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Peter Sellars Archives - Brío Clásica
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Only the sound remains
Kaija Saariaho (1952)
Opera en dos partes
Libreto de Ezra Pound y Ernest Fenollosa, basado en Tsunemasa
y Hagaromo, dos piezas del clásoco teatro noh japonés.
Nueva producción del Teatro Real, en coproducción con De Nationale Opera & Ballet de Ámsterdam, la Finnish National Opera de Helsinki, la Opéra National de Paris y la Canadian Opera Company de Toronto.
D. musical: Ivor Bolton
D. escena: Peter Sellars
Escenógrafa: Julie Mahretu
Figurinista: Robby Dulveman
Iluminador: James F. Ingalls
Diseñador de sonido: Christophe Lebreton
Ingenieros de sonido: Timo Kurkikangas, David Poissonnier
Reparto: Philippe Jaroussky, Davone Tines,
y la bailarina Nora Kimball-MentzosNho quiere decir acción o talento. Es la forma más tradicional de teatro japonés. Nho integra el canto la danza y la poesía de forma sutil y elegante en unas escenografías extremadamente sencillas, donde nada cambia y solo aparece la figura de un pino como único elemento escénico. Nada debe distraer de lo verdaderamente importante, la expresión de las emociones humanas.

Ernest Fenollosa, uno de los japonólogos más importantes, dejó tras su muerte en 1908, algunas traducciones inéditas de piezas tradicionales del teatro noh japonés. El poeta estadounidense Ezra Pound, perteneciente a la Lost Generation, y firme defensor de poner la poesía antigua al servicio de una concepción más moderna y conceptual, adaptó dos de esas obras traducidas por Fenollosa, Tsunemasa y Hagaromo, que han sido la base inspiradora de la obra de la compositora finlandesa Kaija Saariaho.

Only the sound remains no es una ópera al uso. Se encuentra en la vanguardia de la música contemporánea, con todo lo que esto supone en cuanto a la experimentación con el sonido. Un tratamiento conceptual donde Saariaho emulsiona elementos tradicionales, como el Kantele, instrumento tradicional finlandés, y elementos electrónicos para modificar o amplificar el sonido. Saariaho crea una música atmosférica, un experimento sonoro y filosófico en el que hay que abandonarse, algo que no siempre es fácil o posible.

Como en el teatro noh, la escenografía de Peter Sellars, buen conocedor y admirador de las corrientes minimalistas orientales, ha dibujado un escenario extremadamente sencillo. El pino como único elemente escenográfico del noh, ha sido sustituido aquí por dos lienzos de la artista de origen etíope, Julie Mehretu.

El encargo para esta producción consiste en dos lienzos de gran tamaño en los que ella ha trazado una serie de marcas de tinta a distintos niveles que nos dan rápidamente una impresión de caligrafía china o japonesa. Realiza sus obras durante varios meses pintando capa sobre capa. En Only the sound remains puede verse la evolución de esas capas al tiempo que avanza la obra, lo que profundiza en su espiritualidad.

Las dos historias que componen esta ópera son muy sencillas, pero también profundas. Nos hablan de pérdidas, de renuncias y de reencuentros. Del rastro (el sonido) que deja en nuestras vidas aquello que un día amamos. En la primera, “Always Strong”, un guerrero muerto en batalla regresa como fantasma para intentar volver a tocar su laud.

La segunda historia, “Feather Mantle”, trata de un pescador que encuentra una hermosa capa de plumas propiedad de un ángel que la necesita para regresar al cielo. El pescador la devolverá a cambio de contemplar una danza celestial.

La primera es una historia sombría, angustiosa. La segunda es una historia luminosa y cautivadora. Ambas están interpretadas por el contratenor Philippe Jaroussky, el joven espíritu y el ángel, y por el bajo barítono Davone Tines, sacerdote y pescador. Para ambos intérpretes escribió Kaija Saariaho estos personajes. La voz de de Jaroussky, que ha perdido parte de la pirotécnia de sus inicios pero ha ganado en matices y intensidad, es perfecta para los personajes sobrenaturales que interpreta. En algunos momentos su voz es distorsionada por ordenador lo que proporciona un efecto tímbrico sorprendente.

Más discretas son las prestaciones vocales del barítono Davone Tines, pero abordó sus dos protagonistas con solvencia. En el aspecto teatral, no hay que achacarle a él el estatismo de sus personajes, esa falta de movimiento es muy del gusto del genial Sellars.

La bailarina Nora Kimball-Mentzos, musa y colaboradora en numerosas producciones de Peter Sellars, llenó el escenario en la segunda historia con una danza llena de sensibilidad y delicadeza. Durante el tiempo que está en escena, no puedes dejar de observarla.

En una parte elevada del foso se encuentran los siete músicos, un cuarteto de cuerda, Meta 4 Quartet, formado por Antti Tikkanen y Minna Pensola, violín, Atte Kilpelänen, alto, Tomas Djupsjöbacka, violonchelo, Heikki Parviainen, percusión, Eija Kankaanranta, kantele y Camila Hoitenga, flauta. Junto a ellos el cuarteto vocal Theatre of Voices, formado por Else Trop, soprano, Iris Oja, alto, Paul Bentley-Angell. Tenor y Steffen Brunn, bajo. Ambos ensembles llevan tiempo colaborando con Kaija Saariaho. Este conocimiento mutuo y el virtuosismo de todos ellos consiguen unos resultados sonoros sorprendentes. Emiten todo tipo de sonidos con una precisión milimétrica a las órdenes de un Ivor Bolton exacto y riguroso en cada una de sus indicaciones, creando una textura atmosférica envolvente.

Quizá estas formas de expresión artística requieran de un espacio más recogido, más íntimo. En cualquier caso, siempre es un acierto programar nuevas experiencias que no serían posibles de otro modo.

Texto: Paloma Sanz
Fotografías: Javier del Real

Only the Sound Remains

Se ofrecerán 7 funciones de la ópera, entre el 23 de octubre y el 9 de noviembre, en una coproducción del Teatro Real con la Nationale Opera & Ballet de Ámsterdam, la Opéra national de Paris y la Canadian Opera Company.

Peter Sellars, responsable, junto a Kaija Saariaho, de la génesis de la ópera, ha concebido una puesta en escena estilizada, hipnótica y poética, que invita a la participación ritual del público.

La escenografía es de la gran pintora etíope Julie Mehretu, conocida por sus murales abstractos y estratificados, de la que el Centro Botín ha ofrecido recientemente, con gran éxito, la más completa retrospectiva europea.

Only the Sound Remains será interpretada por el mismo trío protagonista que estrenó la partitura en 2016: el contratenor Philippe Jaroussky, el bajo-barítono Davone Tines y la bailarina Nora Kimball-Mentzos.

Junto a ellos actúan el cuarteto vocal Theatre of Voices, el cuarteto de cuerdas Meta4 Quartet, tres músicos finlandeses -Camila Hoitenga (flauta), Eija Kankaanranta (Kantele, instrumento tradicional finlandés) y Heikki Parviainen (percusión)-, conChristophe Lebreton y Timo Kurkikangas en el diseño y tratamiento del sonido.

Al frente de este conjunto camerístico estará Ivor Bolton, director musical del Teatro Real, al que veremos explorar un nuevo registro dentro de su amplísimo repertorio.

En torno a Only the Sound Remains se están ofreciendo, desde el pasado 10 de octubre, múltiples propuestas culturales en el Teatro Real, Instituto Internacional, Residencia de Estudiantes y Museo de Artes Decorativas.

Radio Clásica, de RNE, retransmitirá en diferido Only the Sound Remains, en fecha todavia por determinar.

Las funciones de Only the Sound Remains están patrocinadas por la Fundación BBVA.

El próximo 23 de octubre se estrena en España Only the Sound Remains, de la compositora finlandesa Kaija Saariaho (Helsinki, 1955), encargada y coproducida por el Teatro Real junto con la Nationale Opera & Ballet de Ámsterdam, la Ópera Nacional Finlandesa, la Opéra national de Paris y la Canadian Opera Company.

El estreno mundial de la ópera ─con dirección de escena de Peter Sellars, y protagonizada por el contratenor Philippe Jaroussky, el bajo-barítono Davone Tines y la bailarina Nora Kimball-Mentzos tuvo lugar en Ámsterdam el 15 de marzo de 2016. Posteriormente se presentó en Helsinki (abril de 2017) y en París (enero 2018), siempre con una excelente acogida por parte del público y de la crítica internacional.

La ópera se basa en dos evocadores cuentos que tradujo Ezra Pound (1885-1972), extraídos de la recopilación de relatos orientales que escribió el poeta y japonólogo de ascendencia española Ernest Francisco Fenollosa (1853-1908) partiendo del teatro noh japonés.

En el primer cuento, Always Strong (Siempre fuerte), un joven guerrero y virtuoso laudista, muerto heroicamente en el campo de batalla, reaparece convertido en un atormentado fantasma, incapaz de tañer su bello instrumento como otrora; en el segundo, Feather Mantle (El manto de plumas), un pescador encuentra una deslumbrante capa de plumas que solamente está dispuesto a devolver al ángel que la posee, si éste le baila su danza celestial.

La riquísima paleta sonora de Kaija Sariaaho, de sorprendentes texturas tímbricas, armonías flotantes y una depurada utilización del tratamiento electrónico del sonido, concede a ambos relatos una atmósfera cósmica y misteriosa, en los que la trama, como una alegoría, se diluye en una especie de celebración metafísica.

Las dos historias, de temas independientes, pero de simétrico andamiaje, indagan sobre nuestra relación con lo sobrenatural, con seres y universos intangibles, con un mundo espiritual cada vez más alejado de la realidad física, material y veloz que nos atrapa. En esta huida hacia delante Peter Sellars reivindica la ópera como un puente simbólico hacía ese ‘otro lado’, una travesía mágica con la participación, casi ritual, del público.

Philippe Jaroussky, protagonista de los dos cuentos que conforman la ópera, vuelve al Teatro Real después de sus actuaciones en Celos aún del aire matan de Juan Hidalgo (2000), L’incoronazione di Poppea de Claudio Monteverdi (2010), y dos conciertos: uno dedicado a Händel ─Fuegos de artificio de un castrato (2011)─ y otro, a Vivaldi (2014).

En Only the Sound Remains su voz alcanza registros y timbres casi sobrehumanos, debido al tratamiento electroacústico concebido por Kaija Saariaho, que escribió los papeles especialmente para él. A su lado, dos artistas afroamericanos: la bailarina Nora Kimball-Mentzos, que desdobla su personaje, y el bajo-barítono Davone Tines, habitual colaborador de la compositora.

Junto a ellos el cuarteto vocal Theatre of Voices ­–Else Torp, Iris Oja, Paul Bentley-Angell y Steffen Bruun─, el cuarteto de cuerdas Meta4 Quartet ─Antti Tikkanen, Minna Pensola, Atte Kilpeläinen y Tomas Djupsjöbacka─ y tres instrumentistas finlandeses: Heikki Parviainen (percusión), Camila Hoitenga (flauta) y Eija Kankaanranta (Kantele, instrumento tradicional finlandés semejante a la cítara).

Al frente de este conjunto camerístico estará Ivor Bolton, director musical del Teatro Real, al que veremos explorar un nuevo registro dentro de su amplísimo repertorio, con la sensibilidad y musicalidad que exige la partitura.

En Only the Sound Remains el coro, orquesta y solistas que conforman una ópera tradicional se reducen a un pequeño conjunto vocal e instrumental acrisolado y orgánico, que actúa en un espacio espectral enmarcado por los murales abstractos de Julie Mehretu ─una de las más brillantes artistas plásticas actuales─, a los que da vida la iluminación mutante y evocadora de James F. Ingalls: una obra para dejarse llevar cuando baja el telón y el mundo se para.

imagen de la ópera The Indian Queen

Y por fín llega Purcell al Teatro Real. Lo hace con una de sus obras menos conocidas y representadas, The Indian Queen. Y, como no, rodeada de polémicas previas. Sobre todo por parte de quienes presumen en esta producción segundas o terceras intenciones. Descontextualizar la historia, la de hace 500 años, como la de hace 70, es una tarea pendiente para muchos.

Conviene decir que el público de la función de estreno tiene sus propias peculiaridades. Son muchas las ocasiones en las que el veredicto final es muy diferente al resto de representaciones. Y así ha sido también en esta ocasión. Los abucheos al final de la primera parte de esta función, se tornaron aplausos en representaciones posteriores. Es este un misterio que podría ser objeto de estudio. Desde aquí lanzo esta hipótesis por si algún curioso se interesa por el tema.

The Indian Queen es la última obra del compositor inglés Henry Purcell en 1695. Se trata de una obra inacabada. El compositor murió helado en la calle una noche de borrachera después de que su mujer no le dejara entrar en casa. Fue su hermano quien se encargó de finalizarla con un estilo mozartiano poco afortunado. Desde entonces son varias las ocasiones en las que se ha querido dotar a esta obra de otro final que no siempre ha sido el más acertado.

Pero situémonos antes de valorar la verdadera proporcionalidad de la nueva versión de Peter Sellars. Purcell inició sus composiciones a una edad muy precoz, con apenas 15 años se publicaron sus primeras obras y pronto inició una brillante carrera profesional. La Inglaterra de los primeros años de Purcell era la de la época de los puritanos. Estaban prohibidas casi todas las expresiones artísticas y los teatros permanecían cerrados. El joven Purcell se limitaba entonces a composiciones de carácter litúrgico ya que la ópera, como tal, no se conocía aún en Inglaterra. Sería Haendel quien introdujese las primeras óperas de estilo italiano. Con la restauración monárquica y la llegada al trono de Carlos II, se reabrieron los teatros y la vida cultural y social regresó a las ciudades inglesas. En esta inédita situación, la demanda de nuevos “productos” culturales fue extraordinaria. Y las inquietudes de Purcell por la música, el teatro o la danza, le llevaron a realizar las primeras composiciones. Nacen así las llamadas semióperas, dramas musicales interpretados por personajes secundarios, a menudo alegóricos, mientras la acción principal es relatada oralmente.

The Indian Queen, cuya partitura original apenas dura 50 minutos, es una semiópera formada por las llamadas masques o divertimentos que reúne poesía, música y complicados decorados donde la danza y otras expresiones artísticas tienen cabida. La versión que Peter Sellars ha creado tras más de 25 de admiración y profundización en esta obra, ha tenido un colaborador necesario, Teodor Currentzis. Con él coincidió cuando ambos ensayaban Iolanta y descubrieron su pasión común por el compositor inglés y por esta obra en concreto. El resultado responde casi milimétricamente al concepto clásico de semiópera. Con una duración de casi cuatro horas tras la incorporación de himnos y salmos del propio compositor, en su mayoría litúrgicos, pero perfectamente imbricados en la nueva literatura de la obra, proporcionando equilibrio y coherencia dramática. Ese dramatismo oscuro y desgarrador con el que Purcell se despide del mundo. Sellars ha transformado también el libreto original con una reescritura encargada para la ocasión a Rosario Aguilar. Escritora nicaragüense, autora de “La niña blanca y los pájaros sin piel”. Esa niña blanca es Leonor, hija de Teculihuatzin (Doña Luisa) y el conquistador Don Pedro de Alvarado. Ambos protagonistas de la historia.

La obra comienza con el dinamismo del cuadro de bailarines evolucionando en silencio hasta que comienza la música. Dinamismo que será una constante en la obra. Como lo serán también los silencios, esos silencios valorativos a los que Sellars recurre como elemento reflexivo entre interludios. El escenario es sencillo y limpio. Tan solo las obras expresionistas de Gronk visten el escenario de lado a lado llenando de fuerza y simbolismo cada una de las masques. La discreta y delicada iluminación de James F. Ingalls dota de vida y movimiento estos inmensos lienzos que embellece a su vez con los efectos de los juegos de sombras.

El cuadro de bailarines formado por Burr Johnson, Takemi Kitamura, Caitlin Scranton y Paul Singh es uno de los distintos planos artísticos que se desarrollan a la vez sobre el escenario. Tienen un peso y un protagonismo extraordinario. El estadounidense Christopher Williams, ha creado una coreografía actual, elegante y precisa, basada en las danzas barrocas cortesanas y es ejecutada con una brillantez magistral por estos cuatro artistas. Resaltar la exquisitez de movimientos de Caitlin Scranton.

La obra es narrada por Leonor, la niña blanca, interpretada por la actriz puertorriqueña Maritxel Carrero. Su presencia es escena, discreta pero rotunda, va presentando los interludios donde las mujeres, conquistadoras e indígenas, son las protagonistas. Poner en primer plano la importancia de la mujer, siempre omitida por la historia, es uno de los propósitos de esta obra, otorgándoseles un papel mediador entre los conflictos que entablan los protagonistas masculinos. Pero tanta narración resulta excesiva y, a pesar de un inglés perfectamente entendible, y de una muy buena proyección de voz sin amplificación alguna. Mucho público acabó desertando de los subtítulos. La historia narra la tragedia que se vivió durante las conquistas españolas en el Nuevo Mundo, Sellars se ha centrado en el drama de la conquista espiritual. Despojar a un pueblo de sus dioses para obligarles a adorar a otros. Argumento en sintonía con los cuestionamientos más profundos que Purcell se planteaba a través de su música, y que van abriéndose paso a través de los himnos y salmos escogidos por Sellars para completar la obra.

El cuadro de jóvenes cantantes está encabezado por Jilia Bullock, que interpreta a la reina Teculihuatzin o Doña Luisa, una vez cristianizada. Con un físico y una presencia muy adecuada al personaje, su voz extensa y consistente, acompañó en todo momento una muy buena dramatización. Muy bien en las escenas finales de su enfermedad y muerte, a pesar de la lentitud, al borde del aburrimiento, que en ese momento alcanzó la obra.

La soprano bielorrusa Nadine Koutcher dio vida a una extraordinaria y serena Doña Isabel con una voz redonda y pulida. Su “O solitude”, de un dramatismo sobrecogedor y un maravilloso pianissimi en “See, even night herself is here” que resultó conmovedor.

El contratenor coreano Vince Yi, dueño de un exótica y hermosa voz, impresionó por su ligereza en la coloratura y extraordinarios agudos. No le acompañó, como a la mayoría de protagonistas, el vestuario.

El otro contratenor de la noche, el francés Christophe Dumaux como Ixbalanqué, interpretó algunas de las piezas más conmovedoras, interpretadas con un exquisito gusto y timbre dramático como en “Music for a while”.

Los protagonistas masculinos, Markus Brutscher, como Don Pedrarias Dávila y Noah Stewart, Don Pedro de Alvarado, que solo canta en la segunda parte, son los elementos vocales menos brillantes de la producción. Stewart no pasó de la discreción y tuvo dificultades en la emisión si su postura no era totalmente vertical. Los uniformes militares que vestían y alguna escena cervecera, deslucieron un tanto en medio de tanta belleza escénica.

Sin duda, la voz más importante de la noche fue la del coro, MusicAeterna. Unísonos impecables que solo pueden ser producto de un trabajo constante e incansable bajo la dirección du su titular, Teodor Currentzis. No hubo frialdad, todo lo contrario. La disciplina puesta al servicio de la expresión artística más elevada. Siempre atentos a las entradas, a los silencios, a una perfecta respiración acompasada. Potentes entradas en volumen o en crecendo, y todo ello envuelto en la mística de las emociones.

Currentzis es, sin duda, uno de los directores que más vertiginosamente crece en el panorama internacional y una de las batutas más caudalosas. El tempo dramático con el que llevó a la orquesta y al coro. La comunicación y conocimiento que existe entre él y los cuerpos estables de la Opera de Perm, se aprecia en cada momento de la obra. Un sonido pulcro y refinado, lleno de efectos emocionales. El sonido del continuo, dirigido por Andrew Lawrence-King, y el de los archilaúdes y el salterio. Pero el sonido extraído del laúd y la tiorba, creando una atmósfera oscura, dramática en el acompañamiento de los salmos, centrando el carácter barroco de toda la obra y el sentimiento que Purcell puso en ella. Un sonido pulido en su espesura, que invitaba al recogimiento permanente, a la exaltación contenida o, simplemente, al entusiasmo interior, ese con el que es transmitido.

Sensibilidad, dramaturgia, fuerza, equilibrio, delicadeza, belleza… Literatura, música, teatro, danza, pintura, canto… El mundo en el escenario.

The Indian Queen Henry Purcell (1659-1695)
Semiópera en cinco actos y un prólogo con música de Henry Purcell y libreto de John Dryden
Nueva versión de Peter Sellars con textos de Katherine Philips, George Herbert y otros
Testos hablados extraídos de la novela “La niña blanca y los pájaros sin pies”, de Rosario Aguilar
Nueva producción del Teatro Real, en coproducción con la Ópera de Perm y la English National Opera de Londres
D. musical: Teodor Currentzis
D. escena: Peter Sellars
Escenógrafo: Gronk
Figurinista: Dunya Ramicova
Iluminador: James F. Ingalls
Coreógrafo: Christopher Williams
D. coro: Vitaly Polonsky
Reparto: Vince Yi, Julia Bullock, Nadine Koutcher, Markus Brutscher, Noah Stewart, Christophe Dumaux, Luthando Qave, Maritxell Carrero
Bailarines: Burr Johson, Takemi Kitamura, Caitlin Scranton y Paul Singh
Coro y Orquesta de la Ópera de Perm (MusicAeterna)

Ainadamar

Presentaba el Teatro Real un cartel excepcional encabezado por Nuria Espert y Peter Sellars. En una obra de Osvaldo Golijov sobre la obra y la muerte de Federico García Lorca. Elementos todos ellos muy atractivos en el final de una temporada apasionante, tanto en los apectos positivos como en los negativos. En los artísticos y en los organizativos.
Ainadamar quiere poner un brillante broche para concluir una más que interesante temporada. Pero, ¿lo consigue? Todo indica que existen en esta producción demasiados desequilíbrios como para que la balanza se decante, claramente, por alguno de los dos lados.
Cómo es posible que una obra con tan solo algunos retazos de interés, pretendidamente contemporánea y, sin embargo, tonal, pueda generar tanto interés como para ser colofón de temporada en el Real. Es obvio que el tema a tratar, Lorca, y el concurso de la que se puede denominar su biógrafa artística, Nuria Espert, son cuestiones suficientemente atractivas para movilizar medios y espectadores.
Una coreografía a cargo de Peter Sellars, que esta temporada ha firmado los éxitos en este mismo Teatro de Iolanta y Phersephone, complementan el interés por esta obra del compositor argentino Osvaldo Golijov.

La obra se inspira en la relación de amistad que hubo entre el poeta granadino y la actriz catalana Margarita Xirgu, y el sufrimiento e incredulidad de ésta ante la muerte de Lorca. Para evocar estos momento, Sellars ha intercalado, de manera muy acertada, los nueve poemas del “Diván de Tamarit”, que son recitados por la voz profunda y rozada de Nuria Espert. La orquesta adorna el tránsito entre los poemas con sonoridades flamencas, árabes y jazzisticos que se entremezclan con los cantes de Jesús Montoya desde el proscenio.

La escena es sobria y despojada de cualquier elemento. Solo un tríptico de figuras abigarradas de Gronk, evocando un Guernica mejicano, aporta el colorido que contrasta con la protagonista de la obra, la muerte. Una iluminación muy adecuada consigue crear los distintos ambientes y efectos escénicos.
Un coro de una docena de mujeres enlutadas, muy lorquianas ellas, se desenvuelven por el escenario, siempre acompañando como plañideras a las mujeres protagonistas que rodean y sufren por Lorca.

Nada hay que decir de las voces puesto que están amplificadas. El efecto es desolador y resulta imposible apreciar unas voces de tal manera distorsionadas. La delicadeza del instrumento de Nuria Rial queda inédito ante la insistencia tecnológica de este error. También por el escaso lucimiento del personaje. Lo mismo ocurre con el resto del reparto. El propio Jesús Montoya es amplificado en exceso y sin necesidad.

Existen momento intensos, como el asesinato de Lorca, que se repite una y otra vez, y una y otra vez Lorca se levanta. Como una bella metáfora de esperanza. Impresiona también escuchar grabaciones de Antonio Labad leyendo la arenga anticomunista de Millán Astraiy. Resulta sobrecogedor.
EL final de la obra se ilumina con la luz de la calle al quedar abierta toda la caja escénica en un efecto interesante y lleno de simbolismo.

La dirección de Alejo Pérez fue muy equilibrada y matizando los distintos estilos musicales que confluyen en esta interesante composición. Mérito a compartir con los músicos invitados: Jeremy Flower, que generó efectos de sonido hermosos, aunque algo exagerados de volumen en ocasiones; Gonzalo Grau, toda una lección de percusión exótica, y Adam del Monte a la guitarra flamenca.

Ainadamar
Osvaldo Golijov (1960)
Teatro Real, Madrid 10-07-12
Drma lírico en un acto y tres imágenes
Libreto de David Henry Hwang
D. musical: Alejo Pérez
D. escena: Peter Sellars
Escenógrafo: Gronk
Iluminador: James F. Ingalls
Nuria Espert, Jessica Rivera, Kelley O´Connor, Nuria Rial, Jesús Montoya, Marco Berriel, Miguel Ángel Zapater, David Rubiera, Ángel Rodriguez

Iolanta Persephone

IOLANTA. LA GRAN MENTIRA

Siempre me han fascinado las obras que fracasaron en su estreno”. Con estas palabras justifica Peter Sellars, entre otras razones, la elección de Iolanta para esta producción. A pesar de haber sido estrenada junto al Cascanueces, Iolanta no es una ópera para niños. Es el trabajo más personal y visionario de Chaikovski. Fue su última composición unos meses antes de morir, tranquila, pero voluntariamente. Es por ello que contiene las emociones más profundas de un compositor atormentado e increíble. Y esto se corresponde con una melodía extremadamente bella.

El argumento está lleno del simbolismo romántico que impregna casi todas las artes a finales del siglo XIX.
Iolanta merecería por sus características musicales, y sobre todo por su intensidad dramática, no compartir cartel con ninguna otra. Pero su duración, apenas una hora y media, hace que esto sea imposible en las programaciones de cualquier teatro. La necesidad de completar el cartel nos lleva a la primera cuestión, ¿con qué obra acompañamos Iolanta?. Teniendo en cuenta que es una coproducción con Rusia, parece inevitable que se trate de otro compositor ruso, por lo que la elección de Stravinski parece normal. Lo que resulta un tanto desconcertante es que haya sido Perséphone la elegida. Ambas son obras de una intensidad muy desigual. La energía explosiva con la que finaliza Iolanta no tiene continuidad con la delicada sobriedad que da entrada a Perséphone. El tránsito entre ambas, un descanso de treinta minutos, no es suficiente para conseguir el equilibrio.

Ninguna de las dos obras tiene un momento de rutina. Iolanta cuenta con un libreto prodigioso, aunque pueda parecer una historia trivial o cursi. Un rey que oculta a su hija ciega que lo es, y que para ello utiliza una gran mentira de la que hace cómplice al resto de la corte.

Con estos mimbres, el director de escena Peter Sellars, ha dado forma a una escenografía con la que quiere, utilizando la línea dramática de San Francisco, transmitir un mensaje de esperanza. Sobre como vivir mejor, cambiar nuestra vida prescindiendo de lo material y la riqueza. ¿Realmente se consigue este efecto?

El escenario es de una sobriedad casi absoluta. Apenas unos marcos que, a modo de puertas, funcionan como elementos de referencia en escena. Lo completan unos paneles de fondo que se alternan a lo largo de las escenas limitándose a proporcionar diferentes colores, primero en un escenario lleno de oscuridad, y luz intensa para proyectar el final.

El equipo artístico formado por Peter Sellars y el joven director musical Teodor Currentzis, se han permitido la licencia de incorporar a la obra un pasaje que no le pertenece. Se trata de un coro sacro del mismo compositor.
Lo han situado al final de la obra, justo antes del tableu final, y, a pesar de no corresponder en absoluto a la línea musical, es todo un acierto. Está cargado de una intensidad y contención que otorga al final de la obra una fuerza aún mayor.
En algunos momentos aparece en ambas obras, un cuarteto de cuerda que acompaña a los personajes sobre el escenario haciendo especiales esos momentos en escena.

La partitura de Iolanta es increíblemente bella. Hay momentos en los que se crea una atmósfera arrebatadora, sublime. Momentos intensos y hermosos de las cuerdas, sobre todo del primer violín. O de las arpas y las voces femeninas del coro acompañando un tercetto o aria de conjunto.
La Orquesta volvió a estar muy bien, y ya nos estamos acostumbrando, de la mano de Currentzis. Un joven director que ya demuestra experiencia y solvencia.

Nos habían dicho que los cantantes son los mejores con los que actualmente cuenta Rusia. Algunos demostraron estar en esa élite, como Dimitry Ulianov, que interpreta al rey René. Un bajo muy solvente y desahogado que acompaña su voz con una gran presencia escénica.
El ya conocido, y casi de la casa, Willard White como Ibn-Hakia, acomete con dignidad su personaje. Una voz correcta, pulida y compacta con una buena proyección.
Pavel Cernoch, como Vaudémont posee un instrumento con muchos brillos, casi destellos. Una voz esmaltada que sin duda tiene que evolucionar.
Un tanto decepcionante fue la actuación de Ekaterina Scherbachenko, Iolanta, una voz de bello y encantador timbre, expresiva y redonda, hasta que llegó la menor dificultad y fracasó en unos agudos nada estratosféricos que adornaban su papel. Fuelle suficiente pero escaso apoyo.
El resto de reparto fue muy solvente contribuyendo a un cuadro de cantantes equilibrado y compacto.
Una vez más hay que rendir homenaje a un coro que no acompaña, sino que es un personaje más cada vez que participa y no un personaje menor. Brillante.

IOLANTA
Piort Ilich Chaikovski(1840-1893)
Ópera lírica en un acto
Libreto de Modest Chaikovski
Basado en La hija del rey René de Henrik Hertz
Ulianov/Markov/Cernoch/Scherbachenko/
White/Efimov/Kudinov/Semenchuk/Churilova/Singleton.
Nueva coproducción del Teatro Real con el Teatro Bolshoi de Moscú.
D. musical: Teodor Currentzis
D. escena: Peter Sellars
Escenografía: George Tsypin
Iluminación: James F. Ingalls
Coro y Orquesta titulares del Teatro Real
Pequeños cantores de la JORCAM

PERSÉPHONE. EL RENACIMIENTO

Esta es la historia de la resurección, de la renovación de la vida” según el criterio de Peter Sellars. En un momento en el que el fascismo y el stalinismo se extienden por toda Europa, Stravinski hace un esfuerzo por regresar a los mitos de la salvación. Los mitos griegos más tempranos que tienen que ver con la cosecha, con el nacimiento de la cultura. Justo en esos momento (o en éstos), en los que la civilización parece que se está destruyendo, para Sellars “Chaikovski y Stravinski crean una música llena de ternura, fragilidad y delicadeza profunda”. En este espectáculo “la música cuenta una historia, la danza otra, la parte visual otra y todo funciona para crear la riqueza de una sociedad múltiple y democrática”, concluye.

Con Perséphone se plantea la segunda cuestión, ¿puede ser considerada un ópera o es “simplemente” un espectáculo escénico? Para Sellars se trata de “un ritual, una ceremonia” sobre el personaje mitológico de Perséphone que vive entre la tierra y el infierno.

Sobre el escenario, los mismos elementos que en Iolanta. Solo una mayor actividad de los paneles móviles y el cambio de luces diferencian escénicamente los dos montajes.

La actriz francesa Dominique Blanc, toda una institución en su país, declama el texto a modo de recitativo dramatizado. El tenor canadiense Paul Groves interpreta a Eumolpe con aséptica brillantez.
La parte de danza es interpretada por un grupo de bailarines camboyanos que son una perfecta metáfora para acompañar el argumento de la obra, el pueblo que vuelve del infierno. Como hizo Camboya tras el mandato de Pol Pot que exterminó, entre otros, a todos los bailarines de danzas tradicionales. Amrita Performing Arts constituyen una nueva generación nacida de las cenizas de aquella masacre.
El coro titular, acompañado en esta ocasión de los pequeños cantores de la JORCAM, continuó en su línea de brillantez. Solo matizar el incomprensible entrar y salir del escenario del coro como si fuera un entremés.

El balance final es positivo. Si quiere ser sorprendido por una música arrebatadora y por la energía positiva que se genera en la sala del Real durante ambas representaciones, no dude en comprar una entrada o, en su defecto, escucharla por radio o asistir a ella mediante el Palco Digital que el Teatro pone a disposición de quien quiera asistir vía Internet el día 24 de enero.

PERSÉPHONE
Igor Stravinski (1882-1971)
Madrid, Teatro Real 14-1-12
Melodrama en tres cuadros
Poema de André Gide
Paul Groves/Dominique Blanc
Bailarines: Sam Sathya/Chumvan Sodhachivy/Nam Narim/Khon Chansithyvka
(Amrita Performing Arts, Camboya)