Violeta Urmana protagoniza el próximo domingo 17 de noviembre, a las 18.00 horas, la segunda sesión de ‘Les Arts és Lied’, el primer ciclo que el Palau de les Arts dedica íntegramente a esta forma musical, en el que participan algunas de las voces de mayor reconocimiento en el panorama lírico.

Acompañada por Helmut Deutsch, considerado como el repertorista de mayor prestigio en la actualidad, la mezzosoprano lituana descubre su faceta de ‘liederista’ con obras de Franz Schubert y de Richard Strauss en su regreso a la sala principal.

Violeta Urmana es una de las voces más apreciadas para el público de Les Arts, teatro con el que mantiene una estrecha relación desde sus primeras temporadas. Voz de referencia en el repertorio alemán e italiano, entre sus éxitos en València destacan ‘Parsifal’, ‘Iphigénie en Tauride’, ‘Medea’ y ‘Don Carlo’, así como el concierto ‘Homenaje a Puccini’, que conmemoró el 150º aniversario del nacimiento del compositor italiano.

Invitada habitual del Metropolitan de Nueva York, del Teatro Real, del Liceu y de la Opéra National de París, entre otros, ha trabajado con directores de la talla de Claudio Abbado, Daniel Barenboim, Bertrand de Billy, Pierre Boulez, Semyon Bychkov, Riccardo Chailly, James Conlon, James Levine, Jesús López Cobos, Fabio Luisi, Zubin Mehta, Riccardo Muti, Simon Rattle, Donald Runnicles, Esa-Pekka Salonen, Franz Welser-Möst y Christian Thielemann.

Violeta Urmana cultiva, asimismo, una exitosa carrera como intérprete de recital, que la ha llevado a las salas de conciertos más importantes de Europa, Estados Unidos y Japón con páginas de Berlioz, Mahler, Richard Strauss, Schönberg, Verdi y Wagner.

El coliseo recuerda a los interesados que el precio de las entradas oscila entre 20 y 40 euros y que podrán ser adquiridas en las taquillas del teatro y a través de la web www.lesarts.com.

El contratenor Philippe Jaroussky (12 de enero), el barítono Simon Keenlyside (1 de febrero) y la soprano Ainhoa Arteta (15 de marzo) protagonizarán las próximas sesiones de ‘Les Arts és Lied’.

Fotografía: Iván Balderramo

La Orquesta y Coro Nacionales de España interpretarán por primera vez la Ópera (en su versión concierto) Tristan und Isolde de Richard Wagner, bajo la batuta de su director titular y artístico David Afkham, los próximos jueves 17 y domingo 20 de octubre.

En esta ópera cumbre programada por la OCNE participarán aclamados solistas internacionales como Petra Lang, Violeta Urmana, Fran Van Aken, Roman Sadnik, Boaz Daniel o Brindley Sherratt, entre otros.

Debido a la duración de la obra, los días y horas de los conciertos son diferentes a los del resto del ciclo, celebrándose el jueves 17 de octubre a las 19 horas y el domingo 20, a las 17 horas.

David Afkham DIRECTOR

Petra Lang (Isolda) SOPRANO

Violeta Urmana (Brangania) MEZZOSOPRANO

Frank Van Aken (Tristan) TENOR

Roman Sadnik (Melot) TENOR

Boaz Daniel (Kurwenal) BARÍTONO

Brindley Sherratt (Marke) BAJO

Roger Padulles (Un marinero; un pastor) TENOR

Angel Rodriguez Torres (Un timonel) BARÍTONO

Pedro Chamizo PUESTA EN ESCENA

Jordi Francés ASISTENTE DEL DIRECTOR MUSICAL

Rupert Dussmann MAESTRO REPETIDOR

Antonio León SOBRETÍTULOS

RICHARD WAGNER (1813–1883)

Tristan und Isolde (Ópera en versión concierto)

Opera en tres actos

La duración aproximada de la obra (incluidos dos descansos) será de 4 horas y 30 minutos

DAVID AFKHAM, director

David Afkham, Director Titular y Artístico de la Orquesta y Coro Nacionales de España desde septiembre, ha presentado con la OCNE en las últimas temporadas destacadas obras como Gurrelieder de Schoenberg, Sinfonía núm. 6 de Mahler, Sinfonía núm. 9 de Bruckner, Sinfonía fantástica de Berlioz, Réquiem de Brahms, Die Schöpfung de Haydn, así como también representaciones semiescenificadas de Die fliegende Holländer, Elektra, La pasión según San Mateo y El castillo de Barbazul.

Sus futuros compromisos como director invitado incluyen a la Sinfónica de Chicago, Orquesta de Filadelfia, Filarmónica de Münchner, HR Sinfonieorchester Frankfurt, Sinfónica de radio sueca, Orquesta de la Academia Santa Cecilia y Orquesta Sinfónica de NHK, su debut con la Sinfónica de Pittsburgh, Orquesta de Minnesota y Dresden Filarmónico. Como director de ópera, David Afkham hizo un debut notable en el Festival de Ópera de Glyndebourne en 2014 con La Traviata de Verdi, repitiendo la producción en gira.

En 2017, dirigió Bomarzo de Ginastera en el Teatro Real de Madrid en una nueva producción. En la temporada 18/19 debutó en la Ópera de Frankfurt con Hänsel & Gretel, seguido de la Ópera de Stuttgart con Der fliegende Holländer. Su futuros planes incluyen Rusalka, Parsifal, The Passenger de Weinberg, Così fan tutte y Arabella. Nacido en Friburgo, Alemania, en 1983, Afkham comenzó a estudiar piano y violín a los seis años en su Friburgo natal. A los 15 años ingresó en la Universidad de Música de la ciudad para continuar sus estudios de piano, teoría musical y dirección, y continuó sus estudios en la Escuela de Música Liszt en Weimar. David Afkham fue el primer receptor de la beca «Bernard Haitink para Jóvenes Talentos» y asistió a Haitink en numerosos proyectos, incluidos los ciclos sinfónicos con la Sinfónica de Chicago, la Orquesta Concertgebouw y la Orquesta Sinfónica de Londres. Fue el ganador del Concurso de Dirección Donatella Flicken 2008 en Londres, del Premio Nestlé y Festival de Salzburgo de Jóvenes Directores en 2010. Afkham fue director asistente de la Gustav Mahler Jugendorchester entre 2009 y 2012.

Entre los proyectos más destacados como director invitado se incluyen la Orquesta Sinfónica de Londres, la Orquesta Philarmonia, la Orquesta Concertgebouw, Staatskapelle Berlín, DSO –Berlín, Staatskapelle Dresden, Orquesta Nacional de Francia, Orquesta de Cleveland, Filarmónica de Los Ángeles, la Chamber Orchestra of Europe y la Mahler Chamber Orchestra.

Violeta Urmana

Violeta Urmana sustituirá este fin de semana a Alice Coote, quien ha cancelado por motivos personales sus actuaciones con la Orquesta Nacional de España en los conciertos “Réquiem por Cleopatra” del viernes 16, sábado 17 y domingo 18 de febrero, bajo la dirección de Sir Mark Elder. Las obras programadas en dichos conciertos son La mort de Cléopâtre (La muerte de Cleopatra), H 36 de HECTOR BERLIOZ y Ein Heldenleben (Una vida de héroe), opus 40 de RICHARD STRAUSS.

La cantante de origen lituano Violeta Urmana es una de las voces dramáticas más importantes del repertorio lírico italiano y alemán.

Entre sus proyectos más recientes están la interpretación del papel de Santuzza en Cavalleria rusticana en San Petersburgo, Isolda en Tristán e Isolda en Londres, así como también en el Festival de Música de Schleswig-Holstein en Lübeck, en Viena, Madrid y París, Amneris en Aida en el Festival de la Arena de Verona, en Tokio y Nueva York, Eboli en la ópera Don Carlo en Viena y Berlín o Tosca en Viena. Junto a estas óperas tiene programados numerosos conciertos por Europa en los que interpretará, entre otros, la Misa de réquiem de Verdi y el ciclo de canciones Gurre-Lieder compuesto por Schoenberg.

Al comienzo de su carrera Violeta Urmana cosechó gran éxito en todo el mundo por su magnífica interpretación del papel de Kundry en la ópera Parsifal de Wagner, así como por su caracterización en el papel de Eboli en Don Carlo de Verdi. Durante los últimos años ha interpretado papeles como Amelia en Un baile de máscaras, Elisabetta en Don Carlo, Leonora en La fuerza del destino, Odabella en Attila, así como los papeles protagonistas de las óperas Aida, La Gioconda, Medea, Tosca, Norma, Ifigenia en Táuride y Ariadna en Naxos, Brunhilda en Sigfrido, Siglinda en La walkiria y el papel de Isolda en Tristán e Isolda.

Violeta Urmana es asidua invitada a los teatros de ópera más importantes del mundo como el Metropolitan de Nueva York, el Teatro Real de Madrid, el Gran Teatre del Liceu de Barcelona, la Ópera Nacional de París, la Deutsche Oper de Berlín, la Ópera de Viena, el Teatro alla Scala de Milán, el Royal Opera House Covent Garden de Londres y los festivales de Bayreuth, Salzburgo, Aix-en-Provence, Edinburgo y los Proms de la BBC. Trabaja con directores de orquesta de la talla de Claudio Abbado, Daniel Barenboim, Bertrand de Billy, Pierre Boulez, Semyon Bychkov, Riccardo Chailly, James Conlon, James Levine, Jesús López Cobos, Fabio Luisi, Zubin Mehta, Riccardo Muti, sir Simon Rattle, Donald Runnicles, Esa-Pekka Salonen, Franz Welser-Möst y Christian Thielemann.

Violeta Urmana ha recibido numerosos premios entre los que destacan el Royal Philharmonic Society Singer Award, el título de Österreichische Kammersängerin de la Ópera de Viena y en su país natal ha recibido la condecoración cultural más importante de Lituania: Shine your light and hope.

Más información.

Violeta Urmana

Escuchar un recital de lied en el Teatro de la Zarzuela tiene algo especial. La proximidad de los intérpretes. La comunicación íntima que se crea entre la voz, el piano y el público. Factores que contribuyen a crear una atmósfera que envuelve y emociona.

En esta ocasión, y van tres, la mezzosoprano lituana Violeta Urmana llagaba al Teatro de la Zarzuela con obras de Schubert en la primera parte y de Richard Strrauss en la segunda.
Cuando se escucha a Urmana no resulta fácil clasificar su voz. Dotada de un poderoso grave, de una zona central bien construida, muy pulida y amplio caudal, son sus agudos los que se muestran con mayor fragilidad, aunque resulten suficientes. Su tesitura se ha catalogado como de soprano falcon. Voz intermedia entre soprano y mezzo y que toma su nombre de la mezzosoprano francesa Marie Cornélie Falcon (1814-1897), especializada en papeles dramáticos. La Falcon creó estilo y el propio Wagner escribió tres papeles para las características de esta voz. Ortrud, de Lohengrin, la diosa Venus, de Tannhäuser y Kundry, de Parsifal. Precisamente el papel de Kundry ha formado parte, con gran éxito, del repertorio de Violeta Urmana.

Conserva las extraordinarias propiedades de su voz, aunque tuvo sus dificultades con algunos agudos más exigentes. A cambio, su expresividad en la interpretación, como demostró en Der zwerg (el enano), dando vida a un cuento con distintos personajes, o en lob des leidens (elogio del sufrimiento), con las que demostró la capacidad de acomodar su voz a cada requerimiento de la partitura. Todo acompañado de un perfecto y elegante fraseo. La segunda parte, emocionalmente más intensa, terminó de agitar a un público satisfecho que no se marchó sin escuchar las cinco propinas con las que terminó el recital, de Schubert, Geheimnis y Himmelsfunken, y de Strauss, Schlechtes Wetter, Cäcilie y la clásica Zweignung.
Acompañada al piano por la experiencia de Helmut Deutsch, que contribuyó con una interpretación llena de intención y delicadeza a destacar la rotunda voz de Violeta Urmana, terminó este segundo recital del XXIII Ciclo de Lied que es, desde hace mucho tiempo, uno de los clásicos que un aficionado que se precie no se debe perder.

http://www.violetaurmana.com/l

http://teatrodelazarzuela.mcu.es/es/

Violeta Urmana

El ciclo es una coproducción entre el Centro Nacional de Difusión Musical y el Teatro de La Zarzuela.

La cantante lituana ha elegido obras de Schubert y Strauss en esta su tercera visita al ciclo de Lied, y estará acompañada por Helmut Deutsch al piano.

El próximo lunes 7 de noviembre el XXIII Ciclo de Lied recibirá a la mezzosoprano lituana Violeta Urmana, una gran diva del mundo lírico internacional, acompañada por el pianista alemán Helmut Deutsch, nombre indispensable dentro de este género. En esta cita, como siempre, en el Teatro de La Zarzuela a las 20 horas, la cantante interpretará canciones de Frank Schubert y Richard Strauss, dos compositores que elevaron el lied a sus cotas más altas. Las entradas para este recital, con un precio general de 8 a 35 euros, ya están a la venta en las taquillas del Teatro de La Zarzuela, teatros del INAEM, www.entradasinaem.es y 902 22 49 49

La diva camaleónica

El critico musical Arturo Reverter comenta sobre Urmana: “¿Soprano?, ¿mezzo? ¿Qué clase de soprano o de mezzo? Sabemos que Urmana comenzó su carrera dentro de este segundo apartado, con papeles como el de Kundry en la ópera Parsifal de Wagner, rol por el que fue aclamada durante varios años a partir de 1999 en el Festival de Bayreuth. Su caso es el de una voz intermedia. Voces que la tradición ha calificado como falcon, y ahí es donde enciclopedias (Wikipedia entre ellas) y diccionarios la ubican. ¿Cuál es el tinte del timbre de Urmana, una vez admitido que es una falcon? Podríamos calificarlo como de lírico-spinto o directamente spinto. No de dramático. La tersura del sonido –no tanto en la zona aguda, hoy menos fragante, como en el centro y graves– lo satinado del espectro no emparentan directamente con las habituales irisaciones metálicas, de aguda penetración, de los instrumentos auténticamente dramáticos. En esta nueva visita a Madrid, en donde la cantante ha actuado con alguna frecuencia, se presenta como mezzosoprano y veremos cómo el arte amplio, variado y tornasolado de esta intérprete, generosa y expresiva, rotunda y camaleónica, encuentra en Schubert un perfecto asidero para penetrar en el meollo de los más intensos dramas íntimos o de las historias crueles como la de El enano, uno de los lieder más extensos de Schubert. Hermosa continuidad es la que supone la inclusión de trece lieder de Strauss. Una selección que penetra en lo más hondo del alma.”

Ya en el comienzo de su carrera, Violeta Urmana obtuvo reconocimiento mundial como Kundry en Parsifal y Eboli en Don Carlo. Su agenda del 2016 incluye Kundry y Amneris en Aida en Viena, la Tía Princesa en Suor Angelica de Puccini en Roma, Judit en actuaciones en concierto con El castillo de Barbazul de Bartók en el Musikverein de Viena, Jokaste en Oedipus Rex en el Festival de Aix-en-Provence y Azucena en Il trovatore en la Arena de Verona. En 2017 será Kundry en el Festival Wagner de Budapest, volverá a Nueva York como Amneris y repetirá este papel en 2018 en el Teatro Real. Durante años ha actuado con gran éxito en papeles como Amelia en Un ballo in maschera, Elisabetta en Don Carlo, Leonora en La forza del destino, Lady Macbeth en Macbeth, Odabella en Attila, los papeles principales de Aida, La Gioconda, Medea, Tosca, Norma, Iphigénie en Tauride y Ariadne auf Naxos, Brünnhilde en Siegfried, Sieglinde en Die Walküre e Isolde. Es invitada con frecuencia a los principales escenarios operísticos, como el Metropolitan de Nueva York, el Liceo de Barcelona, la Opéra National de París, la Deutsche Oper de Berlín, la Ópera de Viena, el Teatro alla Scala de Milán, la Royal Opera House Covent Garden y a los festivales de Bayreuth, Salzburgo, Aix-en-Provence, Edimburgo y los BBC Proms. Como reputada cantante de recitales y conciertos actúa en las salas más famosas de Europa, Estados Unidos y Japón. Ha trabajado con directores como Claudio Abbado, Daniel Barenboim, Bertrand de Billy, Pierre Boulez, Semyon Bychkov, Riccardo Chailly, James Conlon, James Levine, Jesús López Cobos, Fabio Luisi, Zubin Mehta, Riccardo Muti, Sir Simon Rattle, Donald Runnicles, Esa-Pekka Salonen, Franz Welser-Möst o Christian Thielemann. Entre sus grabaciones cabe destacar La Gioconda, Il trovatore, Oberto conte di San Bonifacio, Un ballo in maschera, Aida, La forza del destino, Macbeth, Don Carlo, Andrea Chénier, Siegfried, Parsifal, Cavalleria rusticana, el Requiem de Verdi, Das Lied von der Erde y los Rückert-Lieder de Mahler, los MaeterlinckLieder de Zemlinsky, La mort de Cléopâtre de Berlioz, El castillo de Barbazul de Bartók, Le rossignol de Stravinski y lieder de R. Strauss, Berg y Liszt. Actuó como Kundry en la película de Tony Palmer The Search for the Holy Grail. Urmana ha recibido numerosos premios por su carrera artística, como el de la Royal Philharmonic Society de Londres, el título de Österreichische Kammersängerin de Viena y en su Lituania natal recibió la máxima condecoración del país, la Orden de Tercera Clase del Gran Duque Gedeminas. La Universidad de Música y Teatro de Vilnius (Lituania) también la galardonó con un título honorífico. En 2014 fue nombrada Commendatore dell’Ordine della Stella d’Italia por el Presidente del Estado italiano Giorgio Napolitano. Violeta Urmana ha participado en dos ediciones previas del Ciclo de Lied: XI (04-05) y XVII (10-11).

Violeta Urmana

El arte amplio, variado y tornasolado de la cantante lituana Violeta Urmana, generosa y expresiva, rotunda y camaleónica, encuentra en Schubert un perfecto asidero para penetrar en el meollo de los más intensos dramas íntimos o de las historias crueles como la de El enano, uno de los lieder más extensos de Schubert, compositor necesitado de claroscuros, tanto como de refinamiento expositivo. Hermosa continuidad es la que supone la inclusión de trece lieder de Strauss, un compositor que no dejó de escribir música para la voz a lo largo de su vida. Urmana interpreta una selección nacida durante los primeros años del autor de Salomé. Estará acompañada al piano por el maestro Helmut Deutsch.

Violeta Urmana, mezzosoprano

Al comienzo de su carrera cosechó gran éxito en todo el mundo por su magnífica interpretación del papel de Kundry en Parsifal de Wagner, así como por su caracterización en el papel de Eboli en Don Carlo de Verdi. Durante los últimos años ha interpretado papeles como Amelia en Un ballo in maschera, Elisabetta en Don Carlo, Leonora en La forza del destino, Lady en Macbeth, Odabella en Attila, así como los papeles protagonistas de Aida, La Gioconda, Medea, Tosca, Norma, Ifigenia en Tauride y Ariadna en Naxos, Brunhilda en Sigfrido, Siglinda en La Walkiria e Isolda en Tristán e Isolda. Es invitada frecuentemente al Metropolitan de Nueva York, al Teatro Real de Madrid, al Liceu de Barcelona, a la Ópera Nacional de París, a la Deutsche Oper de Berlín, a la Ópera de Viena, a La Scala de Milán, a la Royal Opera House de Londres y a los festivales de Bayreuth, Salzburgo, Aix-en-Provence, Edimburgo y los BBC Proms. Ha trabajado con Claudio Abbado, Daniel Barenboim, Bertrand de Billy, Pierre Boulez, Semyon Bychkov, Riccardo Chailly, James Conlon, James Levine, Jesús López Cobos, Fabio Luisi, Zubin Mehta, Riccardo Muti, Sir Simon Rattle, Donald Runnicles, Esa-Pekka Salonen, Franz Welser-Möst y Christian Thielemann. Ha cosechado igualmente gran éxito como intérprete de lieder en conciertos de solista y recitales líricos por toda Europa, Estados Unidos y Japón.

Próximamente interpretará los papeles de Amneris en Aida en Nueva York y Viena, Isolda en Tristán e Isolda en Nápoles, Santuzza en Cavalleria rusticana en Nueva York, el Requiem de Verdi en Ginebra, una gala operística en Wrocław, la princesa Éboli en Don Carlo en Buenos Aires o Kundry en Parsifal en Viena. Entre sus numerosas grabaciones se encuentran La Gioconda, Il trovatore, Oberto, Un ballo in maschera, Aida, La forza del destino, Macbeth, Don Carlo, Andrea Chénier, Siegfried, Parsifal, Cavalleria rusticana, Requiem de Verdi, Das Lied von de Erde y los Rückert-Lieder de Mahler, los MaeterlinckLieder de Zemlinsky, La mort de Cléopâtre de Berlioz, El Castillo de Barbazul de Bartók, Rossignol de Stravinski, y lieder de R. Strauss, Berg, Liszt y el CD Puccini Ritrovato. También ha interpretado el papel de Kundry en la película La búsqueda del Santo Grial de Tony Palmer. Ha sido galardonada con el Royal Philharmonic Society Singer Award, el Österreichische Kammersängerin de la Ópera de Viena, el “Shine your light and hope” –la condecoración cultural más importante de Lituania– y un título honorífico de la Universidad de Música de Lituania y el Teatro de Vilnius. En 2014 recibió la condecoración Commendatore dell’Ordine della Stella d’Italia por parte del Presidente de la República italiana Giorgio Napolitano.

Lunes 7 de noviembre de 2016, a las 20:00h. en el Teatro de la Zarzuela.

Entradas

Violeta Urmana en el papel de Isolda

La ciencia humana no es capaz de entenderlo. Ninguna experiencia puede describirlo. Solo el que ha pasado por ello sabe lo que significa. Aunque no hay palabras que lo expresen”. (San Juan de la Cruz)

Con estas palabras trataba Bill Viola de explicar el verdadero sentido que para él tiene Tristán e Isolda. Isnpirado por uno de los místicos que más ha influido en su obra.
Wagner se dirigía a Listzt por carta en 1854 de este modo: “Ya que no he conocido en vida la verdadera felicidad del amor, quiero levantar un monumento al más bello de los sueños, en el cual ha de satisfacerse, de principio a fin, ese amor”. Esta idea, fruto del tormentoso amor entre Wagner y Mathilde Wessendonck, influyó en distintas obras del compositor alemán y, sobre todo, en Tristán e Isolda.

La pretensión de Wagner de crear “el arte del futuro”, se ve plenamente satisfecha en la producción que estos días se representa en el Teatro Real de Madrid. Las videograbaciones de Bill Viola se suman, añadiendo belleza, a esta partitura tan exigente tanto para la orquesta como para los cantantes. Una exigencia que se traslada al público por la gran cantidad de información que proporciona la música, el libreto, la escenografía y las proyecciones. La profundidad con la que se expresan todos estos elementos, su riqueza y sus contradicciones, crean una experiencia intelectual y artística única y extraordinaria, que sumergen al espectador en un océano de sensaciones de tal magnitud, que resulta abrumador.

TODO EMPEZÓ CON UN ACORDE
La obra comienza con un acorde de tres notas en un registro grave y ascendente de los violonchelos al unísono. Esta es la gran peculiaridad y grandeza de Tristán e Isolda. Un acorde que se desarrolla a lo largo de la obra y que solo se resuelve al final, con la muerte de Isolda. La muerte por amor resuelve la disonancia. Se crea así un tratamiento armónico y único, nunca antes escuchado, que cambiará desde ese momento los planteamientos de la estructura musical. El “acorde Tristán”, que empuja siempre hacia delante en una envolvente musical infinita que apenas se relaja en un par de interludios. La riqueza armónica y el hecho de que todos los instrumentos de la orquesta toquen en continuidad, transitando siempre de la oscuridad a la luz, de lo concreto a lo infinito, en un viaje emocional que solo se resuelve en el último momento.

LA TRAMA
Wagner calificó Tristán e Isolda como “Handlung”, (acción, trama). Una ópera atemporal, que no se basa en ningún acontecimiento histórico, sino en algo mitológico. Se pueden apreciar dos tramas o dos mundos, el real, la trama racional o externa, a la que pertenecen Brangäne, Kurwenal, Melot y el Rey Marke; y el mundo interior, el mundo del corazón de Tristán e Isolda.
Ese mundo interior, que confunde el día y la noche, el espacio tiempo, y que describe magistralmente la partitura de Wagner. El compositor debía centrarse en esta trama interna ante la ausencia de acontecimientos o historias concretas. Las acciones correspondientes a la vida real, a esa a la que viven ajenos los dos protagonistas, se desarrollan en los finales de cada acto. El resto de la obra pertenece a la esfera de los sueños.
Y es esa esfera de los sueños la que queda magistralmente reflejada en las videograbaciones de Bill Viola. Nadie ha descrito con imágenes lo que Wagner expresó en su partitura de la manera que lo hace Viola. La cadencia de un tiempo infinito que fluye junto a la música. Imágenes que, como la música, nunca se detienen. Viola quiere representar el fluir de la vida. Pase lo que pase nada se detiene. Dos velocidades completamente distintas que caminan sorprendentemente al unísono. Una belleza plástica que roza la genialidad y que marca un discurrir armónico. Poesía en movimiento que acompaña y describe las escenas aportando magia.
El agua es el elemento conductor para Viola. Lo utiliza para facilitar esa atemporalidad y crear una atmósfera en la que se pueda, flotar. En contraposición está el fuego, en el que se desvanece Isolda, como Tristán lo hace en el agua. Mágico es el momento en el que Tristán e Isolda se sumergen, literalmente, en la profundidaz de los sentimientos tras tomar el filtro de amor.

Poco ha cambiado la escenificación desde el estreno de esta producción en París, en 2005. Peter Sellars ha creado la más discreta de sus producciones escénicas. Que nada distraiga, ha debido ser la máxima utilizada por Sellars, y ha sido la decisión más acertada. El resultado es el refinamiento y la quietud de unos personajes que expresaban, a través de la contención, los intensos sentimientos que la música y las imágenes ponían sobre el escenario.

La oscuridad es una característica de esta producción, crea atmósfera de introspección y misterio, pero la iluminación no es siempre la más acertada. Tampoco está bien resuelta la presencia en escena en el segundo acto de Kurwenal. Obligado a cantar de brazos cruzados y en actitud hierática.

Brillante y espectacular es la entrada del Rey Marke al final del primer acto, por el pasillo central del patio de butacas mientras el coro canta en los balcones de la cuarta planta mientras todo el Teatro es iluminado. Quedan muy bien aprovechados esos recursos escénicos tan pocas veces utilizados, y que contribuyen al efecto envolvente de toda la obra.

La sustitución en la dirección musical de Teodor Currentzis por el francés Marc Piollet, había generado cierta inquietud. Sobre todo si se produce con apenas un mes de antelación. Ya en la obertura, cualquier duda al respecto quedó despejada. La relación que se establece entre el director y la orquesta, produce un sonido profundo, un tempo bien llevado. Una interpretación de la partitura rigurosa. Con exceso de volumen de sonido a veces, que afearon algunos momentos que debieron ser más delicados. El sonido de las cuerdas fue extraordinario, y el efecto de algunos instrumentos situados en palcos, embelleció definitivamente todo el conjunto.

Violeta Urmana posee los requisitos fundamentales para afrontar una obra de Wagner con garantías y solvencia: potencia y resistencia. La potencia es necesaria para no ser engullida por el torrente orquestal que llega a oleadas desde el foso. La resistencia es imprescindible para mantener la intensidad durante una obra de estas dimensiones. Esta intensidad quedó de manifiesto en su magnífica “Liebestod” final, estremecedor. Una Urmana siempre poderosa sobre el escenario. Ofreciendo una dramatización sentida y emocionada, componiendo una Isolda afilada y altiva. Una voz consistente y voluminosa, que no ahorró ningún sobreagudo y a la que solo le faltó un punto más de emotividad en algunos momentos. Fue la más recompensada por el público. Un público cada vez más gélido ,que reserva la efusividad para los abucheos y que abandonó la sala a la velocidad de un parlamentario cualquiera.

El tenor Robert Dean Smith es un lírico ancho apropiado para un Tristán. Lástima que solo se le escuchase en los fragmentos más líricos, cuando la orquesta no le acompañaba. El resto del tiempo apenas se le intuía bajo los volúmenes de la orquesta y la vigorosa Isolda. Confiemos que tenga, al menos, una buena autoestima.

Ekaterina Gubanova, como Brangäne, con una sólida e intensa voz, tuvo algunos momentos emotivos, como sus advertencias a los enamorados del segundo acto desde la cuarta planta. En escena supo desenvolverse muy bien. No siempre es fácil estarse quieto.

Una de las mejores voces fue la del rey Marke interpretado por Franz-Josef Selig. Profunda, autoritaria y majestuosa. Un centro vocal muy bien definido, equilibrado y de elegante sonoridad. De su interpretación me queda una duda, ¿me pareció entender que Marke está enamorado de Tristán?. Sería, en todo caso, una licencia de Sellars.

Sin duda este Tristán e Isolda es el más intenso que se ha visto en el remozado Teatro Real, algo muy de agradecer en una ya, de por si, intensa temporada.
Gracias, monsieur.

Tristan und Isolde
Richard Wagner (1813-1883)
Acción en tres actos
Libreto del compositor
D. musical: Marc Piollet
D. de escena: Peter Sellars
Videoartista: Bill Viola
Figurinista: Martin Pakledinaz
Iluminador: James F. Ingalls
D. de coro: Andrés Máspero
Reparto: Robert Dean Smith, Violeta Urmana,
Franz-Josef Selig,Ekaterina Gubanova,
Jukka Rasilainen, Nabil Suliman,
Alfredo Nigro, César San Martín.
Coro y Orquesta Titulares del Teatro Real

Macbeth

Utilizar un zoom demasiado alejado para tratar de visualizar acontecimientos y personajes muy concretos, puede causar una pérdida de perspectiva y la descontextualización de elementos fundamentales que componen la esencia de una obra original.
La globalización, tiene entre sus aspectos negativos, ser la causante de la pérdida de identidad. También en la ópera.
El espectacular y original recurso de Google Earth, con el que nos sorprende desde el inicio Dmitri Tcherniakov, queda diluido cuando la flecha del buscador no acierta en su localización. Una ciudad cualquiera, de un país cualquiera, con una burguesía (que no realeza) cualquiera, son las nuevas referencias de una ópera a la que Verdi ya había dotado de suficiente personalidad. Sobre todo en la segunda versión de 1865, como culminación de un proceso personal y musical que se alejaba del melodrama, para adentrarse en la dramaturgia de Shakespeare y Víctor Hugo.

Tcherniakov, que tan acertadamente ha escenografiado obras más complejas – como ejemplo cercano citar su Onegin de la pasada temporada- en esta ocasión, y haciendo uso de un recurso capaz de escudriñar todos los rincones del planeta, nos asoma a una ventana donde se desarrolla un Macbeth totalmente desdibujado.
Una escenografía sombría en las escenas de exterior, y extremadamente pobre en la estancia que se nos presenta a través de la ventana, donde se desarrollan las escenas principales, limitando el espacio sin justificación. Desaprovechando tan hermoso escenario. Impidiendo con ello que en esas escenas el coro comparta espacio, teniendo que intervenir escondido, sonando a lo lejos (algo imperdonable en una obra de Verdi donde la presencia coral es fundamental). En definitiva, una ópera televisada en directo.
Pero la torsión principal llega con el tratamiento de los personajes. Tcherniakov ha dado todo tipo de explicaciones sobre qué y cómo quiere transmitir la obra de Verdi. Obra sobre la que reconoce haber tenido dificultades para elaborar su escenografía.
Todos sabemos que la necesidad de tantas explicaciones no es una buena señal. Sobre todo tratándose de una obra tan explícita. Como he dicho, un tratamiento tan generalizador descarga de relevancia a los personajes.

Un rey ridiculizado, aunque este punto pueda servir como crítica a una monarquía decadente. Un Macbeth (en adelante Sr. Cuesta) de poca presencia, pusilánime y manipulable. Rallando con el ridículo cuando es obligado a morir en calzoncillos, privándole así, de cualquier atisbo de dignidad.
Una Lady Macbeth muy de su casa, de sus cosas, de sus pijamas, dando la impresión que en cualquier momento aparecería con rulos.
Y unas brujas inexistentes, un papel al que Verdi otorgaba el mayor protagonismo, papel que aquí es usurpado por todo el vecindario.
Muy mal resuelto el asesinato de Banco, una clara demostración de que los detalles importantes de esta obra quedan empequeñecidos, y hasta ridículos, en esta producción.
Parece la historia de una familia cualquiera, sin una localización concreta, ni espacial, ni temporal. En esta escenografía puede salvarse la dirección de actores. Algo en lo que Tcherniakov es extremadamente cuidadoso.
Dimitris Tiliakos, como Macbth (o Sr. Cuesta), hace verdaderos esfuerzos por dignificar al personaje. Difícil tarea por lo antes descrito. Conoce bien el papel, pero no es suficiente para elevar la interpretación. Mal en los dúos, desafinado a veces, bien en las medias voces. No pasará Tiliakos a la historia por este Macbeth. Lo digo para su tranquilidad.

Violeta Urmana continúa siendo una excepcional cantante. Recorre con solvencia y comodidad los distintos registros del personaje, endiablado en algunos momentos. Pero sus agudos ya no son lo que eran, el sonido se estrecha en ese registro y resulta desagradablemente tirante. Pero sus graves son amplios, voluminosos y ágiles.
Ha mejorado en esta ocasión su interpretación escénica. Algo en lo que no suele destacar demasiado. Su aspecto apacible impedía trazar una Lady Macbeth malvada y manipuladora.

Dmitry Ulyanov, que parece abonado al Real, fue un Banco muy digno y contundente, con importante presencia en el escenario y buena dramatización.
Alfredo Nigro, Malcolm, fue sin duda el mejor de la noche. Así lo manifestó el público con sus aplausos. Una voz pulida y un excelente fraseo, aunque cantara su mejor aria desde el interior de un cochecito infantil.

En esta ocasión el coro no estuvo tan afortunado como otras veces. Algunos ataques fueron a destiempo. Sonó desajustado en algunos momentos y casi toda la noche hubo una diva suelta.
El Patria Oppressa del inicio del tercer acto, sonó débil, poco dramático y se fue apagando poco a poco. Pero de esto es más responsable el director que el coro.

Lo mejor volvió a ser la dirección de Teodor Currentzis. Cada vez se parece más a Valery Gergiev, con el que ha compartido maestro a la hora de dirigir. Puntualizar la falta de intensidad con el coro, pero no con la orquesta, siempre viva. Le falta ir impregnando a sus direcciones más personalidad de los autores a los que dirige, pero es una de las mejores apuestas de Mortier.

Muy bien Nicky. Sobrio y tranquilo en su aparición sobre el escenario. Su presencia, con gran soltura y gracilidad, llamó la atención del público. Nicky es, por supuesto, el perro.

MACBETH
Giuseppe Verdi
Ópera en cuatro actos
Libreto de Francesco María Piave y Andrea Maffei.
D. musical: Teodor Currentzis
D. escena y figurinista: Dmitri Tcherniakov
D. coro: Andrés Máspero
Reparto: Tiñiakos, Ulyanov, Urmana, Nogales, Secco, Nigro
Orquesta y Coro titulares del Teatro Real.

Tosca

Ahhhh….! Tosca! Dice Scarpia lleno de deseo hacia ella. Un deseo similar tenía el público más clásico del Real hacia Tosca. O hacia cualquier ópera de gran repertorio que pudieran llevarse a los sentidos tras una temporada vanguardista y culminada, además, por un intenso y brillante San Francisco de Asís.
Tosca está siendo como un bálsamo tranquilizador, relajante, para recolocar al aficionado clásico después de haber hecho girar su silla y detenerse de golpe.

Y la mejor manera ha sido rescatar la Tosca clásica y romántica que Nuria Espert estrenó en este mismo Teatro en enero de 2004.

Una gran ópera como Tosca no es fácil de representar hoy en día. En parte por conocida y en parte por las expectativas que despierta. Todos tenemos nuestra idea sobre la obra, sobre cada personaje y a quien lo asociamos.
Otra de las dificultades para su representación se sitúa en el nivel artístico. No es fácil para un director musical, estimular a unos protagonistas que han representado en innumerables ocasiones estos personajes. Tener la capacidad de ofrecer un poquito más en esa dramatización de Tosca, o en esa maldad de Scarpia, no es nada fácil. Con estas grandes óperas hay que intentar huir, en principio, de la rutina, y después tratar de llevar a buen puerto una partitura tan grande como ésta. Tampoco es fácil reunir en un mes de julio un elenco como se presenta en esta ocasión. Dirección musical de Palumbo, de escena Nuria Espert, escenógrafo, Ezio Frigerio, Violeta Urmana como Tosca, Marco Berti como Cavaradossi o Lado Antoneli como Scarpia.

La dirección de Palumbo fue correcta. Supo sacar de la orquesta algún momento importante y con matices pero, una partitura tan importante pide más, mucho más. Los fortissimos no fueron tales aunque la delicadeza si estuvo presente.
La escenografía (ya conocida) de Frigerio sigue sin convencerme siete años después. Oscura y algo deslabazada, como hecha de modo apresurado, y como digo, en siete años podían haberla retocado un poco. No lo mejora la dirección de Nuria Espert con un planteamiento poco refinado. Bien la dirección de actores sobre el escenario, ahí si se nota la mano de Espert.

Acertada también la gran multitud que compone el séquito eclesiástico en el final del primer acto. Apabullante, casi amenazador (propio de Espert cundo al clero se refiere), con una presencia coral que refuerza la intensidad del momento.

Marco Berti, como Cavaradossi, hizo gala de una potencia de voz impresionante. Aunque soltó algún pepinazo, sus agudos son buenos, escasos de sutileza pero buenos. En el primer acto se apreciaron ligeros tonos metálicos. Muy mal en el pasaje de registro, poco equilibrado, algo calado y escaso de tonos medios y bajos que restó emoción en sus arias más comprometidas.

Lado Antoneli, como Scarpia, estuvo correcto. Tal vez le faltaba algún grado más de maldad. La habría conseguido con una voz más oscura y potente, pero canta con gusto y expresividad. Su final del primer acto estuvo a la altura del conjunto, y esta, la altura, fue mucha.

Violeta Urmana nos ofreció una Tosca importante, pero sin llegar a ser grande. Le faltó coquetería en los momentos más fríbolos del primer acto pero a partir del segundo, llenó la escena de dramatismo canoro con una emisión limpia, redonda y sobria. Un registro central que cuando lo requería resultó oscuro y tenebroso, resultando sobrecojedora la muerte de Scarpia y sus sentencias hacia este. Es una señora de la escena aunque sus interpretaciones escénicas sean pobres. Su “Vissi D´arte” no fue redondo y le faltó sutileza, pero si fue muy aplaudido por un público hambriento de lirismo.

TOSCA
Giaconmo Puccini (1858-1924)
Teatro Real, Madrid, 15-7-11
Melodrama en tres actos
D. musical: Renato Palombo
D. escena: Nuria Espert
Escenógrafo: Ezio Frigerio
Reparto: Urmana, Berti, Ataneli,
Bou, Lanchas, Bosi, Szemerédy.