CNDM 19-20. LIED. SIMON KEENLYSIDE

Hoy vamos a empezar esta crónica por el final. El final del recital del Ciclo de Lied que conjuntamente organiza el Teatro de la Zarzuela y el Centro Nacional de Difusión de la Música (CNDM). Simon Keenlyside, el barítono británico que acababa de interpretar un meritorio repertorio de obras románticas, alemanas y francesas, pidió modestamente al público que esperase diez minutos más, después, podrían volver a casa.

Keenlyside nos recordó entonces, que esos días se conmemoraba el 75º aniversario de la liberación del campo de concentración de Auschwitz-Birkenau. Quería por ello rendir homenaje y recordar el sufrimiento del pueblo judío interpretando la canción que su abuelo, el gran violinista Leonard Hirsch, tocaba al violín cuando él era pequeño, el Kadish de las Deux mélodies hébraïques de Maurice Ravel. La profunda intención en la interpretación de esta obra, la sensibilidad y sentimiento con que Keenlyside evocó sus orígenes, dejó a todo el público emocionado y sobrecogido, sin poder apenas reaccionar con aplausos. Este instante de comunicación trascendental, que nos golpea y agita por dentro, no debe pasar inadvertido, ni ser desaprovechado. Auschwitz no surgió de la nada de repente. Hasta llegar a él, millones de, aparentemente, pequeños acontecimiento se fueron sucediendo por toda Europa. Auschwitz puede volver a empezar cada día ante nuestro desinterés o disimulo.

Pero como digo, este fue el final de un recital, aunque fuera el principio de otro. Antes Keenlyside ya nos había emocionado con una primera parte interpretando la Schwanengesang D 657 (1828) de Franz Schubert. Un repertorio que domina el experimentado barítono británico pero ante el que, en esta ocasión, pareció no encontrarse demasiado cómodo al principio. Fue con el avance de las obras con el que fue ganando en la intensidad dramática de obras como Der Atlas (El Atlas) o Der Doppelganger (El doble), para abandonarse después en el romanticismo de Am Meer (Junto al mar).

La segunda parte resultó mucho más fluida. El repertorio romántico francés con obras de Maurice Ravel, Francis Poulenc, Claude Debussy y Gabriel Fauré, le viene como anillo al dedo a un Keenlyside atlético, también en lo vocal, que le permite una gran expresividad en la interpretación. Su depurada técnica y flexibilidad le facilitan una buena proyección y un fraseo extraordinario.

El acompañamiento al piano de la sudafricana Caroline Dowdle fue correcto. Mejor en la segunda parte, donde el peso y protagonismo absoluto era de la voz de un Simon Keenlyside que a esas alturas del recital ya había desplegado toda su magia, que no es poca.

Un éxito más de este Ciclo de Lied ante un público agradecido a un Simon Keenlyside que no se guardó nada en su interpretación y que generó una hermosa consternación y una profunda emoción.

Fotografía: (c) CNDM_Rafa Martín

Simon Keenlyside

El lunes 3 de febrero a las 20h, el Centro Nacional de Difusión Musical (CNDM) en coproducción con el Teatro de La Zarzuela, presentan en el XXVI Ciclo de Lied al barítono británico Simon Keenlyside junto a la pianista Caroline Dowdle. Ambos artistas abordarán un programa con lo mejor de la tradición musical romántica alemana y francesa a través de las páginas de Schubert, Ravel, Fauré, Poulenc y Debussy. Las entradas, con un precio general de 8 a 35 euros, ya están a la venta en las taquillas del Teatro de La Zarzuela, teatros del INAEM, entradasinaem.es y 902 22 49 49.

Simon Keenlyside nació en Londres. Hizo su debut operístico en la Ópera Estatal de Hamburgo como el conde de Almaviva en Le nozze di Figaro. Keenlyside ha cantado en los grandes teatros de ópera del mundo y tiene una asociación particularmente estrecha con la Metropolitan Opera House de Nueva York, la Royal Opera House de Londres, la Ópera de Baviera y la Ópera de Viena, donde ha interpretado a Prospero (The Tempest), Rodrigo (Don Carlo), Giorgio Germont (La traviata), Papageno (Die Zauberflöte), el conde de Almaviva y los papeles principales en Don Giovanni, Eugenio Oneguin, Pelléas et Mélisande, Wozzeck, Billy Budd, Hamlet, Macbeth y Rigoletto. Recientemente, ha interpretado Rigoletto en Luxemburgo, París, Bratislava y Múnich, Giorgio Germont y Ford en la Ópera Estatal de Viena, el conde de Almaviva en la Royal Opera House, Wolfram en la Ópera Alemana de Berlín, así como su don Giovanni en la Ópera de Baviera. En concierto, Simon Keenlyside ha cantado canciones de Sibelius con la Orquesta de Cleveland, bajo la dirección de Franz Welser-Möst, y con la Orquesta Sinfónica de la Radio ORF en la Vienna Konzerthaus con Ryan Wigglesworth. Es un reconocido recitalista que canta en los principales escenarios del mundo. La pasada temporada ofreció algunos recitales en Vancouver, Quebec, Washington D. C., Atlanta, Schenectady, Filadelfia, Cleveland, Estrasburgo, Ámsterdam, Viena y Londres, acompañado al piano por Malcolm Martineau, Emanuel Ax, Natalia Katyukova o Julius Drake. Ha grabado un álbum de lieder de Schumann con Graham Johnson y cuatro con Malcolm Martineau con obras de Schubert, Strauss y Brahms, y más recientemente, uno de canciones, Songs of War, que obtuvo el Premio Gramophone 2012. Ha cantado bajo la dirección de los principales directores del mundo con la Orquesta de Cámara de Europa, la Orquesta Sinfónica de la Ciudad de Birmingham, la Orquesta Sinfónica de Londres, la Orquesta Filarmónica Checa, así como las de Cleveland, Viena y Berlín. También ha grabado el War Requiem de Britten con la London Symphony Orchestra bajo la dirección de Noseda, Elijah de Mendelssohn con McCreesh, Des Knaben Wunderhorn con Simon Rattle, así como Don Giovanni con Abbado, Carmina Burana con Thielemann, La bohème con Chailly, Billy Budd, Die Zaruberflöte con Mackerras, Le nozze di Figaro con Jacobs y The Tempest con Adès, que ganó en la categoría de mejor grabación de ópera (Grammy 2014) y de grabación musical de dvd del año (Echo Klassik 2014). En 2006, le concedieron el Premio Olivier; en 2007, el Echo Klassik en la categoría de cantante masculino del año y, en 2011, el Musical America’s Vocalist of the Year. Y, en 2017, fue nombrado Kammersänger por la Ópera Estatal de Viena. Simon Keenlyside ha participado en tres ediciones del Ciclo de Lied: XIII (06-07), XV (08-09), XXI (14-15).

Fotografía: © Robert Workman

Wozzeck

Wozzeck es una obra compleja que requiere, entre otras cosas, una pequeña dosis de paciencia inicial. Es una ópera con constantes desafíos a los que permanentemente hay que sobreponerse. No puedo decir que me haya gustado, pero tampoco lo contrario. Uno se puede sentir sobrecogido, inquieto, agobiado, y siempre espectante. Y es que Wozzeck es una ópera con un propósito diferente.

El desasosiego ha caído sobre el Teatro Real como una lluvia fina que apenas se nota, pero que cala hasta los huesos. Y el responsable no es otro que Wozzeck, del compositor Alban Berg y basado en Woyceck, de Georg Büchner (la diferencia entre el nombre y el título se debe a un error en la primera edición que Berg optó por conservar). Su participación en la Primera Guerra Mundial, llevó a Berg a desarrollar un pronunciado antimilitarismo que, sin embargo, no impidió la composición de esta obra con un antiguo militar esquizofrénico como protagonista.
Nunca unos aplausos fueron tan extrañamente tímidos. El público acababa de ser sometido a una presión no resuelta del todo en esta producción.
Wozzeck no resulta fácil de escuchar. Su lenguaje musical y argumental es descrito con la abstracción de la música atonal, presentando un universo dramáticamente injusto y trasladando al público una inquietud cuyo origen no se ubica facilmete. ¿Es la música?, ¿es el argumento? Una extraña incomodidad que llevó a algunos espectadores desprevenidos a abandonar la sala.
La puesta en escena de Christoph Marthaler, producción estrenada en la Ópera de Paris en 2008, resultaba un tanto deslucida y rutinaria por su cotidianeidad y simpleza. Se trataba de un escenario único, en primer plano una carpa como de feria y tras ella un parque de juegos infantiles que podríamos encontrar en cualquier ciudad. De hecho, Marthaler la descubrió paseando por las calles de Gante. La escena de los niños jugando y los mayores aislados en su mundo, ocupando cada uno una mesa en solitario, fue su fuente de inspiración para trazar dos mundos claramente diferenciados y ninguno de ellos exento de melancolía. La escenografía no cuenta con la rotundidad que si pudimos ver en el Wozzeck de Calixto Bieito en 2007. En esta ocasión, la propuesta de Marthaler rebajó la intensidad y fuerza que posee la partitura de Berg.
Y atendiendo las mesas situadas en la carpa, un Wozzeck angustiado, inquieto, maniático, compulsivo e ingenuo. Interpretado por Simon Keenlyside, el personaje de Wozzeck resultó muy convincente en lo teatral. Se llega a sentir una cierta compasión por este pobre hombre que alcanza la locura empujado por una opresiva sociedad y una medicina que, lejos de buscar su remedio, utiliza sus debilidades para satisfacer su curiosidad y su ego. La voz de Keenlyside no es en absoluto voluminosa, en algún momento costaba escucharle, pero había reservado todo el dramatismo para el final del tercer acto. Conmovedor.
Nadja Michael, como Marie, está dotada de un instrumento con una potencia y contundencia admirables. Su partitura no es fácil puesto que debe mantener un delicado equilibrio para que los gritos expresen emociones y no excesos. El resultado es muy satisfactorio y elocuente.
El capitán, interpretado por Gerhard Siegel, tuvo un punto histriónico, casi desapacible, que potenció el personaje. Su voz e interpretación resultaron muy afiladas e incisivas.
El doctor, Franz Hawlata, interpretó un papel acertadamente malvado. Contribuyó a ello una escasísima calidad de voz, muy adecuada para el personaje, ruin y despreciable, pero no para un escenario como el del Real.
Jon Villars, como tambor mayor, protagonizó una tórrida escena junto a Nadja Micael. Su aspecto tosco, un vestuario acertadamente hortera y su capacidad teatral, dieron gran verosimilitud al personaje.
El resto del reparto, Roger Padullés, Scott Wilde, Katarina Bradic, Tomeu Bibiloni, Francisco Vas, Antonio Magno y Enrique Lacárcel, equilibraron a la perfección el cuadro de cantantes y algunos como Katarina Bradic y Francisco Vas, con una perfecta dramatización de sus personajes.
La orquesta, un poco destemplada al inicio, como la propia partitura y como lo estábamos todos, se fue entonando para ofrecer momentos impactantes, con una potencia arrebatada a veces, pero sin estridencias.
Sylvain Cambreling no es un director de grandes pasiones, pero su técnica es depuradísima y supo extraer de la orquesta sonidos y momentos espectaculares y cargados de intención. Todo para llegar a la reflexión sobre una historia familiarmente dramática.

Alban Berg (1885-1935)
Ópera en tres actos y quince escenas
Libreto del compositor, basado en
Woyzeck de Georg Büchner
Nueva producción en el Teatro Real,
procedente de la Opéra National de Paris
D. musical: Sylvain Cambreling
D. escena: Christoph Marthaler
Escenografía y figurinista: Anna Viebrock
Iluminador: Olaf Winter
Dramaturgo: Malte Ubenauf
D. coro: Andrés Máspero
D. coro de niños: Ana González
Reparto: Simon Keenlyside,
Nadja Michael, Jon Villars, Roger Padullés, Gerhard Siegel, Franz Hawlata, Katarina Bradic, Scott Wilde, Tomeu Bibiloni,
Francisco Vas, Antonio Magno,
Enrique Lacárcel, Álvaro Vallejo