El guitarrista flamenco José Fernández Torres, ‘Tomatito’ (Almería, 1958), cerrará por todo lo alto la temporada 2018/2019 del Teatro de la Zarzuela. Será con un concierto especialmente emotivo, ya que servirá para rendir homenaje a Joaquín Rodrigo, de cuyo fallecimiento en Madrid se cumplieron 20 años el pasado 6 de julio. El ‘Concierto de Aranjuez’, una de las obras cumbres del compositor de Sagunto y uno de los pilares indiscutibles y universales de la música orquestal española, servirá de excusa para este conmovedor y necesario recuerdo que tendrá lugar en el coliseo de la calle Jovellanos este próximo viernes, 12 de julio, a las 20h00.

El músico almeriense, una de las ‘piedras preciosas’ que nos ha regalado el flamenco, la música en general en las últimas décadas, estará arropado por la Orquesta de la Comunidad de Madrid (ORCAM), titular del Teatro de la Zarzuela, bajo la siempre sabia conducción de Víctor Pablo Pérez, director titular de la formación.

Esto será en la segunda parte del cuidado programa dedicado a la gloria de la música española. En la primera, la ORCAM interpretará la bella suite orquestal ‘Canciones y danzas de Dulcinea’ de Antón García Abril y ese viaje sensorial absoluto que es ‘El amor brujo’ de Manuel de Falla.

Tomatito carga en sus espaldas parte de la historia más lustrosa, enraizada y libre de nuestra música. Casi 20 años acompañando a Camarón de la Isla, una comunión perfecta que solo pudo romper la muerte prematura del cantaor gaditano de San Fernando. Y mientras, y después, navegando en los mismos barcos, sobre los mismos mares que Paco de Lucía, su más clara referencia artística, musical, vital; o que el no suficientemente llorado Enrique Morente. O que ese grande llamado José Mercé con quien ahora comparte proyecto (‘De verdad’). O que el luminoso pianista de jazz Michel Camilo, con quien hace ya muchos lustros comparte escenario. Porque, como le sucedía también a Paco de Lucía, José Fernández Torres ama la música total, sin fronteras, sin etiquetas. Así son y así se manifiestan los genios. Quienes de verdad lo son.

Foto: A.P.

El pasado sábado 22 de junio, el Auditorio Nacional de Música acogió la quinta edición (las cuatro anteriores, en junio de 2011, 2013, 2015 y 2017) del maratón musical ¡Solo música!, cita bienal nacida para celebrar el Día de la Música. Organizado por el Centro Nacional de Difusión Musical (CNDM), unidad perteneciente al Instituto Nacional de las Artes Escénicas y de la Música (INAEM), esta edición presentó 7 conciertos, con más de 500 intérpretes, a lo largo de 13 horas ininterrumpidas de música, con los ballets rusos de Chaikovski y Stravinski como eje central. Las actividades se repartieron entre la Sala Sinfónica y los dos espacios extraordinarios añadidos en las ediciones anteriores, el Salón de Tapices y el auditorio al aire libre de la Plaza Rodolfo y Ernesto Halffter, atrayendo la atención de 10.594 madrileños, casi un 80% de aforo, muchos de ellos poco familiarizados con la música clásica, que siguieron entusiasmados las propuestas programadas.

Como sucedió con los maestros Víctor Pablo Pérez (2017), Juanjo Mena (2015) y Jesús López Cobos (2013) Josep Pons ha superado el reto propuesto con gran éxito: casi un siglo de historia musical incidental rusa desde las Danzas Polovtsianas de Borodin, de 1869, a Petrushka de Stravinski compuesto en 1947.

Además de los conciertos ya citados, hay que mencionar Jazz Vermut!, improvisaciones jazzísticas de extractos musicales de los ballets rusos interpretadas por destacados solistas del panorama nacional que amenizaron las degustaciones gastronómicas montadas para avituallar al público. Como en ocasiones previas, a partir de media tarde se emitieron, en directo, en una pantalla gigante en la calle los conciertos de la Orquesta Nacional de España y la Joven Orquesta Nacional de España y, en diferido, el concierto de la Orquesta Sinfónica de RTVE. Cerca de la medianoche, la música de Haendel cerró la jornada acompañando a un castillo de fuegos artificiales, tradicional broche final de la cita más importante de música clásica dentro de las celebraciones de la “Fiesta de la Música”.

Proyecto compartido
Como en años anteriores, el proyecto ha sido posible gracias al apoyo del Ayuntamiento de Madrid, el Grupo RTVE (al que pertenece la Orquesta Sinfónica de RTVE), la Orquesta de la Comunidad de Madrid y la Orquesta Sinfónica de Madrid que se han sumado una vez más a esta iniciativa musical sin precedentes en nuestro país. Además, agradecer la participación de otras unidades del INAEM, como son la Orquesta Nacional de España, la Joven Orquesta Nacional de España o el propio Auditorio Nacional de Música, para hacerla realidad y abrirla al mayor número de ciudadanos posible. Hay que destacar el respaldo constante de los medios de comunicación, en especial el de Radio Clásica, que emitió en directo tres de los conciertos sinfónicos y RTVE, que grabó los cinco para emitirlos próximamente dentro de su programación dedicada a la música culta. Cerca de 150 profesionales hicieron posible que esta maratoniana jornada musical se desarrollara con total normalidad, sin ningún incidente entre el numeroso público asistente, que en todo momento se mostró tan respetuoso como entusiasta.

La prensa ha dicho de ¡Que vienen los rusos!:
“…Y de riesgo y entrega (la calidad se da por supuesta) va un maratón sinfónico. Lo demostró la Joven Orquesta Nacional de España, que brindó una versión brillante y emotiva. Aquí se bailó hasta la muerte, tal y como soñó el compositor. Pons, muy aplaudido durante todo el día, obtuvo, por fin, su mayor ovación. Y parecía poner cara de Diáguilev y esbozar en los labios la frase inmortal que pronunció, tras el escandaloso estreno de la obra: Esto es exactamente lo que quería” Pablo L. Rodríguez, EL PAÍS

“Con una cadencia de dos años, «Sólo música» ha alcanzado su quinta edición concentrando en un día cinco conciertos sinfónicos, otros tantas sesiones de «jazz vermut» con improvisaciones jazzísticas sobre extractos musicales de ballets rusos, y proyecciones en la calle de lo visto en el interior de auditorio. El proyecto midió ahora sus fuerzas con una programación más concentrada que en anteriores ocasiones, aunque mantenga inalterable su ambición popular. Según avanzó la jornada, el aforo del auditorio se completó poco a poco hasta llegar al lleno absoluto. En el tramo final, el cierre habitual en la plaza Rodolfo y Ernesto Halffter, entrada principal del auditorio, con castillo de fuegos artificiales al ritmo de la famosa música que para una ocasión equivalente escribió Haendel…El Auditorio Nacional, definitivamente conquistado tras la invasión de los rusos y su música.”. Alberto González Lapuente, ABC

“Poco antes de que dieran las doce de la noche Josep Pons salía a una de las balconadas del Auditorio Nacional. El maestro daba las gracias, deseaba que hubiera merecido la pena el esfuerzo del día entero y decía que después de una jornada de beber solo agua estaba deseando tomarse una cerveza. Seguro que se le sirvieron ipso facto…un día en el que Pons estuvo al frente de cinco orquestas y dio lo mejor de sí.” Gema Pajares, LA RAZÓN

“…había una especie de crescendo en la propuesta de Josep Pons por encima de las propuestas concretas de cada concierto. Pons cumplió con creces su hazaña, y las cinco orquestas respondieron con ese acierto que se da cuando sabes (saben los músicos) que esto no es una cita más ante el público. Sino otra cosa.” Santiago Martín Bermúdez. SCHERZO

“El director de orquesta (Josep) Pons ha realizado un trabajo realmente meritorio. Es verdad que era todo música de ballet y que ha faltado “lo visual”, pero si bien “el ballet queda ridículo sin música no sucede eso al revés”, defiende el director, que está persuadido de que las orquestas han contribuido a olvidar la falta de movimiento ya que el público ha sido capaz de captar en las obras “otra belleza”. Y lleva toda la razón.” José Oneto, LA REPÚBLICA

María José Montiel interpreta a María Moliner en el Teatro de la Zarzuela

No es habitual estrenar una ópera en España. Menos aún lo es hacerlo en el Teatro de la Zarzuela. Y si además la ópera es española, más que de acontecimiento musical, hablamos casi de milagro.

María Moliner es un personaje con empaque suficiente para protagonizar una historia. Empaque y heroicidad de quien realiza una labor formidable desde el más puro ostracismo. Escribir un diccionario de uso del castellano en la soledad del salón de su casa, aislada y cercada por la censura de la época, hacerlo en tan solo quince años, y discutir incluso al propio diccionario de la RAE y a los miembros de su academia, no es un acontecimiento menor.

Sobre una idea de Paco Azorín se ha construido una obra rigurosa y cuidada. Dividida en dos actos y diez escenas, es el resultado de la complicidad entre el propio Paco Azorín, el compositor Antoni Parera Fons y la libretista Lucía Vilanova. Es en la música donde reside gran parte del acierto de esta ópera. Gran conocedor de las dinámicas bocales y capaz de escribir específicamente para la voz, Parera Fons ha compuesto una partitura perfectamente reconocible y de gran coherencia de principio a fin. Ha sido capaz de utilizar distintas técnicas musicales en perfecto equilibrio y ponerlas al servicio de la obra.

En este punto, la labor del director musical Víctor Pablo Pérez es impecable. Sensible y atento a todo lo que ocurría a su alrededor, sacó de su Orquesta todos los matices de la partitura, enriqueciéndola.

El libreto de Lucía Vilanova se ha nutrido principalmente de dos fuentes, la biografía sobre María Moliner de Inmaculada de la Fuente, y del propio Diccionario. El texto trata de reflejar la cotidianeidad de un proceso tan complejo como es la elaboración de un diccionario, pero sobre todo trata de desentrañar su vida interior, sus sueños y la evolución de un proyecto de esa envergadura. Tal vez le falte al libreto el lirismo propio de una obra operística. Describe con demasiado realismo unos acontecimientos difíciles de encajar en una adecuada línea de canto. El libreto tiene el añadido de un sueño, el que imagina el momento de escribir la solicitud de entrada en la Academia. Moliner se hace acompañar entonces de otras escritoras que, como ella, debían haber formado parte de la RAE. Le ayudan a redactar la carta Emilia Pardo Bazán, Isidra de Guzmán y de la Cerda y Gertrudis Gómez de Avellaneda.

Otro de los pilares de esta obra es su protagonista. El papel de María Moliner fue escrito expresamente para María José Montiel. Su entrega al personaje es absoluta. Su presencia en escena es casi permanente y ambas, Moliner y Montiel, poseen la misma carga de temperamento que de ternura. Su voz homogénea, extensa y de generosa tersura, mece con su hermoso timbre cada nota que emite.

El resto del reparto está encabezado por José Julián Frontal, como Fernando, su marido. El personaje no es extenso vocalmente pero queda muy bien posicionado gracias a su gran interpretación.

Emilia Pardo Bazán ha sido interpretada por la soprano vizcaína Celia Alcedo, de voz vigorosa y bien armada, dotó a su personaje de la entidad que se le supone.

A un nivel muy alto estuvieron, a pesar de sus breves intervenciones, María José Suárez y Lola Casariego, que interpretaron a Isidra de Guzmán y de la Cerda y Gertrudis Gómez de Avellaneda, respectivamente. Al igual que una malvada Sandra Fernández, ejerciendo de inspectora del CEU y posteriormente de Carmen Conde.

Goyanes, el linotipista de María Moliner, personaje que existió en la realidad y que se incorporó al libreto. Es interpretado con gracia por el barítono valenciano Sebastiá Peris.

Destacar el papel de los tres almanaques que introducían de manera muy dinámica los distintos momentos importantes en la vida de la protagonista. El tenor Gerardo López y los barítonos David Oller y Toni Marsol.

Mención a parte merece la participación, como sillón B de la RAE, del barítono Joan Pons. Siempre es un lujo escuchar su robusta y caudalosa voz.

La labor del Coro del Teatro de la Zarzuela estuvo a gran nivel en sus numerosas intervenciones.

La escenografía de Paco Azorín tiene como elementos principales dos grandes estructuras metálicas que se desplazan y cuya escalera interminable recorren los protagonistas creando escenas de gran dinamismo y atractivo visual. Tras ellas se trasponen imágenes de los distintos protagonistas y momentos históricos. El resultado no puede ser más acertado. Po el escenario se desenvuelven los personajes y los acontecimientos bajo una buena dirección de actores.

María Moliner nunca está sola en el escenario. Se hace acompañar de un pequeño ejército de mujeres que recitan el significado de sus palabras a la vez que van creciendo en número a lo largo de la representación. Esta hermosa alegoría surge de uno de los referentes que tuvo Paco Azorín para crear su escenografía, Marguerite Yourdenar, con la que nuestra protagonista guarda algunas similitudes. Yourdenar pasó a formar parte de la Academia de la Lengua Francesa en 1981. En su discurso de ingreso dijo: “Vengo aquí acompañada de un ejército de mujeres invisibles que deberían haber entrado en esta academia antes que yo. Me siento tentada a dar un paso atrás para que pasen ellas”.

Este ejército de mujeres aparentemente invisibles acaban inundándolo todo, primero el escenario y después la sala. Haciendo así presentes a todas esas mujeres que fueron antes.

MARÍA MOLINER
Antoni Parera Fons
Ópera documental en dos actos y diez escenas
Libreto de Lucía Vilanova
D. musical: Víctor Pablo Pérez
D. escena y escenografía: Paco Azorín
Iluminación: Pedro Yagüe
Diesño de vídeo: Pedro Chamizo
Movimiento escénico: Carlos Martos de la Vega
Orquesta de la Comunidad de Madrid
Coro del Teatro de la Zarzuela
D. coro: ALberto Trijueque
Reparto: María José Montiel, José Luis Frontal, Sandra Fernández, Sebastián Peris, Juan Pons, Celia Alcedo, María José Suárez, Lola
Casariego, Gerardo López, David Oller, Toni Marsol, Sara Rosique, Ana María Ramos,
Daniel Huerta y Mario Villoria.

Texto: Paloma Sanz
Fotografías: Fernando Marcos