Luisa Fernanda, o el deseo indómito de luchar por la belleza

Luisa Fernanda, o el deseo indómito de luchar por la belleza

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Luisa Fernanda, o el deseo indómmito de luchar por la belleza
Luisa Fernanda
Federico Moreno Torroba
Libreto: Federico Romero y Guillermo Fernández-Shaw
Yeatro de la Zarzuela, Madrid, 28 de enero de 2021
D. musical: Karel Mark Chichon
D. escena: Davide Livermore
Escenografía: Giò Forma
Vestuario: Mariana Fracasso
Iluminación: Antonio Castro
Coreografía: Nuria Castejón
Diseño audiovisual: Pedro Chamizo
D. coro: Antonio Fauró
Orquesta y Coro Titulares del Teatro de la Zarzuela
Intérpretes: Yolanda Auyanet, Juan Jesús Rodríguez, Rocío Ignacio, Jorge de León, María José Suárez, Nuria García-Arrés, Emilio Sánchez, Antonio Torres, Didier Otaola, Rafael Delgado, César Diéguez, Julia Barbosa y Román Fernández-Cañadas.
El 30 de abril de 2020 estaba previsto el estreno en el Teatro de la Zarzuela de Luisa Fernanda. Pero como tantas cosas en aquellos días, Luisa Fernanda quedó aplazada, que no suspendida. Ahora llega de nuevo a un Madrid azotado, pero valiente, en ese “deseo indómito de luchar por la belleza”.Estrenada en Madrid en 1932, es una de las zarzuelas más populares y de mayor aceptación. Una de esas obras que podrían representarse en cualquier teatro del mundo y que está a la altura de cualquier obra del repertorio italiano.

En esta ocasión, el Teatro de la Zarzuela, siguiendo su afán de internacionalizar el género, ha querido contar como directores músical y escénico con el británico Karel Mark Chichon y el italiano Davide Livermore, respectivamente. Se trata de una manera más de acercarse a la zarzuela sin prejuicios y de mostrar otras visiones de ver y sentir nuestra lírica.
Es la primera zarzuela completa a la que se enfrenta Chichon, un profundo conocedor de nuestro repertorio lírico que, junto a su esposa, la mezzosoprano Elina Garança, demuestran su afecto al este género interpretándolo por todo el mundo.

El conocimiento que de la zarzuela tiene Davide Livermore es más reciente, se remonta a su etapa de intendente en el Palau de Les Arts. Se acerca al género con un profundo respeto a sus principios, pero con poco acierto al escoger los elementos que protagonizan la escena. No se por qué se empeñan muchos escenógrafos en hacer que todo gire, incluso, demasiado. Aparte de casi proyectar en uno de los giros escénicos a la pobre Luisa Fernanda, resulta mareante y distrae de la escena.
A Livermore, al que le gusta los elementos escénicos de buen tamaño, se le fue un poco la mano con la buena reproducción que ha hecho de la fachada del Cine Doré. Suerte que el cuerpo de baile el coro y los cantantes, tenían una buena dirección de actores y bien aprendida la puesta en escena. No era nada fácil, sobre todo en algunos momentos, moverse por un escenario lleno de trampas y en constante movimiento.
Resultó muy romántica la idea del cinematógrafo y la proyección, a modo de película, de distintas escenas de los protagonistas y otras de la época. Si, además, las proyecciones hubieran tenido coherencia entre ellas, el resultado habría sido brillante. Más acertada fue la escena de los vareadores, con una dehesa de Extremadura bien dibujada.
En definitiva, una escenografía exagerada que parecía la recopilación de elementos de distintas obras, todas ellas de épocas diferentes. Lo que viene a ser una escenografía de aprovechamiento.

La Orquesta titular del Teatro, a las órdenes de Chichon, sonó con gran dignidad, algo lenta en algunos momentos, pero con casticismo y color. Muy meritorio para un foso formado por apenas 23 maestros por cuestiones pandémicas.
Lo mismo ocurre con un coro reducido a cinco voces masculinas y cinco femeninas. La mascarilla no impidió una magnífica actuación, con algún pequeño desajuste inicial, y el reconocimiento del esfuerzo de todos estos profesionales que forman parte del Teatro de la Zarzuela.

La labor del director musical y de escena estuvo siempre apoyada en la capacidad teatral de un buen elenco de actores/cantantes sobre el escenario.

El personaje de Vidal estuvo interpretado por Juan Jesús Rodríguez. Antes del inicio de la obra se informó de su merma vocal causada por una laringitis. Fue muy meritoria su actuación, pero se notaban sus dificultades, sobre todo en la renuncia a los registros más agudos.

Luisa Fernanda corrió a cargo de Yolanda Auyanet, que se marcó de entrada un buen recitativo, previo a sus números musicales. Como bien dice Livermore, “los recitativos no son un descanso a la espera del número musical, tienen que estar bien sujetos por una buena actriz”. Este es el caso de Auyanet, que brilló en la interpretación apoyada en una buena declamación. Su voz ha perdido algo de agilidad, pero conserva un centro poderoso y un gusto exquisito en el fraseo.

A Jorge de León vamos a terminar cogiéndole manía por la villanía de muchos de sus personajes. Debe ser por clavarlos en la interpretación. Empezar con la romanza “De este apacible rincón de Madrid”, sin haber apenas entrado en materia, puede ser un hamdicap. De León comenzó algo destemplado para entonarse con el avance de la obra. Su emisión es limpia y potente, pero su canto resulta poco natural y con sonidos engolados.

La Condesa Carolina estuvo bien interpretada por Rocío Ignacio. Supo darle el punto de frivolidad y sofisticación que requiere este personaje. Posee una voz potente y buenos agudos, pero su excesivo vibrato impide una buena dicción.

María José Suarez, en el papel de Marisa, siempre es una garantía sobre el escenario. Su presencia escénica y capacidad actoral ponen siempre ese necesario punto histriónico en cada representación.
El resto de comprimarios estuvieron a muy buen nivel. Resaltar sobre todo el revolucionario Luis Nogales, de Antonio Torres y del veterano Emilio Sánchez, como Don Florito.

Una noche de zarzuela que nos rescata de la realidad. Siempre con el miedo de una suspensión en el último momento, pero manteniendo siempre este ejercicio de resistencia frente a la realidad. Pero ¡ojo!, que esto del teatro es tan real como todo lo demás.

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