbes la colocó en su top 10. Además publicó las Sinfonías de Schubert Nos. 3 y 4 con la Orquesta Barroca de Friburgo y la Sinfonía No. 2 de Mendelssohn con la Orquesta Sinfónica de la Radio de Baviera. Ha grabado un disco para Archiv con los trabajos de Jacob, Hieronymus y Michael Praetorius, y un álbum para conmemorar al legendario cantante castrado y maestro Farinelli. También ha aparecido en el lanzamiento de las arias de barítono de Verdi para Sony con Plácido Domingo y en un DVD de la Deutsche Grammophon del ‘Elixir de Amor’ de Donizetti de la Festspielhaus Baden-Baden.

Pablo Heras-Casado posee la Medalla de Honor de la Fundación Rodríguez Acosta. En febrero de 2012 recibió la Medalla de Oro al Mérito del Ayuntamiento de Granada, su ciudad natal, de la cual es también un Embajador Honorario y este Noviembre fue nombrado el hijo predilecto por la Diputación de Granada . En junio de 2014 se unió a la organización benéfica española Ayuda en Acción para apoyar a la causa de la erradicación de la pobreza y la injusticia del mundo.

Más información: http://pabloherascasado.com / http://www.harrisonparrott.com/artist/profile/pablo-heras-casado

Heras-Casado

El jueves y el sábado de esta semana, el Teatro Real ofrecerá el conmovedor War Requiem, de Benjamin Britten, bajo la dirección de Pablo Heras-Casado.

Las dos funciones de la obra de Britten están integradas en la programación en torno su ópera Muerte en Venecia, que traerá también al Teatro Real, este mes, el Ballet de Hamburgo, con una coreografía inspirada en la novela homónima de Thomas Mann.

Más de 140 intérpretes participan en la obra: 132 cantantes de los tres coros -Coro Titular del Teatro Real, Coro de la Comunidad de Madrid y Pequeños cantores de la JORCAM-, 106 músicos de la Orquesta Titular del Teatro Real, el organista Miguel Ángel Tallante y los solistas Susan Gritton (soprano), John Mark Ainsley (tenor) y Jacques Imbrailo (barítono).

Pablo Heras-Casado, primer director musical invitado del Teatro Real, será el encargado de dirigir esta obra excepcional y lacerante: un arrebatado clamor a favor de la paz en el mundo después del estupor de la guerra.

TRES GUERRAS EN UNA

Benjamin Britten fue un gran amante de las formas clásicas pero, tras pasar por sus manos, raramente dejaba de introducir en ellas elementos novedosos que las hacían aparecer ante ojos y oídos sutil o radicalmente remozadas. Pocos géneros han gozado de más raigambre en la música occidental que el de la misa de difuntos, pero el War Requiem, que bebe innegablemente de esa tradición secular, la transporta a una nueva dimensión, instilando en la obra un importante elemento espaciotemporal que resulta difícil, cuando no imposible, encontrar en otras misas de réquiem.

Britten fue un pertinaz lector de poesía, que impregna gran parte de su catálogo, y tuvimos una buena muestra de ello en esta misma sala el pasado 18 de diciembre, cuando Ian Bostridge interpretó sus cinco Canticles –que recorren la totalidad de su trayectoria creativa– y su Nocturne.

Uno de los poetas que inspiraron a Britten en esta última obra, su compatriota Wilfred Owen, fue el elegido tres años después para proporcionar el contrapunto profano, actual e intimista del texto latino ancestral de la misa de difuntos. Owen había muerto pocos días antes del final de la Primera Guerra Mundial y la obra se estrenó en la solemne consagración de la catedral de Coventry, destruida por los bombardeos alemanes en la Segunda.

El War Requiem vio la luz muy pocos meses antes de la crisis de los misiles en Cuba, en plena Guerra Fría, por tanto, una tercera contienda ligada a la obra: menos sangrienta, pero igualmente absurda. Britten quería contar en el estreno en Coventry con cantantes que representaran simbólicamente a los tres países que más habían padecido la barbarie bélica que había puesto fin al horror nazi, pero las autoridades soviéticas no permitieron que Galina Vishnévskaia viajara a Inglaterra para cantar al lado de un alemán, Dietrich Fischer-Dieskau, por lo que hubo de ser sustituida in extremis por la británica Heather Harper. La terna solista la completaba, por supuesto, el tenor Peter Pears, la fiel pareja del compositor.

Pacifista convencido, Britten concibió el War Requiem no sólo como un hondo alegato antibélico, sino como una profunda reflexión sobre los horrores que acompañan a cualquier guerra: una misa para que descansen los muertos y mediten los vivos. La cima emocional de la obra se reserva para el Libera me final, en cuyo centro Britten sitúa uno de los poemas más estremecedores de Owen, «Strange Meeting», el extraño encuentro que se produce bajo tierra, en «un túnel hondo y gris», entre un soldado inglés y un combatiente alemán al que él mismo ha matado el día anterior. Ambos encuentran la liberación y reconciliación final cuando se disponen a dormir, juntos y en paz, el largo sueño de la muerte mientras el coro de niños entona un etéreo y consolador In Paradisum.

Las guerras continúan, implacables, a nuestro alrededor, pero el War Requiem –una obra no sólo para escuchar, sino también para ver– sigue proclamando, claro y fuerte, su mensaje.
Luis Gago

Mahagonny

Ascenso y caída de la ciudad de Mahagonny: “Cada uno se hace su cama en este mundo”

Teatro Real, 19.50h. Es el inicio de temporada y los palcos están relucientes. La gran araña central ilumina los nuevos y sedosos vestidos que acompañan a las perfumadas damas que, a su vez, acompañan a sobrios y elegantes caballeros. Todo es expectación y glamour, todo es exquisitez y lujo. Por favor, desconecten sus teléfonos móviles.
Sube el telón y un gran estercolero aparece ante nosotros, y todo junto y a la vez comparte el mismo espacio. Uno es consecuencia del otro y esto es lo que Kurt Weill nos quiere mostrar. Esa es la grandeza de Mahagonny.
Dos años dedicó Weill a trabajar sobre esta obra. Años de entre guerras. Los años 20 y 30 fueron lo suficientemente estimulantes como para hacer de ellos los de mayor creatividad musical y operística de toda la historia. Se aglutinaron en aquel momento ritmos, géneros, compositores, intérpretes, escritores… El clasicismo convivía con una explosión de música y literatura representada por Kurt Weill, Alban Berg, Korngold, Schomberg… Autores de obras que bien podían haber sido escritas ayer mismo. Tal es el caso de Mahagonny. Una obra que apuntaba entonces de manera acertada el futuro, y que la casualidad ha querido que esta producción aterrice en Madrid, precisamente en este momento. La lucidez de la música de Kurt Weill y el libreto de Bertolt Brecht, han provocado las mentes, siempre hirviendo, de Alex Ollé y Carlus Padrissa. Nos han situado delante de nuestros propios detritus. De la decadencia de una sociedad fantasma, zombie, donde se representan, de una particular manera, los siete pecados capitales.
Un escenario cargado de basura y de una gran plasticidad, llena de volúmenes que no dejan de crecer a lo largo de la obra. Como solo un basurero crece.
Los componentes de La Fura dels Baus han planteado en esta ocasión un escenario sobrio, sencillo, sin las grandes producciones metalúrgicas y tecnológicas a las que nos han acostumbrado últimamente. Solo montañas de basura que se cubren, a veces y como en cualquier ciudad, de aparentemente aterciopelados campos de golf que, pretenden tapar aquello que más pronto que tarde acabará deglutiéndolos.
Sobre el escenario todo se hace de manera compulsiva y alienada. Todo se consume de forma colectiva e instintiva, desde comer, sobre un gran comedero industrial como pollos en una granja. O el sexo, practicado multitudinariamente y de manera mecánica. Una escena “porno” muy bien resuelta, incluso, elegantemente resuelta sobre colchones que se mueven al gracioso ritmo de la música.
Todo ello iluminado genialmente por Urs Schönebaum, que contribuyó al ambiente delirante de la ciudad.
La música fue una agradable sorpresa. Mucho más compleja de lo que se podía esperar. Intercalaba canciones con un cierto aire de musical que, lejos de desmerecer a la obra, proporciona una gran vitalidad. Una música llena de energía, por momentos trepidantes, fruto de la joven batuta (aunque dirige sin ella) del director granadino Pablo Heras-Casado. No se arredró y dirigió con firmeza y brío hasta el réquiem final a una Orquesta del Teatro Real que estuvo brillante. A destacar, sobre todo, la sección de metales.
El reparto formó un conjunto muy equilibrado. Algo que pocas veces ocurre y que hizo subir la media de calidad de la representación.
No hubo voces que resaltaran de manera sobresaliente. Jenny, interpretada por la soprano canadiense Measha Brueggergosman, puso voz a una interpretación magistral. Es una Jenny espectacular aunque algo escasa de potencia. Fue de menos a más, una lástima si tenemos en cuenta que la pieza más conocida es al principio, “Alabama Song” en la que faltó una voz más plena y potente. No fue así en el momento de seducir a Jim, fue de una sensualidad canora fantástica.
El peso de la obra en el segundo y tercer acto, recae sobre la voz de Jim Maclntyre, interpretado por Michael König, un tenor ligero, pero provisto de una voz con matices metálicos y brillo. Papel casi wagneriano por lo exigente y resuelto muy dignamente.
El resto del reparto muy equilibrado, los roles estaban perfectamente definidos, incluso el físico era el adecuado. El tono de los recitativos impregnó a los delincuentes venidos a gobernantes de potestad y vigor ante los peculiares habitantes de la nueva ciudad. La mezzosoprano norteamericana Jane Henschel, con una voz sólida y segura como su personaje. El tenor Donald Kaasch con un buen registro medio y voz ágil, además de dotar a su personaje de gran comicidad. Destacar también al bajo-barítono jamaicano Willard White y el tenor John Easterlin. Este último demostró su paso por Broadway con una interpretación casi buffa de su personaje.
Otra de las novedades fue el coro. A falta de algunos ajustes en los ataques, el empaste, y algún divo que anda suelto, lo que hemos escuchado resulta muy prometedor después de un año de travesía por el desierto. Potencia y calidad y unos pianos apreciables. Un coro que, no solo canta, también interpreta y monta/desmonta escenarios. Unas voces de gran calidad que bajo la dirección de Andrés Máspero prometen grandes momentos.

Kurt Weill (1900-1950)
Libreto: Bertolt Brecht
D. musical: Pablo Heras-Casado
D. escena: Alex Ollé, Carlus Padrissa.
Reparto: Jane Henschel, Donald Kaasch, Willard White,
Measha Brueggergosman, Michael König, John Easterln, Otto Katzameier,
Steven Humes
Orquesta y Coro del Teatro Real de Madrid
2 Octubre 2010