Nabucco de Plácido Domingo en Les Arts

 

https://www.lesarts.com/
El Nabucco de Pácido Domingo triunfa en El Palau Les Arts de Valencia
Por Diego Manuel García Pérez.En el valenciano Palau de Les Arts, han tenido lugar seis representaciones de Nabucco, las cuatro primeras interpretadas por el incombustible Plácido Domingo. Ya, hacía meses que las entradas estaban agotadas. El tenor madrileño es un verdadero fenómeno mediático, que moviliza a cantidad de publico en cada una de sus actuaciones. Un público venido de todo el mundo, con japoneses incluidos, donde podían verse señoras vistiendo kimonos. El estado vocal del tenor madrileño, ya frisando los setenta y nueve años, importa poco a estos grupos de entusiastas admiradores, que vienen con la idea premeditada de aplaudirlo y mostrarle su admiración. A todo ello se añadía la circunstancia de que Domingo volvía a cantar en España, después de ser sometido a una ola de acusaciones por acoso sexual hace más de treinta años, no habiéndose producido ninguna denuncia judicial, pero que han deteriorado la figura de este mito de la ópera, hasta el punto de tener que renunciar a sus actuaciones en EEUU y abandonar la dirección artística que ostentaba desde 2001 de la Ópera de Los Angeles. En la representación a la que asistí, tuve la ocasión de conversar con un crítico venido de Argentina, quien me comentó con verdadera tristeza que el famoso teatro Colón de Buenos Aires, también había vetado su presencia. Los grandes centros operísticos europeos siguen apoyándole, como ha sido en el pasado Festival de Salzburgo, interpretando Miller de Luisa Miller de Verdi, donde fue intensamente aplaudido, y también en el homenaje que ha recibido en el Teatro alla Scala de Milán, en el cincuenta aniversario de su debut en ese teatro, pocos días después de las representaciones de Nabucco en Valencia, donde la polémica alrededor de Domingo estuvo servida, ya que, en contraste con el entusiasmo del público en el interior del Palau de les Arts, por su presencia y actuación, exteriormente tenían lugar manifestaciones de colectivos femeninos que portaban grandes pancartas, con la frase “Nabucodonosor acosador”. Independientemente de estas circunstancias, cabe señalar que estas funciones de Nabucco, aparte de la presencia de Plácido Domingo, tuvieron como gran triunfadora a la Abigaile interpretada por soprano napolitana Anna Pirozzi, quien ya había impresionado al público valenciano con este mismo papel, en las representaciones de Nabucco que tuvieron lugar en mayo de 2015. La Orquesta de la Comunitat Valenciana, bien dirigida por Jordi Bernàcer, también brilló a gran altura. Y, como siempre, el Coro de la Generalitat Valenciana obtuvo un gran éxito, en una ópera como esta donde tiene una muy importante presencia, incluido el coro “Va pensiero” el más famoso y popular de toda la Historia de la ópera Italiana.Nabucco es la tercera ópera compuesta por Verdi, con libreto de Temistocle Solera, y su estreno tuvo lugar en el Teatro alla Scala de Milán, el 9 de marzo de 1842, constituyendo un gran éxito, hasta el punto de ser representada en aquella temporada y la siguiente, en 57 ocasiones, algo que nunca había ocurrido anteriormente. En Nabucco pueden verse influencias de Donizetti y Bellini, pero sus vigorosas melodías, junto a un apasionado lenguaje vocal, son ya típicamente verdianos. En esta ópera, y por primera vez, Verdi le da gran relevancia a la voz de barítono, asignándole el papel protagonista de Nabucco. Y, el de Abigaille -de una dificultad extrema- a una soprano drammatica d’agilità, siendo interpretada en su estreno por Giuseppina Strepponi, destinada a convertirse en compañera sentimental de Verdi y su futura esposa. El papel de Zaccaria (Gran pontífice de los hebreos), es también muy importante y requiere un bajo de voz rotunda y de gran extensión. Después de unos años en que esta ópera fue masivamente representada en teatros italianos y europeos, cayó en cierto olvido, programándose en muy escasas ocasiones. Su estreno americano tuvo lugar en el Teatro Colón de Buenos Aires, en 1914. La verdadera recuperación de Nabucco fue realizada por el maestro Vittorio Gui, en 1933, en el Teatro alla Scala de Milán, y también, ese mismo año, en transcurso del primer “Maggio Musicale Fiorentino”, en ambos casos con dos grandes cantantes Carlo Galeffi (Nabucco) y Gina Cigna (Abigaile). Vittorio Gui también dirigió las famosas representaciones -con una grabación en directo- que tuvieron lugar en diciembre de 1949, en el Teatro San Carlo de Nápoles, con la extraordinaria creación de Abigaile realizada por María Callas. Los principales fragmentos de esta grabación se pueden escuchar en YouTube. Ya, en 1951, con ocasión del cincuenta aniversario de la muerte de Verdi, la RAI realizó una grabación de estudio, dirigida por Fernando Previtali, con la magnifica Abigaile de la soprano Caterina Mancini, que puede escucharse integra en Youtube. En 1960, Nabucco fue representado por primera vez en el Metropolitan neoyorkino, interpretado por la soprano austriaca Leonie Rysanek, con la vocalidad que demanda Abigaile, aunque un tanto alejada del estilo de canto verdiano. Junto a Rysanek intervenían dos importantes voces plenamente verdianas: el barítono Cornell MacNeill (Nabucco) y el bajo Cesare Siepi (Zaccaria). Elena Suliotis de impresionante vocalidad y efímera carrera, interpretó Abigaile en los años sesenta y setenta; también la búlgara Ghena Dimitrova, fue una excelente Abigaile entre finales de los años sesenta hasta los noventa. En 1968, interpretó por primera vez el personaje de Nabucco, el gran barítono Renato Bruson, un verdadero estilista del canto, como puede comprobarse en su interpretación realizada en el Teatro Regio de Parma, en enero de 1979, junto con la impresionante Abigaile de nuestra Angeles Gulin, fallecida prematuramente en 2004 (este año 2019 se ha cumplido el ochenta aniversario de su nacimiento). Resulta extraordinario escuchar el gran dúo de Nabucco y Abigaile en las voces de Gulín y Bruson, disponible en YouTube. Renato Bruson será el más importante interprete de Nabucco, durante más de treinta años. La soprano ucraniana María Guleghina se convertirá a partir de mediados de los años noventa, en todo un referente del personaje de Abigaile, por vocalidad y gran temperamento dramático. Lo interpretó por primera vez en la parisina Ópera de la Bastilla en 1995, alternándose con Julia Varady, junto a un gran elenco que incluía al gran bajo Samuel Ramey (Zaccaria), Jean François Lafont (Nabucco), Violeta Urmana (Fenena) y José Cura (Ismaele); y, al año siguiente, en la Arena de Verona junto a Renato Bruson (versión completa en video disponible en YouTube). Desde entonces hasta la más reciente actualidad, lo ha interpretado en muchísimas ocasiones por todo el mundo. Cabe resaltar la toma en video comercializado en DVD por DEUTSCHE GRAMMOPHON en el Metropolitan neoyorkino, en 2001, con dirección de James Levine, donde Guleghina compartía reparto con Joan Pons (Nabucco) y Samuel Ramey. Fragmentos de esta grabación pueden escucharse en Youtube. Solapándose con Guleghina, surgen en 2013, dos excelentes interpretes de Abigaile: Anna Pizozzi en el Festival de Salzburgo, dirigida por Riccardo Muti (gran avalista de esta partitura), y la ucraniana Liudmyla Monastyrska, en el Teatro alla Scala, junto al magnífico Nabucco de Leo Nucci, y ese mismo año 2013, en el Covent Garden, con Placido Domingo como Nabucco, existiendo una toma en directo comercializada en DVD por SONY. Desde entonces Pirozzi y Monastyrska, están interpretado con bastante frecuencia el personaje de Abigaile. La Deutsche Ópera de Berlín ha programado Nabucco en la temporada 2019-2020, con la alternancia de María Guleghina, Anna Pirozzi y Liudmila Monastyrska.

La producción de Nabucco que ha podido verse en el Palau de les Arts, proviene de la Washington National Opera en coproducción con The Minnesota Opera y la Opera de Philadelphia, y cuenta con la dirección escénica y escenografía de Thaddeus Strassberger y el vestuario de Mattie Ullrich. Esta producción pretende reproducir lo que pudo ser el montaje de Nabucco cuando se estrenó en el Teatro alla Scala, aquí aderezado con una propuesta de teatro dentro del teatro. Mediada la larga obertura inicial vemos a una serie de parejas de nobles austriacos bailando muy en la estética de la película El Gatopardo de Luchino Visconti, y que posteriormente van ocupando unos palcos habilitados a la izquierda del escenario para contemplar la representación. También pueden verse soldados vigilando cualquier reacción hostil del público italiano hacia la nobleza austriaca que entonces ocupaba Milán y toda la Lombardia. Una escenografía con unos decorados de cartón piedra, con frisos, mosaicos y grandes columnas, que reproducen en el Acto I, el Templo de Salomón en Jerusalem y en el Acto II, el Palacio de Nabucco en Babilonia, con una serie de telones superpuestos que producen una auténtica sensación de profundidad escénica. En el Acto III, antes de comenzar el famoso coro “Va pensiero”, la acción puede verse desde detrás del escenario como si los espectadores estuviesen entre bambalinas. Al final de la representación los interpretes recogen ramos de flores lanzados por el público austriaco sobre el escenario, devolviéndolos con furia hacia los palcos y desplegando dos pancartas con los colores de la bandera italiana y las inscripciones, en una de ellas la “W”, y en la otra la palabra VERDI, siglas que en su conjunto formaban las palabras: Viva Victor-Enmanuele Rey de Italia (verdadero símbolo de los patriotas italianos contra la dominación austriaca). El diseño de vestuario de Mattie Ullrich resulta en exceso colorista para los babilonios en contraste con las tonalidades blancas de los hebreos.

Dirección contrastada y enérgica, con gran capacidad concertadora de Jordi Bernàcer, al frente de la Orquesta de Comunidad Valenciana, que vuelve a demostrar ser un conjunto de altísima calidad, y ello se hace patente desde la magnífica ejecución de la obertura: una página larga, bien articulada y llena de contrastes, donde ya se exponen diferentes motivos musicales que irán reapareciendo a largo de la ópera, entre ellos, el que acompaña -con algunas pequeñas modificaciones- al famoso coro “Va pensiero”. La orquesta tiene una destacada actuación, en el transcurso de toda la representación, brillando en los momentos de mas intenso lirismo: introducción y acompañamiento de las arias de Abigaille, respectivamente del Acto II y la conclusiva de la ópera, o en el aria de Fenena del Acto IV. Y, en contraste, muestra una incontenible fuerza, en el vibrante final del Acto I, cuando Nabucco irrumpe en escena, cuyo tema musical recurrente ya expuesto en la obertura, es retomado en la introducción orquestal del Acto III, y en la coda final de la cabaletta interpretada por Nabucco, en su gran escena del Acto IV. Señalar también, la magnífica intervención orquestal en el dúo de Nabucco y Abigaille del Acto III, y en la obertura del Acto IV. A la dirección de Jordi Bernàcer, se le puede reprochar cierta tendencia a utilizar sonidos en forte. Finalmente, y dentro del alto nivel ofrecido por los integrantes de la orquesta, cabe destacar la espléndida actuación de la cuerda grave en especial los violonchelos, así como de las maderas donde brillan la flauta y el oboe solistas.

La gran triunfadora de estas representaciones, ha sido la soprano napolitana Anna Pirozzi, quien compone una Abigaille de gran estatura vocal y dramática. Voz voluminosa y de luminoso timbre, buen fiato, excelente capacidad para regular el sonido, y unos agudos y sobreagudos anchos y bien emitidos, (algunas notas extremas algo forzadas), siendo su punto más débil una limitada gama de graves. Su voz sobresale con fuerza en los momentos de mayor contundencia orquestal: los concertantes conclusivos de los Actos I y II. Ofrece un buen dominio de la coloratura belcantista, y resuelve con pericia los endiablados saltos de octava que jalonan gran parte de sus intervenciones. Realiza una gran actuación en su gran escena del Acto II, iniciada con el violento recitativo “Ben io t’inventi”, para pasar al canto lírico e intimista del aria “Anch’ dischiuso un giorno” y, seguidamente, mostrar una fuerza arrolladora en la cabaletta “Salgo già del trono aurato”. Destaca también, su gran interpretación en el dúo con Nabucco del Acto III, insertando en sus diálogos con un implorante Nabucco, una vibrante cabaletta, cuyo tema musical aparecía expuesto en la obertura inicial. Anna Pirozzi luce de nuevo su vocalidad y fuerza interpretativa, en su bellísima aria final “Su me, morente, essanime” con exquisitas medias voces, y emitiendo delicadas notas en “pianissimo”.

Desde que inició su etapa como barítono, he tenido ocasión de escuchar a Plácido Domingo, en el Palau de Les Arts, en varios papeles verdianos: Francesco Foscari de I due Foscari, en 2013, Macbeth, en 2015 y Rodrigo Marques de Posa de Don Carlo, en 2017, al que se añade este Nabucco. Domingo no es un barítono sino que canta con voz de tenor papeles baritonales. En el transcurso de esos seis años que median entre su creación de Francesco Foscari y Nabucco, la voz se ha ido –lógicamente- deteriorando, con una cada vez con mayor falta de fiato, que le impide construir debidamente las largas frases verdianas. Sin embargo mantiene su bello timbre, milagrosamente juvenil, y una gran capacidad teatral que compensa sus limitaciones vocales. Su entrada escénica en el Acto I, resultó titubeante, con la voz casi inaudible en el gran concertante que cierra el Acto I, al lado de voces tan contundentes como las de Anna Pirozzi y Alisa Kolosova. Mejoró bastante en el final del Acto II, cantando en el mejor estilo verdiano “S’appresan gl’istante”. Afrontó notablemente su gran dúo del Acto II con la poderosa Abigaile de Anna Pirozzi, alternando momentos plenos de fuertes acentos “Donna, chi sei”, “Oh, di qual’onta aggravasi”, con otros llenos de patetismo en sus reiteradas frases ”Ah, miserando veglio…L’ombra son io del re”, en contraste con la agresividad de Abigaile. Ya, en su gran escena del Acto III, se producen sus mejores momentos en el aria “Dio di Giuda”, donde canta con delicados acentos, tendido en el suelo boca abajo, (algo verdaderamente insólito para una persona casi octogenaria), e interpreta con fuerza y expresividad la cabaletta “O Prodi miei, seguitemi”.

El papel de Zaccaria de gran exigencia vocal y escénica, fue interpretado por el bajo Riccardo Zanellato, con buen estilo de canto verdiano, aunque falto de volumen y con dificultades en los registros grave y agudo, que se ponen de manifiesto en los frecuentes saltos de octava, que debe realizar en sus muchas intervenciones a lo largo de la ópera. Su actuación no pasó de discreta, en escenas de autentico lucimiento como el aria “Sperate, o figli…” seguido de la cabaletta “Come notte a sol fulgente” del Acto I y al final del Acto III “Oh,chi piange?…Del futuro nel buio discerno”. Su mejor momento estuvo en la interpretación del aria del “Tu sul labro” perteneciente a la Preghiera, en el Acto II.

La mezzo rusa Alisa Kolosova en el papel de Fenena, lució una voz voluminosa de bello timbre. En su única intervención solista, el aria “Oh dischiuso è il firmamento” del Acto IV, muestra una delicada y elegante línea de canto plena de líricos acentos. Destacar también, su intervención en el “terzettino” del Acto I, junto a Abigaille (ambas compiten en volumen vocal) y el Ismaele interpretado por el tenor mejicano Arturo Chacón-Cruz, de voz poco voluminosa, aunque canta con estilo y musicalidad, sobre todo en su vibrante arioso “Per amor del Dio vivente dall’anatema cessate”, perteneciente al Acto II. Entre los papeles comprimarios cabe destacar la magnífica actuación del bajo coreano Dongho Kim (El gran sacerdote), con unos medios vocales bastante superiores a los de Riccardo Zanellato. Bien en sus breves intervenciones Sofia Esparza como Anna, la hermana de Zaccaria, y el tenor ucraniano Mark Serdiuk como Abdallo (fiel oficial de Nabucco).

“El Coro de la Generalitat Valenciana”, dirigido por Francec Perales, brilló a gran altura, destacando -obviamente- en su extraordinaria interpretación del famosísimo “Va pensiero”, que vuelve a escucharse una vez finalizada la ópera, después de los desplantes de los interpretes a los nobles austriacos. También, señalar sus magníficas interpretaciones de otros grandes momentos corales: “Gli arredi festivi giù cadona infranti”, de muy bella factura, con el que arranca la ópera. También, el coro de los Levitas del Acto II “Il maledetto non ha fratelli”, cuyo vibrante tema musical, ya aparecía expuesto en la obertura inicial. Y, las intervenciones en los concertantes conclusivos de los Actos I y II, o su importante presencia en todo el final del Acto III. En esta producción, la ópera concluye con el magnífico coro “Immenso Jeovha”, que habitualmente antecede al recitativo-aria “Oh! chi vegg’io…..Su me, morente esanime”, donde se produce la muerte de Abiagaile.

Nabuco, Plácido Domingo, Les Arts

‘Nabucco’ en Les Arts con Plácido Domingo en el papel protagonista, se estrena este próximo lunes, 2 de diciembre, a las 20.00 horas, considerada como el primer gran éxito de Giuseppe Verdi.

El valenciano Jordi Bernàcer es el director musical de este título, que se presenta en un montaje de Thaddeus Strassberger, con Plácido Domingo en el papel protagonista para las cuatro primeras representaciones.

Jordi Bernàcer se reencuentra con los cuerpos estables de Les Arts, Cor de la Generalitat y Orquestra de la Comunitat Valenciana, con los que inició su andadura profesional, y asume por primera vez la titularidad de todas las representaciones de una ópera de abono en Les Arts.

El maestro alcoyano regresa a la Sala Principal cinco años después de sus memorables funciones de la zarzuela ‘Luisa Fernanda’, también con Plácido Domingo en el reparto, en la temporada 2014-2015.

En plena carrera internacional, y con trabajos para los teatros Mariinski de San Petersburgo, Real de Madrid, San Carlo de Nápoles o Carlo Felice de Génova, Jordi Bernàcer debutará esta temporada con la Opéra Royal de Wallonie en Lieja, Petruzzelli de Bari, Semperoper de Dresde y Deutscheoper de Berlín, regresando además a la Ópera de San Francisco, Royal Opera House de Mascate, Ópera de Los Ángeles, Ópera de Roma y Arena de Verona.

Les Arts presenta un montaje de Thaddeus Strassberger, responsable también de la escenografía, con vestuario de Mattie Ullrich, iluminación de Mark McCullough y dirección de lucha de Ran Arthur Braun, realizado para la Washington National Opera, en coproducción con The Minnesota Opera y Opera Philadelphia.

Strassberger, que el público valenciano recordará por ‘I due Foscari’, también de Verdi, recupera para la puesta en escena el espíritu y momento histórico del estreno de ‘Nabucco’ en 1842 en la Scala de Milán. El rechazo del pueblo italiano a la ocupación austríaca convirtió a la obra, y especialmente al coro ‘Va pensiero’, que cantan los esclavos judíos lamentando la pérdida de su patria, en un símbolo del nacionalismo italiano y a Giuseppe Verdi en una figura imprescindible del ‘Risorgimiento’ italiano.

Según él mismo explica “el diseño de esta producción se inspira en las convenciones estéticas y sociales de la época: decorados pintados en dos dimensiones, vestuario acorde a la historia o detalles anacrónicos que sitúan la acción en el contexto de una nación que luchaba por definir su propia identidad”.

Plácido Domingo aborda con ‘Nabucco’ una nueva incursión en el repertorio de barítono verdiano en Les Arts, gesta que inició en 2013 con Francesco Foscari en ‘I due Foscari’, título al que siguieron los papeles protagonistas en ‘Simon Boccanegra’ (2014), ‘Macbeth’ (2015) y los roles de Giorgio Germont en ‘La traviata’ (2017), y de Rodrigo en ‘Don Carlo’ (2018).

El artista madrileño después de sus conciertos, como director y cantante en la pasada temporada, se sube al escenario de la Sala Principal para cantar las cuatro primeras funciones de este título (2, 5, 8 y 11 de diciembre).

Por su parte, el barítono Amartuvshin Enkhbat interpretará el rol del rey babilonio los días 14 y 16. El emergente cantante mongol hará de esta forma su debut en Les Arts tras el éxito cosechado en Verona, Tel Aviv, Nápoles, Padua, Melbourne, Parma, París, Verona o Nápoles por sus papeles verdianos.

Anna Pirozzi da vida a Abigaille, uno de papeles para soprano más temidos en la historia de la ópera, y que ya cantó en Les Arts en 2015. Rechazado por muchas grandes divas debido a su exigencia, este rol ha consagrado a la cantante napolitana como una de las mejores sopranos dramáticas de la actualidad.

Su sonado éxito en el Festival de Salzburgo con este papel, bajo la batuta de Riccardo Muti en 2013, supuso el inicio de una trayectoria internacional con compromisos en Nueva York, Viena, Milán, Londres, Berlín, Múnich y Roma, además de colaboraciones con prestigiosos directores como Zubin Mehta, Nello Santi, Nicola Luisotti, Gianandrea Noseda, Michele Mariotti o Renato Palumbo.

El reparto de esta ópera incluye también dos voces conocidas por el público valenciano, el reputado bajo italiano Riccardo Zanellato (Zaccaria) que participó en 2008 en ‘Le nozze di Figaro’ e ‘Iphigénie en Tauride’, así como el tenor mexicano Arturo Chacón-Cruz (Ismaele), que inició su carrera en Les Arts con ‘Cyrano de Bergerac’ en 2007 y en 2017 encarnó a Alfredo Germont en ‘La Traviata’.

Participan también la mezzosoprano rusa Alisa Kolosova (Fenena), el bajo coreano Dongho Kim (Gran Sacerdote), el tenor ucranio Mark Serdiuk (Abdallo) y la soprano pamplonesa Sofía Esparza (Anna).

Sobre ‘Nabucco’

‘Nabucco’ es una ópera en cuatro actos con libreto de Temistocle Solera, inspirado en textos bíblicos y en la obra homónima de Auguste Anicet-Bourgeois. Se estrenó en 1842 en la Scala de Milán y se convirtió en el primer gran éxito de Giuseppe Verdi con el que iniciaría su etapa más prolífica, conocida como los ‘años de galera’.

La ópera transcurre en Jerusalén y Babilonia y está basada en la historia bíblica de Nabucodonosor, rey de Babilonia, que tras conquistar al pueblo judío, se proclamará Dios, una osadía que le valdrá la locura y su destronamineto como castigo divino. Será su desaprensiva hija Abigaille quien ocupe su lugar. Tras regresar de la locura, Nabucco se convierte al judaísmo y decide recuperar la corona para devolver finalmente al pueblo judío su libertad.

Localidades

Les Arts recuerda que las localidades para todas las funciones de ‘Nabucco’ están agotadas. Tan sólo está disponible para su compra el cinco por ciento del aforo de la Sala Principal que, según la ley vigente, se comercializa el mismo día de cada representación en las taquillas del teatro.

lesarts.com

Fotografía: Miguel Lorenzo/Mikel Ponce

Festival de Peralada

Plácido Domingo y Ermonela Jaho han protagonizado esta ópera de Jules Massenet, en versión concierto.

Es la primera vez que se ha representado esta ópera en el Festival y ha contado con un elenco extraordinario: Plácido Domingo (Athanaël), Ermonela Jaho (Thaïs),

Jean Teitgen (Palémon), Elena Copons (Crobyle), Lida Vinyes (Myrtale), Maife Nogales (Albine), Cristina Díaz (Sirviente) y Sara Blanch (el Encantadora). Han estado acompanyados por el Coro y Orquesta Titulares del Teatro Real de Madrid, dirigidos por el maestro Patrick Fournillier.

Plácido Domingo debutó en el Festival de Peralada el año 1991 con Otello i ha vuelto en varias ocasiones, la última en 2011. La soprano, Ermonella Jaho, debutó el año pasado en Peralada, como protagonista de la ópera Madama Butterfly.

El legendario, Plácido Domingo, ha interpretado con gran fuerza y personalidad teatral su rol del monje Athanaël, vencido a los encantos de la cortesana Thaïs, rol interpretado por Ermonela Jaho que ha vuelto a enamorar al público de Peralada. Uno de los momentos brillantes y esperados por el público ha sido cuando ha llegado la célebre Meditation, el interludio para violín solo y orquesta que divide en dos la ópera y marca la conversión espiritual de la protagonista.

Thaïs, una de las óperas más bonitas de Jules Massenet, con libreto de Louis Gallet, se ha escuchado esta noche en versión concierto, en tres actos y siete escenas. Se estrenó en la ópera de París el 16 de marzo de 1894.

Esta noche también ha destacado la intervención del Coro Titular del Teatro Real de Madrid, desde 2010. Actualmente lo dirige el maestro Andrés Máspero. Ayer con Jonas Kaufmann y hoy en Thaïs, la música ha ido a cargo de la Orquesta Titular del Teatro Real, que han conseguido hacer sonar las notas impecablemente.

Una noche de gran calidad vocal e instrumental, una Thaïs de gran belleza que perdurará en la memoria del público. Los aplausos han sido sonoros y también los bravos haciendo salir a los artistas más de una vez al escenario, una vez terminado el espectáculo. Incluso las cigüeñas han aplaudido.

Festival de Peralada

La obra sacra Messa da Requiem de Verdi abrirá el telón de la 32.ª edición del Festival Castell de Peralada organizado por la Fundación Castell de Peralada. El Festival se celebrará del 5 de julio al 17 de agosto con un total de 22 espectáculos.

El director teatral Oriol Broggi debutará en el campo de la ópera dirigiendo un nuevo montaje de La flauta mágica de Mozart, nueva producción del festival ampurdanés, en una edición con gran contenido operístico donde, además de cuatro títulos de ópera, los cantantes Javier Camarena, Jonas Kaufmann y Plácido Domingo van a ser los protagonistas de un fin de semana lírico excepcional.

La Folia del coreógrafo Mourad Merzouki cerrará una edición que acogerá Giselle del Ballet du Capitole de Toulouse con versión de Kader Belarbi, la poesía flamenca de María Pagés y la gran diosa de la danza, Svetlana Zakharova.

Santana, Rufus Wainwright, Carla Bruni, Kool & The Gang, Serrat y el estreno absoluto de Sílvia Pérez Cruz & Marco Mezquida, protagonistas del Verano Musical.

El contratenor Xavier Sabata será el artista residente de una edición donde Händel y el barroco se convierten en uno de los leitmotivs del Festival.

Barcelona, 14 de marzo de 2018._ Hoy se ha dado a conocer la programación de la 32.ª edición del Festival Castell de Peralada, que organiza la Fundación Castell de Peralada. El acto de presentación ha tenido lugar en el Salón de los Espejos del Gran Teatre del Liceu, con la presencia de la presidenta de la Fundación Castell de Peralada, Isabel Suqué, y del director del Festival Castell de Peralada, Oriol Aguilà.

En el transcurso del acto, se ha presentado el cartel de una nueva edición del Festival que acoge 22 propuestas para celebrar entre el 6 de julio y el 17 de agosto y que cuenta con un presupuesto de 4,4 millones de euros. También se ha presentado la obra pictórica que la artista multidisciplinar española Lita Cabellut, reconocida internacionalmente como una de las artistas femeninas más cotizadas del momento, ha creado para la ocasión. El momento más emotivo ha llegado cuando Isabel Suqué ha anunciado la creación del Premio Carmen Mateu a la música y la danza que se presentará el próximo verano en el marco del Festival.

Un festival con proyecto e identidad

“Para ti”. Así define el Festival de Peralada su director, Oriol Aguilà. Un acontecimiento cultural único, con una fuerte identidad y dedicado verano tras verano al público. Una vez presentado todo el cartel el Festival no deja dudas: la lírica y la danza son su esencia y su razón de ser.

Fiel a sí mismo, inaugurará la 32.ª edición un Réquiem de Verdi que contará con la Orquesta Sinfónica de Barcelona y Nacional de Cataluña bajo la batuta de Giampaolo Bisanti. Las voces del Coro Intermezzo y los solistas Leah Crocetto, Ekaterina Gubanova, Charles Castronovo y Alexander Vinogradov cantarán al recuerdo de Carmen Mateu, alma mater de la cita musical. La noche del 27 de julio se inicia la semana de la lírica con un recital del tenor Javier Camarena en la iglesia del Carmen. Le sigue al día siguiente un concierto con el tenor más cotizado del momento, el alemán Jonas Kaufmann, que vuelve al Festival acompañado para la ocasión con el Coro y Orquesta del Teatro Real de Madrid. El 29 de julio pondrá la guinda al fin de semana una versión concierto de la ópera Thaïs protagonizada por Plácido Domingo y Ermonela Jaho en los roles principales, y con las bases estables del Teatro Real por segunda noche en el Festival. Josep Bros celebrará sus bodas de plata con un programa extraordinario especial para Peralada. El 5 de agosto, Xavier Sabata protagonizará Rinaldo, la ópera célebre de Händel, versión 1731, que llega por primera vez al Festival en concierto. El contratenor, artista residente del Festival de Peralada 2018, cantará junto a Núria Rial, Hillary Summers, Mary-Ellen Nesi, Juan Sancho, Josep-Ramon Oliver con interpretación musical de Vespres d’Arnadí bajo la dirección de Dani Espasa.

Uno de los platos fuertes del verano va a ser sin duda el debut del director teatral Oriol Broggi en el campo de la ópera con una nueva producción del Festival. Broggi dirigirá la ópera de su vida, La flauta mágica de Mozart con dirección musical de Josep Pons y con la participación de la Orquesta Sinfónica y Coro del Gran Teatre del Liceu. Un reparto internacional encabezado por Adrian Ërod, Liparit Avetisyan, Olga Kulchynska y Kathryn Lewek donde destaca también la participación de Anaïs Constans, Premio Festival Castell de Peralada en el Concurso Viñas 2017. La ópera Acis y Galatea, también de Händel con dirección escénica del joven Rafael R. Villalobos, pondrá punto final, el 8 de agosto en el claustro del Carmen, al apartado de lírica con un nuevo estreno marca Peralada, con Vespres d’Arnadí bajo la batuta de Fausto Nardi con voces de Roger Padullés, Lucía Martín-Carton, Víctor Sordo, Hugo Bolívar y Josep-Ramon Olivé.

La danza brillará nuevamente en Peralada con nombres propios. El 13 de julio el Ballet du Capitole de Toulouse, bajo la dirección de Kader Belarbi, presentará en España una nueva Giselle. María Pagés presentará en Cataluña Una oda al tiempo el 20 de julio. La gran Svetlana Zakharova estrenará en España junto a estrellas del Bolshoi el espectáculo Amore el 13 de agosto. Cerrará el Festival Folia, una propuesta tan original como arriesgada del coreógrafo Mourad Merzouki. Un espectáculo multidisciplinar de danza, hip-hop y música barroca que pretende abrir el Festival a nuevos públicos.

En el Verano Musical el acento internacional lo pondrán Rufus Wainwright (7 de julio), Carla Bruni (21 de julio), Santana (11 de agosto) y la formación disco-funk Kool & The Gang (15 de agosto). Serrat, el artista que más veces ha actuado en el escenario de Peralada, iniciará en Cataluña su gira Mediterraneo Da Capo el 6 de julio, y el 9 de agosto, el tándem Sílvia Pérez Cruz & Marco Mezquida presentan en primicia su trabajo conjunto.

Este verano dos nuevos escenarios se estrenan para ofrecer experiencias culturales con nuevos formatos. El 12 de julio, Finca Malaveïna (Garriguella) acogerá una velada con viticultura y jazz en un paraje de ensueño con Ignasi Terraza Trío. Con motivo del vigésimo quinto aniversario del Golf Peralada, una de las espectaculares terrazas del Hotel Peralada Wine Spa & Golf se convierte en el escenario perfecto para disfrutar de una noche de cabaret;

Xavier Sabata y Rafael R. Villalobos presentarán El bis, con dirección musical de Dani Espasa.

Pedro y el lobo con Brodas Bros es la propuesta del Petit Peralada de este año. Llega a Peralada de la mano de la Orquesta Sinfónica del Vallès, en colaboración con SonarKids. Música clásica, hip-hop, cultura urbana y literatura en una propuesta fresca y familiar. Un año más, como agradecimiento a la villa de Peralada se ha organizado un concierto gratuito en la plaza Gran a cargo de Vespres d’Arnadí y Dani Espasa que interpretarán Música acuática y para los reales fuegos artificiales de Händel.

Noche del Alzhéimer en el Festival de Peralada. Proyecto solidario de continuidad

La Fundación Castell de Peralada, dentro de su política de responsabilidad corporativa, colaborará de nuevo en la organización de la Noche del Alzhéimer en beneficio de la Fundación ACE, entidad privada dedicada a la diagnosis, el tratamiento, la investigación y el apoyo a las personas con enfermedad de Alzheimer y otras demencias, la noche del 20 de julio.

Cocina mediterránea en el corazón del Empordà

La oferta gastronómica del Festival Castell de Peralada va a ser una de las mejoras de este año, debido a la obtención de la estrella Michelin por parte del Castell Peralada Restaurant, que supone un reto y una responsabilidad para Xavier Sagristà, Toni Gerez y su equipo, que para esta edición del Festival han diseñado una oferta de alta gastronomía que reinterpreta la tradición culinaria de forma creativa y con propuestas vanguardistas.

La oferta se complementa con el Restaurante La Parrilla, un bufé al aire libre donde degustar antes o después del espectáculo sus especialidades con música en directo. Y este año también como novedad el Blue & Rosé Festival, un espacio para disfrutar de las mejores tapas maridadas con los vinos y cavas de Perelada. Y fuera del recinto del castillo, el Restaurante l’Olivera, la cocina mediterránea del Hotel Peralada Wine Spa & Golf.

Servicio de autocar desde Barcelona hasta Peralada

Con el objetivo de garantizar un buen y cómodo desplazamiento hasta el recinto del castillo de Peralada, por cuarto año consecutivo habrá un servicio de autobús del festival. Los días con actuación en el Auditorio Parque del Castillo saldrá un autobús desde Barcelona en dirección a Peralada.

Venta de entradas:

Las entradas se ponen a la venta hoy, miércoles 14 de marzo, a las 13:00 horas en www.festivalperalada.com y en el teléfono 902 374 737.

Programación

05/07_ Réquiem de Verdi

06/07_ Serrat, Mediterraneo Da Capo

07/08_ Rufus Wainwright

12/07_ Una velada en Malaveïna

13/07_ Ballet du Capitole de Toulouse Giselle

20/07_ María Pagés Compañía Una oda al tiempo

21/07_ Carla Bruni French Touch

27/07_ Javier Camarena

28/07_ Jonas Kaufmann

29/07_ Ópera en concierto Thaïs de Massenet

03/08_ Josep Bros 25 aniversario

05/08_ Ópera en concierto Rinaldo de Händel

06 y 07/08_ Ópera La flauta mágica de Mozart

08/08_ Ópera Acis y Galatea de Händel

09/08_ Sílvia Pérez Cruz & Marco Mezquida

11/08_ Santana Divination Tour

12/08_ El bis, una noche de cabaret con Xavier Sabata

13/08_ Svetlana Zakharova y estrellas del Bolshoi, Amore

14/08_ Pedro y el lobo con Brodas Bros y la OSV

15/08_ Kool & The Gang

16/08_ Música acuática y para los reales fuegos artificiales de Händel

17/08_ Folia danza, hip-hop y músicas barrocas

DonCarlo1

 

DonCarlo2

DonCarlo3

DonCarlo4

DonCarlo3

 

DonCarlo4

 

DonCarlo5

DonCarlo6

DonCarlo7

DonCarlo8

DonCarlo9

Hace justo diez años se represento por primera vez El Palau de Les Arts, el verdiano Don Carlo, entonces con la excelente dirección del ya desaparecido Lorin Maazel ¡eran aún buenos tiempos para El Palau! Esta ópera ha vuelto a programarse para inaugurar oficialmente, el pasado 9 de diciembre, la nueva temporada 2017-18, con la presencia en el reparto del incombustible Plácido Domingo como Rodrigo Marqués de Posa. El cantante madrileño a punto de cumplir setenta y siete años, sigue teniendo un auténtico tirón, hasta el punto que casi todas las entradas de las cinco representaciones programadas, se habían agotado con bastante antelación. El estreno estuvo marcado por la gran polémica surgida pocos días antes, con la dimisión Davide Livermore como Intendente y Director Artistico del Palau de Les Arts. Antes del comienzo de la representación una espectadora solicitó un aplauso para Livermore, que fue seguido de una fuerte ovación. Tras el descanso, cuando estaba a punto de comenzar el Acto III, una voz gritó “conceller cobarde”, secundado por numerosos aplausos y otras voces que decían “fuera políticos” o “no os carguéis la ópera”. Todas estas espontaneas manifestaciones, muestran el tremendo malestar de un público, que discrepa de unas decisiones políticas, que pueden perjudicar a este importante centro operístico. Esperemos que todo se resuelva, para que los aficionados al mundo de la lírica, podamos seguir disfrutando de las excelentes programaciones ofrecidas por este teatro. El complejo mundo de la ópera debe ser gestionado por auténticos expertos, que no estén mediatizados por los intereses políticos.

Don Carlos surge como un encargo a Giuseppe Verdi del gobierno francés, con motivo de la Exposición Universal que iba a tener lugar en París, en 1867. El tema elegido era una adaptación de la obra Don Carlos, Infant von Spain de Schiller. El magnífico drama del poeta alemán databa de 1787, y era una obra de intenso contenido político, donde Schiller, realizaba una dura crítica del autoritario Felipe II, fuertemente influido por la Inquisición, en contra del ansia de libertad de su hijo el Infante Don Carlos y su amigo Rodrigo Marqués de Posa. El dramaturgo se había inspirado para su obra, en un episodio de la “leyenda negra” que sobre Felipe II, que maquinaron Guillermo de Orange, responsable de rebelión contra el Imperio Español de los Países Bajos y Antonio Pérez, el desleal secretario de Felipe II. Ese episodio era el de la muerte en prisión de Don Carlos, heredero del trono, en circunstancias nunca aclaradas. Es una realidad histórica que cuando el Infante era un niño, se había pensado en casarlo con la hija de Enrique II de Francia, Isabel de Valois. Finalmente, ésta había sido destinada, cuando solo contaba trece años, a ser esposa de Felipe II, viudo ya dos veces. Lejos toda realidad histórica, la obra de Schiller planteaba que Isabel Valois, siendo una adolescente, había conocido en Francia a Don Carlos, que era de su misma edad, estableciéndose entre ambos una relación amorosa, finalmente truncada por el casamiento de Isabel con Felipe II. El reencuentro de Don Carlos e Isabel, es el detonante del drama escrito por Schiller, donde la detención y muerte de Don Carlos se había producido por los celos de Felipe II, al descubrir las antiguas relaciones de su hijo con Isabel y el apoyo que el Infante estaba dando a los rebeldes flamencos, duramente perseguidos por su padre. A partir de la obra de Schiller, Joseph Méry y Camille du Locle, prepararon un magnífico libreto. Con ese material Verdi consiguió poner música a un texto de largos diálogos morales y políticos, con una feroz crítica a La Inquisición, representada por ese tremendo y siniestro personaje del Gran Inquisidor, en la estremecedora escena de su dúo con Felipe II. Se trata de una historia sobre la amistad, el amor, los celos, los conflictos paterno-filiales, que siempre interesaron a Verdi; y, sobre todo, de la soledad del poder, plasmada en un impresionante monólogo de Felipe II. La obra seguía las convenciones de la Gran Ópera, con una estructura en cinco actos, y la inserción en el Acto III de un ballet de ciertas dimensiones, denominado La Peregrina.
El estreno de Don Carlos se produjo en el Teatro Imperial de la Ópera de París (posteriormente llamado Palais Garnier) el 11 de marzo de 1867, con asistencia del emperador Napoleón III y de su esposa Eugenia de Montijo, a quien molestó de sobremanera la forma en la que Verdi trataba a Felipe II. Paralelamente a la versión escrita en francés, Achile de Lauzières, preparó una traducción del libreto al italiano, que fue estrenada en el Teatro Comunale de Bolonia el 27 de octubre de 1867. Con el paso de los años, Verdi decidió reducir la ópera a cuatro actos, donde se eliminaba el Acto I de la versión francesa (Acto de Fontainebleau) y el ballet. Esta versión se estrenó en el Teatro alla Scala el 10 de enero de 1884, y es la que se representa más habitualmente.
Las representaciones de Don Carlo fueron muy escasas durante la primera mitad del Siglo XX. A partir de 1950 vuelve a ser programada con cierta asiduidad, siendo el personaje de Don Carlo interpretado por grandes tenores como Jussi Björling, Richard Tucker, Franco Corelli, John Vickers y Carlo Bergonzi, quien en 1965 realizó una extraordinaria interpretación, en una referencial grabación de estudio (versión italiana en cinco actos) del sello DECCA, junto a Renata Tebaldi como Isabel de Valois, la impresionante Princesa de Éboli de Grace Bumbry, el espléndido Felipe II de Nicolai Ghiaurov, el elegante y sutil Posa de Dietrich Fischer-Dieskau y el imponente Gran Inquisidor de Martti Talvela, dirigidos por Georg Solti al frente de la Orquesta del Covent Garden.
Cabe señalar las magníficas creaciones de Don Carlo realizadas por tenores españoles como José Carreras, Jaime Aragall, y sobre todo de Plácido Domingo, quien más veces lo interpretó, desde que lo debutase en la Ópera de Viena, en 1967, hasta unas últimas funciones, también en ese mismo teatro, en 1992. En el transcurso de esos veinticinco años, Domingo ha dejado un importante legado discográfico de esta ópera, con numerosas grabaciones en directo, entre ellas, dos tomas en video: en 1978 (Teatro alla Scala) junto al Posa del gran Renato Bruson, con dirección de Claudio Abbado y en 1983 (Metropolitan de New York) junto a la magnífica Isabel Valois interpretada por Mirella Freni, con dirección de James Levine. De todas sus interpretaciones, cabe destacar la que realizó en estudio (versión italiana en cinco actos) para EMI, en 1970, junto a Monserrat Caballé como Isabel de Valois, la extraordinaria Éboli de Shirley Verret, el Felipe II de Ruggero Raimondi y Sherrill Milnes como Posa, con la magnífica dirección de Carlo María Giulini al frente de la Orquesta del Covent Garden. Esta grabación resulta referencial junto a la de Solti, y en ella, Domingo realiza una de las mejores interpretaciones de toda su carrera. Curiosamente, ya pasados veinticinco años de su último Don Carlo, Domingo ha retomado esta ópera, interpretando el papel baritonal de Rodrigo Marqués de Posa, que debutó en la Ópera de Viena, en junio pasado y que ha vuelto a interpretar en el Palau de Les Arts.

El Don Carlo representado en Valencia es la versión en cuatro actos, siendo una producción de la Deutsche Oper de Berlín dirigida escénicamente por Marco Arturo Marelli, también responsable de la escenografía y el diseño de iluminación. Reconozco mi predilección por las producciones que reproduzcan, lo más fielmente posible, tanto en su escenografía como en el vestuario un período histórico concreto, y ello se hace aún más necesario en óperas como Don Carlo. Sin duda, estas producciones son sumamente costosas, pero resultan especialmente brillantes. Y, pueden servir de ejemplo los montajes de Franco Zeffirelli, John Dexter o Hugo de Ana. En este Don Carlo se ha optado por una escenografía de carácter minimalista con unos grandes paneles móviles que se van desplazando para acotar espacios escénicos, realzados, en diferentes momentos, por una acertada iluminación. Los huecos que se forman entre los paneles, durante gran parte de la representación, adoptan la forma de cruz, en un intento de mostrar la gran influencia religiosa sobre el poder político en la época de Felipe II. Los objetos escénicos son mínimos: un pequeño monolito coronado por numerosas velas que aparece al comienzo y final de la ópera, algunas banquetas o el lecho conyugal vacío, que Felipe II contempla con infinita tristeza en su gran escena del Acto III. El diseño de vestuario de Dagmar Niefind resulta atractivo, siendo de carácter histórico el que llevan las mujeres con predominio de tonos oscuros, excepto el personaje de Éboli, que luce un vestido de color verde. El vestuario masculino, es más intemporal, con detalles claramente modernos como esa cartera que lleva en bandolera el marqués de Posa. Los colores oscuros contrastan con el intenso rojo de las vestimentas eclesiásticas, sobre todo en la gran escena del Auto de Fé, uno de los momentos más conseguidos de esta producción. Aceptable dirección escénica de Marco Antonio Marelli, quien al final de la ópera se toma licencias con respecto al texto original, con el fusilamiento de Don Carlo y sus amigos flamencos, que recuerda el famoso cuadro de Goya, “Los fusilamientos de la Moncloa”.

Gran actuación de la Orquesta de la Comunidad Valenciana dirigida por Ramón Tebar, quien mostro gran conocimiento de esta partitura verdiana, ofreciendo una lectura meticulosa, intensa y contrastada, donde el sonido orquestal brilló de sobremanera en la “Canción del velo” en el Acto I, y sobre todo en la gran escena de la Coronación y Auto de Fé, conclusiva del Acto II, con una muy destacada intervención de los metales. También, el acompañamiento orquestal confirió un tremendo dramatismo al diálogo entre Felipe II y El gran Inquisidor en el Acto III. Cabe destacar la ejecución de la suave y delicada música que introduce el Acto II. Otros excelentes momentos orquestales se produjeron en el dúo de Felipe II e Isabel del Acto III, y en trío de ese mismo acto con Éboli, Posa y Felipe II, con excelente prestación de los violonchelos. De gran belleza el sonido de flauta y metales, cuando se produce la muerte de Posa. Precioso resulta el diálogo de cuerda grave y metales en el preludio del Acto IV. Mención especial merece la brillantísima intervención solista del violonchelo en la gran escena de Felipe II, al comienzo del Acto III. Magnífica prestación de oboe y corno inglés acompañando el aria de Isabel del Acto I “Non pianger mia compagna”. Muy brillante el sonido orquestal acompañando el “Dúo de la amistad” de Don Carlo y Posa, al final del Cuadro I del Acto I, que aparece reiteradamente en diferentes momentos de la ópera. Excelente labor de concertación de Ramón Tebar muy pendiente de las voces, en especial facilitando la labor de Plácido Domingo. En suma, la actuación orquestal fue el gran atractivo de este Don Carlo.

Plácido Domingo ha ampliado a su extensísimo repertorio, el papel de Rodrigo Marqués de Posa, que interpretó por primera vez el pasado mes de junio, en la Ópera de Viena, precisamente cuando se cumplía el cincuenta aniversario de su debut como Don Carlo en ese mismo teatro. Al escuchar la magnífica creación del infortunado Infante de España, realizada por un jovencísimo Domingo, de timbre bellísimo, con una espléndida línea de canto verdiano, y comprobar su lógico estado vocal actual, surge -al menos para mí- una gran pena y nostalgia. Posa es uno de los más bellos roles baritonales creados por Verdi. Se trata de un personaje de presencia y vigor juveniles, de la misma edad que Don Carlo. Por tanto, el primer problema, para Domingo es su absoluta falta de adecuación escénica, ya que con su aspecto físico actual, -propio de alguien a punto de cumplir setenta y siete años- en sus escenas con Don Carlo, parece su padre e incluso su abuelo. Otro problema es la falta de diferenciación tímbrica con Don Carlo, ya que Domingo canta papeles baritonales con voz de tenor. A todo ello se añade un corto fiato y perdida de volumen vocal que le hace casi inaudible en los concertantes. Sin embargo, aún tiene capacidad para ofrecer una línea de canto verdiano, mucho mejor que la de sus compañeros de reparto. Y, en su gran escena del Acto III, es capaz de superar carencias e interpretar de manera muy notable, ligando bien las notas, la bellísima aria “Per me giunto è il dì supremo”, dando una lección de canto verdiano. Cuando acudió a saludar, al final de la representación, el público le dedicó una estruendosa ovación, consciente de que estaban en presencia del último gran mito de la ópera.
Andrea Caré en el papel de Don Carlo, ofreció un atractivo timbre moviéndose bien en la zona aguda, aunque mostrando dificultades en la zona de paso. Se mostró poco expresivo, con un fraseo monótono y falto de intencionalidad. Sus mejores momentos fueron su dúo con Éboli del Acto I, y sobre todo el gran dúo final del Acto IV, con una Isabel de Valois, interpretada por María José Siri, quien mostró una buena vocalidad, con un seguro registro agudo, aunque con una muy limitada gama de graves y un canto, por momentos, poco expresivo. Realizó una notable interpretación vocal –peor en el plano expresivo- de su aria del Acto I “Non pianger mia compagna”. Estuvo bastante entonada en el Trío del Acto I, junto a Éboli y Posa. Su actuación fue ganando en intensidad en su dúo con Felipe II, del Acto III, consiguiendo ofrecer una magnífica interpretación de su gran aria del Acto IV “Tu che la vanita”, con excelentes regulaciones del sonido incluso ejecutando una meritoria “messa di voce” y emitiendo con seguridad un Si4.
Violeta Urmana ofreció un interpretación de Éboli, llena de expresividad, aunque en el plano vocal tuvo ciertas dificultades en la ejecución de las agilidades en su aria del Acto I “Nell giardin del bello” (La canción del velo), donde, curiosamente, quedó cortada la última parte de la repetición, con una serie de compases omitidos, que adelantan el momento orquestal que marca la presencia de la reina. Muy bien en su dúo con Isabel del Acto III, seguido de la muy difícil aria del “O don fatale” que interpretó con arte y auténtica valentía, aunque con carencias en el registro grave y unos agudos algo destemplados y tirantes.
El bajo Alenxander Vinogradov como Felipe II, ofreció una imponente vocalidad, aunque no muy metido en el estilo de canto verdiano, y ello se pone de manifiesto en su dúo con Posa del Acto I, donde Plácido Domingo, si muestra un buen dominio del fraseo verdiano. El bajo ruso realizó una muy notable y matizada interpretación de su gran escena en el arranque del Acto III, “Ella giammai m’amo….Dormiró sol nel manto” y está magnífico en el impresionante dúo con el gran Inquisidor interpretado por el bajo Marco Spotti, carente de la rotundidad de bajo profundo que requiere este rol, donde es superado claramente por Alexander Vinogradod, uno de los grandes triunfadores de este Don Carlo.
Bien el resto de los interpretes, destacando la soprano Karen Gardeazabal como el travestido Tebaldo, ridículamente caracterizado con bigote incluido, y la voz del Cielo interpretada Olga Zharikova, que aparece en escena con un bebe que le es arrebatado.
Como siempre, excelente prestación del Coro de la Generalitad Valenciana, en sus numerosas intervenciones, resultado sumamente meritoria su labor, en momentos donde las voces quedan encajadas en los huecos que dejan los paneles móviles, como en el caso de la escena del “Auto de Fé”.

The Turn of the Screw

El Palau de les Arts Reina Sofía se adentra en el mundo fantasmagórico de ‘The Turn of the Screw, de Benjamin Britten, que se ha estrenado el 2 de junio, en el Teatre Martín i Soler. Davide Livermore, Intendente de Les Arts y responsable de la puesta en escena, y Christopher Franklin, director musical, presentan la tercera y última nueva producción de la Temporada 2016-2017 de Les Arts, que interpretan los artistas del Centre Plácido Domingo.

The Turn of the Screw’, según ha explica Davide Livermore, es “una obra maestra sin discusión”, que no sólo es interesante “por su valor en la formación de los intérpretes del Centre”, sino también “por su atractivo para acercar nuevos públicos a la ópera”.

“Britten es una figura fundamental para mostrar a la gente que la ópera habla de actualidad: la violencia de género, los abusos sexuales a menores o el debate sobre la pena de muerte”, apunta Livermore.

Basada en la celebérrima novela de terror de Henry James, ‘The Turn of the Screw’ es la inquietante historia de una niñera, una ama de llaves y dos niños huérfanos acosados por fantasmas en un mundo donde la ambigüedad circula por todos lados.

“The Turn of the Screw – según Livermore- habla de una situación que vemos constantemente en la actualidad: el fin de la inocencia. Hoy en día, en los medios de comunicación social, en la calle, nos encontramos con niños que imitan roles de adultos perdiendo así su infancia. En Britten podemos ver el daño que se puede infligir a un niño al que se roba la inocencia”.

Benjamin Britten compuso una partitura desasosegante y teatral, con un tema y quince variaciones de éste, para una orquesta de cámara de 13 músicos. El libreto fue escrito por Myfanwy Piper. Comisionada por la Bienal de Venecia, el estreno de ‘The Turn of the Screw’ tuvo lugar en el Teatro La Fenice el 14 de septiembre de 1954.

Christopher Franklin regresa a Les Arts tras su reconocido debut la pasada temporada con ‘Café Kafka’, de Francisco Coll, y ‘Juana de Arco en la hoguera’, de Honegger. Según explica el director estadounidense, “Benjamin Britten es un compositor muy característico, tan sólo hace falta escuchar dos compases para reconocer una obra suya”.

‘The Turn of the Screw’ supone -en palabras del maestro- “todo un reto”. “Tenemos jóvenes cantantes, con unas voces muy bonitas, que cantan por primera vez Britten. La meta es el inglés y aprender a cantar en inglés con ritmos difíciles, melodías complicadas y entradas que aprender. El desafío no es sólo musical porque es una obra de fuerte dramaturgia”.

En este sentido, Davide Livermore ha remarcado el gran valor de los cantantes del Centre Plácido Domingo para cantar y también interpretar una obra que aborda “un tema tan delicado y peligroso como el abuso sexual en niños”, que evidencia “el enorme talento y profesionalidad” de los artistas de la octava promoción de este proyecto.

Los cantantes del Centre Rita Marques y Karen Gardeazabal (Institutriz), Giorgia Rotolo y Olga Zharikova (Flora), Anna Bychkova y Nozomi Kato (Mrs. Grose), Andrés Sulbarán y Gustavo Adolfo Palomo (Peter Quint), Marianna Mappa (Miss Jessel) junto con los niños del coro de Trinity School Jeremie de Rijk y William Hardy (Miles) configuran el reparto.

Les Arts presenta un montaje que ha sido realizado íntegramente por el Equipo Técnico del centro operístico, con escenografía de Manuel Zuriaga, vestuario de Mariana Fracasso, iluminación de Nadia García y Antonio Castro, videocreación de Miguel Bosch y coreografía de Fátima Sanlés.

La ópera de Britten se representará en el Teatre Martín i Soler los días 2, 4 y 10 de junio, con una función didáctica el día 6. Las localidades tienen el precio único de 25 euros.

La traviata en Les Arts

Valentino Garavani firma los vestidos de Violetta, confeccionados en el taller de alta costura de la Maison Valentino. La Maison Valentino ha diseñado el vestuario de Flora y del Coro.

El nuevo montaje, creado por Valentino Garavani y Giancarlo Giammetti para la Ópera de Roma, reúne un equipo artístico extraordinario: Valentino Garavani, que firma los vestidos de Violetta Valery, confeccionados en el taller de alta costura de la Maison Valentino, la Maison Valentino, que ha diseñado el vestuario de Flora y el Coro, la cineasta Sofia Coppola en su debut operístico y el escenógrafo Nathan Crowley, candidato al Oscar en numerosas ocasiones.

Ramón Tebar asume la dirección musical de la ópera de Verdi. Marina Rebeka (Violetta) y Arturo Chacón Cruz (Alfredo) completan con Plácido Domingo el triángulo protagonista.

Plácido Domingo protagoniza en el Palau de les Arts Reina Sofía el estreno en España de la producción de ‘La Traviata’ impulsada por Valentino, que dirige Sofia Coppola, el sábado, 9 de febrero.

El montaje, creado por Valentino Garavani y Giancarlo Giammetti para la Ópera de Roma, reúne un equipo artístico extraordinario: Valentino Garavani, que firma los vestidos de Violetta Valéry, confeccionados en el taller de alta costura de la Maison Valentino, la Maison Valentino, que con Pierpaolo Piccioli y Maria Grazia Chiuri ha diseñado el vestuario de Flora y el Coro; la cineasta Sofia Coppola en su debut operístico y el escenógrafo Nathan Crowley, candidato al Oscar en numerosas ocasiones.

Plácido Domingo interpreta por primera vez en España el papel de Giorgio Germont, su cuarta incursión en el repertorio verdiano para barítono en Valencia, después de ‘I due foscari’, ‘Simon Boccanegra’ y ‘Macbeth’.

Ramón Tebar, al frente de la Orquestra de la Comunitat Valenciana, asume la dirección musical de esta ‘Traviata’, que han dirigido anteriormente en Les Arts Lorin Maazel y Zubin Mehta. Marina Rebeka y Arturo Chacón Cruz, en los papeles de Violetta Valéry y Alfredo Germont, conforman con Plácido Domingo el reparto principal.

Valentino Garavani considera que esta producción es como un gran sueño hecho realidad, porque desde siempre se ha sentido fascinado por la lírica y por su capacidad para crear mundos fantásticos y modernos a través de una música maravillosa y atemporal.

Su pasión por este arte le llevó a diseñar en 1994 el vestuario para una ópera inspirada en Rodolfo Valentino, que puso en escena el Kennedy Center en Washington. A ésta le han seguido otras experiencias, como el despliegue extraordinario de trajes en la gala ‘Valentino’ en el New York City Ballet y el Concierto de Año Nuevo de Viena. Por tanto, este nuevo montaje es un acontecimiento muy importante para él, además de tratarse de uno de los primeros proyectos apoyados por la Fundación Valentino Garavani y Giancarlo Giammetti.

El propio Valentino escogió a Sofia Coppola para esta nueva producción después de visionarMarie Antoinette’ (2006), adaptación de la biografía de la reina de Francia escrita por la historiadora británica Antonia Fraser, donde la cineasta muestra una especial sensibilidad estética y musical, así como un equilibrio entre lo clásico y lo moderno. ‘La Traviata’ supone para la ganadora de un Oscar por ‘Lost in Translation’ su debut como ‘regista’ de ópera.

El mundo del cine también está presente en la escenografía de esta nueva producción con la firma del inglés Nathan Crowley, reconocido por el diseño de producción de largometrajes como ‘Batman begins’, ‘El caballero oscuro’ o ‘Interstellar’.

El elenco se completa con las voces de los artistas del Centre Plácido Domingo: Alejandro López (Il Dottore Grenvil), Anna Bychkova (Flora Bervoix), Olga Zharikova (Annina), Moisés Marín (Gastone de Letorières), Jorge Álvarez (Il Barone Douphol), Andrea Pellegrini (Il Marchese d’Obigny), además de los cantantes del Cor de la Generalitat Antonio Gómez (Giuseppe), Boro Giner (Un Commissionario) y Bonifaci Carrillo (Un Servitore).

Han colaborado en la dirección de escena Marina Bianchi y en la escenografía Leila Fteita. Francesc Perales dirige al Cor de la Generalitat. Completan el equipo creativo Stéphane Phavorin (coreografía), Vinicio Cheli (iluminación) y Officine K (videocreación).

Les Arts ha programado siete funciones de ‘La Traviata’ los días 9, 12, 15, 18, 21, 22 y 23 de febrero. La representación del día 22, con localidades a precios populares, estará protagonizada por Tina Gorina, Giuseppe Talamo y Luis Cansino.

 

Davinia Rodríguez

El 13 de noviembre la carrera artística de la soprano española Davinia Rodríguez da un paso de gigante: la incorporación a su repertorio de Lady Macbeth, de la ópera Macbeth de Giuseppe Verdi, considerado como uno de los papeles más complejos y difíciles de todo el repertorio. La cantante española debutará el personaje en Viena, en el Theater an der Wien, nada menos que al lado de Plácido Domingo interpretando a Macbeth. «Sin duda que es un papel complejo, que he estado preparando más de un año con mi maestra, Silvia Sass, una de la grandes Ladies de las últimas décadas». Davinia Rodríguez, que en Viena ya había cantado «I due Foscari», se siente «encantada de regresar a esta capital de la música, ahora con esta fascinante ópera de Verdi. Mi papel, aparte de ser muy exigente técnicamente, es también muy demandante en el plano actoral, ya que ella, Lady Macbeth, es una mujer cuya ambición no tiene límites, empujando a su marido incluso al asesinato para conseguir más poder político. Como todo personaje shakesperiano, es, en todo caso, fascinante, y un reto para cualquier intérprete». La cantante canaria ofrecerá del emblemático personaje 3 funciones los días 13, 17 y 20 de noviembre, con todas las entradas vendidas un mes y medio antes del estreno, y en una producción del teatro vienés que estará dirigida musicalmente por Bertrand de Billy y cuya dirección de escena firma Roland Geyer.

La carrera internacional de Davinia Rodríguez sigue imparable en un año en el que también destacan triunfos como su reciente debut en el Gran Teatre del Liceu con Simon Boccanegra, de Verdi, -coincidiendo con el 50 aniversario del debut en España de Plácido Domingo- o su participación el verano pasado en la inauguración del Festival de Spoleto interpretando a la Condesa de Almaviva en Le Nozze de Figaro, de Mozart. En la temporada 2016-2017 le esperan, entre otros compromisos, su regreso a la temporada de ABAO-OLBE en Bilbao, esta vez como Donna Anna en Don Giovanni, de Mozart, su regreso al Teatro San Carlo de Nápoles con su aclamada Amelia Grimaldi de Simon Boccanegra y su debut en el papel protagonista de Maria Stuarda en el Teatro Carlo Felice de Génova.

Plácido Domingo y Michael Fabiano en I Due Foscari en el Teatro Real

I due Foscari es una de las obras compuestas por Verdi en los llamados “años de galera”. Así se refería el propio compositor a los siete años en los que compuso nada menos que once óperas. No se trata, ni mucho menos, de una de sus mejores obras. Ni siquiera de las más conocidas. Pero hay algo en I due Foscari para que sea representada más veces de lo que su calidad y posición en el repertorio le otorgan.

Tal vez gracias al tiempo y la perspectiva, teniendo en cuanta los trabajos posteriores del maestro italiano, se esté posicionando mejor.

Los personajes de este drama “familiar” romántico (padre, hijo y nuera) poseen una marcada personalidad. Alguna de ellas, concretamente la de Jacopo Foscari, provocaron discrepancias entre Verdi y su libretista Francesco María Piave. La pusilanimidad del personaje, unido a su escasa presencia durante toda la obra, llevaron a Verdi a solicitar de Piave algunos cambios importantes. El resultado final fue un mayor peso de este personaje desde el inicio de la obra y su protagonismo en algunas de las páginas vocales más bellas.

La representaciones que estos días se pueden ver en el Teatro Real son en versión concierto. O, más concretamente, semiescenificada. Dada la capacidad de dramatización de un potentísimo cuadro de cantantes que demuestran que la ausencia de escenografía, no impide una magnífica representación operística.

La dirección musical de Pablo Heras-Casado tiene un efecto energético sobre la orquesta, los cantantes y la propia obra. Ya desde la obertura se evidencia el vigor con el que Heras-Casado interpreta la partitura. Con esta misma fuerza dirige a unos cantantes que llenan su interpretación de nervio y tensión. Existen momentos de peculiar belleza en los duetos y cuartetos de violín y violonchelos interpretados por los solistas.

Lucrecia Contarini, esposa de Jacopo Foscari, está interpretada por Angela Meade. Esta norteamericana de Washington se desenvuelve vocal y dramáticamente bajo los más estrictos cánones de la ópera tradicional aunque adolece de cierto automatismo. Pero lo realmente impresionante es el volumen estratosférico de su voz. Característica que no le impidió ofrecer unos filatos de muy buena factura. Las vibraciones que emite, al menos al escucharla desde la tercera fila, impresionan. Como demostró ya desde el arranque con Tu al cui sguardo onnipossente…

Michael Fabiano

Volvía al Teatro Real el tenor norteamericano Michael Fabiano, como Jacopo Foscari. Mucho ha evolucionado su voz desde aquel Cyrano de Bergerac de 2012.

Con un notable volumen de voz y una tesitura más de spinto que de tenor dramático, Fabiano ha construido un Jacopo Foscari dramático y desesperado. Fantástico en sus romanzas, sobre todo en la segunda, Notte, perpetua notte!. Muy exigente por tesitura y dramatismo y que Fabiano resuelve con gusto y elocuencia.

Antes de su intervención, tuvo la gentileza de contestar algunas preguntas para Brío Clásica.

No fue hasta que llegó a la universidad e inició sus estudios, cuando se dió cuenta del enorme potencial que tenía su voz. Fue en ese momento cuando inició su carrera.

Brío Clásica.: En su misma tesitura, ¿quiénes son los cantantes en los que se fija?

Michael Fabiano.: Aureliano Pertile, por la magnitud infranqueable de su técnica. Mario del Monaco, por su compromiso en la interpretación. Franco Corelli, por su heroísmo y Plácido Domingo, por su profunda pasión y maestría.

B. C.: ¿Cómo se siente cuando se le compara con un joven Pavarotti?

M.F.: Siento una profunda humildad.

B. C.: No es la primera vez que canta junto a Plácido Domingo, ¿cómo es esta experiencia?

M. F.: Es un honor para mi, teniendo en cuenta su enorme trayectoria y su inmenso legado.

B.C.: Sus roles como Rodolfo en La Bohéme y en Luisa Miller han tenido una gran aceptación por parte del público. ¿Qué otros papeles se ve interpretando en el futuro?

M. F.: Me veo en óperas como Un Ballo in Maschera, Simon Boccanegra , Attila, Ernani, La Battaglia di Legnano, Mefistofele , Manon, Werther, Romeo et Juliette o Carmen.

Pronto volveremos a disfrutar de él en España.

El baritenor, como él mismo se denomina, Placido Domingo, era uno de los mayores atractivos de la noche, interpretando a Francesco Foscari. La discusión sobre la tesitura de Plácido Domingo debe dejar de existir. Es un artista. Un artista grandioso, capaz de inventar una tesitura acorde con la evolución de sus características vocales y utilizarla, junto a sus habilidades sobre el escenario, con una finalidad única, el éxito en la interpretación. Cada una de sus intervenciones fue aplaudida hasta llegar a la ovación final. Increíble mérito tiene además el hecho de no dejarse tapar por la cascada de voz de Meade.

Otro que no anda escaso de volumen vocal es el bajo italiano Roberto Tagliavini en su papel del malvado Jacopo Lorendano. A la altura del reparto principal estuvieron la soprano Susana Cordón, como Pisana y el tenor Mikeldi Atxalandabaso, como Barbarigo.

Una fantástica noche de ópera, en la que el público disfrutó y lo demostró aplaudiendo en pie durante varios minutos. Un final de temporada que deja un excelente sabor de boca y la mejor tarjeta de presentación para la próxima.

Texto: Paloma Sanz
Imágenes: Javier del Real
Vídeos: Teatro Real

Nit a Les Arts

El Palau de les Arts Reina Sofía celebra las noches del 1 y del 2 de julio una doble edición de su jornada de puertas abiertas nocturna ‘Nit a Les Arts’, con la que el enclave cultural se despide de la actividad abierta al público hasta el mes de septiembre.

‘Nit a Les Arts’ ofrece exhibiciones técnico-artísticas y actuaciones en vivo del Cor de la Generalitat Valenciana y de la Orquestra de la Comunitat Valenciana, además de una exposición con elementos de vestuario y utilería de la ópera “Aida” para todo aquel que se acerque al edificio de Santiago Calatrava. Como fin de fiesta, ambas noches, una sesión de música con DJ pondrá el punto final a la jornada.

La actividad al público comienza tanto el viernes 1 como el sábado 2 con el inicio de los seis pases de la exhibición técnico-artística que acoge el escenario de la Sala Principal en los siguientes horarios: 20.00 h, 20.50 h, 21.40 h, 23.00 h, 23.50 h y 0.40 h.

En grupos de hasta 240 personas, los asistentes tienen la ocasión de conocer in situ, mediante un espectáculo de unos 40 minutos de duración, el funcionamiento de la maquinaria escénica, iluminación, audiovisuales y todos los elementos necesarios para poner en marcha una función de ópera.

La parte artística de esta exhibición corre a cargo de los artistas del Centre Plácido Domingo y del Ballet de la Generalitat, que ofrecen una representación, dirigida por Emilio López, que combina elementos de lírica y danza.

Para poder disfrutar de esta actividad, los interesados deberán presentarse en las Taquillas de Les Arts en los 30 minutos previos al inicio del pase que mejor se acople a su agenda. Se hará entrega de un máximo de dos invitaciones por persona hasta completar el aforo de cada turno.

Asimismo, el centro de artes reserva un cupo de localidades para estos pases a sus abonados de Temporada, que podrán efectuar su reserva entre los días 29 y 30 de junio en el apartado de la página web que el coliseo dispondrá a tal efecto.

El vestuario de “Aida”

A partir de las 20.30 h de ambas veladas el Vestíbulo de la Sala Principal abrirá sus puertas para disfrutar de una exposición de vestuario y utilería de la ópera “Aida”, de Giuseppe Verdi.

El público, de manera libre, podrá disfrutar del vestuario diseñado por Moritz Junge para esta coproducción de Les Arts con el Covent Garden de Londres y la Ópera de Oslo, además de elementos de utilería empleados en este montaje.

Música en vivo y libre recorrido por las terrazas

A partir de las 20.30 h, el Palau de les Arts Reina Sofía abre sus terrazas y balcones para todo aquel que quiera conocer y disfrutar de los espacios al aire libre del enclave operístico.

Los cuerpos estables del centro de artes valenciano: El Cor de la Generalitat, que colabora por segunda ocasión en este evento, y la Orquestra de la Comunitat Valenciana ponen la nota musical a la noche en blanco de Les Arts.

El Restaurante Los Toros, ubicado en la undécima planta del teatro y conectado con las Terrasses de les Palmeres, es el marco donde, desde las 21.00 h hasta las 0.00 h, el Cor de la Generalitat y agrupaciones de Profesores de la OCV ofrecen diversas actuaciones.

El viernes, los protagonistas serán los músicos de la formación titular del Palau de les Arts con micro-conciertos de 25 minutos de duración a las 21.00 h, 21.55 h, 22.45 h y 23.40 h.

El sábado, los solistas de la OCV se turnarán con el Cor de la Generalitat Valenciana, que acompañado al piano por Francisco Hervás y dirigido por Francesc Perales, interpreta coros de títulos que integran la Temporada 2016-2017 de Les Arts como L’elisir d’amore, de Donizetti, I vespri siciliani y La traviata, de Verdi, Gloria, de Vivaldi, Israel in Egypt, de Händel, o Missa Papae Marcelli, de Palestrina.

Desde las 20.30 h hasta las 0.30 h de la madrugada, además, el Palau de les Arts ha dispuesto servicio de restauración en ambas terrazas de la planta undécima, en las que lucirá una espectacular escultura LED, cortesía del artista Nacho Ruiz.

A partir de las 0.30 h, en ese mismo piso, la terraza con vistas al Jardín del Turia se convertirá en una gran pista de baile con una sesión de música con DJ en vivo, que despedirá la actividad de ambas jornadas a ritmo ‘dance’.

El centro de artes cerrará sus puertas a las 2 de la madrugada tanto el sábado 2 como el domingo 3.

William Shakespeare

El Palau de les Arts Reina Sofía dedica su actividad del mes de junio a las celebraciones del 400 aniversario de la muerte de William Shakespeare con una programación alrededor de su comedia “Un sueño de una noche de verano” y sus diferentes adaptaciones.

Tanto la actividad operística en la Sala Principal, con “A Midsummer Night’s Dream”, de Benjamin Britten, como la sinfónica, en el Auditori, con el concierto-espectáculo “El sueño de una noche de verano”, de Mendelssohn-Bartholdy, se completarán con propuestas de corte educativo.

Este sábado 4 de junio, el centro de artes propone una nueva edición de la actividad familiar ‘Una mañana con A Midsummer Night’s Dream’, un taller práctico que explica a jóvenes y no tan jóvenes el proceso de construcción de un montaje operístico desde el escenario de la Sala Principal, con entradas por 15 euros para el público general, 12 para abonados, 7 euros para jóvenes hasta 20 años, y 10 euros para quienes acompañen a un joven de su entorno en esta actividad.

Además los participantes en esta actividad, si realizan reserva previa, pueden disfrutar de un menú especial en el restaurante Contrapunto por 20 euros presentando su localidad de ‘Una mañana con A Midsummer Night’s Dream’.

Este mismo mes de junio, el Aula Magistral acoge una lectura dramatizada del clásico shakesperiano, con funciones para el público del programa didáctico, los días 8 y 9, y una representación para el público general el sábado 11 de junio a las 18.00 h. Les Arts presenta una nueva producción teatral propia, con texto adaptado por Anselmo Alonso, y actores de La Farsería.

De manera paralela, los estudiantes podrán analizar en el Taller literario ‘De libro a libreto’, la adaptación del texto teatral, que escribió el dramaturgo inglés a finales del S. XVI, al lenguaje operístico del S. XX en la obra de Benjamin Britten.

Shakespeare por Britten y Mendelssohn-Bartholdy

Roberto Abbado, en el podio, y Paul Curran, en la escena, ultiman esta semana los trabajos previos al estreno de la ópera homónima que compuso Benjamin Britten. A Midsummer Night’s Dream, la última nueva producción de la Temporada 2015-2016 supone, además, la primera partitura del autor inglés para la Orquestra de la Comunitat Valenciana.

El director escocés, responsable también de la escenografía y coreografía de este montaje, con iluminación de David Jacques y vestuario de Gabriella Ingram, estrena el viernes, 10 de junio, su primer trabajo para Les Arts, que también se representará los días 12, 14, 16 y 18.

Jóvenes estrellas del repertorio inglés junto con cantantes del Centre Plácido Domingo conforman el amplio elenco de esta obra, con el contratenor Christopher Lowrey (Oberon) y la emergente soprano Nadine Sierra (Tytania), que el público de Les Arts recordará por su debut en “Don Pasquale” en 2016, como protagonistas.

Completan el reparto: Brandon Cedel (Theseus), Iulia Safonova (Hippolyta), Mark Milhofer (Lysander), Dan Kempson (Demetrius), Nozomi Kato (Hermia), Leah Partridge (Helena), Conal Coad (Bottom), Richard Burkhard (Quince), Keith Jameson (Flute), Tyler Simpson (Snug), William Ferguson (Snout), Michael Borth (Starveling) y el actor Christopher Darmanin (Puck).

Ramón Tebar clausura la oferta sinfónica de Les Arts con otra adaptación de la comedia de Shakespeare, en este caso la que escribió Felix Mendelssohn-Bartholdy y que se utilizó como acompañamiento musical de la obra teatral a lo largo del siglo XIX.

“El Sueño de una noche de verano” se ofrecerá en el Auditori el día 23 de junio, fecha que marca el inicio de esta estación. Les Arts ofrece un nuevo concierto-espectáculo, de facturación propia y dirección escénica de Allex Aguilera. Regresa a la ópera de Valencia la actriz Rossy de Palma, que anteriormente ha participado en los montajes de la zarzuela “La corte de faraón”, de Lleó Barbastre, y en “Romancero Gitano”, de García Lorca, en la transcripción para narrador, cuarteto vocal y guitarra de Mario Castelnuovo-Tedesco.

Más info: lesarts.com

Ópera Actual

La revista ÓPERA ACTUAL, única publicación en español dedicada en exclusiva a la ópera en el mundo, ha celebrado sus primeros 25 años de vida y entregado sus Premios 2016 con una fiesta en la que ha reunido a los más importantes representantes del sector. Estrellas internacionales como Jaime Aragall, Teresa Berganza, Montserrat Caballé, Josep Carreras, Plácido Domingo, Juan Pons, Ainhoa Arteta, José Bros, Isabel Rey, María José Montiel, Stefano Palatchi, Celso Albelo, Borja Quiza o Davinia Rodríguez no han querido dejar pasar la oportunidad de festejar el primer cuarto de siglo de ÓPERA ACTUAL en un acto que ha tenido lugar hoy en el Círculo del Liceo en Barcelona.

Junto con la conmemoración de los 25 años de la revista también se ha celebrado la entrega de los Premios ÓPERA ACTUAL 2016, que se han otorgado al director Jesús López Cobos por su trayectoria internacional, al concurso Operalia -fundado y presidido por Plácido Domingo- por su contribución a la lírica y a la soprano Sara Blanch como intérprete joven español más prometedor. Además, y con motivo del cumpleaños de la publicación, este año también se ha distinguido al Círculo del Liceo con el Premio Especial 25º aniversario por su colaboración constante con ÓPERA ACTUAL, a la que ha patrocinado desde su fundación.

La fiesta ha reunido a representantes de los principales programadores líricos del país, desde el Palau de les Arts de Valencia, la Ópera de Oviedo o el Liceu barcelonés al Festival Castell de Peralada, además de representantes de diversas instituciones del mundo operístico español.

Los Premios ÓPERA ACTUAL se instauraron en 2002, año del décimo aniversario de ÓPERA ACTUAL, con la intención de apoyar y destacar trayectorias y entidades que, con su esfuerzo y tenacidad, han podido dedicarse a la promoción y a la divulgación de la ópera en la sociedad española. Por ello se premia a artistas consagrados reconocidos internacionalmente, a
instituciones que fomenten el género lírico a través de su gestión institucional y a cantantes jóvenes españoles.

www.operaactual.com

Viñas

El próximo domingo, 21 de febrero, tendrá lugar en el Teatro Real el concierto de exhibición de los ganadores del Concurso Tenor Viñas, que en su 53 edición, cuya final tuvo lugar el pasado 23 de enero en el Gran Teatre del Liceu, otorgó el primer premio a la mezzosoprano norteamericana J’nai Bridges.

Junto a ella, el jurado entregó los dos segundos premios a la soprano italiana Selene Zanetti y a la mezzosoprano rusa Yulia Mennibaeva. La española Sara Blanch y el coreano Kihun Yoon, recogieron respectivamente el cuarto y quinto premio del certamen. También dentro de los Premios Oficiales el bajo ruso Yurii Vlasov se hizo con el sexto premio, dejando desierto el tercer galardón.

La soprano española, Sara Blanch, fue una de las grandes triunfadoras, al hacerse también con los galardones de mejor intérprete de zarzuela, el Plácido Domingo al mejor artista español, los extraordinarios del Teatro Real y Festival de Peralada, el Ferret Salat y el del público.

El próximo domingo tendremos la oportunidad de escuchar en el Teatro Real las jóvenes y prometedoras voces de J’nai Bridges, Selene Zanetti, Yulia Mennibaeva y Sara Blanch, quienes ofrecerán un programa conocidas arias de ópera y un pequeño guiño a la zarzuela. Estarán acompañadas por la Orquesta Titular del Teatro Real, bajo la dirección del maestro Olivier Díaz.

Un concierto de voces nuevas en el que, como es habitual, el público joven hasta los 30 años tendrá un descuento del 90% en el precio de las localidades adquiridas el mismo día de la representación, y el público hasta los 35 años se podrá beneficiar de un descuento del 60%. Más información en www.teatro-real.com.

Heras-Casado

El director granadino Pablo Heras-Casado (Granada, 1977) debutará el 30 de enero 2016 con la Filarmónica de Viena dentro de la programación de la Semana de Mozart en Salzburgo (Mozartwoche). Se presentará con un repertorio dedicado a Mendelssohn – Bartholdy como el primer español que lo hace frente a la orquesta en la historia, después de que Plácido Domingo la dirigiera en un Concierto para Europa en los jardines de Schönbrunn hace diez años. Heras-Casado es un invitado habitual de la fiesta que se celebra en la cuna del genio austriaco, donde previamente (hoy día 26) dirigirá también la Camerata Salzburg.

Antes de su debut con la Filarmónica, el músico andaluz actuó junto a la Sinfónica de Viena en el Concierto de Año Nuevo con la Novena de Beethoven, donde se presentó los días 30 y 31 de diciembre y el primero de enero en la capital austriaca. Al tiempo, acaba de aparecer en el sello harmonia mundi su último disco con la Tercera y Cuarta Sinfonías de Mendelssohn.

Considerado el director de orquesta del año 2014, según Musical America, Pablo Heras-Casado, disfruta de una inusual y variada carrera que abarca desde la gran música sinfónica hasta el repertorio operístico, alternando interpretaciones bien fundadas históricamente y partituras de vanguardia. Fue nombrado Director Principal de la Orquesta de St. Luke’s de Nueva York en la temporada de 2012/13, así como Principal Director Invitado del Teatro Real de Madrid en 2014.
Heras-Casado es un invitado habitual de las orquestas sinfónicas de Chicago y San Francisco, la Filarmónica de Los Ángeles,la Orquesta Estatal de Berlín, la Orquesta Filarmónica de Múnich, la Orquesta Sinfónica de la Radio de Baviera, la Orquesta Mariinsky y la Ópera Metropolitana.

En 2015/16 regresó a la Orquesta Philharmonia, la Sinfónica de Londres, la de la Academia Nacional de Santa Cecilia y la Filarmónica de Rotterdam. Hizo su debut con la Orquesta de Filadelfia, la Filarmónica de Israel y la Sinfónica de Viena; continuó colaborando con el Ensemble Intercontemporain parisino, la Orquesta Barroca de Friburgo y el Balthasar Neumann Chor & Ensemble. Aparece regularmente en el Mozarteum de Salzburgo, donde es invitado cada año para la Mozartwoche.
Sus proyectos de ópera para esta temporada incluyen Rigoletto en la Ópera Metropolitana de Nueva York (Octubre/Noviembre 2015) además de I due Foscari en el Teatro Real en Julio 2016.

En temporadas anteriores ha dirigido la Orquesta del Gewandhaus de Leipzig, la Concertgebouw de Amsterdam, la Tonhalle-Orchester de Zúrich, la Filarmónica de Nueva York, la Sinfónica de Boston, la Orquesta de Cleveland y la Mahler Chamber. También ha estado presente en la Festspielhaus Baden-Baden, el Festival de Salzburgo y el de Aix-en-Provence, además de regresar regularmente al de Lucerna.

Heras-Casado graba con harmonia mundi, así como con Deutsche Grammophon’s Archiv Produktion, sello del cual es Embajador Archiv. Ha recibido numerosos premios por sus discos, incluyendo tres premios ECHO Klassic, un Preis der deutschen Schallplattenkritik, dos Diapason d’Or y un Grammy Latino.

Sus recientes lanzamientos con harmonia mundi incluyen Conciertos de Piano y Violín de Schumann, con Isabelle Faust y Alexander Melnikov. Según The New York Times se trata de una de las mejores grabaciones del año mientras que la Revista Forbes la colocó en su top 10. Además publicó las Sinfonías de Schubert Nos. 3 y 4 con la Orquesta Barroca de Friburgo y la Sinfonía No. 2 de Mendelssohn con la Orquesta Sinfónica de la Radio de Baviera. Ha grabado un disco para Archiv con los trabajos de Jacob, Hieronymus y Michael Praetorius, y un álbum para conmemorar al legendario cantante castrato y maestro Farinelli. También ha aparecido en el lanzamiento de las arias de barítono de Verdi para Sony con Plácido Domingo y en un DVD de la Deutsche Grammophon del Elixir de Amor de Donizetti de la Festspielhaus Baden-Baden.

Pablo Heras-Casado posee la Medalla de Honor de la Fundación Rodríguez Acosta. En febrero de 2012 recibió la Medalla de Oro al Mérito del Ayuntamiento de Granada, su ciudad natal, de la cual es también un Embajador Honorario y este noviembre fue nombrado el hijo predilecto por la Diputación de Granada. En junio de 2014 se unió a la organización benéfica española Ayuda en Acción para apoyar la causa de la erradicación de la pobreza y la injusticia del mundo.

http://pabloherascasado.com

http://www.harrisonparrott.com/artist/profile/pablo-heras-casado

http://www.mozarteum.at/en/program-tickets.html?block=1970#1970

Domingo

El 21 de enero de 2016, Plácido Domingo cumple 75 años. Para celebrarlo, Sony Classical lanza el álbum aniversario The best of Plácido Domingo, una selección muy especial de su amplia discografía, que incluye más de 200 grabaciones. El cuádruple CD abarca casi medio siglo en la vida musical de un artista de un talento prodigioso, muy querido y ganador de múltiples premios Grammy.

Domingo lanzó su carrera como barítono en la compañía de zarzuela de sus padres, en México en 1957, para hacer su debut operístico como tenor en 1961 y saltar a la fama internacional como miembro de los Tres Tenores en 1990. Pero el gran cantante español todavía está añadiendo nuevos papeles a su repertorio, después de volver a su registro de barítono en 2009, al mismo tiempo que mantiene ocupaciones alternativas como compositor, director de orquesta y productor.

Igualmente cómodo en diversos idiomas y con diferentes estilos, Domingo aparece en The best of con un amplio repertorio que abarca ópera, musicales, folk, pop, crossovers, villancicos y música sacra, así como con una selección de melodías populares españolas y latinoamericanas que recuerdan los primeros días del cantante en España y México.

CONTENIDO:

DISCO 1
1. VERDI: Rigoletto: La donna è mobile
2. VERDI: Rigoletto: Ella mi fu rapita – Parmi veder le lagrime
3. PUCCINI: La Bohème: Che gelida manina
4. PUCCINI: La Bohème: O soave fanciulla
5. VERDI: Aida: Se quel guerrier… Celeste Aida
6. VERDI: Il trovatore: Ah sì, ben mio
7. VERDI: Il trovatore: Di quella pira
8. PUCCINI: Tosca: Dammi i colori – Recondita armonia
9. PUCCINI: Turandot: Non piangere, Liù – Ah! Per l’ultima volta!
10. VERDI: Un ballo in maschera: Barcarola: Di’ tu se fedele
11. VERDI: La Traviata: Lunge da lei – De’ miei bollenti spiriti
12. PUCCINI: Tosca: E lucevan le stelle
13. PUCCINI: Madama Butterfly: Vogliatemi bene (Bimba dagli occhi)
14. VERDI: La traviata: Di provenza il mar
15. PUCCINI: Turandot: Nessun dorma
16. VERDI: Luisa Miller: Oh! fede negar potessi – Quando le sere al placido
17. VERDI: Don Carlos: E lui! desso! -Dio, che nell’alma infondere amor
18. VERDI: Otello: Niun me tema

DISCO 2
1. LEONCAVALLO: Pagliacci: Recitar! … Vesti la giubba
2. CILÈA: L’Arlesiana: È la solita storia
3. BIZET: Carmen: La fleur que tu m’avais jetée
4. FLOTOW: Martha: tutt'amor M'appari
5. WAGNER: Lohengrin: In Fern Land, inabordables sus pasos
6. MOZART: La flauta mágica: ¿Qué tan fuerte es su magia
7. MOZART: Don Giovanni : mi tesoro
8.
DONIZETTI: L’elisir d’amore: Una furtiva lagrima

9. GIORDANO: Andrea Chénier: Un dî all’azzuro spazio
10. MASSENET: Werther: ¿Por qué me despierte?
11. MASSENET: Manon: Estoy solo! – ah huir, imagen dulce
12. GOUNOD: Fausto (Margarethe): ¿Qué problemas – salud! sigue siendo casta y pura
13. MEYERBEER: L’Africana: Que golpeo mi corazón … O el cielo!
14. GOUNOD: Romeo y Julieta : amor! amor! – ah! Levantate
15. Tschaikowski: Eugen Onegin: caballo, caballo, kuda vi udalilis
16.
MASCAGNI: Cavalleria Rusticana: Mamma, quel vino è generoso

17. BIZET: Les Pêcheurs de perles: Au fond du temple saint

DISCO 3
1. Un hombre de la multitud
2. ideal
3. María de West Side Story
4. Vuelve a Sorrento
5. Escucha mi canción
6. Mi Vida de la canción
7. El primer toque
8. Canción de Annie
9. Ayer
10. Mi corazón está – Mi corazón seguirá
11. Quizás el amor
12. Hojas de otoño
13. Placer de amor
14. Eternamente
15. conocimiento
16. El Regalo de Amor
17. amor glorificado
18. Gratitud
19. Ave Maria
20. Ombra mai fu de Jerjes
21. Die agnus
22. Panis Angelicus
23. Niños de la Navidad

DISCO 4
1.
Mediterráneo

2. Alma latina
3. Granada
4. Siboney
5. Malagueña
6. De México a Buenos Aires
7. El humahuaqueño
8. Manha de carnaval
9. La Paloma
10. Aranjuez
11. Bésame mucho
12. Jalousie
13. Perfidia – Frenesí – La última noche
14. Paloma querida
15. La malagueña
16. Ayúdame, Dios mio
17. Yo soy mexicano
18. Quiéreme mucho
19. La negra Noche
20. Total
www.placidodomingo.com
Plácido Domingo como Macbeth en el Palau Les Arts de Valencia

La nueva temporada del Palau de Les Arst de Valencia, se ha iniciado con seis exitosas representaciones del verdiano Macbeth, interpretado por Plácido Domingo, con una masiva asistencia de público, que demuestra el auténtico tirón de este incombustible cantante, dedicado en los últimos años a roles baritonales.

Giuseppe Verdi sentía una especial admiración por las obras teatrales de William Shakespeare, adaptando en su época juvenil el Macbeth, y ya en su brillante senectud: Otello, y un compendio extraído de Las alegres comadres de Windsor y Enrique IV, con el título de Falstaff, que se convierten en sus dos últimas y geniales óperas.

El gran maestro de Busetto, tuvo en mente llevar al mundo de la ópera otros dramas shakesperianos: La Tempestad, Hamlet o El Rey Lear, proyectos que nunca llegaron a materializarse. La composición de Macbeth supuso para Verdi un auténtico reto, ya que en la mitad del siglo XIX, resultaba impensable una obra donde se planteaba la desmedida pasión por el poder y la manera de conseguirlo a cualquier precio, incluso mediante la traición y el asesinato, en contraposición con las historias trágicas de corte romántico, que tanto gustaban al público italiano de entonces. El estreno de Macbeth tuvo lugar en el Teatro Della Pergola de Florencia el 14 de marzo de 1847, con mucho éxito para su autor, quien tuvo que salir al escenario a saludar al público hasta en treinta y siete ocasiones. Verdi revisó ampliamente esta partitura para ser representada en la Ópera de París, en 1865.

Las principales modificaciones incluían una nueva aria para Lady Macbeth “La luce langue” en el Acto II, la reescritura de algunos pasajes de la escena de las apariciones espectrales del Acto III, la inclusión de un ballet en ese mismo acto, un nuevo comienzo del Acto IV, con el coro de exiliados “Patria opressa” y un nuevo final, que incluía una música estructurada en forma de fuga para la batalla, a la que sigue un coro triunfal “Victoria! Victoria”, eliminando la muerte en escena de Macbeth de la primera versión “Mal per me che m’affidai”.

Macbeth desapareció prácticamente de los escenarios después de las funciones parisinas de 1865, con muy escasas representaciones durante la primera mitad del Siglo XX. La recuperación definitiva de esta partitura se produjo en la apertura de la temporada del Teatro alla Scala de Milan el 7 de diciembre de 1952 con la extraordinaria e inigualable creación de Lady Macbeth realizada por María Callas, con una magistral concertación y dirección musical de Victor de Sabata. Aquella función scalígera fue grabada en directo y se mantiene desde entonces como auténtica referencia de esta ópera. También cabe señalar, las grandes aportaciones realizadas a partir de los años setenta del pasado siglo, por directores como Riccardo Muti y el desaparecido Claudio Abbado, quienes nos han legado grabaciones discográficas y tomas en video altamente representativas de este atractivo título verdiano.

La versión representada en el Palau de les Arts es la de 1865, excluyendo el ballet del Acto III, y el coro triunfal conclusivo de la ópera “Victoria! Victoria”, y recuperando el final de la versión de 1947, con el aria del Macbeth “Mal per me che m’affidai”.

Es una verdadera lástima que esta producción no incluya ese brillante coro final y el ballet del Acto III, teniendo en cuenta que el Palau de les Arts dispone de un excelente cuerpo de baile.

Esta producción fue realizada conjuntamente por el Teatro dell’Opera di Roma y el Festival de Salzburgo, donde se produjo su estreno en 2011, con dirección del prestigioso regista Peter Stein.

En esta reposición valenciana ha asumido la dirección escénica Carlo Bellamio, quien resuelve con pericia el montaje escénico de la batalla final, donde los contendientes utilizan espadas auténticas que al golpearse llegan a producir chispas. También, resulta auténticamente novedoso representar a las tres brujas por bailarines que actúan y simulan cantar, labor que realizan miembros del coro femenino disfrazados de árboles. Los cuatro asesinos de Banquo, también aparecen disfrazados de bailarines, y en este caso, son las voces masculinas del coro las que cantan ocultándose bajo grandes capas negras. Sin embargo, Carlo Bellamio descuida el control de los movimientos en escena de cantantes y coro, en muchos momentos, auténticamente erráticos.

La escenografía de Ferdinand Wögerhauer resulta minimalista a ultranza, con poquísimos objetos, entre ellos, el panel que se desliza por el escenario, con una puerta por la que sale Lady Macbeth en el comienzo de su actuación, y donde penetra Macbeth para asesinar al Rey Duncan, reapareciendo en el desarrollo de la escena del sonambulismo de Lady Macbeth. Destacar el excelente diseño de iluminación a cargo de Joachim Barth, con unos fondos de escenario proyectados en diferentes colores, siempre en función del desarrollo dramático de la acción. Y, esa iluminación zonal, cuando emerge del suelo, una gran marmita, en la escena de las brujas del Acto III. Muy atractivo el diseño de vestuario a cargo de Anna María Heinreich, totalmente adecuado -es muy de agradecer- a la Escocia del Siglo XI, en que se desarrolla la acción.

La Orquesta de la Comunidad Valenciana, volvió a demostrar su excelente calidad, con una dirección el húngaro Henrik Nánási, flexible, contrastada, de gran fuerza dramática y bien concertada, facilitando la labor de los cantantes. La orquesta exhibió un sonido brillante y compacto. Todo ello, ya se puso de manifiesto en la interpretación de la obertura inicial, donde se alternan contundentes sonoridades, con una secuencia orquestal recurrente y de gran belleza, que volverá a reaparecer en la escena del sonambulismo de Lady Macbeth del Acto IV.

Destacar la interpretación de esa música brillante, en forma de marcha cuando aparece el rey Duncan y su comitiva, en el Acto I, o de esos momentos musicales llenos de ligereza y colorido durante el banquete del Acto II, en contraste con los lúgubres e inquietantes sonidos de la escena anterior , en la que se produce el asesinato de Banquo. Gran actuación orquestal en los concertantes conclusivos de los dos primeros actos, en la introducción musical del coro “Patria oppressa!”, al comienzo del Acto IV, así como de la brillante fuga en la batalla final. Dentro de la magnífica prestación de todos los miembros de la orquesta, cabe destacar las excelentes intervenciones solistas de Cristina Montes al arpa, el corno inglés de Ana Rivero; y, especialmente, del oboe de Christopher Bowman, el clarinete de Joan Enrinc Lluna y la flauta de Alvaro Octavio.

Extraordinaria prestación del Coro de la Generalitat Valenciana, muy bien dirigido por su titular Francesc Perales, en sus numerosas intervenciones a lo largo de toda la representación, con ese sonido chirriante y mórbido del coro femenino en las escenas donde aparecen las brujas, y en especial en el coro del Acto III “Tre volte miagola la gatta in fregola”. Componentes del coro masculino, también tienen una gran actuación en la escena del asesinato de Banquo, en el Acto II cantando “Chi v’impone unirvi a ni” con esa sombría y amenazadora frase “Trema, Banquo! Nel tou fianco”. El coro en pleno, realiza brillantes intervenciones en los concertantes, destacando sobremanera, la imponente coral “L’ira tua formidabile e pronta” del concertante que cierra el Acto I. De impresionante fuerza dramática resultó su interpretación de “Patria oppresa!” en el arranque del Acto IV.

Las apariciones escénicas de Plácido Domingo, se convierten en verdaderos eventos que mueven a una ingente cantidad de público, para escuchar a un artista que ha sabido conjugar su excelente calidad vocal e interpretativa, con una tremenda capacidad para potenciar su imagen a través de los medios de comunicación y convertirse en uno de los grandes fenómenos mediáticos de los últimos cincuenta años. En junio de 2009 tuve ocasión de escucharle, precisamente en este Palau de les Arts, una de sus últimas intervenciones como tenor, en su notable interpretación del Siegmund de La Walkiria, con dirección de Zubin Metha, donde el cantante ya con sesenta y ocho años, mostraba una ostensible merma de su registro agudo, conservando aún su bello centro y gran capacidad interpretativa.

Ese mismo año inició una segunda y exitosa carrera como barítono: Domingo canta papeles de barítono, con voz de tenor, y por mucho que quiera oscurecer la emisión, no tiene impostación baritonal, lo que desvirtúa sus interpretaciones de roles verdianos como Simón Boccanegra, Rigoletto, Il conte di Luna de Il Trovatore, Giorgio Germont de La Traviata o Francesco Foscari de I due Foscari. En estas funciones valencianas se le ha podido escuchar en el papel de Macbeth, su última creación baritonal verdiana, con desiguales resultados dadas las dificultades de este personaje. Ya, con casi setenta y cinco años, Domingo se mostró corto de fiato, lo que le causaba auténticos problemas para ligar largas frases, como en el caso de ese extenso soliloquio “Sappia la sposa mia” que realiza antes de asesinar al rey Duncan en el Acto I. También, resultó ostensible una disminución de volumen, que le hacía perder presencia vocal en los dúos junto a la poderosa Lady Macbeth de Ekaterina Semenchuk, y hacerle prácticamente inaudible en los concertantes.

Su actuación mejoró sensiblemente en los dos últimos actos, ofreciendo una buena interpretación en la escena de las apariciones espectrales del Acto III, y cantar de manera muy notable el aria “Pietà, rispetto amore” del Acto III, aunque lejos de las interpretaciones de voces baritonales italianas de esplendida línea de canto, como Renato Brusson, Piero Capuccilli o Leo Nucci, por no citar a los norteamericanos Sherrill Mines, y sobre todo a Leonard Warren, quienes se permitían, incluso, concluir este aria con un monumental agudo. Domingo realizó su mejor intervención, cantando, más bien recitando, el aria conclusiva de la ópera “Mal pe me che ma’affidai”. Es preciso señalar, que a pesar de las limitaciones expuestas en su interpretación de Macbeth, Domingo sigue mostrando -milagrosamente a sus años- una gran belleza tímbrica, unida a una magnífica actuación escénica, siendo intensamente aplaudido al final de la representación.

Ekaterina Semenchuk como Lady Macbeth, mostró un gran poderío vocal, junto a una notable actuación teatral, que ya se puso de manifiesto en su entrada escénica recitando con verdadero estilo “Nel dì della vittoria io le incontrai” para derivar al canto con una excelente interpretación del recitativo-aria “Ambizioso spirto tu sei, Macbetto……Vieni! T’afretta!”, cantado con auténticos acentos verdianos y concluir con la cabaletta “Or tutti sorgete”, moviéndose bien en el registro central y agudo, aunque mostrando cierta inconsistencia en la gama de graves y algunos problemas en las agilidades de la cabaletta, que también vuelven a producirse en ese reiterado brindis de marcado carácter belcantista “Si colmi il calice”, durante la escena del banquete con la que finaliza el Acto II. La mezzo rusa realizó una buena interpretación del aria “La luce langue” en el inicio del Acto II, aunque con dificultades en la emisión al si natural agudo en la parte final del aria, y faltándole incisividad en el fraseo para mostrar la maldad intrínseca del personaje. Notable fue su interpretación de la gran escena del sonambulismo, en el Acto IV, dotando a su interpretación de patéticos acentos, con una matizada línea de canto, aunque cortando feamente la ascensión al re sobreagudo final. Señalar sus magníficas intervenciones en los dúos con Macbeth, sobre todo el conclusivo del Acto III “Ove son io?” finalizado con la vibrante stretta “Ora di morte e di vendetta”. Cabe destacar sus intervenciones en los concertantes, donde su voz emergía con fuerza, por encima de coro y orquesta emitiendo en forte.

El papel para tenor de MacDuff, resulta secundario en esta ópera, pero tiene una intervención de auténtico lucimiento en el recitativo-aria “O flgli miei…..Ah, la paterna mano” una de las páginas más bellas compuestas por Verdi e interpretada de manera notable, aunque con algún problema de afinación por Giorgio Berrugi, quien exhibe una bonita voz, aunque en exceso lírica, para un personaje que requiere un tenor lírico-spinto, como es el caso del gran Carlo Bergonzi, quien nos ha legado una extraordinaria y referencial interpretación de esta página.

El bajo Alexander Vinogrador cantó de manera correcta el papel de Banquo, mostrando una voz de cierta rotundidad pero con una poco refinada línea de canto, en su dúo con Plácido Domingo, en el arranque de la ópera, mejorando su actuación en el aria “Studia il passo, o mio figlio….Come dal ciel precipita” que precede a su asesinato en el Acto II. Bien el resto de los interpretes secundarios, destacando Federica Alfano, en su corta intervención como Dama de Lady Macbeth en la Escena de sonambulismo.

Texto: Diego Manunel García Pérez
Fotografía: Tato Baeza

Plácido Domingo

Había programado el Teatro Real para finalizar la temporada su ya tradicional ópera con Plácido Domingo. Se trataba de Gianni Shicchi, de Giacomo Puccini, que junto con Goyescas, del maestro Granados, formarían conjuntamente el cartel de este fin de curso. La dolorosa muerte de la hermana de Domingo, y la comicidad con la que la obra de Puccini se refiere a la muerte, han llevado al ahora barítono a suspender su participación en dicha obra. En su lugar, y como solo hacen los más grandes, Domingo ofreció un pequeño concierto en el descanso de ambas obras.
El resultado final es un variado programa operístico, difícil de casar, donde el protagonismo y el éxito pertenecieron a Plácido Domingo en una velada anómala, no es frecuente encontrar un programa semejante.

La velada comenzó con Goyescas. La obra de Granados estuvo muy bien dirigida por un Guillermo García Calvo que supo delinear perfectamente una obra diferente. Compuesta al revés, como dice el propio director, ya que primero fue la música y sobre ella se fue escribiendo la letra.

La semiescenificación, pobretona por la oscuridad del escenario que aparecía desangelado, contribuyó al tedio en el que cayó la obra desde los primeros compases. La actitud de los cantantes sobre el escenario, a excepción de Ana Ibarra, tampoco ayudó demasiado a la expresividad. Solo la música quedó a salvo.

La soprano María Bayo, que hacía tiempo no escuchábamos en el Real, despachó el personaje con oficio y rigor. Andeka Gorrotxategi y César San Martín quedaron a menudo ocultos tras el coro y la orquesta. Sobre todo el primero.

Tras Goyescas llegó Él, Plácido Domingo. Precedido de una gran ovación nada más poner pie en escena, ofreció un breve recital. “Nemico della patria”, de Andrea Chénier de Giordano; “Pietà, rispetto, amore” de Macbeth de Verdi y “Madamigella Valery”, de La traviata con una extraordinaria Maite Alberola. El concierto se completó con “Sia qualunque delle figlie”, de La Cenerentola de Rossini a cargo de Brunó Praticó, cuya voz cascada le sentaba bien al personaje. Y Luis Cansino que interpretó “L´Onore” de Falstaff con una gracia que gustó a un público ya entregado. Las ya tradicionales apariciones anuales de Domingo en el Teatro Real, aumentan cada vez más su carga de emociones. No sorprende que el maestro quisiera tener esta “pequeña” aparición en escena. La energía y cariño de su público, tan necesaria en esos día, seguro que mereció la pena.

El último plato de la noche era el Gianni Schicchi de Giacomo Puccini. La escenografía diseñada por Woody Allen era muy vistosa. Una abigarrada vivienda, más propia del sur de Italia que de la Venecia donde se desarrolla, pero a la que no le faltaba ni un solo detalle. Muy cinematográfica, como no podía ser de otra manera. Empezaba incluso con una gran pantalla donde aparecían los títulos de crédito. La poderosa música de Puccini, leída como nadie desde el foso por Giuliano Carella, creaban una atmósfera de película italiana propia de los años 50.

El cuadro de cantantes, muy numeroso en esta obra, se desenvolvían con soltura y comicidad por el ajetreado y colmado escenario. El papel de Nicola Alaimo no era fácil. No lo es sustituir a Plácido Domingo en el papel de Schicchi, pero lo resolvió con acierto y voz poderosa. Aunque pareciera más joven que su propia hija sobre el escenario.

El resto de personajes, Maite Alberola, una Lauretta pícara y refrescante, Elena Zilio, Albert Casals, Vicente Ombuena, Bruno Praticò, Eliana Bayón, Luis Cansino, María José Suarez, Francisco Santiago, Tomeu Bibiloni, Valeriano Lanchas, Federico de Michelis, Francisco Crespo, Darío Barón y El muerto, Gabi Nicolás, terminaron de imprimir el carácter cómico a la obra de manera magistral. Una muy acertada teatralización y dirección de actores. Todos perfectamente desordenados en ese escenario puramente napolitano que hizo las delicias de un público que comenzó la noche con aburrimiento, la continuó con emoción y la terminó con un vistoso entretenimiento. ¿Quién da más?

Plácido

Tal como se anunciamos la semana pasada, Plácido Domingo no interpretará el papel titular de Gianni Schicchi, de Giacomo Puccini, debido al reciente fallecimiento de su hermana, a la que se sentía muy unido, y que le impide interpretar, con intensidad y entrega, una ópera de carácter cómico.

No obstante, por deferencia con el público de Madrid y con el Teatro Real, ofrecerá un pequeño concierto entre las óperas Goyescas y Gianni Schicchi, en las cinco funciones que tendrán lugar en el Teatro Real los días 30 de junio y 3, 6, 9 y 12 de julio.

Al finalizar la ópera de Enrique Granados, en versión de concierto, Plácido Domingo interpretará, acompañado por la Orquesta Titular del Teatro Real, bajo la dirección de Giuliano Carella, arias y escenas de La Traviata y Macbeth, de Giuseppe Verdi, y Andrea Chénier, de Umberto Giordano, en papeles destinados a la cuerda de barítono.

Domingo

El tenor Placido Domingo no participará en las funciones de la ópera Gianni Schicchi, de Giacomo Puccini, previstas para los días 30 de junio y 3, 6, 9 y 12 de julio, tal y como estaba anunciado.

El reciente fallecimiento de su hermana, a la que se sentía muy unido, le impide representar un papel de carácter cómico y entregarse al público con la intensidad y dedicación que siempre le han caracterizado.

En su lugar, el papel de Gianni Schicchi será interpretado por el barítono Nicola Alaimo, los días 30 de junio; 3 y 6 de julio de 2015, y por el barítono Lucio Gallo en las funciones de los días 9 y 12 de julio de 2015.

Celso Albelo

Celso Albelo debutará el papel de Percy, protagonista de la ópera Anna Bolena de Donizetti, en la Wiener Staatsoper en su regreso al principal escenario operístico de Austria en el que ya se le ha aplaudido en otras óperas del compositor italiano, como L’elisir d’amore y Roberto Devereux, además de en La Sonnambula, de Bellini. En este regreso vienés con debut incluido, los días 10, 13, 17 y 20 de abril, lo hará nada menos que al lado de la soprano Anna Netrebko, una de las grandes divas de la actualidad.

“Hacía mucho tiempo que le tenía ganas a este papel, ya que he cantado las otras dos óperas de la trilogía Tudor de Donizetti, Maria Stuarda y Roberto Devereux”, afirma el cantante. “Estuve a punto de interpretarlo por primera vez en el Teatro Verdi de Trieste, en 2012, pero entonces tuve que cancelarlo debido a que me afectó una infección bronquial. Fue muy frustrante, porque íbamos a hacerlo junto con mi admirada Mariella Devia, pero me sacaré la espinita en mayo, ya que después de cantarla en Viena la haré en mi tierra, en Tenerife, y precisamente junto a Mariella Devia”.

Celso Albelo llega a este personaje después de otro gran debut belcantista, aunque rossiniano: el de Arnold de Guillaume Tell (en la Ópera de Montecarlo y en el Théâtre des Champs-Élysées de París). Antes acababa de incorporar a su repertorio su segundo papel en el género de la zarzuela, Javier, de Luisa Fernanda y junto a Plácido Domingo, en el Palau de les Arts de Valencia.

Después de su última gira por Japón, comenzó la temporada en A Coruña con La Traviata, para viajar más tarde a Palermo, Viena y Berlín. En marzo interpreta de nuevo a Nemorino de L’elisir d’amore (Módena y Parma) y en los próximos meses le esperan compromisos en Bonn, Valencia o Macerata, todo ello antes de su esperado debut en el Metropolitan Opera House de Nueva York con Maria Stuarda en enero del próximo año.

I Due Foscari

Ha comenzado el AÑO VERDI, en el 200 aniversario de su nacimiento, y el Palau de Les Arts celebra la efeméride con un título del joven Verdi I due Foscari, a lo largo de seis representaciones que comenzaron –exitosamente- el pasado 24 de enero, y se extenderán hasta el 8 de febrero. Y, a las que seguirán las funciones de Otello –una de las cumbres del arte verdiano- que se desarrollarán los próximos meses de mayo y junio, con dirección de Zubin Mehta, en el Festival del Mediterráneo.

MUERTES EN VENECIA
En la famosa película de Luchino Visconti en 1971 y, también, en la última ópera de Benjamin Britten de 1973, se producía la Muerte en Venecia, del atormentado músico Gustav von Achenbach: Francesco María Piave –a partir del drama de Lord Byron, The two Foscari- escribió el libreto de la sexta ópera compuesta por Verdi, con el italianizado título de I due Foscari. En ella se plantea una trama opresiva y de gran dramatismo, que concluye con las muertes, en la Venecia del Quatrocento, del Dux de la Serenísima República, Francesco Foscari y de su hijo Giacopo.
Esta ópera inaugura un período de frenética actividad creadora del compositor de Busseto, quien desde 1844 (año del estreno de I due Foscari) hasta 1850, compondrá once óperas. A estos intensos siete años se les conoce con el nombre de “años de galera”. Esta denominación está basada en una carta del propio Verdi a su amiga la condesa Maffei, en la que se quejaba del modo
siguiente: “Desde Nabucco puede decirse que no he tenido una sola hora de tranquilidad. ¡Fueron siete años de galera!” Más tarde la expresión alcanzó fortuna, pero aplicándola al período de seis años acotado entre I due Foscari y Stiffelio estrenada en 1850.
Dos pueden ser las razones de este gran esfuerzo creativo: las peticiones de los teatros para representar nuevas óperas y el afianzamiento de la posición económica del compositor, cuyos triunfos en los escenarios le iban proporcionando una saneada situación financiera. Ambas razones son plausibles, aunque suele esgrimirse la primera en detrimento de la segunda, menos romántica. Ciertamente, por aquel entonces había una verdadera ansia del público por, materialmente, devorar nuevas óperas; esta circunstancia obligaba al compositor a crear sin cesar una ópera tras otra, y viajar continuamente para asistir a estrenos o supervisar ensayos y reposiciones. Pero no es menos cierto, que por sus orígenes humildes, Verdi sentía una gran atracción por el dinero.
Por tanto, ese frenético trabajo de “los años de galera”, al que puede añadirse el período entre 1851 y 1853 donde compuso su trilogía popular, que forman Rigoletto, Il Trovatore y La Traviata, le convierten en un compositor millonario que, a partir de entonces, va paulatinamente ralentizando su producción, ya que, en los siguientes cuarenta años, y hasta sus postreros Otello estrenada en 1887, y Falstaff de 1893, solo compondrá ocho óperas.

Pero, volvamos a este valenciano y muy notable I due Foscari: donde, de nuevo, como en los anteriores casos de Rigoletto y La Bohème, durante la presente temporada, se nos muestra una original escenografía. Ya, en el mismo arranque de la representación, podemos ver un mar dinámico proyectado sobre un transparente telón, que simboliza ese bello horizonte azul veneciano, a través del cual puede entreverse el universo feo y siniestro carcelario que, una vez izado ese telón marítimo, puede contemplarse con toda su sórdida nitidez, y donde en una jaula está preso Jacopo Foscari,a el hijo del Dux Francesco Foscari, rodeado de torturadores, y algún clérigo inquisidor que bendice los castigos a los cautivos. De nuevo, en el Acto III, ese opresivo universo subterráneo interacciona con un colorista jolgorio, donde los personajes cantan y bailan en la celebración de ese histórico evento festivo denominado “Regata veneciana”. Muy conseguido el diseño de vestuario realizado por Mattie Ullrich, con proliferación de los colores rojo y blanco, junto con los bonitos atuendos que exhibe la soprano china Guanqun Yu, en el rol de Lucrecia Contarini. Excelente dirección escénica de Thaddeus Strassberger, consiguiendo que los personajes muestren la tensión y dramatismo que les aflige.

Musicalmente, en esta ópera pueden comprobarse los avances en materia de orquestación conseguidos por Verdi en relación a sus anteriores trabajos. Aquí el compositor experimentó por primera vez con los llamados “temas recurrentes” o “leit motiv”, que anuncian la presencia escénica de los diferentes personajes, e incluso del coro. Por tanto, el maestro de Busseto muestra en I due Foscari, nuevas formas de expresión musical, principalmente con esos temas recurrentes, mediante los cuales cada personaje queda definido por un motivo musical que lo identifica en escena. Para el octogenario Francesco Foscari, son las cuerdas graves: violonchelos y contrabajos, que desarrollan una bella figura melódica descendente, que refleja fragilidad y vejez. La aparición en escena de Lucrecia Contarini está marcada por un “allegro agitato” interpretado por la cuerda, con una inquieta y enardecida melodía que muestra el alto grado de constante agitación del personaje. Hasta el coro, en las intervenciones del “Consejo de los Diez”, tiene su motivo musical: un “andante con moto”, que refleja, de alguna manera, crueldad e intransigencia.

Omer Wellber dirigió con buen pulso a la Orquesta de la Comunidad Valenciana, ya desde el mismo arranque de la ópera, con esos fuertes y vigorosos acordes que inician la obertura, y la ejecución de ese fúnebre y melancólico tema en modo menor, ejecutado en primer lugar por el clarinete y posteriormente por la flauta, con evidente lucimiento de ambos instrumentos, y que va a marcar musicalmente la presencia de Jacopo Foscari.

La orquesta luce sus bondades en el arranque del Acto II, con esa música bellísima de corte camerístico, con lucimiento de violín y violonchelo alternándose y dialogando, a los que se une la voz de Jacopo Foscari, bien interpretado por el tenor Ivan Magri –cubriendo el pasaje, con buen estilo de canto verdiano- en el inicio de su gran escena “Notte! Perpetua notte che qui regni…”. También el tenor afronta lucidamente su intervención en el Acto III, “L’inesorabil suo core di scoglio”. Aunque Ivan Magri queda lejos de las extraordinarias interpretaciones del joven Carlo Bergonzi, en la toma en directo de esta ópera realizada en 1951, con dirección musical de Carlo María Giulini o del joven Josep Carreras, en la magnífica grabación Philips de 1976, dirigida por Lamberto Gardelli, y donde el tenor catalán nos ofrece su bellísimo timbre de entonces, junto a un temperamento verdiano –sobre todo en las cabalettas- de primera magnitud.

La pasada temporada, Plácido Domingo afrontó un rol de barítono lírico, como el Athanael de Thais de Jules Massenet. De nuevo le escuchamos en esta tesitura, encarnando al viejo Francesco Foscari que, en realidad, requiere de un barítono más dramático como en los casos de Renato Bruson y Leo Nucci, quienes han interpretado este rol reiteradamente en teatro, y nos han legado grabaciones en DVD de indudable calidad. De cualquier forma, Domingo sale airoso de la prueba, mostrándonos aún ese juvenil y bonito timbre, increíble en un cantante que ya ha cumplido setenta y dos años.
Y, se muestra notable en su primera aparición escénica “Eccomi solo alfine…”, que nos presenta al gobernante en la soledad del poder. También, en sus intervenciones solistas del Acto III “Egli ora parte!… Ed inocente parte!”, para terminar su importante actuación en todo el final de la ópera “Questa dunque è l’iniqua mercede… Principe”, donde, a continuación muere ante tanto infortunio. Pero, quizás, donde Domingo brilla con más fuerza en los dúos con su nuera Lucrecia Contarini, magníficamente interpretada por la joven Guanqun Yu, -gran triunfadora de la noche- ganadora de la edición 2012, del concurso Operalia-Plácido Domingo, y discípula de Carlo Bergonzi, Reneé Fleming y Eva Marton. La soprano china cuenta con un bonito timbre, y una voz muy bien proyectada, con agudos y sobreagudos redondos y squillantes. Sin embargo, su gama de graves, resulta limitada. Su actuación resultó muy lucida, desde que aparece por primera vez en escena, durante el Acto I, con el recitativo-aria-cabaletta “No mi lasciate….tu al mi sguardi omnipossente…O patrici tremate…l’eterno”, de corte belcantista donizettiano y gran dificultad. Asimismo, También tuvo una brillante intervención en la cabaletta del Acto III “Piu non vive! L’innocente..”. Mención especial merece la interpretación del vibrante cuarteto del Acto II, con Lucrecia, Francesco, Giacopo y el malvado Loredano, muy bien interpretado por ese bajo de grandes medios vocales que es Gianluca Buratto. Como siempre, magnífica actuación del Coro de la Generalitat Valenciana, dirigido por Francesc Perales. En fin, una ópera del joven Verdi bien resuelta vocal y escénicamente.

Cyrano de Bergerac

Este Cyrano que llega al Teatro Real parece ser la concesión o “detalle” que Gerard Mortier tiene con el público de Madrid. Debe pensar que un Plácido al año, no hace daño, pero solo uno y sin adornos. Sin “Enfoques”, solo cinco funciones, sin publicidad inicial en la web, etc, etc.. Pero Domingo, como institución que es, por encima de otras consideraciones, ha colgado el cartel de no hay billetes con esta comedia heroica de Alfano, una composición italiana con evidentes evocaciones francesas.

Plácido Domingo es un Maestro, entre otras cosas, por saber descubrir y desempolvar partituras que se amoldan perfectamente a sus características, vocales primero, y escénicas después. El Cyrano de Bergerac de Franco Alfano (conocido sobre todo por concluir el Turandot de Puccini) es un personaje con una vocalidad centrada y sin grandes exigencias en los extremos. Propicio para un tenor lírico spinto y amplio. Esto permite a Domingo tener algunos momentos de calidad, donde es posible reconocer ese color de voz suyo tan hermoso y característico, a pesar de que nunca fue dueño de metal en el agudo. Se aprecia también la necesidad de hacer pausas más a menudo ante la escasez de fiato y la dificultad en algunos apoyos que resultaban insuficientes en el recorrido por los graves. Se percibe también la falta de ensayos, que se evidenciaba en la asincronía con el resto de intervinientes, y las dificultades para recordar el texto.
A los elementos canoros, propiamente dichos, hay que sumar las ya evidentes dificultades para moverse en escena. Continúa Domingo haciendo gala de una excelente forma física dada su edad, pero desde Su Simon Boccanegra de hace dos temporadas, se ha notado un cierto declive físico que hace que la soltura de sus movimientos no sea la misma.

Junto a Plácido Domingo, y al menos durante las dos primeras representaciones, sustituyendo por enfermedad a Sondra Radvanovsky, hacía su presentación operística oficial en el Real, la soprano Ainhoa Arteta. Conocedora del personaje de Roxane, solventó la noche con gran dignidad y así fue recompensada por el público, que le brindó una cálida ovación de bienvenida. Su voz se ha ensanchado un poco y al hacer la transición al agudo se estrecha y resulta un poco tirante, pero es robusta y voluminosa y sus mezza voce estuvieron llenos de belleza. Continúa teniendo problemas de expresión y teatralidad, parece tensa y poco natural, esperemos que se relaje para la Doña Elvira de Don Giovanni, que la vuelve a traer al Real la próxima temporada.

Del resto de cantantes no hay mucho que decir, Decepcionante Michael Fabiano, como Christian y muy solvente Ángel Ódena como De Guiche.

EL coro estuvo brillante, como nos tiene acostumbrados. Tal vez un escalón por debajo pero no por demérito suyo, sino porque la obra en sí se sitúa en ese segundo escalafón.

Después de haber comprobado a lo largo de la temporada, todo de lo que es capaz la Orquesta Sinfónica de Madrid cuando es dirigida por batutas brillantes y exigentes, la de hoy ha sido una interpretación pobre en matices y expresividad. A favor de Pedro Halffter, decir que la partitura no es precisamente lucida.

La escenografía, demasiado espectacular y excesiva. En ocasiones había mucha gente sobre el escenario que hacía, además, demasiado ruido y daba sensación de cierto caos. Un poco insoportable resultó el inicio de la obra con actores por el escenario mientras sonaba las desagradables afinaciones de la Orquesta. Mala e infantil iluminación que debió dejar ciego a más de un espectador en el Patio de butacas por los reflejos.

En resumen, una ópera aburrida cuyo único objetivo es recibir en su casa, una temporada más, a un Plácido Domingo que cuenta siempre con el cariño de su público satisfecho solo con su presencia. Pero hay algo que continua haciendo como nadie, morirse en escena. Especialidad ésta que proporcionó un final conmovedor, como solo él es capaz de hacer.

Cyrano de Bergerac
Franco Alfano (1875-1954)
Ópera en cuatro actos y cinco cuadros
Libreto de Henri Cain, basado en el drama heroico homónimo de Edmond Rostand
Nueva producción del Teatro Real procedente del Théâtre du Châtelet de París
D. musical: Pedro Halffter
D. escena e iluminación: Petrika Ionesco
D. coro: Andrés Máspero
Coro y Orquesta titulares del Teatro Real
Arteta, Lamprecht, Toledo, Domingo, Ódena, Pomponi, Fabiano, Alvaro, Helmer

Iphigenie

Iphigénie in Tauride: ¡Me vuelve al corazón la calma!”

La historia de la ópera, como toda la historia en general, está salpicada de momentos en los que se han producido cambios trascendentales. Cambios que han influido de manera determinante con posterioridad. Uno de esos momentos de inflexión son los estrenos de Orfeo y Euridice y de Iphigénie en Tauride, ambas obras de Gluck. Sobre ellas se asentó la denominada “Reforma” que se consolidó definitivamente con Iphigénie.
Este movimiento operístico planteaba la necesidad de otorgar más importancia al drama argumental que a otros elementos que hasta ese momento contaban con más peso, como eran la mayor o menor exuberancia escénica o el excesivo divismo y protagonismo de las voces. Se abogaba pues, por una ópera en la que todos los elementos, la música, la danza o la escenografía estuvieran al servicio de inspirar los más profundos sentimientos y reflexiones del público.

Iphigénie es una obra maestra. Es el compendio de las tradiciones marcadas por Haendel o Rameau y una herencia, en modo de influencias, en Mozart o Wagner. Es la revolución de las pasiones, de los más profundos sentimientos de dolor, de reencuentros y lealtades fraternales. Es, sin duda, la máxima expresión de la Tragedia Griega.
Iphigénie es una obra alejada de los convencionalismos del momento. En ella no se desarrollan los ya tradicionales enredos amorosos, no es una obra de acción si contiene el menor rasgo de humor. Está copada por arias de un gran dramatismo y austeridad, de una belleza y dignidad que no permiten pensar en la ausencia de ningún otro elemento, argumento o personaje. Cada instante del desarrollo de la obra atrapa por sí mismo con una fuerza que solo una música tan decididamente hermosa puede conseguir.

Una obra que se plantea sobre una tragedia familiar desbordante, donde un padre mata a su hija, la madre mata entonces al padre, el hijo venga a su padre matando a su madre y donde su hija se ve en la obligación de matar a ese hermano, ¿cuánta controversia interior puede llegar a provocar?
Así comienza esta obra. Con una música que de manera violenta y magistral refleja el desasosiego interior de Iphigénie.

La ópera gira en torno a dos ideas principales. Uno el abismo emocional de Iphigénie provocado por la traumática desaparición de su familia y la casi obligación de matar a su hermano pequeño. Por otro lado, la leal amistad de Pylades y Orestes que les lleva a estar dispuestos a sacrificarse el uno por el otro.
Sobre estas dos premisas tan dramáticas emocionalmente es sobre las que el escenógrafo canadiense Robert Carsen ha creado una escenografía, con algunos elementos evocadores de su recientemente celebrada Katia Kabanova. En esta ocasión ha creado un escenario de elocuente sobriedad. Todo es negro sobre el escenario. Unicamente los destellos de la espada con la que Iphigénie debe matar a su hermano, iluminan el escenario.
Una desnudez escénica tan elegantemente conseguida que cualquier otro elemento que hubiera aparecido habría sobrado o, cuanto menos, distraído. La sobriedad escénica refleja muy bien, a través de pequeños detalles, todo aquello que solo se encuentra en la atromentada mente de Iphigénie. Uno de los momentos con mayor carga dramática y brillantemente resueltos por Carsen, es el conocimiento por parte de Iphigénie de la muerte de sus padres. En ese momento, los nombres de éstos, Agamenon y Clitemestra, que aparecían escritos en la pared, son borrados mientras Iphigénie borra también el suyo en un trágico y doloroso simbolismo acompañado de un delicadísimo y estremecedor lamento.
Rober Carsen ha llevado con su escenografía a la consecución de las más acentuadas reflexiones utilizando para ello elementos modestos y en reducido número. Esta capacidad está solo al alcance de los mejores, de los Maestros.

El Director musical, Thomas Hengelbrock, consigue extraer de la Orquesta Titular del Teatro Real, menos acostumbrada a los clásicos, un sonido diáfano, elocuente y brillante. A la misma altura de la Orquesta se ha situado esta vez el Coro. No solo por su situación en el foso, sino por reforzar de forma tan delicada el dramatismo contenido y sobrio que flotaba en la sala.
Antes de iniciarse la representación, Mortier informa al público de los estragos que la gripe ha causado esos días entre los cantantes. Pero afortunadamente la gripe no ha podido, esta vez, con la profesionalidad del trio protafonista.
Susan Graham es la perfecta Iphigénie. Tras superar algún problema al inicio de la representación, nos regaló una voz potente y delicada, con unos pianos que transmitían a la perfección el dolor de una Iphigénie que sufre las pérdidas en los más profundo. Su capacidad dramática resulta conmovedora. Proporcionó momentos sublimes y fue una de las triunfadoras de la noche.
Plácido Domingo triunfó nuevamente ante su público. Se notaba en su voz las secuelas de la gripe y me temo que también las del tiempo. Pero su timbre continúa siendo uno de los más hermosos. Despliega una energía sobre el escenario dificil de igualar y ninguna exigencia escénica le amedrenta (no como a otros…).
Paul Groves interpretó con brillantez un Pylades que tuvo momentos magistrales en los dúos con Oreste y también en solitario. Con un muy buen fraseo y una voz potente y llena de matices y de sensibilidad.
Frank Ferrari fue el único que desentonó con el resto del reparto. Una voz apagada y sin brillo. Muy bien las jóvenes voces nacionales. Susana Cordón, Anna Alás i Jové y Maite Alberola. Ante unos protagonistas de tanta presencia vocal, su actuación, aunque breve, estuvo a mucha altura completando el elenco.

Por último, muy bien también la dirección de actores. Ante el aparente caos que se producía a veces sobre el escenario, todo estaba en su sitio, al tiempo que los actores realizaban movimientos perfectamente estudiados y coordinados que conseguían resultados de efecto y belleza. Todo ello, enfatizado por una sutil iluminación a cargo de Carsen y Peter van Praet, que sirve para engrandecer aún más alguno de los personajes y para acentuar este drama genial.

Christoph Willibald Gluck (1714-1787)
Tragedia Lírica en cuatro actos en lengua francesa.
Libreto de Nicolás-François Guillard, basado en las tragedias homónimas de Claude Guymond de la Touche (1757) y Eurípides (412 a.c.).
Estrenada en la Academia Royale de Musique de París el 18 de mayo de 1779.
Nueva producción del Teatro Real procedente de la Lyric Opera de Chicago, la Royal Opera House, Covent Garden de Londres y la San Francisco Opera.
D. musical: Thomas Hengelbrock
D. escena: Robert Carsen
Escenografía y figurines: Tobias Hoheisel
Iluminación: Robert Carsen, Peter van Praet
Coreografía: Philippe Giraudeau
D. Coro: Andrés Máspero
Susan Graham, Plácido Domingo
Paul Groves, Frank Ferrari, Maite Alberola
Teatro Real de Madrid